viernes, 23 de septiembre de 2016

EL SEPARATISMO Y LA PISTOLA

Me lo dijo un día Santiago Carrillo a propósito de Gallardón y, yo, siempre que puedo lo repito "no hay nadie en el PP que no sea del PP" Don Santiago acertaba, tenía toda la razón, porque, como el diablo, sabía más por viejo que por diablo.
Por más que se disfracen, por más que quieran parecer modernos, liberales o cordiales, por más que traten de vestir su discurso con tintes sociales, siempre, antes o después, les sale el alma conservadora y ultra nacionalista, porque eso que llaman patriotismo, el nacionalismo español, no es más que otra forma de nacionalismo y quizá la peor, porque trata de imponerse a las demás y, siempre que puede, los reprime. 
Le ocurrió esta semana a Alberto Núñez Feijoo, el presidente gallego y candidato a la reelección dentro de cuarenta y ocho horas. Hablaba en la intimidad de su coche oficial con Pepa Bueno y, quizá por creerse en territorio amigo, se relajó y, hablando de la difícil solución de la salida a la encrucijada catalana, lo dijo "no se puede negociar con la pistola del independentismo encima de la mesa" y, por si no le hubiésemos entendido, glosó su innecesaria "boutade", aludiendo torpemente al terrorismo de ETA.
Inmediatamente, claro, nacionalistas y no nacionalistas se le echaron encima, especialmente desde Cataluña, y con razón, porque tratar de asimilar el nacionalismo al terrorismo de ETA, que, ni aun en Euskadi encarnó nunca al nacionalismo, a todo el nacionalismo, no fue sólo una falsedad, fue además una canallada, porque, afortunadamente, ese mal sueño ya ha pasado e invocarlo no es de gente "de ley".
Sin embargo, lo que hizo Feijóo, dejarse traicionar por el subconsciente, era de esperar. Les pasa a todos los del Partido Popular. Han sido demasiados años hurgando con el palo de la intransigencia y el ojo por ojo, no sólo en el avispero etarra, sino, también, en todo el jardín vasco, demasiados años considerando ese territorio un fortín a defender a sangre y fuego y a costa de todo, demasiados años lanzando en Euskadi un mensaje apocalíptico e intransigente, a sabiendas de que, con esa actitud, esquilmaban a su propio electorado, incluso en Álava, "el sur" que decía el personaje de Karra Elejalde en "Ocho apellidos vascos".
Pero no nos engañemos, todo aquello tenía un sentido, todas esas salidas de tono, ofensivas para la mayoría de los vascos buscaban el premio del "prietas las filas" entre los votantes, generalmente mal informados sobre las causas y el alcance del "conflicto" vasco. Sé que es duro decirlo, pero ha sido así. Euskadi primero y luego Cataluña han sido el frontón contra el que los candidatos populares, pero no sólo los populares, lanzaban sus mensajes "patriotas", a sabiendas de que esos mensajes, como en el juego de pelota, les serían devueltos, con más fuerza si cabe, en forma de votos en el resto del territorio.
Ahora que ETA lleva cinco años sin matar y que Euskadi ha vuelto a ser el país que nunca debió dejar de ser, la pared del frontón se ha trasladado a Cataluña, y contra Cataluña y una gran parte de los catalanes se lanzan ahora los pelotazos. El primero, el que abrió el partido fue aquel recurso presentado contra el Estatut que se habían dado la inmensa mayoría de los catalanes, más de los que hoy se confiesan independientes y votan a los partidos que se dicen independentistas. Con aquel gesto y con el boicot a los productos catalanes y todas las campañas asociadas, con el ruido de todas esas tertulias, el PP y su gobierno hicieron más independentistas que el mismísimo Franco, mientras que el Partido Popular se convertía en residual. 
Pero no nos engañemos, ese aparente sacrificio obtuvo su premio en el resto de España, pero también allí, porque la tibieza del PSC, su indeterminación, su renuncia a hacer pedagogía y optar por el seguidismo al PP acabaron por convertir al partido que no hace tanto gobernaba Cataluña en otro partido casi residual.
No es mala esa estrategia del PP, Al menos es taimada e inteligente, aludir siempre que se pueda al separatismo y las pistolas reporta beneficios, pero no es, ni mucho menos, honrado.

