martes, 19 de junio de 2018

NO SIN SU DEDO


Como vaca sin cencerro. Así vi ayer al presidente gallego y, hasta hace unas horas, gran esperanza blanca del PP. Como vaca sin cencerro es como veo a partir de ahora al partido que durante casi siete años ha regido despóticamente el destino de este país. Como una vaca perdida en medio de la niebla, en el monte, vagando sin rumbo y sin dejar pista alguna de dónde está ni hacia dónde se dirige.
El anuncio de Núñez Feijoó me pillo por casualidad ante el televisor y, siento decirlo, su discurso tópicamente gallego, su afirmación negativa, sus rodeos y el doble lenguaje que impregnaba sus palabras, incluido ese "ya lo he dicho" no rimaban, en absoluto, con sus gestos, porque nadie llora por no hacer lo que le pide el cuerpo y, a él, el cuerpo viene pidiéndole desde hace años dar el salto a la política nacional, instalarse en la calle Génova para, desde allí, dar el salto a La Moncloa. Llora, lo sé de sobras, quien, de repente, se ve obligado a renunciar a un sueño y Núñez Feijoó renunció ayer al suyo.
Nadie podía sospechar, ni siquiera, quizá, el propio Pedro Sánchez, que el bastión del poder popular, resquebrajado ya por el desgaste electoral a causa de la corrupción, exhibida en toda su crudeza, como una herida infectada y abierta, cada día en cada telediario, se iba a deshacer de la noche a la mañana como un azucarillo en el agua. Nadie podía prever, tampoco, la escandalosa huida de Rajoy del poder, de la que la larga sobremesa en ese ya famoso restaurante no fue más que un anticipo, una huida que no es más que la lógica consecuencia de lo poco acostumbrado que estaba Rajoy a no tener en sus manos el poder, del gobierno o del partido en sus manos.
Aunque se haga ver lo contrario, nadie quiere estar con los perdedores y Rajoy acababa de perderlo todo, las joyas de la familia incluidas, en la partida definitiva sobre el tablero del Congreso. Nadie quiere acompañar a los perdedores más allá de una ovación o unas lágrimas y Rajoy lo había perdido todo, también el partido, porque es difícil pensar que pudiese mantener el poder en un partido lleno de muertos vivientes, gente con despacho que huele a naftalina, que hace ya años que dejó de vivir su momento y de tener el favor de las urnas.
Rajoy se fue en una tarde y, al contrario que Fraga o Aznar, no dejó nombrado heredero, dejando para el futuro un damero maldito imposible de resolver, un damero en el que todas las casillas están aún por rellenar, casillas en las que se escribe con tinta de ambición, cuando no con tinta de odio o sed de venganza. Rajoy se fue sin señalar con el dedo a su sucesor y sin dar tiempo a consolidar el consenso que hiciese posible presentar un único candidato que facilitase otra proclamación por aclamación en el próximo congreso del partido, como había ocurrido hasta ahora, así que la carrera que se espera ahora es una de esas carreras llamadas de demolición, en las que todo está permitido, incluidas, sobre todo, las zancadillas y los empujones al contrario.
Seguro que Feijoó ha repasado estos días, mentalmente, una y otra vez, lo que podía haber sido y lo que sería su carrera hasta el despacho de Génova 13 y posteriormente a la Moncloa. Habrá repasado lo que podía haber sido u viaje entre algodones. con todo el aparato del partido a su favor, acudiendo sólo a las plazas más amables, con la lucha a brazo partido con candidatos que conocen mejor que él el partido y el resto del país.
Quizá por eso, ha renunciado al que había sido el sueño de su vida, ese salto a la política nacional, un salto que iba a dar apoyado por su amigo Mariano, para caer en los brazos abiertos del partido. Quizá porque, sin ese dedo, el camino estaría lleno de espinos. Por eso, Núñez Feijoó ha preferido quedarse de cabeza de ratón en Galicia, antes que cola de león entre otros leones en Madrid. Seguro que Feijóo habrá tenido tiempo estos días para recordar esta frase, atribuida a Francisco de Borja, que tan bien se ajusta a su desolación: "no he de servir a señor que se me pueda morir"
Quizá por eso mientras su boca decía no a la candidatura, sus sollozos contenidos, su rostro a veces desencajado, gritaban que sí, que hubiese querido ser el sucesor de Rajoy, aunque, claro, no sin su dedo.

