viernes, 24 de mayo de 2019

TAMBIÉN TU VOTO ES NECESARIO



Por primera vez en mucho tiempo, los españoles, especialmente los madrileños, estamos a punto de tocar el cielo otra vez. El domingo hay que volver a votar. nunca, al menos que yo recuerde, se nos había convocado a las urnas en habíamos sido llamado a las urnas por dos veces en menos de un mes y tampoco nunca había tanto en juego: nada menos que un cambio de rumbo, de escenario, que, tal y como ocurrió con la primera victoria socialista en las urnas, apenas unos meses después del golpe de estado frustrado del 23-F, Europa se vuelve hacia nosotros y nos ve más como que como problema.
Lo cierto es que de vez en cuando, muy de vez en cuando, aparecen personajes capaces de sacudir, con intención o con audacia, los cimientos "inamovibles" de un país. Uno de esos personajes ha sido, está siendo, Pedro Sánchez, uno de esos personajes, con estrella o con tesón, capaces de pelear por lo suyo y por los suyos, dispuestos a cambiar las cosas, a limar callos y enderezar juanetes, para que su partido, del que fue desplazado con maniobras de dudosa limpieza, se levante para caminar como en aquellos años, ya va para cuarenta, en que era capaz de ilusionar a la gente.
Lo escribo hoy que se cumple un año de la histórica sentencia de la trama Gürtel, en la que el PP fue condenado como beneficiario de comisiones desviados mediante facturas falsas y pagos en especie después de un largo proceso en el que Mariano Rajoy hubo de sentarse en el banquillo, camuflado, pero banquillo, de los acusados. 
Tras la condena, que, por más que se empeñaron sus dirigentes y sus medios amigos, había dejado seriamente dañada la imagen del PP, Pedro Sánchez, por aquel entonces fuera del Congreso, que había dejado para no facilitar la investidura de Rajoy, dio instrucciones al grupo socialista del Congreso para presentar una moción de censura contra el presidente popular, en la que se presentaba como alternativa y que finalmente ganó, forzando la salida de Rajoy de la Moncloa, que también dejó la política activa, provocando a su vez la debacle en el PP que, desde entonces, corre de un lado a otro, como pollo sin cabeza, ajeno a su tradición relativamente centrista y privado de figuras con la experiencia y el peso necesario para mantener a salvo el liderazgo de la derecha española. 
Pero, con ser relevantes, estos acontecimientos no fueron exclusivos para llegar a donde hoy estamos. Tampoco hay que olvidar la revolución que supuso en EL PAÍS la llegada de Soledad Gallego Díaz a la dirección, después de años en que, bajo la supervisión de Juan Luis Cebrián, hoy apartado de la toma de decisiones, la mayoría de sus lectores había dejado de reconocerse en sus páginas. De todo aquello ha pasado un año, un año crucial en el que muchas cosas han cambiado, un año en el que, aun tímidamente, pero en un goteo constante, muchas cosas han cambiado. Un año en el que, en Andalucía, quedo demostrado que la presidencia no es un trono que se hereda, sino que se cana día adía y en cada elección, un año en el que vimos las orejas al lobo de la extrema derecha, burdamente organizada alrededor de cuatro señoritos montaraces en Vox, un año en el que la derecha rota y recosida con el pestilente y podrido hilo de Vox, ha acabado por tirarse los trastos a la cabeza, coincidiendo sólo en su odio a la igualdad y las libertades.
Mucho ha cambiado este país en un año, pero no hay que confiarse. Nada hay seguro. Todo puede venirse abajo si no cumplimos con nuestro compromiso y nuestra obligación de ejercer nuestro sacrosanto derecho al voto. Todos los votos son necesarios en cada una de las urnas, para defender lo que aún conservamos del estado de bienestar que el PP de Esperanza, Aguirre, Camps, Rita Barberá y Blasco, han querido desmantelar, especialmente en Madrid y Valencia. Cada voto es necesario, para que se reabran las camas cerradas en los hospitales, para que ocurra otro tanto con las aulas de los colegios de nuestros hijos y nietos, para que trabajar en la Sanidad o en la Enseñanza no deje de ser un suplicio t vuelva a ser algo ilusionante. Hay que votar para que los midas de las inmobiliarias no conviertan nuestras ciudades con sus barrios y sus casas convertidas en lingotes de oro tan brillantes como muertos. Hay que votar para que el bolsillo deje de ser lo único que rige nuestras vidas. Hay que votar el domingo y no hay que olvidar nunca que todos los votos, también y especialmente el tuyo, son necesarios.

