jueves, 19 de enero de 2017

PAÍS DE TONTOS


Vivo en un país lleno de tontos y, de todos, yo debo ser el más tonto. Lo digo porque tengo o he tenido de todo. Tengo una hipoteca con cláusula suelo, he pagado los gastos de un notario propuesto por Caja Madrid que, que yo recuerde, no me advirtió de lo que firmaba. me rompí el codo al caer por las escaleras del metro en un tramo sin barandilla ni advertencia de peligro y no dicen que no tengo derecho a una indemnización, porque los aguerridos vigilantes de seguridad que en todas las estaciones se preocupan de que nadie viaja sin billete no estaban en su puesto cuando les necesité y no fui consciente de que me había roto el codo hasta que, horas después, vi que la inflamación y el dolor iban a más y, para entonces, ni las grabaciones de seguridad que estoy convencido que había ni los informes médicos que probaban mis lesiones, sirvieron de nada. También tuve preferentes y las tuvo mi padre y, si nos fue devuelto el dinero es porque yo, con una agudeza visual próxima al 15 %, y mi padre, con casi noventa años, no leímos ni fuimos conscientes de lo que firmábamos y, ahora, por si fuera poco, me entero de que, en lo más crudo del invierno, estoy pagando la electricidad más cara de la Historia, mediante una factura incomprensible, en la que los precios se fijan. al antojo de los de siempre, en un mercado presuntamente libre, lleno de trileros que, estoy seguro, cobran incentivos y bonus por conseguir la mezcla de energías que conforme el kilovatio más caro posible.
Y nadie protesta, yo tampoco lo hago, porque vivimos en un país cansado de protestar, desnortado y desilusionado, que traga con lo que le echen, porque quienes deberían defenderle, los que cobran su sueldo de diputado o de senador de nuestros impuestos y llegan a sus escaños con nuestros votos, saben de sobra que, antes o después, si hacen las cosas "bien! acabarán poniendo sus culos de señorías en la  poltrona de algún consejo de administración que, antes o después, cuando amaine la tormenta, dará su bendición a quienes volverán a chuparnos la sangre o a intentarlo al menos. Mientras tanto, el gobierno consistiendo, porque, con el IVA de esos recibos injustos que no todo el mundo puede pagar, hace la caja que debiera hacer con los beneficios de las empresas que los emiten y, así, todos, léase los poderosos de siempre, contentos
He tenido preferentes que me vendieron cuando quise poner a salvo parte de la indemnización por mi cruel despido, tan cruel como todos, aunque menos que los que se hacen ahora, todos los días, porque ocurrió en tiempos de Zapatero y el mango de la sartén, en manos, como siempre, de los empresarios, era más corto. He tenido preferentes que me vendieron sin piedad, a sabiendas de que, con ese dinero se iban a pagar las tarjetas black y todos los dispendios de Blesa, Rato y sus consejeros de todos los colores, por cierto, y, lo que es peor, la orgía de créditos suicidas con que las cajas y bancos inflaron hasta reventarla la burbuja inmobiliaria. He tenido una hipoteca cepo, de esas que firmas cuando eres joven y crees que vas a comete ese mundo que, al final, cuando ya no tienes el entusiasmo ni las fuerzas que tenías en la firma, acaba por devorarte. Tengo también un recibo de la luz y otro del gas, caros los dos, que, si no lo son más, es porque escamado por tanto trapicheo, por tanto baile de siglas y propietarios, en el que los gobiernos, el de Zapatero incluido, y los partidos apostaron fuerte, por unos o por otros, haciéndonos creer que lo hacían por nosotros y por el país, para llevarnos al cabo al triste escenario en el que estamos.
Y, si este es el panorama visto por un sesentón con una pensión suficiente y unos pequeños ahorros. imaginaos cuál puede ser el de nuestros hijos, con sus sueños, sus proyectos y sus esfuerzos. junto con los nuestros, sumidos en la mayor de las desesperanzas, sabiendo que su vida difícilmente será como la nuestra y menos como la imaginaba, atrapados en una red de intereses, dispuestos a sacarles el jugo sin apenas nada a cambio. Pero yo, pese a todo, confío en la sabiduría y en la fuerza de esos jóvenes, nacidos en un país de tontos sumisos que, con suerte, muy pronto van a dejar de serlo.

