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lunes, 11 de noviembre de 2019

VENTAJAS DE UN DESASTRE


Dicen que quien no se consuela es porque no quiere y, a lo mejor, es eso lo que me ocurre, que quiero consolarme y por eso, en medio del disgusto, cabreo más bien, y la desolación, quiero consolarme y, para ello, busco síntomas, por pequeños que sean, de lo que debería acabar siendo un conjunto de cambios en el panorama político, que, desde hace años, estamos necesitando.
De todos esos síntomas, el más esperanzador, al menos para mí, es el de que, pese a tenerlo todo en contra, Más País la entrada en el Congreso y que la presencia de Errejón en la política nacional dice a las claras que la izquierda no tiene los límites en los designios Iglesias y "su" Podemos, sino que más allá de su intransigencia la izquierda sigue existiendo, con lo que excluir al PSOE y sus votantes de la izquierda, algo muy recurrente en Iglesias y los suyos, ya no resulte tan fácil, porque los votos de los electores que escogieron ayer la papeleta de Más País acabaron con la autoproclamada "pureza de sangre" de Podemos.
En cuanto a los tres escaños perdidos por el PSOE en estos comicios mal medidos por Sánchez y sus asesores, especialmente Iván Redondo, siempre son menos, en lo absoluto y proporcionalmente a su potencia electoral, que los siete que ha perdido el partido de Pablo Iglesias, partiendo de la tercera parte de los escaños que obtuvo el PSOE en abril, prueba evidente de que las urnas han castigado más a Iglesias el bloqueador que a Sánchez el presunto intransigente, dejando claro que las negociaciones de julio tendrían que haber acabado de otro modo.
Tiempo hay ahora de rectificar y tiempo para que lo poco que queda de democrático en Podemos, tiempo para que en Podemos alguien sea capaz de mirar más allá de los intereses de Iglesias o para que el dios de los estalinistas ilumine a quien se cree el más listo de la clase, haciéndole ver que él y sus fieles no trabajan para el partido sino para la gente, que, como se vio ayer, ya se está cansando.
Mirando a la derecha, me consuela como no podéis imaginaros el hundimiento de Ciudadanos y de su líder, Albert Rivera, felizmente dimitido, quien, con sus apariciones y desapariciones, con su mala costumbre de atarse a vetos suicidas, con sus estrategia de presentarse como el adalid de la derecha más dura, no sólo dejó a  la mayor parte de sus votantes con la sensación de haber sido estafados y  huérfanos de líder, sino que fue uno de los principales actores del proceso que desembocó en las elecciones celebradas ayer. No sé en qué pensaba, si es que pensaba en algo, cuando entro en ese delirio mercadotécnico, lleno de actos absurdos de provocación, reventando la convivencia, en Cataluña y en el resto de España, buscando un cómodo martirio, rodeados de policías y escoltas, una estrategia en la que la mosquita muerta que, dicen, podría sucederle, ha sido una pieza fundamental.
Ciudadanos ha pagado eso y ha pagado haber sido la argamasa con que el PP construyó la autopista por la que, partiendo de Andalucía y pasando por Madrid, ha llevado a Vox a tener 52 resultados y a poder recurrir, por su cuenta y riesgo, sin necesidad de apoyos externos, al Constitucional cualquier ley que les venga en caga, reeditando aquella estrategia puesta en marcha por Federico Trillo en el PP de Rajoy que desencadenó, entre otras cosas, el principio del fin de la convivencia en Cataluña.
Pese a todo, prefiero a Vox sin máscara ni ambages, antes que a un Ciudadanos como pollo sin cabeza, del que nunca nadie podría acabar fiándose, porque su líder, ya dimitido, después de hacerse con el poder absoluto en el partido se convirtió en uno de los personajes más inestables, bipolar diría yo, de la política española. 
Ahora Vox ha venido a ocupar el lugar de Vox, dejando al PP sólo y sin coartadas, a expensas del partido de Abascal, los de a caballo y los arquitectos falsarios, que, antes o después, se lo acabarán merendado. El consuelo es doble, porque Vox, como Nuevo Amanecer en Grecia, acabará siendo, en cuanto tenga que actuar y se descubra, apenas un fogonazo que hizo ver a una parte del electorado fantasmas inexistentes, despertando a otros que estaban felizmente dormidos.
Lo que está por venir va a resultar apasionante y, si personajes como Iglesias. acostumbrado como Rivera, a purgar y manejar el partido a su antojo, acaban viéndose en su espejo, triste final incluido, aprenden la lección y aflojan las riendas, para permitir, pensando en el país, la gobernabilidad que desde hace años está necesitando.
Ya veis, quizá porque lo necesito, soy capaz de ver ventajas en el desastre de ayer. Espero no ser el único para que los españoles, la gente de carne y hueso y sus problemas, pasen a ser el verdadero objetivo de la política y los políticos.

lunes, 4 de noviembre de 2019

EL DESBARRE ELECTORAL


Cuesta trabajo creer que haya otro país más cutre a la hora de desarrollar campañas electorales, En ellas no se tratan los temas que a la gente realmente le interesan. De lo que se habla es de lo que los medios, especialmente las televisiones, acuerdan que preocupa a los electores, aunque luego, en los sondeos, esos asuntos estén en el furgón de cola de las inquietudes de la población.
Nos mienten las teles y nos mienten los candidatos que se inventan las intenciones de los otros candidatos, echando a un lado la realidad y acomodando su falsa verdad a sus propios intereses y lo que han decidido que son los intereses de quienes creen que son o pretenden que sean sus votantes.
Así, Pablo Casado se permite presumir de haber hecho una excursión al cerebro de Pedro Sánchez, al insinuar, como hizo ayer mismo, que el presidente acomodó la convocatoria electoral a la publicación de la sentencia, porque le interesaba la violencia en Cataluña, para aparecer envuelto en la bandera y con la porra en la mano. una traición del inconsciente de Casado que, con toda seguridad, evocaba al decirlo al último ministro de la porra de su partido quien, el sí, hace dos años sembró de porrazos y de cargas injustificables la geografía catalana.
En otro rincón de la derecha, sus socios de Vox, a pie o a caballo, desbarran también, gritando a los cuatro vientos sus descomunales mentiras, de juzgado de guardia la mayoría, con el único fin de sembrar el miedo y el odio en las cuatro esquinas de España, atribuyendo, muy al estilo Le Pen o Trump, el gasto social al mantenimiento de los emigrantes "vagos y delincuentes", haciendo de la lectura de una presunta lista de subsidiados, casi todos ellos de nombre árabe, el numero estrella de sus mítines o amenazando en plano debate televisivo con ilegalizar el PNV o con detener a Torra, cuando todo el mundo sabe o debería saber, especialmente alguien que presume de militar o de abogado, sin haber brillado en ninguna de ambas actividades, que esas son decisiones que se toman en los tribunales y con todas las garantías y no por reyezuelos envalentonados como parece que ellos serían  si los votos no lo impiden.
En el otro rincón del cuadrilátero, Pablo Iglesias y su compañera Irene Montero siguen jugando con el electorado de izquierdas, afirmando, ni siquiera lo insinúan, que Pedro Sánchez pactará con Pablo Casado, permitiéndose incluso interpretar los deseos de los militantes socialistas y olvidando con descaro la gran decepción que supuso entre los de Podemos, votantes que no "inscrito", que asistieron tristes e incrédulos a los cuatro noes de Iglesias a Sánchez a la hora de formar un gobierno progresista.
Nos queda Sánchez, en el centro del ring, parando os golpes de unos y otros, aquí y allá, asistiendo a la esquizofrenia de Esquerra que unas veces parece el más abnegado de los bomberos, apagando el fuego de la unilateralidad, barricadas incluidas, soportando las acusaciones de botifler, unas veces y prendiendo mechas irresponsablemente, otras, como queriendo no quedar atrás en esa irresponsable subasta de sueños y sentimientos en la que se han embarcado los independentistas.
También está Albert Rivera, pasado de vueltas, como siempre, dando pedales en el vacío como esos acróbatas de la jaula esférica de los circos, capaces de caer a plomo desde lo más alto por su mala cabeza, seguido de toda una corte de aduladores que, por puro egoísmos nunca se han atrevido a decirle que, como rey, estaba tan desnudo como empezó su carrera. Un Rivera que, en un intento desesperado de desviar la atención de su fracaso, aparece ahora con un perrito, como si de una rancia Herta Frankel sobre fondo naranja se tratase. Vamos, peor aún que ese lamentable Vamos Ciudadanos que nos regaló en la hasta ahora última campaña.
No me olvido, claro, de la dignidad del representante del PNV, Aitor Esteban ni del esfuerzo de Íñigo Errejón, un esfuerzo digno de mejor escenario, lleno de propuestas positivas, que una y otra vez me lleva a lamentar que la materialización del 15-M quedase en manos de Pablo Iglesias y no en las suyas.
Estamos, en fin, ante un nuevo desbarre electoral que nos llevará de nuevo a una pesadilla o, quién lo sabe, a una salida digna si es que los “demoscopistas” se equivocan, cosa difícil, al menos todos a la vez.

