miércoles, 16 de mayo de 2012

UN CÍRCULO INFERNAL


Confieso que, de Economía, no tengo ni idea y que, de los oscuros mecanismos que mueven ese siniestro mundo, aún menos. Sí sé, porque la amarga experiencia me lo ha enseñado, que todo lo que acontece en él, antes o después, acabará por afectarme.
Aún recuerdo lo fácil que resultaba todo cuando todos estábamos abajo y contra el dictador y sus poderes fácticos -la iglesia, la banca y la oligarquía- eran fáciles de identificar y sólo eran esos. Hoy no sabemos muy bien si sólo son esos y tampoco sabemos si formamos parte de ellos, porque tener nuestros ahorros en los bancos, incluso tenerlos, o manejar el mando a distancia de la tele nos convierte en víctimas hasta cierto punto responsables de su poder.
Hoy todo resulta más complejo y mucho más terrible. Hoy, que podemos elegir a quien nos gobierne, se corrige nuestro voto una y otra vez hasta que el resultado sea el que conviene a quienes nos han llevado hasta donde estamos. No hay más que ver los mensajes de presión que, desde Berlín o Bruselas, se están enviando a Grecia para que, en las próximas elecciones, corrijan su castigo a quienes han pilotado el desmantelamiento de su Estado de Bienestar y vuelvan al impopular gobierno de los recortes y la miseria.
Menos mal que Francia, otra vez Francia y por las razones que sean, ha dejado cojo el tándem que, con Sarkozy en el Eliseo, ha impuesto en Europa el conservadurismo más rancio e injusto que hoy paraliza Europa. Y es que la sola elección de François Hollande ha bastado para traer un rayo de esperanza al doliente sur del continente de la ya casi olvidada prosperidad.
Llevamos ya demasiado tiempo amaneciendo cada día un poco más pobres, un poco más débiles y un poco más deprimidos. Y lo peor es que nada hemos hecho para estar así y nada podemos hacer para evitarlo. Al menos, nada con los instrumentos, llamémosles convencionales, como el voto, que tenemos a nuestro alcance.
Cada vez tengo más claro que los banqueros, los poderes económicos, con el concurso de los medios de comunicación que, directa o indirectamente, abierta o taimadamente, controlan, nos han traído, o nos han empujado a traer, a estos políticos incapaces en el mejor de los casos de evitar el desastre. Digo en el mejor de los casos, porque empiezo a creer que tanta torpeza no es inocente, empiezo a pensar que algunas declaraciones de algunos ministros son como campanadas que advierten a quienes rapiñan en los mercados del momento oportuno para echar sus redes y sacarlas llenas.
Los banqueros hacen todo lo posible para que nuestros gobernantes sean de determinada manera y esos políticos hacen lo imposible para tapar las vergüenzas de los banqueros, llevándonos a esta situación terrible y absurda en que nos encontramos.
No sé cuál será la solución. Históricamente, de estas crisis se salía con una guerra, a ser posible mundial. Se borraba de un plumazo una parte importante de la población, los jóvenes, y se arrasaba todo para reconstruirlo todo, mientras los supervivientes, satisfechos con haber quedado vivos, tragaban y tragaban con la miseria que trae toda posguerra.
Al parecer, ahora no cabe tal final, aunque el hombre parece especialmente capacitado para repetir sus errores y nada es descartable, porque el hombre, capaz de tanta grandeza, es capaz también de convertirse en un estúpido que corre ciego detrás de cualquier bandera.
Hoy, las calles de cualquier ciudad europea son prácticamente iguales. Los mismos comercios, las mismas ropas, la misma diversidad de colores en la piel, los mismos miedos, las mismas protestas... incluso, a veces, el mismo idioma, el inglés, en pintadas parecidas. Tanto es así que, en ocasiones, el único elemento que permite distinguirlas es el color del uniforme de los antidisturbios que, diciendo que nos defienden, nos reprimen.
A lo mejor -o a lo peor, quién sabe- la salida de este círculo infernal en que nos han metido está en esa guerra civil global que reclama el autor de la pintada, porque él, nosotros, no queremos ser esclavos.


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2 comentarios:

Marisa dijo...

Todo este sin dios está orquestado por los especuladores y para los especuladores, que se dedican a tirar piedrecitas al estanque a ver qué ondas se despiertan como el blog del famoso Nobel Paul Krugman que vaticina la salida de Grecia del euro y un mes después tendremos corralito en España. No hay nada como hablar de corralitos para que la gente entre en delirium tremens y salga corriendo en busca de la sucursal más cercana para retirar los fondos ganados con el sudor de su frente los más (que no todos, los menos). Es como decirle a un niño que no meta el dedo en el enchufe, cuando el niño no se había percatado ni de su existencia, acto seguido mirará ese agujero misterioso de la pared y dirigirá su dedito sin vacilar a su interior.

Un saludo.

Manuela Forajida dijo...

Desesperación era lo de ayer, al abrir todas y cada una de las portadas de los digitales, leer que la prima de riesgo estaba en los 500 puntos y sentir, sin tener ni pajolera idea de lo que eso significa, que se acercaba el apocalipsis. Todo ello acompañado de cierto tufillo a señal para que unos pocos privilegiados hagan sus apuestas