jueves, 23 de mayo de 2019

UNA TILA PARA RIVERA


Que Albert Rivera está de los nervios es evidente, el por qué lo está es otra cosa. No sé bien por qué, quizá porque en el tiempo en que emergió para la política nacional, cuando dejó de ser algo más que el "tío bueno" que posó en un casto desnudo para llamar la atención sobre Ciutadans, ese partido que surgió de la plataforma Ciutadans de Catalunya para constituirse en  un ariete antinacionalista en un territorio en el que el repudiado PP era prácticamente la única representación de esas características que operaba en Cataluña, quizá porque me tocó sufrir en esa época a todos esos jóvenes ejecutivos que ponían cara a los habitantes del "lado oscuro", arruinando vidas y carreras sin contemplaciones y porque el "hiperdinámico" Albert Rivera, se parecía demasiado a ellos, contratados como ejecutores de fríos objetivos prefijados, quizá porque siempre me pareció poco más que la sofisticada marioneta de un grupo financiero dispuesto a hacerse con el consejo de administración de España, quizá porque, poco a poco, la presión de su encargo acabó por aflorar en gestos y actitudes, aislándole para pasar a ser un personaje oscuro, otro, que sólo aparece en momentos escogidos y es entonces cuando, con los medios de testigos, lo da todo, que casi siempre es demasiado.
Por todo eso no me gusta, tampoco su estrategia basada en provocar escraches aquí y allá, escraches innecesarios, con los que busca para los telediarios la notoriedad que da el martirio en Alsasua, en los feudos soberanistas de Girona o en Lavapiés o en Waterloo, haciendo campaña o dando mítines allá donde ni en el mejor de sus sueños podría ganar votos. Hoy, mientras escribo esto, pretende pasearse por Miravalles, la localidad vizcaína que vio nacer a Josu Ternera va para sesenta y nueve años, un municipio de unos cuatro mil habitantes, en el que Ciudadanos obtuvo apenas una treintena de votos y que en estas municipales no tiene candidatura del partido de Rivera.
Díganme, decidme, si este paseo entre previsibles insultos y la posterior rueda de prensa convocada para amortizar el riesgo siempre controlado que va a correr, persigue otra cosa que unos minutos de telediario, en un momento en el que parece que la espuma del triunfo no sube en su copa, otra de sus malas artes, para conseguir de las pasiones de los electores lo que la razón no le puede dar. Quizá por eso combina estas burdas provocaciones ¡cuánto daría por una descalabradura vistosa, pero sin riesgo vital que llevar a las portadas! Tal y como somos los españoles, le votaríamos, una mitad por lástima y la otra mitad por los huevos que ha tenido.
Mejor que no suceda nada, porque el resultado en las urnas no sería bueno, porque no son buenos ni la ira ni la lástima a la hora de votar, porque no es bueno ver a los candidatos en una cama de hospital como vivos a Bolsonaro, ni con niños o perritos en brazos. Deberíamos votarles, si les votamos, por su honradez y por lo que puedan y quieran hacer por todos los ciudadanos. No deberíamos dejarnos llevar por las prisas de Rivera, demasiado agobiado porque, como al príncipe Carlos de Inglaterra, se le va a pasar el arroz y se le va a pasar en la oposición,
Debería calmarse y no pretender la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro. La vida no da para tanto. Debería calmarse y no agobiarse porque Vox, que tanto le debe, le robe, con su ruidoso numerito, el numerito que él tenía previsto montar y que ni siquiera funcionó a medias, Debería relajarse y no forzar el gesto para lanzar su mirada de odio a los diputados presos que, de momento, lo eran y siguen siéndolo. Algunos gestos dejan huella y acentúan las arrugas. Creo que quienes aconsejan y asisten a Rivera harían bien en alejar de él bebidas excitantes, nada de café, té o cualquier otra substancia y ofrecerle una tila que le relajase, para tranquilidad suya y, de paso, nuestra.

