jueves, 8 de junio de 2017

TODO ESTÁ ESCRITO


Hay días en que cuesta más, no ya ponerse a escribir, que siempre cuesta, sino decidir el asunto sobre el que escribir. En esos días uno echa de menos tener a alguien por encima que ordene o sugiera el asunto de la entrada que te consideras obligado a escribir y colgar en tu blog. Hoy es uno de esos, un día en el que todo lo importante suena ya a manido, a escrito o pensado demasiadas veces.
Qué decir, por ejemplo del hundimiento anunciado del Banco Popular, provocado incluso por todas esas filtraciones, por todas esas insinuaciones que, desde hace días, no han hecho otra cosa que precipitar su hundimiento en bolsa, mientras quienes tendrían algo que decir en el asunto, el ministro de Economía, Luis de Guindos, lo el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, callaban otorgando veracidad a los peores presagios o balbuceaban increíbles desmentidos, más, conocida su habilidad para remover el mercado y alejar las soluciones, como ya hiciera el ministro de Goldman Sachas en el caso Bankia.
Escribir sobre la ruina del Popular y su compra por el monstruoso, por tamaño, Santander, es volver a escribir lo escrito sobre Bankia y las cajas, es volver a contar que una gestión desastrosa, en la que el único objetivo de los altos ejecutivos del banco era la de forrarse bien forrado el riñón ante el silencio incomprensible, si no cómplice, de las autoridades encargadas de vigilar que lo que estaba ocurriendo ocurriese.
Y, si eso puede decirse de la banca y la economía españolas, qué decir de nuestros políticos que más parecen hámsteres encerrados en una bonita jaula de maderas nobles, con sillones de piel y alfombras, con cafetería subvencionada y ujieres uniformados a su servicio, empeñados en devorarse sin piedad unos a otros y ajenos a lo que ocurre, a lo que le pasa a la gente, fuera de la lujosa jaula, que guardan dos leones de bronce. Qué decir de comisiones y mociones de censura, si todo eso, con más o menos acierto, ya está escrito.
Por último, las elecciones británicas y el atentado de Londres. Desde el primer momento quedó claro que a la primera ministra Theresa May no le importaban ni las víctimas del atentado ni la solución de los problemas que causan el terrorismo, mucho menos, una gestión inteligente de la lucha contra esa gran lacra que es para Occidente, pero no sólo para Occidente, el terrorismo, Lo único que, desde el primer minuto, le interesaba a Theresa May, lo único que trató de poner a salvo fue esa victoria que se  prometía tan feliz en las elecciones, para eso las anticipó a hoy, conocedora de la ventaja de veinte puntos que le auguraban las encuestas cuando tomó la decisión.
Lo único que le interesó, antes que el consuelo de las víctimas y el desmantelamiento de las tramas, si es que existen, en las que se fraguó el atentado, lo único que le interesó, fue gestionar los efectos del atentado a su favor, gritar esos "prietas las filas" y "cueste lo que cueste", aunque el pago se haga en libertades y respeto a los derechos humanos. Por eso se asomó a la puerta del 10 de Downing Street blandiendo su lengua de acero y su mano dura, ofreciendo en bandeja de plata a los terroristas, no la cabeza del bautista, sino las garantías y derechos de los ciudadanos en que se basa nuestro Estado de Derecho, el sistema en que convivimos.
También eso estaba escrito. Con las debidas distancias, la actitud de la primera ministra que yo deseo efímera, se parece demasiado a la actitud que toaron Aznar y su ministro Acebes tras la masacre del 11-M, hace ya catorce años. Quisieron utilizar las consecuencias del atentado en beneficio propio o, mejor dicho, quisieron tapar sus vergüenzas para evitar que sus adversarios en las urnas, que nunca tuvieron intención de hacerlo, las usasen contra ellos.
Al final la conciencia, el sentido común, que, como el animal dormido que a veces sabe despertarse que tiene la sociedad, se dio cuenta de la jugada y se puso manos a la obra para que alguien tan mezquino como Aznar, su ministro y su candidato se saliesen con la suya.
Ojalá que el final de la historia, el resultado de las elecciones que hoy celebra el Reino Unido, se parezca a de aquel triste, pero reconfortante, marzo en España.

1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Toda una reflexión ...

Saludos