miércoles, 25 de abril de 2018

CHIRINGUITOS Y FUEGO AMIGO



Cualquiera que se hay movido en las inmediaciones del poder, más si lo ha hecho, como yo, desde la privilegiada posición que, al menos aparentemente, tiene la prensa, sabe de sobra lo que, a los líderes políticos, especialmente a los que están en el poder, les preocupa su propia imagen y el control de los medios, para amortiguar, desviar o, simplemente, tapar cualquier información que pudiera ser nociva para esa imagen.
Normalmente, quien se ocupa de ese control tiene la doble ventaja de gozar de la confianza del líder y disfrutar del poder que otorga la administración del dinero público que acaba en los medios en forma de publicidad institucional que, pese a que, por ley, debería adjudicarse de manera objetiva suele darse como premio o negarse como castigo a quienes son o dejan de ser dóciles con ese poder.
Sin embargo, el poder de quien ostenta ese cargo va mucho más allá, porque su proximidad al "jefe" o la "jefa" roza la intimidad y, ya se sabe, quien está presente en los momentos más discretos tiene la potestad añadida de guardar y administrar secretos, los secretos de las relaciones que mantienen, las filias y las fobias, los chanchullos y las miserias que suelen acompañar al poder y a quien lo ejerce.
En la Comunidad de Madrid, durante muchos años el control de los medios le ha correspondido a una mujer, Isabel Gallego, de la total confianza de Esperanza Aguirre, extendido más tarde a su sucesor Ignacio González, caída en desgracia con el ascenso de Cristina Cifuentes, martillo de corruptos, y, también, implicada, mucho, en la investigación que se sigue contra la trama de corrupción establecida por Francisco Granados y destapada en la llamada Operación Púnica. Una trama consecuencia de la sofisticación que llegó el poder en Madrid, invirtiendo ingentes cantidades de dinero público que se desviaba de obras y contratas, dinero que se empleaba en la mejora de la imagen pública de líderes y consejeros del partido en Madrid, dinero de cuyo destino y origen sabía mucho la señora Gallego.
Pues bien, ahora que vienen mal dadas, las palmas de la loa se vuelven cañas con las que defenderse de los adversarios o, simplemente, agredirlos. Y la señora Gallego, de la total confianza de Esperanza Aguirre y su sucesor, Ignacio González, no quiere "comerse" sola este marrón y, para ponerse a salvo, ha decidido hurgar en el baúl de sus recuerdos, selectivamente, eso sí, poniendo a disposición del juez datos fundamentales y pistas sobre lo que ha calificado como chiringuitos y que no son otra cosa que los proyectos, empresas públicas, fundaciones y presupuestos de los que determinados consejeros de uno y otro gobierno obtenían los fondos con que pagarse el maquillaje reputacional que necesitaban.
Ayer mismo pudimos escuchar un fragmento de la grabación de la declaración en la que señalaba a sus excompañeros. Ayer pudimos escuchar como, uno tras otro, iba señalando los chiringuitos en que cada uno de ellos había convertido los organismos que quedaban a su alcance.
Debe ser algo congénito en la gente del PP, porque el senador Agramunt, que presidió la Asamblea del Consejo de Europa convirtió aquel cargo, lo supimos ayer por un informe del propio consejo, en su propio chiringuito desde el que, a cambio de viajes, vacaciones, electrónica y prostitutas, hizo lo posible para dar por buenas unas dudosas elecciones en Azerbaiyán.
Ya por último y mientras escribo esto, me entero de que Cristina Cifuentes no sólo recibe regalos, sino que se los hace: dos cremas de belleza robadas en un supermercado cercano a la Asamblea en la que mintió hace unos días. En fin, para mear y no echar gota.
Habrá que ver quién, en este sálvese quien pueda, en este aflorar de chiringuitos y choriceos ha hecho su particular fuego cruzado con las imágenes de la ya no tan presunta inocente.

