viernes, 6 de julio de 2018

EL HIJO Y UNA VIUDA


Que las primarias las carga el diablo, como que la vida va en serio, que diría Gil de Biedma, uno, el PP en este caso, lo empieza a comprender más tarde. El hermoso poema de Gil de Biedma del que brota ese primer verso lleva por nombre "Nunca volveré a ser joven", del mismo modo que el PP, espero que líderes y militantes lo entiendan, nunca volverá a ser el mismo.
Amoche, después de un proceso más o menos democrático, inédito en un partido que ha gobernado este país durante casi tres lustros, inédito el proceso e inédita la democracia que hubiese en el mismo, de los seis o siete negritos del principio sólo quedaron dos. Por un lado, Soraya Sáenz de Santamaría, la mujer que, desde que fuera becaria en La Moncloa, con Rajoy como vicepresidente de Aznar, hasta que ella misma fue vicepresidenta, ha sido, si no su mano derecha, si su brazo ejecutor. Por otro, la cara amable, al menos ante la prensa, del PP, el joven Pablo Casado, ambicioso como pocos, que fue jefe de gabinete de Aznar en la Moncloa, con un currículo puesto en entredicho ya en los tribunales y una labia digna de mejor empeño.
La carrera para hacerse con la presidencia del PP ha sido cuando menos extraña. No ha habido debate entre los candidatos y todo lo que se han dicho, se lo han dicho, con más o menos soltura, a través de los medios de comunicación, en los que, no podía ser de otro modo, la neutralidad ha brillado por su ausencia. Tanto es así que, en algunos, determinados candidatos podrían pasar por cualquiera de sus contertulios habituales. Tanto, que tiene mérito que la antipática y tan poco entrañable Soraya, casi como un jefe de personal de los de antes, de cuando se llamaban jefes de personal y aparentaban lo que al fin y al cabo eran, haya conseguido hacerse con más votos que su inmediato seguidor, el muy mediático Pablo Casado.
Sin entrar en más detalles, creo que quienes han votado en estas primarias se han decantado por dos modelos no de partido, porque el PP es uno, fue grande y tengo dudas de que algún día llegue a ser libre, sino por un modelo de líder o, mejor dicho, por la estela de un modelo de líder. Lo digo porque la vicepresidenta encarnaría al que fuera el presidente al que sirvió, Mariano Rajoy, sin una aparente ideología a la que adscribirla, mientras que Pablo Casado, que, incluso en el modo de vestir, aunque más simpático y atractivo, que no es difícil, recuerda a su mentor, José María Aznar y quienes aún le defienden, como la mismísima Esperanza Aguirre.
No sé qué pretendían quienes han votado, pero, si se han dejado llevar por las apariencias, por la aparente jovialidad y elegancia de Casado, se están equivocando, porque encarna lo más rancio de España y su partido. El mismo, voluntaria o involuntariamente, lo ha dejado dicho: quiere ser el líder de la España de las banderas, esas que cuelgan de los balcones, cada vez más ajadas y descoloridas, las que convierten cada vivienda en un fortín de tradiciones e intransigencias, dispuesto a no rendirse ante los avances de la ciencia y, sobre todo, de la sociedad. Por su parte, la que fuera hasta hace un mes vicepresidenta, a la que los hados no han premiado con la gracia de la simpatía, parece, al menos así lo creo, más técnica, más cerebral y eso que suelen calificar de "más preparada" y, eso espero, con más capacidad de diálogo. 
Quizá por eso, los votantes que buscan un partido útil para el futuro del país, ahora que Ciudadanos les aprieta por la derecha, han optado por ella, mientras que los que pretenden tener como líder a un Cid Campeador vestido a la moda de la calle Serrano han votado por Casado. Pero, un momento, no nos engañemos, el PP un partido que, tras sacar su censo del armario, se ha revelado como un partido de cargos más que de militantes, va a reconducir los resultados para no llegar dividido a las próximas elecciones. Quizá Casado, ebrio de triunfo, diga ahora que quiere toda la tarta o nada, pero no dudéis que le van a convencer.
El ampuloso García Margallo, él, que no puede vivir sin una cámara delante, dijo que se presentaban las dos viudas y el hijo de Rajoy. Ahora, cariacontecido y un poco deprimido al comprobar que sus compañeros de partido no le quieren tanto como algunas teles, va a tener oportunidad de comprobar que, en efecto, Soraya podría ser viuda de Rajoy, pero que Pablo casado, de ser hijo de alguien, lo es del tenebroso Aznar.

