martes, 22 de octubre de 2013

UN CÓCTEL EXPLOSIVO

 
 

Me resultan cada vez más preocupantes todas esas manifestaciones de sectarismo violento, por el momento sólo verbal, que, de un tiempo a esta parte, se dan en las filas del PP. Creo que tales actitudes son el fruto de una siembra premeditada y paciente, a través de las odiosas tertulias en la radio y en la televisión, en las que lo importante no es la razón o el sosiego, sino el grito, el insulto  y la descalificación continua, que se ha visto abonado con la falsa sensación de inmunidad que da teclear esos u otros insultos, esas u otras amenazas desde la soledad de un teclado y la pantalla de un ordenador o un teléfono "listo".

Sé que al PP le vota mucha gente, once millones de votantes en las últimas generales, pero estoy seguro, o más bien, quiero creer que no todos, que la inmensa mayoría de ellos, no son como Andrea Fabra, ni como Esperanza Aguirre, ni como la alcaldesa de Honrubia, ni como tantos y tantos concejales y alcaldes que rinden culto a quienes, ya vencedores, acabaron con la vida de más de cuarenta mil vencidos y con la esperanza de millones. Quiero creer que no todos los votantes del PP, ni siquiera todos sus militantes son de dedo fácil, para la tecla y, quién sabe si también para el gatillo, como el dirigente de Nuevas Generaciones Jaime Mora, profundo admirador de Aznar, que se cebó ayer en twitter con el diputado de Izquierda Unida Ignacio Garzón, payaso y gilipollas, según Mora, porque tuvo la desfachatez de calificar la sentencia del Tribunal de Estrasburgo como buena.

La violencia verbal de los insultos contra el diputado malagueño alcanzó el cénit cuando de manera más o menos velada se sumó a quienes le amenazaron, de muerte a él y de ser violadas a las mujeres de su familia. Todo un recital de lo peor que sucedió durante la guerra civil, cuando la ambición de oligarcas y militares soltó los perros del odio en pueblos y ciudades.

Lo de ayer, que hoy será convenientemente denunciado por Garzón ante la policía, es el explosivo cóctel que resulta de las viejas y poco fiables historias de gestas que no lo fueron tanto; la mezcla que resulta de la grandilocuencia de algunos líderes que, para ganarse la admiración de los Jaimes Mora, no dudan en recurrir, con la mirada más mística de que son capaces, a describir un futuro catastrófico para "la patria" si cae en manos de sus adversarios: la que anida en el desprecio del que es distinto por el color, la lengua o el patrimonio; la que estimulan el cine y los videojuegos violentos; la que genera el miedo a perder lo que sospechan que quizá no merecen; la que crece al abrigo de discursos y de himnos que mejor nunca hubiesen sido oídos.

Nos parece y nos dicen que no hay peligro en España de que surja una ultraderecha violenta como la griega, pero todo es darle tiempo al tiempo, porque el caldo de cultivo está servido y no hay más que dar de nuevo rienda suelta a los perros del odio. Hace bien Ignacio Garzón en denunciar las amenazas e hizo bien Nuevas Generaciones, del PP en expulsar a Jaime Mora. Ahora bien, acabo de escuchar a, Beatriz Jurado, su presidenta, tratar de justificar lo injustificable, diciendo que en la familia de Mora había guardias civiles que habían sido víctimas del terrorismo. Mal camino ese, porque a las víctimas hay que compadecerlas, ayudarlas y respetarlas, de ningún modo justificar todo lo que dicen o hacen.

 

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2 comentarios:

Margarita Álvarez Villanueva dijo...

Gracias por la claridad del texto.

Una cosilla: la última frase quieres decir "más", como escribes, o "mal"? Queda un poco raro.

Javier Astasio dijo...

Tienes razón, Margarita. Gracias. Corregido queda