miércoles, 18 de enero de 2017

ENTRE VISILLOS


Se defendía ayer Luis Bárcenas, el que fuera hombre de los dineros del PP, de las acusaciones de opacidad fiscal planteadas por la fiscal, diciendo que él nunca se ocultó tras ninguna pantalla y que, en todo caso, él y su fortuna estaban bien visibles detrás de un visillo. Puede que sea cierto, puede que los negocios de Bárcenas, en solitario o para el PP, no fuesen difíciles de detectar, puede que, desde su cinismo esté tratando de recordarnos lo que, desde hace tiempo, todos sabemos, puede que quiera recordaros aquellas palabras del entonces ministro socialista de Economía Carlos Solchaga, que proclamaba a los cuatro vientos que España era el país donde era más fácil hacerse rico en poco tiempo. Y puede que ambos, Bárcenas y Solchaga tuviesen razón. Bastaba con ocultarse detrás de un visillo, el del poder.
Nada de lo que llevó a Luis Bárcenas, un joven "de provincias", ambicioso y prometedor, a ocupar un escaño en el Senado, a compartir "paseíllo" con Berlusconi en la boda de Estado de la hija de Aznar con Alejandro Agag, amigo de Correa y pieza aún por tallar en la financiación popular, y a guardar las llaves de las contabilidades del Partido Popular, la que se enseña al Tribunal de Cuentas y esas otras, extracontables, que permitían pagar los sobresueldos y campañas que le afianzaron en el poder durante tantos años y todavía, nada de eso pudo hacerse, de no hacerse detrás de los visillos del poder que llegó a su vida cuando su padre, director de una sucursal bancaria en Badajoz, autorizaba los créditos a Ángel Sanchis, hombre de negocios al que acabaría sucediendo en la tesorería del partido.
Desde entonces estuvo cerca del dinero, recibiéndolo y repartiéndolo, tras ese visillo que, como él mismo dijo, no llegaba a ocultarle del todo y que, de haberlo querido, cualquiera podría haberlo descorrido. 
Curiosa defensa, la del guardián de los libros de caja del Partido Popular, una más después de haber saciado en parte su sed de venganza contra quienes, pese a los SMS de aliento y el despido simulado, al final, le dejaron caer. Curiosa, porque el destino convierte a quien lo tiene ya todo perdido en juez que reparte furia y clemencia a partes iguales entre los que antes se decían amigos y, al final, no han resultado serlo ni todos ni tantos. Curiosa defensa de quien creyó estar protegido tras el contenido de unos discos duros que la negligencia de un juez permitió borrar y destruir a martillazos, dejándole desnudo ante el tribunal. Curiosa, porque, ahora, en demasiados asuntos del caso, es su palabra contra el vacío y son ya demasiadas las versiones, a veces contradictorias, que ha dado.
Lo único que queda claro en este proceso es que hay mucho contra este personaje oculto tras su visillo y que al personaje le queda ya poca o ninguna credibilidad, algo injusto, porque, en algún momento todos tuvimos claro, yo al menos, que lo que se investigaba y ahora se juzga es la financiación ilegal del PP, la que adjudicaba obras innecesarias o sobrevaloradas a benefactores del partido, la que no era más que una corriente más, sin duda la mayor, en el enorme Amazonas de la descomunal borrachera que fue la falsa opulencia que la corrupción nos hizo ver que vivíamos en España.
Todo, medio oculto tras infinidad de visillos como el citado por el acusad Bárcenas, que, ahora que el fin, al menos aparente, del bipartidismo ha abierto balcones y ventanas, se agitan ante nuestros ojos dejando ver lo que todos suponíamos que había tras ellos y quizá más. Hemos vivido demasiado tiempo entre visillos y ojalá que, en adelante, la tan cacareada transparencia nos deje ver los que hay tras los cristales.

