miércoles, 30 de noviembre de 2011

GALLARDÓN Y SU PIRÁMIDE

Vivo en Madrid, en una calle que no siempre está limpia; una calle en la que demasiado a menudo la basura rebosa los contenedores y extiende olores y colores por la calzada y la acera; una calle. paraíso de los indigentes que no tienen dificultad en hacerse con cuatro cartones precisen para proteger su sueño, porque, cansados de encontrarse el contenedor del papel reciclado lleno a reventar, ya ni se molestan en plegar las cajas y las amontonan con perjuicio para la estética y para quienes andamos con la vista justa para caminar con seguridad.
No vivo en Soweto, ni en un arrabal de Delhi. Vivo en Madrid, al otro lado del río, no tan lejos del lugar en que Gallardón ha levantado su pirámide. Vivo en una calle por la que el último municipal que pasó vino a caballo, una calle, una plaza, en la que aparcar en triple o cuádruple fila es lo normal. Vivo en una calle, en un barrio, por el que los autobuses a veces tardan casi media hora en pasar. Vivo a unos diez minutos de esa playa sin arena ni sombrillas, donde los madrileños incautos pueden "pillar" un pie de atleta de concurso a pesar de que este año las setas se están dando mal.
Vivo al lado de ese "Madrid Río" que yo tuve la suerte de conocer con huertas y que ahora es un secarral, donde los árboles se mueren, secos, sin riego apropiado, ni tierra en la que arraigar, aunque cumplieron su función como enorme panfleto electoral. Vivo a un paso de ese parque lineal en el que los jubilados han tenido que aprender a subirse a los maltrechos árboles y a los escasos bancos, para no acabar sus días postrados en una cama, atropellados por ciclistas, cochecitos a motor o veloces patinadores.
Vivo en una ciudad de baldosas y alcantarillas rota, porque no tienen el espesor suficiente para soportar el peso de las muy aparentes barredoras mecánicas o el incivismo de los conductores que aparcan sobre ellas. Vivo en una ciudad en cuyas calles peatonales el peatón puede acabar atropellado por los coches de los clientes de El Corte Inglés que tiene veda para todo y también para esto.
Hablando de El Corte Inglés, vivo en una ciudad en la que las fachadas se vuelven Cortylandias, no una semana, ni dos, sino tres meses al año, con su inseguridad, sus peligrosas aglomeraciones y su ruido.
Vivo en una ciudad, en la que se cierran bares por el ruido y, sin embargo, permite circular por el centro a esos biscúter amarillos y turísticos con su megafonía a todo trapo, conducidos por guiris que, si no están sordos, lo van a estar, al igual que los vecinos del centro. Vivo en una ciudad que ha pasado de tener un cielo de un envidiable azul a tenerlo de color marrón anaranjado.
Vivo en una ciudad que no tiene para pagar sus deudas, que despide interinos y que recorta las ayudas a domicilio, ni para crear albergues dignos y suficientes, para tantos como naufragan.
Vivo, en fin, en Madrid. Una ciudad hermosa y divertida, pero dura, muy dura, que tiene un alcalde que se ha propuesto quedar en la memoria de sus vecinos en placas conmemorativas y, sobre todo, en ese palacio de príncipe de cenicienta que se ha construido en Cibeles con un salón de plenos digno de un faraón que ha provocado el sonrojo y la indignación, incluso, de aquellos que pondrán su democrático culo en el cuero de sus sillones para pulsar los botones que determinaran nuestro destinos los próximos años. Un salón del que nos han ocultado un dato: lo que cuesta: Probablemente, porque no podemos permitírnoslo.
Vivo en una ciudad que se llama Madrid y que tiene un alcalde, Gallardón, que ahora, después de habernos dejado, a nosotros y a nuestros nietos cargados de deudas, y después de habernos engañado sobre su espíritu de servicio a los vecinos, se va de ministro. Sólo espero que no se le ocurra hacer playas en los Monegros o alicatar las playas. No podríamos pagarlo.


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martes, 29 de noviembre de 2011

HUIR DE LA FELICIDAD


Desde que surgió en una conversación, llevo dándole vueltas a una de las más hermosas y melancólicas canciones de ese ser vitalista hasta la autodestrucción que fue Serge Gainsbourg. La canción en cuestión que no sé si él mismo llegó a grabar, se hizo imprescindible en el repertorio de Jane Birkin y expresa a la perfección, lo que nos está pasando: hemos sido tan felices que, ahora que nos han expulsado del paraíso, tenemos miedo de volver a ser felices. La canción, bellísima, se titula "fuir le bonheur de peur qu'il ne se sauve", algo así como rehuír la felicidad por miedo a que se acabe.
Es lo que tiene la experiencia, cualquier mala experiencia, genera en nosotros mecanismos de autoprotección, desconfianzas que, en el peor de los casos, se velven paralizantes

Ésta es la canción en cuestión

Y ésta su letra


Huir de la felicidad por miedo a que no se salve / que el cielo azulado no vire al malva / Pensar o pasar a otra cosa / valdría más.

Huir de la felicidad por miedo a que no se salve / Decirse que hay "over the rainbow" / siempre más arriba, encima del sol / Radiante, creer en los cielos, creer en los dioses / Incluso cuando todo nos parece odioso / Que nuestro corazón se pone a sangre y fuego.

Huir de la felicidad por miedo a que no se salve / Como un ratoncillo en un rincón de alcoba / Notar la punta de su cola rosa / sus ojos enfebrecidos.
Huir de la felicidad por miedo a que no se salve / Decirse que hay "over the rainbow" / siempre más arriba, encima del sol / Radiante, creer en los cielos, creer en los dioses / Incluso cuando todo nos parece odioso / Que nuestro corazón se pone a sangre y fuego.
Huir de la felicidad por miedo a que no se salve / Tener a veces ganas de gritar / Decirse que hay "over the rainbow" / siempre más arriba, encima del sol / Radiante, creer en los cielos, creer en los dioses / Incluso cuando todo nos parece odioso / Que nuestro corazón se pone a sangre y fuego.

Tener a veces necesidad de gritar a salvo / Quien conoce las cosas hasta el fondo es infeliz.

Huir de la felicidad por miedo a que no se salve / Decirse que hay "over the rainbow" / siempre más arriba, encima del sol / Radiante, creer en los cielos, creer en los dioses / Incluso cuando todo nos parece odioso / Que nuestro corazón se pone a sangre y fuego.
Huir de la felicidad por miedo a que no se salve / Dime que me amas todavía / Si lo intentas me gustaría que encontrases otra cosa mejor.

Huir de la felicidad por miedo a que no se salve / Decirse que hay "over the rainbow" / siempre más arriba, encima del sol / Radiante, creer en los cielos, creer en los dioses / Incluso cuando todo nos parece odioso / Que nuestro corazón se pone a sangre y fuego.