miércoles, 4 de julio de 2018

LA ENREDADERA


A Confucio se le atribuye ese aforismo que viene a decir que, para quitar el hambre a un hombre un día hay que darle un pescado, pero, si se la quieres quitar para siempre, enséñale a pescar. Aquí, los castizos traducen a su manera el sabio consejo y hace tiempo acuñaron ese "A mí que no me den, que me pongan donde haya", del que tantos políticos parecen haber hecho bandera, porque a demasiados de entre ellos, sin importar el color, les persigue lesa sentencia como una maldición.
Ayer, sin ir más lejos, la Policía culminó una investigación iniciada en Montgat (Barcelona) contra una trama que implica a alcaldes y jefes de policía de más de cuarenta ayuntamientos de Cataluña, Madrid y casi toda España, en los que se alteraban al alza los datos de siniestralidad en sus calles, para contratar semáforos y radares innecesarios, además de la gestión de  las multas impuestas, con la empresa Gespol, una filial de Sacyr, empresa constructora y de servicios, que, al parecer, ha puesto en marcha una investigación interna sobre su filial.
La red de corrupción parecería una más, incluso está implicado en ella un viejo conocido de la Gürtel, José Luis Ulibarri, salvo por el hecho de que esta trama es reciente y porque, entre los detenidos, por primera vez aparece un alcalde, el de Arroyomolinos, perteneciente a Ciudadanos. La Policía ha dado a la operación el vistoso nombre de "enredadera", no sé si porque sus responsables consideran que la corrupción crece y se extiende como la trepadora en cualquier parte y cualquier clima o por lo difícil que es erradicarla una vez que asoman sus primeros brotes.
La trama es todo un despliegue de "jardinería" financiera, en la que se implicaba a los jefes de policía local, a alcaldes, naturalmente a la empresa Gespol y una red de intermediarios, al frente de la cual estaba José Luis Ulibarri que ya ejerciera labores parecidas en las empresas de Francisco Correa. Una trama en la que los ciudadanos se han visto perjudicados doblemente, en primer lugar, por el mal uso que se hace de sus impuestos y, también, porque más de uno estará en su derecho que pensar que esas multas impuestas por sobrepasar límites de velocidad o rebasar semáforos colocados caprichosamente en su camino no debería haberlas pagado. 
Simultáneamente a las detenciones de ayer, Podemos ha presentado ante la Fiscalía Anticorrupción un detallado informe sobre la desviación del coste de construcción y explotación de los hospitales construidos en Madrid durante la etapa de Esperanza Aguirre al frente de la Comunidad, la joya de la corona de la condesa que, con ellos, de inauguración en inauguración, fue engatusando a miles de votantes, a costa de su bolsillo y el de quienes jamás la votamos ni la votaríamos. Una joya llena de piedras falsas puesto los hospitales que se inauguraban, más parecidos a hoteles que a lo que deberían ser, carecían en ocasiones de laboratorios, eran energéticamente ruinosos y resultaron ruinosos tanto en su construcción, como en la posterior gestión, entregadas "graciosamente" a constructoras amigas que, después de disparar el gasto contratado con la consejería de Sanidad y de haber multiplicado varias veces el coste por cama, acabaron vendiéndolos a fondos buitre, especializados en comprar ruinas, a veces ruinas provocadas artificialmente, con lo que la sanidad madrileña está ahora, como miles de viviendas sociales, en manos de empresas que se mueven al más puro estilo gansteril.
Espero y deseo que del informe aportado por Podemos a la Fiscalía se desprenda suficiente sustancia para sentar ante un tribunal a Esperanza Aguirre que trata de engañarnos asegurando que no se ha llevado un céntimo de todas y cada una de las tramas corruptas que han florecido bajo sus pies, como si el sueldo de presidenta y el poder que le ha dado la presidencia de la comunidad madrileña, poder para seguir beneficiando a sus amigos y donantes no fuese parte del botín expoliado a los madrileños.
Son muchos, demasiados, los políticos y los empresarios que han aprendido a pescar en el jardín de la gestión pública son demasiados los que se han dejado poner donde había para llenar sus bolsillos. Sólo espero que la pluralidad alcanzada por el poder en los últimos años permita que la fiscalización de sus dineros sea más eficaz y que, poco a poco, podamos podar esta maldita enredadera que todo lo acaba cubriendo.