martes, 24 de abril de 2018

VALLS Y RIVERA


Lo que me quedaba por ver: España exportando lo mejor de su juventud a Europa, al tiempo que aquí nos llegan un "apestados" de la política europea, Manuel Valls, fracasado al frente del gobierno que presidió en Francia, para ser el cartel de Ciudadanos para Barcelona en las próximas municipales. La pirueta, sin alma como casi todo lo que hace, se la debemos a Albert Rivera, el rey del casting, que, después de llenar sus listas de chicas, todas guapas, todas iguales, parece dispuesto a fichar, como si de un brillante delantero se tratase, a la gran esperanza de la política francesa, lesionado, "chupando" banquillo y buscando desesperadamente otro equipo, otra liga, por los que pasear su más que evidente cojera.
Manuel Valls, nacido en Barcelona, es la prueba más evidente de la desintegración del socialismo en Europa. Llegó a la jefatura del gobierno francés desde el ministerio del Interior y después de llevar a cabo una de las políticas de inmigración más repugnantemente duras en Europa, que nada tenía que ver con la idea de Francia como tierra de asilo. Valls es, que no lo olviden los barceloneses, el ministro del interior de los campamentos de Calais, el que permitió la detención, casi un secuestro, de una escolar inmigrante y adolescente, en el autobús en que acudía a clase, por gendarmes armados, en una escena que en mi cabeza, lo siento, se confunde con el intento de asesinato de la hoy premio Nobel Malala Yousafzal, que recibió un disparo en la cabeza del talibán que pretendía impedir que, siendo mujer, recibiese la misma educación que reciben los niños en Pakistán.
Está claro que yo jamás daría mi voto a un personaje como ese que, después de haberse quitado la máscara, revelándose como un reaccionario emboscado en la izquierda, se transmuta en el candidato de la derecha más sospechosa para la alcaldía de la ciudad de Barcelona.
Mal vamos si nuestra política local, la única a la que pueden acceder los ciudadanos extranjeros de la Unión Europea, se convierte en el cementerio de elefantes a que van a morir los viejos elefantes de la política europea, porque éste es viejo antes de tiempo y está caduco en un país, el suyo, en el que ya nadie le cree. Me pregunto qué puede buscar, más allá de un empleo fijo y con prestigio para cuatro años, un personaje que ha ocupado el segundo escalón del poder en Francia. No encuentro explicación a sus aspiraciones, como tampoco la encuentro para un fichaje como éste, por más que el autómata Rivera lo pretenda como si fuese el de una estrella, sobre todo porque Valls tiene pasado y un pasado nada defendible, porque el camino que ha seguido hasta ahora está sembrado de cadáveres, entre ellos el del Partido Socialista Francés.
Quizá sea yo el que está equivocado y Rivera no haga más que obedecer a esos jeques de la política que, como los que están arruinando parte del fútbol europeo. Fichan y fichan, Rivera es en sí mismo uno de esos fichajes, el primero, y levantan estructuras como Ciudadanos para que se encarguen de velar por sus intereses que, por desgracia lo veremos, nunca son los nuestros. Rivera apareció un día en el panorama político catalán, casi sin antecedentes, sin pasado, pero sí con un evidente respaldo, bastante oscuro y siniestro -el capital y la banca son siempre siniestros- como si quienes fracasaron con la Operación Roca a finales de los ochenta pretendiesen, esta vez, hacer bien los deberes.
Valls y Rivera, Rivera y Valls, un tándem nacido del márquetin que sobrevuela la política española de esa manera que todos sabemos. Ojalá los barceloneses no se dejen engañar por ellos.

