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jueves, 9 de enero de 2020

AYUSO SE VA A LAS TRINCHERAS


Ahora que los focos están puestos en Pedro Sánchez, Pablo Iglesias u su gobierno por llegar, no hay que perder de vista el ataque de ansiedad que padecen PP y Ciudadanos, atrapados entre el bloque más o menos estable, ya veremos, que el martes dio el gobierno a Pedro Sánchez y la ultraderecha que vocifera en su nuca desde los escaños más altos del pleno del Congreso. 
Lo están pasando mal y no hay pastilla que les calme. Les falta el aire, porque creyeron que tras la alianza con Vox que les dio los gobiernos autónomos de Madrid, Andalucía y Murcia la vuelta a La Moncloa iba a ser un camino de rosas y nada más lejos de la realidad, porque Vox, como el diablo que compró el alma a Fausto, quiere cobrarse el precio y se lo está cobrando dentro y fuera de los gobiernos que apoyaron, dejando su rancia y terrible impronta en cada una de las decisiones que apoyan, mientras "se llevan al huerto" al electorado más radical de unos y otros, PP y Ciudadanos, que sienten cada vez menos firme el suelo que pisan.
Están nerviosos y, la verdad, tienen motivos para estarlo. Por eso andan ahora desempolvando las pancartas que sacaron a la calle contra Zapatero mientras renegaban del fuet, mientras anuncian una resistencia contra Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, más digna del levantamiento contra el invasor francés que dio lugar a la Guerra de Independencia, que de la guerra de Independencia, que de las consecuencias del serio revés electoral que por dos veces sufrieron Casado y Rivera y por dos veces frente a Sánchez.
Auer mismo, la inefable Isabel Díaz Ayuso, flanqueada por Ignacio Aguado, se echó al monte desde la sede del gobierno madrileño, poniendo la venda antes de las heridas que a su política ultraliberal de recortes y privatizaciones, no de los madrileños que la padecen, va a infligir el gobierno de progreso que en breve comenzará a andar, una estrategia perfectamente coordinada desde la dirección del PP, con la que pretenden  agitar la calle de cara a las próximas autonómicas, a punto de llegar a Galicia y, sobre todo, de cara a sembrar de minas la legislatura nacional, recurriendo y contestando en la calle todas y cada una de las medidas que apruebe el gobierno.
Es una estrategia repetida que, como digo, se empleó contra Zapatero, pero hoy las circunstancias no son ya las mismas, porque ETA se ha disuelto y porque deberíamos haber aprendido que la política de "mano dura" en Cataluña no ha dado los mejores resultados, aunque, eso está claro, eso les da igual si el conflicto "nacional" es la red con la que pescan sus votos en el resto del país y les aúpa otra vez al gobierno,
Sin embargo, no debemos dejarnos engañar, porque la patria y la fe les importan una figa, porque lo que realmente les importa, lo que les preocupa es que se reviertan muchas de las medidas tomadas por sus gobiernos que han dejado desprotegidos y a merced de los especuladores y subempleadores a la ciudadanía. Por eso, quienes creemos en que esto tiene que cambiar porque así lo han decidido las urnas y porque así no podemos seguir, salvo que queramos que nuestras calles se llenen de chalecos amarillos.
Isabel Díaz Ayuso es tan simple como bien mandada y por eso no ha dudado en ponerse a la cabeza de la estratégica resistencia con que el PP más oscuro, con Aznar y Miguel Ángel Rodríguez alentándola entre bambalinas, pretende negar el aire, el pan y la sal, al gobierno de coalición y, de paso, recuperar parte del terreno arrebatado por Vox a un partido que, desde que Rajoy perdió la moción de censura, no ha levantado cabeza.
Díaz Ayuso ha declarado la guerra a Sánchez y se lleva con ella a su vicepresidente Aguado y a toda esa prensa, la más montaraz, que viven y han vivido tan bien de los gobiernos de la derecha. Ojalá, por todos nosotros, se aburra en la trinchera.

