viernes, 29 de mayo de 2015

MALOS MODOS



Habrá quien piense que son ya demasiadas las entradas que dedico a todo lo que está ocurriendo en política desde que el pasado domingo muchos ciudadanos, hasta entonces callados, decidieron poner su voz y sus votos al servicio de sus deseos de cambio, un cambio angustiosamente necesario desde que los partidos tradicionales, especialmente aquel en el que hasta entonces habíamos confiado y al que habíamos perdonado demasiadas cosas, invocando cada cuatro años a esos monstruos perversos que han sido "el mal menor" y "el voto útil". 
Pues bien, hoy sigo en las mismas, porque el resultado de las elecciones del domingo supone todo un vuelco en la vida de este país, probablemente el más trascendental desde que, en 1982, el PSOE de aquel Felipe González ilusionante arrebató la mayoría a la UCD de Adolfo Suárez para dar comienzo a una transformación de este país desgraciadamente traicionada y cruel y aviesamente "podada" más tarde.
La sacudida de los resultados, especialmente los de Madrid y Barcelona, ha sido tal que algunos la están recibiendo con tanto miedo como ilusión ponen otros en ella. Miedo, precaución o, a veces, soberbia, como la de los responsables de la guardia urbana de Barcelona que abandonan sus cargos para no quedar a las órdenes de la que va a ser alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, la que, hasta hace no tanto, era uno de sus  principales quebraderos de cabeza desde la Plataforma Anti Desahucios.
Se van, en un gesto de descomunal descortesía, sin esperar que se constituya el nuevo ayuntamiento, acusando a Colau de considerarles poco menos que torturadores. Se van porque, dicen, quienes se harán cargo del ayuntamiento barcelonés en los próximos días quieren disolver las unidades anti disturbios de la Guardia Urbana, las mismas que más de una vez actuaron contra la propia alcaldesa y que se significaron en su colaboración con los mossos d’ esquadra en el desalojo del 15-M de la Plaza de Cataluña.
Y, mientras esto sucede en Barcelona, en Madrid el sindicato Comisiones Obreras denuncia que las trituradoras de papel del ayuntamiento están trabajando a tope, especialmente en las áreas de Personal y Urbanismo, dos de las más sensibles a la corrupción y las irregularidades. Dicen los responsables del palacio de Cibeles, tras reconocer el triturado de documentos, que es algo habitual para ahorrar espacio y que -no podía ser de otro modo- queda copia de esos documentos en poder de la intervención De acuerdo, seguro que es así, pero no me digáis que no es sospechoso este furor destructor, este zafarrancho de limpieza y orden en quienes saben que en pocos días tendrán que dejar sus despachos y, sobre todo, este afán en dificultar la tarea del nuevo equipo de gobierno, que ya no encontrará los papeles, sino que tendrá que pedirlos. Una situación en la que no estaría de más la personación de alguna autoridad judicial, para paralizar un proceso más que sospechoso
Son malos modos, muy malos modos, que dejan claras dos cosas. Por un lado las pocas o nulas ganas de colaborar con los nuevos responsables del ayuntamiento u, por otro, esa sensación que transmiten de que algo tienen que esconder y la de que esta gente "resistente" al cambio, en Madrid y Barcelona, nos da motivos para creer que han considerado ambos ayuntamientos como algo de su propiedad.


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1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

El epílogo es muy claro...

Saludos