lunes, 18 de junio de 2018

BIENVENIDO AQUARIUS


Las imágenes que este fin de semana han "invadido" las pantallas de nuestros televisores no pueden ser más que bienvenidas, porque, por primera vez en mucho tiempo, nos han permitido ver de cerca el rostro de quienes, pretendiendo sólo vivir seguros o dar a sus hijos una vida mejor y más feliz, han pasado muchos días con sus noches, siempre a la deriva, en un mar que muchos veían por primera vez, del mismo modo que el seguimiento exhaustivo de lo que, a su pesar, acabó por convertirse en un espectáculo nos permitió conocer sus historias de dolor y persecución, sus sueños, y el horror, la injusticia o la miseria de la que huyen.
Qué lejos quedan de esas vidas todas las historias de violencia y delincuencia, de rufianes y ladrones con las que tratan de asustarnos quienes lo único que pretenden es hacerse con nuestro voto, rebozado en miedo y desconfianza. Yo no vi nada de eso en mi televisor. Yo lo que vi fue la emoción, el miedo o el cansancio de quienes llevan días tocando su sueño con la punta de los dedos, frente a las costas de Italia, un sueño que el infame Salvini quiso borrar de un plumazo, porque era eso lo que convenía a su partido fascista.
No. No son ellos los delincuentes, los que se echan al mar en pateras, los verdaderos delincuentes son los dictadores y los señores de la guerra de sus países de origen que, como perros de presa, defienden los diamantes, el coltán o el petróleo que, a este lado del mar, facilitan nuestra vida de dioses sin conciencia y mirar por encima del hombro as quienes todas las noches sueñan con ese falso paraíso al que se asoman a través de la tele del pueblo, igual que nosotros soñábamos, como en Bienvenido Míster Marshall, con las casas con jardín y los "haigas" de los americanos.
Los delincuentes son esos y no los jóvenes, las madres que ponen a sus hijos en una barca, como dice la Biblia que hicieron con Moisés, porque el peligro está en tierra y no en el agua liberadora, No lo son, desde luego, esos niños o las jóvenes embarazadas, muchas de ellas a su pesar o violadas en el camino, que traen en su vientre el fruto y la esperanza de una Europa multicolor, más justa y menos ensoberbecida.
Han sido muchas, demasiadas quizá, las emociones de este fin de semana a bordo del Aquarius, han sido demasiadas expresiones de miedo y dolor, demasiadas miradas cansadas y tristes, demasiado el desconcierto de quien lleva ya muchos días sufriendo en el mar, sin que le dejen pisar la costa que ve desde la borda del barco sucio y, necesariamente, mal pertrechado que comparte a su pesar con otros seres tan asustados y tan esperanzados como ellos, sin que gente de traje y corbata les deje pisar esas playas que son de todos.
La historia del Aquarius, en mayor o menor proporción, es la historia de decenas de buques parecidos y podría haber acabado tan mal como aquellas, incluso con la devolución del pasaje a los horrores de cualquier puerto libio, pero quienes estaban a bordo del Aquarius tuvieron la suerte de que los jueces de la Audiencia Nacional condenasen por corrupción al partido que ocupaba el gobierno en España, la suerte de que, por primera vez en mucho tiempo, la oposición a Rajoy, la de verdad, no la otra, se viese con ganas, que motivos siempre hubo, para enseñarle la puerta de salida y de que lo hicieran. Tuvieron la suerte de que quien estaba en el centro de esa operación, el socialista Pedro Sánchez, no pudiera soportar la hipocresía de la vieja Europa y, sin pensarlo demasiado y en contra de las "buenas costumbres", ofreciera los puertos españoles para el atraque del Aquarius y el desembarque de los centenares de refugiados que hace cinco días llevaba a bordo. Algo que, probablemente, a Mariano Rajoy no se le hubiese pasado por la imaginación
Toda una suerte para los náufragos, pero más aún para nosotros que por fin y a su lado hemos podido conocer sus historias y sentir su dolor. Toda una suerte para la propia Europa, que estos días se ha visto sacudida y avergonzada por el gesto de España. Toda una suerte ver por fin las lágrimas de alegría de los desembarcados, de estos nuevos balseros. Por todo ello ¡Bienvenido Aquarius!