Ahora que las cosas van mal y que nos han expulsado del paraíso del cemento y el dinero fácil pensemos que a lo que hay que tenerle miedo es al miedo y no a la felicidad.


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lunes, 28 de noviembre de 2011

ESPERANDO EL CASTIGO


Entre los recuerdos de mi infancia tengo el de esa sensación desasosegante que me atenazaba cuando, consciente de haber cometido una falta, si es que un niño puede cometer faltas, tocaba esperar el castigo y que esa espera era casi siempre más dura que el propio castigo.
Como ya os he contado en otra ocasión nunca que recuerde sufrí castigos físicos, pero sí broncas y algún que otro recorte en derechos o prestaciones económicas ¿os suena? que, mientras eran sólo una amenaza me paralizaban y me impedían hacer planes.
Algo así nos pasa a quienes ni hemos votado a Mariano, ni tenemos nada que celebrar. Nos sabemos merecedores de un castigo que tarda. Un castigo indeterminado que nos privará del postre, el cine y los tebeos de que tan fácilmente disfrutábamos hasta entonces, aunque aún no sabemos cuánto ni cuándo.
NI Rajoy ni el PSOE se aclaran ni, mucho menos, nos aclaran por dónde va venir el castigo. Y, así, la cosa es casi peor. Nos van a llover los palos desde todos los lados, pero aún no sabemos por dónde va a empezar y, así, resulta más difícil parar los golpes.
El silencio más espeso e inquietante se cierne sobre nuestro futuro inmediato y quién sabe si sobre el resto. Un silencio digno de una película de suspense y, así, es mucho más doloroso. Necesito, necesitamos, saber si Rajoy nos va a dar con la correa, y no va con segundas, con la zapatilla o sólo con la mano abierta. Del mismo modo necesitamos saber si mamá PSOE va a ser capaz de darnos su consuelo o se va a sumar a ese silencio que se traduce por "algo habrás hecho".
Pienso todo esto desde la óptica de un votante que no ha sido capaz de detener lo que ya parece inevitable, pero, aviso para navegantes, yo, de haber sido uno de quienes apoyaron a papá Rajoy, tampoco estaría muy tranquilo, porque las broncas se sabe como empiezan, pero no como acaban.
De momento, aquí estamos, aguardando los azotes en medio de este silencio que duele casi más que el castigo.


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domingo, 27 de noviembre de 2011

PREPARAR EL JARDÍN


El frío llegó hace siete días al jardín del PSOE que no estaba preparado para tan bajas temperaturas. La triste realidad de las hojas muertas y las ramas por las que ni circula ni volverá a fluir la savia obliga a tomar las tijeras para llevar a cabo la poda que, dentro de unos meses, cuando despierte la vida y despierte la calle, le permita dar los frutos que todos esperamos de él.
Hay demasiadas ramas muertas y hay, sobre toso, demasiadas ramas dando sus frutos en el jardín del vecino, consumiendo una savia necesaria en el suyo y cuando llegue la primavera, que ojalá no tarde, va a ser imprescindible cada gota de vida.
Corren malos tiempos para las rosas, pero el rosal es un arbusto, a la vez, fuerte y delicado. Quienes tenemos uno cerca sabemos que no les sientan bien el frío ni el exceso de agua y que son capaces de dar flores y albergar los más crueles parásitos. Pero lo peor, lo saben bien quienes los cultivan, son esas ramas verdes y yermas que vienen directamente del tronco en el que están injertados y que sólo sirven para robar vida al resto, al igual que los escaramujos, los frutos inútiles en que se convierte la rosa cuando pierde su esplendor.
Hay que podar. Hay que elegir entre lo yerto y aquello donde palpita la vida. Hay que escoger qué ramas queremos fuertes y cuáles no van sino a quitar la luz y el agua que necesita el resto. También hay ramas enfermas que mienten sobre la realidad de un jardín hermoso y necesario.
Hay que acabar con las malas yerbas y cuidar aquello que plantamos y quisimos ver crecer. Pero, sobre todo, hay que pensar que ese jardín, como casi todos se cuida, no para uno mismo, sino para los demás, porque los jardines no son sino instrumentos de vida y de belleza que, en el fondo, se trabajan para los otros.



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viernes, 25 de noviembre de 2011

¿EN QUÉ FALLAMOS?


Nunca le he levantado la mano a nadie y nunca nadie me la ha levantado, ni he visto levantársela a nadie en casa. Quién sabe si de niño, entre hermanos y jugando... pero, conscientemente, jamás. Creo que, afortunadamente, tengo intolerancia a la violencia. No soporto el boxeo, no soporto las corridas de toros, pese a que mucha gente a la que quiero y respeto ha intentado convencerme de que lo uno es un deporte y lo otro una tradición cultural que rezuma arte y belleza. Siendo así, cómo podría soportar la violencia que con el silencio cómplice de vecinos, amigos y familiares se ejerce a diario contra nuestros iguales y, especialmente, contra las mujeres.
Hoy, que se celebra el "Día internacional contra la violencia de género", me he levantado con el amargo sabor y la resaca que dejaron en mí los resultados de un estudio realizado entre jóvenes de este país en que vivimos, no de Afganistán o el África más profunda, que revelan que el huevo de la serpiente de la violencia machista, que no es más que otra forma de intolerancia y fascismo, ya lo están incubando nuestros adolescentes en sus institutos.
¿Qué está pasando para que esto esté ocurriendo en la España del siglo XXI, un país próspero hasta antes de ayer, en el que la educación llega a todos los rincones, democrático y moderno? No lo sé muy bien, pero sospecho que el machismo que es algo que no se enseña, pero que se aprende, se aprende en la tele, en el cine, en la calle y, también, en el patio de los institutos. Especialmente en la tele y en el cine. Lo demás es emulación. Terrible, pero emulación.
Yo pensaba que, con la ruptura de los tabúes en torno al sexo, todo iría mejor y terminaríamos con los miedos y los traumas que arrastrábamos los adolescentes de mi generación. Pero no., más bien al contrario, creo que el hecho de que los jóvenes tengan relaciones mucho antes ha tenido, demasiado a menudo, el efecto perverso de despertar en esos adolescentes cargados de granos, de incipiente bigote y más partidarios de los perfumes que del gel de ducha, un deseo de posesión y dominación por las "novietas", gregario y estúpido que, si no se combate cuando es incipiente, puede degenerar en una epidemia de violencia peor que la que estamos padeciendo.
No debemos consentir que nuestros hijos consideren normal "asaltar" el móvil de su pareja, ni que les levanten la voz, ni mucho menos la mano, No debemos mirar para otro lado cuando observamos como tratan de apartarlas de sus amigas. Tampoco cuando es evidente que alguien está interfiriendo en su manera de vestir o en sus horarios. Es terrible, pero tal parece que el papel de padre troglodita de otros tiempos está siendo asumido por mocosos que, inconscientemente o no, están marcando ya las vidas de quienes apenas son unas chiquillas.
Algo hay que hacer y, personalmente, creo que sería bueno que el ataque de responsabilidad social que llevó a agostar esa mala hierba soez y miserable que era "La noria", nos lleve a impedir que en las series hechas con y para adolescentes se inocule el virus del machismo y se extendían comportamientos y modos que acabarán convirtiéndose en una bomba de tiempo.
Y un último consejo, en especial para las madres. Enseñad a vuestras hijas a ser libres y felices. Explicadles que son muy pocas las parejas de instituto que llegan al registro civil y que tampoco las parejas tienen que ser, afortunadamente, para toda la vida, que son libres y tienen que seguir siéndolo, que nadie hace aquello que no le dejan hacer, que para no verse obligadas a hacer lo que no quieren lo mejor es no ceder la primera vez, que las relaciones de pareja lo son entre iguales y, sobre todo, que deben pedir ayuda cuando alguien no las respete.