viernes, 4 de octubre de 2019

CUESTIÓN DE MEMORIA


Lo de ayer en la Asamblea de Madrid, el debut de la avalada presidenta -tiene el aval de Ciudadanos y Vox para serlo, en una sesión de control a su gobierno pareció más la función de un guiñol siniestro que un verdadero ejercicio democrático. Perfectamente sincronizada con la presidenta, la portavoz de Vox, Rocío Monasterio, en el papel de bruja siniestra, abrió el debate por la derecha, ultra para más señas, pidiendo a Díaz Ayuso que incumpliera de una tacada la ley, despreciando una sentencia del Supremo, desobedeciendo al gobierno de la nación y despreciando de paso la resolución del pleno del Congreso de los Diputados que exhortaba al ejecutivo a la exhumación de los restos del dictador que tuvo bajo su bota a este país durante cuarenta años.
La que en tiempos llevara la voz de Pecas, el perro de Esperanza Aguirre, en las redes sociales, en  lugar de afear la actitud a la diputada de Vox por lo que le estaba sugiriendo, tomó la palabra para leer la respuesta que, como a un "monchito" cualquiera, alguien, incluida ella misma había escrito en los papeles que manejaba, como queriendo no equivocarse, para no tener que ser corregida, otra vez, por gente que suponemos por debajo de ella, como o fue cuando fue reinterpretada por sus colaboradores después de admitir en una entrevista radiofónica que preside un gobierno que son dos, el del PP y el de Ciudadanos, suponemos que cada uno a lo suyo.
La presidenta Ayuso, para asombro de algunos propios y de todos los extraños, cargó contra la Ley de Memoria Histórica, que luego calificó de espantosa, manifestando su oposición y la de su gobierno a la exhumación del tirano y preguntándose en sede parlamentaria qué vendría después, si acabar con la ostentosa cruz, lo de ostentosa es mío, del valle, con el propio valle o con la quema de iglesias, como si saldar esa deuda de dignidad histórica con quienes sufrieron la derrota y una larguísima posguerra llevase a repetir los terribles excesos de aquellos años que no deben volver a repetirse.
Quienes la escuchamos, al menos quienes, como yo, queremos el resarcimiento de las víctimas, pero nunca como revancha, nos llevamos las manos a la cabeza. Quién podría esperar unas palabras como las que leyó la presidenta de las largas "rebecas" ochenta años después del fin de aquella cruel guerra. quién podría esperar tanto resentimiento y, sobre todo quién podría esperar que alguien intentase traer de nuevo el miedo a que volviesen aquellos terribles tiempos.
Sorprendentemente, su vicepresidente Aguado, el de la otra mitad de su gobierno bicéfalo, en lugar de apagar el fuego de ese incendio de los incendios, resolvió con una perogrullada, la de que la quema de conventos existió, y con una inquietante afirmación, la de que harían lo posible para que no se repitiera, como si hubiese un riesgo inminente de que eso ocurriera. Y todo ello, reforzado después con la difusión del audio de la ocupación, hace casi ocho años, de la insólita capilla de la Facultad de Económicas de la Complutense, una ocupación juzgada, de la que, pese a todo el despliegue jurídico y mediático de la derecha, Rita Maestre, excusa prendida con alfileres por Díaz Ayuso y "sus partidos" para justificar lo de ayer, fue absuelta.
Nunca sabremos qué pasó ayer por la cabeza de la imprevisible presidenta madrileña. No llegaremos a saber si realmente lo que dijo es de su cosecha o si movía los labios por voluntad propia o si alguien le pasó las notas que leyó. Tampoco si era consciente de la que estaba liando Lo cierto es que esta señora tiene problemas con la memora. Con esa memoria espantosa que no quiere recuperar por ley y con todas las demás, porque, recordémoslo, se olvidó de pagar el IBI de los locales que su padre les cedió, a ella y su hermano para que no cayesen en manos de los acreedores, También han olvidado, ella y sus antecesores, renovar el convenio con la empresa privada a la que se adjudicó el control mamográfico preventivo periódico de las madrileñas en situación de riesgo de sufrir cáncer de mama.
También olvidaron contratar a tiempo e inscribir en la Seguridad Social a los profesores contratados, despedidos y vueltos a contratar al ritmo vacacional y, así, olvido tras olvido, memora en blanco o memoria de elefante, en ese ejercicio de memoria selectiva al que tan dados son los políticos cuando les conviene y, ahora, al PP lo que le interesa es traer a nuestra retina el resplandor de aquellos fuegos para que nos olvidemos de las cenizas que nos ha dejado, nos está dejando, su gestión.