viernes, 15 de junio de 2018

UN PERFUME EMBRIAGADOR


Sé que es un asunto trivial que, comparado con la tragedia que día a día ocupa y preocupa a muchos ciudadanos, todo lo ocurrido en torno al sorprendente fichaje de Julen Lopetegui como entrenador del Real Madrid y su cese fulminante como seleccionador nacional de fútbol, no debería entretenernos ni un minuto, pero las formas del señorial Real Madrid, léase Florentino Pérez, han sido tan groseras tan caciquiles, tan de quien piensa que, porque paga, tiene derecho a hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera, o, como dice un amigo "yo, donde pago, cago" que no puedo sustraerme a tan apasionante y envenenado debate.
No he escuchado a nadie, salvo a los seguidores del Real Madrid y no a todos, defender esa política de talonario y tente tieso, tan propia de quien pasó de una carrera política que arrancó como concejal del Ayuntamiento de Madrid a súper empresario de la construcción y muchas cosas más en un tiempo récord. Y, si no lo he escuchado, es porque es muy difícil, si no es desde la pasión partidaria, defender una operación desleal que ha tenido como consecuencia el descabezamiento del equipo nacional a dos días de su debut en el mundial de Rusia.
Todo arranca con la dimisión de Zidane como entrenador del Real Madrid, sin que haya llegado a saberse muy bien por qué quien había ganado tres "champions" en dos años y medio dejaba el cargo y la gloria que perseguiría cualquier entrenador. Yo, que admiro a Zinedine Zidane como deportista y como personaje, me acordé de aquel cabezazo que dio en el pecho al italiano Materazzi en la final del Mundial de Alemania, que le costó la expulsión y que le llevó a poner fin a su carrera como jugador.
Materazzi le había insultado además de menospreciar gravemente a su hermana y el francés puso su dignidad por delante de todo lo demás y no me resulta difícil que su segunda salida del Real Madrid tuviese algo que ver con algún atropello a esa dignidad, legendaria en él.
Con su gesto, el entrenador hizo un "siete" al proyecto de Florentino para la próxima temporada, un proyecto que muy probablemente no compartía, de modo que al patrón del Real Madrid no le quedó otra que ponerse a buscar un recambio para Zidane, búsqueda en la que se le cerraron más puertas de las que su orgullo se esperaba. Así que, necesitado como estaba de encontrar a alguien con nombre y, además, dispuesto a sufrir las presiones y arbitrariedades que todos los entrenadores del Madrid sufren antes o después y acuciado por las prisas de la pretemporada, lo buscó en corral ajeno.
Y ese corral no era otro que el de la selección nacional, con la que Lopetegui, acababa de firmar una renovación por dos años más.
Hasta ahí, salvo por la falta de lealtad a la federación, todo podría considerarse legal, poco o nada ético, pero legal. Sin embargo, ya con la gallina en el talego, debió caer en la cuenta de que, si Julen Lopetegui fracasaba en el mundial, una eliminación prematura sería un fracaso, él, Florentino Pérez, haría el ridículo fichando a un fracasado, así que no le quedó más remedio que, por lo que pudiera pasar ya en el partido de esta tarde ante Portugal, anunciar el fichaje tres días antes del arranque del campeonato para España.
Dicho y hecho. Sin encomendarse a dios ni al diablo, anunció el fichaje antes de lo previsto y sin contar con la federación, cuyo presidente, para más inri, no fue atendido al teléfono por Lopetegui que, como recordó una y otra vez, el presidente Rubieles, era todavía empleado de la Federación. De modo que Rubieles "despidió" a su seleccionador, poniendo la dignidad, otra vez la dignidad, de la Federación por encima de los hechos consumados impuestos por Florentino y Lopetegui.
El entrenador regresó a España sin abrir la boca, salvo para decir que estaba triste, y fue secuestrado prácticamente a pie de avión por los hombres del Real Madrid que en un enorme coche negro con los cristales blindados se lo llevaron, poniéndole fuera del alcance de la prensa hasta que ayer tarde, en un palco del Bernabéu, rodeados por una claque que aplaudía los discursos y las tímidas y un tanto obvias preguntas de la prensa, salvo una, la más interesante, que fue vergonzosamente abucheada por la claque.
Todo: la negociación impertinente, el avasallamiento, ese anteponer los intereses y, sobre todo, el ego del Real Madrid y su presidente, a los del equipo nacional, ese coche siniestro en Barajas, ese coro de zarzuela en la rueda de prensa, esas maneras, esa propuesta que no se puede rechazar, tienen para mí un perfume embriagador y una melodía escrita por el gran Nino Rota.
Ah, y por cierto, no quiero ni imaginar de qué estaríamos hablando ahora si, en vez del Real Madrid, hubiese sido otro, especialmente uno, el equipo quue entra en el corral de la federación.