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jueves, 24 de noviembre de 2011

MAMÁ SORAYA


Andaba yo esta mañana enredado en la ingesta de mi dosis del desayuno, seguido de mi dosis de acetil cisteína, y en el intercambio de belleza y buen gusto a través de Facebook, cuando me he visto sorprendido por una curiosa polémica a propósito de la presencia de la recién parida -parir siempre me ha parecido una hermosa palabra- Soraya Sáenz de Santamaría en las reuniones para el traspaso de poderes entre los gobiernos entrante y saliente.
Lo que más me ha sorprendido de la polémica es que, desde posturas más o menos progresistas, se critique su decisión, acusándola poco menos que de ser eso que nuestras madres llamaban una "madre desnaturalizada", por no haberse quedado junto a su hijo de apenas unos días. También, desde el mismo terreno, se dice que debería dar ejemplo, disfrutando su baja de maternidad, para el resto de madres. Y no sólo eso. También he escuchado que los cargos públicos deberían estar obligados a hacer uso del derecho a la baja de paternidad del que disfrutan. Curioso planteamiento por el que alguien es obligado a ejercer un derecho que me reafirma en la idea de que hay menos diferencia en algunas actitudes entre quien milita en algo -desde la izquierda más extrema a la derecha más fascista, pero también en feminismos o ecologismos radicales- que la que hay entre quienes militan y quienes no lo hacen.
Soraya Sáenz de Santamaría, que no es santa de mi devoción, ha ejercido su derecho a unos días de descanso, eligiendo postergarlos porque su situación profesional -desgraciadamente, la política es una profesión- pasa por un momento crucial. Más, si como se dice, va a ocupar la vicepresidencia del gobierno de su mentor, Mariano Rajoy. Sería irresponsable no hacerlo y aceptar después el cargo y supongo que esas reuniones tampoco exigen unas larguísimas jornadas lejos de su hijo.
Mucho me temo que en este país hay demasiada gente que no distingue entre derechos y preceptos. Quizá por eso, desde la derecha se rechaza el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo. No entienden que a nadie obliga, salvo a las autoridades a garantizarlo. Los que critican la decisión de Sáenz de Santamaría, por las mismas, deberían exigir que inmediatamente se casasen todas las parejas de homosexuales, especialmente las de los políticos.
Un consejo: ante la duda, empatía y respeto.


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miércoles, 23 de noviembre de 2011

QUÉ LISTOS


Qué listos son. Apenas cuarenta y ocho horas después de haberse celebrado unas elecciones en cuya campaña no se habló ni por asomo de ello, la Generalitat de Catalunya se saca de la manga todo un plan de austeridad basado en recortes de salarios, subida de tasas y el temido repago sanitario, porque, que quede claro, pagado, ya está pagado en los impuestos.
Insinúan que no lo dijeron en campaña porque su política de austeridad era evidente y, siendo así, quienes les han dado su voto estaban de acuerdo con ella. También hay quien insinúa que lo de ayer es un órdago a la financiación autonómica, al justificar los recortes en la falta de recursos que genera el injusto esfuerzo fiscal de Cataluña, respecto al resto de España.
Me pongo a pensar en todo esto y me digo que, si está tan claro que la gente que les vota les apoya hasta en lo que no dicen, más claro estará también su apoyo a las expresiones xenófobas y, por qué no decirlo, un tanto homófobas del señor Durán. Quiero decir con esto que yo jamás votaría a un partido que hiciese gala de tales infamias en su campaña y que quienes lo hacen, como dice mi cuñado, son de moral distraída.
Pero, por si esto fuera poco, las prisas de Más por anunciar sus terribles medidas van a venirle muy bien a Rajoy como excusa para las suyas y no me extrañaría, si no al tiempo, que se diese un apoyo simétrico en los parlamentos en Cataluña y España.
Qué listos. Sí. Tan listos como para no llevar ni en la letra pequeña de sus programas lo que ya tenían pensado, estudiado y, probablemente, puesto por escrito, De ser así, porque no nos ahorramos eso, la campaña electoral. Es más, alguno pensará que podríamos ahorrarnos, incluso, los parlamentos y el gobierno. Bastaría con hacer todas las mañanas una llamada a los expertos de las infames agencias de calificación y obrar en consecuencia.
Qué listos ellos y que tontos los que esperaban otra cosa, especialmente si están parados,  enfermos o viven de una pensión.


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martes, 22 de noviembre de 2011

CHER MARIANO


Cher Mariano:
No ha dejado de resultarme curioso que, mientras se ha filtrado la felicitación de Sarkozy a Rajoy, una carta fría y formal, dictada probablemente, como se dicta una carta comercial a una secretaria, y con apenas tres palabras escritas de su puño y desordenada letra, para saber de la llamada de socorro de Rajoy a Angela Merkel, hayamos tenido que esperar a que el portavoz del gobierno federal nos hablase de su existencia.
No digo yo que esté mal pedir ayuda a los compañeros más adelantados de la clase a la hora de hacer los deberes, más bien al contrario. Hacerlo es muy sano y, además, lo más recomendable. Sin embargo, cabe preguntarse dónde queda entonces esa firmeza por la que te votaron más de diez millones de españoles, frente a la humillante actitud de Don José Luis Rodríguez Zapatero, ahora sí le tratas con respeto, que se humillaba y nos humillaba ante Europa y los mercados.
Va a tener razón mi abuelo que repetía a menudo eso de que no es lo mismo predicar que dar trigo y, me temo que si, además de la legitimidad de los votos que nadie puede ni debe negarte, cuentas apenas con el apoyo espiritual de la iglesia de Rouco, a cambio, eso sí, de que hagas los deberes y devuelvas a la familia ese papel tan denostado por los socialistas, para salir de esta crisis que, por más que lo creyésemos, no tenía su origen en los bancos y en las hipotecas basura, sino en el aborto libre y el matrimonio homosexual.
Dile, si le llamas para agradecerle su espiritual empujoncito, que se ponga en contacto con sus superiores para que, como a María, a las doce o cuando sea de uno de estos días te haga llegar la lista de ministros y el programa de reformas, porque aquí, lejos de la calle Génova, tenemos un come come que no sé cómo explicarte.
Ah, no te olvides de decirle que arregle lo de la prima y rogarle que ese ángel tan bonito que corona Berlín, el que le gustaba tanto a Fassbinder, tenga unas palabritas con la “cancillera”, porque eso de que dios aprieta, pero no ahoga, los españoles, estamos empezando a dudarlo.
Amicale,
Javier Astasio
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lunes, 21 de noviembre de 2011

