viernes, 21 de abril de 2017

LÁGRIMAS, FAMILIAS Y MAFIA


Dicen que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía. De ser cierto, que creo que lo es, el titular de la Fiscalía Anti Corrupción, Manuel Moix, debe sentirse hoy muy melancólico, porque todos sus esfuerzos para "reventar" la operación Lezo, desencadenada ayer por la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil bajo la dirección del juez Eloy Velasco, han resultado baldíos. Primero porque, en un juzgado, la última palabra es del juez y, en segundo lugar, porque los fiscales del caso no estaban dispuestos a que todo el trabajo, casi de orfebrería, llevado a cabo durante meses, si no años, se les escapase de las manos como agua en una cesta.
Manuel Moix, nombrado por su superior José Manuel Maza, siguiendo las instrucciones del ministro Catalá, equiparable por su falta de respeto por la ley, al mismísimo Jorge Fernández Díaz, trató de impedir varios registros vitales para la obtención de pruebas que corroboren las vías de investigación abiertas por el juez y la Guardia Civil a sus órdenes. Pero no sólo eso, además dio la orden de que sus subordinados en el caso se abstuviesen de acusar a los principales investigados ya detenidos del delito de asociación criminal, que no es otra cosa que la forma legal de denominar eso que los legos llamamos asociación mafiosa.
La verdad es que, amén de la pena que conlleva el delito, resulta poco estático que un ex presidente de la Comunidad de Madrid, su esposa, su hermano y creo que algún cuñado, el yerno de Villar Mir, uno de los principales constructores de nuestro país, Edmundo Rodríguez, consejero delegado del muy rajoyista diario LA RAZÓN, junto a directivos, esposas y socios de algunos de los citados, sean acusados de mafiosos.
Mafia y Familia, términos que en algún que otro lugar son sinónimos y que aquí, en este caso, pese a los esfuerzos del fiscal Moix, se entrecruzan dando vida a una estructura criminal destinada a saquear la caja de la empresa pública Canal de Isabel II, para convertir sus fondos en riquezas para sí mismos o en liquidez negra para pagar las campañas electorales y de imagen del Partido Popular de Madrid y algún que otro medio de comunicación creado con el único fin de cantar las glorias de una Esperanza Aguirre, a la que no bastó con arruinar Telemadrid, y los suyos.
Todo un mundo corrupto y hediondo, en el que los peor encarados han sido los amos, un mundo en el que un "volquete de putas" puede ser el premio a una buena operación, un mundo en el que bastaba un decorado, una cinta y unas tijeras para hacer creer a los ilusos votantes en un progreso que nunca existió, U mundo, en suma, en el que nada se hacía, ni siquiera el envío de ayuda humanitaria a las víctimas de tragedias como el terremoto de Haití, si los amigos, hermanos o cuñados no "trincaban" en el camino.
Un mundo que se desmorona alrededor de Esperanza Aguirre, amenazando con tragársela con llanto y todo. Un mundo levantado sobre la arrogancia del que se ha sabido y aún se cree impune que ya no puede durar mucho. Un mundo injusto, levantado para quienes no pretenden otra cosa que repartirse el nuestro. Un mundo que va a echar de menos Esperanza Aguirre, rica por casa y por matrimonio, un mundo cuya pérdida le llevó ayer al borde del llanto, al puchero, mientras trataba de convencernos de que ella no se ha llevado nada, como si los centenares de millones invertidos en sus campañas por los beneficiarios de sus adjudicaciones y contratas, no existiesen, centenares de millones que la han llevado durante décadas a lo más alto de la política madrileña -su ambición no le dio para comprarse La Moncloa- desde donde colocó a familiares y amigos y a familiares de familiares y amigos de amigos, todo a costa de los impuestos y el bienestar de los madrileños
Las ´lágrimas de Esperanza Aguirre ayer no eran por el calvario que va a pasar su "lugarteniente" Ignacio González. Las lágrimas eran por ella misma, porque sabe, es lista y debe saberlo, que, antes o después, Granados, González y todos los demás se cansarán de soportar, solos, sobre sus espaldas el peso de las culpas de esta familia mafiosa que después de tantos años han llegado a levantar. Llora, Esperanza. Te adelanto que tus lágrimas riegan nuestra felicidad.  

jueves, 20 de abril de 2017

¡¡ AGUA VA !!