lunes, 23 de abril de 2018

CAMISETAS Y PITOS

Pocas cosas hay más peligrosas, quién lo duda, que una camiseta o una bufanda de color amarillo. Todo el mundo sabe que las carga el diablo, que, con ellas, se puede subvertir a todo un país y que ese color tan estridente queda feo en la grada de un estadio. Además, desde hace siglos sabemos, porque los romanos nos lo enseñaron, que, con muchas piedrecitas, aparentemente insignificantes, se puede escribir y se pueden componer imágenes, imágenes que, en el caso que nos ocupa, la final de la Copa del rey en el nuevo Metropolitano, podían herir la sensibilidad de Felipe VI o, más fácil de creer, la de las almas sensibles a las que ofende el ejercicio de la libertad de expresión.
Quizá por ello, el despliegue policial de la tarde noche del sábado en los alrededores del estadio tenía entre sus fines el de encontrar y requisar sin orden ni concierto varios miles de peligrosas camisetas y bufandas de color amarillos que sus propietarios, pacíficamente, fueron depositando en contenedores sin que, que yo sepa, les fuese firmado recibo alguno por ellas, como si de un cortaúñas o un frasco de perfume más voluminosos de los permitido requisado en un aeropuerto se tratara. Una medida arbitraria que sólo es posible adoptar cuando previamente se ha domesticado a la ciudadanía para que, en aras de una presunta seguridad, ante cualquier medida de este tipo y bajo el chantaje de que, de no mostrar la docilidad requerida, perderán su avión o la final tanto tempo esperada.
¿Dónde han ido a parar todas esas prendas incautadas, dónde van a parar los cortaúñas de Barajas? ¿Se queman, se destruyen o se donan a una ONG para que los distribuya en países necesitados? No lo sé ni creo que lo llegue a saber nunca, pero he ahí un bonito reportaje para el que quiera desarrollarlo, un reportaje digno de "Equipo de Investigación" de La Sexta. Mientras tanto, creo que el safari del sábado sólo responde a un calentón, otro, del ministro Zoido que, una vez más, ha conseguido salir en las portadas y las cabeceras de los telediarios por todo lo contrario de lo que pretendía. No sé si el ministro sevillano es consciente de ello, pero lo de la caza del culé de amarillo ha tenido el mismo efecto que lo del crucero disfrazado de Piolín: le ha puesto en evidencia otra vez ante propios y extraños, dejando claro que en ese ministerio algunas decisiones se toman sin meditarlas demasiado.
Lo que no pudieron evitar Zoido ni el coro de comentaristas y correveidiles de siempre es que el himno español se llevase otra sonora, valga la redundancia, pitada, pese a los esfuerzos del DJ del estadio que subió el volumen del himno hasta límites peligrosos para los tímpanos o de los cantores del "lolo lolo", empeñados de acallar los pitos.
¿No se dan cuenta de que la principal función de los símbolos, y el himno es uno de ellos, es el de ser pitados o abucheados, ni de que pitar a un himno o una bandera es una sana manera de descargar toda esa adrenalina que, de quedarse dentro, entonces sí, puede transformarse en violencia? ¿Cuál será la próxima ocurrencia? ¿Quizá colocar bozales a quienes lleven escrito en la mirada que piensan pitar al himno, la bandera o al rey o amputarles uno de los labios, para que no puedan silbar, como en la Edad Media se amputaba un par de dedos a los prisioneros para impedir que pudiesen volver a disparar un arco el resto de sus vidas?
Lo del sábado fue tan ridículo como crueles eran las salvajadas medievales y, además, completamente ineficaz, porque, aunque el árbitro y sus ayudantes fueron los únicos que pudieron "pasar" legalmente camisetas amarillas, irónicamente fue el color escogido para pitar la final, y silbatos, el "ruido" de la patochada policial aún resuena. 
Por cierto, hubo justicia poética, porque el ministro Zoido, conocido sevillista, no acabó bien la noche, porque tuvo que ver a su equipo del alma derrotado por un humillante 0-5

viernes, 20 de abril de 2018

GRACIAS, DOCTOR MONTES


De todas las fechorías cometidas por el PP a lo largo de su historia, la peor de todas, al menos para mí, es esa muerte civil, afortunadamente frustrada por la justicia, que pretendió para Luis Montes, el jefe del Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Getafe, y sus compañeros, a los que acusó poco menos que de acabar con la vida de sus pacientes, cuando lo único que pretendían era aliviar el sufrimiento de sus pacientes. Y, todo, con el único fin de allanar, mediante el desprestigio de la Sanidad Pública, el camino al expolio de ésta, perfectamente planificado y acordado con grandes empresas del sector, sin importarles el sufrimiento de esos enfermos terminales que, a causa de la vil persecución que, en la prensa y en los juzgados, sufrieron Motes y los suyos. se vieron privados de su derecho a esperar la muerte sedados, por el miedo de otros facultativos a ser acusados, como él, poco menos que de exterminar a sus pacientes.
Ayer, Luis Montes murió inesperadamente camino de un acto de la Asociación por una muerte digna que, desde que se vio obligado a dejar su carrera, presidía. Murió d un infarto sin que, a sus verdugos sin sayón, de corbata y cuello blanco, se les hubiese pasado por la cabeza pedir perdón, ni a él y ni a todos aquellos pacientes que, durante años, tras esa caza de brujas tan injustamente desencadenada, se vieron condenados a morir exhibiendo su dolor interminable, sufriendo y haciendo sufrir a los suyos, por habérseles negado esa muerte digna y tranquila a la que todo ser humano tenemos derecho.
Afortunadamente, la campaña del PP madrileño no duró mucho en el tiempo, en cuanto se hicieron con el botín lo dejaron y la sociedad se impuso, se está poniendo, poco a poco a esos falsos prejuicios que, en el caso de las denuncias contra el doctor Montes, ocultaban sólo codicia, perfumada de olor a incienso y rancias sotanas. Afortunadamente, se han dado pasos legales para dar seguridad jurídica a los sanitarios que asisten en el dolor a los enfermos terminales, afortunadamente, cada vez se da más importancia a los cuidados paliativos en la sanidad española, afortunadamente, cada vez más, los sedantes sustituyen a los "santos" óleos en la cabecera de los moribundos, afortunadamente el PP y sus miserias no pudieron con la dignidad y el ejemplo de Luis Montes, afortunadamente.
Gracias a Montes y otros como él, que saben diferenciar el grito y la desesperación de la vida, morir en un hospital o en casa con los tuyos es mucho más fácil, más humano. Gracias a ellos, que han entendido y nos enseñan que ayudar a morir es también curar, aliviar el sufrimiento, mi madre pudo despedirse de sus hijos en su cama del hospital, despacio, cogiéndonos las manos y diciéndonos lo mucho que nos quería. Afortunadamente, con el mismo cariño pudimos decirle adiós y su muerte fue una exaltación de su vida y no una tragedia. 
Ahora que ya he pasado por ello no puedo explicarme cómo un ser humano puede negarle a otro ese derecho a un buen morir. Y no sólo eso, también dudo que toda esta gente tan llena de poder, dinero e influencias sea capaz de privar a los suyos, de privarse a sí mismos de ese derecho. Sería tan fácil caer en la trampa de desearles esa misma muerte cruel, inhumana, que, con su injusta campaña contra el doctor Montes, forzaron a tanta gente. lo sería, pero mejor es no hacerlo, aunque lo merezcan, pero no podemos ponernos a su nivel, porque no podemos desear a otros lo que no queremos para nosotros ni para nuestros seres queridos.
Por eso, en este momento, sólo quiero dar las gracias a Luis Montes y a otros que, como él, dan cada día ejemplo de sabiduría y humanidad.