jueves, 14 de junio de 2018

URRACAS Y JAURÍAS


Vaya por delante que, hasta que le vi hace días en el programa de Andreu Buenafuente, Màxim Huerta era, para mí que me cuido "muy mucho" de consumir Tele 5, un perfecto desconocido que no dejó de causarme una cierta simpatía, Dicho esto, reconozco también que la decisión tomada por Pedro Sánchez hace una semana de hacerle ministro me sorprendió, aunque quise ver en ella un intento de convertirle, dada su simpatía, una especie de "relaciones públicas" del gobierno, siempre dispuesto a personarse en los palcos, en acontecimientos deportivos o teatrales listo para inaugurar exposiciones o a entregar premios a los héroes de la Cultura que, en España, son doblemente héroes.
Sus razones tendrá Sánchez, me dije, y me dispuse a ir descubriéndolas, entre otras cosas porque el modelo de ministro culto y elitista no ha dado, por lo general, buen resultado en este país de leer poco y pensar menos. Sin embargo, no he tenido tiempo de encontrarlas, porque el pasado, cruel, ha venido a visitarle, demostrando a Huerta que el tiempo que todo lo cura ni olvida ni ayuda a perdonar, y, de paso a recordar a Sánchez que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras. Y me alegra que así sea, porque, si aplaudí al líder socialista por su firmeza ante las trampas fiscales de Monedero, ayer me alegró que esa intolerancia para con la dudosa ética del que entonces era uno de líderes de Podemos, haya servido de vacuna contra la tentación de tolerar el más mínimo compadreo con la dudosa ética de quienes utilizan o han utilizado la ingeniería fiscal a la hora de pagar sus impuestos, que son los nuestros.
Tuvo razón ayer Huerta, a la hora de su airada, aunque la quiso pasar por humilde, despedida, son muchos, demasiados añado yo, los que han usado su método, el de crear sociedades interpuestas, para ahorrarse parte de sus impuestos. Han sido muchos y mucho lo que, como urracas, han escondido en su nido lo que debiera haber sido de todos, porque los impuestos, no me cansaré de repetirlo, son la manera en que los estados modernos y democráticos redistribuyen la riqueza que se genera en ellos, los impuestos sirven para que, con parte de lo mucho que ganan algunos, llegue algo de ese bienestar al que todos debemos aspirar a los muchos que, por su cuna o sus circunstancias, no lo tienen.
Sin embargo, el hecho de que hayan sido muchas las urracas, especialmente entre actores, deportistas, músicos, escritores o periodistas, que han camuflado una parte de sus ingresos en esas sociedades, no es más que un gesto egoísta que nada tiene que ver con la ética exigible a cualquiera, pero aun más a quien se pone a las órdenes de un gobierno que tiene la defensa de lo público como estandarte. Y es que, aunque les cueste creerlo, no todo lo que se les paga por su actividad es suyo y, si creen que su trabajo vale más, deberían reclamárselo al que les contrata y no escondérselo al Estado, privándole de pagar con él las vendas, las medicinas y el instrumental de los hospitales, las pizarras, los pupitres y los ordenadores de escuelas y universidades, las carreteras, los aeropuertos y los trabajos de quienes, en ellos, trabajan para todos nosotros.
Por todo ello, me parece muy bien que Huerta haya sido cesado o se haya visto obligado a dimitir, lo que viene a ser lo mismo. Ha sido un poco urraca con esos impuestos que son, si no de todos, sí para todos. Y reconozco también que le doy un poco la razón en su revolverse contra quienes calificó de jauría. Entre otras cosas, porque, en esa jauría que tan duramente se ha empleado en su persecución hay muchas, demasiadas urracas que se han llevado y se llevan a su nido lo que debería ser de todos.