martes, 3 de julio de 2018

NO VAN A SU CASA


Por más que algunos se empeñen, el inmediato traslado de los políticos catalanes presos en cárceles madrileñas a otras situadas en Cataluña, más cerca de sus domicilios y de sus familiares y amigos no es un privilegio, ni siquiera es una concesión que se haya hecho a los partidos independentistas que apoyaron la moción de censura presentada por Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy. No lo es, salvo que se considere una concesión poner fin a una situación que en sí suponía un castigo innecesario a quienes bastante castigo tienen ya después de más de seis meses de prisión provisional a la espera de un juicio que, sea cual sea el veredicto, resultará cuando menos polémico, más si se tiene en cuenta que el tribunal estará bajo la lupa de organizaciones de derechos humanos y de la prensa de medio mundo.
Personalmente, tengo claro que el alejamiento de los presos de sus domicilios es un castigo. Lo sé porque me tocó vivir como periodista durante el mandato de Felipe González, con Enrique Mújica como ministro de Justicia y Toni Asunción, que luego fuera ministro del Interior, como director general de prisiones, la puesta en marcha de la dispersión de presos etarras, concentrados hasta ese momento en dos grandes prisiones, en lo que no dejaba de ser un grave error de estrategia por parte del gobierno, porque transmitía la idea de que se trataba de presos políticos y porque propiciaba el control del colectivo de presos y de sus familiares por parte de la organización terrorista.
Mantenerlos alejados de Euskadi, aunque fuese juntos, era de por sí un castigo innecesario que, lejos de ablandarles y llevarles hacia el arrepentimiento, les ponía bajo la disciplina de ETA, que dirigía sus pasos en prisión, impidiéndoles, incluso, acogerse a los beneficios penitenciarios, al tiempo que convertía a sus familiares en rehenes de la banda, dependientes de la misma para cualquier contacto con sus presos.
Asunción, ayudado y asesorado por el PNV, lo tuvo claro y diseño un plan de dispersión de los presos etarras en el que la soledad y la distancia a sus hogares sí eran un castigo añadido para los líderes más irreductibles del colectivo, mientras que el traslado a prisiones cerca de Euskadi era, si no un premio, sí un camino hacia el tercer grado para quienes habían mostrado su distanciamiento de la disciplina de la banda, aligerando el peso de una de las dos condenas que tenían encima, la que les habían impuesto sus propios compañeros.
No es el mismo caso que el de los líderes catalanes que van a ser trasladados a prisiones dependientes de la Generalitat, pero, como PP y Ciudadanos se han empeñado en meter en el mismo caso estos traslados y los que, en cumplimiento de la ley, se llevarán a cabo con los presos etarras a los que aún les quedan penas que cumplir, y se han empeñado en hacerlo porque, con ello y utilizando de nuevo al colectivo de víctimas, soliviantan a la sociedad y la predisponen, sin más explicaciones, contra el gobierno de Sánchez.
Digo esto porque, desde que, en los ochenta, me ocupaba de seguir para la Cadena SER, los asuntos relacionados con el ministerio del Interior, he asistido una y otra vez a esta misma ceremonia de confusión, en la que quienes, con Aznar en el Gobierno, trasladaron de un sólo plumazo y sin más explicaciones a decenas de presos de lo que se atrevieron a llamar Movimiento Vasco de Liberación, se atreven a tildar  de moneda de cambio lo que no es más que un derecho de cualquier preso en este país.
No, los líderes presos a la espera de juicio no van a su casa, van a prisiones que están a unas decenas de kilómetros de sus hijos, parejas, amigos y abogados. Va a "gozar" del mismo derecho a estar cerca de casa que tiene cualquier otro preso. Van, eso sí, a prisiones dependientes de la Generalitat de la que alguno de ellos formó parte, pero eso, si realmente se cree en la democracia y se confía en el Estado que nos hemos dado, no debiera preocupar a nadie. No van a su casa, van a una prisión, y una prisión, por más comodidades que tenga, que se lo digan si no a Urdangarín siempre es una prisión.