martes, 16 de julio de 2019

DELINCUENCIA EN MADRID CENTRAL


Cuando el pasado fin de semana escuche a Isabel Díaz Ayuso, la "hierbas" decir que Madrid Central, el leviatán con que Carmena y los rojos y perroflautas que la acompañaban quisieron acabar con la libertad y la riqueza de los madrileños, estaba acabando con el Rastro y había atraído a la delincuencia a las calles de Madrid, me hice cruces, porque, como asiduo del zoco madrileño desde hace décadas, yo sabía de sobra que la primera de las premisas de la candidata a presidir, parece que sin remedio, la Comunidad de Madrid, era falsa, porque el Rastro y sus alrededores gozan de buena salud y es así, entre otras razones, porque  hace ya muchos años que el tráfico se ha restringido en sus alrededores y domingo tras domingo, madrileños como yo, gente de toda España y guiris de varios continentes llenan a rebosar sus calles, llenas de tenderetes y bares, en las que se puede comprar lo mismo una joya art decó a un barquillo o un pela verduras de los de toda la vida, con demostración incluida, mientras escuchas música de aquí y de allá, a veces mejor, a veces mejor y siempre por "la voluntad"
Eso en cuanto al Rastro, al que seguiré yendo se ponga como se ponga la hierbas, porque estoy más que seguro de que siempre tendrá algo interesante -ropa, libros, bisutería, música, arte, herramientas, comida o curiosidades- que ofrecerme, entre otras cosas, porque como todo madrileño sabe, al rastro hay que ir en metro, dos líneas y cuatro estaciones a su servicio, en autobús o andando, para desayunar al llegar y tomar unas cañas o un vermú al regreso. Miente Ayuso en cuanto a la muerte del Rastro y miente a medias en cuanto a la llegada de la delincuencia, porque sí es verdad que el centro de Madrid y no sólo el centro se está llenando de chorizos, pero no de los chorizos a los que ella se refiere sino de otros, de chaqueta y corbata, algunos colaboradores de gente de su partidos que han decidido invertir las ganancias de sus "gúrteles" y "púnicas" particulares en sicaps y otras pantallas tras las que camuflarse para comprar edificios completos, con o sin inquilinos, para convertirlos en nidos de turistas, convirtiendo las calles de Madrid en senderos por los que moradores ocasionales arrastran ruidosas maletas a veces de ida, a veces de vuelta, mientras la vida que dan los vecinos y los comercios en los que compran va desapareciendo en favor de las malditas "terracitas" los bares de copas, los restaurantes de comida rápida y las tiendas de souvenirs, convirtiendo todo el Centro en una enorme Plaza Mayor sin vecinos, en un enorme decorado que justifique su negocio de hostels y apartamentos turísticos, matando la vida de nuestros barrios de toda la vida para convertirlos en un gran parque temático que exhibir en páginas web de alquiler.
Estos nuevos chorizos agotan, en el mejor de los casos, los contratos de los inquilinos atrapados en la trampa de sus operaciones especulativas, para, después, elevar el precio de los alquileres hasta límites que ni un profesional con trabajo estable y bien pagado puede permitirse, de mil trescientos euros en adelante, pero que arrendatarios ficticios asumen para convertir el piso alquilado en otro turístico, no siempre legal, con el que,  en dos o tres fines de semana en el peor de los casos, cubrirían, si es que el alquiler fuese real, la mensualidad.
No hay más que asomarse a cualquier página de alquileres, para ver estos pisos por los que antes los vecinos pagaban alrededor de mil euros hace sólo un año, ofrecidos ahora a más de quinientos euros la noche: delincuencia y de la peor, porque los especuladores se pasan por los bajos, como diría un castizo de esos que quieren expulsar de los barrios, el derecho a una vivienda digna recogido en la Constitución. Sí, la delincuencia ha llegado a Madrid Central, pero viene de África ni de los barrios bajos, sino del barrio de Salamanca o de cualquier chalé de Pozuelo o La Moraleja, y si el gobernó o nosotros mismos no nos defendemos de tanta tropelía, acabaremos en agujeros insalubres o en pisos, apenas un poco más baratos a kilómetros de ese centro de las ciudades condenado a muerte por la codicia de unos pocos.
Hoy se ha hecho público un estudio, según el cual los alquileres han subido más de un siete por ciento en Madrid en el últim mes, mientras los salarios apenas lo han hecho, si es que no han bajado. Con es perspectiva, con familias condenadas a la pobreza a causa del alquiler de su vivienda, este país se está convirtiendo en una bomba de tiempo que reventará y sin control cuando menos lo esperemos. El mercado del alquiler de vivienda se ha convertido ya en un sector de alto riesgo sólo apto para los especuladores, a costa de la gente corriente, algo sobre lo que el Banco de España, tan locuaz para otras cosas, aún no se ha pronunciado seriamente. La burbuja, porque es otra burbuja tan letal como lo fue la inmobiliaria, acabará estallando, pero, para entonces, los especuladores, los verdaderos chorizos, los delincuentes de los que debería hablar Díaz Ayuso, se habrán llevado su dinero a los paraísos fiscales de costumbre, desde donde continuarán su labor depredadora en otro país u otro sector, dejándonos ciudades muertas, en las que los vecinos nos sentiremos extranjeros.