miércoles, 13 de junio de 2018

REALEZA Y REALIDAD


Iñaki Urdangarín, el coprotagonista de la "historia de amor" vivida por la hija menor del rey Juan Carlos está solo a horas de ingresar en prisión, otra cosa sería un escándalo insoportable, y mucho me temo que, quienes se llevaron millones a espuertas de las arcas de Valencia y Baleares aún siguen considerándose víctimas de una injusta cacería.
Urdangarín, hijo de un empresario vasco, parecía ese cromo buscado para completar el álbum de cromos de la familia real española: la misma talla, el mismo pelo rubio, el mismo perfil deportivo que el resto de la familia, en resumen, un padre perfecto para los nietos de un rey, de no ser porque nunca pareció muy despierto ni muy trabajador, salvo para pretender vivir como un rey sin serlo y apuntarse a un tren de vida escandaloso, incluso, para el yerno de un rey con trono.
Ahora, después de agotar todas las instancias legales, con la única posibilidad abierta aún de recurrir al Tribunal Constitucional, como si la discriminación de que fueron víctimas él y su esposa Cristina hubiese sido negativa y no el trato de favor del que a todas luces disfrutaron. Piénsese que el cuñado del rey lleva ya más años en los tribunales que los que le esperarían en prisión y que, si eso ha sido posible es porque el matrimonio ha contado con la asistencia legal de los mejores abogados y con los recursos económicos que para sí quisiera cualquier imputado.
Piénsese también que la primera sentencia, afortunadamente corregida ayer por el Supremo, castigaba con mayor rigor al socio de Urdangarín que al propio ex duque, como queriendo atribuir a Torres la iniciativa de la gran estafa que urdieron contra diversas administraciones. Se sienten discriminados y víctimas cuando, a estas alturas, cualquier otro mortal con sus delitos a cuestas llevaría años en prisión y se sienten acosados y yo diría que asqueados por tener que vivir en un país que, eso lo callan, lleva años pagando sus cuentas.
Lo peor de todo es que este personaje y por extensión su ignorante e irresponsable esposa, eso alegó en el juicio para no ser condenada, no tienen conciencia de haber delinquido. No tienen conciencia de que "poner el cazo" y que te lo llenen por tu cara bonita no le pasa a casi nadie. No tienen conciencia de que bastante es vivir a cuerpo de rey o de infanta, vivir en un cuento de príncipes y princesas es la excepción y debería bastarles, más en un país que ya las estaba pasando canutas. Claro que ellos, a las orillas del lago Leman o en la costa mallorquina es difícil acordarse de los ancianos mal cuidados, de los niños mal alimentados o de la gente que lleva años buscando trabajo.
Sin embargo y frente a esa terrible realidad, nos hablan de crucifixión, de sufrimiento o de esos cuatro niños guapos y rubios que van a dejar de ver a su padre durante una temporada o de esa hija de rey que tendrá que conformarse con visitar a su amado esposo sólo cuando lo permita su régimen penitenciario, como la mujer de cualquier recluso, aunque, claro, sin colas ni prisas y probablemente de una manera discreta. 
Va a ser un viaje largo y difícil, para el que, supongo, les habrán preparado todos esos psicólogos que la prensa especializada en sacar brillo a la familia dice que han visitado, un viaje de la realeza a la dura realidad. Bienvenidos a ella, señores.