martes, 17 de enero de 2017

EL PARAGUAS DE TRILLO


Después de catorce años, el paraguas de Trillo, aquel infame paraguas que protegió de la lluvia y del dolor y la culpa al entonces ministro de Defensa y sólo a él, porque, entre tanto dolor y tanta muerte, bajo la lluvia de aquel triste escenario, sólo él iba a cubierto entre los restos de aquella catástrofe que nunca quiso aclarar, sólo a él protegía aquel paraguas que aún hoy sigue abierto y parece dejarle al margen de cualquier responsabilidad, de cualquier culpa.
Nadie en su sano juicio podría imaginar que el personaje que, en último extremo, decidía cómo, con quién y en qué aviones volaban nuestros soldados en misiones de paz pudiese quedar en silencio y al margen de cualquier responsabilidad sobre aquello, sin una palabra de consuelo, sin una disculpa, más bien. al contrario, reprochando a los familiares de aquellos militares su insistencia en exigir la verdad y el consuelo. nadie podía imaginarlo, pero ha sido y es así, porque Trillo, desde su soberbia, se limitó a tratar de imponer a los deudos de aquellos muertos el silencio disciplinario que se impone desde los galones y no siempre con la razón.
Ayer, María Dolores de Cospedal, flamante ministra de Defensa, protegida y jaleada por los diputados de su grupo, interpretó en el la Comisión de Defensa del Congreso la farsa que, a su partido, después de catorce años de oprobio, le convenía y pidió perdón, con su puntito de emoción y todo, por unas muertes que, de haber atendido las protestas de aquellos militares sacrificados tan inútilmente en el YAK-42, podrían haberse evitado.
Cospedal hizo, como sólo un político sabe hacerlo, lo que convenía a su partido, al que la evocación de Trillo, su soberbia y el premio de la embajada en Londres, habían puesto en entredicho ante la opinión pública. El PP, el gobierno, se limitaron a hacer lo único que podían hacer, ante la sangría de popularidad que el asunto les estaba provocando. Si no, como se explica que los mismos diputados que han guardado silencio durante catorce años, cuando no han criticad a las familias de las víctimas, rompieran ayer a aplaudir cuando la ministra pronunció por fin la palabra perdón. Pero pedir perdón no basta, ni basta que lo pida sólo la ministra. Hay que investigar qué y por qué sucedió con ese vuelo y hay que escuchar la palabra perdón, pronunciada con sinceridad, de labios de Mariano Rajoy el "substanciador", de Trillo y de los mandos que, por acción u omisión, llevaron a la catástrofe.
Sin embargo, me temo que no lo veremos, porque el PP, con la ayuda de los medios que, inducidos por los hábiles comunicadores de la calle Génova, precipitan el mensaje, ya ha construido su relato y el relato es el de que el perdón está pedido, del mismo modo que Trillo está dimitido y no relevado sin más.
Es algo que el PP ha entendido muy bien: lo importante no es lo que pasa sino como se cuenta lo que pasa, cómo y cuándo. Saben que la primera información es la que queda y, por eso, aquel 26 de mayo de hace catorce años, las informaciones llegaban en una nebulosa de incertidumbre. Por eso, para evitar que la noticia se prolongase durante días, se precipitó un funeral de estado con 62 féretros que, contenían cadáveres mal identificados que se iban a entregar a familias que no eran las suyas, por eso, para que no se prolongase el acoso a Trillo, perfectamente retratado bajo aquel paraguas, se prolongó cruelmente el dolor de los familiares de las víctimas. Por eso se pagó con dinero negro del PP, al menos eso dijo Bárcenas, la defensa de los médicos militares que, presionados por los de arriba, perpetraron aquella chapuza.
Suficiente para que a alguien con un resto de dignidad se lo hubiese tragado la tierra. Pero no a Trillo, a Trillo se le premio con la embajada en Londres, porque Trillo tiene paraguas y allí llueve mucho.