lunes, 2 de julio de 2018

ASÍ NO


Reconozco que, a la hora de tomar decisiones, debe ser muy difícil sobreponerse al peso de la propia experiencia, renunciar a lo bueno y lo malo que nos ha pasado, para pensar sólo en el futuro y en toda la sociedad, no sólo en uno mismo o en los tuyos. Es difícil, muy difícil, pero no hay que renunciar a ello, porque no es imposible. Además, se supone que eso, pensar en el bien común, por encima de afinidades o preferencias, debe ser la primera obligación de quien pretenda ponerse al servicio de los demás, sin atajos ni trampas. También, la de pensar que la tele no depende sólo lo que la tele dice de uno, sino lo que ofrece al resto de la ciudadanía
Puedo llegar a entender que Pedro Sánchez se haya sentido perjudicado por el tratamiento recibido por los medios públicos, radios y televisiones, puedo entender que esté entre sus prioridades acabar con una etapa de la radiotelevisión pública que en los últimos años viene siendo nefasta y no sólo para él.
También puedo entender y entiendo que Pablo Iglesias, que tanto debe a la televisión, especialmente en los primeros momentos de su carrera política pública y que mantiene desde hace años en antena su programa, La Tuerka, esté convencido del poder de penetración que, para bien y para mal, tiene ese medio y trate de garantizarse su presencia en él cuando no, eso sería nefasto, el control absoluto del mismo.
Sin embargo, la experiencia de ambos no justifica el traspiés que han estado a punto de dar, si es que no lo han dado ya irremediablemente, a la hora de elegir a quién proponer para la presidencia de la radiotelevisión pública. Entre otras cosas, porque la radio y la televisión que se haga desde el Estado ha de hacerse para todos, para los que comparten tus ideas y para los que no, para los andaluces y para los gallegos, vascos y catalanes, para quienes sólo quieren informarse y para aquellos a los que no les queda otro remedio que pasar gran parte de su tiempo frente a la pantalla de un televisor, para los que gustan de los documentales y los programas culturales o, por qué no, para quienes prefieren creer que exploran corazones ajenos.
No cabe duda de que la radio y la televisión públicas, especialmente esta última, son por su capacidad de penetración en todo el territorio y su control, son un bocado muy apetecible para cualquiera, pero ello no debe hacer olvidar la universalidad de sus objetivos y garantizar que la pluralidad, no sólo la ideológica, sea el principal objetivo de cualquier gobierno, paro la tentación de enredar en las tripas del juguete, ay amigos, es demasiado fuerte.
En este caso, a Podemos le pudieron las prisas por sacar algo en limpio a cambio del apoyo dado a Sánchez en la moción de censura, un apoyo incondicional, dijeron y qué iban a decir, que, antes o después, de un modo o de otro tratarán de rentabilizar. En su primer y fatal acuerdo con los socialistas eligieron más con las tripas que con el cerebro y apostaron por Andrés Gil, redactor jefe de Política de eldiario.es, un magnífico periodista que, sin embargo, ni pertenece a la plantilla de RTVE ni tiene experiencia en la gestión, alguien que, salvadas las distancias, estaría al otro lado del péndulo que el nefasto José Antonio Sánchez 
Por eso fue tan significativo y determinante para su renuncia el rechazo manifestado por los propios trabajadores de RTVE, cansados de las interferencias del poder en su trabajo, se quejaron de ellas en el parlamento español y en el europeo y llevan semanas vistiéndose de negro para salir en pantalla los viernes como denuncia silenciosa ante su audiencia. Por eso, André Gil ha renunciado a tan polémico "honor" y, a todo correr, contra el reloj, los negociadores del PSOE y Podemos han optado por, esta vez sí, un profesional "de la casa", el director de Radio 3, la más vanguardista, incluso con el PP, de las radios españolas, con un gran recorrido en ella y, además o, sobre todo, con experiencia en gestión.
No sé cómo acabará esta historia. Ni sé si la gestión del nuevo candidato estará más cerca de la que hizo Luis Fernández, ejemplo de pluralidad durante la etapa Zapatero. Lo que sí sé es que así, como pretendieron hacerlo Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, no hubiésemos ido a ninguna parte, entre otras cosas, porque el nombramiento debería ser para todos los que seguimos y pagamos la radiotelevisión pública, no un asunto de dos, en todo caso de cuatro, de los que dos no fueron invitados a la mesa.