Cuando, en España, orgullosa de haber echado al mar a los árabes, adoradores del agua que hacían correr por sus palacios, cuando las infraestructuras romanas eran apenas un recuerdo asfixiado por la vegetación, cuando la ilustración, la cultura, era cosa de afrancesados y el saneamiento de viviendas y ciudades ni siquiera era un sueño, cuando las aguas negras corrían a cielo abierto por nuestras calles, cuando elegíamos el embozo y la incultura, de vez en cuando tras una ventana abierta se escuchaba la fatídica advertencia de ¡agua va!, como preludio del vertido de aguas sucias y cosas peores sobre cualquiera que pasase bajo ella.
Ayer, los españoles de este siglo nos hemos visto sacudidos por otro palanganazo fétido que, no por sabido o sospechado, da dejado de producir en nosotros la arcada, la náusea, que retuerce nuestras entrañas cada vez que comprobamos cómo quienes predican la austeridad que nos imponen viven en la más obscena de las opulencias a costa de lo que debería destinarse a remediar la desgracia y la injusticia que abruma a tanta gente en este país desde hace años.
Ayer, a primeras horas de la mañana, una noticia, la de que se estaban desarrollado una operación policial, con registros y detenciones en torno a la empresa que ostenta el monopolio del agua en la Comunidad de Madrid, se convirtió en el "agua va" que advertía de toda la mierda, así. con todas sus letras, que se nos venía encima. El Canal de Isabel II, el canal, la empresa pública que el PP se había empeñado, afortunadamente sin éxito, en privatizar, había sido saqueado durante años a beneficio, aún por precisar, del propio Partido Popular o de los bolsillos de los implicados.
La operación, bautizada "Lezo", en homenaje al militar que dirigió frente a la arenada británica la defensa de Cartagena de Indias, la ciudad colombiana donde Ignacio González y otros directivos del Canal que entonces dirigía fueron sorprendidos entrado en una mansión, con bolsas de plástico llenas de abultados paquetes, que no portaban a su salida. Unas imágenes resultado de la guerra interna que se produjo entre las familias del PP y que dio lugar al no resuelto "caso espías", en la que, pagados con dinero púbico por Francisco Granados, agentes al servicio de la Comunidad de Madrid buscaban "material" inculpatorio contra los enemigos de Granados, no para llevarles ante los tribunales, sino para su chantaje e intimidación, en la lucha por el poder en torno a Esperanza Aguirre.
Por lo que vamos conociendo, Ignacio González, que pretendió permanecer al frente del Canal siendo ya presidente de la Comunidad de Madrid, utilizó la expansión presuntamente ruinosa de la empresa en Latinoamérica, ruinosa para los madrileños, no para él ni para su partido, para desviar fondos de la empresa pública a sus propios testaferros.
Decenas de millones presuntamente perdidos en la compra de empresas locales a precios desorbitados a través de empresas interpuestas en paraísos fiscales que no tenían otro fin que el de desvanecer el rastro de pérdidas y beneficios, algo muy parecido a lo que hizo Miguel Blesa con la ruinosa compra de un banco en Miami mientras fue presidente de Caja Madrid. Los mismos métodos de personajes parecidos con padrinos cercanos, que han permitido a oscuros personajes, apenas funcionarios, a los que la cercanía a la política había convertido en propietarios de deslumbrantes mansiones, yates de lujo u ostentosas colecciones de relojes o arte.
Sin embargo, el caso que ayer salió a la luz, no muy distinto de otros ya conocidos, tiene, además, escandalosas ramificaciones en la prensa y la justicia, porque figuran como implicados el pringoso Francisco Marhuenda y su jefe en LA RAZÓN, acusados de presionar, mediante la amenaza de iniciar campañas periodísticas contra ella, a la presidenta Cristina Cifuentes, para evitar que llevase a la Fiscalía las irregularidades descubiertas en el Canal de Isabel II, en las que aparecía como presunto responsable, Edmundo Rodríguez, consejero de LA RAZÓN, miserias nauseabundas de como se hace y se ha hecho periodismo en este país, que no son las únicas puestas al descubierto por este caso, ya que también supimos que el flamante y discutido fiscal anticorrupción, Manuel Moix, que ordenó por escrito la suspensión de un registro previsto por el juez Velasco y la UCO y que sólo la rebelión de los fiscales del caso, que convocaron la junta de fiscales para echar abajo la orden de Moix, permitió llevar a cabo.
En fin, debemos estar preparados para toda el agua sucia que va a llover sobre nosotros y, sobre todo, debemos estar preparados para soportar a toda esa gente que, aun empapada por tanta mierda como le está cayendo encima, volverá a votar, no sé por qué extraña razón, a quienes se la arrojan encima.
¡¡Agua va!!