miércoles, 22 de mayo de 2019

NINGUNO SOMOS EL PUEBLO



El de ayer fue un día importante para la democracia española, más de lo que pensamos y no por lo que nos dicen que tenemos que pensar. No sin esfuerzo, a través de la televisión me asomé al pleno en el que los nuevos diputados acataron la Constitución y, por tanto, por lo que fuese y fuese la que fuese la fórmula empleada, se comprometieron con la ley de leyes que, achacosa y artrítica ya, aún regula nuestra convivencia.
Decía que lo seguí con esfuerzo y fue así porque me hubiese gustado hacerlo sin las explicaciones ni los subrayados que se añadían desde las televisiones, sobre todo desde una, que condicionaban si no distorsionaban lo que estábamos viendo. Esa, que es la gran desgracia de nuestro tiempo, ese mirar la realidad a través de los ojos prestados de otros, ojos que cierran el plano sobre lo que a ellos y sólo a ellos les interesa, privándonos de una visión serena y general de lo que pasa.
Si por ellos fuese, de la sesión de ayer, en la que, después de muchos años, alguien que no es del PP preside el Congreso y la primera vez en que esa presidencia es ocupada por un catalán, en este caso una catalana, en un momento en el que abrirse a la sociedad catalana, crispada, dividida y doliente, es fundamental, lo único que quedaría serían los pataleos de algunas de sus señorías y el juego de sillas musicales en que los diputados de Vox convirtieron su llegada al salón de plenos, para desplegar en las primeras filas la "orquesta" con la que abuchear lo que ya desde la calle y desde hace días sabían que no les iba a gustar.
Estaban ellos, la orquestina desafinada de los chicos de Vox, y el solista desesperado Albert Rivera, que, como vaca sin cencerro, va gritando a quien le quiera oír su condición de jefe de la oposición que, por esta vez y salvo quiera ejercerla como "okupa" corresponde a Pablo Casado, quien a pesar de su batacazo electoral consiguió mantener el honor de ser la segunda fuerza más votada el 28 de abril.
Volvió a perderle el ansia y así, sin esperar a ser formalmente diputado, sin haber acatado, como exige el reglamento, la Constitución, tomo la palabra para tratar de imponer a la ya presidenta Batet su presunta obligación de poner fin al juramento que los independentistas, conscientes de que no iban a tener otra oportunidad, "adornaron" la fórmula con sus reivindicaciones, cuando con un sí o un no bastaba. 
De lo visto ayer, sólo salvaría las palabras de Batet, criticada de antemano por PP, Ciudadanos y no digamos Vox, que supo resumir en apenas una frase el quiebro que quiere hacer a mentirosa verdad de que la Constitución es sólo patrimonio de algunos. "Todos venimos del pueblo, dijo, pero ninguno somos el pueblo". Ya hora de que alguien tuviese el coraje de decírselo a quienes, sin haber dado el Sí a la Constitución, porque no estaban entonces o porque no creían en ella, traten de imponer su versión almidonada y rancia de una carta magna que ha envejecido mal en la vitrina.
Por eso agradecí, en medio de esa bronca que dejó casi sin habla al aguerrido Pablo Casado, el temple y las palabras de esa mujer joven, estrecha colaboradora de Miquel Iceta y Pedro Sánchez, que firme y nada agresiva nos recordó en dos frases que ni la patria ni la ley son exclusivas de nadie, porque, no quiero olvidarlo y me gustará repetirlo, "todos venimos del pueblo, pero ninguno somos el pueblo".

