jueves, 21 de marzo de 2019

INFANTILISMO


En alguna ocasión, quien más y quien menos hemos sido testigos del comportamiento anómalo y retador de los niños que, cansados de tener que obedecer a sus mayores, un día deciden, las más de las veces sin ser conscientes de lo que hacen, retarles imponiendo sus propios tiempos, resistiéndose a obedecer o, en todo caso, remoloneando antes de obedecerles.
Ese comportamiento es tan viejo como la misma vida y es común a todo tipo de cachorros que, entre juegos y veras, miden su capacidad de resistencia ante sus mayores, provocándoles con sus evasivas y forzando la situación a la búsqueda del límite en el que el que tiene el mando estalla, a sabiendas de que, al final, tendrá que obedecer.
Lo que ocurre es que, mientras esto sucede, el niño se convierte en protagonista e invierte esa cadena de mando que le aburre. Lo malo es que, en más de una ocasión, mide mal y fuerza las cosas más allá de lo razonable y acaba escapándose algún grito, cuando no un cachete. Lo sabe muy bien quien tiene contacto con niños, porque más de una vez es testigo de estos envites a la hora de comer, de vestirse o de hacer las tareas.
Lo más curioso es que de sobra saben los "protagonistas" de estos "juegos" que, al fin y a la postre, son estériles y que, salvo esos minutos, horas o días, de gloria, de ser el centro, poco o nada es lo que consiguen. Quizá un berrinche, una colleja o un sentimiento de culpa o abandono que antes del juego, del que ya no recuerda el origen, no tenía.
Sé que comparar ese juego con el tira y afloja que estamos viviendo a propósito de los lazos amarillos colgados en las fachadas de los edificios públicos de la administración catalana puede ser un ejercicio demasiado simple, pero no me resisto a comparar al president Torra, un niño grande, desobediente y respondón, con los protagonistas de esos "juegos" infantiles de los que os hablo.
En mi opinión, Torra, sólo o aconsejado, por no decir impelido, por otros, se hace el interesante, tarda en obedecer las órdenes de la autoridad que todos, catalanes incluidos, nos hemos dado, remoloneando y haciéndose la víctima, lloriqueando, cada vez en voz más alta, con más intensidad, para llamar la atención de sus vecinos y poner en evidencia a sus padres, en este caso la justicia española, y de sus votantes que, como el niño del berrinche, ya no ven otra cosa que el lazo o su ausencia y olvidan todos lo demás, la cama, la comida, la ropa, el colegio, los juguetes, el cariño y todo lo que ha recibido o puede recibir de sus padres.
Sin embargo, creo que lo de Torra responde a una estrategia más perversa y que el fin de quienes están al frente de la Generalitat y quienes les apoyan no es otro que el de vivir en un berrinche eterno, hoy por esto, mañana por lo otro, en el que lo que menos importa son los verdaderos motivos, porque lo que cuenta es el ruido ¿Infantilismo? Sí, infantilismo, aunque perverso.

