viernes, 21 de abril de 2017

LÁGRIMAS, FAMILIAS Y MAFIA


Dicen que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía. De ser cierto, que creo que lo es, el titular de la Fiscalía Anti Corrupción, Manuel Moix, debe sentirse hoy muy melancólico, porque todos sus esfuerzos para "reventar" la operación Lezo, desencadenada ayer por la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil bajo la dirección del juez Eloy Velasco, han resultado baldíos. Primero porque, en un juzgado, la última palabra es del juez y, en segundo lugar, porque los fiscales del caso no estaban dispuestos a que todo el trabajo, casi de orfebrería, llevado a cabo durante meses, si no años, se les escapase de las manos como agua en una cesta.
Manuel Moix, nombrado por su superior José Manuel Maza, siguiendo las instrucciones del ministro Catalá, equiparable por su falta de respeto por la ley, al mismísimo Jorge Fernández Díaz, trató de impedir varios registros vitales para la obtención de pruebas que corroboren las vías de investigación abiertas por el juez y la Guardia Civil a sus órdenes. Pero no sólo eso, además dio la orden de que sus subordinados en el caso se abstuviesen de acusar a los principales investigados ya detenidos del delito de asociación criminal, que no es otra cosa que la forma legal de denominar eso que los legos llamamos asociación mafiosa.
La verdad es que, amén de la pena que conlleva el delito, resulta poco estático que un ex presidente de la Comunidad de Madrid, su esposa, su hermano y creo que algún cuñado, el yerno de Villar Mir, uno de los principales constructores de nuestro país, Edmundo Rodríguez, consejero delegado del muy rajoyista diario LA RAZÓN, junto a directivos, esposas y socios de algunos de los citados, sean acusados de mafiosos.
Mafia y Familia, términos que en algún que otro lugar son sinónimos y que aquí, en este caso, pese a los esfuerzos del fiscal Moix, se entrecruzan dando vida a una estructura criminal destinada a saquear la caja de la empresa pública Canal de Isabel II, para convertir sus fondos en riquezas para sí mismos o en liquidez negra para pagar las campañas electorales y de imagen del Partido Popular de Madrid y algún que otro medio de comunicación creado con el único fin de cantar las glorias de una Esperanza Aguirre, a la que no bastó con arruinar Telemadrid, y los suyos.
Todo un mundo corrupto y hediondo, en el que los peor encarados han sido los amos, un mundo en el que un "volquete de putas" puede ser el premio a una buena operación, un mundo en el que bastaba un decorado, una cinta y unas tijeras para hacer creer a los ilusos votantes en un progreso que nunca existió, U mundo, en suma, en el que nada se hacía, ni siquiera el envío de ayuda humanitaria a las víctimas de tragedias como el terremoto de Haití, si los amigos, hermanos o cuñados no "trincaban" en el camino.
Un mundo que se desmorona alrededor de Esperanza Aguirre, amenazando con tragársela con llanto y todo. Un mundo levantado sobre la arrogancia del que se ha sabido y aún se cree impune que ya no puede durar mucho. Un mundo injusto, levantado para quienes no pretenden otra cosa que repartirse el nuestro. Un mundo que va a echar de menos Esperanza Aguirre, rica por casa y por matrimonio, un mundo cuya pérdida le llevó ayer al borde del llanto, al puchero, mientras trataba de convencernos de que ella no se ha llevado nada, como si los centenares de millones invertidos en sus campañas por los beneficiarios de sus adjudicaciones y contratas, no existiesen, centenares de millones que la han llevado durante décadas a lo más alto de la política madrileña -su ambición no le dio para comprarse La Moncloa- desde donde colocó a familiares y amigos y a familiares de familiares y amigos de amigos, todo a costa de los impuestos y el bienestar de los madrileños
Las ´lágrimas de Esperanza Aguirre ayer no eran por el calvario que va a pasar su "lugarteniente" Ignacio González. Las lágrimas eran por ella misma, porque sabe, es lista y debe saberlo, que, antes o después, Granados, González y todos los demás se cansarán de soportar, solos, sobre sus espaldas el peso de las culpas de esta familia mafiosa que después de tantos años han llegado a levantar. Llora, Esperanza. Te adelanto que tus lágrimas riegan nuestra felicidad.  

jueves, 20 de abril de 2017

¡¡ AGUA VA !!


Cuando, en España, orgullosa de haber echado al mar a los árabes, adoradores del agua que hacían correr por sus palacios, cuando las infraestructuras romanas eran apenas un recuerdo asfixiado por la vegetación, cuando la ilustración, la cultura, era cosa de afrancesados y el saneamiento de viviendas y ciudades ni siquiera era un sueño, cuando las aguas negras corrían a cielo abierto por nuestras calles, cuando elegíamos el embozo y la incultura, de vez en cuando tras una ventana abierta se escuchaba la fatídica advertencia de ¡agua va!, como preludio del vertido de aguas sucias y cosas peores sobre cualquiera que pasase bajo ella.
Ayer, los españoles de este siglo nos hemos visto sacudidos por otro palanganazo fétido que, no por sabido o sospechado, da dejado de producir en nosotros la arcada, la náusea, que retuerce nuestras entrañas cada vez que comprobamos cómo quienes predican la austeridad que nos imponen viven en la más obscena de las opulencias a costa de lo que debería destinarse a remediar la desgracia y la injusticia que abruma a tanta gente en este país desde hace años.
Ayer, a primeras horas de la mañana, una noticia, la de que se estaban desarrollado una operación policial, con registros y detenciones en torno a la empresa que ostenta el monopolio del agua en la Comunidad de Madrid, se convirtió en el "agua va" que advertía de toda la mierda, así. con todas sus letras, que se nos venía encima. El Canal de Isabel II, el canal, la empresa pública que el PP se había empeñado, afortunadamente sin éxito, en privatizar, había sido saqueado durante años a beneficio, aún por precisar, del propio Partido Popular o de los bolsillos de los implicados.
La operación, bautizada "Lezo", en homenaje al militar que dirigió frente a la arenada británica la defensa de Cartagena de Indias, la ciudad colombiana donde Ignacio González y otros directivos del Canal que entonces dirigía fueron sorprendidos entrado en una mansión, con bolsas de plástico llenas de abultados paquetes, que no portaban a su salida. Unas imágenes resultado de la guerra interna que se produjo entre las familias del PP y que dio lugar al no resuelto "caso espías", en la que, pagados con dinero púbico por Francisco Granados, agentes al servicio de la Comunidad de Madrid buscaban "material" inculpatorio contra los enemigos de Granados, no para llevarles ante los tribunales, sino para su chantaje e intimidación, en la lucha por el poder en torno a Esperanza Aguirre.
Por lo que vamos conociendo, Ignacio González, que pretendió permanecer al frente del Canal siendo ya presidente de la Comunidad de Madrid, utilizó la expansión presuntamente ruinosa de la empresa en Latinoamérica, ruinosa para los madrileños, no para él ni para su partido, para desviar fondos de la empresa pública a sus propios testaferros.
Decenas de millones presuntamente perdidos en la compra de empresas locales a precios desorbitados a través de empresas interpuestas en paraísos fiscales que no tenían otro fin que el de desvanecer el rastro de pérdidas y beneficios, algo muy parecido a lo que hizo Miguel Blesa con la ruinosa compra de un banco en Miami mientras fue presidente de Caja Madrid. Los mismos métodos de personajes parecidos con padrinos cercanos, que han permitido a oscuros personajes, apenas funcionarios, a los que la cercanía a la política había convertido en propietarios de deslumbrantes mansiones, yates de lujo u ostentosas colecciones de relojes o arte.
Sin embargo, el caso que ayer salió a la luz, no muy distinto de otros ya conocidos, tiene, además, escandalosas ramificaciones en la prensa y la justicia, porque figuran como implicados el pringoso Francisco Marhuenda y su jefe en LA RAZÓN, acusados de presionar, mediante la amenaza de iniciar campañas periodísticas contra ella, a la presidenta Cristina Cifuentes, para evitar que llevase a la Fiscalía las irregularidades descubiertas en el Canal de Isabel II, en las que aparecía como presunto responsable, Edmundo Rodríguez, consejero de LA RAZÓN, miserias nauseabundas de como se hace y se ha hecho periodismo en este país, que no son las únicas puestas al descubierto por este caso, ya que también supimos que el flamante y discutido fiscal anticorrupción, Manuel Moix, que ordenó por escrito la suspensión de un registro previsto por el juez Velasco y la UCO y que sólo la rebelión de los fiscales del caso, que convocaron la junta de fiscales para echar abajo la orden de Moix, permitió llevar a cabo.
En fin, debemos estar preparados para toda el agua sucia que va a llover sobre nosotros y, sobre todo, debemos estar preparados para soportar a toda esa gente que, aun empapada por tanta mierda como le está cayendo encima, volverá a votar, no sé por qué extraña razón, a quienes se la arrojan encima.
¡¡Agua va!!