jueves, 22 de septiembre de 2016

APRENDER DE LA DERECHA


Cuando uno cae en la cuenta de lo distinto que es el comportamiento de la izquierda y la derecha ante los conflictos, especialmente los internos, comienza a entender muchas cosas. La derecha es siempre una piña, para la que los trapos sucios se lavan en casa, mientras que la izquierda es una corrala, un patio de vecindad, en el que afloran las envidias, en el que se exageran los errores y se agrandan las diferencias, siempre que se puede, cuando no se deja al compañero persistir en el error, para verle estrellarse y ocupar la silla que deja vacía.
Sé que todo es matizable y que también en la derecha hay esperanzas aguirre y se crean gestapillos para espiar a los compañeros. No seré yo quien les niegue el derecho a abrigar las pasiones, pero, o son más discretos a la hora de odiarse, o cuentan con la complicidad de los medios que las suavizan, cuando no las silencian.
toso esto me viene a la cabeza después de escuchar al candidato del PP a la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, justificar, si no defender abiertamente a Rita Barberá, en su calvario por los tribunales, tratándola como una compañera más, pese a que, a la hora de elegir, la ex alcaldesa optó por quedarse con el escaño y tirar a la basura el carné y una militancia de cuarenta años en el PP y su antecedente, la Alianza Popular de Fraga.
Para Feijóo, el hecho de que Barberá no se haya enriquecido personalmente, algo dudoso, si se tiene en cuenta que ha vivid como una sultana, viajando, comiendo y pernoctando en coches, restaurantes y hoteles de lujo, a cuenta, claro, del dinero de los ciudadanos y recibiendo regalos no menos lujosos y atenciones de quienes hacían "negocios" con el ayuntamiento que creyó suyo para siempre.
Feijóo parece perdonar a Rita como el mismo se perdona por haberse subido, no una, sino varias veces al barco equivocado, con la persona equivocada, que, y lo dice para disculparse, hace veinte años cuando compadreó con él, sólo se dedicaba al contrabando de tabaco, actividad generalizada y socialmente aceptada en las costas gallegas, y no al narcotráfico.
Qué envidia me dan. Se lo callas, todo, se lo perdonan todo, nada, por grave que sea, les pasa factura en las urnas. Cuánto mejor le iría a la izquierda si se dejase de reproches, justificados o no, a los compañeros, cuanto mejor nos iría a quienes queremos ver este país gobernado por progresistas. Un sueño que, de momento, parece imposible, porque la izquierda española parece empeñarse siempre que tiene oportunidad en partirse las piernas para no avanzar.
Sólo alguna que otra carambola, aunque sea tan trágica como fue aquel 11-M y la más que estúpida gestión que de la información sobre las investigaciones del atentado hizo el gobierno de Aznar, nos permiten alguna que otra alegría. esa o el desgaste de una derecha que, como la UCD de Adolfo Suárez, quiso bajar del monte de los oligarcas para arrimarse al pueblo llano.
Es lamentable este canibalismo de la izquierda, por el que todos mueven la silla a todos, por el que todos conspiran contra todos, lo mismo en un partido con más de un siglo, como el PSOE, que en Podemos que apenas tiene un lustro de existencia. No hay más que ver el cariño que los barones del PSOE le tienen a Pedro Sánchez o esa pelea "a los cuatro vientos" que parece haberse desatado en las filas de Podemos.
Quizá nuestra izquierda debería aprender de la derecha, aunque, mirándolo ben, prefiero quedarme donde se ejerce, en mayor o menor medida, la democracia interna. Prefiero llevarme algún que otro disgusto, cabrearme de vez en cuando, antes que vivir en la paz del cementerio en el que yacen desde hace décadas la autocrítica y el debate interno. De la derecha, aprender la unidad, no la mordaza.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

