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lunes, 11 de junio de 2018

ALIVIO


Cuesta creer que hace apenas una semana era Mariano Rajoy quien ocupaba la Moncloa, más aún que un gobierno sustentado en apoyos tan precarios como el del nuevo inquilino, Pedro Sánchez iba a despertar tanta ilusión y tantas esperanzas. Es más, cuesta creer que nosotros, los españoles que no hace tanto decíamos preferir al PP o a Ciudadanos en las encuestas, de la noche a la mañana, damos nuestro apoyo a Pedro Sánchez y su partido, por encima del partido que ya nunca será de Rajoy o el del desvanecido Albert Rivera.
La única explicación que soy capaz de darme es la de que España y los españoles sobrevivíamos en un coma profundo, aislados de la realidad, alimentados artificialmente por la sonda de los telediarios con los argumentarios salidos de la calle Génova, cansinamente aderezados por el discurso mentiroso y prefabricado de Ciudadanos. Un coma en el que hemos sobrevivido mecánicamente, mientras se iba deteriorando e iba perdiendo reflejos el tejido que conforma nuestra sociedad.
Ha bastado un fogonazo de ilusión para que esos reflejos ausentes hasta ahora en nosotros comiencen a manifestarse poco a poco devolviéndonos a la realidad del mundo de los vivos de la que hasta ahora parecíamos ajenos. Tanto es así que me atrevería a decir que, a las calles, al menos las calles por las que yo me muevo, se le ha pintado otra vez la sonrisa. Ha bastado con tener un gobierno que, por fin, parece sacado de los deseos y las necesidades de la gente corriente.
De todos modos y hasta cierto punto es lógico, los agoreros profesionales, los de a tanto la pieza, no se han dado u descanso este fin de semana para buscar lo que creen defectos de todos y cada una y cada uno de los ministros y ministras de Sánchez, especialmente los de estas últimas, para, con ellos, pintar el retrato grotesco y amenazante, con el que pretenden atemorizar a los suyos y amargarnos la fiesta a los demás. Sin embargo y por más que lo intenten, conmigo lo van a tener difícil, porque soy de los que desconfían de lo impecable, como recién salido de la tintorería, y prefiero las arrugas que marcan en el rostro y en las ropas el mapa de lo vivido.
Hay quien me advierte de que estoy demasiado ilusionado, de que no le encuentro faltas al gobierno, y quizá tenga razón, pero esas faltas prefiero encontrarlas yo mismo en lo que hagan, antes que asumir sin más lo que algunos dicen que han hecho. Este fin de semana he tenido la suerte de encontrarme, por ejemplo, con todo el sentido común y la fuerza de la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, envueltos en ese su acento extremeño que refuerza la veracidad de lo que dice. También he visto al ministro de Cultura y Deporte, Màxim Huerta, topándose de narices con la "gloria" de un ministerio más protocolario que otra cosa, en el que raro será el día en que no se vea obligado a entregar premios, aplaudir a deportistas, inaugurar exposiciones y asistir a estrenos, una actividad para la que vienen mejor, sin duda, los cuarenta y tantos años y las tablas de Huerta que las horas y horas de biblioteca y escritorio que algunos le reclaman.
También, cómo no, he escuchado con satisfacción a la ministra Batet, hablar de la necesaria reforma de la Constitución, descolocando una vez más, a los independentistas y su discurso, o, esta misma mañana, a la ministra de Defensa acompañarla en el mensaje. Todo un alivio comprobar, por primera vez en años, que desde el gobierno de la nación se abandona la política del palo, para compartir las zanahorias en la mesa del conflicto.
Ahora, sólo hace falta lo que en este país y especialmente en el viejo PSOE he echado de menos, la pedagogía imprescindible para conseguir que se entienda que hay que arriesgar para ganar, tener el valor de descolgarse del discurso fácil y seguidista del PP, para explicar que juntos y distintos somos mucho más que unidos, pero enfrentados, por la fuerza. Sería para mí un alivio que así fuese.