jueves, 26 de septiembre de 2019

MÁS CORDURA


Cuando, ayer, Íñigo Errejón confirmó su candidatura a las próximas elecciones generales con un partido que se llamará Más País, confirmando su intención de ayudar a la formación de un gobierno progresista, lo último que esperaba -es sarcasmo- es que los más críticos con la decisión fuesen, al mismo tiempo, los partidos de la derecha y quienes les apoyan en las tertulias y quienes van por el mundo de "puristas" de la izquierda, cuando de sobra es sabido que ese purismo que inevitablemente lleva al sectarismo es el eterno mal de esa izquierda que dicen querer defender.
Digo sarcásticamente que no lo esperaba, pero no es cierto. Todo lo contrario, porque la derecha política de la mano de la económica o viceversa necesita de la intransigencia de Podemos para asegurarse el miedo de sus votantes y la imposibilidad de formar un gobierno que revierta sus desmanes y dé a este país los instrumentos de progreso que necesita.
Es curioso que casi nadie hable ya de la casta, quizá porque quien acuño el término se ha convertido no ya en casta, sino que parece haber fundado una dinastía a la que, como el más sádico de los calígulas, ha despejado el camino, eliminando a cualquiera que pudiese hacerle sombra. Ya no habla de la casta quien antes lo hacía porque sería muy fácil callarle poniendo delante de él un espejo. Es curioso pero comprensible, porque Iglesias había montado su propia casta en Podemos, la de quienes nunca le han dicho que no, la de quienes se revuelven todos a una contra quien osa llevar la contraria al líder.
Quizá por eso, en Podemos, quien tiene una voz distinta a la de esa casta acaba en el ostracismo, cuando no expulsado o, como Luis Alegre, abandonando el partido por propia voluntad. Iglesias ha hacho de su pensamiento el mensaje unívoco, difundido y defendido en las redes por los suyos, reiterado en su programa de televisión, Fort Apache, o el del siniestro Monedero. Mensajes que, de inmediato, como si del Séptimo de Caballería cercado por los indios se tratase, se convierten en un "fuego a discreción", contra todo y contra todos, en defensa de esa verdad única. 
Esa actitud, más propia de un alacrán que de hormigas que entre todas pretenden asaltar y colonizar el cielo ha llevado a la práctica desintegración de lo que un día fue un proyecto ilusionante para este país, la existencia de una izquierda para la que la gente estuviese por encima de las siglas y los egos y el país fuese un asunto de todos. Poco queda ya de aquel podemos que consiguió el voto de millones de españoles, yo entre ellos y que, desde entonces ha dicho cuatro veces "NO" a la formación de ese gobierno de progreso con capacidad operativa que tanto necesitamos. 
Hoy aquel Podemos está prácticamente desintegrado y vaga errático, sin querer ver que su problema no es el IBEX 35, sino su líder, incapaz de dar su brazo a torcer y, lo que es peor. de hacer un análisis apropiado de la situación y buscar las consiguientes soluciones. Por eso Iglesias y su fortín están cada vez más solos y vacíos. Valga como ejemplo la carta abierta que Alberto Prieto, redactor jefe de EL ESPAÑOL dedica a Iglesias y que titula "Pablo, vine a EL ESPÑOL s cubrir Podemos y ya escribo de diecisiete partidos".
Por eso y no por otra razón me alegra y me llena de optimismo la llegada de un partido, Más País, y la vuelta de su líder Íñigo Errejón, marginado por Iglesias en Podemos hasta que optó por buscar u encontrar la salida junto a Manuela Carmena, también denostada por Iglesias, quizá porque llegó a brillar más que él, por eso me llenó de esperanza oírle decir que viene a facilitar un gobierno de progreso, un gobierno que, con él en lugar de Iglesias, muy probablemente ya tendríamos, por eso y porque dice que viene a sumar, por eso y porque le rodea mucha de esa gente que yo admiraba en Podemos y que tuvo que marcharse, por eso y porque tiene ya el apoyo de formaciones como la Chunta o Compromís y más que, seguro, tendrá. Por eso y porque trae al panorama político español, a la izquierda española, más cordura, que falta le hacía.



martes, 24 de septiembre de 2019

LA SOLEDAD DEL "LÍDER"


La elasticidad es la capacidad que tienen los materiales de recuperar su forma cuando cesa la fuerza que actúa sobre ellos, una capacidad que se mide forzándolos hasta el punto en que se rompen. Pues bien, pareciera que Pablo Iglesias se hubiera empeñado en comprobar la elasticidad de su partido y la de sus votantes.
Iglesias lo ha conseguido. Reduciendo sus objetivos a uno solo, el poder, que poco o nada tiene que ver con el que realmente debiera ser, el "poder hacer", algo que, unido a la exigencia de limpieza de sangre ideológica, siendo el "pablismo" puro y duro, pero tan voluble como el mismo Iglesias, la ideología impuesta , que ha dejado el partido en los huesos mondos y lirondos, compactos, pero sin músculos, nervios, ni articulaciones, incapaces para recibir sensaciones y, lo que es peor, carente de  reflejo, incapaz de moverse más allá de los rígidos objetivos impuestos por el líder, a través de los más que manipulables "inscritos". 
Iglesias ha llevado a Podemos y a sus votantes hasta e temido punto de máxima elasticidad, como la cuerda o la goma que, de tanto estirarse acaban rompiéndose con un peligroso "latigazo" que sufre el que estira, pero que relaja y rivera al resto.
La inflexibilidad de Iglesias, muy en la onda de Julio Anguita, ha ido reduciendo drásticamente las expectativas electorales de su proyecto. Creyó que en el sokatira en que se había empeñado acabaría arrastrando a Pedro Sánchez hacia sus pretensiones ministeriales. Sin embargo, se encontró enfrente a alguien que fue capaz de plantar cara y derrotar al núcleo duro del viejo PSOE, con su pasado, para bien y para mal, y sus postreros devaneos. Así que de tanto estirar y estirar, el intrépido Iglesias ha dado con el culo en tierra y, en tan poco digna posición, ha tenido que enfrentarse a los que considera la traición de Errejón, el primero en plantarle cara abiertamente, desde dentro y fuera del partido.
La respuesta dada ayer por Iglesias y su coro de portavocillos insistía en lo previsible de la decisión tomada por el líder de Más Madrid, que, sea dicho de paso, para haber sido tan previsible, les ha dejado colgados de la brocha y aturdidos, echando las cuentas de las oportunidades perdidas y los excesos de confianza que, ahora, tendrán que pagar, mientras que actuales y antiguos socios de la formación, ayer mismo comenzaron a hacerlo, se recolocan alrededor de una figura, la de Errejón, más amable y posibilista que la del ortodoxo Iglesias, demasiado evidente y desgastado ya a ojos de los electores.
Como en los libros de caballería y en las leyendas, cuando el gigante cae ante la pedrada o el lanzazo  del rival menospreciado, los enemigos del caído que eran muchos y no todos declarados, no tardan en llevarse lo que le habían prestado, para ponerlo al servicio del nuevo paladín, que es lo que, ya desde ayer, están haciendo Compromís, las Mareas y los Anticapitaistas, para reconstruir en torno a Errejón las alianzas rotas por la intransigencia de Iglesias. 
Iglesias está aprendiendo tarde que, desde abajo, desde donde viven los mortales, con sus problemas y sus sueños, el posibilismo vale más que la ortodoxia y los dogmas, algo que él, como profesor de Ciencias Políticas, debiera ya saber, porque del "Juego de Tronos" de la tele debiera quedarse con el dato de que los guionistas, tan jóvenes o más que él, que ya no lo es tanto, deciden sobre las vidas y la muerte de los personajes, algo que en el juego de tronos en que está metido no es posible y más vale que así siga siendo.
Iglesias lleva muchos años, quizá demasiados, liderando. En la facultad, supongo que también en el instituto y en los movimientos de base supo colocarse a la cabeza, pero, una vez llegado a lo más alto, se desconectó de la realidad, alcanzando su máximo nivel de incompetencia, rompiendo la soga de tanto estirarla, dejando a Podemos en los huesos de tanto purgarlo y, ahora, cuando vienen muy mal dadas, está solo y no tardará en ver que algunas fidelidades duran lo que dura el beneficio que sacan del objeto de su fidelidad.

lunes, 23 de septiembre de 2019

SUMAS Y RESTAS


Desde que ayer tarde se confirmó que Íñigo Errejón y su partido se presentarán a las elecciones del 10 de noviembre, los centenares de analistas, "politólogos" y contertulios "de la muerte" no han hecho otra cosa que repasar la aritmética de sus tiempos de la escuela, sumando y restando y eligiendo
sumandos y sustraendos más con el corazón, o el bolsillo, que con la cabeza.
Me atrevo a escribirlo, porque pone los pelos de punta observar como algunos "tertulianos" de casta, con la divisa de los partidos de derecha en el morrillo, embestían sin piedad contra Errejón, al que dijeron de todo, menos guapo, desde vago a traidor, empezando por la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso quien no es que se haya esforzado mucho en pagar deudas e impuestos. Voces de la derecha que, oh milagro, salieron en defensa del pobre Pablo Iglesias, el rey de la purga, al que su compañero desde la adolescencia, el amigo de toda la vida había traicionado definitivamente.
Andan todos elucubrando, improvisando en voz alta, sus teorías sobre el efecto que tendrá en las urnas la irrupción en esta convocatoria de un partido como el de Errejón, encuadrad en la izquierda, procedente del mismísimo Podemos, con muchos de los cuadros de esa formación fumigados en sucesivas purgas por el "gran timonel" de la izquierda, Pablo Iglesias, incapaz de soportar la menor divergencia con su "pensamiento único". Andan elucubrando y, cuanto más a la derecha se colocan, más aseguran, en realidad sólo lo desean, que Errejón y su partido perjudicarán a la izquierda.
No quisiera equivocarme, pero creo que, al contrario, que la opción encabezada por Errejón será la opción de quienes, defraudados por el frustrado intento de formar el gobierno progresista que habían reclamado en las urnas, se convierta en destinataria de unos votos, los suyos, que, hasta ayer, iban a perderse en la abstención.
La opción Errejón, inequívocamente de izquierdas parece capaz de acoger a un electorado también de izquierdas, pero no sectario, en un espectro, si no ideológico si de actitud, mucho más amplio que el que cubre el Podemos de Iglesias, mucho más estrecho, cuando no opresivo en términos ideológicos, un espacio transversal, en el que caben aquellos que, desde el centro a la izquierda que está más allá del PSOE tengan cabida.
Hay quien dice que la intransigencia suicida de Iglesias, ese afán por dinamitar cualquier posibilidad de formar gobierno con Sánchez tenía que ver con el fantasma de Errejón, dispuesto a desembarcar en el panorama nacional, al que, a menos eso pensaba, alejaría forzando unas elecciones ahora, antes de que su vejo "amigo" hubiese tenido tiempo de organizar su opción electoral nacional. Nada más lejos de la realidad, se equivocaron, porque el fantasma del amigo desde ayer le echa el aliento en la nuca que oculta ras la coleta.
El duelo electoral que Iglesias quería postergar ya está aquí. Él y su compañero de viejas luchas se verán las caras ante los electores de Madrid, los mismos que, en las pasadas elecciones autonómicas, optaron mayoritariamente por Errejón, frente a la opción auspiciada por Iglesias. Eso y el voto que hubiese ido a la abstención que recoja Más País o como quiera que se llame la nueva opción será lo más positivo de la apuesta, porque la izquierda española más allá del PSOE se merece un partido más dialogante, con unos líderes más libres y menos pendientes de caer bien al "amado líder". Ese, más allá de sumas y restas, será el efecto más beneficios del paso dado por Íñigo Errejón.