DEMASIADA TESTOSTERONA



Siempre me ha parecido que Pablo Iglesias va sobrado de testosterona y que se "pone" pinchándose baños de masas en vena. Esa debe ser su droga, una droga que, como todas, acaba creando paraísos artificiales que, en su caso, le impiden ver la realidad social desde su nirvana particular.
Lo digo porque, ayer, en la campaña de las elecciones gallegas y después de un largo silencio, Pablo Iglesias invocó al miedo que hay que dar a los poderosos y sus voceros, como arma electoral, como reclamo para atraer votos a las urnas. Lo más curioso, como ha señalado algún comentarista, es que, cuando lo hizo, el auditorio ni se inmutó, en tanto que sus palabras, más o menos incendiarias, pero, ante todo, mientras, han abierto una brecha indisimulable entre él mismo y su viejo amigo Errejón en torno a la estrategia, no a la ideología, que debe caracterizar al partido.
Como bien señalo Errejón en un "tuit" posterior, los poderosos ya les temen y de lo que se trata es de no asustar a hipotéticos nuevos votantes. Ese fue el principio y, a partir de ahí, se desató la tormenta en redes y tertulias. Una tormenta que habla de luchas internas si no de divisiones, pero que, a mi entender, se circunscribe únicamente a la estrategia a seguir ante las urnas.
Ya sabréis de sobra que Pablo Iglesias, "prima donna" donde las haya, no es santo de mi devoción. Y, si no lo es, es porque, como tantos, pretende reducir el mundo a lo que conoce, temeroso siempre de lo que no controla. De ahí sus "purguitas" dentro del partido, su intervencionismo en los procesos de democracia interna y, digámoslo claro, su excesivo protagonismo, asumiendo siempre que puede, la voz única de la organización.
A mi modo de ver, lo que lleva a Pablo Iglesias a decir lo que dice, a "soltar" en un mitin de campaña lo que debería haberse tratado de puertas adentro es la mala digestión que arrastra del "fracaso" en las elecciones del 26 de junio que él insiste en atribuir al tono moderado que sostuvo en ella, siguiendo quizá los consejos de Errejón, la pérdida de un millón de votos, justo los que impidieron el ansiado "sorpasso" al PSOE. Así lo dedujeron después de las consultas convenientemente "dirigidas" a los militantes, una especie de consulta al "espejito" de la madrastra de Blancanieves, que dejaba fuera del cuestionario la verdadera causa, insisto, a mi parecer, del fracaso.
Conociéndole y, siguiendo el evangélico "por sus obras les conoceréis" creo que le conozco, estoy seguro de que su irrupción como elefante en cacharrería en las consultas para la investidura de Pedro Sánchez, haciéndole el gobierno y sembrando su propuesta de acuerdo con los socialistas con más de un borrón estalinista, ni siquiera ha sido considerada por él como causa de la sangría de votos. Cómo iba a equivocarse él que, desde que era el crío que ya no es, había ido de éxito en éxito, cada vez más arriba, hasta toparse con un fracaso que ni siquiera las encuestas le auguraban.
Para mí, aquello fue un subidón de testosterona que, a muchos, como a mí, nos asustaron. Y no es que yo crea que la izquierda deba de ser sumisa, me conformo con que sea inteligente y realista y me temo que Iglesias no lo fue en esa ocasión, tirando por la borda la mayor oportunidad que ha tenido la izquierda española en los últimos años.
Gobernar no es controlar una asamblea ni escribir un manifiesto, gobernar es algo más. Sobre todo, cuando conseguir la mayoría absoluta para poner en práctica un programa como el de Podemos, es algo más que una utopía. Por eso, si Iglesias cree que, sólo asustando a banqueros y poderosos lo va conseguir, se equivoca, porque ese miedo arrastra a otros muchos miedos subsidiarios. Iglesias debería hacer caso a Errejón y esforzarse en convencer a los que aún no están convencidos, a los que no están en sus mítines ni asambleas. Y debe tener muy claro que no sólo con aclamaciones y palmaditas en la espalda se consigue. A iglesias le vendría bien de vez en cuando una ducha fría, algo que rebaje su elevado nivel de testosterona. Si no, él y los que creemos que Podemos es no sólo muy necesario, sino imprescindible.