jueves, 19 de abril de 2018

TONTERÍA Y MEDIA


¿Se puede ser tan torpe como lo fue ayer Carolina Bescansa publicando "su" famoso borrador, ese en el que "ofrece" a Íñigo Errejón un pacto para desbancar a Pablo Iglesias del poder en Podemos? En mi opinión, ni se puede ser ni lo ha sido. Y si digo esto es porque tengo derecho a pensar que todo ha sido una trampa tendida a Errejón por la misma Bescansa o por ese ejército de gremlims juguetones que, no sólo elaboran por su cuenta y riesgo, eso dice la diputada, un "borrador" tan desestabilizador para la dirección de Podemos como comprometedor  para Errejón, sino que, además, se permiten la alegría de confundirse de ámbito y lo publican a los cuatro vientos, un ejército oscuro que a nadie le sorprendería  que estuviese lleno de topos.
Lo más probable es que esto sólo sea una paranoia mía, inducida por la enorme decepción que han dejado en mí los últimos meses de la historia de Podemos, pero tengo derecho a pensarlo. Tengo todo el derecho a desconfiar de un partido que ha dilapidado en un tiempo récord, apenas tres años, tanto poder y tanta esperanza como la ciudadanía había puesto en sus manos. Un partido que, al menos en lo que a su dirección se refiere, se ha comportado como nos cuentan que se comportaron quienes hace más de un siglo se pusieron al frente de la Revolución de Octubre.
A quién beneficia la aparición de ese documento. No cabe duda de que al que menos gracia le habrá hecho verse en los medios disputándole el protagonismo en los telediarios a Cristina Cifuentes es al propio Errejón, colocado bajo los focos a medio vestir como protagonista involuntario de un asunto en el que no le ha gustado nada aparecer. También perjudica a Carolina Bescansa, aunque no tanto, dada su escasa relevancia en el partido desde que se apartó, o se vio apartada, de la dirección del partido en el último "Vistalegre". Así que, descartando al uno y a la otra, aparece como fundamental beneficiado el extrañamente silencioso Pablo Iglesias, que, curiosamente, no ha dicho ni "mu" ante tamaño terremoto en su partido.
Desde luego, a quienes no beneficia en absoluto es a los votantes de Podemos que, una vez más, se sienten defraudados y con ganas de comerse el voto antes que volver a dárselo a quienes lo van a desperdiciar enredándose en extenuantes peleas fratricidas, en vez de "ponerlo a trabajar" al servicio de los ciudadanos de un país que lo que necesita es que sus dirigentes dejen se arremanguen y se den a la faena, en de mirarse tanto el ombligo y ocupar su tiempo en poner chinchetas en la silla de sus "queridos compañeros".
Cosas como estas son las que me hacen perder la fe en los partidos políticos, que parecen vivir en una burbuja de cristal con la seguridad de un buen sueldo durante cuatro años que, a veces, por no decir siempre, importa más defenderlo que defender a quienes, votándoles, lo hacen posible. Quizá por eso soy más del Barça que del PSOE o de Podemos, ser del resto de partidos sería como "hacerme" del Madrid, y eso que el Barça, como todos, también me da disgustos de vez en cuando.
Lo escribía ayer en Facebook, saludos míster Zuckerberg, los partidos políticos se parecen más entre sí de lo que se parecen a quienes les votan. Incluso este Podemos que parecía venir a limpiar y a sanear los lugares en que, si no se ejerce el poder, sí se hace la política. Por el contrario, en un tiempo récord, ha reproducido los vicios y errores y de los ”viejos” partidos y, sin el menor pudor, a plena luz del día.
Hace apenas unos días, Pablo Iglesias advertía, a propósito del inicio del proceso de primarias en Madrid. "Ni media tontería", dijo. Pues ya tiene su respuesta: tontería y media.

