miércoles, 15 de febrero de 2017

A PRISIÓN


Se dice que, en las guerras, la primera obligación de un prisionero es la de fugarse. Yo añado que, si la pena es mucha, casi lo que le queda de vida, digamos autónoma y digna al preso, también. No digamos ya, si, con la condena de trece años ya dictada, se permite al condenado esperar la resolución de su recurso en casa, por más medidas cautelares que se dicten para evitar su fuga.
Esto, que sería "de cajón" y para todos, parece perder vigencia si el preso es de buena familia, tiene padrinos, buenos y caros abogados y su delito es "de guante blanco". Nadie se lo plantea cuando el condenado es un pobre diablo con abogado de oficio que, quién sabe, quizá se vio obligado a robar por hambre o por enfermedad, que otra cosa no son las adicciones.
Reconozco que en esto soy un tanto radical, pero, en mi descargo, he de decir que tengo demasiado presente, más cuando acaban de cumplirse cuarenta años de tanto crimen fascista, asesinato de los abogados de Atocha incluido, en los que personajes "de buena familia", con dinero o con amigos influyentes y generosos, pusieron tierra de por medio mientras esperaban el desenlace de su proceso.
Me diréis que no es lo mismo robar el bolso a una anciana que "apañar" unas contratas o unas obras para unos amigos, que las consecuencias o la violencia empleada en la comisión del delito no son las mismas, y, sin embargo, creo que eso es muy discutible. Me permito decirlo, porque, si, en efecto, el "tirón" al bolso de la anciana puede producirle una caída o una alteración de su salud, también esa continua rapiña en lo público, lo que es de todos, lleva al deterioro y la pérdida de calidad y eficiencia de infraestructuras y servicios, de carreteras, hospitales y centros de salud que, también, dios no lo quiera, que diría la señora del bolso, derivan en dolor y muerte.
Me extraña por ello que voces que tenía por ecuánimes, como la del periodista Ignacio Escolar, hayan criticado la decisión del TSJ de Valencia ordenando la inmediata prisión de Francisco Correa, Pablo Crespo y Álvaro Pérez "el bigotes". Escolar, como los abogados de los condenados, insistieron ayer en que no hay riesgo de fuga, en que, si hubiesen querido, ya se hubiesen ido y en que llevan ya años acudiendo diariamente a firmar en el juzgado correspondiente para acreditar que no han emprendido la fuga.
Menos aún me gustó la comparecencia ante la prensa de Miguel Durán, recurriendo al victimismo y poniendo la ceguera que no le impidió ser el autor del ascenso y caída en el prestigio de la ONCE, crear el imperio Tele 5 para dejarlo en manos de Silvio Berlusconi ni, tampoco, ejercer hasta ahora la defensa de Pablo Crespo, como excusa para no poder elaborar, sin su cliente en libertad, el recurso que elevará ante el Supremo.
Mal lo tienen, o deberían tenerlo, porque no puedo imaginar lo que ocurriría, la alarma social que generaría la fuga de cualquiera de estos tres condenados y los que seguirán su camino a prisión en este caso, porque a la mayoría de ellos les esperan, no sólo esta condena, sino cualquiera de las que les puedan "caer" en el ramillete de casos que aún tienen pendientes de ser juzgados o vistos para sentencia. 
En fin, no creo que unos meses más o menos de prisión vayan a causar excesivo daño moral ni físico a quien tiene ya una condena de doce o trece años y espera otras incluso superiores. Y eso, por más que unos y otros hayan colaborado por la justicia, entre otras cosas, porque, si lo han hecho, ha sido por despecho al PP o por su propia conveniencia.