viernes, 8 de junio de 2018

NO NOS LO ROMPAIS


Han pasado apenas dos días y aún no me he acostumbrado a escuchar "gobierno" y pensar que éste sí es el mío, el que va a trabajar para mis vecinos, para tantos niños encadenados demasiadas horas a una tele mal alimentados, matando el hambre y la insatisfacción con ganchitos, mientras sus padres están en el trabajo o lo buscan, el que, espero, se va  a ocupar de tantos ancianos atrapados en pisos inaccesibles, de los que sólo salen para ir al hospital y, muchas veces, no volver, ancianos que lo han dado todo en la vida y malviven de pensiones que más que serlo son afrentas a la dignidad humana, un gobierno que va a trabajar para que mi hija y todos esos jóvenes tan preparados, mucho más que nosotros, sus padres, tengan un trabajo digno y, sobre todo, esperanza, la esperanza necesaria para formar una familia, un gobierno, en suma, nuestro y para nosotros.
Aún me cuesta, porque, durante siete años, gobierno sonaba a afrenta, injusticia, prohibición y dolor, porque andaban más pendientes, aunque sólo fuese de cara a la galería, de vírgenes y cristos que de la gente de carne y hueso que lo está pasando mal, un gobierno que ha enriquecido a sus amigos y se ha enriquecido, en dinero y en currículos, mientras abandonaba "guetizándolos" escuelas y barrios, un gobierno que, en la universidad, ha levantado barreras insalvables para la gente humilde, la de los barrios, esa que, ahora, llena la foto "de familia" del que le ha sucedido, el de Pedro Sánchez.
Aún me cuesta, siete años son muchos años, pero ya me estoy acostumbrando a pensar que éste es, por fin, mi gobierno. Y no sólo eso, estoy dispuesto a defenderlo de quienes ya lo están atacando con saña, porque esperaban no sé qué de él, quizá un suicidio ritual en pantalla grande y tecnicolor, con demasiados secundarios que quieren ser protagonistas, dispuesto también a criticar sus errores cuando los haya, pero no a sumarme al coro de los que se la cogen con papel de fumar, diciendo a los cuatro vientos y a quien quiere escucharles, no lo que piensan, sino lo que egoístamente les conviene.
Ma van a tener enfrente todos esos que no la han dado ni veinticuatro horas, para mentir que Pedro Sánchez ha hecho este gobierno pensando en satisfacer al PP y Ciudadanos, porque acusarles de eso es una canallada sin nombre. Lo mismo que lo es acusar a Sánchez de haberse olvidado de quienes le apoyaron, porque ese apoyo, al menos el que le dio el que más se queja, el voluble Pablo Iglesias, que públicamente dijo una y otra vez que en su apoyo a la moción no había condiciones.
Del mismo modo, quejarse de nombramientos como el de Borrell para Exteriores es toda una falacia, porque no se me ocurre nadie mejor que él para ese cargo en el que, además, la experiencia es vital y Borrell la tiene, un hombre que ganó las primeras primarias del PSOE y lo hizo en contra del mismo aparato que entregó el partido al IBEX 35, con la inestimable ayuda del diario EL PAÍS, hoy en el taller, regalando a Rajoy dos años más de gobierno. Quejarse también de que Margarita Robles en su toma de posesión invoque la Constitución es un grave insulto a la inteligencia, porque parecen querer olvidar que Margarita Robles, siendo una jovencísima juez en el Euskadi de “los años de plomo”, investigó casos de torturas por parte de guardias civiles, como el secuestro y asesinato de los etarras Lasa y Zabala, cuando eso no sólo era incómodo, sino, ademáis, peligroso.
En cuanto a Grande Marlaska, démosle unos días, entre otras cosas, porque no recuerdo y no creo que exista un solo ministro del Interior que pueda satisfacer a la izquierda, ni siquiera los que provienen de la izquierda. Alguien me dijo una vez que el ministro del interior es el que lleva el camión de la basura de los gobiernos y que eso mancha y huele. Por eso confío en que Sánchez haya tenido sus buenas razones para elegir a Grande Marlaska y que si les, nos, defrauda lo cesará sin tardanza.
Pienso y siento que sea así, que el comportamiento de Podemos, si no de todo Podemos, ahí está si no la elegancia y clarividencia de Errejón, sí el de Pablo Iglesias, responde a la maldita maldición de la izquierda, incapaz de colaborar, aunque no hacerlo implique el suicidio. Iglesias, que se caracteriza por no prever los comportamientos de lo que, como su partido, no puede controlar, se ha dado cuenta y tarde de que Pedro Sánchez ha sido más brillante de lo que él estaba dispuesto a concederle y ha sido capaz de despertar, con sus gestos cargados de laicismo tranquilo y ven sus nombramientos, esa ilusión, ese creer que aún es posible, que muchos y quizá yo el primero ahora sentimos. Lo dicen ya las encuestas, incluso o especialmente, entre los votantes de Podemos. Lo que ocurre es que por más que nos diga otra cosa el proyecto de Iglesias es Pablo Iglesias y parece preferir el fracaso de Sánchez a que éste recupere el electorado que el PSOE le prestó.
Lo que suceda en los próximos meses va a ser crucial para el futuro de este país y quién sabe si de la misma Europa y por eso me perito implorar a Sánchez que no nos defraude y a Pablo Iglesias y a sus fieles en Podemos que no nos rompan esto que acaba de nacer y que tanta ilusión nos despierta.

