lunes, 14 de noviembre de 2016

LAS CAUSAS DE LAS CONSECUENCIAS


Sería muy fácil tildar de incongruentes a todos esos ciudadanos que, desde que Trump ganó las elecciones la madrugada del pasado miércoles, se han echado a las calles de varias ciudades, cada vez más, de los Estados Unidos. Sería tan fácil como esgrimir en su contra el gran argumento de la democracia, el de un hombre, o una mujer, un voto, porque, lo tengo más claro cuanto más sé de él, el sistema electoral es, sobre todo en los EE UU, más que imperfecto.
No sé si es la primera vez que el resultado de unas elecciones es tan contestado en la que se tiene por la mayor democracia del mundo, pero es muy significativo, pero lo que sí sé es que no será la última, allí ni en el resto del mundo, o del planeta como acostumbran a decir por esos pagos.
Las protestas no son más que la consecuencia de una tremenda frustración, ciudadana porque desde hacía semanas, si no meses, aquí se nos decía y allí también se venía diciendo que un resultado que diera al histriónico magnate las llaves de la Casa Blanca sería imposible, lo que demuestra que, en esta y quién sabe en cuántas más cosas, consciente o inconscientemente, se nos estaba engañando.
Hace demasiado tiempo que quienes gestionan la sociedad, los políticos se han desconectado de la sociedad a la que dicen defender, eso está claro, pero, además, lo que también resulta evidente y, con el chasco de la victoria de Trump, aún más, es que tampoco los medios de comunicación, pese a sus continuas encuestas, las llamadas de oyentes y los reportajes en la calle, estaban conectados con sus audiencias.
Lo tuve claro aquellas horas que siguieron a las marchas del 15-M en Madrid, en las que apenas hubo cámaras y micrófonos en la Puerta del Sol. De hecho, son pocas o ninguna las imágenes del montaje de aquel campamento improvisado que fue el principio de tantas cosas y doy fe de que en la Puerta del Sol no hubo equipos móviles de televisión hasta pasados dos días.
No les interesaba. No creían que aquello llegase a algo. No esperaban que durase más que un festival rock y. mucho menos, que tuviese consecuencias. Por eso se sorprendieron como se sorprendieron cuando, años después, una candidatura relacionada con ese y otros campamentos instalados en otras ciudades de España, colocase unos cuantos eurodiputados en Bruselas y, más, cuando comprobaron que, en las autonómicas y municipales, se hacían con las alcaldías de ciudades como Madrid o Barcelona.
En este punto, conviene recordar que aquellas marchas del 15-M tuvieron lugar con Zapatero en La Moncloa, aunque, eso sí, con un Zapatero entregado a los dictados de Bruselas y un Zapatero que, en los desahucios el PSOE estuvo siempre del lado de la banca, para no crear inseguridad jurídica a los bancos en los que, ahora lo sabemos, tenía sentadas a muchas de sus vacas sagradas. Fue gracias a la gente del 15-M y afines que los ciudadanos vieron, vimos, quién estaba dónde y con quién. Por eso y no por otra causa, el PSOE que llegó a gobernar España con González y Zapatero por dos décadas, se fue diluyendo como un azucarillo en un vaso de agua y hoy, ayudado por el empeño de sus dirigentes en no escuchar a sus bases ni al resto de la ciudadanía, el partido que un día gobernó a una España ilusionada, hoy sería la tercera fuerza en un nuevo parlamento.
Eso por no hablar de una prensa, al menos la que teníamos por progresista, en la que los lectores ya no se reconocen, que no "se huele la tostada" y, escuchando sólo a los poderosos, hace diagnósticos tan interesados como equivocados sobre los orígenes y las consecuencias de las crisis -la económica y la política- que, estas sí, nos han dejado una España a la que, como diría Alfonso Guerra, ya no conoce ni su madre.
La prensa está tan ciega y tan poco involucrada en la sociedad real que ha tardado casi una semana en enterarse de lo que ha pasado en Estados Unidos, en Reino Unido con el Brexit o en Colombia con el acuerdo de paz. La prensa de aquí y de allá, más preocupada por sus ERE, por sus negocios y los de sus dueños, empeñada en tapar sus vergüenzas y en manipular más que en informar, se ha esforzado en contarnos las consecuencias de la victoria de Trump, cuando lo que en realidad nos tendría que explicar es la causa, el origen de esas consecuencias, la causa de que, en el primer mundo, ese que teníamos por estable y satisfecho, haya crecido la desesperanza y, también, la rebeldía. Una causa de la que, como digo, son enormemente responsables.

2 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

"Que no sabemos lo que nos pasa: eso es lo que nos pasa"...
(José Ortega y Gasset)

Pascual Aguado dijo...

Todo cierto.un saludo