jueves, 30 de agosto de 2012

ROBINSON Y LOS BUITRES DE CIUDAD

 
 
Algunos conoceréis la historia, porque ayer, en caliente, ya la conté en Facebook, pero creo que merece la pena detenerse en ella un poco más. Tiene que ver con muchas osas. Por ejemplo con la indefensión de los consumidores, también con la voracidad de algunas empresas, con la necesidad de trabajo de muchos jóvenes y con la falta de escrúpulos de alguno de ellos.
Al igual que, cada poco, a través del teléfono asaltan nuestra intimidad desde cualquier parte del mundo, a la hora más inoportuna, especialmente si es la de la sobremesa o antes de la cena.
Por si esto fuera poco y de que, a pesar de la famosa lista Robinson, que desde el otro lado del mar se pasan por los robinsones -echo de menos la traducción a las nuevas tecnologías de aquel "Prohibido fijar carteles, responsable la empresa anunciadora"- ahora se dedican al asalto de los hogares por mano de comandos de jóvenes especialmente agresivos y entrenados como perros de presa para apabullar a cualquier ciudadano sorprendido con la guardia baja en ese sitio que uno cree inviolable que se es el domicilio.
Comienzan por identificarse con una verdad a medias. Por ejemplo y como me ocurrió ayer a mí a última hora de la tarde, "somos de la compañía del Gas". Una verdad a medias, porque si respondes con un "qué compañía" zozobran más que Mariano Rajoy en una rueda de prensa como deben ser las ruedas de prensa, o sea, con preguntas. No saben que decir, porque cada uno conoce al menos el membrete de las facturas que le llegan del gas.
Pero a veces te sorprenden, sobre todo si hace meses que no vienen leerte el contador, y les abres la puerta. Comienza entonces una guerra dialéctica cruel y sin cuartel. Comienzan por darte a entender que eres un pobre tonto al que le están robando y que ellos, una especie de robín hoods de la energía, vienen a rescatarte de los villanos que te tienen en sus redes. Si dudas, te piden una factura de la que, de un vistazo, sacan los datos que necesitan para "clavártela". Nunca lo hagas y más si eres buena persona y tiendes a fiarte de la gente, porque, como me dijo en una ocasión un amigo que vivió muchos años en Rusia, tienes que imaginártelos de color verde, a mí me pasa con los del PP, porque, si crees que son como tú, está perdido.
Si desconfías y te mantienes firme, tratarán de ganarte por los bajos, quiero decir por los bajos instintos como, por ejemplo, el patriotismo o el nacionalismo, que, al fin y al cabo, son la misma cosa, aunque de distinto color. Te dirán, como me dijeron cuando querían que me pasase de Gas Natural a Endesa, que los impuestos de mi factura se tributaban en Cataluña, cómo si a mí me importara que así fuera, en caso de que fuera cierto. Ahora que lo que quieren es "rescatarme" de Endesa, donde fui a parar por un ajuste del Tribunal de la Competencia, para llevarme al paraíso de Iberdrola y el argumento es el mismo, aunque en esta ocasión lo que me cuentan es que Endesa es una compañía italiana, de la que, por cierto, añado, Aznar se lleva 200.000 euros al año.
Como yo sólo quiero vivir tranquilo no quiero cambios, porque desconfío, porque nadie llama a mi casa para darme nada, sino todo lo contrario, les cierro la puerta, a veces con cajas destempladas. Tantas que, incluso, me queda mala conciencia por ello.
Es lo que hice ayer en la sobremesa. Y cuál no sería mi sorpresa cuando a la hora en que uno prepara su cena y piensa que nadie va a llamar a su puerta, porque el lechero hace años que cerró y no reparte, alguien toca el timbre y la emprende de nuevo con el mismo truco que trataron de usar apenas unas horas antes.
Vuelta a los mismos argumentos. Yo, más cabreado si cabe, le digo que ya lo intentaron a mediodía y no coló. Y, entonces, salta la chispa. El tipejo, porque no puedo calificarle de otro modo, me responde que sí, que lo saben, pero que insisten porque el compañero que estuvo antes andaba "bajo de actitud". Me enciendo, le digo que es un canalla por hablar así con un desconocido de un compañero ´qué no hará con sus jefes- y le echo diciéndole -y lo repito blanco sobre negro- que hijos de puta como él son los que están hundiendo este país. Me quedó como dios, hasta que me pongo a pensar en cuántos incautos habrán caído en sus redes ese día por una miserable comisión.
No soy huraño ni soy un robinsón, mi casa es mi isla y la quiero limpia de buitres y alimañas. Pero, si he de ser robinsón, que me den una escopeta con la que ahuyentar a todos los buitres que revolotean a la espera de robarme algo, aunque sólo sea mi intimidad.
 
 
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3 comentarios:

Marisa dijo...

-Hola Robinson. Yo soy Viernes.

Un saludo.

Javier Astasio dijo...

Pues dime dónde te metes y voy a buscarte

Marisa dijo...

jajjaa☺
Un saludo.