miércoles, 20 de marzo de 2019

LAZOS POR POLÍTICA


Llevamos ya demasiado tiempo pendientes de las "performances", los "numeritos", de la élite independentista catalana que, apoyándose en los partidos extremistas de la derecha "española", como esa derecha se apoya en sus estridencias, para mareando la perdiz de los sentimientos, sacar ventaja sobre quienes realmente quieren ocuparse de la gente sin caer en ese juego estúpido y perverso a la vez, de poner y quitar lazos, en lugar de solucionar los problemas reales de la gente real.
Tanto infantilismo, que en realidad no lo es, me supera. Este "y tú más" en el que se han embarcado PP y Ciudadanos, por un lado, e independentistas, por otro. Estoy seguro de que ni los votantes de los partidos independentistas catalanes ni los que allí y en el resto del España creen premiar con su voto el "coraje" de quienes "tocan las pelotas" al soberanismo y, de paso, a quienes busca la solución desde el diálogo, abriendo una tercera vía que funcionó durante décadas en las relaciones siempre difíciles entre Cataluña y "Madrid".
Lo malo es que esta guerra infantil, esta "guerra de los botones", a que han reducido un conflicto real y mucho más serio, oculta el día a día de los catalanes, el de los hospitales saturados de los parados, el de los colegios, las carreteras y la cesta de la compra. el de los parados y las mujeres maltratadas, el del precio de los alquileres y las calles saturadas de turistas, el de los transportes públicos, el de la falta de los medios para la ciencia y la investigación, el de la falta de cuidados y residencias para los ancianos y todo aquel que no puede valerse por sí mismo, yodo eso, TODO, parece haber quedado en su segundo plano, detrás del magnífico espacio escénico de los lazos y las marchas y concentraciones, diseñado exclusivamente para dejar a unos y otros con la boca abierta, mientras, unos y otros también, se quedan con sus votos y, de paso, con sus carteras.
En este punto conviene y cuánto, recordar de dónde vienen esta guerra de lazos y lo que representa. Conviene volver la vista sobre el desprecio con que el  gobierno de Rajoy trató a Cataluña, espoleado por los buenos resultados electorales que su acoso, boicot al cava y a los embutidos incluido, obtuvo en su guerra contra ese Zapatero "vendepatrias" que osó aceptar y apoyar el estatuto de autonomía que los catalanes se dieron, no sólo con la aprobación del Parlament y el Congreso, sino, además, con la aprobación en referéndum, el último celebrado legalmente, de la gran mayoría de los catalanes, un estatut que el PP llevó a "su" Tribunal Constitucional para darle "un cepillado" que lo dejó más muerto que vivo.
Eso, sin olvidar la huida hacia adelante emprendida por Artur Mas, heredero de Pujol y sus pecados, que, en plena crisis, acosado por lo que se iba sabiendo de la corrupción de la "familia" que gobernó Cataluña durante tres décadas y con una respuesta social a los recortes salvajes, los primeros, que impuso a lo público, con cerco al Parlament incluido, emprendió una huida hacia adelante, que aún dura, yendo de elecciones en elecciones y de referéndum en referéndum, volviendo el panorama político de Cataluña cada vez más oscuro y difícil.
En esas, llegó la CUP como pieza imprescindible para lograr el gobierno y, con ella, la radicalización y la salida del tibio Mas, que dejo su puesto al pirómano Puigdemont que, después de proclamar y suspender la independencia y de lanzar a la gente a una votación ilegal, estúpidamente reprimida por  el nefasto ministro Zoido, ya en un rincón de la Historia, provocando los más graves incidentes que recuerda este país, al margen, claro está y por más que le moleste a la marquesa pija, de los tiros de Tejero en el Congreso y los tanques de Milans en las calles de Valencia.
Vinieron luego las citaciones a los miembros del gobierno catalán responsable de aquello y la huida de Puigdemont a Bruselas, ejemplo claro de por qué podría estar justificada, que en mi opinión no lo estaba, la larga prisión preventiva en la que desde entonces están Junqueras y sus compañeros, excusa para esos lazos amarillos de los que hablamos, que ha acabado reduciéndolo todo a un quítame allá esos lazos, un raca-raca insoportable que todo lo oculta, que todo lo acalla, privándonos del análisis de nuestros verdaderos problemas y, con él, de su solución.