miércoles, 19 de abril de 2017

OBLIGADO A DECIR VERDAD


Tengo la impresión de que no somos del todo conscientes de la trascendencia que tiene, tendrá, la decisión del tribunal que juzga la primea Gürtel. No somos conscientes, salvo una única excepción, la del Partido Popular, acostumbrado a sobreproteger a su presidente que poco o nada podrá hacer para poner a salvo de las preguntas de los representantes de las acusaciones, ante los que se presentará solo y sin escoltas ni asistentes, obligado a decir la verdad y nada más que la verdad, algo a lo que no nos tiene acostumbrados.
Mariano Rajoy se va a ver obligado, muy a su pesar, a despejar, sin enigmas ni nebulosas, ante las partes y en presencia de los magistrados que ayer decidieron citarle, todas las dudas e inconsistencias que ha venido dejando, como deja sus huevos un parásito, cada vez que ha sido posible interpelarle sobre la trama de corrupción que, ahora, al menos eso espero, no se atreverá a calificar de contraria a su partido.
Rajoy ha sido llamado a declarar por decisión tomada, dos a uno, por los magistrados del tribunal, una vez escuchados en la sala del juicio demasiados testimonios que colocan al presidente en el centro o por encima de la trama que se juzga. Demasiados dedos señalándole, como para que los magistrados renunciasen a conocer su versión, demasiadas preguntas sin respuesta, demasiadas fintas y silencios que pedían a gritos este paso.
El PP tardó mucho, cinco largas horas, en dar su opinión sobre el trascendental paso dado por el tribunal, un paso que establece el precedente de sentar como testigo a un presidente de gobierno en ejercicio y que atraerá sobre la sala del polígono de San Fernando la atención de las televisiones de medio mundo. Tardó cinco largas horas para responder a lo inesperado con una salida de manual, descalificando a los abogados de la acusación por su proximidad al PSOE, como si la verdad y el deseo de encontrarla no estuviesen al alcance de sus rivales políticos.
Fue una salida torpe, encomendada a Martínez Maíllo, le va en el sueldo, y menos mal. porque soy incapaz de imaginar los que hubiese dicho María Dolores de Cospedal o el propio Rajoy, capaces de liarse con los días de la semana. Fue una salida nacida del agobio de haber estado preparando las comparecencias de los secretarios generales que tuvo el PP, Arenas, Cascos o Acebes y a la inefable Esperanza Aguirre, y enterarse de golpe y porrazo que el otro, el que más campañas electorales ha dirigido para los populares tendrá también que declarar.
Mucho tienen que esmerarse, mucho tiene que afinar argumentos y estrategias, para poner a salvo la imagen de Mariano Rajoy sin interponer entre él y la verdad jefes de prensa, escoltas, mesas del Congreso, telediarios de parte, periódicos que parecen dictados desde Génova, 13 o tertulianos con argumentario al día. Mucho tendrán que esmerarse para que Rajoy no se ponga y nos ponga en evidencia ante el tribunal y el mundo con sus titubeos e incoherencias.
No sé de qué se extrañan el PP y sus palmeros, porque Rajoy es, y si no lo es lo parece, la pieza sobre la que se sustenta todo lo que se hace o dice en su partido. Lleva toda su vida en él y ha estado en los puestos y los momentos cruciales para el crecimiento del partido y, sobre tos, ha puesto a punto la maquinaria electoral que engrasaban las empresas de la Gürtel y otros "conseguidores" similares. 
A los dirigentes del PP se les ha había olvidado un detalle: el de que, si algo tienen los jueces, es un indiscutible punto de soberbia, una soberbia que les impide, piensen como piensen, quedar por tontos. Y negar la evidencia o podar todas las ramas de un árbol, salvo la más podrida, les dejaría por tales.
A Rajoy le toca ahora decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad y el pobre, que no está acostumbrado, no puede decir eso de "y, a la segunda, tal" ni esconderse sin escarnio detrás de la pantalla de un televisor.

martes, 18 de abril de 2017

HACERSE LA RUBIA


Nunca he entendido el aparente prestigio que tiene ser rubia en España. Nunca lo he entendido, pero que lo tiene es un hecho incontestable. No hay más que esperar el autobús de mi barrio en La Latina a la hora que termina el culto de algún templo evangelista de la zona para comprobar que la mayoría de las mujeres gitanas, de todas las edades que regresan alborozadas y divertidas a los bloques de San Isidro son tanto o más rubias que la presidenta Cristina Cifuentes. Rubias "de bote", indisimuladas, que contrastan con el moreno de su propia piel y de sus cejas o el de sus hijos. Milagros, en fin, de la genética y el marketing de la cosmética.
Debe ser que lo diferente, lo inusual, llama la atención y atrae. Debe ser que el mito Marilyn o el de aquellas "suecas" que, con sus bikinis, despertaban pasiones en nuestras playas en los últimos años del franquismo perviven entre nosotros y que a al machote español les gusta adornarse d vez en cuando con la compañía de alguna rubia. Debe ser eso, el falso color del pelo y el afán de gustar, lo único que tienen en común las "pijas" del barrio de Salamanca o Pozuelo con las "poligoneras de los barrios y ciudades del sur y el este de Madrid.
Por eso no me extrañó enterarme de que a Cristina Cifuentes le parece bien eso de "hacerse la rubia" cuando se reúne con hombres para conseguir los objetivos que se propone. Lo dijo en una entrevista para el suplemento de moda de EL PAÍS y, aunque no me sorprendió, sí me indigno, porque dice muy poco de quien, desde su posición debería luchar para acabar con ese machismo que, por desgracia y a nuestro pesar, llevamos los hombres bajo la piel, un machismo inconsciente, resultado de demasiados años de "mala" educación, un tobogán resbaladizo por el que podemos caer con facilidad.
Por eso, lo peor de lo dicho por la presidenta madrileña no es la imagen tan tópica y vulgar que puede llegar a transmitir de las "ejecutivas", le faltó decir que, como la protagonista de aquel bochornoso anuncio de limpia muebles, quita el polvo de la mesa del consejo antes de comenzar las reuniones. Lo peor no es ni siquiera eso, lo peor es que está convencida de la bondad de lo que dijo y que, otra vez, han sido los otros los que hemos sacado de contexto sus palabras.
Lo peor es que dio las explicaciones, con esa voz suya, un poco vulgar, bastante desagradable y muy autoritaria, justificándose de nuevo en lo dicho, sin apearse un milímetro de tan deplorable imagen y añadiendo, ya en una segunda justificación, que "entre los suyos" se dice mucho lo de "hacerse la rubia" y también que "sin tacón no hay reunión".
En resumen, lo peor de las palabras de la señora Cifuentes, empeñada en aparecer como moderna y progresista, incluso se tiene por republicana, no son las palabras en sí, sino su incapacidad de ver en ellas ese "micromachismo" contra el que, dice, se ha propuesto luchar. En fin, la señora Cifuentes me recuerda al personaje encarnado por Paco Martínez Soria en "El difunto es un vivo", una película de 1943, en la que el personaje que interpreta, para igualarlas, va serrando las patas de un juego de sillas de las que una cojea coja, hasta dejarlas casi del tamaño de ridículas banquetas  Cifuentes, como el personaje de la comedia, por no querer reconocer el machismo que encierran sus palabras, cada vez que trata de explicarse arruina un poco más el salón comedor de su imagen.