DEPENDE... DE RAJOY



Se lo escuché ayer a José Ignacio Wert y me pareció un análisis tan sencillo como brillante, el más sencillo y el más brillante, "ahora de quien depende es de Rajoy". Es verdad. Rajoy ha llegado a la Moncloa cabalgando sobre la ambigüedad, haciendo lo que hacen quienes no quieren disgustar a nadie, retrasando la entrega de las notas en casa, como si ese retraso fuese a cambiar la naturaleza de los suspensos. Espero que quien ocupará la presidencia del gobierno de España en los próximos años aproveche las semanas que restan hasta su toma de posesión para prepararse los deberes, porque, si lo que sabe es lo que demostró en el debate televisivo, como decían las abuelas, "que San Pedro nos coja confesados".
Tengo la impresión de que los españoles hemos votado pensando más en el pasado que haciéndolo en el futuro. Creo que, más que buscar a quién nos saque de la crisis, hemos castigado al partido al que, con menos razón que más, se la hemos atribuido. Por decirlo de otro modo, los españoles hemos dado una patada a Zapatero y los socialistas, pero se la hemos dado en nuestro culo. Y, si las patadas en culo ajeno dan alguna satisfacción, las patadas en el propio duelen dos veces, porque duelen cuando la recibes y duelen cuando caes en la cuenta de que podrías habértela ahorrado.
Hasta ahora el PSOE y Zapatero han sido la gran coartada. Esperanza Aguirre, por ejemplo, se ha especializado en culpar al gobierno de la Nación de sus "debes" y a su gobierno de los "haberes". Ha llegado a hacer creer a demasiada gente que, si la sanidad madrileña se está deteriorando porque no le da dinero Zapatero. Ha insistido una y otra vez en que, si no se ha hecho obra pública, ha sido por la falta de acuerdo con Fomento. Y qué decir de la enseñanza, levantada en armas, verdes y pacíficas, contra su gestión.
Ahora, ni Aguirre ni nadie van a tener excusas para lo que hagan o dejen de hacer, porque la excusa de siempre es del su mismo color y, detrás de Rajoy, con una mayoría más que absoluta, no va a haber nadie, porque dios no existe -lo siento, soy de Ciencias- y ellos, a Zapatero, no le aceptaron como excusa la de los mercados.
Lo dicho, una patada en nuestro propio culo. Ojalá todos esos que han creído en los de hacer las cosas "como dios manda" y están esperando la felicidad prometida no tengan de qué arrepentirse. En cuanto a quienes han echado abajo lo poquito que había sin haber levantado nada en su lugar, espero que la próxima vez sean más reflexivos.
Ahora todo depende de Rajoy, también las ayudas a los dependientes. Y no parece muy dispuesto a dárselas.



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domingo, 20 de noviembre de 2011

A VOTAR


Para no tener que arrepentirse.
Para defender lo que es nuestro.
Para construir el futuro.
Para que no decidan unos pocos.
Para creer de nuevo en nuestra fuerza.
Para poder exigirles.
Para tener quien nos defienda.
Para que nadie pueda callarnos.
Para que sepan que la realidad no la escriben sólo ellos.
Para que nadie abuse de su fuerza.
Para la convivencia,
Para que no nos roben la felicidad ni nos la impongan.
Para despertar de este mal sueño.
Con todas las reservas, más críticos que nunca, vigilantes...
A VOTAR


 
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sábado, 19 de noviembre de 2011

YO TAMBIÉN SOY ESPAÑOL

Sí. Yo también soy español, aunque nunca he hecho gala de algo que resulta obvio. Quienes tenemos el corazón un poco más a la izquierda y no lo escondemos detrás de la cartera, hemos cometido el pecado de avergonzarnos de tal condición, porque, después de cuarenta años de guerra y dictadura, teníamos demasiado asimilados los conceptos de español y franquista y aún pesaba demasiado la memoria de la República usurpada y sus símbolos. Ahora corren otros tiempos y esa vergüenza con la que crecimos ya no tiene sentido.
Me siento español, porque me siento solidario con quienes viven en este país, sin distinguir entre catalanes o vascos, gallegos o andaluces, castellano o extremeños, etc.  jordis y mohameds, entre hombres y mujeres, entre pobres y ricos -son los ricos los que se distinguen solos- ni, mucho menos, entre niños y viejos o homosexuales y heterosexuales.
Mis impuestos, pagados con satisfacción responsable, han sido y serán para todos y cada uno de los españoles y mi aspiración es que se repartan con justicia y en interés de nuestro futuro.
Como digo, la izquierda se ha apuntado a lo de la españolidad con demasiada timidez y se ha dejado comer el terreno. Lo saben muy bien los patriotas de las tijeras que, mientras recortan derechos y servicios se lo llevan crudo, contribuyendo al déficit con sus dos o tres sueldos, cuando no depositando sus fortunas y las de aquellos a quien defienden en paraísos fiscales, a veces en Gibraltar o en islas del Canal de la Mancha, territorio de la pérfida Albión.
Ayer mismo, en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre volvió a apelar a la españolidad y el patriotismo de los votantes, como si quienes votan PSOE o IU fuesen, como decían en tiempos de Franco, rusos. Mientras, la señora condesa, en su cajón de sastre lleno de tijeras, escondía en su ley de acompañamiento de los presupuestos medidas tales como la de, después de haber regalado a los peregrinos de las JMJc millones de euros en abonos de transporte casi gratuitos, privar del derecho disfrutar de tal beneficio, y a su precio, a quienes viven en las provincias limítrofes, en urbanizaciones construidas, algunas, en terrenos de la familia de su marido, y acuden todos los días a trabajar a Madrid. Lo justifican porque -dicen- los madrileños no tienen por qué pagar el abono de quienes viven fuera de la comunidad, aunque sean quienes generan esa riqueza de la que tanto presume la condesa -añado yo- y la comunidad vecina de Castilla La Mancha, que preside su amiga Cospedal no ha renovado el convenio de reciprocidad existente.
Luego, ellas y ellos que llevan años sembrando la desconfianza sobre la solvencia de nuestro país son los españoles y nosotros, los antipatriotas.
Me gustaría que los españoles pensasen en todo esto antes de ir a votar. De ser certeras las encuestas no va a ser así, aunque, hasta mañana a las ocho de la tarde hay tiempo. Ahora bien, si se cumplen los peores presagios, nos vamos a enterar de lo que, para algunos, es ser español.



