lunes, 3 de diciembre de 2018

A POR ELLOS Y SIN COMPLEJOS


Una cosa que enseña la vida, más si la has vivido desde la atalaya del periodismo, es que nada existe hasta que se le pone nombre. Pues bien, eso es precisamente lo que acaba de ocurrir con la extrema derecha en España, que ha pasado de ser una especie de niebla que amenazaba en el camino, pero a lo lejos, a materializarse en una marca electoral exitosa, la de VOX, que, unos y otros hemos colocado en un lugar, si no destacado, sí demasiado visible del mapa electoral de este tan desorientado país. 
Desde los años de la "Zona Nacional" y el “cara al sol” y el brazo en alto  "por cojones", al menos en Madrid, los años en que los nostálgicos del franquismo, todos unidos, sólo fueron capaces de conseguir un escaño en el Congreso, que fue para Blas Piñar y su Fuerza Nueva, desde entonces, la extrema derecha española, la del odio, la regresión y la xenofobia no había vuelto a sentarse en el palacio de la Carrera de San Jerónimo.
Han sido muchos años, casi cuarenta, casi los mismos que el PSOE ha gobernado en Andalucía, años en los que esa extrema derecha, esos simpatizantes del orden a su manera, de marinar en testosterona los discursos y las decisiones, han vivido camuflados en el Partido Popular, al que les llevó, en espera de tiempos mejores, Manuel Fraga, ministro que fue de Franco, retratado para la Historia cientos de veces con la guerra blanca y la camisa azul del movimiento y sentado a la misma mesa del Pardo en la que se daba el visto bueno a las ejecuciones ante el pelotón de fusilamiento o por garrote vil.
Ayer, en Andalucía, miles de votantes parecieron haber olvidado o, lo que es peor, dar por bueno todo eso que, en el recuerdo de mucho de nosotros suponía una barrera que nunca creímos que nadie fuese nunca a cruzar. Pero ayer, en Andalucía, se cruzó, dando doce escaños a los partidarios del odio a todo lo diferente, los partidarios de la intolerancia, de la xenofobia, de la homofobia, los que abolirían si pudiesen las leyes que persiguen la violencia contra las mujeres o las que tratan de restaurar lo que ven como un anatema, un peligro mortal: la memoria, porque qué sería de ellos si todos tuviésemos memoria, si recordásemos lo mal que nos ha ido siempre con los suyos.
Nadie lo creía posible, pero ya están aquí y han venido, parece, para quedarse, porque, al menos así lo creen ellos, esto es sólo el principio de la triste "reconquista" que se han propuesto, la de todos sus privilegios de clase y de género, a costa de nuestros derechos, conquistados con tanta lucha y tanto dolor. Sin embargo, no seré yo el que critique la decisión de los andaluces que les han votado. Más bien, mi crítica va contra los partidos políticos, de Podemos al PP y de los medios de comunicación, que son quienes, agitando su fantasma, como una especie de conjuro, son los que los han traído hasta aquí.
Ese Ferreras, impagable para su causa, que, con las horas y más horas dedicadas a Vox y sus líderes o a los líderes de otros partidos hablando de Vox, les ha hecho la campaña, les ha puesto en el mundo a cambio de subir la audiencia, que parece confundir la información con el espectáculo, y de todos es sabido que también hay cine de terror y que gusta. Esperemos que lo de Vox, lo que comenzó con esa cobertura desmedida y desenfocada de los sucesos del 1-O, lo que se venía anunciando con el tráiler, el avance, de aquel triste y vergonzante "a por ellos", seguido de la magnificación de os excesos, que fueron muchos, de unos y otros y que ha conseguido levantar un muro entre la mitad de los catalanes y el resto de España, que hoy parece insalvable.
Todo esto, unido a el "tronío" y la inconsistencia de Susana Díaz, que debería pensar ya en dejar la Secretaría General del PSOE, incapaz de hablar de otra cosa que no sea el victimismo, a veces justificado, pero no siempre, de los andaluces, incapaz también de hacer propuestas consistentes para una población, la andaluza, castigada secularmente, pero capaz, como todas, de levantarse con algo más que romerías, procesiones  y "acento", incapaz de acercarse a Teresa Rodríguez y viceversa, de dar una alternativa conjunta de la izquierda, de la que tan necesitada está la comunidad que hasta ahora gobernaba, estamos en el derecho de pensarlo, por inercia.
Culpa también del PP y Ciudadanos, los reyes del todo o nada y del veto que luego, si conviene, ya no es tal, que, en los últimos días de campaña, quizá por culpa de quienes escribimos o informamos sobre ellos, han agrandado el papel y las posibilidades de Vox, hasta convertirlas en una realidad. Lo cierto es que el "A por ellos” de los más cerriles, bendecidos, eso sí, por quienes convierten un lazo, del color que sea, en "lo único", o el "sin complejos", tan de Pablo Casado y su siniestro mentor, el fantasma de Aznar, ya están aquí. Ahora y de todos depende, esperemos que no sea para quedarse.

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