miércoles, 12 de junio de 2019

YA HAN PASAO'


La Historia que estudiábamos de niños, cuando más dados somos a creer en cuentos, nos hablaba de grandes gestas, de resistencias heroicas que se vencían cuando, al final, alguien conduce al sitiador por el pasadizo secreto o la puerta oculta en las murallas que conduce al interior de la ciudad situada. Pues eso, exactamente eso, es lo que ha pasado en la Comunidad de Madrid y puede acabar pasando en el ayuntamiento de la capital y en otras muchos gobiernos autónomos o municipales.
El traidor, colaborador necesario para franquear el paso a Vox hasta el corazón de esas instituciones ha sido y será Ciudadanos, cansado de perseguir por las buenas, con decencia, su llegada al poder que,  acuciado por no sé qué prisas, acaba de apoyarse en la debilidad del PP y en las ansias de Vox por cruzar la muralla, para disfrutar de su trocito del pastel, contaminado eso sí por el veneno de la extrema derecha, a cuyo apoyo no ha querido renunciar, plenamente consciente de lo que hacía, no sé si también de sus consecuencias.
Vox, meloso y cautivador en los últimos días, no ha podido resistirse a enseñar su verdadera cara, y no ha tardado ni un minuto en organizar una romería "patriótica" al despacho ocupado hasta ahora por un diputado de la que será su oposición, para cambiar un cartel que ensalzaba la igualdad de todos ante la Ley por un retrato del rey, supongo que como antídoto contra el deseo democrático que adornaba la pared.
Lo ocurrido ayer en Madrid, ese acuerdo entre PP, Vox y Ciudadanos, porque Ciudadanos está en el acuerdo y no sólo a título lucrativo, como el PP lo estaba en la trama Gürtel, sino que, amén de ese café clandestino entre Rocío Monasterio e Ignacio Aguado que propició la popular Díaz Ayuso, el partido de Rivera en Madrid, conducido en la parlamento autónomo por el "odiador" de todo lo que huela a izquierda Ignacio Aguado, ha aceptado sentarse a la mesa del banquete con los de Abascal y, aparentando hacerle ascos, por aquello de guardar las formas, compartir comida y bebida con ellos.
De momento, ha cedido al PP los votos necesarios para cubrir el hueco que dejaban en los de Ayuso, los que "graciosamente" traspasó a Vox, para alcanzar una de las presidencias de la Asamblea y quién sabe cuántos cargos del gobierno autónomo.
La maniobra, aún no está claro si legal, del trío de Colón no ha sido posible sin el conocimiento y el consentimiento de Ciudadanos, que ha dejado de ser ambiguo para hundirse hasta las trancas en la derecha cooperativa que gobernará a los madrileños los próximos cuatro años, gestionando los más de veintidós mil millones de euros de su presupuesto, de modo que, de todo lo que hagan, nos hagan, los socios de Ciudadanos desde el gobierno de Madrid, podremos corresponsabilizar a Ciudadanos, el partido que ha hecho posible la entrada de Vox en las instituciones, de Andalucía, Murcia y Madrid de momento, incluso quedando en minoría frente al dúo PP-Vox, que no tardará en dar dolores de cabeza, si no a todo e partido, sí a quienes, dentro de él, creían en su presunto centrismo. 
También, a quienes creían sinceramente a Albert Rivera cubierto de banderas arco iris, que no van a tardar en sufrir en sus carnes la homofobia de sus nuevos socios, homofobia que ha llevado a más de un candidato de la propia Vox a renunciar a sus candidaturas y, en su caso, a sus actas ya conseguidas "por razones de salud".
No quiero ni imaginarme como van a ser estos cuatro años que tan chuscamente arrancaron ayer. Sólo espero que, como pretende el partido de Errejón, el Tribunal Constitucional revoque la adjudicación de los puestos en la mesa de la Asamblea de Madrid, en la que, a su partido, Más Madrid, con un 15% de los votos, se le prive de un puesto en la mesa, para dárselo a Vox, que no alcanza el 9%. No quiero ni imaginarme como van a ser estos cuatro años con un aparato de bloqueo de cualquier iniciativa de la izquierda que no le parezca bien a Vox. No quiero ni imaginarme como será la vida de los madrileños ahora que "ya han pasao'".