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viernes, 18 de noviembre de 2011

POR QUÉ VOTO Y NO MILITO



He venido votando siempre que he sido llamado a las urnas y eso, por desgracia, no siempre fue así, porque nací en una dictadura que apenas se sobreponía de una terrible posguerra, en la que era más fácil ir a la cárcel que a las urnas. Por eso, pese a todo, para mí, una jornada electoral es siempre un día de fiesta que celebro por mí y por todos aquellos que durante tantos años aquí no pudieron celebrarlo y en tantas partes aún no pueden hacerlo.
No sé por qué razón siempre me han tentado para militar en algo. Recuerdo con una sonrisa que, en mis primeros tiempos en la universidad, en apenas diez días, qué paradoja, trataron de captarme desde el Opus y desde el FRAP. Afortunadamente, al menos para mí, nunca estuvo ni estará entre mis planes el de militar en nada, tampoco cuando pude hacerlo con sueldo.
Amo demasiado la libertad y me conozco demasiado bien como para quedar bajo la disciplina de un pensamiento en el que demasiadas veces no iba a creer. Sin embargo, jamás escuchareis de mi boca críticas a "los políticos" y "los partidos", a pesar de que constantemente me oiréis despotricar contra algunos partidos y algunos políticos. Me gusta demasiado poder pregonar a los cuatro vientos las gilipolleces de unos y otros.
Creo que, como todos los que creen en la libertad de pensamiento, llevo en el fondo de mi alma la luz de la utopía ácrata, del mimo modo que, por haber estudiado el bachiller de Ciencias y dos años de Veterinaria, no creo en ningún dios y tampoco en ese hombre absolutamente perfecto y bondadoso que sería preciso para alcanzar el paraíso libertario.
Hablando de imperfecciones, el sistema de partidos es, no sólo imperfecto, sino muy imperfecto, pero es lo que tenemos y con lo que tenemos que lidiar. Demasiadas veces se nos dice y a veces con razón que no funciona, que en él se dan la corrupción, la incompetencia, la injusticia, el derroche y, sobre todo, el desapego hacia aquellos que les votan y tendrían derecho a exigirles respeto a las promesas por las que les votan.
Siempre que he votado lo he hecho a la izquierda, primero al PCE -llegué a votar a un hermano- y más tarde al PSOE. Como tantos ciudadanos me he sentido orgulloso y defraudado por hacerlo, pero jamás, jamás, me arrepentido de hacerlo. Creo que a este país le va mejor cuando está gobernado por la izquierda. Todos los avances sociales de que disfrutamos, sanidad, pensiones, enseñanza -ésta con reparos-, libertades, cultura, etc. se han consolidado con ellos. Únicamente me han fallado en algo que han podido hacer y no han hecho, como es convertir a España en el estado laico que merece ser y espero que, tras los fastos de las JMJc en agosto, hayan a aprendido la lección.
Por todo eso, porque amo la libertad, la mía y la de los demás, sobre todas las cosas, voto y no milito.



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jueves, 17 de noviembre de 2011

ACOJONAN ¿EH?

Ahora que se ha cumplido un año desde que el gran Berlanga nos dejó, es una buena ocasión para recordar el momento de su "Patrimonio Nacional" en que el genial marqués de Leguineche, Luis Escobar, dice a su hijo, el barón, José Luis López Vázquez, al cruzarse en la calle Bailén con una compañía de antidisturbios a caballo, esa frase genial que, envuelta, eso sí, en las carcajadas de los espectadores, ha entrado en la historia de nuestro cine: "Acojonan ¿eh?.
Pues sí, acojonan. Sin carcajadas y sin paliativos. Si las encuestas no se equivocan, van ganar las elecciones, haciéndonos creer que su garra enharinada en un programa ambiguo y sin compromisos y en el voluntarismo y los deseos de felicidad de su candidato, es la patita de mamá cabra que nos trae la comodidad y el bienestar. Acojonan y están acojonados.
Están acojonados, porque van a llegar al gobierno de España en el peor momento de  los posibles. Y no porque la tan socorrida “herencia de Zapatero" haya dejado una situación económica de muy difícil gestión, sino porque eso que se dice de que "lo importante no es no tener la culpa, sino tener a quien echársela" ya no es posible, porque, si ganan, después del 20-N, las soluciones tendrán que ser las suyas y los errores y la culpa serán también suyos.
No es de extrañar que traten de esconder su garra por todos los medios, porque lo que hasta ahora vamos sabiendo de sus intenciones es para echarse a temblar. Ya sabemos, por ejemplo, que, de la ayuda a la discapacidad, nada, que la ley antitabaco y la regulación del aborto van a ser retocadas. Sobre la ley que regula el matrimonio entre ciudadanos del mismo sexo sólo tenemos noticia de las ambigüedades del ambiguo Rajoy. Sobre los temidos recortes, que, de ser cierto lo que dijo ayer Esperanza Aguirre, están pensando en que los medicamentos de los pensionistas, los que más las necesitan, dejarán de ser financiadas al 100% por el sistema. También, que lo que tiene pensado hacer Rajoy va a provocar -Cospedal dixit- huelgas y manifestaciones.
A cambio, Rajoy goza ya de un prestigio perfectamente descriptible en la prensa internacional, especialmente en la británica, que le acusa de ambigüedad, The Guardian, y de asustar a los mercados y sembrar dudas sobre la deuda española, como dice el conservador The Times y llevan meses señalando Zapatero y Rubalcaba.
Tengo la impresión de que Rajoy, ojalá me equivoque, va a ser como esos niños ansiosos que rompen la misma noche de Reyes el juguete tan largamente esperado.
Pueden ganar las elecciones y, por tanto, tener el derecho a hacer y deshacer, pero, como diría el marqués de Leguineche, acojonan ¿eh?