martes, 21 de mayo de 2019

MENSAJES SIMPLES PARA GENTE SIMPLE



Con el segundo café de la mañana me siento ante el teclado, con la radio conectada, como siempre, y me entero de que los diputados de Vox han escogido para sentarse en su primer pleno del Congreso, hoy que la ubicación es libre, hacerlo justo detrás de los escaños destinados al gobierno y no me resisto a pensar que lo han hecho para arrancar la foto, probablemente la de portada en la prensa de mañana, posando, ellos que son cazadores, junto al trofeo que creen haber conquistado. Lo pienso y pienso al mismo tiempo que el gesto no deja de ser una simpleza, una chiquillada para contar a los nietos cuando los tengan o en cualquier momento delante de unas cañas de cerveza.
Sé de sobra que no es sólo eso, sé que es un mensaje para los suyos, un "ya estamos más cerca", una especie de provocación, de reto, parecido al que los turistas gamberros se hacen junto a los centinelas, hieráticos por obligación, tratando de quebrar su serenidad forzada, para, a continuación, "colgar" su trofeo en cualquiera de las redes. No deja de ser una simpleza que, con un simple gesto, el saludo del presidente y algunos de sus ministros a los diputados, quedó desactivada
Han sido de los primeros en entrar esta mañana al salón de plenos, hoy que como en los viejos cines de barrio, la sesión no es numerada, por eso, el primero que llega se sienta y se sienta allá donde le place y puede. Dicen que su intención era la de colocarse tras el gobierno, pero a la derecha, como queriendo dejar claro lo que quieren ser: la vanguardia de la derecha, pero se han encontrado que los diputados y diputadas del PP habían dejado bolsos y pañuelos en los escaños, como se dejan cestas y carritos en la cola del súper, marcando el territorio mientras los propietarios del mojón se ocupan de otras cosas.
La composición de la cámara va a ser esta legislatura cuando menos pintoresca. Habrá y se ha dicho hasta la saciedad, algún torero, dos o tres generales, familiares de víctimas, una de ellas, María del Mar Blanco, repescada, al menos una marquesa y un diputado que quiso ser duque, privando a su sobrina de sus derechos constitucionales. Habrá representantes de las minorías y "famosos" de todo tipo, aunque a otros famosos que adornaban las listas, los electores se encargaron de echarlos atrás en la criba de las listas.
Y, por haber, habrá presos, políticos presos, colocados en las listas de los partidos independentistas catalanes con el doble cometido de subrayar su estado si no injusto, cuando menos riguroso y, para las instituciones, más que incómodo, al tiempo que servían de reclamo y de bandera que acabaría por tapar cualquier consideración programática. Su presencia, en principio fugaz, va a propiciar otra de las fotos del día, cuando han llegado a los asientos que sus compañeros les habían reservado.
Pero hoy, en una jornada tan particular, ha habido otras fotos, otros mensajes. Sin ir más lejos el de la mesa de edad que, en la primera legislatura, llevó a Pasionaria a presidir el Congreso, justo por encima de la tribuna desde a que lanzó los discursos que la hicieron un sitio en la Historia, una guerra y una dictadura mediantes, y que hoy ha ocupado un médico jubilado de barba valleinclanesca, blanca e impoluta, elegido en las listas del PSOE. También, la imagen de la joven diputada de Esquerra, que, una estelada en su camiseta mientras llamaba a acatar la Constitución a cada uno de los flamantes diputados.
Todas y cada una de esas imágenes que nos está dando el pleno de hoy, incluidas las de Santiago Abascal, primero en jurar, o las de los diputados socialistas luciendo camisetas y pines con Gaysper, el fantasma arco iris que perseguía Vox en sus carteles, en el fondo, constituyen mensajes, mensajes simples, para gente simple. Sin embargo lo que en realidad importa e importará es lo que queda por venir, las leyes y decisiones que aprueben estas cortes que acaban de constituirse.