miércoles, 19 de abril de 2017

OBLIGADO A DECIR VERDAD


Tengo la impresión de que no somos del todo conscientes de la trascendencia que tiene, tendrá, la decisión del tribunal que juzga la primea Gürtel. No somos conscientes, salvo una única excepción, la del Partido Popular, acostumbrado a sobreproteger a su presidente que poco o nada podrá hacer para poner a salvo de las preguntas de los representantes de las acusaciones, ante los que se presentará solo y sin escoltas ni asistentes, obligado a decir la verdad y nada más que la verdad, algo a lo que no nos tiene acostumbrados.
Mariano Rajoy se va a ver obligado, muy a su pesar, a despejar, sin enigmas ni nebulosas, ante las partes y en presencia de los magistrados que ayer decidieron citarle, todas las dudas e inconsistencias que ha venido dejando, como deja sus huevos un parásito, cada vez que ha sido posible interpelarle sobre la trama de corrupción que, ahora, al menos eso espero, no se atreverá a calificar de contraria a su partido.
Rajoy ha sido llamado a declarar por decisión tomada, dos a uno, por los magistrados del tribunal, una vez escuchados en la sala del juicio demasiados testimonios que colocan al presidente en el centro o por encima de la trama que se juzga. Demasiados dedos señalándole, como para que los magistrados renunciasen a conocer su versión, demasiadas preguntas sin respuesta, demasiadas fintas y silencios que pedían a gritos este paso.
El PP tardó mucho, cinco largas horas, en dar su opinión sobre el trascendental paso dado por el tribunal, un paso que establece el precedente de sentar como testigo a un presidente de gobierno en ejercicio y que atraerá sobre la sala del polígono de San Fernando la atención de las televisiones de medio mundo. Tardó cinco largas horas para responder a lo inesperado con una salida de manual, descalificando a los abogados de la acusación por su proximidad al PSOE, como si la verdad y el deseo de encontrarla no estuviesen al alcance de sus rivales políticos.
Fue una salida torpe, encomendada a Martínez Maíllo, le va en el sueldo, y menos mal. porque soy incapaz de imaginar los que hubiese dicho María Dolores de Cospedal o el propio Rajoy, capaces de liarse con los días de la semana. Fue una salida nacida del agobio de haber estado preparando las comparecencias de los secretarios generales que tuvo el PP, Arenas, Cascos o Acebes y a la inefable Esperanza Aguirre, y enterarse de golpe y porrazo que el otro, el que más campañas electorales ha dirigido para los populares tendrá también que declarar.
Mucho tienen que esmerarse, mucho tiene que afinar argumentos y estrategias, para poner a salvo la imagen de Mariano Rajoy sin interponer entre él y la verdad jefes de prensa, escoltas, mesas del Congreso, telediarios de parte, periódicos que parecen dictados desde Génova, 13 o tertulianos con argumentario al día. Mucho tendrán que esmerarse para que Rajoy no se ponga y nos ponga en evidencia ante el tribunal y el mundo con sus titubeos e incoherencias.
No sé de qué se extrañan el PP y sus palmeros, porque Rajoy es, y si no lo es lo parece, la pieza sobre la que se sustenta todo lo que se hace o dice en su partido. Lleva toda su vida en él y ha estado en los puestos y los momentos cruciales para el crecimiento del partido y, sobre tos, ha puesto a punto la maquinaria electoral que engrasaban las empresas de la Gürtel y otros "conseguidores" similares. 
A los dirigentes del PP se les ha había olvidado un detalle: el de que, si algo tienen los jueces, es un indiscutible punto de soberbia, una soberbia que les impide, piensen como piensen, quedar por tontos. Y negar la evidencia o podar todas las ramas de un árbol, salvo la más podrida, les dejaría por tales.
A Rajoy le toca ahora decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad y el pobre, que no está acostumbrado, no puede decir eso de "y, a la segunda, tal" ni esconderse sin escarnio detrás de la pantalla de un televisor.

martes, 18 de abril de 2017

HACERSE LA RUBIA


Nunca he entendido el aparente prestigio que tiene ser rubia en España. Nunca lo he entendido, pero que lo tiene es un hecho incontestable. No hay más que esperar el autobús de mi barrio en La Latina a la hora que termina el culto de algún templo evangelista de la zona para comprobar que la mayoría de las mujeres gitanas, de todas las edades que regresan alborozadas y divertidas a los bloques de San Isidro son tanto o más rubias que la presidenta Cristina Cifuentes. Rubias "de bote", indisimuladas, que contrastan con el moreno de su propia piel y de sus cejas o el de sus hijos. Milagros, en fin, de la genética y el marketing de la cosmética.
Debe ser que lo diferente, lo inusual, llama la atención y atrae. Debe ser que el mito Marilyn o el de aquellas "suecas" que, con sus bikinis, despertaban pasiones en nuestras playas en los últimos años del franquismo perviven entre nosotros y que a al machote español les gusta adornarse d vez en cuando con la compañía de alguna rubia. Debe ser eso, el falso color del pelo y el afán de gustar, lo único que tienen en común las "pijas" del barrio de Salamanca o Pozuelo con las "poligoneras de los barrios y ciudades del sur y el este de Madrid.
Por eso no me extrañó enterarme de que a Cristina Cifuentes le parece bien eso de "hacerse la rubia" cuando se reúne con hombres para conseguir los objetivos que se propone. Lo dijo en una entrevista para el suplemento de moda de EL PAÍS y, aunque no me sorprendió, sí me indigno, porque dice muy poco de quien, desde su posición debería luchar para acabar con ese machismo que, por desgracia y a nuestro pesar, llevamos los hombres bajo la piel, un machismo inconsciente, resultado de demasiados años de "mala" educación, un tobogán resbaladizo por el que podemos caer con facilidad.
Por eso, lo peor de lo dicho por la presidenta madrileña no es la imagen tan tópica y vulgar que puede llegar a transmitir de las "ejecutivas", le faltó decir que, como la protagonista de aquel bochornoso anuncio de limpia muebles, quita el polvo de la mesa del consejo antes de comenzar las reuniones. Lo peor no es ni siquiera eso, lo peor es que está convencida de la bondad de lo que dijo y que, otra vez, han sido los otros los que hemos sacado de contexto sus palabras.
Lo peor es que dio las explicaciones, con esa voz suya, un poco vulgar, bastante desagradable y muy autoritaria, justificándose de nuevo en lo dicho, sin apearse un milímetro de tan deplorable imagen y añadiendo, ya en una segunda justificación, que "entre los suyos" se dice mucho lo de "hacerse la rubia" y también que "sin tacón no hay reunión".
En resumen, lo peor de las palabras de la señora Cifuentes, empeñada en aparecer como moderna y progresista, incluso se tiene por republicana, no son las palabras en sí, sino su incapacidad de ver en ellas ese "micromachismo" contra el que, dice, se ha propuesto luchar. En fin, la señora Cifuentes me recuerda al personaje encarnado por Paco Martínez Soria en "El difunto es un vivo", una película de 1943, en la que el personaje que interpreta, para igualarlas, va serrando las patas de un juego de sillas de las que una cojea coja, hasta dejarlas casi del tamaño de ridículas banquetas  Cifuentes, como el personaje de la comedia, por no querer reconocer el machismo que encierran sus palabras, cada vez que trata de explicarse arruina un poco más el salón comedor de su imagen.

lunes, 17 de abril de 2017

TURQUÍA Y CATALUÑA


Ante todo y como en otras ocasiones, vaya por delante que no quisiera ser malinterpretado, pero no puedo dejar de expresar mi sensación de que, entre lo que está ocurriendo en Cataluña y lo que ya ha ocurrido en Turquía hay más de una similitud.
Vayamos por partes. A pesar de lo que no dejamos de escuchar en las últimas horas, los pueblos no siempre son responsables de su destino. A veces el aparato del poder, la propaganda y, sobre todo, esa tendencia a culpar al enemigo exterior de todas las desgracias que caen sobre ese pueblo acaban por calar en el imaginario de la gente, con lo que el "prietas las filas" de sus dirigentes más insolidarios, los más egoístas e iluminados funcionan.
En el caso de Cataluña, el victimismo de que hacen gala los dirigentes soberanistas, especialmente los que acaban de convertirse al mismo. esa terca estrategia de hacer creer a los ciudadanos que todos los males que les aquejan, incluidos aquellos que derivan inequívocamente de su propia gestión como lo son el deterioro de la sanidad, el transporte o las infraestructuras son consecuencia exclusiva de la maldad intrínseca del "estado español", que les oprime y explota.
Sin embargo, en cuanto tienen la más mínima oportunidad se alinean con el partido gobernante en ese "estado", en cuestiones de libertades -de recorte de libertades, mejor dicho- o de políticas fiscales y económicas, acrecentando con ello la desigualdad entre su gente.
Quiero decir con esto que unos y otros, en las relaciones entre Cataluña y "el estado", entre Turquía y su vecina Europa, se comportan de manera parecida, enseñándose los dientes en público, pero yendo de la mano en lo que, para ellos, es lo fundamental que se salvar su pervivencia al frente del gobierno, sea como sea.
Pero no es sólo el comportamiento de sus dirigentes, capaces, como en el caso de Erdogán, de fingir o, al menos, consentir y cebar un golpe de Estado destinado al fracaso y convertirlo en escandalosa coartada para llevar a cabo la más salvaje represión que se recuerda en una democracia europea, en la que se persiguen las libertades por tierra mar y aire, se despide a funcionarios, incluidos militares, maestros y policías, para hacerse con el control absoluto de la calle y para difundir la verdad unívoca que, naturalmente, es la suya, la de quienes ocupan el poder.
Naturalmente, no estoy diciendo que eso que ocurre en Turquía esté pasando en Cataluña, pero, en un territorio en el que los poderes municipal y autonómico los ostentan desde hace décadas los mismos, no es de extrañar que una importante porción del funcionariado se tiña de aparato, anteponiendo los intereses del partido que gobierna y sus amigos, a los de los ciudadanos a los que deberían servir.
De todos modos, lo que realmente empareja a Cataluña y Turquía es lo desatendidas que han estado las legítimas aspiraciones de sus ciudadanos por el poder en Bruselas o Madrid. El independentismo que siempre fue minoritario en Cataluña -no así su sentimiento "nacional", el catalanismo- ha crecido en los últimos años, alimentado por el desprecio del Partido Popular, sustentado por el muy cobarde seguidismo del PSOE, hasta límites que han llevado al soberanismo a plantearse la posibilidad, que en un tiempo fue real, de convocar y ganar un referéndum por la independencia, más, si, para Artur Mas y los suyos, ese referéndum y el camino hacia él, el "procés", se habían convertido en la única salida a su poso de corrupción y la única manera de mantenerse en el gobierno para controlar la revisión de cuentas que un cambio de gobierno comportaría.
Así como los catalanes, los ciudadanos de Turquía, el más secularizado de los países islámicos, han sufrido el desprecio de Bruselas ante sus más que legítimas aspiraciones de ingresar en la demasiado mirificada Unión Europea, por el temor a que su enorme población desequilibrase el estatus quo en los órganos de poder comunitarios, algo que, paradójicamente, se produjo con la incorporación de los países del Este, salpicando en ocasiones del más puro fascismo el Parlamento Europeo y escorando hacia el egoísmo más perverso el comportamiento de las instituciones comunitarias ante tragedias cono la de los refugiados.
En resumen, siempre habrá, en todas partes, dirigentes empeñados en atrincherarse en el poder, en convertir la democracia en un decorado en el que desarrollar lo que, en la práctica, no son más que dictaduras vestidas de una cierta prosperidad económica. Pero, para llevar a cabo, sus propósitos, necesitan del pueblo, de un pueblo dolido y confundido al que en Turquía o en Cataluña, colocar tras su bandera.