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miércoles, 16 de noviembre de 2011

LA SOLUCIÓN ES EL PROBLEMA


Recuerdo los últimos meses de González al frente del gobierno de España, con la peseta sufriendo el acoso de los mercados, que entonces se llamaban Geroges Soros y podías ponerles cara y "cagarte" en sus muertos, depreciándose un día sí y otro también y la inflación tirando de los precios y las hipotecas.
Recuerdo que ansiábamos la entrada en el euro como panacea a todos esos males., de tan seguros como estábamos de que en una Europa fuerte y con una moneda fuerte nada de eso podría pasarnos.
Está claro que nos habían enseñado el hall de Europa, pero no nos habían dejado llegar a las cocinas. Es triste tener que decirlo, pero es así. Ahora estamos pagando las consecuencias de pertenecer a una Europa apenas hilvanada que no ha podido soportar la presión de la crisis y se deshace a pedazos sin que quien puede haya hecho nada para reconstruirla, salvando esos pedazos a los que tampoco se les da autonomía para poder salvarse.
Ahora, cuando 12 países de los 17 que integran la eurozona, incluida Francia, tienen su deuda bajo sospecha y que la mayoría de quienes gobernaban cuando comenzó la crisis han caído sin importar su color, parece que los españoles van a entrar en el club de los europeos que echan abajo sus gobiernos. Lo malo es que en ninguno de esos países las cosas han mejorado con el cambio, lo malo es que, en muchos casos, han ido a peor.
No sé qué les ronda en la cabeza a quienes piensan votar a un partido que lleva años boicoteando cualquier intento de unidad. No sé que puede llevarles a escoger esa papeleta, cuando ya hemos visto el brillo de sus tijeras allá donde gobiernan y les hemos escuchado decir que cuando hagan "lo que hay que hacer" habrá protestas en la calle. No lo sé, pero sí sé lo que puede llegar a pasar.
Os pongo un ejemplo que no tiene nada que ver con la economía. Es la respuesta dada por Ana Pastor, licenciada en Medicina y ex ministra de Sanidad, cuando le preguntaron si apoyaría a Rajoy en sus propósito de suavizar la ley antitabaco, permitiendo fumar dentro de los locales; lo que dijo la ex ministra es que lo suyos es "preservar la salud sin jorobar al ciudadano". Lo que no dijo es que desde que entró en vigor la ley, ha descendido el consumo de tabaco, sin que se hunda la hostelería por otras causas que las de la crisis.
Pero, claro, a Mariano le gusta "echarse" un purito después de comer y no hay que jorobarle. Tampoco hay que jorobar a quienes llevan a sus hijos a colegios privados también con nuestros impuestos, ni a quienes defraudan a hacienda, ni a quienes especulan con el suelo que liberalizaron las leyes del PP, ni a quienes regalan el metro a peregrinos y se lo suben a los usuarios. No, no hay que jorobarles, porque son los suyos.
A veces la solución acaba siendo el problema. Que no nos pase nada.


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martes, 15 de noviembre de 2011

Unos Pocos y la Díez


Ayer me topé en la Gran Vía de Madrid con uno de los coche de campaña de UP y D, un partido cuyas siglas me permito traducir por "Unos Pocos y la Díez", porque pocas formaciones políticas hay, en las que el culto a la personalidad del líder sea más absoluto. Y, si no me creéis haced el esfuerzo de tratar de recordar el nombre de algún otro de sus candidatos.
Tan difícil como recordar esto último es recordar alguna de sus propuestas, más allá de todas esas perogrulladas demagógicas a las que es tan dada Rosa Díez que a nada comprometen a quien sabe que lo suyo no es sumar votos, sino restarlos.
La candidata por Madrid de ese partido y hasta ahora única diputada ha explotado hasta la saciedad el discurso "anti político" que tan hondo ha calado en los españoles después de tantas decepciones como hemos tenido que sufrir. Lo que ocurre es que ella misma es un ejemplo de eso que critica, porque, no sólo ha demostrado una deslealtad bíblica al partido en que militó tantos años, feliz mientras hubo cargos para ella, pero díscola y marrullera cuando dejó de haberlos, y que abandonó de la manera menos decente posible, sin devolver el escaño que tenía en el Parlamento Europeo, ganado en las listas del PSOE, una vez que fracasó su intento megalómano de alcanzar la Secretaría General en el mismo congreso que eligió a Zapatero. Por el contrario aprovechó escaño y prebendas para hacer su propia campaña mientras rumiaba la creación de un partido hecho a su imagen y semejanza, en el que apenas quedan ya militantes de primera hora.
Sin embargo, la idea de Rosa Díez funcionó, porque poner en la picota a los demás, criticando a diestro y siniestro, funciona. No hay más que ver las audiencias y devociones que despierta Belén Esteban, y ésta, además, tiene estudios y experiencia. Luego, basta con recoger todas las cuentas pendientes, que son muchas, que los ciudadanos tienen con la clase política, haciéndoles creer, a sabiendas de que nunca estará en disposición de hacerlo, que va a ponerles fin.
Es así como Rosa Díez ha hecho de UP y D, más que un partido bisagra, una especie de partido coartada que se vota tanto desde la izquierda como desde la derecha, en el que, como en un libro de autoayuda, bien presentado y mejor editado y publicitado, en el que todo el mundo puede reconocerse, pero que, a la larga, una vez comprado no sirve para nada y queda arrumbado en cualquier estante de nuestra biblioteca sin que nos haya servido para nada.
Lo malo es que ese dinero invertido en el libro, como los votos invertidos en Rosa Díez, serían más útiles de haber tenido otro destino.

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lunes, 14 de noviembre de 2011

CON VISTAS A UN HOSPITAL DE REFERENCIA


Espero que al conseller de Sanitat de la Generalitat de Catalunya, Boi Ruiz i García, le haya costado conciliar el sueño en los últimos dos meses y espero que siga siendo así por mucho tiempo. No sólo eso, también espero que el nombre de María del Carmen Mesa, pase, de haber sido un número, apenas un decimal de uno de esos cálculos de probabilidades entre acierto y error, una unidad de gasto en esos balances de resultados que tan habituados están a manejar los "súper gestores", a volver a ser lo que fue, el nombre de la ciudadana que, junto a su familia, padeció el calvario de ir desde su domicilio en Tossa de Mar, Girona, de hospital en hospital, con un grave aneurisma, hasta quedar aparcada en el mayor de Cataluña, la residencia Vall d'Hebron, a la espera de que llegase el lunes, porque los quirófanos en que los magníficos profesionales que tiene la sanidad pública catalana podían haberle salvado la vida estaban cerrados en aras de una mejor gestión de los recursos.
Lo que está pasando en Cataluña con los recortes salvajes en su sanidad pública, en la que hay convocada una huelga de médicos por ese motivo, es lo que puede llagar a ocurrir en el resto de España: que, teniendo instalaciones y medios al más alto nivel, pagados con nuestros impuestos a lo largo de muchos años, acabamos sucumbiendo a las inhumanas e inmorales normas de gestión dictadas por un señor que, como el señor Ruiz i García, antes de conseller de todos presidió la patronal catalana de la Sanidad.
Cómo habrá que explicarles ahora a los ciudadanos que, como Carmen Mesa, no viven en una gran capital ni cerca de un hospital "de referencia" que el dinero de sus impuestos tiene el mismo valor que el de quien vive cerca de uno de ellos. A mí me resultaría difícil, quizá porque pateo a menudo los pasillos de hospitales y centros de salud. Supongo que, parapetado tras una montaña de dosieres, estudios y gráficos, debe resultar más fácil. Incluso puedes llegar a explicar a los familiares de tu "víctima" que ha sido el azar, la mala suerte, esa variable incontrolable de las estadísticas la que ha acabado con su vida.
De momento, a los familiares de Carmen, esas excusas no les sirven y han emprendido acciones legales para los responsables de su fallecimiento tras sufrir un calvario de 65 horas antes de llegar al quirófano que requería su caso, responsables, no de la atención que recibió desde el primer momento, sino de la gestión hospitalaria que le negó el quirófano en el que, probablemente, le hubiesen podido salvar la vida. Sólo espero que la familia de Carmen tenga todo el apoyo de la ciudadanía, porque en su causa nos jugamos todos mucho y los responsables de un desastre como este deben ser castigados.
En caso contrario, más nos vale cambiar de vivienda e irnos a vivir a una "con vistas al hospital de referencia", en primera línea, al lado de la entrada de urgencias.
También sería bueno que las consejerías de sanidad de cada comunidad nos facilitasen un folleto con los lugares, fechas y horarios en los que no es conveniente ponerse enfermo de una cierta gravedad.