martes, 20 de septiembre de 2016

DE USAR Y TIRAR

Crecí en unos tiempos en los que el trabajo era algo más que un modo de subsistencia, un tiempo en el que el trabajo, los oficios, eran bienes en sí mismos, un tiempo en el que para un chaval o una chavala de dieciséis años, cruzar las puertas de la Perkins, la Barreiros, la Standard la Seat, o, incluso, las de El Corte Inglés, era iniciar una vida laboral en empresas que, muchas veces, eran como de la familia, porque de ellas había venido durante años "el dinero del mes", porque en ellas se habían jubilado el abuelo o los tíos, se jubilarían el padre o la madre y, muy probablemente, ellos también.
Eran tiempos en los que el trabajo era en sí mismo un bien social, tiempos en los que el trabajador era algo más que un nombre en una lista, un sumando en un balance. Eran tiempos en los que muchos aprendimos nuestro oficio en empresas por las que sentíamos un cierto cariño, tiempos en los que las plantillas de los centros de trabajo eran un tejido social en el que se progresaba, donde se amaba y se odiaba, un tejido en el que se formaban familias que crecían, un tejido en el que, la empresa se decía "la casa", con lo que la casa tiene de cobijo. Tiempos que, por desgracia, no son los nuestros.
Todavía recuerdo aquel día que escuché a algún jefe, en la SER, decir aquello de que estábamos muy mal acostumbrados, que qué era eso de jubilarse en la empresa en la que entraste de aprendiz, que eso era muy cómodo y que, sobre todo y ahí estaba la trampa, esa actitud no nos dejaba crecer. Y nos ponían como ejemplo a "los americanos", que, por no tener, no tenían ni casa en propiedad, por si un nuevo trabajo les hacía cruzar el país de costa a costa. Curiosamente, nos lo decían los mismos que, luego, nos vendieron las hipotecas hinchadas para pagar viviendas a precios imposibles.             Ahora, no hace tanto tiempo, he entendido que esos mensajes, los de que no había que aspirar a trabajar toda la vida en la misma empresa, formaban parte de una estrategia, la estrategia que se puso en marcha cuando Margaret Thatcher y Ronald Reagan coincidieron en el poder, cuando la Unión Soviética se deshizo como un azucarillo ante nuestros ojos y comenzaron a vendernos la unidad de los trabajadores, no como un sueño, sino como una pesadilla. Quien más y quien menos, fue minando el prestigio de los sindicatos, ellos mismos, con las sombras en su gestión, los primeros. Así, poco a poco, y con un gobierno presuntamente de izquierdas, los trabajadores se fueron quedando huérfanos, en un mundo cada vez más hostil. injusto y cruel.
Tragamos todos. Los trabajadores con trabajo, los primeros. Nos hicieron creer que quienes caían a nuestro alrededor se lo merecían, por vagos, por díscolos o por lo que fuese, y lo creímos a pies juntillas. En la SER, donde me tocó vivir esta trágica involución, poco a poco, becarios repescados, gracias a los contratos en prácticas introducidos por Felipe González, iban sustituyendo a quienes se jubilaban o se iban, encadenando un contrato detrás de otro, cumpliendo jornadas inhumanas muy superiores a las firmadas, siempre con el palo y la zanahoria de la calle o la renovación. Así, de un día para otro, la plantilla de la SER y de muchas otras empresas, fueron perdiendo trabajadores con derechos y experiencia, que fueron sustituidos por otros más jóvenes y desprotegidos. 
Sin embargo, la pérdida de derechos laborales no es el único mal de esa esa estrategia empresarial consentida por gobiernos y, por qué no decirlo, también sindicatos, porque, además, los trabajadores bajo amenaza son más maleables y acríticos, algo que, por ejemplo, ha dado al traste con el prestigio y la calidad de nuestra prensa.
Las distintas reformas laborales han sido los grilletes que los sucesivos gobiernos han cerrado sobre los trabajadores. De todas ellas, la última, la del PP, ha sido el instrumento definitivo que Rajoy ha puesto en manos de sus amigos, los empresarios, para devolver a los trabajadores a niveles de explotación que hace décadas creíamos superados. Lo peor de todo, lo más vergonzoso, es que han tenido que ser los tribunales europeos los que han venido a sacar los colores a este gobierno que se ha hartado de decir que todo lo que hacía lo hacía por nuestro bien y pensando en Europa. Una mentira descomunal que incluye a los tribunales españoles, complacientes con leyes a todas luces injustas, una mentira que ha convertido a trabajadores orgullosos de serlo a mano de obra barata de usar y tirar.