miércoles, 18 de abril de 2018

LA MENTIRA ES EL "PECADO"


Qué más tiene que pasar. para que Cristina Cifuentes, cada vez menos nocente, menos presunta. se dé cuenta de que la mentira es el pecado. La mentira, adornada por su desmedida soberbia y el absoluto desprecio por los demás que muestra en cada una de sus cada vez más escasas apariciones públicas.
Cada vez está más claro que la presidenta de la Comunidad de Madrid está abocada a un final, si no trágico, porque es evidente que, para alguien como ella, perder el poder y el prestigio sería toda una tragedia, sí, desde luego, deshonroso. Dónde iría, tras su dimisión o su derrota en la cada vez más cercana moción de censura esta señora que lleva cuatro semanas escondida o mintiendo "por tierra mar y aire, mañana, tarde y  noche, reiteradamente ante los medios o en sede parlamentaria", dónde acabaría esta mujer que, en apenas un mes, ha pasado de ser la presidenta "guay" del nuevo PP a convertirse en una apestada con la que sólo unos pocos, los más fieles, los que tienen su destino unido al suyo, los que andan en cosas parecidas a su máster, los que la temen o la necesitan, continúan arropando.
Dudo que su destino, como soñaba sea en una universidad. Están curadas de espanto y no creo que quieran entre sus muros a un personaje tan tóxico como ella, capaz de hundir en un mes el prestigio de una de las pocas instituciones que los conservaban en España. Dudo que alguna empresa, aunque "cosas veredes, amigo Sancho", quiera en su consejo de administración a un personaje tan poco de fiar como ella. En cuanto a su partido, probablemente esté dando la cara por ella porque no le queda otro remedio, porque tiene muy claro que, cuando entre en su despacho un inquilino de otro color político, los armarios, los cajones y las alfombras van a ser puestos del revés, para sacar a la luz los fantasmas y secretos de casi tres décadas de gobierno ininterrumpido, más sabiendo que sus antecesores han sido nada menos que Alberto Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre o Ignacio González.
De ahí que ella se resista y su partido la sostengan, por ejemplo, como lo hace Paloma Adrados, presidenta de la Asamblea de Madrid, que, en el más puro estilo Forcadell o Torrent, sigue sin fijar fecha para debatir la moción de censura planteada por los socialistas con el apoyo de Podemos y parece, aunque, de momento, sólo lo parece, de Ciudadanos. Después, salvo que, si finalmente hay moción y sus promotores la pierden, difícilmente volverá a ser la candidata de un partido, el PP de Madrid, seriamente tocado y dividido por éste y otros asuntos parecidos.
Los que la defienden son cada vez menos. La prensa más fin, junto a los medios públicos bajo control del PP, prefieren pasar de puntillas sobre el máster y sus consecuencias. Su amiga María Dolores de Cospedal, poseedora de un máster igual o parecido al suyo, se ha convertido en su más ardiente y quién sabe si única defensora. En cuanto al aguerrido portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, si lo hace, parece que lo hace más por obligación del cargo que por convencimiento. Tanto es así, que ayer mismo tras esparcir basura, su propia basura, sobre Ciudadanos y el PSOE, de Cristina Cifuentes se limitó a decir en defensa de Cifuentes que su máster "se lo dieron y lo pagó", todo un acto fallido por el que en cierto modo admitía el regalo y negaba el esfuerzo de la huidiza presidenta.
La renuncia de Cifuentes "a su máster", un gesto inútil previo a ser despojado de él, fue algo parecido a lo de Hernando, porque, pretendiendo ponerse a salvo de toda culpa, admitiendo haber gozado de  todas las ventajas que ya se han evidenciado, "condiciones preferenciales" acaba de decir Hernando en la SER, no hizo otra cos que admitir que desde el día que se supo de la modificación de sus notas, desde que, esa misma noche, exhibió el acta falsificada que le fabricaron como coartada, no ha hecho otra cosa que mentir y aunque, a quien, por la facilidad con que miente, le cueste creerlo, la mentira, señores, es el pecado y, dependiendo de dónde y cómo se mienta, también es el delito.

