martes, 17 de mayo de 2016

ESTE TÍO NO ES IDIOTA


No hace ni una semana que, de él, el abogado de Diego Torres, el socio de Iñaki Urdangarín, dijo entre dientes el ya famoso "este tío es idiota". Lo dijo tras escuchar de su boca y ante el tribunal que no sabía nada de Noos, el chiringuito de cuñado del rey y su socio para sangrar los presupuestos de ayuntamientos y comunidades autónomas, mediante su presunto asesoramiento en la organización de acontecimientos deportivos a cambio de nada o de casi nada. Lo dijo porque él y su representado sabían de sobra que el entonces alcalde de Madrid, el mismo que había dado el visto bueno para el nombramiento de Mercedes Coghen como consejera delegada de ese carísimoviaje a ninguna parte que por dos veces ha sido la candidatura para los juegos de 2020, prácticamente su único asunto como alcalde de Madrid amén de la carísima Calle 30, otro de sus  dispendios que aún pagamos y pagaremos los madrileños y los hijos de los madrileños en los muchos años por venir, el mismo de los ojitos brillantes en los cócteles, no podía saber de dónde le venían los folletos y libros que inundaban su carísimo, faraónico y desproporcionado despacho.
Sería muy fácil dar la razón al letrado, demasiado fácil. Pero no, este tío, Gallardón, es cualquier cosa menos idiota todo lo que hace, todo lo que ha hecho desde que se puso a la sombra de Manuel Fraga tiene, ha tenido un sentido. Llegó a aquel ominoso acuerdo para poner a los pies de PRISA el Círculo de Bellas Artes, porque así se garantizaba la "canonización" en las páginas de EL PAÍS, desde las que se le defendió hasta el paroxismo. Dejó la Casa del Correo de la Puerta del Sol a Esperanza Aguirre, elecciones mediante, porque tenía claro que en el Ayuntamiento su ego brillaría más y porque, no me cabe ninguna duda, tenía ya en la cabeza los megalómanos proyectos que dispararían hasta el infinito la deuda del ayuntamiento madrileño.
Y siendo ya alcalde, permitió que le colaran en su lista, como número dos y sucesora en ciernes, a la esposa de José María Aznar, Ana Botella, que, sin nada a su favor más que su ultra conservadurismo moral y religioso y su falta de empatía con los ciudadanos que no toman el té en Embassy, asumió el regalo que la hacía el partido de su marido, envuelto en los empalagosos y falsos elogios del alcalde, que veía en el regalo envenenado su pasaporte al gobierno en cuanto el PP ganase las elecciones.
Y no se equivocó, porque Gallardón no tardó en convertirse en el peor y más retrógrado ministro de Justicia de la democracia, mientras Ana Botella le igualaba en desastres al frente del Ayuntamiento de Madrid, pasando "olímpicamente" del dolor de las familias de las cinco jóvenes muertas en el Madrid Arena y supervisando los servicios mínimos de la huelga en empleados de limpieza que anegó esta ciudad de basura a cumulada, en tacones y con abrigo de piel. Tan mal lo hizo, "la Botella" que no se atrevió a intentar repetir, aunque, todo hay que decirlo, aguantó más en el despecho que se preparó Gallardón que él como ministro.
Sí, porque "este tío" en su fugaz paso por el ministerio puso patas arriba la justicia y los valores de los españoles, empezando por un amplio sector de su partido que se sintió avergonzado por el paso dado atrás por el misógino ministro en el respeto a la mujer y sus derechos. Además y ese es el motivo de estas líneas, cambió de un plumazo las reglas de juego procesales, fijando el pago de unas tasas desorbitadas que dejaban la justicia fuera del alcance de la mayoría de los ciudadanos. Unas tasas que su sucesor, a los pocos meses de sucederle tras sus "espantada" tuvo que suprimir, aunque no haya hecho otro tanto con el malicioso sistema de plazos de instrucción, por el que se fija un máximo de seis meses para la calificación, tiempo en el que, tal y como denuncian hoy los fiscales progresistas, es imposible instruir cualquier causa y más con los medios de que disponen. 
Una "cagada" más de "este tío", que puede acabar de golpe con la instrucción de decenas de miles de casos que bloquean hoy los juzgados, una medida tomada para impedir que madurasen los muchos y largos asuntos en los que está inmerso su partido, pero que se ha vuelto contra el derecho a alcanzar justicia de la mayoría de los españoles.
Este tío, en contra de lo dicho por el abogado del duque felón, no es idiota. Sabía muy bien lo que se hace y, si alguna vez da un traspiés, lo da cegado por su ambición que es mucha, aunque sabe ponerse pronto a salvo. Este tío es listísimo y habrá que esperar meses o quizá años para ver en qué manera se le recompensarán las muchas trampas que, a favor de las constructoras, se han hecho en todos esos megalómanos proyectos en que se ha embarcado a cuenta de la deuda de los madrileños.
Este tío no es idiota y lo estamos sabiendo gracias a que los suyos ya no ocupan su despacho en Cibeles, pero es y ha sido del PP, a pesar de que durante años vivió disfrazado de "verso suelto" entre cultura y canapés. Pero, como, a propósito de él, me dijo en una ocasión don Santiago Carrillo "no conozco en el PP a nadie que no sea del PP". Que no, que este tío no es idiota.

2 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Siempre genial...

Marian Salazar dijo...

Pues esto crea una impotencia tremenda y una desazón imparable...