viernes, 7 de abril de 2017

LA CRUZ Y LA ESPADA


De siempre, durante la reconquista o en la tan poco edificante conquista de América, los españoles hemos confundido la cruz y la espada. Y es que los vencedores de casi todas nuestras guerras han sometido al contrario a mandobles, pero también a cristazos, Por eso, cada vez que, desde la carretera, camino del túnel de Guadarrama que cruza tan fantástica sierra, cuando miro a la izquierda, y contemplo la belleza herida del valle de Cuelgamuros, que así se llamaba el rebautizado lugar, no puedo dejar de ver la monstruosa cruz de hormigón, monstruosa por su tamaño y por el significado que allí adquiere, como una espada clavada en el corazón y en la memoria de los miles de hombres ¿hay también mujeres? arrancados de la tierra de las cunetas y las fosas comunes en que fueron enterrados después de ser vejados, apaleados y fusilados por defender el gobierno que habían votado.
Solamente una vez he estado en Cuelgamuros, Fue en una de esas excursiones en que, a bordo del utilitario familiar, un SIMCA 1000, de esos que fabricaba Barreiros, se nos sacaba los niños a "tomar el sol" al campo o la sierra, cerca de Madrid. Recuerdo de esa excursión el contraste entre la belleza del paraje y el calor de la tarde de primavera con el frío y lo macabro de aquellas criptas junto a las que pasábamos camino del altar junto al que estaba, entonces solitaria y triunfante, la tumba del fundador de la Falange, el fascista José Antonio Primo de Rivera.
Recuerdo que, sin entender muy bien qué era aquello ni su significado, no me gustó la excursión, ni siquiera la contemplación de las mastodónticas esculturas de Juan de Ávalos, a las que el tiempo está desmenuzando, pedazo a pedazo, como quisiéramos muchos romperlas con nuestras manos, por todo lo que allí significan y por todos los que tanto sufrieron, algunos hasta la muerte, prisioneros de una guerra que habían perdido, trabajando como esclavos para levantar lo que, por más que se empeñen monjes y seglares, no es más que un descomunal monumento a la humillación del vencido,
La basílica de Cuelgamuros, con su cruz y su abadía es un mausoleo a mayor gloria del dictador. El mausoleo que hubiesen deseado levantar Hitler o Mussolini, de haber muerto en la cama como murió "nuestro" Franco. Esa basílica, con sus criptas, no puedo verla más que como una de esas increíbles sepulturas de algunos emperadores chinos, en las que se encerraba a sus concubinas y sirvientes, con todas sus riquezas, para que le sirvieran en el más allá. Lo que ocurre es que, aquí, el dictador quiso rodearse de sus enemigos muertos, quizá para seguir castigándoles, y que las riquezas amasadas a costa de los vencidos y los silenciados, se las quedaron los vivos de su familia.
Todo esto, los recuerdos infantiles, la aversión a ese lugar y a quienes la convirtieron en lo que es, me han venido a la memoria desde que ayer supe que la Audiencia Provincial de Madrid, ha admitido esa histérica demanda contra Dani Mateo y el Gran Wyoming, por un presunto delito de "ofensa de los sentimientos religiosos" cometido al calificar de mierda el "monumento" levantado en Cuelgamuros.
También me ha llevado a preguntarme por qué sólo se defienden los sentimientos de los vencedores y nunca los de los vencidos o los que no queremos estar junto a quienes nos imponen los suyos. y, más aun, recuerdo ese cartel colgado, creo en un bar de Pamplona o Bilbao, no lo recuerdo, que rezaba "prohibido blasfemar sin motivo"
En el caso de Dani y Wyoming, creo que había motivo, porque a mí, amén de las cuestiones estéticas, el significado de la herida causada en la sierra de Madrid y en la memoria de los vencidos me lleva a ver la cruz de hormigón, una cruz es, antes que un símbolo, una figura geométrica, como una espada clavada en la roca, y en la dignidad y la memoria de todos, para recordar a los vivos lo que les pasó a los muertos.

jueves, 6 de abril de 2017

PESADILLA FERNÁNDEZ DÍAZ


Aunque hoy pueda parecernos un mal sueño, una pesadilla, lo de Fernández Díaz, sus cuatro años al frente del Ministerio del Interior, que para él fue el "del porrazo y tentetieso", fueron muy reales y muy dolorosos y la prueba es que esos cuatro años en lo que actuó de parte, a favor, no sólo de su partido, sino de la secta a la que pertenece, aún tienen consecuencias en nuestras vidas todos los días.
Ayer pudimos verle a punto de perder su santa paciencia durante su comparecencia en la comisión de investigación sobre  la presunta existencia de una policía política que trabajaba exclusivamente a sus órdenes, al margen de cualquier control policial, con el único fin de hurgar en los armarios y en las basuras de los adversarios de su partido a la búsqueda de "material", ya fuera real o inventado, con el que elaborar munición que alimentaba la artillería mediática, dispuesta siempre a disparar contra los enemigos de la "patria", su patria, y de los intereses que la trufan.
Se le preguntó por todo aquello que supimos gracias a las rencillas de determinados comisarios, de gran imaginación algunos, que afloraron esa vergonzante grabación, digna de figurar en esa "Historia Universal de la Infamia" nacida de la imaginación y la maestría de Borges, aunque tan real y sucia como podáis imaginar. Se le preguntó por ello y se contradijo, y trató de salir del atolladero, como su compinche en la fechoría, el entonces responsable de la Oficina Anticorrupción de Cataluña, por la tan manida vía de la indignación, también santa, a la que se acogen aquellos que no están dispuestos a tolerar que alguien juzgue sus actos. Nadie, claro está, salvo ese dios particular y justiciero con los demás, que a ellos todo les perdona.
Lo de ayer, vuelvo a insistir, fue como una pesadilla. Los que ya no vamos por el Congreso podemos llegar a creer que se lo ha tragad la Historia, o la tierra misma, pero no. Ahí sigue cobrando su sueldo de diputado, convenientemente "dopado" con la presidencia de una comisión, la única que su partido pudo darle, porque no precisaba del apoyo de ningún otro grupo. Ahí sigue con poco trabajo y un buen sueldo, como corresponde a quien ha prestado importantes servicios al partido para el que fue eficiente ministro de la represión en tiempos en los que la calle gritaba todos los días contra recortes y desahucios.
Porque, sí, Fernández Díaz fue el ministro  que mandaba policía a los desahucios, el que mutaba o mandaba ante el juez a quienes se manifestaban o participaban en escraches, el que removía una y otra vez el dolor de las víctimas del terrorismo, para mantener encendido el rescoldo de un fuego al calor del que tanto rédito político han sacado, el que condecoraba, no una, ni dos, ni tres, sino muchas veces figuras de palo y escayola, olvidándose de las necesidades de los servidores de carne y hueso del estado, el que persiguió titiriteros y blogueros, el que parió una ley, la Ley Mordaza, que hizo buena a lo que quedó vigente de la Ley Corcuera, el que dio el visto bueno a la subvención que ayuda a pagar la gasolina y las pegatinas del autobús naranja del odio y la ignominia.
Todo un personaje, en fin, para olvidar. Un ministro sectario, al servicio exclusivo de su partido y de su trasnochada idea de la moral pública y privada, pero un ministro, no lo olvidemos, al que Rajoy mantuvo cinco años en el cargo. Y, si lo hizo, sin duda fue porque servía milimétricamente a sus intereses. Una pesadilla al servicio de otra pesadilla.

miércoles, 5 de abril de 2017

LOS "PATA NEGRA"


Miguel Ángel Heredia, secretario general del PSOE en Málaga y número dos del grupo socialista es un claro ejemplo de cómo se progresa en política en este país y, por desgracia, del autismo y la endogamia que aquejan a los partidos políticos, todos, en España. Heredia, del que ayer pudimos escuchar todo un ramillete de "flores", repartidas a diestro y siniestro hace cinco meses en una reunión con miembros de las juventudes de su partido, es la prueba evidente de cómo, al final, lo que importe no es el ideario, el programa o las necesidades y aspiraciones de los votantes a quienes dicen representar sino el apuntalamiento de la rígida estructura del partido las posibilidades de medrar, de "hacer carrera", que éste les ofrezca.
Miguel Ángel Heredia, procedente de las Juventudes Socialistas que llegó a dirigir en Málaga, fue elegido diputado al Congreso a los treinta años, en 1996, y, desde entonces mantuvo un discreto papel, hasta que Susana Sánchez le impuso como sustituto de Eduardo Madina en la Secretaría del Grupo Parlamentario Socialista, al que entonces creían mero "testaferro" de la presidenta andaluza en Ferraz, Pedro Sánchez.
Es decir, Heredia es un "pata negra" del partido, criado en las dehesas de las juventudes socialistas, bien alimentado, ocupando esos cargos públicos que, en tiempo de bonanza, se repartían a manos llenas en los dos partidos mayoritarios y fiel, muy fiel, a quien fuera su compañera en las Juventudes del PSOE de Andalucía, Susana Díaz, de quien, dicen, se ha convertido en "los ojos y los oídos" en Madrid.
Lo que no sabemos, ni probablemente sabremos nunca, es si Susana Díaz también habla por su boca. De momento, la aspirante a la secretaría general del PSOE, ya ha desautorizado a Miguel Ángel Heredia por decir en público, sin saber que estaba siendo grabado y ante los jóvenes socialistas, que aquella noche, por la del "golpe de estado en la ejecutiva socialista, "hicimos lo que hicimos", porque el acuerdo de gobierno entre Pedro Sánchez, Podemos y "los independentistas" ya estaba firmado. Algo que, visto en la distancia y desapasionadamente sería de una gravedad extrema, porque, de ser cierto que existía tal acuerdo, lo que hicieron equivaldría a despreciar el mandato recibido por Pedro Sánchez en las urnas para tratar de formar gobierno y no sería otra cosa que anteponer los intereses de una parte del partido, la que estaba dispuesta a dar vía libre al PP, como hicieron, a los deseos de los millares de militantes y los intereses de los millones de electores que les dieron su voto. Unas explicaciones más que vergonzantes, dadas a media voz, a los alevines del partido, mitad como tales explicaciones, mitad como avisos para navegantes, que ni siquiera se ajustan a la verdad, en la que se inventa una llamada del secretario general de CCOO, Fernández Toxo que nunca se produjo, para justificar "la noche de cuchillos largos" en Ferraz.
Pero Heredia, obediente servidor de los intereses de quien le ha colocado donde está, Susana Díaz, llamo “hijaputa” a la independiente Margarita Robles, de la que despotrico, como de la ex comandante Zaida Cantera, ala s que acusó de estar "endiablando" el grupo parlamentario, lo mismo que al PSC al que propuso disolver por lo poco que pinta Ferraz en sus decisiones. En fin, toda una demostración de quien está contento y orgulloso de ser un funcionario del partido en busca de ascenso, un pata negra de las Juventudes Socialistas que no ha conocido más mundo que el PSOE, dispuesto siempre a mentir y a intrigar por ese mundo que pretende suyo y de nadie más.
Un pata negra, sí, pero no olvidemos, lo sé por un amigo, que también los jamones pata negra encierran enterradas en sus pezuñas alguna que otra larva asquerosa.

