lunes, 13 de octubre de 2014

EL SUEÑO DE LA RAZÓN, LA PRENSA Y EL ÉBOLA


Nada como una crisis para poner a prueba a toda una sociedad, por más democrática y civilizada que ésta se crea. Nada como una catástrofe natural o como las consecuencias de una gestión desastrosa para medir las virtudes y defectos de un país y de sus habitantes. Lo comprobamos con la terrible crisis económica que aún padecemos, que nos permitió comprobar la solidaridad de nuestra gente y la falta de ella de nuestro gobierno.
Del desastre organizativo y de la poca autoridad de este gobierno que padecemos ya escribí la pasada semana y creo que poco queda por hacer, salvo echar en cara a Mariano Rajoy su falta de autoridad, su incapacidad para entender el mundo como algo más que una encuesta o un telediario, su cobardía y su inmoralidad. Eso, y no cesar en la denuncia de lo inmoral y peligroso que resulta que personajes sin preparación técnica o política ocupen puestos tan cruciales de la administración como los que ocupan la ministra Ana Mato o el consejero Javier Rodríguez, encargados de decidir sobre asuntos tan graves y vitales como los que afectan a nuestra salud.
No me cansaré nunca de hacerlo, pero creo que ha llegado el momento de denunciar que, en este, al igual que en otros asuntos que afectan al poder, político o económico, el comportamiento de nuestros medios de comunicación no es el que cabría esperar en una sociedad adulta y que, ante la criminal falta de información por parte de quien debería tenerla y administrarla, el gobierno, algunos de ellos tiraron por la calle de en medio y se echaron al monte más amarillo y sensacionalista que su escasa ética y sentido común les dieron a entender.
Hace ya tiempo que los responsables de las televisiones tomaron la decisión de borrar la frontera que debería borrar la opinión y las variedades de lo que realmente es información. Siendo esto cierto, no nos haríamos ningún bien si comenzáramos a disparar únicamente sobre las marilós, terelus, teresas y los josejavieres que, al menor descuido, se meten en nuestras casas, bares y cafeterías para convertir en chascarrillo nada inocente todo aquello que cae en manos de sus guionistas. Y digo que haríamos mal en limitar sólo a ellos nuestra crítica, porque otros personajes, algunos ya en los altares de la gloria periodística, tienden a relajar esa frontera que debería permitir a los receptores de su trabajo los hechos de las opiniones y la verdad de las patrañas.
Estoy seguro de que si os aclaro que, efectivamente me refiero a Jordi Évole, Antonio García Ferreras o Iñaki López, casualmente todos en la Sexta, algunos de vosotros torceréis el gesto y os sintáis quizá ofendidos, pero os aseguro que soy sincero cuando lo escribo y que sólo trato de despertar las alarmas respecto a una forma de hacer periodismo que busca más la espectacularidad y los picos de audiencia que la realidad, trivializando en el lenguaje y en la misma información contenidos que merecerían ser tratados con más sobriedad y equilibrio,
No es la primera vez que digo esto o cosas parecidas, pero es que el desastre de gestión e informativo al que hemos asistido ha desatado todos los demonios del infierno de la información, Y todo porque, ante la falta de una información seria y contrastada y creciendo como estaba creciendo la inquietud en la ciudadanía cada uno hizo de su capa un sayo y se llevó el ébola a su terreno y algunos de esos terrenos os aseguro que eran demasiado resbaladizos y tenían la costalada garantizada.
Algunas de esas incursiones fueron simplemente torpes. Otras perseguían el reforzamiento de las excusas con las que personajes como el consejero Rodríguez pretendieron cubrir sus bien comidas espaldas de médico zafio e irrespetuoso, pero otras perseguían, simplemente, subir la audiencia y rellenar espacios de la parrilla explotando el miedo y la preocupación ajenos.
Capítulo aparte merecen todos esos que, siguiendo las consignas e instrucciones de sus padrinos y pagadores, han insultado, ridiculizado y desprestigiado a una trabajadora que tuvo el coraje del que todos esos paniaguados carecen y por un salario que, probablemente, no alcanza en un mes lo que un tipejo como Alfonso Rojo se lleva en un día. Ya lo dijo y lo dejó claro el genial Goya en sus grabados "el sueño de la razón" produce monstruos". Llevamos demasiados años dormidos y estos son nuestros muertos. Espero que, después de lo visto y oído estos días, la sociedad despierte y, cuando todo haya acabado, alguien tome la iniciativa de llevar ante los tribunales a cuantos han salpicado con su baba hedionda el prestigio de una mujer y una profesión que se mueve en el más trivial de los heroísmos sin que seamos capaces de reconocérselo.



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1 comentario:

Jesus Alonso dijo...

https://www.change.org/p/mariano-rajoy-presidente-del-reino-de-espa%C3%B1a-dimisi%C3%B3n-inmediata-del-gobierno-y-convocatoria-urgente-de-elecciones