lunes, 19 de septiembre de 2016

ABURRIMIENTO Y HARTAZGO


Aburrimiento y hartazgo. Esas son según el observatorio de la SER, una encuesta que se acaba de hacer pública hoy, las dos palabras más señaladas por los consultados, para definir la actual situación política, bloqueada va ya para diez meses, por unos partidos o, mejor dicho, unos líderes a los que no les apetece gobernar, si no es con mayoría absoluta o, a lo sumo, con un socio manipulable. Y, si es mala esa primera lectura del sondeo, peor aún es, al menos para mí, la que puede hacerse agrupando a los consultados conforme a su último voto en las urnas. en el perfil de los consultados, por ejemplo, en cuál fue su voto en las últimas elecciones. Peor, porque a quienes menos parece afectar el impasse, el limbo asfixiante en que vivimos, es a los votantes del PP.
Debe ser que de tanto votar le han acabado pareciéndose a Rajoy, como algunos acaban pareciéndose a sus mascotas y viceversa. porque, pese a que manifiestan lo contrario, ponen cara de preocupación e invocan al Apocalipsis, están tranquilos para sus adentros, porque saben que el tiempo está jugando a su favor, porque lleva al desánimo y la abstención, y saben que, en el desánimo y la abstención, el PP tiene las de ganar.
Este deprimente sondeo, insisto, para mí, coincide con una serie de encuestas que, todas, otorgan al PNV y al PP gallego victorias holgadas en las elecciones del domingo en Euskadi y Galicia, en tanto que pronostican el hundimiento de los socialistas, sobrepasados por las Podemos y las mareas. Así las cosas, parece claro que uno y otro, Íñigo Urkullu, y Alberto Núñez Feijoo, renovarían gobierno en sus respectivas comunidades y que, los resultados no influirían en futuras negociaciones para formar gobierno, salvo porque debilitarían las posiciones de Pedro Sánchez, y su "no es no" a Rajoy, tocado por el desgaste de sus siglas vascas y catalanas.
Lo que resulta realmente curioso es que Sánchez, que no ha hecho otra cosa que defender el No a Rajoy con el que se presentó a las elecciones y que cuenta con el respaldo en las encuestas de la práctica totalidad de los votantes socialistas, se convierta en el chivo expiatorio de sus "barones", responsables en gran medida de los malos resultados en las autonomías. No quiero ni pensar cuál va a ser la actitud de todos esos reyes de taifas, deseosos de comerse el hígado del primer secretario 
general que, en su partido, ha optado por escuchar antes a las bases que, al sanedrín de ex presidentes y presidentes en activo, demasiado atados por el pragmatismo y la mala conciencia de hasta dónde nos han llevado con su cómodo, para ellos, pragmatismo.
Hartos y aburridos se muestran los encuestados y horrorizados ante la posibilidad de volver a las urnas por tercera vez, pero, también, convencidos de que el mejor gobierno posible sería uno que deje fuera a Rajoy, firmado por socialistas, Podemos, Ciudadanos y nacionalistas. Nada que ver con lo que Rajoy, los poderes fácticos, sublimados hoy en el IBEX 35, o los acomodados gerifaltes socialistas quieren para España.
Cada vez que me paro a pensar en estas cosas, no puedo quitarme de la cabeza la oportunidad perdida por Podemos, para "abrochar" en marzo un gobierno capaz de desalojar a Rajoy de La Moncloa, una oportunidad perdida por la actitud irresponsable de Pablo Iglesias, que vendió la piel del oso antes de cazarlo, dinamitando cualquier posible acuerdo alternativo. No sé si se han parado a pensarlo, pero, desde entonces, no han hecho sino caer, perjudicándose y perjudicando la imagen de la izquierda, desunida una vez más, e incapaz de anteponer el bienestar de todos a su propia gloria.
No sé cómo acabarán las elecciones del segundo. Posiblemente con el asentamiento del PNV y el nacionalismo de izquierdas en Euskadi y la eternización, si es que existe la palabra, del PP en Galicia, liderado de nuevo por el chico de las narco amistades peligrosas. Lo que sé es que, a Sánchez, si no le defienden sus bases, le van a hacer picadillo.