miércoles, 12 de junio de 2019

YA HAN PASAO'


La Historia que estudiábamos de niños, cuando más dados somos a creer en cuentos, nos hablaba de grandes gestas, de resistencias heroicas que se vencían cuando, al final, alguien conduce al sitiador por el pasadizo secreto o la puerta oculta en las murallas que conduce al interior de la ciudad situada. Pues eso, exactamente eso, es lo que ha pasado en la Comunidad de Madrid y puede acabar pasando en el ayuntamiento de la capital y en otras muchos gobiernos autónomos o municipales.
El traidor, colaborador necesario para franquear el paso a Vox hasta el corazón de esas instituciones ha sido y será Ciudadanos, cansado de perseguir por las buenas, con decencia, su llegada al poder que,  acuciado por no sé qué prisas, acaba de apoyarse en la debilidad del PP y en las ansias de Vox por cruzar la muralla, para disfrutar de su trocito del pastel, contaminado eso sí por el veneno de la extrema derecha, a cuyo apoyo no ha querido renunciar, plenamente consciente de lo que hacía, no sé si también de sus consecuencias.
Vox, meloso y cautivador en los últimos días, no ha podido resistirse a enseñar su verdadera cara, y no ha tardado ni un minuto en organizar una romería "patriótica" al despacho ocupado hasta ahora por un diputado de la que será su oposición, para cambiar un cartel que ensalzaba la igualdad de todos ante la Ley por un retrato del rey, supongo que como antídoto contra el deseo democrático que adornaba la pared.
Lo ocurrido ayer en Madrid, ese acuerdo entre PP, Vox y Ciudadanos, porque Ciudadanos está en el acuerdo y no sólo a título lucrativo, como el PP lo estaba en la trama Gürtel, sino que, amén de ese café clandestino entre Rocío Monasterio e Ignacio Aguado que propició la popular Díaz Ayuso, el partido de Rivera en Madrid, conducido en la parlamento autónomo por el "odiador" de todo lo que huela a izquierda Ignacio Aguado, ha aceptado sentarse a la mesa del banquete con los de Abascal y, aparentando hacerle ascos, por aquello de guardar las formas, compartir comida y bebida con ellos.
De momento, ha cedido al PP los votos necesarios para cubrir el hueco que dejaban en los de Ayuso, los que "graciosamente" traspasó a Vox, para alcanzar una de las presidencias de la Asamblea y quién sabe cuántos cargos del gobierno autónomo.
La maniobra, aún no está claro si legal, del trío de Colón no ha sido posible sin el conocimiento y el consentimiento de Ciudadanos, que ha dejado de ser ambiguo para hundirse hasta las trancas en la derecha cooperativa que gobernará a los madrileños los próximos cuatro años, gestionando los más de veintidós mil millones de euros de su presupuesto, de modo que, de todo lo que hagan, nos hagan, los socios de Ciudadanos desde el gobierno de Madrid, podremos corresponsabilizar a Ciudadanos, el partido que ha hecho posible la entrada de Vox en las instituciones, de Andalucía, Murcia y Madrid de momento, incluso quedando en minoría frente al dúo PP-Vox, que no tardará en dar dolores de cabeza, si no a todo e partido, sí a quienes, dentro de él, creían en su presunto centrismo. 
También, a quienes creían sinceramente a Albert Rivera cubierto de banderas arco iris, que no van a tardar en sufrir en sus carnes la homofobia de sus nuevos socios, homofobia que ha llevado a más de un candidato de la propia Vox a renunciar a sus candidaturas y, en su caso, a sus actas ya conseguidas "por razones de salud".
No quiero ni imaginarme como van a ser estos cuatro años que tan chuscamente arrancaron ayer. Sólo espero que, como pretende el partido de Errejón, el Tribunal Constitucional revoque la adjudicación de los puestos en la mesa de la Asamblea de Madrid, en la que, a su partido, Más Madrid, con un 15% de los votos, se le prive de un puesto en la mesa, para dárselo a Vox, que no alcanza el 9%. No quiero ni imaginarme como van a ser estos cuatro años con un aparato de bloqueo de cualquier iniciativa de la izquierda que no le parezca bien a Vox. No quiero ni imaginarme como será la vida de los madrileños ahora que "ya han pasao'".

lunes, 25 de marzo de 2019

EL ENEMIGO ES CARMENA

Él, Pablo, ha vuelto este fin de semana, y ha vuelto rodeado de sus cada vez menos fieles en cantidad, pero a la vez cada vez más fieles en intensidad. Subió al estrado montado al pie de los escaleras y ascensores del Reina Sofía, como una estrella del rock en las formas, con carrerita y todo, que, en su interior, encerrase las almas de los comandantes que tanto le inspiraron, al menos en el pasado.
Él, Pablo, volvió de su retiro paternal cargado de adrenalina, enfadado como hacía tempo no le veíamos, disparando a extremo diestro y tibio siniestro, es su opinión, culpando a los demás de todos o casi todos sus males y diluyendo su culpa en el colectivo de su organización. Sólo la asumió en primera persona del singular, para señalar a sus monstruos preferidos, su inseparable amigo en otros tiempos y la alcaldesa "roba niños" Manuela Carmena.
Se ve que Iglesias ha aprovechado las largas semanas de baja, además de para cuidar de sus niños, para "cargar las pilas" y cargarse de argumentos, para leer espero que fundamentalmente, más que para ver series como ese "Juego de tronos" que parece haberle alejado de la realidad. Se ve que se ha cargado de energía y que, también, ha tenido tiempo de analizar, aunque a su manera, todo lo que ha pasado en los últimos meses.
Se mostró muy crítico y bastante enfadado con el espectáculo dado por su partido a cuenta de esas luchas intestinas que han, no ya desgastado sino roto ese partido que fundó con amigos que ya no están, porque dejó demasiado claro que lo creyó exclusivamente suyo. Les regaño en esa primera persona del plural, casi mayestático, por la vergüenza ajena dada, olvidando que dos no riñen si uno no quiere y que él siempre quiso y con todo aquel que osase salirse del carril.
A Pablo Iglesias le gustan los incondicionales. No se fía, no ya de las disidencias. sino de cualquier opinión que ponga en cuestión la suya. Le gusta escuchar a su paso esos "Te queremos" o "Gracias, Pablo", con que el sábado le regalaron los oídos al pie del museo.
No le gusta demasiado el pensamiento alternativo o independiente y, quizás por eso, ahora está tan solo. Es demasiado grande la nómina de quienes ya no están a su lado: Luis Alegre, Rita Maestre, Carolina Bescansa, Pablo Bustinduy, Ramón Espinar y un largo etcétera que culmina con su amigo del alma, Íñigo Errejón.
Tampoco parece figurar ya entre sus amistades la alcaldesa de Madrid; Manuela Carmena, a la que parece haber señalado como culpable de su desgracia. Lo hizo en el capítulo, chiquitito como sus pequeños, de sus fallos, capítulo en el que se culpó de no haber sabido ver la marcha de Errejón, al que, veladamente o no tan veladamente, acusa de traición. Quizá fue por la alianza de su compañero de siempre con Carmena por lo que se revolvió contra ella, a la que acusó de una cierta soberbia, no sé yo con qué fundamento, al revelar una supuesta conversación de la alcaldesa, la palabra de uno contra la del otro, en la que Carmena le dijo que la gente votó para el ayuntamiento de Madrid a "Ahora Carmena" más que a "Ahora Madrid",
No sé si esa conversación existió en los términos en los que miserablemente la reveló, Iglesias. Las conversaciones privadas, cuando son entre dos, no se hacen públicas y menos aún en contra del otro interlocutor. En cualquier caso y por si le sirve a Iglesias, le aclaro de que, en caso de que la charla se produjese así, yo le daría la razón a Manuela, porque yo sí le di mi voto a ella, por encima de la lista que le acompañaba y anduve luciendo esos días una camiseta que rezaba "Manuela mola mazo".
Sin embargo, ahí no acabó la cosa, porque Iglesias volvió a la carga contra Carmena, retándola a revelar para quién va a ser su voto en las próximas generales, un reto que debería darle vergüenza a alguien que se proclama demócrata y debería saber de sobra que el voto es secreto. 
Se ve que a Iglesias le estorba todo aquel al que no controla, pero tiene suerte Pablo Iglesias de que Carmena es, ante todo, elegante y de que quién no se rebajó a perder los nervios con Esperanza Aguirre, tampoco los va a perder con quien parece culparla de sus males y haberla señalado como enemigo.

jueves, 31 de enero de 2019

ATRINCHERADO EN GALAPAGAR


A lo largo de estos últimos días he llegado a conclusión de que con Pablo Iglesias se cumple a la perfección eso de que "no se puede tener razón sólo por haberla tenido" ¿Cómo si no se explica el gesto de soberbia supina de no comparecer ante el consejo de ayer en el que su partido decidió qué hacer, al final la decisión fue la de esperar acontecimientos, con la propuesta de Errejón, no al que sigue siendo su partido, sino a los madrileños.
Se me dirá que Iglesias, mejor dicho, sus hijos, disfrutan de la baja paternal que les corresponde y que existe el teléfono en todas sus modalidades, incluida la videoconferencia, tan usada por Puigdemont desde su fugitiva "baja" en Waterloo. De acuerdo, sin embargo, creo que difícilmente se va a enfrentar Iglesias a un momento tan crucial como el de ayer para su futuro político y el de su partido y resolver su comparecencia como lo haría un jefe de gobierno llamado a declarar en un juicio -lo de Rajoy en el juicio de la Gürtel fue una excepción obligada- me parece cuando menos un gesto de soberbia, si no de cobardía.
Lo que está claro es que Iglesias, Montero y compañía andan desconcertados desde que Íñigo Errejón decidió abandonar la obediencia del que fue su partido, porque Iglesias no con tener que dar la batalla contra quienes, compartiendo, si no todos, sí la mayoría de los objetivos, disienten absolutamente de la estrategia para alcanzarlos de Iglesias.
La brecha quizás definitiva se abrió durante las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez ante la pasividad de Mariano Rajoy, que declinó el ofrecimiento del rey para formar gobierno. Pablo Iglesias, pudiendo, no quiso dar su apoyo claro a Pedro Sánchez y Podemos lo pago en las urnas en la inmediata convocatoria electoral, perdiendo bastantes votos y escaños.
Desde aquel momento, en las urnas y en las encuestas, Podemos no ha hecho sino perder apoyos. Y es que no hay nada peor para el electorado que la sensación de haber podido ayudar a constituir un gobierno más o menos progresista y no haber querido hacerlo, dejándolo en manos de la derecha de los recortes, la corrupción y el austericidio.
Por eso no me extrañó la decisión de Errejón que, después de hablarlo con la alcaldesa Carmena y de que ésta decidiese soltar el lastre "pablista" que arrastraría de cara a las municipales, contestada por Podemos con expedientes de expulsión para los concejales que habían decidido seguir a Manuela en su aventura. Tampoco me extrañó tampoco que los contactos entre la alcaldesa y el disidente fuesen discretos, ni el disgusto de la pareja Iglesias Montero, que, desde su retiro de Galapagar no podían creer que nadie diese el paso de salir de su disciplina y plantear una alterativa a sus designios. De ahí, la ira de los primeros momentos, los insultos y ofensas a Errejón de los fieles al credo pablista, que, con el paso de los días y la verificación de las fuerzas que aún le seguían, dimisión de Ramón Espinar incluida, se ha idos suavizando en las formas, aunque no en el fondo ni en eso de creer que aún tienen las riendas de la izquierda ni, menos, de sus votantes.
Iglesias se tomó ayer un respiro, que aprovechó, para dar con rabia nada contenida una sibilina, que no sutil, estopa a Errejón y Carmena, porque el resultado del consejo, lo sabía, no iba a ser resolutivo sobre la integración o no de Podemos en la plataforma del disidente. En fin, una tarde perdida, salvo para el atrincherado de Galapagar.

