viernes, 5 de febrero de 2016

MI DILEMA CON LA IZQUIERDA


Con los resultados de la encuesta del CIS en la mano, una absurda encuesta, realizada a unos pocos días de esa gran e incontestable encuesta que son las elecciones, me asombra que la derecha no se hunda o que, al menos, el voto del PP se trasvase a Albert Rivera y sus vetos, que, al fin y al cabo, es el mismo PP, o peor, pero sin corrupción o corruptos todavía.
Pero no es eso lo único que me asombra. Me asombra también, y sobre todo, que Alberto Garzón, el líder de IU y candidato de la Unidad Popular sea el político mejor valorado por los encuestados y que haya quedado a sólo dos décimas del aprobado, algo que tiene mucho mérito, estando como está al frente de una coalición que tomó en ruinas y arruinada, más, si se tiene en cuenta que Alberto Garzón fue "fumigado" de los debates televisivos, con el vergonzante y silencioso asentimiento de quienes se atribuyen la representación de la izquierda.
Los españoles somos a veces, demasiadas, rojos "de boquilla", que nos asustamos ante la posibilidad de que esa izquierda que defendemos en tertulias de barra de bar y conversaciones, se materialice y que se imponga la redistribución de la riqueza y la justicia social, porque todos consideramos que lo nuestro es nuestro y que lo que hay que repartir es lo de los demás. Han sido y son demasiados años de adoctrinamiento televisivo, de imposición de demasiados modelos estereotipados y basados en que, para triunfar hay que tener cuanto más mejor, como para pensar en impuestos y obligaciones.
Por eso hemos votado durante tanto tiempo al PSOE, porque pensábamos que daba la de cal y la de arena que necesitábamos para tranquilizar nuestra conciencia. El partido socialista era para muchos de nosotros como el tabaco bajo en nicotina o la coca cola light, que nos permitían seguir fumando o bebiendo refrescos, sin castigar nuestros pulmones o engordar. Sin embargo, de sobra sabemos que una y otra cosa no hacen sino disparar el consumo y agravar sus consecuencias, algo parecido a lo que nos ha ocurrido a quienes votábamos al partido de González o Zapatero, que, con la crisis, nos hemos despertado más sorprendidos, deprimidos y cabreados que el resto.
Yo, por ejemplo, hace ya tiempo que no considero al PSOE como partido de izquierdas. No porque se haya evidenciado que carece de democracia interna, una utopía que no se materializa en ningún otro partido, tampoco porque compadrease con la gran empresa o porque se haya doblegado al poder de la iglesia católica, especialmente en materia económica o educativa, no. Lo que me ha puesto para siempre lejos de sus siglas ha sido comprobar cómo ha dado la espalda a los más perjudicados por la crisis y como ha sido incapaz de defender el trabajo como un bien social cuya creación no debe quedar sólo en manos de los empresarios. De modo que, para mí, que vivo y voto en un territorio tan duro como Madrid, las opciones a la izquierda han quedado reducidas a Podemos e Izquierda Unida - Unidad Popular.
Y es en ese estrecho territorio donde me divido entre una organización llena de posibilidades y de impulso positivo, como la surgida del 15-M, cuyo líder, y lo he dicho y escrito muchas veces, no me gusta un pelo y otra, con demasiado pasado y no siempre bueno a sus espaldas, que tiene al frente a ese líder brillante y convincente, al que apenas cuesta seguir y creer, del que difícilmente podemos pensar que esconde segundas intenciones, como me ocurra con el histriónico Pablo Iglesias. Debe ser un dilema generacional, no porque me asuste la juventud de sus dirigentes, de edades parecidas, sino porque, aunque se exprese con la rotundidad mitinera de Iglesias, el mensaje de Iglesias me parece tremendista y balbuceante, frente al decir tranquilo y firme de Alberto Garzón. Quizá por eso Pablo Iglesias, aunque utilizó a Izquierda Unida como excusa, no quiso compartir lista con Garzón. 
Por eso me duele que la gente sea capaz de reconocer las virtudes del malagueño y, sin embargo, le niegue su voto. Como dijo ayer Garzón al ser preguntado por su reconocimiento personal en la encuesta del CIS, parafraseando a Anguita y Suárez, preferiría que le quisiésemos menos y le votásemos más.
Ese es, en resumen, mi dilema con la izquierda ¿os imagináis cual sería ahora el panorama si IU-UP hubiese obtenido más escaños? Cuánto me hubiese gustado votar a Garzón y lo que representa con la gente de Podemos. Posiblemente, ahora estaríamos hablando de otra cosa.

2 comentarios:

Maria del Carmen Píriz dijo...

Que razón tienes, a mi me llama la atención que izquierda unida haya ido perdiendo con años al apoyo y los votantes. Un votaba siempre a IU y solo cambíé a PSOE cuando cambie de cuidad para vivir por que el alcalde del pueblo IñaKi Arriola me gustaba como político. Aquí desapareció IU. Y eso que aquí se proclamó un día antes la República. Eibar siempre ha sido un pueblo Socialista. en estas últimas elecciones ganó Podemos.
cuanto hecho de menos a Anguita, LLamazares y espero que con Garzón lo haga bien y recuperen la izquierdas. Un abrazo

Mark de Zabaleta dijo...

Totalmente de acuerdo.
Alberto Garzón podría haber trabajado mucho mejor la Conciencia Social que evocaba Marx en su materialismo dialéctico...

Saludos