martes, 4 de abril de 2017

MURCIA A TOPE


No os engañéis pensando que Mariano Rajoy. el "director general" de esa empresa incumplidora, evasora y tramposa que conocemos como Partido Popular, pone cara de asco en esa foto de un mitin de campaña, en la que se ve obligado a abrazar a su "delegado de ventas" en la región de Murcia. No me cabe duda de que eso que parece asco no es más que una de esas imágenes tramposas que quedan en las veloces cámaras de los profesionales al descomponer cualquier gesto inadvertido en una ráfaga de fugaces gestos, normalmente inapreciables.
No puede ser asco, quizá es sólo desprecio, porque el abrazado, Pedro Antonio Sánchez, al que Eloy Velasco, el juez de la Audiencia Nacional que instruye el sumario de la Operación Púnica, señaló ayer como autor de unos cuantos delitos ligados con la corrupción, para que el Tribunal Superior de Justicia de Murcia, ante el que está aforado, le acuse formalmente, ese abrazado es el que se hizo con el timón y el turbo corrupto del partido, para llevar a un PP renqueante a la victoria en las elecciones, que, como dicen sin rubor los políticos, debe ser la principal, si no la única, misión de los partidos.
Si a Esperanza Aguirre le crecen las ranas en el estanque del PP madrileño, a Mariano Rajoy le crecen sapos., sapos díscolos que, cuando se ven sorprendidos chapoteando en su charca se resisten a dejarla y amenazan con croar sus trampas a los cuatro vientos o con escupir su veneno a diestro y siniestro, caiga quien caiga.
Es lo malo de juntarse con esta fauna, con esta tropa, antes o después se van a ver entre la espada y la pared y está claro, no hay más que oírles hablar, que no van a tomar en solitario la palma del martirio y que todas y cada una de las defensas emprendidas por Rajoy y los suyos no son sinceras, sino que, más bien al contrario, lo que buscan es convertir a cada uno de los "pillados", esos que tanta gloria y tanta "pasta" han traído al partido, en escudos humanos tras los que esconder sus vergüenzas.
Rajoy no parece darse cuenta de que las cosas han cambiado. No quiere entender que el electorado ya no es capaz de aguantar la náusea como hasta ahora. El presidente del PP ha confiado siempre en que la manipulación de os datos y el camuflaje de las cifras del paro con ese subempleo o esa balanza de pagos maquillada de recuperación a base de factores externos, como el precio del petróleo a la baja o la inestabilidad de la costa norteafricana o Turquía, rivales en el mercado turístico. De lo que no se da cuenta es de que esa aparente prosperidad no tiene consecuencias en la población, especialmente en la más joven y de que, eso, acaba por pasar factura en las urnas.
Por eso, aquel "Murcia a tope" resuena en los oídos decentes como aquella cuenta obscena de los fajos de billetes recaudados entre Alfonso Rus y el hoy arrepentido yonqui del dinero, porque no es lo mismo imaginar que todo es una estrategia diseñada por las cabezas bien pensantes del partido que tener la evidencia de quienes son y cómo se expresan los extorsionadores y saqueadores que son en realidad.
Parece que, entre hoy y mañana, Pedro Antonio Sánchez dejará el cargo al que se ha aferrado con uñas y dientes. Pero, si lo hace, no será por vergüenza ni, menos, por arrepentimiento Si se va, lo hará para que no le echen en la moción de censura a la que se enfrentaría a partir de mañana. Es lo que tiene confundir dignidad y soberbia. Eso y no medir adecuadamente las fuerzas, porque estoy seguro de que Sánchez confiaba en manejar a los jueces y fiscales a su antojo y, por más razones que el ministro Catalá le hubiese dado para pensarlo, estaba equivocado.

 Rajoy debería haberse conmovido con la carta con que acompaño su petición de baja en el partido Alberto Garre, fundador del PP en Murcia. Pero no lo hizo. Seguramente, porque Alberto Garre es un perdedor, decente, pero perdedor y lo que el PP necesitaba para embaucar una vez más a su electorado no era decencia sino gente son escrúpulos, capaz de gritar con entusiasmo ese sonrojarte ¡Murcia a tope!


lunes, 3 de abril de 2017

Y AHORA, LA VIVIENDA


El día en que nos dejamos engatusar con eso de que el libre mercado, la desregulación, favorecía la competencia y que sería ese mismo libre mercado el que acabaría por auto regularse para beneficio de los consumidores, el día en que nos convencieron de que daba igual el color del gato no importa, si, al final, caza ratones, ese día comenzamos a resbalar por la pendiente que lleva a la miseria moral y económica de todo un pueblo.
No hay más que ver dónde están hoy, cómo viven, quienes nos contaron lo del gato blanco y el gato negro, quienes nos decían que la rigidez la gestión pública y controlada de lo que al fin y al cabo es de todos acabaría asfixiando, cargándose, nuestro progreso y bienestar, y dónde estamos nosotros con nuestros sueños.
Ellos, los que nos engañaron, están disfrutando del botón, propio o de sus amigos, en largas jornadas de pesca en el mar, viendo pasar las horas en mansiones que son ajenas, pero siempre son de algún amigo agradecido y codeándose con quienes lo tienen casi todo de todos,  los que acaparan la riqueza de países enteros, esa riqueza que proviene de la explotación y la desigualdad y que debería volver a su origen redistribuida mediante los impuestos, aplicando esa consigna ya olvidada de que pague más quien más tiene.
Siguiendo un diabólico plan, haciéndonos creer que éramos ricos, nos tomaron como rehenes en una carrera suicida por bien quien bajaba más los impuestos. Un plan en el que necesitaban nuestros votos para disfrazar de democracia lo que no es más que el golpe de estado silencioso de quienes pretenden imponer la crueldad de las leyes del mercado, sus leyes, a quienes, para defenderse, sólo disponen de su trabajo.
Nos quitaron la dignidad de ese trabajo, obligándonos a hacerlo en condiciones miserables por unos salarios que han pasado a ser de hambre, nos quitaron nuestros ahorros para jugárselo en la bolas o en la ruleta rusa de la especulación inmobiliaria y, a muchos, les quitaron sus casas, pagadas a precios delirantes, precios inflados mediante los créditos con que se pagaban los sueldos y los retiros de oro de los colaboradores necesarios del plan y, ahora que comprar una vivienda es, para casi todos, un sueño inalcanzable, nos expulsan de ese paraíso de segunda que ha sido para muchos poder vivir en la casa en que nacieron o en el barrio en que quieren vivir por un alquiler razonable. Necesitan esos piaos en barrios amables y encantadores, para convertirlos en apartamentos de fin de semana, más baratos que un hotel, menos estrictos en las normas que un hotel, que se llenan de jóvenes ansiosos de disfrutar de nuestra fiesta legendaria y nuestras copas baratas, convirtiendo sus calles en caravanas de ruidosas maletas con ruedas, después de haber llenado los bolsillos de quienes, después de dejarnos sin nada, nos están quitando nuestros barrios que sólo quieren como paisaje y reclamo para su cruel negocio.
Poca gente puede acceder a los alquileres de eses apartamentos que, en cuatro fines de semana de ocupación, triplican o más el alquiler que pueda pagar una familia, por seo esos barrios se quedan sin niños y sin ancianos, para vivir de lunes a jueves la resaca de una fiesta que nos está costando nuestra identidad y la misma felicidad.
Algo habrá que hacer para poner coto a este desfalco que se está gestando en lugareses como Ibiza, Madrid, Barcelona, San Sebastián, Málaga y tantas y tantas ciudadaes que esperan la interminable cola de turistas de fin de semana. acarreando mochilas y malestas, que llegan desde cualquier punto de Europa, a costa de sembrar nuestros cielos con inútiles toneladas de CO2 , dispuestos a beber, practicar sexo y gamberrear.en la ruidosa "fiesta" que buscan lejos de sus silenciosos y civilizados países.
Nos han quitado los ahorros, el trabajo, y ahora quienes quitarnos nuestras casas, para, gracias a gobiernos marrulleros y consentidores, llevar sus beneficios a paraísos fiscales desde los que retroalimentar los fondos que seguirán comprando edificios enteros hasta convertir mi ciudad, tu ciudad en un decorado sin alma, casi de cartón piedra, para la fiesta.