martes, 19 de marzo de 2019

ARRINCONAR EL PASADO


Poco a poco y a su pesar, vamos conociendo detalles de las verdaderas intenciones y los métodos de Vox y eso, que es bueno, ha tardado demasiado. Vox no es más que un aglomerad de todos los descontentos que la democracia ha ido dejando en las cunetas del camino que, después de cuatro décadas, llevó a nuestro país a la primera línea de las democracias europeas. un aglomerado de rencores de todo tipo que, en el fondo, no representan más que la incultura y la maldad que hacen que unos hombres se crean mejores que otros y con derecho a prohibir y quitar a los demás.
Son algo más que la casta de la que hablaba el Podemos de los primeros tiempos, porque son la casta del privilegio y de la sangre, la de los apellidos rimbombantes, las banderas y los himnos, la que odia la libertad de los otros y la democracia, pese a que no duda en encaramarse a ellas para perseguir a los demás. Ellos y sus amigos pasean autobuses con mensajes que van en contra de la igualdad que entre todos nos hemos dado, por no decir que va en contra de la inteligencia y el sentido común que a todos se nos supone.
Los he visto con sus tenderetes en el centro de Madrid, con sus banderas, sus panfletos y, sobre todo, con sus amenazantes fornidos en mangas de camisa, personajes con más horas de gimnasio que horas de biblioteca, colocados en posturas marciales, como indicando, no se te ocurra acercarte si no eres de los nuestros. Los vi hace unos días, pero ya los tenía vistos, demasiado vistos. Sin uniforme, sin aquellas camisas azules, sin los guiones y sin los correajes, son los mismos que hace unos cuarenta años se empeñaron, y les dejaron, en convertir el barrio de Salamanca en una especie de reserva, con sus controles y sus patrullas, que bautizaron como Zona Nacional.
Son los mismos que sembraban el terror los domingos en el Rastro y a diario en la Universidad o en el barrio de Argüelles. Hoy disimulan, porque lo que no consiguieron entonces, sentar a más de uno de los suyos en el Congreso, hoy lo tienen al alcance de a mano, o eso creen y pretenden hacernos creer, aunque, no lo olvidemos, si eso depende de alguien es de nosotros, de que no dejemos de ir a votar, de que no nos callemos ante determinados discursos, de que rebatamos las estupideces y los bulos que extienden a sabiendas de su falsedad para confundir a quien quiere confundirse, por ellos o por su egoísmo.
Apenas  aún son nadie y ya nos dan lecciones de patriotismo y decencia, pero son los de siempre, los que viven del chollo y del cuento, los que invitan a "cañas por España" -Hitler lanzó su fallido golpe de Estado desde una cervecería-, los que presumen de renovación y limpieza y andan "poniendo la mano a los empresarios", como hacían el PP, el partido que por la corrupción se fue al garete y quién sabe cuántos más, los que se pasan la democracia interna por el arco de La Moncloa, los que reniegan del sistema y pretenden quedarse a vivir, todo lo bien que puedan, de él.
Estaban ahí y estarán siempre. Son los froilanes que hay en toda familia y en todo barrio, pastoreados adecuadamente por quien mira más lejos y mejor para sacarles el mejor de los partidos. Pero no han venido solos, los hemos traído entre todos, enredándonos en discursos de patrias y de banderas que ellos manejan mejor que nadie, esgrimiendo el misal y el rosario que tan poco nos importa, forzando el discurso igualitario hasta quitarle en parte su sentido, propagando ese "todos son iguales" que les ha venido también y, sobre todo, olvidándonos de la gente y sus problemas, convirtiendo en meros resentidos, cegados por el abandono en que les hemos dejado y dispuestos a vengarse, aunque sean ellos la primera víctima de su venganza.
Que sus generales, sus jueces, sus abogados y quienes tiran de los hilos tras de ellos no nos amarguen el futuro depende de nosotros. Son el pasado, el más oscuro de los pasados, y está en nuestras manos que ese pasado no vuelva para quedarse. Hemos cometido demasiados errores, hemos sido demasiado exquisitos con nuestro voto y con nuestro silencio y ya es hora de levantarnos y de hacer valer nuestra voz, para arrinconar el pasado, para que no vuelvan.