lunes, 16 de enero de 2017

LA HORA DE PATXI


Escucho a Patxi López, por el que, lo confieso, siento una especial simpatía, y me reconcilio con la idea de que alguien pueda dedicar su vida entera a la política. Consuela escuchar su voz en eso tono tan peculiar y tranquilo de asuntos que preocupan o deberían preocupar a todos. Consuela escuchar su mensaje tan distinto, tan alejado de la teatralidad de Susana Díaz o de su amigo Pedro Sánchez. Tanto me consuela, que puedo llegar a creer, si no su mensaje, si a su persona.
No sé en qué acabará el paso dado por Patxi López. No sé qué decisión tomará Pedro Sánchez, ahora que tendría que enfrentarse con quien fue uno de sus colaboradores más cercanos mientras ocupó la secretaría general socialista, lo que sé es que las fuerzas, no sé si resistentes o rebeldes, que Sánchez agrupó en torno a sí, tras su desgraciada y torpe defenestración, estaba perdiendo fuerza como la pierde una gaseosa que una vez abierta tarda demasiado en consumirse y que el paso dado ayer por López puede resucitar simpatías hacia las siglas socialistas que llevaban meses dormidas.
De la conversación con Pepa Buena a la que alud, me quedo con un gesto imperceptible por el oído, pero oportunamente señalado por la periodista, un gesto con el que López al ser preguntado por las dificultades para que sea aceptada su pretensión de ir a unas primarias sin descafeinar, con opciones distintas para que sean los militantes quienes decidan su secretario general, señalaba hacia arriba, no sé si al dios al que invocaba Benegas para referirse a González o a esa siniestra superestructura que quita y pone secretarios generales y promueve o rechaza alianzas al gusto de los poderosos, dios o superestructura que, a mi modo de ver, son lo mismo y tratarán desde ya de agostar cualquier brote de verdadera democracia dentro del partido.
A su favor, Patxi tiene la experiencia y la calma que parece que a Pedro Sánchez le faltaron en más de una ocasión, pero, en su contra, cuanta con la feroz oposición que podría venirle del "sur", porque, de llegar a buen puerto sus planes, los de Susana Díaz se verían seriamente perjudicados, al no poder contar con la totalidad del aparato de siempre y, eso parece al menos, la unanimidad de las baronías.
La presidenta andaluza debe, por ello, estar arrepintiéndose ahora de haber estado jugando a dos barajas tanto tiempo y, sobre todo, de haber mantenido ocultas sus cartas, tanto, que la jugada de López, anticipándose a sus planes ha debido dejarla cariacontecida.
No cabe duda de que el movimiento de López ha sido oportuno en tiempo y en forma, puesto que le benefician, no sólo el aparente desconcierto de la presidenta andaluza, sino el "descoloque" de Podemos, inmerso en una crisis de táctica y estrategia, en la que Pablo Iglesias sigue ensimismado y dispuesto a movilizar a sus bases en la calle, dejando en segundo plano la batalla aún pendiente en el parlamento, algo que al menos yo no acabo de entender. Dos propuestas y dos líderes enfrentadas y dudo ahora que compatibles que, de no confluir, despejarán el terreno a un todavía hipotético PSOE liderado por López.
Mientras tanto, el PP se sienta de nuevo en el banquillo con sus particulares fantasmas, el del YAK 42 y el de la Gürtel fuera del armario, evidenciando que al complicado encaje de bolillos con que Rajoy teje su versión del pasado se le están saltando algunos nudos y que, con un número cada vez más grande de resentidos y un Aznar eternamente cabreado, pero ahora desde fuera, la fiebre de la temida división interna puede alcanzar la frente del PP.
En fin, un buen momento que puede, por qué no, convertirse en la hora de Patxi.