lunes, 10 de junio de 2019

FUERA CARETAS!!


Ya está. Perded toda esperanza. Ciudadanos es derecha pura y dura y, si sus votantes creían otra cosa, que vayan penando en cambiar su voto, pero que no se preocupen, porque van a tener tiempo para hacerlo: cuatro años en los que vamos a ver, ellos también, el verdadero rostro del partido de Rivera.
Anoche nos enteramos de que, sin luz ni taquígrafos, en un hotel, como los amantes furtivos que esconden su amor o sus vergüenzas, se encontraron más o menos clandestinamente Ignacio Aguado, de Ciudadanos, y Rocío Monasterio, de Vox, para tratar de los "apaños" el cambio de cromos en el zoco, usando la terminología de unos y otros, a qué están dispuestos a llegar para repartirse el gobierno t los puestos clave de la Asamblea de la Comunidad de Madrid.
Lo curiosos es que, a quienes conservábamos alguna esperanza, alguna fe, en el partido de Rivera o en su discurso nos costó creer, no ya lo que estaba pasando, que siempre lo hemos creído posible, sino que la cosa fuese tan burda como para dejarse ver juntos en un lugar público. Luego, conociendo más del encuentro, sabiendo que la celestina de esa tarde de amor clandestino había sido Isabel Díaz Ayuso, la tercera pata del "ménage a trois" que, salvo un milagro, y los milagros no existen, nos va a gobernar y va a administrar nuestros dineros los próximos cuatro años.
Confieso que me costaba creerlo, como me costó creer que los diputados Tamayo y Sáez, elegidos en la lista del socialista Rafael Simancas, desaparecieron, también en un hotel, para generar el quorum que necesitaba Esperanza Aguirre para gobernar Madrid, iniciando una etapa de gobierno que ha llegado hasta nuestros días, en la que la corrupción floreció en Madrid, mientras se desmantelaba o se deterioraba lo público, para regocijo de las ranas del charco de la condesa y perjuicio de todos los madrileños.
En este caso, nada es casual ni es inocente. El interés de Ayuso en que Aguado y Monasterio de viesen estaba en que Ciudadanos accediese a dar una silla a los ultraderechistas de Vox en la mesa de la Asamblea de Madrid, el órgano que, bajo control monocolor, puede decidir el signo de la legislatura, bloqueando determinadas iniciativas y dando paso a otras, como pudimos ver en el Congreso de la pasada legislatura, en el que la hoy tan loada Ana Pastor hizo y deshizo primero al antojo de Rajoy y luego en contra de Pedro Sánchez, impidiéndole sacar adelante muchas de las leyes con que quería adornar su corto mandato hasta las elecciones. 
Una vez perdidas las esperanzas en Madrid, ayuntamiento y comunidad, centro mis esperanzas en que quienes realmente creyeron en los principios del partido de Rivera se sientan incómodos con el pasteleo madrileño y trabajen para defender su independencia en cada autonomía o para minar el liderazgo autoritario y un tanto esquizofrénico de Rivera. De momento Valls ya lo ha hecho desde su lista en Barcelona, aunque sin demasiada fuerza y habrá que ver si el ejemplo cunde en autonomías como, por ejemplo, Castilla-León, donde el largo brazo de Rivera y los suyos estuvo a punto de echar por tierra el trabajo de su propio partido en la región.
No son muchas las esperanzas, al menos a corto plazo, aunque a uno le consuela pensar que, de aquí a que pasen los próximos cuatro años, que van a ser muy duros, los votantes honrados de Ciudadanos, que también los tiene, tomen nota de lo que está a punto de pasar y se ocupen de que no se repita, bien porque cambien su voto o bien porque propicien un cambio en el liderazgo del partido. Será, en todo caso, la mejor de las consecuencias de ese ¡fuera caretas! que ayer se escenificó en un hotel de Madrid y que Díaz Ayuso quiere repetir, ya con el trío al completo, para que no haya dudas de que, con los votos de su odiado Ciudadanos y los de la extrema derecha, será la nueva presidenta, otra del PP, de la Comunidad de Madrid.