miércoles, 5 de abril de 2017

LOS "PATA NEGRA"


Miguel Ángel Heredia, secretario general del PSOE en Málaga y número dos del grupo socialista es un claro ejemplo de cómo se progresa en política en este país y, por desgracia, del autismo y la endogamia que aquejan a los partidos políticos, todos, en España. Heredia, del que ayer pudimos escuchar todo un ramillete de "flores", repartidas a diestro y siniestro hace cinco meses en una reunión con miembros de las juventudes de su partido, es la prueba evidente de cómo, al final, lo que importe no es el ideario, el programa o las necesidades y aspiraciones de los votantes a quienes dicen representar sino el apuntalamiento de la rígida estructura del partido las posibilidades de medrar, de "hacer carrera", que éste les ofrezca.
Miguel Ángel Heredia, procedente de las Juventudes Socialistas que llegó a dirigir en Málaga, fue elegido diputado al Congreso a los treinta años, en 1996, y, desde entonces mantuvo un discreto papel, hasta que Susana Sánchez le impuso como sustituto de Eduardo Madina en la Secretaría del Grupo Parlamentario Socialista, al que entonces creían mero "testaferro" de la presidenta andaluza en Ferraz, Pedro Sánchez.
Es decir, Heredia es un "pata negra" del partido, criado en las dehesas de las juventudes socialistas, bien alimentado, ocupando esos cargos públicos que, en tiempo de bonanza, se repartían a manos llenas en los dos partidos mayoritarios y fiel, muy fiel, a quien fuera su compañera en las Juventudes del PSOE de Andalucía, Susana Díaz, de quien, dicen, se ha convertido en "los ojos y los oídos" en Madrid.
Lo que no sabemos, ni probablemente sabremos nunca, es si Susana Díaz también habla por su boca. De momento, la aspirante a la secretaría general del PSOE, ya ha desautorizado a Miguel Ángel Heredia por decir en público, sin saber que estaba siendo grabado y ante los jóvenes socialistas, que aquella noche, por la del "golpe de estado en la ejecutiva socialista, "hicimos lo que hicimos", porque el acuerdo de gobierno entre Pedro Sánchez, Podemos y "los independentistas" ya estaba firmado. Algo que, visto en la distancia y desapasionadamente sería de una gravedad extrema, porque, de ser cierto que existía tal acuerdo, lo que hicieron equivaldría a despreciar el mandato recibido por Pedro Sánchez en las urnas para tratar de formar gobierno y no sería otra cosa que anteponer los intereses de una parte del partido, la que estaba dispuesta a dar vía libre al PP, como hicieron, a los deseos de los millares de militantes y los intereses de los millones de electores que les dieron su voto. Unas explicaciones más que vergonzantes, dadas a media voz, a los alevines del partido, mitad como tales explicaciones, mitad como avisos para navegantes, que ni siquiera se ajustan a la verdad, en la que se inventa una llamada del secretario general de CCOO, Fernández Toxo que nunca se produjo, para justificar "la noche de cuchillos largos" en Ferraz.
Pero Heredia, obediente servidor de los intereses de quien le ha colocado donde está, Susana Díaz, llamo “hijaputa” a la independiente Margarita Robles, de la que despotrico, como de la ex comandante Zaida Cantera, ala s que acusó de estar "endiablando" el grupo parlamentario, lo mismo que al PSC al que propuso disolver por lo poco que pinta Ferraz en sus decisiones. En fin, toda una demostración de quien está contento y orgulloso de ser un funcionario del partido en busca de ascenso, un pata negra de las Juventudes Socialistas que no ha conocido más mundo que el PSOE, dispuesto siempre a mentir y a intrigar por ese mundo que pretende suyo y de nadie más.
Un pata negra, sí, pero no olvidemos, lo sé por un amigo, que también los jamones pata negra encierran enterradas en sus pezuñas alguna que otra larva asquerosa.