lunes, 18 de marzo de 2019

LISTAS Y TONTAS


Cuando llegaba la primavera a mi barrio, no este sube y baja de los demonios sin lluvia que no limpia el aire y desconcierta a almendros y rosales, las pastelerías de mi barrio se llenaban de rosquillas "del santo", por San Isidro, rosquillas listas y tontas que, como los churros, en los tenderetes del paseo Quince de Mayo, lo que fue "la pradera" se vendían atadas en un junco por docenas y por medias docenas y que, ahora, se venden en terribles bolsas de plástico que las preservan de las moscas, a ellas, y a nosotros del futuro.
Os aseguro que en estas tardes soleadas que a deshora estamos teniendo, incitadoras de paseos, las he echado de menos, especialmente cuando, como en este fin de semana en telediarios y radios se han dado un buen atracón de listas, pero no de éstas que satisfacen, aunque duren poco, sino de las otras, de las que siempre dejan mal sabor de boca a alguno y su digestión dura cuatro años. Me refiero, está claro, a las listas electorales, de las que este año tenemos nada menos que cuatro y, aun así, no va a haber rosquillas para todos.
Este fin de semana, los partidos lo han dedicado a presentar a sus cabezas de lista o bien a ratificar las que la síntesis de la militancia y la dirección en mayor o menor proporción han decidido una y otra, para alegría de unos, disgusto de otros y, en ocasiones, desconcierto absoluto. Ha sido una mañana de micro micrófonos al sol, valga la redundancia, en la que los dos principales partidos de la derecha han montado sus tenderetes al aire libre, para esos mítines 3.0, en los que los candidatos se pasean de aquí para allá, abriendo mucho los brazos y dando jabón al jefe, para agradecerle sus designios.
El PSOE, si no no sería el PSOE, reunió a su comité federal para entregarse, hoy como siempre, a otra nueva y distinta tragedia griega, en la que desangrarse.
En la derecha, VOX, sólo por citarlo, ha anunciado su lista para Madrid, en la que los tres primeros puestos los ocupan sus particulares "machos alfa", para asegurarse la representación en una de las circunscripciones, as conservadoras y, de paso, los sueldos. En Ciudadanos y el PP, que tanto han criticado que el seleccionador nacional de baloncesto, Pepu Hernández, sea el número uno de la lista socialista para el Ayuntamiento de Madrid, han hecho otro tanto, fichando aquí y allá, "tránsfugas" de la política, sacados las más de las veces de la basura de otros partidos, deportistas y profesionales de la empresa o de la comunicación.
De los tres partidos de la derecha, el que más se ha retratado ha sido Ciudadanos, que, con su carro de la compra, ha ido a las rebajas del Primark nacional, metiendo en él, desde corruptos imputados o en fase de ello, rebotados del PSOE y del PP, o empresarios triunfadores y sin escrúpulos, como Marcos de Quinto, ex vicepresidente de Coca Coa, que por su apellido debiera haberlo sido de una cervecera, 
pasando por el abogado del Estado que acusó a los líderes independentistas de rebelión y fue retirado del caso tras la llegada de Sánchez al gobierno, como condición, según Rivera, para el apoyo de Torra al gobierno socialista, cuando el apoyo lo tuvo Sánchez en la moción de censura, antes de poder tomar decisiones, y fueron Torra y los suyos quienes, después del relevo de Edmundo Bal, que así se llama el abogado, negaron su apoyo a los presupuestos, forzando e adelanto electoral.
Mientras, en el PP, Casado, en realidad como todos, ha decidido "no hacer prisioneros", dejando fuera de las listas cualquier tufillo "marianista" y colocando, por ejemplo, a una marquesa pija, madrileña, aunque casada con un Güell, y directiva de la analista FAES, para encabezar la lista por Barcelona. También a Juan José Cortés, padre de la niña asesinada, Mari Luz Cortés, para encabezar la lista de Huelva, insistiendo en la triste estrategia de convertir el dolor y la desgracia, como mérito para la política, destinado, como él mismo se ha encargado de anunciar, a luchar en favor de la pena de prisión permanente revisable, como si no hubiese más asuntos de los que ocuparse en el Congreso o como si Huelva no tuviese otro problema que la desgracia de su hija.
En fin y a la espera de ver por dónde evolucionan las listas y qué resultados dan en el futuro, si el populismo en su elaboración resulta o si la pureza de sangre que persiguen garantizan algo. De momento, dada la improvisación creo que estas listas, a la espera de acontecimientos, me parecen muy tontas.