lunes, 28 de enero de 2019

LA SOLEDAD DEL MÁNAGER


A estas alturas de la tremenda crisis que sufre podemos, lo único que tengo meridianamente claro es que Pablo Iglesias no concibe ni ha concebido nunca un Podemos al frente de cuya dirección no esté él mismo. Cuando un niño da el estirón, como el que dio Podemos en aquellas aún cercanas y, sin embargo, ya tan lejanas elecciones de 2016, las primeras, lo más importante es cuidar su alimentación y proporcionarle las vitaminas necesarias para consolidar el crecimiento y ejercitar apropiadamente esos largos huesos y esos músculos incipiente que asoman en todo adolescente, desgarbado y lleno de carencias.
Esas carencias, que no se han cubierto adecuadamente en Podemos, se combaten con las vitaminas de la libertad, la autocrítica y el ejercicio apropiado para transformar la acumulación de tanta burocracia adiposa en fibra democrática. A Podemos le ha podido el impulso juvenil y este impulso poco o nada dosificado le ha llevado a lesiones dolorosas y, sobre todo, inhabilitantes. Porque, no nos engañemos. Podemos ha pasado demasiado tiempo en el banquillo o calentando en la banda, porque ha pretendido convertirse en el delantero goleador de la izquierda, descuidando gravemente la necesaria defensa.
Iglesias lleva demasiado tiempo engañándose a sí mismo, una mentira que ya Nietzsche, como hoy mi amigo Luis recordaba, dejo escrito que es la más universal de las mentiras y, la más dañina, me atrevo a añadir. Tanto se ha mentido, tanto se ha engañado, que, creo, ha perdido el sentido de la realidad y, sobre todo, el contacto con los otros, y cuando digo otros, me refiero a esos todos esos "no inscritos" de los que siempre se olvida y que, sin embargo, son los que, más allá de las listas, más allá de las lealtades shakespearianas o de "Juago de Tronos", como prefiera, ponen y quitan, dan o niegan diputados. 
Hace unos minutos, Irene Montero, la compañera de Iglesias, la madre de sus hijos ha despejado una inquietante duda que, a quienes queremos gobiernos progresistas en la Comunidad de Madrid y en el ayuntamiento de la capital, al menos a mí, nos preocupaba: finalmente, no habrá lista alternativa a la candidatura de Más Madrid que encabeza Manuela Carmena. No me cabe la menor duda de que una lista encabezada por el JEMAD Julio Rodríguez, el general que encabezó la cúpula de las Fuerzas Armadas en tiempos de Zapatero, obtendría un voto residual, probablemente inferior al 5%, que se perdería, reforzando el peso del centro derecha tras cuatro años de buen gobierno de la izquierda en Madrid.
Habrá que esperar para ver cómo consigue Podemos salir del lodazal en el que el egocentrismo de Iglesias le ha metido. El líder nacional pretendía imponer al partido en Madrid la presentación de una lista alternativa a la que presente Errejón, cuando la mayoría de los dirigentes madrileños estaban por la integración en una lista  ganadora o casi, siempre abierta a alianzas que, sumada a la que Ángel Gabilondo encabezará por el PSOE, podría recuperar, sin la perniciosa atomización del voto de la izquierda, el gobierno de la Comunidad de Madrid para el progresismo por primera vez desde que, hace un cuarto de siglo lo perdiera Joaquín Leguina. De momento, en dos días, habrá una reunión extraordinaria del Consejo de Podemos, reunión más que necesaria, desde que el viernes dimitiese Ramón Espinar, cansado quizá de ser el brazo ejecutor de Iglesias en Madrid, al tiempo que muchos de los principales dirigentes del partido se reuniesen en Toledo a la búsqueda de una solución capaz de integrar a la izquierda.
Me entero de que la actual dirección de Podemos, no sé si Iglesias o la gestora que se hará cargo del partido en Madrid, propne a Errejón integrarse junto a Podemos en una plataforma unitaria en la que también esté el partido de Iglesias "a cambio" de no presentar lista al ayuntamiento de Madrid, lo que demuestra que Pablo Iglesias y quienes aún le apoyan no han entendido que lo de Errejón no es un partido sino una plataforma en la que se les ofreció integrarse. Algo que no quieren entender, porque no les interesa entenderlo, ya que, así, restarían protagonismo a su promotor y, de paso, les permitiría "trastear" en las listas.
Parece que Pablo Iglesias ha alcanzado, ojalá se haya dado cuenta o alguien que le quiera se lo haga ver, su máximo nivel de incompetencia. Parece que está a punto de comprobar que la unanimidad más perfecta es la que consigue uno con uno mismo, la que, desgraciadamente, va acompañada de la soledad más completa, la soledad, gracias Manolo por tan sonoro título, del mánager.

jueves, 24 de enero de 2019

COMO NIÑOS



Ayer se rompió, parece que definitivamente, la baraja con la que Carmena jugaba una dura partida con lo que queda de Podemos, cuando la alcaldesa reconoció en una emisora de radio que no contaba para un hipotético gobierno municipal con el ex JEMA, Julio Rodríhuez, al que Pablo Iglesias parece empeñado en "colocar" de número dos de la lista de Carmena, después de haber intentado llevarle a puestos relevantes, colocándole a la cabeza de diversas candidaturas, todas fracasadas.
La respuesta de Carmena, tranquila y natural -¿para cuando naturalidad y tranquilidad en alguna toma de postura del más que afectado y teatral Pablo Iglesias?- debió olerle a cuerno quemado al cada vez más solo líder del partido que pudo gobernar desde su baja por la paternidad de sus mellizos. Como viene ocurriendo en los últimos días, en un primer momento no supo qué hacer ni qué decir, hasta que, pasadas unas horas, anunciaron que no se presentarían a las próximas elecciones municipales en Madrid, tanto en la capital como en la comunidad, ni solos ni con el tandem Carmena Errejón.
La reacción es inexplicable y, si me lo permitís, un insulto a quienes les hemos venido votado o, ojalá fuese así, una invitación a que votemos a las listas de Carena y Errejón. Es inexplicable, salvo que, como acaba de señalar Carolina Bescansa, fundadora como Iglesias y Errejón de Podemos, el ataque  de cuernos obedezca como parece a razones sentimentales.
Sin embargo, me permito sugerir otra explicación que no es otra que ésta: Iglesias, para quien seguir como líder indiscutido se ha convertido en algo ya enfermizo y, para él, ceder ante la pareja Carmena Errejón sería una humillación que, si duda, restaría brillo a su figura, sobre todo cuando ha hecho de su intento de decidir dentro y fuera del partido le lleva últimamente a reveses innecesarios que el partido no se merece. Mucho menos que de ceder, de lo que huye Iglesias es de medirse con su viejo amigo.
Iglesias vería cuestionado su liderazgo en podemos si una lista encabezada por Errejón superae al primer intento a otra apadrinada por él y, hoy por hoy, son muchas las posibilidades de que eso acabe ocurriendo, sobre todo porque, más allá de lo que han venido contando los medios con impresiones sacadas del entorno de Podemos, es evidente que en la calle la figura de Errejón crece a cada minuto y la aparición de su opción acabará devolviendo la ilusión por votar a muchos que la habían perdido.
De cualquier modo, la soberbia de Iglesias se está volviendo contra él. Su actitud frente a quien ose llevarle la contraria, sus "purguitas" quitando y dando cargos, subiendo y bajando de las gradas del Congreso a los disidentes, su empeño en cambiar a los brillantes y abiertos por autómatas fieles, le están dejando cada vez más sólo y más irrelevante y será cuestión de tiempo que se vaya o que le echen, si es que Podemos le sobrevive.
Iglesias y los suyos no han sabido encajar la jugada de Errejón y Carmena que, abriendo su "Más Madrid" a figuras no salidas del granero de Podemos, gente que no necesariamente debería salir de los pasillos de la Fcaultad de Políticas de la Complutense. No lo han sabido encajar, no han llegado a entender que sus brillantes resultados de los primeros tiempos fueron un regalo que tenían que haber mimado y que no han sabido cuidar, porque, desde hace tiempo, van de mal en peor, dando la imagen de ser una especie de Saturno devorando a sus hijos. Se han comportado como niños que prefieren ver su juguete roto a dejar que los demás jueguen con él.