martes, 27 de diciembre de 2016

ASÍ MENOS, PABLO


Estoy desando ver los resultados de la primera encuesta que se realice después de la muy vergonzante purga que, con nocturnidad, alevosía a unas horas de la Nochebuena ha llevado a cabo contra José Manuel López y, por extensión, contra Íñigo Errejón, Ramón Espinar, el particular Beria al que Pablo Iglesias ha encargado marcar territorio en Madrid.
Tengo ganas de verlos porque, como votante de Podemos en las pasadas elecciones autonómicas, me siento traicionado y ofendido. Traicionado, porque, como muchos, más que a Pablo Iglesias y sus compañeros, yo voté a la gente que les votaba. Y les votaban todos aquellos que creíamos que había que cambiar la manera de hacer política, para romper el injusto equilibrio que, durante décadas, ha mantenido alternativamente en el poder a PP y PSOE, con el consiguiente deterioro democrático, del que el alejamiento de los ciudadanos, la ignorancia y el desprecio de sus necesidades han sido caldo de cultivo para tanto enfangamiento, tanto clientelismo y tanta corruptela.
La verdad es que, pese a una incompatibilidad casi instintiva con la sobreactuación de palabra y de gesto de Pablo Iglesias, llegue a ilusionarme. Más, cuando frente al discurso efectista de éste, se iba construyendo otro mucho más maduro, sensato y, sobre todo, práctico de Íñigo Errejón. Me ilusioné, pero no tardé en comprobar las proporciones bíblicas del ego del "amado líder", su intolerancia para con cualquier discrepancia, por pequeña y sensata que sea y, lo que es peor, su presteza para poner en marcha el aparato del partido contra quienes tuviesen el atrevimiento de discrepar.
También está claro que Iglesias no quiere un partido fuerte en las urnas, con herramientas y discurso capaz de crecer en la sociedad. Por el contrario, parece estar más cómodo en un partido monolítico, aunque el discurso único le cierre las posibilidades de crecer en la medida que sociedad necesita que crezca. Lo suyo es la dominación más que el convencimiento y, para ello, no duda en amenazar, castigar y, si es preciso, purgar al discrepante. Pero, siempre, de forma vicaria, interponiendo entre sus deseos, que para ellos son órdenes, a vicarios como Juan Carlos Monedero, capaz de amenazar a todo un diputado, o el corto Ramón Espinar, por el que alguno dimos la cara en su crisis inmobiliaria y que, ahora, ha emprendido la poda del partido en Madrid para que no crezcan ramas torcidas ni malas hierbas junto al árbol del taimado Iglesias, que manda a sus chicos y sus chicas a laminar a Íñigo Errejón y José Manuel López en las redes y en los medios convencionales cuyo uso les afean.
Me deprime y me ofende que un personaje como Espinar esgrima presuntas razones y procedimientos democráticos para, desde su secretaría en Podemos Madrid, ganada por los pelos y con la alianza con Izquierda Anticapitalista, cesar como portavoz en la Asamblea a José Manuel López, cabeza de lista a la Asamblea de Madrid, elegido en unas primarias y con un prestigio social y profesional que movió a gente como yo, ajeno a la organización, a darle su voto en aquellas elecciones.
Pero a Iglesias no le gustaba y no le gustaba, entre otras cosas, por ser un hombre de Errejón. Por eso, inventándose una ineficacia que no es tal de López, le ha cesado entre villancico y villancico, entre turrón y turrón, para colocar en su puesto a Lorena Ruiz, de Izquierda Anticapitalista, quizá como pago por su apoyo en la desactivación de Errejón de cara al Vistalegre 2.
Iglesias no sólo clava sus dagas de noche y por la espalda, sino que niega a los demás el derecho a quejarse o defenderse de las puñaladas. Por eso, ante las quejas de Errejón ante el cese de López, Iglesias lanzó a sus tuiteros contra Errejón con ese "Así no, Íñigo". Un "hashtag" que me permito parafrasearle en "Así menos, Pablo", porque no todo es cantar a coro con las manos cogidas, ni presentarse en público con una multitud detrás. La unidad no hay que representarla ni fingirla. La unidad hay que construirla y la purga es una mala herramienta para ello.