viernes, 29 de junio de 2018

YA ESTÁ TARDANDO


De todos es conocida la irresistible tendencia de los dictadores a hacerse enterrar en templos. Iglesias, basílicas y catedrales en el caso de quienes oprimen a sus pueblos en el nombre de dios o en templos del pueblo o de la república, como en el caso de Lenin o Bonaparte. Es como si quisieran, incluso después de muertos, continuar estando por encima de sus víctimas o de quienes, de buen grado o por miedo, les sostuvieron, como si quisieran estar más cerca de dios o del paraíso sea cual sea aquel en que creyeron.
En el caso de España, el enterramiento del dictador, frente al altar mayor de la basílica del llamado Valle de los Caídos, es una terrible afrenta a la memoria de un país que, habiéndole olvidado, aún recuerda sus fechorías y, en muchos casos, sufre las consecuencias de las barbaridades cometidas en casi cuatro décadas de dictadura, consecuencias evidentes, unas, tan invisibles como indelebles, otras. Una afrenta a los miles de familias de quienes, sin el permiso ni el conocimiento de sus deudos fueron arrancados, a veces de noche, de las fosas o las cunetas en que fueron ejecutados para rellenar con sus restos las criptas de ese templo excavado con dolor en la roca de la sierra madrileña, como el que coloca sin orden ni concierto libros robados en los estantes de una biblioteca que sólo va a servir para ser mostrada con ostentación.
La basílica con su enorme cruz, erigidas en el hermoso valle de Cuelgamuros, son un monumento al odio y el dolor, un lugar, se dijo, en el que se quería honrar la memoria de las víctimas de uno y otro bando, pero que, ya desde su construcción, que se llevó a cabo con el sudor y la sangre de miles de presos, se convirtió en eso: una afrenta para los vencidos, que se vieron obligados a salir fuera de España, a veces de guerra en guerra o a vivir en silencio el exilio interior, después de haber perdido, si no la vida, si la hacienda, el empleo, la carrera e, incluso, la familia.
Si todo acaba como debe, en un mes los restos del dictador saldrán del recinto en el que llevan más o menos los mismos años que lleve España en, mejor o peor, democracia y alguno más de los que este país vivió bajo su dictadura. Será una señal, la prueba de que España y los españoles se han hecho ya mayores y responsables, la prueba de que este país y quienes los habitan ya no necesitan tutelajes, manos firmes ni miedo para conducirse. Si todo va como debe, se pasará una página, quizá la página más trascendente, de la reciente historia de España.
Con ese gesto, se pondrá fin al espeso silencio, a la aparente inviolabilidad, que parece rodear a todo lo que tenga que ver con Franco y su dictadura. Con ese gesto estará mucho más cerca la hasta ahora imposible condena del Parlamento a aquel régimen, se disiparán los miedos de unos y de otros y será posible hablar de lo que pasó, de lo que hicieron los abuelos de unos y otros, que podrán pedir perdón en su nombre. Con este gesto, quizá se lleve hasta sus últimas consecuencias la incumplida Ley de la Memoria Histórica y, después de enfrentarnos al pasado, abriendo las viejas heridas para que de ese modo supuren, sanen y dejen de doler.
Ojalé llegue por fin ese momento que ya está tardando.