lunes, 20 de mayo de 2019

MALAS ARTES Y UNA METÁFORA



Estamos entrando en el final de la campaña electoral más larga de nuestra historia. Una campaña que, cabalgando de elección en elección, generales, autonómicas, europeas, generales repetidas, gallegas, vascas, catalanas y andaluza, otra vez generales y otra vez europeas, municipales y autonómicas, ha durado más de cinco años. Una campaña. este sube y baja electoral que ha vaciado de recursos a los partidos y de ideas a sus líderes e ideólogos.
Han sido cinco años a lo largo de los cuales han desaparecido partidos, han surgido otros, ha habido escisiones, alianzas, desmoronamientos de partidos que parecían eternamente sólidos y, cómo no, el travestismo ideológico de uno de ellos que, presumiendo de ser el centro, asomaron por la izquierda, tímida e interesada, eso sí, para, después de apuntalar gobiernos de izquierdas y de derechas, aceptar el plato envenenado de lentejas que le ofrecieron el PP y Vox, convirtiéndose en otro partido, uno de la derecha más montaraz, ansioso por tocar poder a costa de lo que sea, verdad y decencia incluidas.
Parece cada vez más claro que ese partido Ciudadanos, ha tocado techo y que lo sabe. Parece que no ha sido capaz de espigar los votos que ha ido perdiendo el PP a causa de esa bomba de tiempo que no quisieron creer que tenían bajo sus pies, la corrupción, que llevó al desalojo de Mariano Rajoy del gobierno, primero, y a su dimisión en el PP, después. Y no lo ha hecho, porque, mientras recoge los restos del naufragio popular, descuida los verdaderos votos centristas, los que le habían hecho crecer, que, en las últimas elecciones, fueron a la abstención, al PSOE o a partidos de derechas, nacionalistas incluso, menos montaraces que el discurso que últimamente exhibe.
Ante este "gripado" de sus expectativas electorales, los ideólogos de Ciudadanos se han echado al monte para chapotear en el más sucio de los barros electorales, insultando y mintiendo cuando creen que les beneficia y explotando las piezas de su arsenal que mejor resultado le han dado, aunque sólo sea en los telediarios y poco en las urnas. Por eso, Albert Rivera e Ignacio Aguado, con pelo ocupa en sus cabezas ambos, llamaron y siguen llamando "presidente ocupa" a Pedro Sánchez, incluso después de su victoria electoral, y "alcaldesa ocupa" a Manuela Carmena, a la que, después de cuatro años en el cargo difícilmente podrán relevar.
Insultan y mienten, porque decir verdades a medias es mentir y decir que Gabilondo vota no a las propuestas de ciudadano para extender la educación de cero a tres años o a la reducción de listas de espera es mentir, porque lo que hace es votar no a las propuestas de Ciudadanos que quieren hacerlo invirtiendo el dinero público que no llega a hospitales, centros de salud y escuelas, en las empresas privadas y las órdenes religiosas que hasta ahora se han quedado con la mejor porción del pastel.
Malas artes son también esas prácticas estériles y victimistas que tanto ha cultivado Ciudadanos en Cataluña o fuera de ella, en el Parlament de Catalunya, donde Arrmadas no ha hecho nada, más que sacar papelitos o banderas con su voz lastimera, o montando "mítines provocación" en Cataluña, en Waterloo, en Alsasua o, como ayer, en Lavapiés, con el único fin de azuzar en territorios que saben de antemano hostiles, para conseguir minutos de gloria en los telediarios.
A la vista de lo bien que les salió el escrache, tan innecesario como exagerado en las televisiones a la embarazada y por fin de nuevo madre Begoña Villacís, Ignacio Aguado, candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, provoco el suyo el sábado en la plaza de Lavapiés.
Vaya por delante que no fue agradable lo de la pradera de San Isidro, pero también que no hubo agresión ni intento de tal, salvo los gritos y que el verdadero peligro fue ese en el que se puso una embarazada de nueve meses al pasear bajo el sol a cuarenta grados de temperatura en medio de una marea de gente, una verdadera temeridad que ningún obstetra recomendaría a sus pacientes. Pero, volviendo a Aguado y Lavapiés, cualquiera sabe que esa plaza es territorio hostil y que el problema de ese barrio no son los emigrantes, regulares o no, que, desde hace décadas, de aquí y de allá, viven en él, sino el capital extranjero de los fondos buitre que está desalojando a los "vecinos de toda la vida" y a los comercios de siempre, para cambiarlos por hordas de turistas de terraza o despedidas de solteros, provocando desahucios, a veces dramáticos, con niños y embarazadas de por medio, a sólo unos metros de donde Ignacio Aguado sólo veía delincuentes y manteros. Son las malas artes, que afloran cuando faltan los argumentos y, la verdad, no estuvo mal que los también vecinos de Lavapiés recibieran al intruso con rollos de papel de registradora. Toda una metáfora.