viernes, 16 de septiembre de 2016

ESPERANZA AGUIRRE Y UN LARGO ETCÉTERA, TAMBIÉN


No seré yo quien defienda a capa y espada a quienes durante tantos años han gobernado Andalucía a placer, con esa mezcla de populismo y despotismo, tan propia de quienes cabalgan sobre mayorías absolutas, como quien cabalga un potro desbocado. No lo haré en el caso de José Antonio Griñan y Manuel Chaves, pero no puedo dejar de decir que echo en falta comportamientos similares de la Fiscalía en casos tan sangrantes o más, como lo han sido los gobiernos de Esperanza Aguirre o su sucesor, Ignacio González, en la Comunidad de Madrid o Francisco Camps y Alberto Fabra en la valenciana.
Eso, por no hablar de la providencial "oportunidad" con que el tribunal que juzga el caso de los ERE se manifiesta para, voluntaria o involuntariamente, equilibrar los efectos que los escándalos que la gestión del PP ha desatado en otras comunidades. Naturalmente, el fiscal está en su derecho y obra conforme a la ley cuando hace públicas sus peticiones para los dos expresidentes andaluces, pero da que pensar el hecho de que esa petición haya irrumpido en la actualidad coincidiendo con el clímax de la polémica desatada por la no renuncia de Rita Barberá al escaño que le otorgaron para el Senado las Cortes Valencianas, escaño que, por cierto,  la pone a salvo, de momento, de decisiones como la que se acaba de tomar con Manuel Chaves y José Antonio Griñán.
Supongo que los asesores de comunicación de los partidos saben lo que tienen que hacer en estos casos y los hacen. El PP, agitar y remover la boñiga que acaba de caer sobre el PSOE, para que su olor disimule el del asunto Rita, mientras el PSOE, por su parte, hace algo parecido, pero sin reservas mentales, a lo que estoy haciendo yo ahora mismo. Nos dirán que defender a los propios y atacar a los contrarios sin hacerse preguntas es lo que toca, pero, la verdad, los ciudadanos no nos merecemos eso. Más bien echamos de menos un poco de autocrítica y, sobre todos, una actitud de defensa de los ciudadanos y del sistema que, por lo general, brilla por su ausencia.
Creo que ahora es momento de aclarar que, amén de por las presuntas irregularidades cometidas por ellos o por sus subordinados, si Chaves y Griñán se ven en las que se ven es por haber renunciado en su momento a sus escaños en el Congreso y el Senado, con su correspondiente paraguas judicial, o a la reelección que, sin duda y no por falta de ganas, podría haberles proporcionado el PSOE, su partido, . Algo muy distinto de lo hecho por Rita Barberá y, seamos sinceros, la práctica totalidad de nuestros representantes.
Habrá quien me diga que la cabeza de Griñán y Chaves fue el precio pagado por Susana Díaz a Ciudadanos para que consintiese su gobierno en Andalucía. Algo que no deja de ser cierto, pero, al tiempo, habría que reconocer que no opusieron la resistencia que demuestran los imputados del PP, desde Rita Barberá a Gómez de la Serna, pasando por no sé cuántos más ni en cuántos asuntos más.
Insisto en que no me parece mal que Griñán y Chaves sean juzgados y, a la vista de lo probado, absueltos o condenados. Pero, del mismo modo, echo de menos ver pasar por lo mismo a personajes como Esperanza Aguirre, que, como una gallina clueca, ha estado sentada sobre el nido, el gran nido, de corrupción que ha sido la Comunidad de Madrid, desde su llegada a la presidencia, propiciada por el soborno indemostrable, de momento, a los diputados socialistas Tamayo y Sáez, soborno que fue investigado por una comisión parlamentaria presidida, atención, por el insigne inquilino de la prisión de Estremera, Francisco Granados.
Echo de menos en ese trance a Esperanza Aguirre y su sucesor Ignacio González, responsables del deterioro y desmantelamiento de la Sanidad y la Educación pública en Madrid, despilfarradores y malversadores del dinero que es de todos y para todos, del mismo modo que echo de menos a todos esos personajes y personajillos que tanto han tenido que ver con el saqueo de las arcas de una comunidad, la valenciana, que había sido siempre rica.
Está bien que Chaves y Griñán seas investigados y, si es menester, juzgados, pero Esperanza Aguirre, Ignacio González, Francisco Camps y un largo etcétera, también.

