martes, 17 de noviembre de 2015

CONTRA EL TERROR ¿MIEDO?

Amanezco con la noticia de una decisión absurda como lo es la de la suspensión del partido amistoso que iban a disputar Bélgica y España esta noche en Bruselas. Y, si digo que a decisión es absurda, es porque creo que la suspensión no es sino una concesión a quienes pretenden imponernos su terror,  y alterando nuestras vidas donde y cuando quieren, porque un estado debería ser capaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos con un alto grado de eficacia y, si queda margen para la inseguridad, ese margen corresponde a la loca impresibilidad de quienes están dispuestos a quitarse la vida por no sé qué ideales.
El problema es que lo que sucedió la noche del viernes al sábado en París se produjo en medio de uno los mayores despliegues de seguridad que se recuerdan, encaminado a prever cualquier alteración del orden de cara a la Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático el próximo 30 de noviembre en la capital francesa. Para eso si son eficaces los despliegues. Para eso sí sirve llenar una ciudad de hombres uniformados y armados. Con esos despliegues sólo combaten, y me temo que es lo único que pretenden, a quienes, a cara descubierta y con las manos abiertas y sin armas, pretenden oponerse a quienes asfixian el planeta y niegan el futuro a nuestros hijos.
Para eso sí. No para interceptar al  asesino en fuga de la noche del viernes, que fue identificado por la gendarmería en una carretera francesa, camino de Bélgica y se le dejó marchar. Algo desconcertante. Tan desconcertante como los historiales policiales de los terroristas abatidos e identificados tras las masacres, historiales que hablan de personajes conocidos por su marginalidad y su radicalización, sin que nada les impidiese cometer su barbarie.
A veces, a uno no le queda más remedio que sospechar que los despliegues "a posteriori", como esos ciento quince mil policías, gendarmes y soldados, movilizados tras los atentados, sólo persiguen lavar la cara de los responsables de la seguridad y "consolar" a la ciudadanía, asustada y desconcertada por la fragilidad en que viven.
Creo que la mejor respuesta al terror es toda la normalidad que sea posible. Seguridad y eficacia, pero no despliegues, no a las armas en la calle, porque en cuanto las armas en la calle entran a formar parte de la ecuación de la seguridad, el riesgo, lejos de desaparecer se dispara. Y me explico. Pocos países en el mundo tienen más vigilancia t más fuertemente armada que Israel y, sin embargo, las acciones terroristas, allí, lejos de desaparecer y se multiplican, porque, sin eliminar las injusticias, sin acabar con la rabia, muchas veces justificada, de quienes las cometen, un cuchillo de cocina o un coche se convierten en armas tan letales como el kalashnikov.
Los grandes despliegues policiales, las reformas de las leyes, y más de las constituciones, no son más que expresiones de lo que no se puede entender más que como una derrota, otra más, ante aquellos que emplean el terrorismo más como consuelo o instrumento de propaganda que como verdadero instrumento de cambio, porque lo único que consiguen es convertirnos en dobles víctimas, de su locura y de nuestro miedo.
No se puede combatir el terror con el miedo. Más bien al contrario, hay que responder a la muerte con vida y a la locura con la serenidad.


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3 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Ciertamente es esa sensación....

Saludos

P MPilaR dijo...

Así es: dobles víctimas

Eloy Peña dijo...

El partido lo van ganando los terroristas con licencia y sin licencia...,.