lunes, 27 de mayo de 2019

Y LA CABRA DE LA LEGIÓN



Para empezar, reconozco que no estoy en mis mejores momentos. El optimismo que me inyectó, a eso de las ocho de la tarde, las primeras encuestas que uno no sabe muy bien para qué se hacen, quizá para ir dando cuerda a las largas noches electorales de las teles, el optimismo, digo, acabó esfumándose y dando paso a la tristeza de haber tocado la gloria con las manos, para perderla luego, por habernos dejado llevar por la euforia y el deseo demasiado prematuros.
Para mí, que voto desde Madrid, una vez perdido el ayuntamiento sin haber recuperado el gobierno de la comunidad, el único consuelo ha sido el de ver cómo se castigaba en las urnas la soberbia y el egoísmo de Pablo Iglesias que tiene demasiada prisa, tanta o más que Albert Rivera, por pisar la sala del Consejo de Ministros y que, por más que pretenda hacer ver lo contrario, sacrifica el destino de todos al suyo propio.
Yo, como muchos madrileños, di mi voto a Íñigo Errejón, Carmena ya lo tenía, para que la lista "Más Madrid", con él a la cabeza, quedase por encima de las candidaturas que, con más rencor que sentido común, presentó o animó a presentar Iglesias compitiendo con las de Errejón y Carmena. Me creí en la obligación de poner a Iglesias en su sitio, bajándole los humos, para que cayese en la cuenta, de una vez, de que no todo es manipulable y de que sus formas, las que le han permitido controlar con mano de hierro su partido, dejándolo al margen de esa sociedad a la que dice servir, porque no es lo mismo una asamblea de facultad, ni siquiera un Vistalegre, que todo un país, con sus parlamentos y sus ayuntamientos.
Estas son las horas en que sigue faltando la explicación del líder de Podemos, estrepitosamente mudo desde que se evidenció el desastre de sus apuestas. Se marchó por la puerta de atrás del lugar elegido para una celebración que, finalmente, terminó por no llegar y dudo que llegue en las próximas horas, salvo que apueste otra vez, por culpar, cada vez con menos credibilidad, a las bestias del infierno y a los santos del cielo de algo de los que él, ensoberbecido y ciego es el único responsable.
Frente al silencio de Iglesias, la euforia de Pablo Casado y sus candidatos que, perdiendo escaños y votos podrían conservar, siempre con el apoyo envenenado de Vox, podría colocar al triste de José Luis Rodríguez Almeida en el sillón de Manuela Carmena y a la inconsistente Isabel Díaz Ayuso al frente de la Comunidad, algo que parece inevitable, salvo que alguno de los partidos de la izquierda, sin posibilidad de sumar para que gobiernen Gabilondo o Carmena, acceda a abstenerse para dejar gobernar a los candidatos del PP sin depender de la hipoteca de Vox.
No sé vosotros, pero yo esperaba que los veintiún mil millones de euros que administra el gobierno autónomo de Madrid fueran a parar a una mejor sanidad, a una educación más igualitaria o a una cada vez más necesaria atención a la dependencia, pero lo de esta mañana, el relativo fracaso de Carmena y Errejón, sin acceso a las vallas, las banderolas y los debates, anuncia malos tiempos para los más desfavorecidos, que verán como se recortan los servicios y sus derechos, mientras saborean el amargo caramelo de una bajada de los impuestos, que no de sus impuestos, que compraron a los candidatos del PP o Vox, y comprueban una vez más que las promesas electorales, sobre todo algunas, son sólo eso.
Quien estará sin duda contenta será la altiva Cayetana Álvarez de Toledo, solitaria diputada del PP en el Parlament de Catalunya, que ya no tendrá que perdonar a Manuela Carmena el vanguardismo en la vestimenta en la Cabalgata de Reyes, porque si todo va tan mal como apunta, habrá terciopelos, habrá oropeles y pesados mantos y, si me apuráis, a falta de camellos, desfilará, patrocinada por Vox, la cabra de la Legión. Yo, en mi carta, pediré a esos reyes magos carcas que, en las próximas elecciones, se pueda elegir no sólo a los candidatos preferidos, sino, también, a los vecinos