martes, 12 de junio de 2018

QUIÉN ES QUIÉN


En días como éste me viene insistentemente a la memoria una frase, la gran coartada de quienes, se sentían cómodos con lo que había y conjuraban cualquier cambio posible y está claro que lo eran, con ese "todos son iguales" que desde el más canalla de los cinismos trata de imponer la resignación a quienes viven la esperanza del cambio. 
Si me viene a la memoria la maldita frase, es porque, ayer mismo, horas después de que el fascista ministro del Interior italiano, Mateo Salvini, negase el atraque en puerto italiano al Aquarius, con más de seiscientos inmigrantes africanos a bordo, el gobierno español, la comunidad valenciana y la ciudad de Valencia, lo mismo que Euskadi y varias ciudades de toda España se ofrecieron a dar a los embarcados la tierra firme y el refugio que necesitaban desesperadamente.
El gesto del nuevo gobierno contrasta con la vergonzosa y peligrosa actitud del gobierno italiano y con la cínica apatía de la Unión Europea, pero no sólo con ellas, también con el descaro con que los gobiernos de Rajoy han incumplido sus compromisos con Bruselas para acoger a los inmigrantes huidos de la martirizada Siria, anunciados a bombo y platillo y siniestramente burlados,
Evidentemente no es lo mismo ese gesto, esos gestos, porque han sido muchos, desde el lehendakari Urkullu a particulares de toda España, que a tantos nos llena de orgullo, que la miserable mezquindad de García Albiol que, al contrario que la mayoría, acusó de buenismo al gobierno socialista y volvió a la coherencia del alcalde xenófobo de Badalona que fue, aquel que estigmatizó a parte de sus vecinos, porque su raza, su lengua, su modo de vida o su pobreza le era incómodos.
Quizá a Albiol le escocía la sentencia en que la Audiencia Nacional acusaba ayer mismo a su partido de haberse financiado ilegalmente a través de empresarios a los que luego, "en diferido", se premiaba con adjudicaciones de obra pública y contratas, sentencia en la que se ponía al descubierto la cueva de ladrones en que el PP había convertido la Comunidad de Valencia.
No, evidentemente, no todos son iguales, no son la misma cosa quienes se telefonean ofreciéndose los trozos de la tarta conseguida a costa de menos o peores colegios, hospitales o residencias de ancianos que quienes han conseguido que, en apenas unas horas, Valencia pase de avergonzarnos y avergonzar a los valencianos, con su injusto significado de corrupción y burla, a llenarnos de orgullo y esperanza solidaria.
Curiosa la actitud de Albiol, planteando pegas y recelos, si no negando implícitamente la solidaridad y el apoyo a los seiscientos rescatados del Aquarius, cuando él mismo es un náufrago más en el barco a la deriva que es el PP, abandonado por el capitán frente los arrecifes tras el temporal de una moción de censura que no supo o no quiso capear. Curioso el náufrago que niega el auxilio al náufrago, quizá porque no quiere que Ciudadanos y su "los españoles primero" le arrebate su título muy bien ganado de xenófobo entre los xenófobos.
No. no es lo mismo votar a unos que votar a otros, por eso es tan importante que, a la hora de votar, sepamos muy bien quién es quién y sobre todo quiénes somos nosotros, para no equivocarnos otra vez.