martes, 22 de enero de 2019

LA LECCIÓN DE ERREJÓN


Muchas cosas han cambiado, u para bien, en la izquierda española, desde que el pasado jueves Íñigo Errejón y Manuela Carmena anunciaron la integración del fundador de Podemos en la plataforma de la alcaldesa para optar desde ella a la presidencia de la Comunidad de Madrid. La sacudida causada por el paso dado por Errejón está sacando de su depresión a los defraudados y tristes votantes de la izquierda, que, como yo, andábamos hasta entonces calculando como no quedarnos en casa en las próximas elecciones locales sin echar a perder nuestras pituitarias, desengañados como estábamos ante el erial en que el egocentrismo y la manía persecutoria de Pablo Iglesias habían convertido a la izquierda madrileña.
Yo, como imagino que otros muchos progresistas sin partido, hace tiempo que me harté de ese gurú pagado de sí mismo y contradictorio que segaba y arrancaba de su entorno a cualquiera, no sólo que le contradijese, sino que, simplemente, le hiciese sombra o resplandeciese más que él. Basta, para comprobarlo, hacer el ejercicio que propuse no hace mucho de comparar cualquier foto de los líderes de aquellos primeros e ilusionantes momentos de Podemos con las sombrías figuras que acompañan hoy a Pablo Iglesias. Son demasiadas las figuras que han ido esfumándose, desapareciendo de los órganos de decisión del partido o que han sido relegadas de los puestos clave de las muy codiciadas listas electorales, premio y castigo de la fidelidad al líder, cuando debieran ser el atractivo reclamo para el voto de los ciudadanos.
Esa es la peor imagen de un partido, la que nunca esperaba ver en Podemos, que nació como la gran esperanza para quienes creemos en la política como medio para mejoras la vida de los ciudadanos, el agente transformador de la sociedad para hacerla más justa y más igualitaria, una imagen que no creí llegaría a darme el partido al que voté. Sin embargo, Podemos lleva meses, si no años, replegándose en sí mismo, podando todo aquello que no crecía en la dirección que habían previsto Pablo Iglesias y su núcleo duro.
Así, después de su intento de enmendar la plana a Pablo Iglesias. Íñigo Errejón fue desterrado, y hay quien dice que generosamente, a encabezar la candidatura de Podemos a la Asamblea de Madrid. Pero algo pasó, algún Pepito Grillo susurro al oído de Iglesias, como el espejo de la madrastra, y le advirtió del peligro de verse superado en resultados, sobre todo después de las últimas debacles, por el desterrado que, a nadie se le escapa, goza de mayores simpatías que el denostado líder, en horas bajas desde hace ya tiempo.
Ante esa situación y lejos del conformismo que garantizaría a Errejón un escaño y un sueldo, para tranquilidad de algún miserable como Echenique, que ayer tuvo que disculparse ante la dignidad del disidente, el ahora socio de Carmena optó por abrir la cápsula en la que Iglesias había encerrado a su partido, proponiendo una opción en la que también cabría Podemos y no sólo Podemos, sino todo aquel dispuesto a trabajar por los demás desde posiciones de izquierda, pero en absoluto sectarias.
Ayer, finalmente, Errejón dio una lección, sin siquiera nombrarle, al miserable de Echenique, que, vistas las consecuencias, anoche mismo se vio obligado a pedir disculpas por sus injustas palabras. Ayer, Errejón dejó el escaño que sin duda era suyo, porque fue su presencia en la lista la que, no sin reservas, convenció a muchos, entre otros a mí, para dar el voto a Podemos. Y lo hizo sin que ninguno de sus adversarios llegase a tener el valor de quitárselo, no renunció a su militancia, porque, después de tantas decepciones, Podemos aún sigue creyendo en un proyecto que se merece otras maneras y otros dirigentes. Y lo hizo con tranquilidad, mirando a os ojos de la gente, sin circunloquios, sinceramente. Fue toda una lección para tanto acólito acrítico como rodea a Iglesias, acríticos  que son los que medran en el que todavía es su partido.

viernes, 18 de enero de 2019

EL PASO AL FRENTE DE ERREJÓN


Desde que ayer Íñigo Errejón anunció su intención de concurrir a las elecciones autonómicas junto a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, en la plataforma más Madrid, todo el resentimiento que se esconde tras las falsamente amables y tranquilizadoras palabras de su amigo Pablo Iglesias ha salido a la luz como la lava de un volcán demasiado tiempo retenido. Nunca creí que llegaría a escuchar ese falso deseo de suerte con el que el secretario general de Podemos señalaba ayer la puerta de salida a su amigo y compañero de tantos años ni de su fiel escudero, el secretario de organización y tocayo, Pablo Echenique, algo tan miserable como insinuar que si Errejón no deja el escaño en el Congreso es porque "de algo tiene que vivir hasta mayo". Nunca lo creí, pero lo he tenido que escuchar y sin anestesia.
Siempre he desconfiado de quienes, entre el servilismo y la discrepancia, se quedan con quienes se humillan ante "el jefe" y hacen para él los trabajos sucios, tiendan las trampas y denuncian a los compañeros. Quizá sea un reflejo condicionado por tantos años de ver y, en ocasiones, sufrir ese servilismo miserable, el que lleva al "siervo", consciente de sus limitaciones, a ocultar al "amo" que va desnudo cuando presume orgullosos de su traje nuevo, hecho sólo de vanidad y soberbia, pero el caso es que, entre Iglesias, con todos sus fieles alrededor, y la brillantez de Errejón, siempre me quedaré con la brillante solvencia del sólo en apariencia aniñado Errejón.
Del mismo modo, siempre me atrajo la luminosa claridad del hoy "socio" de Manuela Carmena, más, si se compara con el paternalista y sombrío discurso de Pablo Iglesias, siempre desde arriba, sonando hueco, siempre escondiendo sus verdaderas intenciones, el discurso de quien, desde hace demasiado tiempo ya, se ocupa más de su supervivencia dentro del partido que de la de los ciudadanos a quienes, en principio ha venido a defender. Y, si lo digo, es porque todos fuimos testigos hace no apenas tres años de cómo, creyendo que, forzando unas nuevas elecciones, Podemos crecería por encima del PSOE, frustró la posibilidad, más real entonces que nunca, de dar a este país un gobierno liderado por la izquierda.
No sé qué pudo creer en aquel momento, pero, dinamitando aquel difícil pero posible acuerdo, pero, con su actitud, no hizo otra cosa que frustrar a quienes seguimos creyendo que este país se merece un gobierno que trabaje para la gente, algo así como lo conseguido en Portugal por una gran coalición liderada por la izquierda que aquí, con personajes como Iglesias al frente de Podemos, hoy parece del todo imposible.
No sé si de sus tiempos de la universidad, lo cierto es que Iglesias adolece de un gusto excesivo por el control y de una inclinación más que hortera a las coreografías y las puestas en escena aparatosas y, a ser posible con "coros y danzas", de las que también parece fan Juan su inseparable Carlos Monedero.
Quiero creer que Errejón es de otra manera y que, en el destierro al que le condenó su "amigo" Iglesias tras el último Vistalegre habrá tenido tiempo de reflexionar sobre todo esto y que buscará la mejor de las compañías posibles, dentro y fuera de Podemos, para esta nueva y difícil aventura que, espero que, para bien de todos, acaba de emprender.
Pocas cosas hay más difíciles que enfrentarse a un amigo o a un hermano, pero hay veces en que no queda más remedio que hacerlo. Y es difícil porque se le conoce demasiado y se le quiere y se le odia como a nadie o a nada. Entiendo que Errejón ha asumido que, junto a Iglesias, tiene ya poco que hacer, porque ni siquiera estaba claro que, en las próximas elecciones autonómicas, fuese a obtener el apoyo del partido al que aún pertenece, controlado como lo está por un Pablo Iglesias celoso, desconfiado y temeroso de que los resultados del que fue su amigo pusiesen en las urnas su liderazgo  en duda. Quizá por eso y sin complejos, Íñigo Errejón ha decidido dar este paso al frente. Bienvenido sea.

viernes, 8 de junio de 2018

NO NOS LO ROMPAIS


Han pasado apenas dos días y aún no me he acostumbrado a escuchar "gobierno" y pensar que éste sí es el mío, el que va a trabajar para mis vecinos, para tantos niños encadenados demasiadas horas a una tele mal alimentados, matando el hambre y la insatisfacción con ganchitos, mientras sus padres están en el trabajo o lo buscan, el que, espero, se va  a ocupar de tantos ancianos atrapados en pisos inaccesibles, de los que sólo salen para ir al hospital y, muchas veces, no volver, ancianos que lo han dado todo en la vida y malviven de pensiones que más que serlo son afrentas a la dignidad humana, un gobierno que va a trabajar para que mi hija y todos esos jóvenes tan preparados, mucho más que nosotros, sus padres, tengan un trabajo digno y, sobre todo, esperanza, la esperanza necesaria para formar una familia, un gobierno, en suma, nuestro y para nosotros.
Aún me cuesta, porque, durante siete años, gobierno sonaba a afrenta, injusticia, prohibición y dolor, porque andaban más pendientes, aunque sólo fuese de cara a la galería, de vírgenes y cristos que de la gente de carne y hueso que lo está pasando mal, un gobierno que ha enriquecido a sus amigos y se ha enriquecido, en dinero y en currículos, mientras abandonaba "guetizándolos" escuelas y barrios, un gobierno que, en la universidad, ha levantado barreras insalvables para la gente humilde, la de los barrios, esa que, ahora, llena la foto "de familia" del que le ha sucedido, el de Pedro Sánchez.
Aún me cuesta, siete años son muchos años, pero ya me estoy acostumbrando a pensar que éste es, por fin, mi gobierno. Y no sólo eso, estoy dispuesto a defenderlo de quienes ya lo están atacando con saña, porque esperaban no sé qué de él, quizá un suicidio ritual en pantalla grande y tecnicolor, con demasiados secundarios que quieren ser protagonistas, dispuesto también a criticar sus errores cuando los haya, pero no a sumarme al coro de los que se la cogen con papel de fumar, diciendo a los cuatro vientos y a quien quiere escucharles, no lo que piensan, sino lo que egoístamente les conviene.
Ma van a tener enfrente todos esos que no la han dado ni veinticuatro horas, para mentir que Pedro Sánchez ha hecho este gobierno pensando en satisfacer al PP y Ciudadanos, porque acusarles de eso es una canallada sin nombre. Lo mismo que lo es acusar a Sánchez de haberse olvidado de quienes le apoyaron, porque ese apoyo, al menos el que le dio el que más se queja, el voluble Pablo Iglesias, que públicamente dijo una y otra vez que en su apoyo a la moción no había condiciones.
Del mismo modo, quejarse de nombramientos como el de Borrell para Exteriores es toda una falacia, porque no se me ocurre nadie mejor que él para ese cargo en el que, además, la experiencia es vital y Borrell la tiene, un hombre que ganó las primeras primarias del PSOE y lo hizo en contra del mismo aparato que entregó el partido al IBEX 35, con la inestimable ayuda del diario EL PAÍS, hoy en el taller, regalando a Rajoy dos años más de gobierno. Quejarse también de que Margarita Robles en su toma de posesión invoque la Constitución es un grave insulto a la inteligencia, porque parecen querer olvidar que Margarita Robles, siendo una jovencísima juez en el Euskadi de “los años de plomo”, investigó casos de torturas por parte de guardias civiles, como el secuestro y asesinato de los etarras Lasa y Zabala, cuando eso no sólo era incómodo, sino, ademáis, peligroso.
En cuanto a Grande Marlaska, démosle unos días, entre otras cosas, porque no recuerdo y no creo que exista un solo ministro del Interior que pueda satisfacer a la izquierda, ni siquiera los que provienen de la izquierda. Alguien me dijo una vez que el ministro del interior es el que lleva el camión de la basura de los gobiernos y que eso mancha y huele. Por eso confío en que Sánchez haya tenido sus buenas razones para elegir a Grande Marlaska y que si les, nos, defrauda lo cesará sin tardanza.
Pienso y siento que sea así, que el comportamiento de Podemos, si no de todo Podemos, ahí está si no la elegancia y clarividencia de Errejón, sí el de Pablo Iglesias, responde a la maldita maldición de la izquierda, incapaz de colaborar, aunque no hacerlo implique el suicidio. Iglesias, que se caracteriza por no prever los comportamientos de lo que, como su partido, no puede controlar, se ha dado cuenta y tarde de que Pedro Sánchez ha sido más brillante de lo que él estaba dispuesto a concederle y ha sido capaz de despertar, con sus gestos cargados de laicismo tranquilo y ven sus nombramientos, esa ilusión, ese creer que aún es posible, que muchos y quizá yo el primero ahora sentimos. Lo dicen ya las encuestas, incluso o especialmente, entre los votantes de Podemos. Lo que ocurre es que por más que nos diga otra cosa el proyecto de Iglesias es Pablo Iglesias y parece preferir el fracaso de Sánchez a que éste recupere el electorado que el PSOE le prestó.
Lo que suceda en los próximos meses va a ser crucial para el futuro de este país y quién sabe si de la misma Europa y por eso me perito implorar a Sánchez que no nos defraude y a Pablo Iglesias y a sus fieles en Podemos que no nos rompan esto que acaba de nacer y que tanta ilusión nos despierta.