lunes, 17 de abril de 2017

TURQUÍA Y CATALUÑA


Ante todo y como en otras ocasiones, vaya por delante que no quisiera ser malinterpretado, pero no puedo dejar de expresar mi sensación de que, entre lo que está ocurriendo en Cataluña y lo que ya ha ocurrido en Turquía hay más de una similitud.
Vayamos por partes. A pesar de lo que no dejamos de escuchar en las últimas horas, los pueblos no siempre son responsables de su destino. A veces el aparato del poder, la propaganda y, sobre todo, esa tendencia a culpar al enemigo exterior de todas las desgracias que caen sobre ese pueblo acaban por calar en el imaginario de la gente, con lo que el "prietas las filas" de sus dirigentes más insolidarios, los más egoístas e iluminados funcionan.
En el caso de Cataluña, el victimismo de que hacen gala los dirigentes soberanistas, especialmente los que acaban de convertirse al mismo. esa terca estrategia de hacer creer a los ciudadanos que todos los males que les aquejan, incluidos aquellos que derivan inequívocamente de su propia gestión como lo son el deterioro de la sanidad, el transporte o las infraestructuras son consecuencia exclusiva de la maldad intrínseca del "estado español", que les oprime y explota.
Sin embargo, en cuanto tienen la más mínima oportunidad se alinean con el partido gobernante en ese "estado", en cuestiones de libertades -de recorte de libertades, mejor dicho- o de políticas fiscales y económicas, acrecentando con ello la desigualdad entre su gente.
Quiero decir con esto que unos y otros, en las relaciones entre Cataluña y "el estado", entre Turquía y su vecina Europa, se comportan de manera parecida, enseñándose los dientes en público, pero yendo de la mano en lo que, para ellos, es lo fundamental que se salvar su pervivencia al frente del gobierno, sea como sea.
Pero no es sólo el comportamiento de sus dirigentes, capaces, como en el caso de Erdogán, de fingir o, al menos, consentir y cebar un golpe de Estado destinado al fracaso y convertirlo en escandalosa coartada para llevar a cabo la más salvaje represión que se recuerda en una democracia europea, en la que se persiguen las libertades por tierra mar y aire, se despide a funcionarios, incluidos militares, maestros y policías, para hacerse con el control absoluto de la calle y para difundir la verdad unívoca que, naturalmente, es la suya, la de quienes ocupan el poder.
Naturalmente, no estoy diciendo que eso que ocurre en Turquía esté pasando en Cataluña, pero, en un territorio en el que los poderes municipal y autonómico los ostentan desde hace décadas los mismos, no es de extrañar que una importante porción del funcionariado se tiña de aparato, anteponiendo los intereses del partido que gobierna y sus amigos, a los de los ciudadanos a los que deberían servir.
De todos modos, lo que realmente empareja a Cataluña y Turquía es lo desatendidas que han estado las legítimas aspiraciones de sus ciudadanos por el poder en Bruselas o Madrid. El independentismo que siempre fue minoritario en Cataluña -no así su sentimiento "nacional", el catalanismo- ha crecido en los últimos años, alimentado por el desprecio del Partido Popular, sustentado por el muy cobarde seguidismo del PSOE, hasta límites que han llevado al soberanismo a plantearse la posibilidad, que en un tiempo fue real, de convocar y ganar un referéndum por la independencia, más, si, para Artur Mas y los suyos, ese referéndum y el camino hacia él, el "procés", se habían convertido en la única salida a su poso de corrupción y la única manera de mantenerse en el gobierno para controlar la revisión de cuentas que un cambio de gobierno comportaría.
Así como los catalanes, los ciudadanos de Turquía, el más secularizado de los países islámicos, han sufrido el desprecio de Bruselas ante sus más que legítimas aspiraciones de ingresar en la demasiado mirificada Unión Europea, por el temor a que su enorme población desequilibrase el estatus quo en los órganos de poder comunitarios, algo que, paradójicamente, se produjo con la incorporación de los países del Este, salpicando en ocasiones del más puro fascismo el Parlamento Europeo y escorando hacia el egoísmo más perverso el comportamiento de las instituciones comunitarias ante tragedias cono la de los refugiados.
En resumen, siempre habrá, en todas partes, dirigentes empeñados en atrincherarse en el poder, en convertir la democracia en un decorado en el que desarrollar lo que, en la práctica, no son más que dictaduras vestidas de una cierta prosperidad económica. Pero, para llevar a cabo, sus propósitos, necesitan del pueblo, de un pueblo dolido y confundido al que en Turquía o en Cataluña, colocar tras su bandera.