jueves, 30 de marzo de 2017

HISTERIA LEGAL


¿Qué está pasando aquí? ¿Es que nos estamos volviendo locos? ¿Pueden unos chistes de mal gusto, "más viejos que el canalillo", que diría un castizo, de los que todos conocemos y hemos contado más de media docena, costar el futuro de una joven, condenándola a un año de prisión que no cumplirá si tiene la prudencia y la suerte no comete un error, por ejemplo, al volante o tiene la desgracia de ser detenida en una manifestación, quizá por estar en el lugar equivocado o ser la que menos corre de todos los manifestantes? ¿Pueden, con la pena añadida de siete años de inhabiitación para cargo público, privarla, al tener ya antecedentes penales, de la beca que le permite estudiar y echar abajo sus aspiraciones de dedicarse a enseñar la Historia que hoy estudia y de la que, muy a su pesar, ya forma parte? ¿Nos estamos volviendo locos o es que ya lo estamos?
Hagamos un poco de Historia. La Audiencia Naciona se constituyó como un tribunal que fue creado "ad hoc", para sustituir. entre otros, al siniestro Tribunal de Orden Público del franquismo, por el que pasaron sindicalistas, estudiantes y opositores al régimen que, con los años y recuperada libertad que debiera habernos dado la democracia, redactaron y aprobaron la Constitución que nos permitió caminar hacia adelante, pero que ya se nos ha quedado vieja, un tribunal, la Audiencia, que se ocupa y se ha ocupado, fundamentalmente, de los delitos de terrorismo, aunque también y más últimamente, de delitos económicos, narcotráfico y, en general, todos aquellos cometidos en todo el territorio nacional o el extranjero.
No es de extrañar, por tanto, que, después de tantos años de juzgar a terroristas, especialmente a etarras, perduren en él algunos tics y una cierta deformación que lleva a contemplarlo todo bajo el prisma del terrorismo y el dolor que éste causó durante tantos años en España. Afortunadamente, esos años parecen haber pasado ya y nuestros problemas son hoy otros.
Sin embargo, lo queramos o no, nuestra vida y nuestras leyes están aún ensombrecidas por el pasado y, más aún, las leyes especiales redactadas al abrigo de los diferentes pactos antiterroristas tienen un cierto toque de histeria, justificado quizá en su momento, que hoy nos perecería casi ridículo y que, pese a que no lo tengamos presente, sigue presente en nuestra vigente legislación y que, de vez en cuando, como ahora, o como en el triste asunto de los titiriteros, nos devuelven la sensación de vivir bajo la amenaza del TOP y las leyes franquistas.
Lo peor de todo es que esta ley, con la que se ha condenado a Cassndra y que permitió mandar a los titiriteros a prisión, fue aprobada con los votos de prácticamente todo el parlamento de la anterior legislatura, incluidos los del grupo socialista, en uno de esos movimientos convulsivos y liberticidas en los que parece jugarse a las sillas musicales y en los que nadie quiere quedarse de pie y retratarse, porque creen que serían tildados de antipatriotas, cuando, por el contrario, lo más patriótico sería defender los derechos de la gente, protegiéndolos de los abusos del poder.
Aún así, no sólo son las leyes que permiten monstruosidades como la condena de Cassandra, y quienes las aprobaron, espero que sin pensar en sus consecuencias, los únicos responsables del doloroso desaguisado. También lo son los fiscales que proponen las penas y los jueces que las imponen, porque, por más severa que sea una ley, es su obligación, o así quisiera yo que fuese, moderarlas en su aplicación para no provocar cataclismos como éste. Y es que, si las leyes fuesen tan rígidas en su aplicación, los jueces serían innecesarios y podría juzgarnos, los dioses no lo quieran, una máquina.
Lo peor de todo es que, otra vez, el Supremo o, en su caso, el Constitucional o el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos los que vengan a sacar los colores, si no a poner en ridículo a los autores de la sentencia. Y lo peor sería que la absurda ley que permite condenar a la ruina de su vida a quienes hacen chistes, escriben canciones o mueven guiñoles, permanezca intacta. Nuestros diputados ya están tardando en emprender la reforma de un articulado tan innecesario como cruel. Un articulado que hoy condena a Cassandra, pero que, mañana, puede condenarme a mí por escribir esto i quién sabe si a vosotros por leerlo.
A las víctimas del terroriusmo, sen las que sean, hay que respetarlas, lo que no quiere decir que su opinión pese más que la de cualquiera de nosotros ni, mucho menos, que en su nombre se cometan arbitrariedades. Tenemos que serenarnos todos, empezando por los jueces y los legisladores, bastante hemos sufrido ya tosos. Otra cosa no sería más que histeria judicial.

miércoles, 29 de marzo de 2017

HUIR HACIA ADELANTE


Hoy comienza a andar el proceso de desconexión del Reino Unido de la Unión Europea con la que, dicho sea de paso, nunca estuvo muy comprometido. Ya se sabe que los británicos han sido siempre muy celosos de su identidad y, más aún, de su moneda y que, por algo, el suyo ha sido el último gran imperio de la Historia. Tanto es así, que, desde hace siglos y antes de que se soñase siquiera con volar ni mucho menos con la construcción del costoso Eurotúnel, cuando la niebla se tendía sobre el Canal de la Mancha, haciendo imposible la navegación, los periódicos titulaban con orgullo que era Europa la que quedaba incomunicada con las islas.
Desde que, en 1973, Reino Unido se integró, aunque de aquella manera, en lo entonces era nada más Mercado Común, la actitud de los dirigentes del Reino Unido ha sido fundamentalmente egoísta y en cierto modo obstruccionista. Al Reino Unido nunca le interesó Europa, mucho menos los europeos, más que como mercado para su industria y sus finanzas. Por eso, cada paso dado hacia la integración, lo han dado a regañadientes.
Aun así y como el roce hace el cariño, los británicos se acostumbraron a nuestra presencia en las islas, especialmente en la cosmopolita Londres, y nosotros nos acostumbramos a que en nuestras costas floreciesen colonias británicas, no tan ricas ni tan pobres como dicen las malas lengua, al calor de nuestro sol y nuestra sanidad, que, mal que bien, trajeron trabajo y una cierta prosperidad a los inviernos del Mediterráneo español.
Y en eso, llegaron la ampliación de la Unión Europea hacia el Este, tan deseada por Alemania, y, sobre todo, la crisis, que todo lo trastocaron, dejando a la clase obrera británica, sin minas, sin trabajo en la industria, cada vez más pobre y marginada, en paro, pendiente de los subsidios y, una vez más, sin esperanzas, mientras que la inmigración procedente de la Commonwealth y de los países del sur y el este de Europa, aceptaban trabajos rechazados por ellos.
En ese caldo de cultivo, el miedo, cuando no odio, al extranjero fue creciendo, abonado además por la inmoral xenofobia de la simpar prensa amarilla británica, y, a su sombra, fueron creciendo, cómo no, los partidos ultranacionalistas, por no decir directamente fascistas, que hicieron removerse en su  cómoda siesta a una derecha apoltronada y más pendiente, como aquí, de su destino al otro lado de las puertas giratorias que del sufrimiento de quienes tiene que vivir en los barrios que el final del sueño convirtió en sucios y abandonados,
Por eso Cameron, el responsable de la infamia, se apuntó a la aventura del referéndum para desviar la atención de su responsabilidad en la crisis, echando a los perros rabiosos el hueso de un referéndum con el que entretenerles, dejando sin suelo a quienes querían salir de Europa y, más que nada, cerrar las fronteras a tanto extranjero "caza empleos". Sin embargo, al inquilino del 10 de Downing Street, mal informado y poco acostumbrado a pisar el país, un país en el que en los años treinta, como en el resto de Europa, floreció el nazismo, se vio atrapado en su propia trampa, dejando al país, que se pronunció con contundencia suficiente, en la puerta de salida y sin paracaídas. Y, por si fuera poco, los escoceses quieren, ahora que las reglas del juego han cambiado, que se les pregunte otra vez si quieren seguir formando parte del Reino Unido.
Por eso estamos aquí hoy, a punto de comenzar a desmontar los puentes sobre el Canal de la Mancha, con el destino de las decenas de miles de españoles que habían decidido buscar su refugio vital en el Reino Unido y las decenas de miles de británicos que quieren vivir sus últimos años en España frente al cañón del revólver con el que un primer ministro irresponsable decidió jugar a la ruleta rusa.
Lo de Cameron fue una huida hacia adelante irresponsable que ha dejado a Europa donde, probablemente, ni el mismo quería, del mismo modo que la conversión de Artur Mas y su corrupta CiU al independentismo no es más que otra huida hacia adelante para salir del pozo ciego en el que se metió con su partido, el del tres por ciento. 

martes, 28 de marzo de 2017

DUDAS RAZONABLES


No soy seguidor, ni siquiera ocasional, de "El Objetivo" ese programa que emite La Sexta a mayor gloria de la periodista Ana Pastor, pareja del director de la cadena, Antonio García Ferreras. Y si no lo veo es porque no soporto a los periodistas que pretenden ser protagonistas de la noticia y, menos aún, a quienes creen saber las respuestas a todas las preguntas y callan y acorralan a todo aquel que tenga la osadía de contradecir la realidad que, desde su micrófono convertido en púlpito, ellos tratan de imponer.
No sigo su programa, porque me siento incómodo ante ese acorralamiento innecesario, nunca lo veo porque no creo que hacer información sea librar un combate a muerte con quienes de antemano se ha etiquetado de antemano como "malos", para luego posar junto a sus cabezas cortadas en una bandeja, como si de una bella t caprichosa Salomé de tratase. No sigo "El Objetivo", apenas lo veo y si lo hago es siempre por accidente, porque creo que la información es algo más que espectáculo, algo más que una película de buenos y malos, en la que tendríamos que aplaudir siempre al séptimo de caballería, aunque su carga acabase arrasando el campamento indio, repleto de niños y ancianos.
Pues bien, el pasado domingo Ana Pastor, Pastor, como, sin ninguna naturalidad, dice su compañero Ferreras, se ocupó de la reforma de una vivienda propiedad de la Dirección General de la Guardia Civil, para su presunto uso por el actual director general de Tráfico, ajeno al cuerpo, un uso irregular que denunciaba una asociación "sindical" de guardias civiles. No vi, como digo, el programa, peo si tuve eco de ella, eco hasta la saciedad, a la mañana siguiente en el programa "Al rojo vivo" que dirige y presenta Ferreras. Y si digo "hasta la saciedad" es porque pareciera que no había ocurrido otra cosa en España y que no hubiese otra información en el día capaz de eclipsar la "exclusiva" de Ana Pastor,
En la película que nos contaron, el malo malísimo era el director general de Tráfico y mano derecha del ministro Zoido en el ayuntamiento de Sevilla, Gregorio Serrano, que estaría viviendo por la cara en un pabellón de la Guardia Civil al que no tendría derecho. Algo que en el peor de los casos no sería exactamente así, pero que ya ha quedado fijado así para siempre en la nada exigente memoria de la gente.
Al parecer, la Dirección General de la Guardia Civil reclamaba el uso de una construcción anexa a la Agrupación de Tráfico, en la que se encuentra actualmente la vivienda asignada al director general y, para ello, se propuso su permuta por otra de titularidad de la Guardia Civil, una permuta que no llegó a realizarse, porque finalmente se desaconsejó, aunque ya se habían iniciado obras de reforma en el pabellón designado y el director de Tráfico llevaba semanas viviendo en hoteles. Un embrollo sobre el que hubo silencio o casi silencio oficial, lo que dio lugar a todo tipo de especulaciones, reforzadas por todo lo opinado a lo largo del día, especialmente en La Sexta, sobre la "exclusiva" de Ana Pastor, seguimiento en antena, oportunamente adornado con la presencia de la compañera del jefe, algo muy propio de la vehemencia informativa y de los modos de Ferreras, con el que trabaje durante años.
Para más inri, a la hora en que habitualmente comienza "El Intermedio" o "el Wyoming", como dice Susana Díaz y queriendo ver, precisamente, el tratamiento que daban Monzón y sus guionistas al advenimiento de la presidenta andaluza en carne mortal de candidata, me encontré con una absurda conexión en directo con la DGT, para una rueda de prensa del director Serrano, en la que, supongo, Ferreras esperaba el anuncio de su dimisión, una larga y absurda espera, un "estiramiento" artificial y molesto del informativo de noche, con pausas insostenibles, en el que, finalmente, tal anuncio no se produjo, sino, más bien al contrario, pudieron escucharse explicaciones más o menos verosímiles de lo que había dado lugar al embrollo.
Quizá por eso, después de tan larga y frustrante espera, cuando las explicaciones de Gregorio Serrano comenzaban a ser coherentes, la retransmisión se interrumpió, para dar paso a un sarcástico Wyoming, más que mosqueado por la espera. Por eso y por el escaso eco que la "exclusiva" de Ana Pastor ha tenido en la prensa de hoy, me permito abrigar dudas razonables sobre esta información que, a mi modo de ver, fue a la antena "cogida con alfileres" y sin haber comprobado todos y cada uno de sus términos. Del mismo modo, tampoco descarto que a más de uno de entre vosotros esto que he escrito os genere también dudas razonables, pero, os lo aseguro, anoche, el director general de Tráfico y sus razones me parecieron creíbles.