jueves, 14 de marzo de 2019

CASADO INTRAUTERINO


Qué le ocurre a Pablo Casado, qué trauma infantil le acompaña, qué le faltó, qué le sobró, para andar todo el día enredado en el vientre de las mujeres. No soy capaz de imaginarlo, pero debe haber sido algo grave y trascendental, algo que ha teñido desde entonces su pensamiento y que, tras mantenerse prudentemente agazapado en tanto "no tocaba", no hay más que ver lo que le sucedió a Gallardón con su delirante propuesta sobre el aborto, y que ahora que se ve con poder, al menos de momento, ahora que parece convencido de que los correajes y las sotanas están a la vuelta de la esquina, está sacando a pasear su apolillada y rancia ideología de alumno de los maristas, para decirnos, sobre todo a las mujeres, lo que tienen que hacer con su vida y con sus cuerpos.
Quizá me equivoque al querer encontrar un componente freudiano en el comportamiento del líder del PP, quizá sea demasiado generoso en el análisis y la realidad es que estamos ante un caradura, ante un tipo con labia, irreflexivo, que habla por no callar, in tipo de esos que, cuando hablan, hacen subir el pan, que parece ir por libre en su partido, al que ya puedo imaginarme arrepentido de haberle elegido presidente y candidato a vivir en la Moncloa.
Casado es, ya lo he escrito en otras ocasiones, un telepredicador irresponsable, más preocupado porque su diminuto micrófono tenga cargada la petaca que porque su discurso tenga sentido y coherencia, un tipo cargado de gestos, con esa sonrisa, falsa como pocas, colgada todo el día, con esos ojos hundidos y pequeños que parecen mirar desde el cogote, ojos que no transmiten la más mínima confianza en quien los mira confianza.
Se ve que lo de Casado no es preparar sus discursos ni sus entrevistas, se ve que gusta de improvisar, se ve que prefiere meter la parta y pasar a otra cosa antes que pararse un momento, reflexionar y, si no es oportuno hablar, callar. Quizá por ello, el estupidiario de la política española está lleno de sus "perlas" y raro es el día en que no nos deja una más para la colección. Las hay de todo tipo y en todos los campos imaginables. No respeta la tecnología, en la que entra como un elefante en cacharrería, las hoy médicas, como esa de "analizar" retinas, ignorando que para analizar algo hay que romperlo. Se comporta, en fin, como un sastrecillo valiente al que alguna vez alguien rio las gracias y al que hoy es imposible callar.
Sin embargo, si hay un charco en el que a Pablo Casado le gusta chapotear es en el de la obstetricia y todos y a todas, olvidando que la sociedad es ya adulta y q lo que tiene que ver con el vientre de las mujeres que él parece ver como un huerto en el que los machos ponen las semillas, que ellas han de cultivar, aunque sea a su pesar, sin poder disponer nunca de la cosecha, vigilada y oprimida. A todos nos contó sin pudor la peripecia de uno de sus hijos que nació muy prematuro y, amparado en esa circunstancia, pretende dar lecciones de moral y sacrificio a todos y, especialmente, a todas, olvidando que esta sociedad ha madurado y que se ha dotado de medios y leyes suficientes para que se respeten sus derechos.
Creíamos haberlo oído todo cuando pretendió obligar a las gestantes a ver las ecografías de sus fetos, incluso de los que no fuesen a gozar de una vida completa, para que supiesen lo que llevan dentro, para que se encariñasen con la foto, vamos, olvidando el derecho que asiste a toda mujer a disponer de su cuerpo y a llevar a término con garantías, o no, su embarazo. Lo creíamos, pero ayer, en medio del apagón de las redes, que, como una tormenta divina, nos dejó rumiando a solas la última de sus burradas, sin poder responderla, sin poder comentarla sin poder mofarnos de ella, sin hacer ver a nuestros amigos nuestra opinión sobre tamaño desaguisado.
Lo que supimos ayer es que Casado propone es garantizar a las inmigrantes irregulares embarazadas que no van a ser expulsadas antes del parto a cambio de dar a su bebé en adopción. Algo inhumano y cruel, una especie de transacción comercial, en la que se ofrecen a las gestantes unos cuantos meses de tranquilidad, a cambio de desprenderse de su bebé, para darlo en adopción a una familia española, para que crezca en España, lejos de sus hermanos, donde quizá en el futuro será insultado y, por qué no, discriminado por el color de su piel, en el metro, en un bar o en el trabajo.
En fin, lo que pretende Casado es algo así como quedarse con el "paquete" que espera ilusionado el vecino y despedir al mensajero con unas palmaditas en la espalda. Una nueva salvajada moral de este Casado intrauterino que parece nos saber mirar más allá del vientre de nuestras mujeres.