viernes, 7 de abril de 2017

LA CRUZ Y LA ESPADA


De siempre, durante la reconquista o en la tan poco edificante conquista de América, los españoles hemos confundido la cruz y la espada. Y es que los vencedores de casi todas nuestras guerras han sometido al contrario a mandobles, pero también a cristazos, Por eso, cada vez que, desde la carretera, camino del túnel de Guadarrama que cruza tan fantástica sierra, cuando miro a la izquierda, y contemplo la belleza herida del valle de Cuelgamuros, que así se llamaba el rebautizado lugar, no puedo dejar de ver la monstruosa cruz de hormigón, monstruosa por su tamaño y por el significado que allí adquiere, como una espada clavada en el corazón y en la memoria de los miles de hombres ¿hay también mujeres? arrancados de la tierra de las cunetas y las fosas comunes en que fueron enterrados después de ser vejados, apaleados y fusilados por defender el gobierno que habían votado.
Solamente una vez he estado en Cuelgamuros, Fue en una de esas excursiones en que, a bordo del utilitario familiar, un SIMCA 1000, de esos que fabricaba Barreiros, se nos sacaba los niños a "tomar el sol" al campo o la sierra, cerca de Madrid. Recuerdo de esa excursión el contraste entre la belleza del paraje y el calor de la tarde de primavera con el frío y lo macabro de aquellas criptas junto a las que pasábamos camino del altar junto al que estaba, entonces solitaria y triunfante, la tumba del fundador de la Falange, el fascista José Antonio Primo de Rivera.
Recuerdo que, sin entender muy bien qué era aquello ni su significado, no me gustó la excursión, ni siquiera la contemplación de las mastodónticas esculturas de Juan de Ávalos, a las que el tiempo está desmenuzando, pedazo a pedazo, como quisiéramos muchos romperlas con nuestras manos, por todo lo que allí significan y por todos los que tanto sufrieron, algunos hasta la muerte, prisioneros de una guerra que habían perdido, trabajando como esclavos para levantar lo que, por más que se empeñen monjes y seglares, no es más que un descomunal monumento a la humillación del vencido,
La basílica de Cuelgamuros, con su cruz y su abadía es un mausoleo a mayor gloria del dictador. El mausoleo que hubiesen deseado levantar Hitler o Mussolini, de haber muerto en la cama como murió "nuestro" Franco. Esa basílica, con sus criptas, no puedo verla más que como una de esas increíbles sepulturas de algunos emperadores chinos, en las que se encerraba a sus concubinas y sirvientes, con todas sus riquezas, para que le sirvieran en el más allá. Lo que ocurre es que, aquí, el dictador quiso rodearse de sus enemigos muertos, quizá para seguir castigándoles, y que las riquezas amasadas a costa de los vencidos y los silenciados, se las quedaron los vivos de su familia.
Todo esto, los recuerdos infantiles, la aversión a ese lugar y a quienes la convirtieron en lo que es, me han venido a la memoria desde que ayer supe que la Audiencia Provincial de Madrid, ha admitido esa histérica demanda contra Dani Mateo y el Gran Wyoming, por un presunto delito de "ofensa de los sentimientos religiosos" cometido al calificar de mierda el "monumento" levantado en Cuelgamuros.
También me ha llevado a preguntarme por qué sólo se defienden los sentimientos de los vencedores y nunca los de los vencidos o los que no queremos estar junto a quienes nos imponen los suyos. y, más aun, recuerdo ese cartel colgado, creo en un bar de Pamplona o Bilbao, no lo recuerdo, que rezaba "prohibido blasfemar sin motivo"
En el caso de Dani y Wyoming, creo que había motivo, porque a mí, amén de las cuestiones estéticas, el significado de la herida causada en la sierra de Madrid y en la memoria de los vencidos me lleva a ver la cruz de hormigón, una cruz es, antes que un símbolo, una figura geométrica, como una espada clavada en la roca, y en la dignidad y la memoria de todos, para recordar a los vivos lo que les pasó a los muertos.