martes, 20 de diciembre de 2016

BAMBI Y LOS CAZADORES


Desde que se produjo el "cuartelazo" de la calle Ferraz, aquella insurrección orquestada desde el viejo y contumaz aparato del PSOE por la que se privó a la militancia del partido de su secretario general y de la defensa de lo que habían votado, me he preguntado qué hubiese sido del partido socialista y de la misma España, si Pedro Sánchez hubiese permanecido en el cargo para el que fue elegido. No lo sé ni lo sabré nunca. Lo que sí sé es que, con aquella maniobra tan zafia, el prestigio y la moral, del PSOE, en cualquiera de las acepciones de la palabra moral, está por los suelos
Quizá por ello y por la pérdida de imagen sufrida por el ya de por sí desprestigiado Felipe González, los nuevos gestores del PSOE andan empeñados en buscar en otra figura la autoridad moral de la que hoy por hoy carece el partido, Y, como tienen difícil encontrarla, no les ha quedado más remedio que buscarla en su trastero, de donde han sacado a un casi olvidado José Luis Rodríguez Zapatero, recién regresado de su discreta mediación en Venezuela, para pasearlo por España con el motivo que sea. Y el motivo no ha sido otro que una fecha, la de los diez años de la frustrada Ley de Dependencia, una ley que trajo muchas esperanzas y que incluso llevó a mucha gente con familiares dependientes a su cargo a tomar decisiones vitales que, con una escasa dotación presupuestaria, primero, y víctima de lo peor de los recortes, después se quedó en poco más que una voluntariosa buena intención que no llegó a pasar del papel. a la realidad.
Hace bien el PSOE en presentar, a pesar de la frustración que siguió a la ley, en recordar aquella primera legislatura de Zapatero, la del matrimonio entre ciudadanos del mismo sexo, la de la retirada de Irak de las tropas enviadas por el siniestro Aznar la del reforzamiento de la cooperación exterior o la de la también frustrada "Alianza de Civilizaciones", una legislatura de orientación claramente social, en cuya orientación, no me cabe duda, tuvo mucho que ver la vicepresidenta Fernández de la Vega.
Hace bien el PSOE en recordarla, porque aquel al que Guerra bautizó como Bambi y que llegó a la secretaría general del PSOE por una carambola del destino, en la que tuvo mucho que ver la inestimable colaboración del sector "inmobiliario" del partido, con José Luis Balbás a la cabeza, desde su despacho en el Palacio de La Moncloa, al que llegó también inesperadamente y gracias a las torpes mentiras de Aznar sobre el 11-M, se comportó con la inocencia de aquel tierno cervatillo al que los malvados cazadores dejaron sin madre. Y, pensando en las analogías entre Zapatero y el dulce protagonista de la cruel película de Disney, no dejar de pensar que esa inocencia del primer Zapatero corrió el mismo trágico fin que la madre del tierno Bambi.
De hecho, la segunda legislatura del segundo presidente socialista de España en estas cuatro décadas de recuperada democracia nada tuvo que ver con la primera. En ella hubo escándalos, corruptelas a todos los niveles, malos modos, desprecio a la ciudadanía. Por si fuera poco, cambió a aquella eficaz e independiente María Teresa Fernández de la Vega, por un siniestro José Blanco y sentó a la mesa del consejo de ministros u toda una serie de incompetentes de los que la estrella fue sin duda la inefable Leire Pajín. Pero, sobre todo, su gente llevó a cabo una política informativa empeñada en ocultar a la ciudadanía que estábamos ya de hoz y coz en la peor crisis económica que ninguno de nosotros pueda recordar, una crisis que se empeñó en no nombar, como Rajoy nunca nombra a Bárcenas, pero que sólo fue posible con la nada democrática modificación del artículo 135 de nuestra Constitución, convirtiendo en prioritario, por delante de la justicia social y por encima del bienestar de los ciudadanos, el pago de la deuda.
Ahora, a los diez años de su prometedora y frustrante ley, Zapatero se está dejando ver con lo peor del siniestro aparato de su partido y se entrega en cuerpo y alma a la dudosa causa de Susana Díaz, responsable de la fratricida y nada democrática defenestración de Pedro Sánchez, en aras de la salud de esa "gran coalición" formal o solapada que amenaza con prolongar unos años el sufrimiento de los españoles. 
En resumen, mataron a la mamá de Bambi y el cervatillo se pasó al bando de los cazadores que acabaron con ella. 