lunes, 11 de junio de 2018

ALIVIO


Cuesta creer que hace apenas una semana era Mariano Rajoy quien ocupaba la Moncloa, más aún que un gobierno sustentado en apoyos tan precarios como el del nuevo inquilino, Pedro Sánchez iba a despertar tanta ilusión y tantas esperanzas. Es más, cuesta creer que nosotros, los españoles que no hace tanto decíamos preferir al PP o a Ciudadanos en las encuestas, de la noche a la mañana, damos nuestro apoyo a Pedro Sánchez y su partido, por encima del partido que ya nunca será de Rajoy o el del desvanecido Albert Rivera.
La única explicación que soy capaz de darme es la de que España y los españoles sobrevivíamos en un coma profundo, aislados de la realidad, alimentados artificialmente por la sonda de los telediarios con los argumentarios salidos de la calle Génova, cansinamente aderezados por el discurso mentiroso y prefabricado de Ciudadanos. Un coma en el que hemos sobrevivido mecánicamente, mientras se iba deteriorando e iba perdiendo reflejos el tejido que conforma nuestra sociedad.
Ha bastado un fogonazo de ilusión para que esos reflejos ausentes hasta ahora en nosotros comiencen a manifestarse poco a poco devolviéndonos a la realidad del mundo de los vivos de la que hasta ahora parecíamos ajenos. Tanto es así que me atrevería a decir que, a las calles, al menos las calles por las que yo me muevo, se le ha pintado otra vez la sonrisa. Ha bastado con tener un gobierno que, por fin, parece sacado de los deseos y las necesidades de la gente corriente.
De todos modos y hasta cierto punto es lógico, los agoreros profesionales, los de a tanto la pieza, no se han dado u descanso este fin de semana para buscar lo que creen defectos de todos y cada una y cada uno de los ministros y ministras de Sánchez, especialmente los de estas últimas, para, con ellos, pintar el retrato grotesco y amenazante, con el que pretenden atemorizar a los suyos y amargarnos la fiesta a los demás. Sin embargo y por más que lo intenten, conmigo lo van a tener difícil, porque soy de los que desconfían de lo impecable, como recién salido de la tintorería, y prefiero las arrugas que marcan en el rostro y en las ropas el mapa de lo vivido.
Hay quien me advierte de que estoy demasiado ilusionado, de que no le encuentro faltas al gobierno, y quizá tenga razón, pero esas faltas prefiero encontrarlas yo mismo en lo que hagan, antes que asumir sin más lo que algunos dicen que han hecho. Este fin de semana he tenido la suerte de encontrarme, por ejemplo, con todo el sentido común y la fuerza de la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, envueltos en ese su acento extremeño que refuerza la veracidad de lo que dice. También he visto al ministro de Cultura y Deporte, Màxim Huerta, topándose de narices con la "gloria" de un ministerio más protocolario que otra cosa, en el que raro será el día en que no se vea obligado a entregar premios, aplaudir a deportistas, inaugurar exposiciones y asistir a estrenos, una actividad para la que vienen mejor, sin duda, los cuarenta y tantos años y las tablas de Huerta que las horas y horas de biblioteca y escritorio que algunos le reclaman.
También, cómo no, he escuchado con satisfacción a la ministra Batet, hablar de la necesaria reforma de la Constitución, descolocando una vez más, a los independentistas y su discurso, o, esta misma mañana, a la ministra de Defensa acompañarla en el mensaje. Todo un alivio comprobar, por primera vez en años, que desde el gobierno de la nación se abandona la política del palo, para compartir las zanahorias en la mesa del conflicto.
Ahora, sólo hace falta lo que en este país y especialmente en el viejo PSOE he echado de menos, la pedagogía imprescindible para conseguir que se entienda que hay que arriesgar para ganar, tener el valor de descolgarse del discurso fácil y seguidista del PP, para explicar que juntos y distintos somos mucho más que unidos, pero enfrentados, por la fuerza. Sería para mí un alivio que así fuese.