lunes, 27 de marzo de 2017

ZURCIR EL APARATO


Ya está, la mujer poseída por Felipe González, como la niña de "El exorcista" estaba poseída por el diablo, la que presta su voz y su gesto al PSOE repudiado por los votantes en la últimas elecciones, la que confunde mal genio y autoritarismo con poder de convicción y autoridad, la que pregona a voces  su pescado nada fresco teñido con la anilina del pasado, la que regaña a propios y extraños cuando habla, la que suena con una música monótona de crescendos que no llevan a ninguna parte, la que confunde, qué equivocación, Andalucía con España y España con Andalucía, ella, la única, la ensoberbecida presidenta andaluza, anunció ayer que ya tiene, o cree que tiene, agua en la piscina a la que, desde hace tiempo, había decidido lanzarse.
No podemos olvidar, al menos yo no puedo hacerlo, que Susana Díaz fue el instrumento del que se han servido los grandes intereses económicos, esos que tienen abducido al gobierno, a los gobiernos de España y Europa, para dinamitar cualquier posibilidad de que el mal llamado populismo llegase a los cajones del poder, esos cajones en los que se guardan todas las trampas del pasado, incluidas las de quienes ayer se sentaron en torno a ella en esa ceremonia de advenimiento en carne mortal, en la que nos dijo lo que ya sabíamos todos: que se muere por el poder y, cuanto más, mejor.
La imagen que ilustra esta entrada Están todos. Algunos pensarán que Susana Díaz quiso rodearse del pasado que fue glorioso del PSOE, pero que ya no lo es, pero, por desgracia, ese pasado glorioso lo enterraron los mismos protagonistas que lo gestaron. Felipe González que, con su desidia y sus aires de grandeza, se dejó enredar por la superestructura especuladora, mientras arrastraba los pies que habían embarrado en los oscuros senderos de los GAL. Estaba Alfonso Guerra, martillo de hereje y asceta de la política que se tuvo que ir porque en su charca también crecieron ranas conseguidoras y porque la camaradería que le unió a Felipe González, la de los tiempos de la tortilla había dejado de existir. Estaba también José Luis Rodríguez Zapatero, una especie de Pedro Sánchez, para quien los astros y los siniestros intereses de lo más oscuro de la trama especuladora del PSOE se conjuraron en aquel congreso de la sorpresa, en el que nos salvó de una Guatepeor llamada José Bono, que llegó a La Moncloa por la miseria moral de un personajillo llamado Aznar y que tuvo que dejar el poder por habernos entregado atados de pies y manos al dios que habita en Bruselas, no sin antes encadenarnos a la hipoteca que fue la reforma del artículo 135 de la Constitución, el que protegía nuestro bienestar de la deuda. Y está también, por fin, Alfonso Pérez Rubalcaba, el incombustible, el gran enredador, el encantador de periodistas, que, después de cosechar los peores resultados electorales para el PSOE sin la competencia de Podemos, hizo la peor oposición de toda la historia, callando miserablemente ante los crueles recortes de Rajoy.
Ese es el pasado nada glorioso del que se quiso rodear ayer Susana Díaz, porque el pasado lo marca el último recuerdo que nos queda de él y, la verdad, los recuerdos que nos quedan, que me quedan, de esos cuatro personajes son tan sombríos como los que os acabo de describir. Ese es el pasado en el que se apoya Susana Díaz, un pasado que es el suyo, porque apenas ha vivido fuera del partido y porque decidió hace mucho que su futuro estaba también en el PSOE, Un futuro que, otra vez, nos ha descrito con un enigma que es casi una perogrullada, ese "vamos a gobernar desde la victoria", pues claro, no va a ser desde la derrota ¿o es que está marcando ya su veto a ese Podemos que tanto le ocupa y le preocupa en Andalucía, el veto, quizá recíproco, que nos trajo otros cuatro años y quién sabe si más de un Rajoy cada vez más denostado, paro cada vez más firme electoralmente.
Susana Díaz dijo, después de reventar el PSOE con aquel "asesinato" en el Comité Federal, que había que coser el partido entre todos, pero, por lo visto y escuchado ayer, lo suyo es zurcir el aparato. Zurcir,, que no es otra cosa que reconstruir falsamente los tejidos ya desgastados por el uso y abuso del poder y por la polilla del tiempo, por el que se les ve al culo al partido y a sus viejos dirigentes.

viernes, 24 de marzo de 2017

NOMBRES


Hace unos días escuché a Pablo Casado, ese joven valor del PP forrado de títulos académicos de rimbombantes nombres en inglés, criado a los pechos de Aznar, del que fue jefe de gabinete con sólo veintiocho años, decir que hay quienes, se refería a Podemos y el PSOE, para ser felices, tienen que cambiar el nombre de las calles, pero que ellos, el PP, sólo quieren ser felices. Olvida y, lo que es peor, desprecia el hecho de que hay en España demasiada gente que, para poder ser felices, necesitan que desaparezcan de las calles y plazas los nombres de quienes acabaron con la vida de muchos de los suyos y, de paso, con la felicidad y la esperanza de los derrotados, gentes obligadas a pasar todos los días por delante de estatuas y placas que les traían malos recuerdos de años y años de dolor y miseria.,
Las palabras de este petimetre pretendían dar respuesta a la decisión del Ayuntamiento de Madrid por la que, en cumplimiento de la decisión aprobada por la mayoría de los vecinos en consulta pública y abierta de devolver el nombre original de Parque Forestal de Valdebebas al parque apresuradamente bautizado como Parque Felipe VI, por una Ana Botella en fuga tras su más que desastrosa gestión del ayuntamiento madrileño. Una decisión que parece ser, para el PP, motivo de existencia hasta que, de aquí a dos años, se celebren nuevas elecciones a las que, por lo anunciado por el escudero de una más que callada Esperanza Aguirre, abrumada por el aliento del juez y la Guardia Civil en su nuca, el PP llevará la restitución del regio nombre como principal promesa. Una polémica, ésta, que el rey podría zanjar renunciando públicamente a que el parque lleve su nombre en contra de la voluntad de los vecinos expresada en las urnas.
La de los nombres, es una polémica demasiado viva en un país de vencedores y vencidos, en el que tras la sangrienta guerra civil se rebautizaron calles y plazas con los nombres de los "mártires" de uno de los bandos, el "generalísimo" o la fecha de aquel pésimo golpe de estado que tardó tres duros años de guerra, centenares de miles de muertos y gran parte de la nación destruida en imponerse. En casi cuarenta años de guerra y dictadura se apearon de las paredes las placas con los nombres de poetas y escritores, alcaldes, diputados y presidentes, virtudes del hombre y su civilización, países alineados en "el otro bando", intelectuales, músicos y todo aquel que no hubiese dejado claro desde el primer momento su adhesión al régimen.
Un espectáculo horrendo, de consecuencias nada éticas ni estéticas, al que nos cuesta poner fin, echar el telón, porque hay quien no está dispuesto a devolver las cosas a su ser, en cumplimiento de la ley y no hace sino poner palos en las ruedas del sentido común. En uno y otro lado, porque también hay, Madrid es un ejemplo, quien irreflexivamente se ha apresurado a arrancar placas que tenían su razón de ser y que han tenido que ser repuestas, con los consiguientes sonrojo y pérdida de argumentos y de razón para quienes pretenden hacer las cosas serenamente.
Simultáneamente, se ha aprobado una moción para retirar de varios hospitales madrileños el nombre que se les impuso y que no es otro que el de miembros de la familia real, nombre que confunde a quienes tienen que acudir a ellos, porque nadie o casi nadie sabe que él, "Infanta Leonor" está en Vallecas o el "Infanta Cristina" en Parla. Creo que, en el caso del hospital de Parla, que lleva el nombre de quien se lucró con los trapicheos de su marido y que por ello fue condenada al pago de una importante multa, el cambio está más que justificado. Y no sólo eso debería servir de precedente para que, en el futuro, no se dé a lo que es de todos el nombre de personas vivas, más aún, de niños que, cuando crezcan, puedan avergonzarnos como lo ha hecho la hermana del rey.
El consejero del PP ya se ha opuesto al cambio de nombre porque, dice, nos va a costar medio millón de euros. Yo, personalmente, creo que valdría la pena y que bastará con que "los suyos" dejen de meter la mano en la caja, para compensarlo sobradamente.
Por último y sin dejar de lado los nombres, en un precioso barrio de Madrid, cuyas calles se llenan cada día de gentes de toso los colores y todas las lenguas, una fuente, la de Cabestreros, justo al lado de un popular restaurante africano, conserva la placa que acredita que fue construida en tiempos de la república, un poco más abajo, siguiendo la calle Mesón de Paredes, una plaza, la ·de las Escuelas Pías", reducto que fue de los sublevados en julio del 36, acaba de ser bautizada con el nombre de un extremeño de nacimiento, Arturo Barea, madrileño de adopción hasta que, como perdedor, tuvo que emprender el exilio y, desde Londres, dio a conocer a todo el mundo el Madrid más popular. Un poco más allá, un pequeño rincón, apenas una plaza, recibirá muy pronto el nombre de Gloria Fuertes la poeta, poeta de guardia, más querida, sin ellos saberlo, de los madrileños, símbolo de tantas cosas, que nació un poco más allá, en la calle de la espada.
Me dijo una vez mi amigo Fernando Delgado que nada hay más triste que que den tu nombre a una calle y, pasados los años, nadie se acuerde que quién eras. Creo que aún es más triste que tu nombre en una placa traiga sólo malos recuerdos.

jueves, 23 de marzo de 2017

UN COCHE, UN CUCHILLO...


