martes, 14 de febrero de 2017

LA HORA DE MAFO


Le recuerdo en los pasillos de la SER, especialmente en esa escalera que unía las plantas en la que se hacía la radio y la planta en la que, no en toda, se tomaban las decisiones. En aquella época formaba parte del consejo de administración t de las tertulias del Hoy por Hoy que dirigía Iñaki Gabilondo. Le recuerdo, altivo y distante. aunque quizá sólo fuese mi impresión, y recuerdo también que era una especie de oráculo, al que consultaban los compañeros que trabajaban para la sección de Economía.
Recuerdo también a su esposa, Inés Alberdi, que, en ademanes y simpatía, nada tenía que ver con él.
Los apellidos Fernández y Ordóñez, así unidos, significaban mucho para la gente de mi edad, Por su hermano José Antonio, un brillante ingeniero de caminos, pero, sobre todo, por el mayor de los Hermanos, Francisco, brillante ministro que fue ministro, en la UCD y el PSOE, de Economía y Justicia con Adolfo Suárez y de Exteriores con Felipe González. autor de leyes tan importantes como la de la primera gran reforma fiscal o la Ley del Divorcio, y uno de los primeros tránsfugas de nuestra reciente democracia.
Nada tuvo que ver, al menos para mí, con el menor de los diez hermanos Fernández Ordóñez, alumno también del elitista Colegio del Pilar, que ocupó importantes cargos del área de Economía en los gobiernos de Felipe González y en el Fondo Monetario Internacional y que, en 2006, con Rodríguez Zapatero en La Moncloa, fue nombrado gobernador del Banco de España. Momento en el que este señor volvió a mi vida, para cabrearme con su actitud, paternalista y crítica con los trabajadores y los sindicatos, a los que, viendo lo que estaba viendo, comenzó a culpar de los problemas que asomaban ya en el país.
Debo decir que me sentí aliviado y me alegré, cuando ayer tuve noticia de que, por fin, la justicia se avenía a investigar su oscuro papel en la fusión de las cajas de ahorro y la posterior salida a bolsa de Bankia, algo que decidió la Sala Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional, desautorizando al juez instructor, que en repetidas ocasiones se había negado, pese a la existencia de indicios evidentes de su mala práctica como supervisor de la Banca, al autorizar la salida al mercado de las envenenadas acciones de Bankia.
Nunca puede entender que, ante la podredumbre encalada de la banca española, a quien se dejaba llamar MAFO, como si de una agencia gubernamental se tratase, lo único que le preocupaba era el sueldo de los trabajadores, no los bonus ni las cuentas maquilladas de los directivos de las cajas. No sé si esa actitud era sólo soberbia, si era sentimiento de clase, o si era algún tipo de complacencia con antiguos compañeros de colegio, pero, como dicen en mi barrio, "cantaba" bastante.
Por eso me sentiré aliviado cuando, pese a los intentos de evitarlo por parte del PP y el PSOE, tenga que sentarse ante el juez en la Audiencia y ante la comisión de investigación que, con toda seguridad se creará en el Congreso, ahora que la política en España ya no es cosa de dos que se tapan las vergüenzas unos a otros.
Aunque sólo fuese por ver como se le bajan los humos, me llenará de satisfacción conocer de su boca la explicación, si la tiene, para tanta desvergüenza y, si no, me compensará de tanto cabreo inútil saber que su pasotismo ante los desmanes de Rato y CIA y el dolor que han provocado no queda impune. Creo y me gustaría que así fuese que la hora de MAFO ha llegado.

2 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Un excelente artículo...

Eloy Peña Rico dijo...

A su hermano Francisco... le conocí en su hotelito de Santa Pola (Alicante); cercano al de Santiago Bernabéu.
El colegio del Pilar era lo que es aunque NO lo que fue...,. A Marcelino Oreja le conocí en su despacho del Banco de España.
-
A... ¿...?.