jueves, 6 de abril de 2017

PESADILLA FERNÁNDEZ DÍAZ


Aunque hoy pueda parecernos un mal sueño, una pesadilla, lo de Fernández Díaz, sus cuatro años al frente del Ministerio del Interior, que para él fue el "del porrazo y tentetieso", fueron muy reales y muy dolorosos y la prueba es que esos cuatro años en lo que actuó de parte, a favor, no sólo de su partido, sino de la secta a la que pertenece, aún tienen consecuencias en nuestras vidas todos los días.
Ayer pudimos verle a punto de perder su santa paciencia durante su comparecencia en la comisión de investigación sobre  la presunta existencia de una policía política que trabajaba exclusivamente a sus órdenes, al margen de cualquier control policial, con el único fin de hurgar en los armarios y en las basuras de los adversarios de su partido a la búsqueda de "material", ya fuera real o inventado, con el que elaborar munición que alimentaba la artillería mediática, dispuesta siempre a disparar contra los enemigos de la "patria", su patria, y de los intereses que la trufan.
Se le preguntó por todo aquello que supimos gracias a las rencillas de determinados comisarios, de gran imaginación algunos, que afloraron esa vergonzante grabación, digna de figurar en esa "Historia Universal de la Infamia" nacida de la imaginación y la maestría de Borges, aunque tan real y sucia como podáis imaginar. Se le preguntó por ello y se contradijo, y trató de salir del atolladero, como su compinche en la fechoría, el entonces responsable de la Oficina Anticorrupción de Cataluña, por la tan manida vía de la indignación, también santa, a la que se acogen aquellos que no están dispuestos a tolerar que alguien juzgue sus actos. Nadie, claro está, salvo ese dios particular y justiciero con los demás, que a ellos todo les perdona.
Lo de ayer, vuelvo a insistir, fue como una pesadilla. Los que ya no vamos por el Congreso podemos llegar a creer que se lo ha tragad la Historia, o la tierra misma, pero no. Ahí sigue cobrando su sueldo de diputado, convenientemente "dopado" con la presidencia de una comisión, la única que su partido pudo darle, porque no precisaba del apoyo de ningún otro grupo. Ahí sigue con poco trabajo y un buen sueldo, como corresponde a quien ha prestado importantes servicios al partido para el que fue eficiente ministro de la represión en tiempos en los que la calle gritaba todos los días contra recortes y desahucios.
Porque, sí, Fernández Díaz fue el ministro  que mandaba policía a los desahucios, el que mutaba o mandaba ante el juez a quienes se manifestaban o participaban en escraches, el que removía una y otra vez el dolor de las víctimas del terrorismo, para mantener encendido el rescoldo de un fuego al calor del que tanto rédito político han sacado, el que condecoraba, no una, ni dos, ni tres, sino muchas veces figuras de palo y escayola, olvidándose de las necesidades de los servidores de carne y hueso del estado, el que persiguió titiriteros y blogueros, el que parió una ley, la Ley Mordaza, que hizo buena a lo que quedó vigente de la Ley Corcuera, el que dio el visto bueno a la subvención que ayuda a pagar la gasolina y las pegatinas del autobús naranja del odio y la ignominia.
Todo un personaje, en fin, para olvidar. Un ministro sectario, al servicio exclusivo de su partido y de su trasnochada idea de la moral pública y privada, pero un ministro, no lo olvidemos, al que Rajoy mantuvo cinco años en el cargo. Y, si lo hizo, sin duda fue porque servía milimétricamente a sus intereses. Una pesadilla al servicio de otra pesadilla.

miércoles, 5 de abril de 2017

LOS "PATA NEGRA"


Miguel Ángel Heredia, secretario general del PSOE en Málaga y número dos del grupo socialista es un claro ejemplo de cómo se progresa en política en este país y, por desgracia, del autismo y la endogamia que aquejan a los partidos políticos, todos, en España. Heredia, del que ayer pudimos escuchar todo un ramillete de "flores", repartidas a diestro y siniestro hace cinco meses en una reunión con miembros de las juventudes de su partido, es la prueba evidente de cómo, al final, lo que importe no es el ideario, el programa o las necesidades y aspiraciones de los votantes a quienes dicen representar sino el apuntalamiento de la rígida estructura del partido las posibilidades de medrar, de "hacer carrera", que éste les ofrezca.
Miguel Ángel Heredia, procedente de las Juventudes Socialistas que llegó a dirigir en Málaga, fue elegido diputado al Congreso a los treinta años, en 1996, y, desde entonces mantuvo un discreto papel, hasta que Susana Sánchez le impuso como sustituto de Eduardo Madina en la Secretaría del Grupo Parlamentario Socialista, al que entonces creían mero "testaferro" de la presidenta andaluza en Ferraz, Pedro Sánchez.
Es decir, Heredia es un "pata negra" del partido, criado en las dehesas de las juventudes socialistas, bien alimentado, ocupando esos cargos públicos que, en tiempo de bonanza, se repartían a manos llenas en los dos partidos mayoritarios y fiel, muy fiel, a quien fuera su compañera en las Juventudes del PSOE de Andalucía, Susana Díaz, de quien, dicen, se ha convertido en "los ojos y los oídos" en Madrid.
Lo que no sabemos, ni probablemente sabremos nunca, es si Susana Díaz también habla por su boca. De momento, la aspirante a la secretaría general del PSOE, ya ha desautorizado a Miguel Ángel Heredia por decir en público, sin saber que estaba siendo grabado y ante los jóvenes socialistas, que aquella noche, por la del "golpe de estado en la ejecutiva socialista, "hicimos lo que hicimos", porque el acuerdo de gobierno entre Pedro Sánchez, Podemos y "los independentistas" ya estaba firmado. Algo que, visto en la distancia y desapasionadamente sería de una gravedad extrema, porque, de ser cierto que existía tal acuerdo, lo que hicieron equivaldría a despreciar el mandato recibido por Pedro Sánchez en las urnas para tratar de formar gobierno y no sería otra cosa que anteponer los intereses de una parte del partido, la que estaba dispuesta a dar vía libre al PP, como hicieron, a los deseos de los millares de militantes y los intereses de los millones de electores que les dieron su voto. Unas explicaciones más que vergonzantes, dadas a media voz, a los alevines del partido, mitad como tales explicaciones, mitad como avisos para navegantes, que ni siquiera se ajustan a la verdad, en la que se inventa una llamada del secretario general de CCOO, Fernández Toxo que nunca se produjo, para justificar "la noche de cuchillos largos" en Ferraz.
Pero Heredia, obediente servidor de los intereses de quien le ha colocado donde está, Susana Díaz, llamo “hijaputa” a la independiente Margarita Robles, de la que despotrico, como de la ex comandante Zaida Cantera, ala s que acusó de estar "endiablando" el grupo parlamentario, lo mismo que al PSC al que propuso disolver por lo poco que pinta Ferraz en sus decisiones. En fin, toda una demostración de quien está contento y orgulloso de ser un funcionario del partido en busca de ascenso, un pata negra de las Juventudes Socialistas que no ha conocido más mundo que el PSOE, dispuesto siempre a mentir y a intrigar por ese mundo que pretende suyo y de nadie más.
Un pata negra, sí, pero no olvidemos, lo sé por un amigo, que también los jamones pata negra encierran enterradas en sus pezuñas alguna que otra larva asquerosa.