Sin pretender dármelas de nada, me atrevo a deciros que no me sorprendió el loco ataque llevado ayer en Londres por un sólo hombre, armado únicamente con un todo terreno alquilado y un cuchillo. No me sorprendió, como no me sorprenderá el siguiente que se produzca, en Londres o en cualquier otro lugar, mientras no cambie la política de Occidente en el Cercano Oriente y, sobre todo, en todos esos barrios y ciudades de la periferia de sus capitales, convertidos en almacenes de jóvenes sin futuro ni esperanza.
El terrorismo, especialmente este terrorismo a la desesperada, no se combate con más policías y menos libertad. Todo lo contrario. Ese terrorismo del no futuro y la injusticia se combate con más igualdad y más justicia social. Ese terrorismo que ayer se manifestó en el centro de Londres, junto a su parlamento, al pie del Big Ben, brota en cualquier lugar en el que se niegan la identidad y el futuro a los jóvenes. 
Isabel de Baviera, Sissi, emperatriz de Austria, asesinada en Ginebra, mientras paseaba a orillas del lago Leman, apuñalada con un estilete por un joven anarquista italiano. Hoy, Sissi viviría rodeada de escoltas y guardaespaldas, del mismo modo que el estado de Israel vive en continuo estado de sitio, con sus calles patrulladas por jóvenes soldados bien entrenados y equipados, con órdenes de disparar sin dudarlo contra cualquier sospechoso, más si su aspecto es el de uno de esos palestinos a los que se ha confinado tras de un muro, haciendo de su vida una larga espera para entrar o salir del "corral" en el que han sido encerrados por quienes ahora ocupan sus tierras y les impiden trabajar y prosperar con dignidad. 
Sin embargo, ni todos los soldados ni todas las armas del mundo pueden impedir que un hombre o una mujer desesperados conviertan cuchillo de cocina o de las llaves de un coche, una furgoneta o un camión, en el arma de su venganza desesperada contra quienes creen la causa de su desgracia y su humillación. Y, si alcanzar a su particular Sissi, les resulta imposible, bastará con apuñalar a quienes estén esperando a un autobús o atropellar a quienes pasean por cualquier calle.
Lo escribo porque me llamó la atención que ayer, aquejados del ombligo centrismo que por desgracia padecemos los europeos, los telediarios fijasen el inicio de este tipo de ataques en el Paseo de los Ingleses de Niza, cuando el verdadero antecedente, al menos en la historia reciente, está en las calles de Tel Aviv y en cualquier otro lugar en el que, sin acabar con el dolor y la injusticia, el control y la sospecha permanente se conviertan en el pan de cada día de los señalados como indeseables.
No hacen falta muros de cemento ni alambradas para encerrar a los desechados de la sociedad, los hijos de quienes vinieron a Europa a ganarse el pan que no les llegaba en su tierra, todos esos chicos que crecen en los parques y plazas de las ciudades de occidente, que viven solos la práctica totalidad del día, "abandonados" forzosamente por unos padres que trabajan todo el día para pagar el alquiler de esa caja de zapatos alejada del centro de las ciudades que limpian, en las que tienen que vivir. 
Son los mismos que hace unos años arrasaron desesperados la banlieu de París o las calles del mismo Birmingham donde hoy buscan a los "cómplices" del asesino de ayer. Entonces, nadie se fijó en ellos, nadie se ocupó de cumplir las promesas con que se acallaron aquellos incidentes. Todo siguió igual. Quizá aumentaron las patrullas policiales y, con ellas, los abusos y, con ellos, el odio, Y, mientras, las pantallas de sus televisiones se fueron llenados de imágenes de gente armada y eufórica, terroristas para nosotros, que, para ellos, se estaban convirtiendo en vengadores, en el ejemplo a seguir para salir de esa vida desesperada que les ha tocado vivir. Y, en esas, llegó Internet y puso lo demás. 
Y queda poco más que añadir. Salvo que, si el presupuesto que se destina a aumentar el número de policías y su equipamiento, el que se invierte en aviones, bombas y fusiles con los que hurgar en el avispero de Siria, Afganistán e Irak, el que se emplea en servicios de información que no se enteran de nada y, si se enteran, es para complicar más las cosas, si, en resumen, se emplease más en construir paz justicia y bienestar, con colegios, campos de deportes, escuelas y centros sociales y en crear puestos de trabajo que el que se invierte en preparar guerras preventivas y en llevar al basurero social a quienes ya no les sirven, todos, salvo los fabricantes de armas y los partidarios del capitalismo salvaje, viviríamos más felices y los ofuscados por la desesperación no verían en un coche o un cuchillo el instrumento de su venganza.

miércoles, 22 de marzo de 2017

DEROGAR LA LEY RAJOY


Por fin ayer, el Congreso decidió acabar con una ley, la vigente y tenebrosa Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, parece sarcasmo, del no menos tenebroso ministro Fernández Díaz, que pasará a la historia, esperemos que lo antes posible, con el expresivo apodo de Ley Mordaza.
Parece que fue hace siglos cuando Fernández Díaz, el de las devoluciones en caliente, el de la caza a pelotazos de los inmigrantes en la playa del Tarajal en Ceuta, el de las detenciones e identificaciones indiscriminadas en las manifestaciones de las mareas, el de las persecución a los sindicalistas y periodistas, el que pretendió prohibir obtener pruebas y publicarlas de los excesos policiales, el que quiso, en fin, amordazar y atar de pies y manos y amordazar a la ciudadanía, para que su partido campase a sus anchas, desmantelando derechos y libertades en este país que él cree de María y la Banca y no de quienes vivimos y trabajamos en él, el ministro de la policía de parte, esa que fabrica pruebas y dosieres contra su amo. Parece que hace siglos y, sin embargo, fue antes de ayer, como quien dice.
La disparatada ley, más propia de una república bananera que de un país civilizado y democrático, lleva la firma de Jorge Fernández Díaz, pero, no lo olvidemos, tuvo el visto bueno de todo el gobierno Rajoy de entonces en Consejo de Ministros y fue aprobada, en solitario, eso sí, con los votos de todo el Grupo Popular. Por eso no es de extrañar que ese, afortunadamente hoy mermado, Grupo Popular haya defendido con uñas y dientes y no sin extrañeza por las prisas de la oposición en abolirla, la derogación de una ley que cercenaba el derecho de los ciudadanos a manifestar en la calle, en la prensa y en las redes, su disconformidad con las injustas imposiciones del gobierno.
Está claro que aquel gobierno, no muy distinto de este, salvo por su debilidad actual en el Congreso, no quería testigos de sus desmanes. No los quería en la calle y no los quería en sus casas, leyendo el periódico escuchando la radio o sentados delante del televisor o ante las pantallas de su teléfono, tableta u ordenador.
Por eso, esta ley pretendió convertir a los ciudadanos en seres inertes, sin voz ni movilidad, para que no pudiesen medir en la calle, ni reconocer su fuerza frente a los atropellos, y lo hizo a conciencia, mandando contra las mareas a sus gladiadores y a sus infiltrados, atentos a cualquier incidente para desatar su violencia y para detener "sin ton ni son" a  "todo bicho viviente", sin motivos ni pruebas, con el fin de asustar a los indecisos, para que acabasen escondiendo su miedo en sus casas. Y, si los incidentes no llegaban, si las manifestaciones eran pacíficas, como pretendían sus convocantes, los incidentes se fabricaban, como se fabricaban las pruebas, para justificar los desmanes.
La ley de Fernández Díaz que ayer emprendió el camino parlamentario para su derogación o, al menos, la de sus artículos más arbitrarios, anteponía la palabra de las fuerzas de seguridad ala de cualquier ciudadano y negaba, además, la posibilidad de documentar con imágenes los incidentes, a sabiendas de que, en los tribunales, esa palabra no siempre salía bien parada. 
La ley que ayer comenzó a demolerse, es la ley de un tirano que quieren que recordemos con la cara de Fernández Díaz. Pro no, es la ley de un tirado con otro nombre y otros apellidos esa ley es la ley de Mariano Rajoy, la ley tras la que Mariano Rajoy pretendió parapetarse con sus injusticias No lo olvidemos, Fernández Díaz ya no están, pero siguen estando los mismos.

martes, 21 de marzo de 2017

EL FIN DE ETA


Por edad me ha tocado, no a todos los españoles les pasa, haber sido testigo, en la distancia, eso sí, del nacimiento y el fin de ETA. Al principio, he de reconocerlo, durante los últimos coletazos de la dictadura, los de mi adolescencia, ETA tenía un halo de "robinhoodismo", si es que perdonamos el "palabro", porque atacaba a "los malos" y defendía a los buenos y, por qué negarlo, porque sus actos se circunscribían únicamente al País Vasco y, a lo sumo, Navarra. Eran tiempos en los que ETA se nutría de universitarios y, como el PCE, de alguna manera, aglutinaba la resistencia más activa contra el dictador. También, ETA era de izquierdas o, al menos, así la quería ver yo.
Estoy hablando de los tempos del "Proceso de Burgos", de una ETA que renunciaba a causar "daños colaterales", de una ETA, en fin, muy arraigada en el pueblo, que aún tenía la pátina de los aquellos movimientos de liberación nacional de los sesenta, una ETA contemporánea de los primeros años de la revolución cubana, una ETA con mucho de épica, que aún encontraba una cierta justificación para su violencia.
Os hablo, insisto, de años en los que, a Madrid, al resto de España, no le alcanzaban ni los tiros ni las bombas de ETA. Pero el tiempo pasó, Franco murió ensartado de agujas y electrodos en una cama de un hospital madrileño, el mismo que su régimen levantó para conmemorar los veinticinco años de esa paz terrible que siguió a su guerra. El tiempo pasó y llegó aquella democracia imperfecta en la que nos movemos aún, con aquellas primeras elecciones que pusieron a cada uno a trabajar en lo suyo, en las que aquella unanimidad en torno a ETA desapareció, como también desapareció la que había en torno al PCE, dando paso a la moderación y el posibilismo. Y a ETA que, con la amnistía, iba quedándose sola y sin argumentos para justificar la violencia que crecía en ella.
Poco a  poco, de ETA fueron desgajándose las distintas facciones que ya no comulgaban con toda esa violencia del pasado ni, mucho menos, con esa "socialización del dolor" con la que en adelante iba a justificar sus bombas, algunas de las cuales acabaron en terribles masacres, llegaron los tiros en la nuca, las bombas lapa y los más cobardes asesinato, en una escalada de atentados que aún resuenan en nuestros cerebros -Calle del Correo, Hipercor, las casas cuartel de Zaragoza y  Olot, la Plaza de Republica Dominicana, el sádico asesinato de Miguel Ágel Blanco, el de Ernest Lluch, el atentado del Aeropuerto de Barajas- como un palmarés del horror más ciego e inútil. que acabaron por hacer saltar, también, por los aires cualquier apoyo o simpatía que hasta entonces podría recibir, sobre todo del exterior,
Y, con su terror, incluso con el de "baja intensidad" que teorizó y practicó la banda, creció enfrente la eficacia policial y diplomática de los distintos gobiernos que se sucedieron en España, y se trabajó en distintos intentos de negociación, alguno dinamitado por el PP, para buscar una salida, la que por fin parece haber llegado, que pusiese fina a cerca de un millar de muertos y más de seis décadas de dolor.
Alguno de esos intentos me tocó vivirlo de cerca, del mismo modo que la política de dispersión de los presos de la organización y las distintas estrategias de "maceración" de unos militantes que estaban llegando a la edad en que otros se jubilan, en la cárcel y sin haber conocido una vida más allá de la clandestinidad, el exilio y las rejas. Sin embargo y curiosamente, al menos en mi opinión, el hecho que definitivamente acabó con ETA no tuvo que ver con ella ni con la lucha contra ella. Lo que creo que acabó con ETA fue, irónicamente, que durante cuarenta y ocho horas una gran parte de España diese por buena la atribución de la autoría de las matanzas del 11-M en los trenes de Madrid que. miserablemente, hizo el gobierno de Aznar.
ETA había exacerbado tanto su violencia que muchos españoles les creyeron capaces de algo tan ciego y sin sentido, sin siquiera el sentido que cínicamente dieron a más de uno de sus atentados. Verse ante el espejo de tanto horror les retrató en su locura y les dejó sin argumentos. Eso y el cansancio de una "guerra" que estaban perdiendo, les llevaron a callar las armas, primero, y a entregarlas, ahora, dentro de unos días.
Todo ha influido, las consecuencias del terror, el cansancio de quienes se embarcaron en una vida sin salida y sin relevo, el fin de la tortura y el terrorismo de Estado que, desgraciadamente, camparon por sus respetos en este país, el rechazo de gran parte de la población que valientemente llevó "Basta ya" a las calles de Euskadi, la eficacia policial, el fin de los santuarios en Francia y el resto del mundo, el 11-M, pero, sobre todo,, la llave para una salida negociada a la que llevó el convencimiento, primero en el ministerio del Interior -así me lo dijeron ya en los primeros noventa- y después en sectores cada vez más amplios de la población, de que "lo importante no era vengarse de ETA, sino acabar con ella".