jueves, 15 de septiembre de 2016

TE VAS, PERO TE QUEDAS


Con la ya ex militante del PP Rita Barberá estamos asistiendo a un fenómeno curioso no demasiado habitual entre los personajes que hacen su vida bajo los focos, un fenómeno que se manifiesta en su aparente afán por parecerse cada vez más a la (mala) imagen que una gran mayoría de los ciudadanos tenemos de ella y no al contrario, como cabría esperar de una persona inteligente. Y es que cada vez más, su rostro, su voz, se aproximan más a su feo y desagradable comportamiento.
Ayer mismo lo demostró, dando un paso más en el camino de depravación pública que emprendió hace ya meses, un paso difícil de explicar, una especie de chantaje que en realidad no lo es, porque, de todas las salidas posibles, la ex alcaldesa de Valencia ha escogido la que mejor le viene a ella, porque pone a salvo su sueldo y su fuero, pero también y, sobre todo, la que mejor le viene a Rajoy, porque le permite decir que ha presionado a tan incómoda compañera de partido, salvando así el pacto con Ciudadanos que, de momento, le permite mantener la posibilidad de un nuevo intento de investidura.
La cosa podría haber quedado como un triunfo del silencioso Rajoy, como un golpe de autoridad en el partido, de no ser por algo tan chocante como ese comunicado de Barberá, en el que anunciaba su salida del partido en papel con membrete del PP y, muy probablemente, distribuido por el servicio de prensa del mismísimo Partido Popular. Un comunicado que cabe preguntarse si ha sido una torpeza, un error de tan zafio personaje o, por el contrario, un gol por toda la escuadra al que durante tantos años ha sido su partido y ahora le enseña la puerta de salida.
Ese comunicado, que no es una nota de prensa que recoja el anuncio de su renuncia a la militancia, sino el documento de la propia renuncia. Rita aúna bajo ese aspecto tosco y autoritario, la torpeza de quien está acostumbrado al poder que otorga siempre la razón, pero también la astucia de quien ha sobrevivido a décadas de luchas internas, pegada siempre a quien ha ostentado el poder, en Alianza Popular, primero, y en el PP, después, fuesen Fraga, Aznar o Rajoy.
Me cuesta creer que esta señora haya desconectado del que ha sido su partido toda la vida, del mismo modo que me costaría creer que ese partido la hubiera arrojado a las tinieblas exteriores, sin haberle protegido previamente con un escaño blindado en el Senado. Me costaría creer en una ruptura tan abrupta, porque Rita Barberá es una bomba de tiempo, un archivador vestido con traje de chaqueta, a ser posible rojo, que guarda importantes secretos sobre la financiación del PP en Valencia y Madrid, sobre los stands de FITUR, sobre la visita papal, sobre la Formula Uno y sobre todo lo que huele a cloaca en los despachos del PP, una bomba de tiempo a la que hay que mimar para que no acabe estallando en cualquier juzgado, complicando aún más el vía crucis judicial por el que sus viejos camaradas tienen que arrastrar las cadenas de la deshonra, soportando la cruz de la corrupción.
¿Alguien esperaba que Rita renunciase a todo? ¿A alguien le cabía en la cabeza que renunciase a la militancia y al escaño en el mismo día? A mí, desde luego, no. A Rajoy, tampoco. Y estoy seguro de que ha estado todo el tiempo en la pomada de la decisión de la todavía senadora. Todo a costa de los ciudadanos que, de no mediar una condena que la inhabilite para ejercer cargo público, seguiremos pagándole el suculento sueldo y las dietas que corresponden a esa acta de senadora a la que se agarra como a un clavo ardiendo.
Dicen que la ley le da derecho a hacerlo y yo creo que, de ser así, la ley está mal hecha y habrá que cambiarla cuanto antes, del mismo modo que habrá que explorar cuantos resquicios haya para forzar a esta señora a devolver un escaño que, en su caso, no es de elección directa, porque fue elegida por el pleno del Senado y no por los ciudadanos, y que, como en el caso del presidente del Gobierno debería poder ser revocado por la misma cámara que se lo ha dado.
Lo que pase en ese terreno, la actitud que adopte el PP y el comportamiento de la senadora Barberá desde su escaño en el Grupo Mixto, entre los senadores de Compromís y Bildu, lo que vote y lo que diga, si es que dice algo, nos darán la medida de si en realidad está fuera del PP o sigue bajo su disciplina.
Lo que ayer hizo Rita es un poco lo que cantaba su casi paisano Camilo Sesto en "Algo de mí", eso de "te vas, pero te quedas, porque formas parte de mí y en mi cama y en mi alma hay un sitio para ti".