miércoles, 13 de marzo de 2019

CIUDADANOS S.A.


Hay partidos políticos que se parecen más a Mercadona, por ejemplo, que a lo que pretenden ser, organizaciones creadas para transformar la sociedad en representación de los ciudadanos y creo que, si hemos llegado a esto, es porque esos ciudadanos, todos nosotros, hemos pasado de ser votantes, con derechos y conciencia, a ser. como los viajeros de RENFE dónde habrá quedado aquel "viajeros al tren", meros clientes.
Los partidos nos captan ofreciéndonos unos servicios que las más de las veces no pueden cumplir, y nosotros hacemos como que les creemos, como que confiamos en ellos, porque en el muy estudiado proceso que a la hora de votar lleva a elegir un partido u otro lo hacemos pensando más que en lo que pueda hacer por nosotros, en que se nos parezca. Quizá por eso, hoy, en política, más que las ideas y cómo ponerlas en práctica, importan el marketing y la imagen.
Los partidos se han transformado en empresas con sus correspondientes consejos de administración todopoderosos, alejados, como en cualquier empresa, de sus trabajadores, de sus clientes y, por qué no decirlo, de sus principios. Los partidos políticos, por desgracia, demasiado a menudo piensan en sus votantes, como piensan muchos fabricantes, como en clientes de los que, una vez "colocado" su producto, se olvidan, hasta que, cuatro años después, esos mismos clientes u otros, resignados a ser estafados, compran su obsoleta mercancía.
Esto, que es habitual en el mundo de la política se hace más evidente en esos partidos surgidos de arriba a abajo, nacidos de una estructura poderosa buscando a los electores en logar de hacerlo desde abajo, desde la ciudadanía, para poner remedio a sus problemas. El ejemplo más claro que me viene a la memoria es el de Ciudadanos, nacido en Cataluña con la única idea de defender a los descontentos de la "opresión", de las imposiciones de la Generalitat en materia de lengua y educación, un partido fundado por representantes de una izquierda elitista y peculiar que buscaba el voto de todos aquellos que se sintiesen "perseguidos" que, una vez asentado en Cataluña, buscó nuevos mercados más allá de Cataluña, como Mercadona, por ejemplo, adaptando su perfil a un nicho de mercado que tenía ya poco que ver con sus objetivos fundacionales.
Sin embargo, el crecimiento final no fue el previsto, porque las "franquicias" abiertas por Ciudadanos en todo el territorio español no funcionaron y no lo hicieron por causas diversas, especialmente por la escasa relevancia de sus cabezas de lista, dando lugar a la paradoja de que "la idea" de Ciudadanos se compraba en las encuestas, pero sin pasar al final por la caja de las urnas. Una realidad frustrante para su impaciente líder y para quienes, desde hace tanto tiempo, le apoyan, agazapados en un misterioso anonimato que, al menos a mí, me intranquiliza.
Quizá por eso, Ciudadanos, como haría cualquier empresa, cualquier cadena comercial, se ha puesto manos a la obra para reforzar su presencia en todo el territorio "comprando" aquí y allá "negocios" en decadencia, para sumarlos a su cadena, reforzando su presencia allá donde no la tenía. Dicho de otro modo, Ciudadanos ha lanzado su opa, naturalmente hostil, a partidos ya establecidos, quedándose con la parte del "negocio" abandonada por estos, buscando en el PP o en el PSOE a los descontentos de uno u otro partido que, en sus listas, reforzasen su imagen centrista, como si de la suma de un popular corrupto y un socialista cabreado surgiesen dos centristas.
La estrategia del partido de Rivera, desarrollada con el talonario de los escaños en la mano no tenía muchas posibilidades de funcionar, porque, de alguna manera, suponía el castigo de los fieles del partido, los de la primera hora, en favor de los "paracaidistas· traídos de aquí y de allá, del PP y del PSOE, por una dirección enloquecida, consciente de que su mensaje ya no cala y de que el tiempo se le acaba.
Lo hizo en Castilla y León, fichando peor de lo que ha fichado Florentino en los últimos años a una Silvia Clemente más que sospechosa de corrupción, para encabezar su candidatura a la presidencia de la Junta. Con lo que no contó es con que quien había dedicado años al partido no iba a tragarse el sapo y que, en contra de lo que suele ser norma en los partidos presidencialistas, las bases se le iban a rebelar, presentando en las primarias dispuestas para consagrar a Clemente, una candidatura, no sólo alternativa, sino, además, ganadora.
A partir de aquí, todo se precipitó. A una Clemente perdedora se le "dopó" con unas cuantas decenas de votos ficticios con nocturnidad y alevosía, el escándalo estalló y lo que pretendía ser un éxito se convirtió en un soberano escándalo.
En Ciudadanos, como en tantos partidos, la dirección, convertida en consejo de administración, toma sus decisiones y trata de imponerlas a costa de lo que sea, como si el partido, Ciudadanos, fuese una sociedad anónima más.