martes, 4 de abril de 2017

MURCIA A TOPE


No os engañéis pensando que Mariano Rajoy. el "director general" de esa empresa incumplidora, evasora y tramposa que conocemos como Partido Popular, pone cara de asco en esa foto de un mitin de campaña, en la que se ve obligado a abrazar a su "delegado de ventas" en la región de Murcia. No me cabe duda de que eso que parece asco no es más que una de esas imágenes tramposas que quedan en las veloces cámaras de los profesionales al descomponer cualquier gesto inadvertido en una ráfaga de fugaces gestos, normalmente inapreciables.
No puede ser asco, quizá es sólo desprecio, porque el abrazado, Pedro Antonio Sánchez, al que Eloy Velasco, el juez de la Audiencia Nacional que instruye el sumario de la Operación Púnica, señaló ayer como autor de unos cuantos delitos ligados con la corrupción, para que el Tribunal Superior de Justicia de Murcia, ante el que está aforado, le acuse formalmente, ese abrazado es el que se hizo con el timón y el turbo corrupto del partido, para llevar a un PP renqueante a la victoria en las elecciones, que, como dicen sin rubor los políticos, debe ser la principal, si no la única, misión de los partidos.
Si a Esperanza Aguirre le crecen las ranas en el estanque del PP madrileño, a Mariano Rajoy le crecen sapos., sapos díscolos que, cuando se ven sorprendidos chapoteando en su charca se resisten a dejarla y amenazan con croar sus trampas a los cuatro vientos o con escupir su veneno a diestro y siniestro, caiga quien caiga.
Es lo malo de juntarse con esta fauna, con esta tropa, antes o después se van a ver entre la espada y la pared y está claro, no hay más que oírles hablar, que no van a tomar en solitario la palma del martirio y que todas y cada una de las defensas emprendidas por Rajoy y los suyos no son sinceras, sino que, más bien al contrario, lo que buscan es convertir a cada uno de los "pillados", esos que tanta gloria y tanta "pasta" han traído al partido, en escudos humanos tras los que esconder sus vergüenzas.
Rajoy no parece darse cuenta de que las cosas han cambiado. No quiere entender que el electorado ya no es capaz de aguantar la náusea como hasta ahora. El presidente del PP ha confiado siempre en que la manipulación de os datos y el camuflaje de las cifras del paro con ese subempleo o esa balanza de pagos maquillada de recuperación a base de factores externos, como el precio del petróleo a la baja o la inestabilidad de la costa norteafricana o Turquía, rivales en el mercado turístico. De lo que no se da cuenta es de que esa aparente prosperidad no tiene consecuencias en la población, especialmente en la más joven y de que, eso, acaba por pasar factura en las urnas.
Por eso, aquel "Murcia a tope" resuena en los oídos decentes como aquella cuenta obscena de los fajos de billetes recaudados entre Alfonso Rus y el hoy arrepentido yonqui del dinero, porque no es lo mismo imaginar que todo es una estrategia diseñada por las cabezas bien pensantes del partido que tener la evidencia de quienes son y cómo se expresan los extorsionadores y saqueadores que son en realidad.
Parece que, entre hoy y mañana, Pedro Antonio Sánchez dejará el cargo al que se ha aferrado con uñas y dientes. Pero, si lo hace, no será por vergüenza ni, menos, por arrepentimiento Si se va, lo hará para que no le echen en la moción de censura a la que se enfrentaría a partir de mañana. Es lo que tiene confundir dignidad y soberbia. Eso y no medir adecuadamente las fuerzas, porque estoy seguro de que Sánchez confiaba en manejar a los jueces y fiscales a su antojo y, por más razones que el ministro Catalá le hubiese dado para pensarlo, estaba equivocado.