jueves, 28 de junio de 2018

AHOGAR AL MENSAJERO


A estas alturas del sainete no sé si a la ex presidenta de la Comunidad de Madrid le quedan amigos, pero, si le quedan, alguno de ellos debería pedirle que deje de hacer el ridículo, que abandone esa patética actitud de seguir creyéndose víctima de una conspiración, que se relaje, que se olvide de lo que fue y lo que quiso ser, porque, lo quiera o no, es, y lo es desde hace tiempo, un cadáver político.
Ese amigo, si le tiene cariño y aún la respeta, debería decirle que abandone el estrambote de querella que, en pleno éxtasis de lo que creyó su martirio, en plena huida hacia adelante, presentó contra el director de eldiario.es, Ignacio Escolar, y la redactora jefa de Política Social del periódico, Raquel Ejenique, y contra el profesor que al parecer les facilitó parte de la información en que basaron parte de lo publicado sobre el escándalo de su falso máster. Debería convencerla, porque, siendo veraz lo publicado y resultado de una falsificación lo revelado, difícilmente puede un juez que se respete dar la razón a la señora Cifuentes.
A pesar de todo, la querella sigue adelante y, hoy mismo, los periodistas declararán ante  el juez como querellados y tendrán que defender, supongo que con orgullo, su trabajo, uno de los mejores llevados a cabo por profesionales de la información en los últimos tiempos, lleno de información veraz y de interés general, perfectamente administrada y, sobre todo, valiente, porque, a veces, incluso quienes defienden la razón y la verdad tienen que ser valientes ante las dentelladas del poder que se toma como una obligación silenciar y, si es posible, eliminar para siempre a quienes se atreven a exponer sus vergüenzas.
Afortunadamente, en el asunto que nos ocupa, el relativamente modesto tamaño del medio y su modo de difundirse, un diario digital, han sido su mejor defensa, entre otras cosas porque no depende de la publicidad institucional, como otros, para garantizar su subsistencia y, por ello, el habitual chantaje a la dirección de otros medios no fue, en este caso, posible. Las informaciones fueron cuajando una tras otra y generando, dada la ineptitud de Cifuentes o sus asesores, nuevas informaciones a cada traspiés que iban dando. Aquí no hubo ese "te quito esta campaña" o "ya no vas a salir más en los medios que controlo", como de hecho hizo un tal Cebrián con el propio Escolar. 
Aquí sólo hubo periodismo del bueno y, sobre todo, mucho coraje, el que da saberse respaldado, no por los anunciantes, sino por los propios lectores. Hubo también astucia, la astucia de quien conoce el oficio, Escolar y Ejenique lo conocen, y decencia, mucha decencia, porque, a diferencia de otros y pee a conocer el triste asunto del hurto de las cremas de Cifuentes, no fueron por el camino más fácil y optaron por el interés frente al morbo.
Al final, la presidenta, destrozada anímica y físicamente, se fue precipitadamente por la canallesca difusión de un vídeo que debiera haber sido borrado hace años. Pero por más que haya quien lo diga, no se marchó por eso. Se marcho porque se vio acorralada y desprestigiada por el trabajo de un excelente equipo de hombres y mujeres que, a muchos, a mí al menos, nos devolvió la fe en una hermosa profesión que se ha dejado ahogar, lo han hecho sus responsables, por el café y los licores de demasiadas comidas de trabajo, comidas en las que el poder, económico, político o cómo quiera que sea, trata de pastorearles con el intercambio de cromos y favores.
El trabajo de Escolar, Ejenique y sus compañeros fue impecable y, desde luego, no lo van a echar a perder "delatando" a sus fuentes, porque ese es quizá el único mandamiento, junto al de defender la libertad y la verdad, que un periodista no puede desobedecer nunca.
Cifuentes y sus abogados intentar ahogar al mensajero. Vano esfuerzo y un triste consuelo para quien, por su mala cabeza, ya lo ha perdido todo.