lunes, 11 de marzo de 2019

NO DAN UNA A DERECHAS



Otra vez la misma foto, sí, la misma foto de aquella concentración en la plaza de Colón de Madrid, la concentración que quiso ser una exhibición de músculo conservador en el arranque de la reconquista del poder usurpado "por el sanchismo ayudado por los independentistas y los herederos de ETA, que sueña el PP de Casado, con la ayuda regañada de Ciudadanos y la vergonzante concurrencia de VOX, el partido del hijo pródigo de Aznar, Santiago Abascal, "Santi" para Casado.
Quiso ser un hito glorioso, inmortalizado para la historia con una foto más que incómoda para Rivera, el cuñado de la derecha de toda la vida, incómodo en el posado, luciendo su pelo de nuevo florecido junto a quienes una y otra vez dice combatir. Quiso serlo, pero, desde ese día, a Casado, Rivera y sus socios, todo parece haberles ido de mal en peor. Las cuentas no salieron y la concentración que quiso ser gloriosa acabó, pese al esfuerzo de autobuses y logística, en una concentración más, por debajo en asistentes, de las del orgullo gay y de las marchas del ocho de marzo d 2018 y las del viernes pasado, cuyas reivindicaciones, las de los unos y las otras, están tan enfrente de sus postulados.
El único éxito de este tripartito retratado en la plaza de Colón, al pie de ese bloque de hormigón que conmemora las capitulaciones de Santa Fe, fue el acuerdo, oscuro e inconfesable para uno de los tres socios que les ha permitido gobernar o "mangonear" en la Junta de Andalucía. Lo demás han sido inconvenientes, fracasos y, sobre todo, meteduras de pata y revelaciones de ese pasado que vuelve como un incómodo reflujo a la boca de quien ha sido y no quisiera haberlo sido. Desde aquel día, hemos sabido que VOX se fundó y se financió con dinero procedente de una sospechosa organización iraní en exilio, de islámica y de izquierdas, justo lo que Abascal y sus muchachos dicen combatir. Y no sólo eso, también hemos sabido, pese a desmentidos y borrados, que el presidente del partido de Abascal en Lleida fue detenido por delitos sexuales, que existen vinculaciones entre la Fundación Francisco Franco y VOX, que su único parlamentario nacional, el senador Alcaraz, se ha opuesto, sin explicar muy bien por qué, a la resolución propuesta por el resto de grupos, contra la discriminación LGTBI en el deporte, siendo su voto el único que faltó para a unanimidad de. Pero, sobre todo y lo más importante, hemos tenido oportunidad de escuchar lo que dicen y lo que callan aquellos a quienes algunos medios, por morbo o por lo que sea, publicitan por encima de lo que merecen.