 Rajoy debería haberse conmovido con la carta con que acompaño su petición de baja en el partido Alberto Garre, fundador del PP en Murcia. Pero no lo hizo. Seguramente, porque Alberto Garre es un perdedor, decente, pero perdedor y lo que el PP necesitaba para embaucar una vez más a su electorado no era decencia sino gente son escrúpulos, capaz de gritar con entusiasmo ese sonrojarte ¡Murcia a tope!


lunes, 3 de abril de 2017

Y AHORA, LA VIVIENDA


El día en que nos dejamos engatusar con eso de que el libre mercado, la desregulación, favorecía la competencia y que sería ese mismo libre mercado el que acabaría por auto regularse para beneficio de los consumidores, el día en que nos convencieron de que daba igual el color del gato no importa, si, al final, caza ratones, ese día comenzamos a resbalar por la pendiente que lleva a la miseria moral y económica de todo un pueblo.
No hay más que ver dónde están hoy, cómo viven, quienes nos contaron lo del gato blanco y el gato negro, quienes nos decían que la rigidez la gestión pública y controlada de lo que al fin y al cabo es de todos acabaría asfixiando, cargándose, nuestro progreso y bienestar, y dónde estamos nosotros con nuestros sueños.
Ellos, los que nos engañaron, están disfrutando del botón, propio o de sus amigos, en largas jornadas de pesca en el mar, viendo pasar las horas en mansiones que son ajenas, pero siempre son de algún amigo agradecido y codeándose con quienes lo tienen casi todo de todos,  los que acaparan la riqueza de países enteros, esa riqueza que proviene de la explotación y la desigualdad y que debería volver a su origen redistribuida mediante los impuestos, aplicando esa consigna ya olvidada de que pague más quien más tiene.
Siguiendo un diabólico plan, haciéndonos creer que éramos ricos, nos tomaron como rehenes en una carrera suicida por bien quien bajaba más los impuestos. Un plan en el que necesitaban nuestros votos para disfrazar de democracia lo que no es más que el golpe de estado silencioso de quienes pretenden imponer la crueldad de las leyes del mercado, sus leyes, a quienes, para defenderse, sólo disponen de su trabajo.
Nos quitaron la dignidad de ese trabajo, obligándonos a hacerlo en condiciones miserables por unos salarios que han pasado a ser de hambre, nos quitaron nuestros ahorros para jugárselo en la bolas o en la ruleta rusa de la especulación inmobiliaria y, a muchos, les quitaron sus casas, pagadas a precios delirantes, precios inflados mediante los créditos con que se pagaban los sueldos y los retiros de oro de los colaboradores necesarios del plan y, ahora que comprar una vivienda es, para casi todos, un sueño inalcanzable, nos expulsan de ese paraíso de segunda que ha sido para muchos poder vivir en la casa en que nacieron o en el barrio en que quieren vivir por un alquiler razonable. Necesitan esos piaos en barrios amables y encantadores, para convertirlos en apartamentos de fin de semana, más baratos que un hotel, menos estrictos en las normas que un hotel, que se llenan de jóvenes ansiosos de disfrutar de nuestra fiesta legendaria y nuestras copas baratas, convirtiendo sus calles en caravanas de ruidosas maletas con ruedas, después de haber llenado los bolsillos de quienes, después de dejarnos sin nada, nos están quitando nuestros barrios que sólo quieren como paisaje y reclamo para su cruel negocio.
Poca gente puede acceder a los alquileres de eses apartamentos que, en cuatro fines de semana de ocupación, triplican o más el alquiler que pueda pagar una familia, por seo esos barrios se quedan sin niños y sin ancianos, para vivir de lunes a jueves la resaca de una fiesta que nos está costando nuestra identidad y la misma felicidad.
Algo habrá que hacer para poner coto a este desfalco que se está gestando en lugareses como Ibiza, Madrid, Barcelona, San Sebastián, Málaga y tantas y tantas ciudadaes que esperan la interminable cola de turistas de fin de semana. acarreando mochilas y malestas, que llegan desde cualquier punto de Europa, a costa de sembrar nuestros cielos con inútiles toneladas de CO2 , dispuestos a beber, practicar sexo y gamberrear.en la ruidosa "fiesta" que buscan lejos de sus silenciosos y civilizados países.
Nos han quitado los ahorros, el trabajo, y ahora quienes quitarnos nuestras casas, para, gracias a gobiernos marrulleros y consentidores, llevar sus beneficios a paraísos fiscales desde los que retroalimentar los fondos que seguirán comprando edificios enteros hasta convertir mi ciudad, tu ciudad en un decorado sin alma, casi de cartón piedra, para la fiesta.