jueves, 19 de abril de 2018

TONTERÍA Y MEDIA


¿Se puede ser tan torpe como lo fue ayer Carolina Bescansa publicando "su" famoso borrador, ese en el que "ofrece" a Íñigo Errejón un pacto para desbancar a Pablo Iglesias del poder en Podemos? En mi opinión, ni se puede ser ni lo ha sido. Y si digo esto es porque tengo derecho a pensar que todo ha sido una trampa tendida a Errejón por la misma Bescansa o por ese ejército de gremlims juguetones que, no sólo elaboran por su cuenta y riesgo, eso dice la diputada, un "borrador" tan desestabilizador para la dirección de Podemos como comprometedor  para Errejón, sino que, además, se permiten la alegría de confundirse de ámbito y lo publican a los cuatro vientos, un ejército oscuro que a nadie le sorprendería  que estuviese lleno de topos.
Lo más probable es que esto sólo sea una paranoia mía, inducida por la enorme decepción que han dejado en mí los últimos meses de la historia de Podemos, pero tengo derecho a pensarlo. Tengo todo el derecho a desconfiar de un partido que ha dilapidado en un tiempo récord, apenas tres años, tanto poder y tanta esperanza como la ciudadanía había puesto en sus manos. Un partido que, al menos en lo que a su dirección se refiere, se ha comportado como nos cuentan que se comportaron quienes hace más de un siglo se pusieron al frente de la Revolución de Octubre.
A quién beneficia la aparición de ese documento. No cabe duda de que al que menos gracia le habrá hecho verse en los medios disputándole el protagonismo en los telediarios a Cristina Cifuentes es al propio Errejón, colocado bajo los focos a medio vestir como protagonista involuntario de un asunto en el que no le ha gustado nada aparecer. También perjudica a Carolina Bescansa, aunque no tanto, dada su escasa relevancia en el partido desde que se apartó, o se vio apartada, de la dirección del partido en el último "Vistalegre". Así que, descartando al uno y a la otra, aparece como fundamental beneficiado el extrañamente silencioso Pablo Iglesias, que, curiosamente, no ha dicho ni "mu" ante tamaño terremoto en su partido.
Desde luego, a quienes no beneficia en absoluto es a los votantes de Podemos que, una vez más, se sienten defraudados y con ganas de comerse el voto antes que volver a dárselo a quienes lo van a desperdiciar enredándose en extenuantes peleas fratricidas, en vez de "ponerlo a trabajar" al servicio de los ciudadanos de un país que lo que necesita es que sus dirigentes dejen se arremanguen y se den a la faena, en de mirarse tanto el ombligo y ocupar su tiempo en poner chinchetas en la silla de sus "queridos compañeros".
Cosas como estas son las que me hacen perder la fe en los partidos políticos, que parecen vivir en una burbuja de cristal con la seguridad de un buen sueldo durante cuatro años que, a veces, por no decir siempre, importa más defenderlo que defender a quienes, votándoles, lo hacen posible. Quizá por eso soy más del Barça que del PSOE o de Podemos, ser del resto de partidos sería como "hacerme" del Madrid, y eso que el Barça, como todos, también me da disgustos de vez en cuando.
Lo escribía ayer en Facebook, saludos míster Zuckerberg, los partidos políticos se parecen más entre sí de lo que se parecen a quienes les votan. Incluso este Podemos que parecía venir a limpiar y a sanear los lugares en que, si no se ejerce el poder, sí se hace la política. Por el contrario, en un tiempo récord, ha reproducido los vicios y errores y de los ”viejos” partidos y, sin el menor pudor, a plena luz del día.
Hace apenas unos días, Pablo Iglesias advertía, a propósito del inicio del proceso de primarias en Madrid. "Ni media tontería", dijo. Pues ya tiene su respuesta: tontería y media.

lunes, 20 de febrero de 2017

GABILONDO TIENE RAZÓN


Sin duda. Gabilondo, en este caso Ángel, tiene razón. Llevamos dos días hablando de que Errejón será el número uno de la lista de Podemos en las próximas elecciones autonómicas de Madrid y se nos olvida que el hecho más trascendente y ya inapelable del Consejo Ciudadano celebrado el sábado es que el hasta ahora portavoz en el Congreso ha sido cesado, cesado y sustituido por alguien que, al menos en mi opinión, no tiene el peso que tenía aquel al que sustituirá.
Escribo esto y, nada más escribirlo, pienso si debería arrepentirme por haber osado discutir los deseos del triunfador de Vistalegre II y haber minusvalorado la capacidad de una mujer frente a la del díscolo disidente, Íñigo Errejón. Sin embargo, es lo que pienso y, como tal lo escribo: prefiero mil veces la solvencia y  la capacidad negociadora de Errejón a la equívoca voz temblorosa de quien fue señalada hace año y medio, antes de las primeras elecciones, cuando las encuestas pintaban de color de rosa, por un crecido Pablo Iglesias, como su particular Soraya Sáenz de Santamaría, ministra de la Presidencia y vicepresidenta de su gobierno, un gobierno que nunca tuvo más cercano que entonces, porque, desde ese día hasta ahora, en encuestas y comicios ha ido perdiendo el favor de los ciuddanos.
No sé qué tiene el poder que, cuando se tiene, transforma a la gente o, más bien, hace que la gente se quite su disfraz, dejando al descubierto sus más bajas pasiones, convirtiéndola en ambiciosa, pero de cosas pequeñas, eligiendo las más de las veces ser la cabeza del ratón antes de la cola del león.
Oscuro, pero nada misterioso viaje, en el que se opta por la fidelidad y el seguidismo de personajes de la misma Irene Montero y el turbio Ramón Espinar o el sectarismo de Juan Carlos Monedero, frente a la brillantez y el posibilismo de Errejón.
No sé qué pasará de aquí a que se convoquen las próximas autonómicas dentro de dos años, no sé siquiera si Iglesias seguirá al frente de un podemos cada vez más fiel, pero, para quienes le votamos y probablemente le votemos, más frustrante y desencantador. Sólo sé, mejor dicho, sospecho y deseo que, allá donde vaya, Errejón cumplirá lo que se espera de él. Del mismo modo, estoy convencido de que esté último golpe de Iglesias a la pluralidad en su partido puede tener consecuencias que el amado, y votado, líder no ha calculado bien.
Creo que no ha calculado y, si lo ha hecho, ha despreciado la posibilidad de que el partido en Madrid y sus aliados no acepten una imposición tan antidemocrática, más propia de Mariano Rajoy que del secretario general de un partido que se dice construido desde la base ¿Qué ocurriría, por ejemplo, si las bases de Podemos en Madrid, representadas en un consejo que controla Ramón Espinar, rechazan la candidatura de Errejón? Éste estaría en su derecho de sentirse traicionado y quién sabe si de crear una escisión en el partido ¿Qué ocurriría si, por el contrario, Errejón mejora los resultados ý rompe el techo del partido en Madrid con Iglesias como cabeza de lista? ¿Cómo habría que asumir y resolver la precipitada defenestración de quien tendría el apoyo de los electores?
Creo que Errejón tiene todas las de ganar y Pablo Iglesias, que, entre hacer que crezca el partido y uniformarlo ha optado por esto último, tiene mucho que perder. El tiempo que, al final, todo lo pone en su sitio nos dará de respuesta. De momento, creo, como Ángel Gabilondo, que lo importante es que, pudiendo haberse evitado, a Íñigo Errejón, le han cesado como portavoz de Podemos en el Congreso y que su llegada a Madrid podría hacer posible que la izquierda vuelva a gobernar Madrid..