martes, 17 de abril de 2018

CIFUENTES, CON "CI" DE CINISMO


¿Se puede renunciar a lo que no se tiene? ¿Se puede devolver como si nada lo que se ha comprado a un perista? ¿Se puede recoger una medalla en una maratón después de haberse incorporado a la carrera en la última curva, fresco como una rosa? Al parecer, Cristina Cifuentes así lo cree y, cada día que pasa, se empeña en demostrárnoslo.
La todavía presidenta presidenta de la Comunidad, sólo porque el PP de Mariano Rajoy así lo quiere, sigue empeñada en demostrarnos que su cinismo no tiene límites y que tiene pánico a que sus faltas, sus pecados se vean en los juzgados. Ha bastado que el rector de la Rey Juan Carlos anuncie primero y consagre después en una Tribuna de EL PAÍS que se le retirará el polémico máster si los tribunales determinan que ha habido irregularidades en su obtención, para que, en una carta dirigida al rector se permita anunciar que renuncia a ese título y que su falta ha sido la de acceder a las facilidades que se le dieron para obtenerlo.
Hace falta tener descaro o mucho morro, como se dice en mi barrio, para pretender resolver con una simple carta esta polémica, de las más largas y con mayores consecuencias que ha vivido la política de este país, Hace falta tener mucho morro para creer que se puede seguir así, como si nada, después de haber mentido un día y al siguiente, en "las redes" o en sede parlamentaria, en la convención de su partido o en entrevistas amigas, nunca en rueda de prensa. Hace falta ser algo más que inmoral para pretender salir sin daño, después de haber dejado en las cunetas de su camino de perdición la carrera de tantos funcionarios y el prestigio de toda universidad.
Hace falta, sin duda, pero todas esas "cualidades" de Cifuentes que acabo de enumerar no bastarían si Rajoy, especialista en momificar los cadáveres de tantos muertos vivientes como hay en su partido, no hubiese tomado la decisión de darle refugio en su armario, hasta que el hedor de sus fechorías hiciese insoportable su vecindad. 
Cristina Cifuentes ha demostrado de sobra su amoralidad, anunciando querellas insostenibles para dar credibilidad a sus mentiras o exhibiendo públicamente documentos falsificados, reconstruidos dijo el director del susodicho máster, que supuestamente certificaban su defensa de un trabajo fin de máster que, ni en sueños se había producido, entre otras cosas, porque ese trabajo nunca apareció ni en sus archivos ni en los de la universidad, porque difícilmente existió. Cristina Cifuentes ha demostrado no tener el más mínimo respeto por el esfuerzo de sus compañeros ni por el de los miles y miles de universitarios que, trabajando para poder mantenerse y pagar sus matrículas, robando horas al sueño y al ocio, "cursan", ellos sí, unos estudios que, ahora, gracias a las trapacerías y mentiras de Cifuentes se han visto devaluados y arrastrados por el barro.
Cristina Cifuentes, con "ci" de cinismo, dice renunciar a un título que despreció desde la tribuna de la Asamblea de Madrid y que, si lo tuvo, fue porque lo compró con dinero y con favores. Ahora, recogerá el aplauso de sus compañeros de partido que, confundiendo la honradez con el aplomo temerario, se limitan a esperar, como en la Edad Media, el veredicto de un dios inexistente, Rajoy, rodeado de los despojos de su apática política. Lo malo, lo peor, es que estas estratagemas de Cifuentes y su partido van a surtir el efecto deseado con bastantes de sus votantes que serán capaces de ver en esta villana una heroína llena de dignidad que renuncia a lo que es suyo para no hacer más daño a su partido. Lo dicho, Cifuentes con "ci" de cinismo, lo que se merecen y, al parecer, admiran sus votantes.