Hoy, pese a quien pese, porque, a uno y otro lado hubo a quienes su existencia les convino, el fin de ETA, el que yo esperaba, porque es el único posible, el que nos permita ser más libres, ql que algín día sabremos que fue discretamente acordado, por fin parece haber llegado.

viernes, 17 de marzo de 2017

MAL ACOSTUMBRADOS


Si no se tratase de él y si aquello por lo que tuvo que pasar ayer no fuese consecuencia de su modo de hacer y el de su partido, Mariano Rajoy daría pena. Pero no, a nadie puede dar pena quien lleva cinco años despreciando una y otra vez la democracia y, sobre todo, el diálogo.
La prepotencia del Partido Popular, desoyendo a la calle y a sus representantes, incumpliendo sus propios pactos, "toreando" con caros abogados y sucias estrategias "made in Trillo" a la Justicia, dejando que todo se pudra, que el tiempo que -dicen- manejan como nadie, vaya asentando las cosas y derrotando a los adversarios, es tiempo que acaba por convertir todo en estable a  base de desgaste, a base de erosionarlo, dejándolo estar sí, pero en ruinas, desmoronado, esa manera de ero del "animal que avanza sin moverse" -lo único brillante que ha dicho Felipe González en mucho tiempo- acaba de pasarle factura. a nosotros también, en el Congreso de los Diputados.
Ayer, después de haber dejado en el congelador durante meses el injusto decreto ley de reforma de la estiba, pudriéndose cualquier atisbo de acercamiento entre la Unión Europea y los trabajadores de los puertos, se encontró con que, oh sorpresa, no tuvo mayoría suficiente para convalidarlo, a sólo una semana de que expire el plazo que la Comisión había dado a España para la reforma. Rajoy parece no haberse enterado de que le han quitado la apisonadora, el rodillo con el que laminaba sin piedad las pretensiones de la oposición y sus representados, echando abajo, como muñecos del pim pam pum cualquier atisbo de esa madurez democrática que tanto invocan, aunque sólo sea "de. boquilla".
Ayer, no pudo contar, como es lógico, con el voto favorable de Podemos. Pero tampoco con el del PSOE, con el que ni siquiera se dignó fingir una negociación, quizá porque sabía que su decreto salvajemente en contra de los intereses de los trabajadores no podría ser respaldado por un partido socialista en horas bajas y descabezado. Confiaba en sus aliados naturales de la derecha, nacionalistas de la derecha como PNV, PDC (ex CiU) o canarios, también con el de su marca blanca, Ciudadanos, a quienes una y otra vez ha despreciado, dejándole con "el culo al aire" ante sus votantes, haciéndole caer en las encuestas, por inoperante o demasiado parecido a ellos.
Sólo contó con el PNV, con el que está "cambiando cromos" para aprobar los presupuestos, primero en Euskadi y, enseguida, en el Congreso, el resto, molesto por tanto desaire y sin nada que ganar prefirió dejarle sólo con su decreto, materializando por primera vez, no sólo en la legislatura, sino en muchos años, la fotografía de un gobierno derrotado, sin mayoría ni apoyos para sacar adelante sus decretos.
Rajoy no ha hecho sino cosechar lo que lleva años sembrando con sus desplantes y su estrategia de dejar que todo se pudra. Rajoy y el PP se han quedado en la más terrible soledad, al tiempo que han visto las orejas del lobo del juego de las mayorías y minorías parlamentarias. Por primera vez se han dado cuenta de que, si quieren acabar la legislatura, van a tener que hilar muy fino, pensando en toda esa gente que no les ha dado su voto. Por primera vez en mucho tiempo, parece mentira que no hayan pensado en ello, van a tener que cambiar la soberbia y el desprecio por la humildad y el diálogo.
Sin embargo, les va a ser muy difícil cambiar tanto y tan rápido. Su portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, no es precisamente la encarnación de los buenos modos y el diálogo y, aunque la memoria es lo primero que se pierde en política, tiene mucho dicho y hecho en contra de quienes habrían de ser sus interlocutores. Quizá por eso hay ya quien piensa que Rajoy está por romper la baraja, hacer saltar por los aires la legislatura, y convocar elecciones. Es muy posible que las gane, más por que otros las pierdan que por sus méritos, pero debe tener presente que, para cuando puedan celebrarse, su partido se encuentra inmerso en una dinámica de juicios y sentencias que le estallarán en las manos y, sobre todo, en los telediarios.
Rajoy y su PP están muy mal acostumbrados y no se han dado cuenta de que ahora lo que toca es negociar y ceder o perder.

jueves, 16 de marzo de 2017

REPARTIR EL MARRÓN

No sé si estoy hipersensibilizado en contra de quienes no sólo me meten la mano en el bolsillo, sino que, además, me toman por tonto, pero me ocurre que algunas coas me sublevan y, como en política hace tiempo que dejé de creer en la violencia y, si, como a Leonard Cohen, a veces me entran ganas de romper cristales, me las aguanto y me esfuerzo, aunque me cueste, en confiar en la Justicia. 
El caso es que yo, que cuando me enteré de que Caja Madrid se había jugado y había perdido la mitad de mis ahorros en preferentes le dije al director de mi sucursal que vería a Rato y Blesa en la cárcel, llevo meses, y lo sabéis, escamado más que extrañado porque Esperanza Aguirre, elemento común de los responsables de todas las tramas corruptas organizadas en torno al PP madrileño, no haya sido llamada a declarar ante el juez, ante ninguno de los jueces, para explicar su relación con las mismas y que tampoco ninguno de esos magistrados se haya puesto a investigar el papel de esta señora en la generación de tanta podredumbre.
Más aún me extraña que la existencia y el análisis de la carta dirigida por Francisco Granados a la señora Aguirre, con ·acuse de recibo" al juez encargado de la Púnica y a la prensa, apenas hayan ocupado titulares, eclipsadas por las elecciones holandesa, el decreto de la reforma de la estiba y quién sabe si la más que previsible clasificación del Atlético de Madrid en la Champions League. 
Me extraño porque Francisco Granados señala, de su puño y letra, todo lo que todos desde hace tiempo sospechamos, sin que nadie parezca estar interesado en aclararlo. Granados en un tono falsamente cordial pide a Esperanza Aguirre que niegue la existencia de las tramas corruptas que, según el "ilustre" interno de la cárcel de Estremera no podrán haberse creado sin su autorización o, en el mejor de los casos, sin su conocimiento, porque, le recuerda, nada pasaba en el partido sin que ella estuviese al tanto. Granados da a entender que se siente desamparado y un chivo expiatorio y no hay que ser muy listo para descubrir en sus palabras una clara amenaza de "tirar de la manta" y contar todo lo que sabe de todas esas tramas que durante tanto tiempo han alimentado la maquinaria electoral del PP.
Tengo muy claro que quien está dispuesto a dejarse "dopar" electoralmente, como se ha dejado dopar la ex tantas cosas del PP madrileño, no colca a su alrededor gente honrada y sacrificada aino, más bien, personajes que nadas escasos de escrúpulos y se manejan bien en los bajos fondos de la política y la empresa, capaces de inventarse proyectos, necesarios o no, de los que "rascar" las mordidas y los donativos que acabarían después, una parte en carteles, mítines y vallas publicitarias y, otra, en casas de lujo, horteras pero de lujo, fincas, relojes, joyas y viajes.
Se trata de dos tipos de personajes. Por un lado, los que construyen las tramas -los Marjaliza y los Correa de turno- por otro los consejeros, alcaldes y demás que adjudican los proyectos -cargos que precisaban siempre y bien que presumía de ello, el visto bueno de la "condesa"- y, claro está, esos empresarios capaces de ganar concursos para todo y en cualquier parte, con su información privilegiada y su generosidad para con alcaldes, consejeros y el partido.
Ayer bromeaba yo con el hecho de que la carta de Granados, la carta de quien no está dispuesto a comerse solo el marrón de la Púnica, con su teatralidad, su cercanía y su falsa cordialidad, recuerda ninguna duda por el tono aquel chiste del dentista con su torno en la mano, al que el paciente tiene cogido por los testículos, mientras le dice "no nos haremos daño ¿verdad?". Eso mismo le está diciendo a Esperanza Aguirre quien fue su mano derecha en aquellos días de vino y rosas del PP, en que se ganaban elecciones una tras otra y se derrochaba como si no hubiese mañana el dinero de los madrileños. 
Granados le está diciendo a quien fuera su "jefa" que no quiere comerse el marrón solo y que "no quiere hacerle daño". Y, de paso, sabiendo que, para él, el mal está hecho, le pide al juez que la llame a declarar, quizá para repartir el marrón que le ha caído.