lunes, 29 de octubre de 2012

PARA NO HABLAR DE LO IMPORTANTE

 
 
No seré yo quien niegue a los pueblos, sean los que sean, su derecho a sentirse y quererse distintos. Es más, quizá como reacción al franquismo que perseguía y castigaba ese sentimiento, sentí, como muchos españoles con deseos de enterrar al dictador y con él la dictadura, una cierta simpatía hacia esas otras formas de estar en España que afloraban.

Como en tantas otras cosas, el sueño resultó más confortable que la realidad de lo soñado, porque, cuando las aspiraciones de los nacionalistas comenzaron a plasmarse en los estatutos todo se hizo más incómodo y prosaico, en perjuicio de la generosa solidaridad con que, al menos la izquierda, había acogido esas aspiraciones.

Han pasado más de tres décadas desde que perdimos la inocencia y nos vimos enredados en esas disputas cotidianas por un quítame allá esas competencias y alguno menos desde que, tras la debacle de UCD, la derecha española decidió unir sus intereses y agruparse en un partido, el PP, en el que aglutinó desde la derecha económica y la acostumbrada al control de la Administración, con el ultra catolicismo y la ultraderecha más montaraz.

Este partido aglutinador de todas esas derechas descubrió pronto que la mejor bandera que podía agitar ante el electorado para ganarse sus favores estaba en ese doble juego del patriotismo que unas veces se muestra como víctima de los excesos "separatistas" y otras como irredento vengador de esos excesos a base de amenazas y campañas de boicot, más efectista que otra cosa, a determinados productos, especialmente y más que los producidos en Cataluña, los que, siguiendo los tópicos, son los más fáciles de identificar.

Ahora, de manera precipitada, asistimos al enconamiento de esos sentimientos nacionalistas en Cataluña, más como sublimación de la frustración que producen las consecuencias de la crisis en los catalanes que como salida práctica a la misma. Tengo amigos y familiares catalanes y entiendo perfectamente lo que están sintiendo. Tanto, que, a veces, echo de menos tener un "Madrid" al que culpar de todos mis males, un Madrid del que independizarme para ver si, con esa independencia, las cosas van mejor. Pero no. Los madrileños, querámoslo o no estamos condenados a padecer los rigores del gobierno de la nación y a llevar el sambenito de encarnarlos.

Mi impresión es que unos y otros, CiU -no sé si toda- y PP, agitan la bandera del nacionalismo, para distraer a catalanes y "españoles" de las consecuencias sus verdaderos problemas, de esos que unos y otros, Mas y Rajoy, son incapaces de solucionar.

Los telediarios duran lo que duran y los periódicos tienen las páginas que tienen. Por eso, cada titular, cada portada y cada línea que se dedican a esta diatriba que no parece tener solución a corto plazo, son un titular, una portada y una línea que no hablan de lo importante, del paro, de los recortes, de la crisis que parece haberse comido la democracia de un bocado, mientras discutimos si son galgos o son podencos.

El adelanto de elecciones por parte de Mas ha sido tramposo y, o mucho me equivoco, o acabará pagándolo, porque su planteamiento, que no buscaba otra cosa que cerrar el cuaderno de la crisis sin haber hecho la tarea para abrir el tebeo de los sueños no demasiado realistas, puede llevar a sus votantes a la frustración de que detrás de tanto sueño y tanto símbolo no hay más que estrategia electoral y ese deseo insensato de mantener se en el poder a toda costa. No buscaba otra cosa que pillar a la oposición con el pie cambiado y obligarla a hablar del tebeo en lugar de hacerlo de los deberes.

Para concluir me vais a permitir la pequeña frivolidad de señalar que en Euskadi, con un parlamento absolutamente "soberanista", que se parece más al Euskadi real que el de la pasada legislatura, y eso pese a que el pacto PP-PSE cumpliese su objetivo de normalización, en un parlamento como ese, la soberanía, la autodeterminación, la independencia o como quiera que se le quiera llamar, no es un objetivo prioritario. Y me atrevo a vaticinar que, una vez pasadas las elecciones, tampoco Mas va a insistir en él.

No quisiera equivocarme, pero siempre he pensado y pienso que un catalán lo primero que quiere es ser feliz y sentirse seguro y después ser catalán, como un español, o un madrileño, lo primero que quiere es sentirse seguro y ser feliz, antes que sentirse español o madrileño. Si no es así, que se lo hagan mirar.
 
 

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me sobra el "que se lo hagan mirar", no juzgues lo que no conoces ni sientes; es una opinión... por muchos amigos/familiares que tengas en catalunya.

Javier Astasio dijo...

Evidentemente es una opinión y lo señalo al comienzo del párrafo. Lo tuyo también lo es, aunque, por la firmeza con que lo expresas, más bien parece un dogm.
Pese a todo, insisto, me cuesta creer que alguien quiera ser catalán o español antes que ser feliz.