lunes, 13 de mayo de 2019

LOS "ACIERTOS" DE CASADO


Dicen que no hay peor ciego que e que no quiere ver y parece que el todavía presidente del PP, Pablo Casado, se ha empeñado en ser el campeón de la ceguera, cuando, como este fin de semana, parece empañarse en tropezar una y mil veces, revolcándose en el error, sin dar su brazo a torcer, algo que, lo entiendo, protegido desde siempre por personajes como Aznar o Esperanza Aguirre, lo ha conseguido todo y lo ha conseguido sin esfuerzo. Cómo, si no, se explica que se haya atrevido a insistir en una entrevista en que la campaña electoral que ha costado a su partido más de la mitad de los escaños que tenía.
Seguro que, aunque llore en privado sus errores, no los va a reconocer en público y, menos, en plena campaña, a las puertas de unas elecciones en las que se juega mantener en lo posible los gobiernos que, "solos o en compañía de otros" conservan en autonomías y municipios y que, no hay que olvidar, garantiza centenares si no miles de "puestos de trabajo", salarios y subvenciones para sus compañeros de partido o, incluso, para el mismo partido. 
No reconocerá lo errado de ese viraje a la extrema derecha -en la derecha, el PP ha estado siempre- ni admitirá el desconcierto en sus propios votantes, sorprendidos de escuchar de labios de los que creían la derecha "civilizada" consignas que, hasta entonces y salvo excepciones, sólo se oían en los mítines de Vox y sus satélites y se leían en panfletos cargados de odio. No lo reconocerá, entre otras cosas, porque, en ese viaje, ha tenido como compañero a un Ciudadanos enloquecido, ansioso por superar en escaños al partido al que, ahora, espera sustituir al frente de la oposición al más que probable gobierno de Sánchez.  
Uno y otro partido, PP y Ciudadanos, se asustaron con lo ocurrido en Andalucía, olvidando que lo ocurrido sólo fue consecuencia del cansancio y la abstención de la izquierda y que el "amenazante" poder de Vox en Andalucía sólo ha sido posible gracias a que ellos mismos, PP y Ciudadanos, se lo han concedido a cambio de su abstención para desalojar a Susana Díaz y su PSOE del palacio de San Telmo. 
A mi modo de ver, Casado y Rivera se emborracharon con un éxito pequeño y perfectamente reversible que ambos necesitaban desesperadamente y que invitó "al baile" a un partido que muy probablemente jamás repetirá esos resultados tan anómalos. Pero Casado se estrenaba como presidente en esas elecciones y necesitaba volver con un trofeo a la calle Génova y creyó que conseguir el gobierno para Bonilla, a costa de lo que fuese, bastaría, sin darse cuentas que Vox, con sus exigencias, estaba parasitando su ideario y que, además de asustar a los votantes de PP y Ciudadanos, habían despertado a la izquierda dormida, que, ya en las generales del pasado día 28, despertó, dando el triunfo, también en Andalucía, a la izquierda.
Sin embargo y siendo gravísimos, letales diría yo, estos errores de estrategia por parte del más que bisoño líder del PP, lo son aún más los cometidos en todos y cada uno de sus nombramientos, mal aconsejado, probablemente por Aznar y Aguirre, personajes llenos de resentimiento hacia Rajoy que, por si fuera poco, hace años que viven una realidad paralela, mientras aflora en los tribunales y en la prensa la verdadera naturaleza de todos esos años llenos de corrupción y despotismo.
¿Se puede juzgar de otra manera una época plagada de gobierno cargada de irregularidades, en la que la principal función del Partido Popular era la de ganar elecciones para administrar obras y servicios en favor de quien le recompensara con óbolos que le permitiesen seguir ganando elecciones, para seguir ganando elecciones, para seguir administrando... así, hasta que le estalló la Gürtel en las manos y los ciudadanos, cansados de recortes e injusticias, dejaron de creerles?
El nombramiento, para cargos y candidaturas de personajes como Teodoro García en la secretaría, de Alfredo Prada, imputado por corrupción, al frente de la lucha contra la corrupción en el PP o todos esos candidatos bisoños e impresentables, en lugar de otros perfectamente experimentados, como los inefables Adolfo Suárez para el Congreso o Isabel Díaz Ayuso, chica para todo, para la Comunidad de Madrid, en lugar de un Ángel Garrido, con experiencia en la Comunidad que ha presidido y curtido en "comerse los marrones de Cristina Cifuentes, por poner sólo unos ejemplos da idea de la borrachera de poder o la inutilidad de un líder a medio cocer que difícilmente sobrevivirá a las consecuencias de las elecciones del próximo día 26.