miércoles, 27 de junio de 2018

VIDAS ROBADAS


Qué español de más de cuarenta años no ha oído hablar del hombre del saco, ese personaje siniestro, huidizo, apenas visto en la distancia o, simplemente, imaginado con su saco a cuestas, para encerrar en él a los niños desobedientes, los que se negaban a comer o a dormir y a los que se alejaban de casa más de la cuenta. Afortunadamente. ese personaje siniestro y la crueldad de su historia, como método para asustar a los niños y volverlos obedientes, está prácticamente desaparecida del imaginario de los niños españoles, en el que la pobreza, los vagabundos y los pedigüeños son ahora, por desgracia, demasiado habituales.
Otra cosa son sus padres y madres que, quien más, quien menos, saben de historias de niños perdidos en clínicas, de niños sanos fallecidos inesperadamente, de la noche a la mañana, han oído hablar del cuerpecito de un pobre niño, congelado, que, en la nevera de un hospital, apenas mostrado, era usado como señuelo para evitar las preguntas incómodas de unos padres desconsolados. Han oído hablar de nuevo hombre del saco, vestido con bata blanca, ayudado por monjas y enfermeras, que se llevaba los niños sanos de mujeres jóvenes y sanas, para entregarlos, a cambio de regalos y limosnas, o a precios perfectamente tasados, a matrimonios sin posibilidad de engendrarlos por sí mismos, como un regalo que se hacía a los buenos clientes, los de pago, a costa de sus pobres madres, ingresadas afiliadas a la sociedad de turno.
Ese era el sistema: en maternidades privadas que también atendían a beneficiarias de algún seguro médico, se organizaba cuando convenía la comedia del falso parto en el seno de una pareja estéril, mientras una planta más arriba o más abajo, en la zona "de caridad", se escribía la tragedia de otra pareja que acabaría saliendo de allí con las manos vacías o, en todo caso, con un pequeño ataúd vacío también y un montón de papeles confusos, imposibles de verificar entre las lágrimas.
Estas historias, crueles como pocas, no son de hace un siglo. No han salido de una novela de Dickens o Zola, son de hace apenas medio siglo y tienen sus villanos. Por ejemplo, el doctor Eduardo Vela, quien, con su coqueta clínica del madrileño Paseo de la Habana, estuvo robando niños hasta hace bien poco, ya en democracia quizá, mientras su patrimonio iba creciendo, tanto como el número de parejas felices a costa del dolor de otras.
Yo mismo fui testigo cercano de un caso parecido, que afortunadamente quedó en intento, en otra prestigiosa clínica madrileña, cuna del rey y sus hermanas, en la que una monja perversa trató de convencer a una amiga, universitaria y soltera, que le entregase a la preciosa niña que acababa de parir, de la que, según la religiosa, no iba a poder hacerse cargo. Afortunadamente, el padre de la niña echó de allí a la siniestra monja que, con toda seguridad ya tenía adjudicada a esa preciosa niña que hoy es madre a su vez. Ese era otro sistema, otra táctica. En España había ya democracia y habían mejorado los controles médicos y jurídicos, pero la miserable red de los nuevos hombres del saco no había cejado en sus intenciones y acosaba a jóvenes madres, sin recursos, deprimidas tras el parto, para quitarles esos bebés, preciosos, que fácilmente "colocarían" a su "clientela".
Sin embargo, y siendo espeluznantes los crímenes del doctor Vela, sor Teresa y tantos cuantos se han dedicado a arrancar recién nacidos de los brazos de sus madres, lo peor es el resultado de todas esas vidas robadas, esas madres, esos padres, privados de sus hijos y, cómo no, la de esos niños "fuera de contexto", condenados a vivir vidas que no eran las suyas, a querer a unos padres que no eran los suyos y a no conocer a los suyos, porque el peor crimen del miserable doctor Vela, refugiado ahora, a la hora del juicio, en una improbable desmemoria, es el de haber borrado todo rastro de sus fechorías, haciendo imposible el reencuentro y dejando en cada una de sus víctimas un poso amargo que ni el más descarnado de los novelistas del XIX imaginó para sus personajes.