lunes, 16 de abril de 2012

MARTILLAZOS EN EL PIE


Decía mi abuelo que lo mejor para calmar un dolor de muelas es un buen martillazo en el pie, porque el dolor en el pie ayuda a olvidar el de las muelas. Nunca me atreví a probar tal remedio, aunque, a la vista de los efectos balsámicos que están teniendo en el deterioro de la imagen del Gobierno, por un lado, el accidente del rey mientras mataba elefantes en Botsuana y, por otro, la escalada de tensión entre España y Argentina a propósito de una presunta nacionalización de los yacimientos de Repsol, creo que el abuelo tenía razón: el dolor de muelas y lo que lo genera permanecen, pero los nuevos dolores acaban diluyéndolos.
Digo esto porque, pese a que el deterioro de la imagen del Gobierno en sus primeros cien días ya está medido y resulta desolador. Nada menos que ocho puntos es lo que ha caído el respaldo que tendría de los ciudadanos, mientras que la aceptación de Rajoy y sus ministros cae estrepitosamente por debajo del aprobado. Los recortes, las subidas de impuestos y servicios, los despidos y las desinversiones decididas desde el Gobierno no son salvas, como lo eran las andanadas que lanzaba el PP desde la oposición, no. Las decisiones que se toman en el Consejo de Ministros o en los consejos de gobierno de las autonomías, llevan metralla y la metralla está causando demasiadas heridas como para ignorarlas.
Porque los trabajadores están comenzando a decir basta a que les multipliquen las horas y la tarea y les restan en la nómina a final de mes, mientras los empresarios mantienen, si no aumentan, sus beneficios. Los usuarios de la Sanidad comienzan a cansarse del deterioro en instalaciones y atención que comienza a evidenciarse. En los colegios públicos también se nota la falta de profesorado y la falta de recursos para material y, por ejemplo, comedores.
Eso, aquí dentro. Porque fuera de nuestras fronteras las cosas no van mucho mejor. Esta semana nos la jugamos, se la juega el Gobierno, en dos subastas de deuda y no parece que la cosa pinte nada bien. Y menos, si quienes han de comprar nuestra deuda tiene noticias de los excesos del monarca. No podemos ser optimistas, porque, entre unos y otros, nos han dejado atados de pies y manos a los pies de los especuladores.
Un panorama negro, muy negro, que sería aún más negro para la deteriorada imagen del Gobierno, de no haber recibido los martillazos de la caída real y la guerra de Repsol YPF, porque, cuando el agua llega al cuello, siempre es bueno echar mano del enemigo exterior o contar con alguna bufonada para distraer la atención.
Lo que no me contó mi abuelo es que, al final, una vez pasado el dolor en el pie, permanece el de las muelas y quedan, además, los daños del martillazo


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2 comentarios:

P dijo...

Y el año aún no ha acabado... y cuando las infantas y el Rey, han tenido sus "accidentes", aún falta el príncipe... ¿que sorpresa nos dará?

Anónimo dijo...

Tu abuelo era un tío genial además de un sabio.
De sobra sabía él, que al final, seguirían doliendo las muelas.

Da gusto leerte.
Un abrazo. Ana.
(Lo de "anónimo" ,no me gusta un pelo.)