domingo, 13 de noviembre de 2011

PERO... QUIÉN VOTABA A BERLUSCONI


Viendo anoche las calles de Roma y otras ciudades italianas, repletas de gente que celebraba la dimisión de Berlusconi al son del Aleluya de Haendel y las bolsas, no sólo de Italia, sino de medio mundo que no han dejado de subir desde que Napolitano tomó las riendas de la crisis política italiana y hubo la certeza de que "il cavaliere" acabaría marchándose, es legítimo preguntarse quién le votaba.
Han sido diecisiete años de nepotismo, corrupción, trampas y, sobre todo, de desprecio a la democracia y a las reglas básicas de la convivencia. Diecisiete años que arrancaron con esa falsa impresión de que lo mejor para una Italia cuyos gobiernos eran castillos de naipes imposibles que se venían abajo en pocos meses era ponerse en las manos de ese empresario "hecho a sí mismo" que había llenado la tele y la cabeza de los italianos de culos y tetas, de cotilleos tan groseros como insufribles, de norias, en fin, cuya única misión era la de hipnotizar y distraer a los espectadores, mientras elevaban hasta el infinito su umbral de tolerancia a lo zafio y lo grosero ¿os suena?
El Berlusconi de anoche más "retaco" que nunca, con la cabeza hundida en ese cuerpo abotargado que ya no pueden disimular ni los mejores sastres italianos, cariacontecido al verse ante ese final que durante tanto tiempo ha esquivado con su "catenazzo" mediático... ese Berlusconi real que había dejado de ser imposible me recordó al que no hace tanto se dio de lleno con la realidad cuando un ciudadano lanzó contra su rostro altivo una reproducción de la catedral de Milán que le arruinó el gesto y algún que otro diente.
Ha sido demasiado tener a ese delincuente al frente de la séptima potencia económica mundial tantos años. A lo largo de esos tres largos lustros le hemos visto hacer de todo sin que le pasase nada. Ojalá se acumulen ahora todas sus culpas y podamos darnos la satisfacción y el consuelo de verle entrar en una prisión.
Pero, permitidme que vuelva a la pregunta ¿Quien votaba a Berlusconi?
En mi opinión le votaban quienes dicen y dirán que lo que hace falta es más gestores y menos políticos, los que siempre votan al que les promete bajar los impuestos, los que se creen más que los demás, los que, en vez de personas, buscan "hombres" machotes y valientes, los que se dejan embaucar por una frase sin analizarla ni medir sus consecuencias, los que ante los clarines del victimismo sacan a relucir ese patriotismo barato que ha costado tantas guerras, los que tenían algo que ganar, y lo ganaron, sirviendo de coartada a los negocios y las leyes "a medida" de este nuevo "duce" de pacotilla, los inmorales, los que creen que lo que le ocurra a su país y sus compatriotas no va con ellos, los tramposos que chapotean en la economía sumergida, los especuladores y, sobre todo, los que piensan que la política no va con ellos y, en vez de ir a votar, se quedan en casa y, sin haberlo o a sabiendas, acaban tendiendo un puente de plata a todos estos sinvergüenzas para llegar al poder...
¿Os suena?

sábado, 12 de noviembre de 2011

SIN PAPELES


Muchas veces, tenemos la sensación de que los líderes políticos, de aquí y de allá, no son sino muñecos de guiñol que alguien maneja mientras, escondido tras una cortina, llena de contenido, cuando no improvisa, su discurso.
Ocurre, porque casi todos se afanan por parecer más altos, más listos y más guapos de lo que realmente son y acaban rodeándose de gente, el equipo, que suple sus carencias levantando a su alrededor un tinglado, detrás del cual muchas veces no hay nada o casi nada.
No sé si recordáis aquel primer "tengo una pregunta para usted", en el que a uno de los ciudadanos con derecho a tenerla se le ocurrió preguntar a Zapatero por el precio de un café. A Zapatero le perdió el afán por no quedar mal y dio un precio que ni los camareros más viejos del lugar recordaban. Tanto es así que tardó en aparecer un hostelero generosos que corroborase el precio dado por el presidente ¿No hubiese sido mejor decir que hacía muchos tiempo que no se tomaba un café en la calle o, incluso, que los que se tomaba se los pagaban?
Lo mismo le ocurrió a Rajoy, cuando, el pasado lunes, le traicionó su pasado de sabihondo opositor a registrador de la propiedad y, ante la evocación geográfica de su circunscripción que hizo el diputado por Cádiz Rubalcaba, quiso dejar claro que el también conocía el interior de la provincia y pasó a enumerar una lista de pueblos que conocía, en la que le faltó incluir Tomelloso o Mondoñedo, porque la mitad de los que nombró no están ni han estado nunca en Cádiz, sino en Sevilla ¿Qué necesidad tenía de dárselas de pateador de los maravillosos pueblos blancos gaditanos. Eso, por no hablar del barullo de papeles y fichas que manejaron con menos soltura que un objetor manejaría un CETME para aportar su retahíla de cifras tan apabullantes como innecesarias y sesgadas.
Sigo pensando que, a un debate electoral, los candidatos deben presentarse ligeros de equipaje, con apenas un papel que les recuerde su nombre y el de su partido. Si están realmente preparados, todo lo demás sobra si es que no les ayuda a pifiarla al verse obligados a hablar de cosas que desconocen, aguantando un primer plano de la cámara.
Los candidatos deben tener claro qué defienden y para quién lo hacen, o, al menos, así debería ser. Pero la experiencia me dice que acaban por hacer una lista de logros y promesas a la misma velocidad que se leen en los anuncios de fármacos las recomendaciones que la ley obliga a incluir o aparecen los extras del modelo de coche que pretenden vendernos en la tele.
Tienen que tener las cosas claras y no como el candidato a candidato por los republicanos, el gobernador de Tejas, Rick Perry, que en un debate televisado no fue capaz de recordar una de las tres agencias (ministerios) que suprimiría en caso de llegar a la presidencia. Se enganchó una y otra vez en la tercera hasta que se vio obligado a desistir pidiendo disculpas, y eso que la agencia en cuestión era la que se ocupa de la energía, algo imperdonable para el gobernador del estado petrolero por excelencia.
La anécdota de Perry, que no lo es tanto, me ha llevado a pensar en cuál hubiese sido el papel de Rajoy en el debate televisado si no hubiese podido leer, como hizo en seiscientas ocasiones, los papeles y las fichas que le habían proporcionado quienes manejan su guiñol.