viernes, 17 de mayo de 2019

INDEPENDENTISMO ¡¡UY UY UY!!


Me gustan las cosas sencillas, los chistes también, y uno de los chistes con os que más me he reído en mi vida, sencillo y breve, es el del pájaro "uy uy uy", un ave exótica e imaginaria que recibe ese nombre tan peculiar de su, más que canto, grito, cada vez que quiere posarse en el suelo, porque el pobre "uy uy uy" tiene los genitales, cojones en el chiste, muy grandes y las patas demasiado cortas, con lo que, cada vez que intenta tomar tierra, cierra los ojos, encoje lo que puede sus testículos y emite su peculiar grito. Sin embargo, lo que hace siempre que puede es mantenerse en vuelo para no tener que arrastrar su virilidad por los suelos.
Ahora que ya está resuelta la crisis desatada por nuestros particulares pájaros uy uy uy, Esquerra y Junts ya no sé qué, porque, en cada convocatoria, como Podemos, se han presentado con un nombre distinto que en realidad debería ser "Junts per Puigdemont", ahora que el presidente Sánchez, ante la intransigencia del soberanismo, ha doblado la ración, preponiendo a Manuel Cruz, senador y filósofo de prestigio, independiente en las listas del PSC para sustituir al, más que vetado, repudiado Miquel Iceta, para la frustrada presidencia del Senado, y a Meritxell Batet. ministra de Política territorial y Administración Pública en funciones, para presidir el Congreso.
Se trata de doblar la apuesta, dos catalanes por uno, en una jugada que sin duda habrá pillado con el pie cambiado a los coreógrafos de es "circo del sol", vistoso pero aburrido, en que los soberanistas han convertido la política catalana y quién sabe si también la vida y la convivencia de los catalanes. Como dijo en su día la genial Isabel Coixet, no sé qué les han puesto en el agua. No sé cuánto puede durar este "juego del ratón y el gato" en el que muchos catalanes, cada vez más, participan de manera involuntaria, atrapados en un bucle infernal, en el que, cuando se descubre una salida, siempre hay alguien dispuesto a tapiarla.
El veto a Iceta ha sido vergonzoso, no sólo porque, de un plumazo, impide a los socialistas elegir a su representante territorial en el Senado, sino porque esos graves escrúpulos a los que aluden para vetar su llegada a Madrid casan muy mal en el partido heredero de la Convergencia de Jordi Pujol, capaz de proponer y forzar la elección como vocal del Consejo General del Poder Judicial del juez Pascual Estivill, en entredicho por las sospechas de chantaje a todo aquel con dinero que caía en su juzgado y que, finalmente, acabó en la cárcel, mancillando al Consejo y, especialmente, a quien le propuso.
Por todo ello, lo de Esquerra y Junts. esa actitud propia del suicida de atacar a quien podría ofrecerle una solución, ese miedo a aterrizar, a poner pie en la realidad, me recuerda al pobre pájaro uy uy uy, con los cojones demasiado grandes y las patas demasiado cortas para atreverse a pisar el suelo, condenado a volar eternamente, alejado de esa realidad que no se atreve a posar.

martes, 14 de mayo de 2019

¿OTRA VEZ EL "TRIFACHITO"?