viernes, 10 de febrero de 2017

EL APRENDIZ DE BRUJO ESTÁ NERVIOSO


Nunca me gustó mucho Pablo Iglesias. Admito que la primera vez que le vi, creo que, en uno de esos programas de La Sexta, en los que un joven de pelo largo, frío como un témpano se enfrentaba a tipos como Inda o, no lo recuerdo bien, Granados, me produjo, más que simpatía, inquietud. Pero entendí que podía encauzar toda esa insatisfacción a la que el sistema de partidos, la crisis, los desahucios, los recortes y las soluciones egoístas que el PP, con la ayuda imprescindible de un PSOE caduco y en descomposición, entendí, aunque no a la primera, que Podemos, el partido que nos sorprendió en aquellas elecciones europeas, podía ser una magnífica alternativa a ese "voto útil" que tanto daño nos había hecho, consagrando un bipartidismo malsano que a punto estuvo de acabar con la democracia, si es que no llegó a hacerlo.
Tampoco me gustó y no es la primera vez que lo escribo esa coreografía tan cursi, de exhibición de gestos y cánticos de izquierdas, pero tan cursi, casi monjil, de sus mítines. Tampoco su puesta en escena, a caballo entre las estrellas del show business y los barbudos de Fidel. Una puesta en escena que me producía y me seguirá produciendo sonrojo e inquietud, porque, la gente que me conoce lo sabe, creo que lo que es es y no hace falta representarlo continuamente y que, cuando es necesario representarlo es porque no es.
Y así ha sido, porque tanta camaradería, tanta hermandad, tanto abrazo y tanto beso escondían una realidad de tensiones, envidias y conjuras que harían temblar al mismísimo Nicolás Maquiavelo por su obscena impudicia y que han recelado que el partido de las sonrisas y las canciones de boy scout, más que una piña, era una jaula de grillos. Una olla que saltó por los aires en el momento en el que Pablo Iglesias´, después de su estrepitoso fracaso en las segundas elecciones generales, emprendiese su particular caza de brujas, deshaciéndose de Luis Alegre, para sustituirle por Pablo Echenique, con un perfil mediático más alto y amable, del que ya no disfruta.  De entonces a ahora, el autoritarismo de Iglesias, el puño de hierro que esconde tras su guante de seda y su empeño en anular cualquier tipo de oposición o disidencia, más propio del peor estalinismo que de un partido tan joven e ilusionante.
Un comportamiento, posterior al desgaste que le produjeron ante su electorado, si no las verdaderas intenciones de la frustrada negociación con Pedro Sánchez, sí la puesta en escena que le hizo aparecer más como verdugo que cómo víctima.
Ese fue el punto de inflexión, la arista en la que se separaron los planteamientos de Errejón, partidario del posibilismo que haría crecer al partido, atrayendo a nuevos electores, incluso moderados, frente a ese encerrarse en sí mismo de Iglesias y los suyos, que, como si nunca hubiese aprobado las "mates", pretende llegar al gobierno monopolizando una izquierda al margen del PSOE que nunca ha bastado para gobernar este país.
Iglesias y Errejón, amigos del alma en los primeros tiempos, llegan a la asamblea de Vistalegre II, no sólo divididos, sino seriamente enfrentados, con dos planteamientos de partido y dos personalidades que, ahora que se han desatado los demonios, vemos radicalmente distintos, En apenas tres días nos dirán el resultado. En apenas tres días sabremos qué hará Iglesias con su escaño y su secretaría general si pierde frente a Errejón. En apenas tres días sabremos si, por el contrario, el chantaje de Iglesias, su infantil "me voy si no gano", surte efecto. De momento, quiero creer que la aparente sensatez de Errejón está convenciendo a los inscritos y lo creo porque a Iglesias le están traicionando los nervios, culpando a los demás, como haría un niño pillado en renuncio, de sus travesuras. Sin ir más lejos, esta misma mañana, ante la evidencia del intento admitido por el decepcionante Echenique del intento de cambiar el sistema informático de votación en la asamblea para admitir el voto a las listas plancha tan queridas por Iglesias.
El lunes sabremos en qué queda todo esto. Yo quisiera como resultado un Podemos lo más unido posible, capitaneado por Errejón y su equipo, porque necesitamos un Podemos grande y capaz de transformar este país y para bien, respetando la libertad de todos, Lo que ya podemos afirmar es que el aprendiz de brujo que consiguió cinco millones de votos en junio, para, después, perder un millón en noviembre, ha perdido el control de las pócimas y la varita mágica y está nervioso. Si no. cómo explicar que, para responder a una pregunta sobre lo dicho por Echenique, apele al fantasma de la manipulación y se revuelva contra PRISA y el despido de Ignacio Escolar. Creo que el análisis más lúcido que se ha hecho de la dicotomía Igleias-Errejón lo hizo hace meses Eduardo Madina, cuando dijo ante sus compañeros de grupo parlamentario que el peligro para el PSOE estaba en Errejón, dando a entender que un Podemos con Pablo Igleisas no iba a crecer.

martes, 7 de febrero de 2017

LA EXTRAÑA PAREJA


Nadie podrá negar que Pablo Iglesias e Íñigo Errejón formaron una extraña pareja. Tan extraña que hoy, sabiendo lo que sabemos, se nos hace, se me hace. difícil creer que han sido siquiera pareja. Escribo esto y, al instante, me arrepiento porque caigo en la cuenta de que, de algún modo, todos hemos tenido amigos, amigos del alma, que, en un momento dado, cuando algo se cruza en el camino de alguno, se alejan y poco a poco deja de serlo, si es que no acaba siendo enemigo. Habrá quien diga que eso que ocurre es lo normal y que eso no es más que el resultado lógico del crecimiento de las personas y también, por qué no, de las organizaciones.
Cuando somos adolescentes, al menos cuando yo lo era, una chica, un equipo de fútbol, una película o un tipo de música bastaban para resquebrajar una amistad inquebrantable. Pasaba siempre. Siempre que. además de la amistad, no hubiese sumisión, siempre que uno no estuviese dispuesto a dejar de ser él mismo, supeditándose al "amigo".
Son las consecuencias de la inmadurez. Pero, ojo, no son la ruptura ni el alejamiento los síntomas de la inmadurez. Lo eran todos esos abrazos y besuqueos innecesarios, esas masas corales que a muchos les cautivaban y a mí siempre me dieron un cierto repelús. Toso eso era, para mí, una especie de farsa tras la que se escondía algo oscuro, el germen de algo agazapado que se desencadenaría en cuanto se diesen las circunstancias para ello. 
Si a todo eso que suele pasar y pasaba en Podemos le añadimos la impudicia de Pablo Iglesias y su necesidad patológica de jugar el papel de hermano mayor, el que dice lo que está bien y lo que está mal, quién juega con qué y cuándo, y lo dice, por desgracia, a su conveniencia, a su imagen y semejanza, tenemos el caldo de cultivo idóneo para que, a la menor oportunidad, todo salte por los aires y se rompan los juguetes en disputa.
El juguete en cuestión es, como siempre ocurre entre quienes se dicen adultos, el poder, el poder que se tuvo en la punta de los dedos y que poco a poco, por soberbia o por miedo a volar, eso nunca lo sabremos, se escapó cuando Iglesias que no parecía tan torpe como para dejarse ver como el villano, rompió la baraja de las negociaciones con Pedro Sánchez, quedando, con razón o sin razón, ante el electorado como el malo de la película.
Dicen que Errejón hubiese preferido una negociación menos rígida, algo que no fuese el todo o nada. Pero se hizo lo que defendía Iglesias y Podemos, con ayuda de los medios, quedó como intransigente y su gesto de hacerle la lista de gobierno a Sánchez como una bravuconada electoralmente nefasta, porque, hasta a mí, que tiendo a barajar causas perdidas, me costó darles el voto en las segundas elecciones generales.
Y con la pérdida de los veinte escaños que se dejaron an la gatera de esas negociaciones, más aún non las malas expectativas de voto en una hipotética llamada a las urnas, como siempre que en casa falta la harina, todo se vuelve mohina, comenzaron las peleas y los quítate tú para ponerme yo, con feos desplantes como los ceses, que ortra cosa no fueron, de Luis Alegre o José Manuel López, al frente de la secretaría de organización nacional y la portavocía en la Asamblea de Madrid. En fin la guerra por el poder, por los cargos. 
Ahora, Iglesias y Errejón, por más que disimulen, que lo hacen o intentan hacerlo, están alejados y de espaldas un a otro, mientras desde sus posiciones se ha desatado una guerra de cartas, comunicados e insidias, en las que a veces se cambia calidad por cantidad, especialmente en esa guerra electrónica en la que la "banda de los cuatro" denunciada hace días por Luis Alegre afila sus teclados contra Íñigo, el amigo del alma que ya no lo es o no lo parece.
No sé qué pasará de aquí al lunes, no sé qué encuestas se publicarán en estos días que quedan antes de la asamblea de Vistalegre, ni que fiabilidad se les podrá atribuir. Lo que sé es que el Podemos del próximo lunes será, ha de ser, muy distinto. Entre otras cosas, porque ya nadie se creerá a tan extraña pareja.