viernes, 11 de noviembre de 2011

ESPERANZA MANOSTIJERAS


¡Lamentable! Precisamente en los tiempos en que el paro y la crisis económica son los problemas que más preocupan a los españoles, y los madrileños, aunque un tanto especiales, también son españoles, la Comunidad de Madrid ha recortado un 22% el capítulo dedicado al empleo en los presupuestos para el próximo año.
Esperanza Aguirre no lo dice, pero estoy seguro de que debe pensar que los parados son unos vagos que no aceptan cualquier trabajo o unos ambiciosos que no están dispuestos a emplearse por los sueldos de miseria que pretenden ofrecer sus amigos de la CEIM. Y tiene razones para pensarlo porque apenas hay parados en su familia o entre sus amistades.
Se dice pronto. Casi tres de cada cuatro euros destinados al fomento del empleo o a la asistencia a los que no lo tienen, formación incluida, desaparecen de los presupuestos del gobierno madrileño, el mismo que, no hace tanto, se gastó un millón de euros en colocar la primera piedra de una faraónica Ciudad de la Justicia que, ahora, y nunca mejor dicho, duerme el sueño de los justos.
Por más que lo intento no logro explicarme cuál es el secreto para que esta Esperanza Manostijeras de la Puerta del Sol, soez, pendenciera y deslenguada, reciba tantos votos de los madrileños. No será por su gestión de los servicios públicos que usan los madrileños, porque la sanidad y la educación públicas se deterioran a ojos vista. Quizá sea esa actitud zarzuelera de llegar a las manos y tirarse al moño del rival. Aunque puede que esté equivocado y lo que la hace tan apetitosa para los madrileños a la hora de depositar el voto sea ese temblor de voz y esa lágrima fácil que, muy de vez en cuando y siempre ante las cámaras, dedica a su familia o a su salud.
Cuánto daría porque la Manostijeras de la Puerta del Sol, consciente del peligro que supone para sus conciudadanos,  para no hacerles daño, se retirase como el tierno Eduardo Manostijeras de Tim Burton se escondía en el desván de la casa abandonada. Pero eso sería pedir demasiado, porque, muy al contrario, lo que ha hecho Esperanza Manostijeras ha sido rodear de vallas metálicas la fachada de la sede de su gobierno para protegerse de una hipotética ira de aquellos a los que hace daño.

jueves, 10 de noviembre de 2011

QUÉ FEO


Lo de las sospechas sobre Iñaki Urdangarín, yerno del rey, es muy feo, pero que muy feo.
Nos habíamos acostumbrado a que los escasos tropezones de la familia real española nos los contasen en papel cuché Hola y compañía y, por eso, ver al duque de Lugo en las sórdidas páginas que suelen acoger a los matas, los camps y los roldanes que han sido y serán en esta España de manos largas y moral distraída, resulta, cuando menos, decepcionante.
De pequeño, tardé poco en averiguar la verdadera naturaleza de los Reyes Magos, pero mantuve una falsa candidez por pura conveniencia. Tenía la sospecha de que, si contaba lo que sabía, se acabaría eso de encontrar la noche de Reyes los regalos, previamente descubiertos en algún armario, junto a los zapatos. Con la monarquía española me pasa otro tanto: no creo en ella, aunque, en su momento Juan Carlos cumplió de sobras su papel, pero mantengo la ficción porque nos conviene, especialmente cuando caigo en la cuenta de quién podría llegar a Sarkozy en España.
Ayer tuvimos pruebas de lo que ocurre cuando algunos personajes públicos sobrepasan algunos límites, aunque sea en el ámbito privado ¿queda algo que podamos considerar privado? dimiten o los cesan. Sin embargo, es impensable que Urdangarín dimita como yerno o sea cesado como duque.
Insisto, lo de la Operación Babel, de la Fiscalía Anticorrupción, con facturas infladas, contratos por cantidades de vértigo a cambio de nada o casi nada, paraísos fiscales, palmarenas y Camps y Matas de comparsas es feo, muy feo. Tanto que en el mejor de los casos el duque sería un tonto, útil, pero tonto, del que se ha aprovechado su socio Diego Torres.
Qué feo, majestades. Tan feo que, este año, al yerno, habrá que traerle carbón.

martes, 8 de noviembre de 2011

ME EQUIVOQUÉ


Sí. Tengo que reconocerlo. En la entrada de ayer me equivocaba cuando afirmaba que no iba a haber debate. Lo hubo y, pese a la saturación de datos sobre trajes, corbatas y barbas, pese al exceso de maquillaje, pese al escenario, pese a esa enorme mesa que separa en vez de acercar y que condiciona el tiro de cámara hasta el imposible, pese al formato castrante, pese a tanto papel sobre la mesa ¿por qué no les obligan a presentarse al examen "a pelo"?... pese a todo eso, hubo debate.
Un debate que, curiosamente, a quienes hacen los periódicos no les gustó, porque -dicen- vieron en el candidato socialista más un periodista que un candidato, idea inducida desde el PP por Jorge Moragas, un debate, en fin, cuyo ganador ya tenían decidido de antemano y en la estela de las encuestas, porque, de no ser así, no me explico que ese ganador sea el que, cuando en más de una ocasión, se vio contra las cuerdas salió con eso de "no voy a decir nada más" o con lo de las mentiras y las insidias.
A mí me gusta que, cuando me hablan, me miren a la cara. No me gusta que me lean un papel con gestos de colegial recitando un poema en la fiesta de fin de curso y no me gusta que me mientan. Y Rajoy, con papel y sin papel mintió incómodo en más de una ocasión. Especialmente cuando negó sin convencimiento alguno que Esperanza Aguirre hubiese acusado a los profesores madrileños de no querer trabajar.
Entiendo la postura de la prensa impresa que, en un momento de especial crisis y tras la experiencia de PRISA con Aznar, quieran ponerse a salvo de cara a los próximos cuatro años. Lo que no entiendo es que nos resignemos a ser gobernados por un señor que todo tiene que leerlo y que pierde los nervios y la verdad con demasiada facilidad.
Menos mal que al final lo que se cuentan no son las encuestas ni los editoriales, sino los votos.