viernes, 16 de diciembre de 2016

MIEDO A VOLAR


Es triste para alguien que, como yo, ha puesto tantas esperanzas, más que en el mismo Podemos, en la gente que, también como yo, les ha votado, comprobar el miedo, incluso pánico, que algunos de sus dirigentes tienen a la libertad y, sobre todo, a la igualdad. Miedo a que se escuche una voz que no sea la del "amado líder" Pablo Iglesias, pánico a que un revés, un mal día, de esos que hasta el mismo Lionel Messi tiene, abra una brecha en el poder cuasi absoluto que Iglesias tiene sobre los órganos decisorios del partido.
Vaya en este pinto por delante mi reconocimiento de que, formalmente, el funcionamiento interno del partido que fue la gran esperanza de quienes creímos y aún creemos en que un cambio progresista es posible es democrático. Sin embargo, todos sabemos que "hecha la ley, hecha la trampa" o, aún mejor dicho, interpretada, la ley conseguida la trampa y que Podemos desde que decidió transformarse en partido, se dotó de una estructura y unas normas diseñadas a mayor gloria y para tranquilidad del tan locuaz y cantarín profesor de Políticas.
Después de darle vueltas a todo lo que está pasando dentro de Podemos, mi impresión es la de que los líderes de primera hora del partido tienen miedo a la libertad, tienen miedo a volar, sobre todo porque algunos tienen las alas de plomo. Creo que, en un partido tan endogámico, en el que la mayor parte de sus cuadros proceden de un entorno tan pequeño y tan preciso como lo es una facultad universitaria, los dirigentes de primera hora, los "pata negra" de Políticas desconfían, porque le temen. de quienes se han incorporado a la formación tras el lógico proceso de crecimiento de un partido, que pasada la primara sorpresa por sus primeros resultados electorales, sorprendentes incluso para ellos mismos, se vio obligado a incorporar a nuevas figuras en sus listas, porque, estaba claro, en una facultad no hay banquillo suficiente para completar listas y hacerlo con cierta garantía de éxito.
Salvando las distancias, lo que ha ocurrido con Podemos se parece demasiado a aquella frustrada revolución de los claveles que, una vez derrocados Marcelo Caetano y el salazarismo, se enredó en luchas internas, apagando la ilusión primera y dejando los fritos de aquella ilusión a quienes quizá no los merecían. Tengo la impresión de que los “capitanes" de Podemos, con Pablo Iglesias a la cabeza, están más pendientes de controlar el territorio que de atender a los deseos de la población, con lo que, una vez más, se estaría perdiendo una gran oportunidad de llevar a cabo una transformación de la sociedad en la que todos son necesarios.
De todos es sabido, entre otras cosas porque la prensa "de toda la vida" se encarga de airearlas en cuanto se producen, que, desde hace meses, existen desavenencias entre las dos cabezas más visibles que, de momento, tiene Podemos, las de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, enfrentados en el dilema de cuál debe ser el escenario de la batalla para transformar el sistema: la calle o las instituciones, dilema que, no lo olvidemos esconde también el del control del aparato del partido. De todos es sabido y, a fuer de ser sinceros, todos estamos un poco cansados, pese a que cada cual tenga su preferido y es del todo evidente que yo lo tengo, de esos cruces epistolares hipócritas y ridículos y de los "zascas" que, de vez en cuando, se cruzan entre ellos, más sonoros y descarados los de Pablo Iglesias cuando se ve sorprendido por las iniciativas de su compañero y, según ambos, todavía amigo.
Lo que hasta ahora no habíamos visto y a lo que nunca deberíamos acostumbraremos es a que entre en escena un "comisario político" como Juan Carlos monedero para advertir, en el comedor del Congreso y ante testigos, al ex juez Juan Pedro Yllanes, diputado de su partido, de que se atenga a las consecuencias después de febrero -fecha prevista para la celebración del Vistalegre 2, si no dejaba de pronunciarse en apoyo de Errejón. Todo un ejemplo de "matonismo" del peor, por parte de quien, como viejos líderes mundiales afortunadamente desaparecidos, tiene miedo a volar, porque en esto de la democracia y la libertad de pensamiento, tiene las alas de plomo. Tienen miedo a volar o, lo que es peor, a que vuelen otros.