jueves, 2 de febrero de 2017

MÁS QUE UNA GUERRA DE EGOS


Algún día, cuando ya no nos duela, quienes creímos y aún creemos en ellos nos atreveremos a contar y a contarnos la historia de lo que pudo haber sido y finalmente no está siendo Podemos. Hoy, a dos semanas de que la formación que ya no es, o al menos eso parece, sólo de Pablo Iglesias, después de Vistalegre 2, su congreso, habrá decidido qué quiere ser de mayor y sus votantes podremos saber si quiere ser una formación caudillista, en la que el secretario general juega a ser "el rey de la montaña", despeñando a todo el que perturbe su ejercicio del poder en soledad y de arriba abajo o si, por contra, ese poder se abre a distintas opiniones y a estrategias que saquen a la única esperanza que le queda a la izquierda transformadora de ese ensimismamiento, ese ombliguismo, que le impide entender que no puede conseguir sus objetivos en solitario, que no cabe el todo o nada, que sólo se puede  hacer política desde el diálogo y que la revolución desde la calle que alguno puede estar soñando ya no cabe en este país.
Entiendo que, tras el éxito de las movilizaciones del 15-M, que por cierto no fueron sólo suyas, y de la oportuna canalización del evidente descontento que revelaban, en aquellas elecciones europeas que les otorgaron carta de naturaleza para quienes entonces no estábamos en su pomada, Podemos se vio con fuerzas para asaltar los cielos haciendo escala en el Parlamento. Y a punto estuvo de conseguirlo, porque aquellos primeros resultados en unas generales fueron los mejores que podía imaginar y que, no sé si por desgracia, difícilmente podrán repetirse. Pero la personalidad de quien no ve más allá de su espejo, o sea, de sí mismo, no casa bien con las concesiones ni con el difícil arte de la negociación. Y es que hay quien se mueve muy bien en la clandestinidad, en la guerrilla que se nutre del golpe de mano y la sorpresa, del efectismo dialéctico oportunamente alentado desde los debates televisivos en los que no hay nada que perder, ni que ocultar, y sí mucho que ganar.
Sin embargo, la realidad del día a día es tozuda y muy distinta, porque, como nos enseña el refranero, no es lo mismo predicar que dar trigo y, si, además, la mayor parte del trabajo parlamentario se hace al margen de los focos, lejos de la brillantez de los plenos, en tediosas comisiones y negociaciones no menos oscuras y aburridas que, difícilmente, saltan a las primeras de la prensa o las cabeceras de los telediarios.
Es entonces cuando el universo se encoge y los "hombres de acción" se sienten atrapados y les llega la necesidad de llevar sus inquietudes de nuevo a la calle, donde basta con predicar y no es preciso negociar ni dar trigo, algo que, por más que Iglesias diga lo contrario, sería incoherente, cuando no incompatible con el ejercicio de la vida parlamentaria. Y no me refiero al trabajo en la calle, en los barrios, en los círculos o en las agrupaciones, siempre necesario sino a esas demostraciones de fuerza tan añoradas, tan dignas de titulares como poco eficaces si la fuerza no se canaliza en el parlamento.
De aquí a dos semanas, las visiones de Iglesias y Errejón, más partidario de la apertura de Podemos y del trabajo parlamentario, se van a medir en Vistalegre, en un proceso precipitado y confuso, creado y modificado a imagen y semejanza de Iglesias, que, aun así, dudando de sus ideas o de sus seguidores más íntimos, ha decidido poner su cara de caudillo al frente de su lista, para no perder el control que quiere absoluto, del consejo, el parlamento, de la organización.

Otra vez, Iglesias se apunta al todo o nada o, mejor dicho, al yo o nadie. En dos semanas sabremos si es su opción la que triunfa o si lo hace la, a mi modo de ver, más sensata y constructiva de Errejón. Para entonces esta guerra fratricida  ya se habrá cobrado la paciencia y la ilusión de dos figuras tan señeras como las de  Carolina Bescaansa y Nacho Álvarez, cansados de tan costoso enfrentamiento. En cualquier caso, gane quien gane, se produzca o no ruptura, aquel Podemos ilusionante se habrá dejado muchos pelos en la gatera de esta que es algo más que una guerra de egos. 

viernes, 16 de diciembre de 2016

MIEDO A VOLAR


Es triste para alguien que, como yo, ha puesto tantas esperanzas, más que en el mismo Podemos, en la gente que, también como yo, les ha votado, comprobar el miedo, incluso pánico, que algunos de sus dirigentes tienen a la libertad y, sobre todo, a la igualdad. Miedo a que se escuche una voz que no sea la del "amado líder" Pablo Iglesias, pánico a que un revés, un mal día, de esos que hasta el mismo Lionel Messi tiene, abra una brecha en el poder cuasi absoluto que Iglesias tiene sobre los órganos decisorios del partido.
Vaya en este pinto por delante mi reconocimiento de que, formalmente, el funcionamiento interno del partido que fue la gran esperanza de quienes creímos y aún creemos en que un cambio progresista es posible es democrático. Sin embargo, todos sabemos que "hecha la ley, hecha la trampa" o, aún mejor dicho, interpretada, la ley conseguida la trampa y que Podemos desde que decidió transformarse en partido, se dotó de una estructura y unas normas diseñadas a mayor gloria y para tranquilidad del tan locuaz y cantarín profesor de Políticas.
Después de darle vueltas a todo lo que está pasando dentro de Podemos, mi impresión es la de que los líderes de primera hora del partido tienen miedo a la libertad, tienen miedo a volar, sobre todo porque algunos tienen las alas de plomo. Creo que, en un partido tan endogámico, en el que la mayor parte de sus cuadros proceden de un entorno tan pequeño y tan preciso como lo es una facultad universitaria, los dirigentes de primera hora, los "pata negra" de Políticas desconfían, porque le temen. de quienes se han incorporado a la formación tras el lógico proceso de crecimiento de un partido, que pasada la primara sorpresa por sus primeros resultados electorales, sorprendentes incluso para ellos mismos, se vio obligado a incorporar a nuevas figuras en sus listas, porque, estaba claro, en una facultad no hay banquillo suficiente para completar listas y hacerlo con cierta garantía de éxito.
Salvando las distancias, lo que ha ocurrido con Podemos se parece demasiado a aquella frustrada revolución de los claveles que, una vez derrocados Marcelo Caetano y el salazarismo, se enredó en luchas internas, apagando la ilusión primera y dejando los fritos de aquella ilusión a quienes quizá no los merecían. Tengo la impresión de que los “capitanes" de Podemos, con Pablo Iglesias a la cabeza, están más pendientes de controlar el territorio que de atender a los deseos de la población, con lo que, una vez más, se estaría perdiendo una gran oportunidad de llevar a cabo una transformación de la sociedad en la que todos son necesarios.
De todos es sabido, entre otras cosas porque la prensa "de toda la vida" se encarga de airearlas en cuanto se producen, que, desde hace meses, existen desavenencias entre las dos cabezas más visibles que, de momento, tiene Podemos, las de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, enfrentados en el dilema de cuál debe ser el escenario de la batalla para transformar el sistema: la calle o las instituciones, dilema que, no lo olvidemos esconde también el del control del aparato del partido. De todos es sabido y, a fuer de ser sinceros, todos estamos un poco cansados, pese a que cada cual tenga su preferido y es del todo evidente que yo lo tengo, de esos cruces epistolares hipócritas y ridículos y de los "zascas" que, de vez en cuando, se cruzan entre ellos, más sonoros y descarados los de Pablo Iglesias cuando se ve sorprendido por las iniciativas de su compañero y, según ambos, todavía amigo.
Lo que hasta ahora no habíamos visto y a lo que nunca deberíamos acostumbraremos es a que entre en escena un "comisario político" como Juan Carlos monedero para advertir, en el comedor del Congreso y ante testigos, al ex juez Juan Pedro Yllanes, diputado de su partido, de que se atenga a las consecuencias después de febrero -fecha prevista para la celebración del Vistalegre 2, si no dejaba de pronunciarse en apoyo de Errejón. Todo un ejemplo de "matonismo" del peor, por parte de quien, como viejos líderes mundiales afortunadamente desaparecidos, tiene miedo a volar, porque en esto de la democracia y la libertad de pensamiento, tiene las alas de plomo. Tienen miedo a volar o, lo que es peor, a que vuelen otros.

miércoles, 19 de octubre de 2016

LO QUE NOS ESPERA

Lo de ayer en el Congreso fue sólo una muestra, un adelanto, de lo que va a ser la legislatura si, finalmente, los diputados del PSOE, todos o unos cuantos, en libertad u obligados, permiten con su abstención que ese animalillo que avanza sin moverse -lo más sensato que ha dicho Felipe González desde hace tiempo- sigue atrincherado en su madriguera del Palacio de la Moncloa.
Nos espera una oposición unida, aunque no siempre, enfrentada a un gobierno que tendría que dar marcha atrás en todos sus abusos de la pasada legislatura, pero un gobierno que se va a proteger con todas las marrullerías a su alcance, marrullerías entre las que la principal va a ser el veto o el recurso al Tribunal Constitucional, que no es otra cosa que parar el reloj, detener el tiempo a su favor, porque no es precisamente tan alto tribunal un ejemplo de agilidad ni, mucho menos, oportunidad.
Es triste, pero es así y, para llevar a cabo su estrategia defensiva, contará con el apoyo inestimable de Ciudadanos que, en todo lo que tenga que ver con el poder económico, en todo lo que huela a dinero, se cerrará en banda, prietas las filas, para defender los intereses de los suyos, que, por desgracia, no son, precisamente, sus votantes.
En frente, tendrán a "la izquierda". dividida en dos grandes partidos, PSOE y Unidos Podemos, divididos a su vez por las cicatrices de las guerras abiertas en uno y otro. Por un lado, el PSOE que aún tiene pendiente el congreso que decida quien será su próximo secretario general y, sobre todo, de qué color es su alma, roja como su bandera o rosa desvaído o, quizá, más bien tirando a naranja. Un futuro en el que habrá que tener muy presente cómo quedan quienes más se han significado en la defensa de la no siempre deseada consulta a la militancia. Una prueba evidente de la importancia que tendrá en el futuro del partido de Ferraz la calle a la que fue tan sordo en momentos tan trascendentales para este país como aquella primavera del 15-M que tanta esperanza nos trajo a algunos.
No pretendo, es evidente, que el PSOE salga a la calle, donde estaba cuando yo le conocí, sólo que la escuche. Y que lo haga de una manera sensata, sin dejarse impresionar por el griterío de algunos, porque la calles también es manipulable, mucho más, incluso, que los parlamentos. Me refiero, no a la calle que se manifiesta, sino a la calle que trabaja en la solución de sus problemas, la que defiende lo que es suyo y le quieren arrebatar o la que lucha por conseguir lo que le niegan.
Y aquí llegamos al otro gran partido de la izquierda, con el alma dividida también, entre la serenidad y la mirada larga de Íñigo Errejón y la testosterona de Pablo Iglesias, que conoce perfectamente sus límites y querría sacar el parlamento a las plazas, olvidando que en las plazas no caben todos y que desde las plazas no se puede hacer todo. Tan sencillo como que Iglesias quiere mantenerse en el escenario que domina, en el que su tono mitinero y redentorista funciona. alejado del debate sereno, en el que no se mueve bien, en el que no da bien en los telediarios, porque s ele ven demasiado las prisas y las carencias.
Espero que también Podemos resuelva sus conflictos de identidad, porque no me gustaría tener que ver a Errejón sobreviviendo a duras penas en la selva de Bolivia. Esperemos que Podemos llegue a entender que Pablo Iglesias, él nunca se dará por enterado, ya no es el líder indiscutible que abrió una vía de esperanza a los españoles. Esperemos que Podemos se libere del aparato que controla Iglesias con mano de hierro y aflore la inteligencia y la serenidad que tan necesaria va a ser en estos tiempos.
Mientras tanto, los que nos espera es Rafael Hernando para Rato.