viernes, 18 de septiembre de 2015

SILENCIOS Y EXABRUPTOS



Qué  poco me gustan los silencios de Podemos, tanto o más que los excesos de Monedero en torno a la feroz y torpe dictadura de Maduro en Venezuela. Sé de sobra que Maduro fue elegido en las urnas, aunque lo fue con el recuerdo aún fresco de su mentor Hugo Chávez y el remanente  de una riqueza, la del monocultivo del petróleo, que, tras la bonanza de los tiempos de escasez y precios altos del crudo, en el comienzo del fin de los tiempos de vacas gordas que hoy se desliza peligrosamente hacia los de las vacas flacas y, con ella,, al declive y el desencanto de aquel sueño bolivariano que, con su enorme carisma, ese que a él le falta, levantó Hugo Chaves.
No me gusta que Juan Carlos Monedero, fundador e ideólogo que fue de Podemos, se haya atrevido a comparar en su blog al, vergonzosamente detenido y, ahora, no menos vergonzosamente condenado a catorce años de prisión, alcalde opositor de Caracas Leopoldo López con el terrorismo y la Kale Borroka. No sé por qué lo ha hecho, si por maldad o por desconocimiento, pero, en cualquier caso, se equivoca gravemente.
Tampoco me imagino  qué vía propone Monedero para acabar con una situación injusta como la que vive, querámoslo o no, el pueblo venezolano. No sé si sería prudente recordarle que, si no él, sus compañeros de Podemos estuvieron frente a Génova 13 reclamando la verdad del 11-M o que también acamparon en la Puerta del Sol o que participaron en las marchas que pretendían rodear el Congreso. La diferencia es que en Madrid no hubo pistoleros del régimen como en Caracas. 
Creo que Monedero haría muy bien en callarse o, al menos, en pensar dos veces lo que ha escrito en su blog, antes de publicar. Creo que, como a esos borrachines a los que mantienen son las apreturas las que les mantienen en pie en medio del baile, a algunos dirigentes de Podemos les ha mantenido en pie la crítica feroz de los medios, la presión continua sobre sus dirigentes, que, como los borrachines, que pierden el equilibrio en cuanto salen del baile, fuera de esa presión tropiezan una y otra vez en sus propias contradicciones.
Me duele que sea así, porque la gente que les vota, yo mismo, y ha creído en ellos no se merece que les hagan perder la fe de esa manera, No es tolerable que quienes se dicen defensores de la justicia social y la libertad hablen o escriban contra ella, porque la libertad y la justicia sólo lo son si lo son para todos y, digan lo que digan Monedero y sus compañeros, sean cuales sean sus experiencias, está claro que lo de Leopoldo López es una arbitrariedad, como lo fue en su día la cárcel para Marcelino Camacho o para tantos y tantos antifranquistas.
Haría muy bien Monedero en cuidar lo que dice tanto como cuida su imagen y su puesta en escena. La lucha por la libertad no es sólo teoría, no son sólo canciones e himnos, ni gestos. No está sólo en las asambleas o en las páginas y los blogs. Es una cuestión del día a día. Hay que pelear por la de uno y por la de todos y nunca hay que justificar las arbitrariedades, vengan de donde vengan. El sueño bolivariano de Chávez quizá tuvo y tenga sentido en algún tiempo o en algún sitio, pero no, desde luego, en la Venezuela de hoy.
Y, si malos son los exabruptos de Monedero, más lo son los largos silencios de sus compañeros que tardan en condenar, si los condenan, los abusos de un patán con tanto poder como peligro, cuyo mayor mérito ha sido haber estado siempre a la sombra de Chávez, del que, ahora, no es sino una mala  caricatura.


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