Después de haberse pasado años disimulando, apuntalando mayorías aquí y allá, apoyando gobiernos del PP y del PSOE, el partido que se creó en torno a Albert Rivera buscando recoger sensibilidades, a mi juicio demasiado sensibles, en torno a una presunta "opresión" catalanista a quienes en Cataluña no se identificaban con el catalanismo que veían extremo, se está quitando la máscara centrista que  ya no cree necesitar, si no tratando de reeditar el pacto que expulsó a Susana Díaz de la presidencia de Andalucía y dio a Vox en el marchamo de lo aceptablemente democrático, sí cavando fosos a la izquierda, al tiempo que no parece descartar el apoyo de la formación ultraderechista para conquistar gobiernos que sólo serían posibles con su ayuda.  
Ciudadanos padece la misma enfermedad que su líder, Albert Rivera, y esa enfermedad es la de una ansiedad desmedida, ansiedad, no confundir con la ambición, que, en su justa medida, resulta más que imprescindible en política, una ansiedad que le lleva a quemar etapas y a perder las formas y los principios también, cuando se cree en la proximidad del poder, a punto de llegar a la meta y hacerse con algún gobierno como trofeo.
Le pasó en Andalucía, donde, digan lo que digan, se están doblegando a las exigencias de los ultras, por ejemplo, entregando, a Vox datos sobre los trabajadores encargados de la atención a las mujeres maltratadas, datos que, sin revelar identidades, porque otra cosa sería delito, han servido para que el partido de Abascal reafirme falsamente sus mensajes contra las mujeres y todo aquel que trabaja para su igualdad y su seguridad.
En esta campaña, especialmente en Madrid, con el gobierno de la comunidad y el ayuntamiento de la capital como trofeos a la vista, Ciudadanos se está desatando y, a la vista de las últimas encuestas, ha sacado ya del arsenal el arma más eficaz de la derecha, la de la bajada de los impuestos, dirigida a la línea de flotación de la ideología, la fluctuante línea que separa a la izquierda de la derecha, el centro, como deberíais saber, no existe, una línea que no es otra que el egoísmo, capaz de cegar al más solidario del ciudadano, deslumbrándole con la visión de unos pocos euros más en su cartera.
Es un truco tan viejo como el de los trileros. Es más, es el mismo truco y no siempre funciona.
Por eso y por esa ansiedad de que os hablo, Ciudadanos, que ya no quiere ser la muleta e que se apoye un gobierno socialista y que se cree con fuerzas para superar al fracasado PP y encabezar un gobierno de la derecha, está minando su flanco izquierdo, para tratar de convencer a sus posibles votantes de que su confianza en ellos, si es que finalmente se la dan, no va a servir para que Ángel Gabilondo se haga con el gobierno de Madrid después de décadas en manos de la derecha. Ignacio Aguado con más claridad y Begoña Villacís con ambigüedad y a regañadientes, anuncian un veto a los socialistas, una garantía para sus votantes venidos de la derecha que creo que hay que leer en todas sus consecuencias, entre las que está, no puede ser de otro modo, la de tener, tanto en la comunidad como en el Ayuntamiento de Madrid, a los ultraderechistas de Vox, clasistas, racistas, intolerantes, antifeministas y autoritarios, como socios imprescindibles para sus gobiernos. Por eso creo imprescindible recordar una y otra vez que votar a Ciudadanos, especialmente para el gobierno de la Comunidad, equivale a votar a Vox con todas sus consecuencias. Puede que a estas alturas se nos haya olvidado ya lo que ocurrió en Andalucía y el arrepentimiento por aquella carambola siniestra demostrado en las generales por el electorado andaluz. Hay que tenerlo claro, votar a cualquiera de las derechas es votar a un gobierno de todas ellas, a un "trifachito", en el que también estaría, imponiendo sus exigencias, Vox.