Hablaba al comienzo de meteduras de pata, algo en lo que Pablo Casado y su gente son especialistas, tanto en lo que dicen como en las decisiones que toman o en lo que hacen. Hablo no sólo de las más que evidentes lagunas culturales del presidente del PP, más propias de un lector del Reader's Digest que de un licenciado, "masterizado" por Harvard o Aravaca, sino de "desbarres" verbales que dejan muy a las claras su desconocimiento de la Historia y la realidad del país que pretende gobernar, todo dicho con mucho gesto, mucho movimiento de brazos y mucho paseo sobre el escenario, como un telepredicador apocalíptico que quiere quedarse en el tono y en el gesto, porque sabe que as palabras se las lleva el viento y más aún las suyas, que de sobra sabe que no valen nada. Hablo también de cómo, siempre que se posiciona, lo hace en el lado equivocado.
Cómo, pese al error de Gallardón, planteando el endurecimiento de la regulación del aborto, que llevó a su salida del gobierno y al ostracismo en el partido, porque, ni siquiera entre los votantes del PP, el del aborto es ya un asunto a debate, Pablo Casado ha insistido en pisar ese charco ofendiendo a las mujeres con su estúpido machismo patriarcal, dejando claro que la relación del presidente del PP con el colectivo de las mujeres es, cuando menos, algo patológica. Quizá por eso, no dudo en desmarcarse de las marchas feministas del viernes y en desautorizar la presencia de sus compañeros y compañeras en las mismas. Todo un acierto, hablo desde el sarcasmo, que debería mantenerle en silencio durante mucho tiempo.
Vayamos ahora con Rivera y su partido, preocupados por su marcha en las encuestas, en las que no acaba de despegar. Rivera, campeón universitario de debates, antiguo bancario y enfermo de una prisa indisimulada que le lleva a cometer errores de bulto, no sólo en sus posiciones, sino en alguna de sus últimas decisiones, por ejemplo la de "enriquecer" las listas de su partido con fichajes de otros partidos, como si de un jeque del fútbol se tratase, buscado restos de saldo a izquierda y a derecha, fichando lo mismo a ex ministros y expresidentes del PP que del PSOE, alguno de los cuales, como la ex presidenta de las Cortes de Castilla León, que ya viene corrupta de casa y no sólo eso, sino que ha tenido que echar mano del puchero, o al menos eso parece, para conseguir encabezar la lista a la Junta, a la que venía presentándose con el PP desde hace casi tres décadas.
Confieso que cuando, hace unas semanas, cuajó la "armadita invencible" en Andalucía me asusté y me deprimí a partes iguales. También recuerdo que comenté a unos amigos que era necesaria una movilización, la que no se dio en Andalucía ante las urnas, de cara a las próximas elecciones y que, como esa movilización ya no eran capaces de proponerla ni partidos ni sindicatos, la única esperanza estaba en la lucha de las mujeres. Por eso creo que no hay que dormirse en los laureles para mantener viva la llama que, otra vez, prendieron nuestras compañeras. Sobre todo, porque las derechas que tanto nos asustaron llevan meses si dar una a derechas.