jueves, 11 de abril de 2019

ALLÁ QUIEN LES VOTE


No creo que haya quien, con dos dedos de frente, se atreva a dejar su coche en un taller en el que no sepan distinguir el gasoil de la gasolina, le atiendan los aprendices o le preparen la factura antes de echar un vistazo a la avería. No creo que nadie se atreva a tanto y, sin embargo, sí sé que hay quienes arriesgan mucho más, nada menos que su futuro, a la hora de depositar su voto o no hacerlo en unas elecciones.
Digo esto, porque, nunca como en estas elecciones, tendremos que vérnoslas con unos candidatos tan ineptos, tan irresponsables, como para hacer anuncios a bombo y platillo de sus intenciones, quién sabe si improvisadas en el desayuno o en el coche, para, una vez desatada la tormenta, dar marcha atrás de esa gloriosa manera tan propia de los políticos que consiste en decir, me han entendido mal, se me ha sacado de contexto o, simplemente, calificando de "fakes new", mentira, la difusión de una de sus afirmaciones  que ha sido escuchada en vivo por cientos de miles de oyentes de un programa radiofónico y, después y durante todo el día, por millones de telespectadores y oyentes de todo el país.
Casado que mete la pata más veces que se persigna un sacristán loco, estaba acostumbrado, como vicesecretario de comunicación de Rajoy, a dar la vuelta a lo dicho y hecho por sus compañeros, a elaborar los chascarrillos y las ocurrencias que, luego, a veces repitiéndolas hasta el sonrojo, dirían en sus mítines o en sus comparecencias públicas.
Sin embargo, no es lo mismo tener ocurrencias para eso que tenerlas a la hora de gobernar o de pretender hacerlo, menos, cuando todos los focos están sobre él. Alguien debería haberle dicho que no es bueno anunciar al borde de una campaña electoral su intención de recortar en cincuenta euros el salario mínimo interprofesional, el que cobran millones de trabajadores y sirve para fijar gran parte del resto.
Debe de ser porque nunca lo ha cobrado o porque conoce a poca gente que lo cobra. Si no, andaría con más tiento a la hora de hablar de sumar o restar esos cincuenta euros que, para muchos, suponen poder pagar al agua o la luz o la ropa o el calzado para los niños. No lo hizo, lo dijo sin pensar en las consecuencias que sin duda le eran ajenas o pensando en los beneficios que, para los muchos patrones que votan a su partido, sin caer en la cuenta, nunca mejor dicho, de que son más los empleados que los pagadores.
No es la única metedura de pata de un tipo que cree que con sonreír a la cámara basta y que es motivo de escándalo todos los días. Es más, a veces pienso que al comienzo la jornada, antes de salir de casa, él y su amigo Santiago Abascal cambian cromos y ocurrencias. A veces pienso, también, que ha sido un enemigo el que le ha recomendado la mayor parte de sus fichajes, un predicador cuyo triste mérito ha sido el de ver a su hija asesinada, una marquesa anoréxica y estirada que parece haberse tragado un sable, un ganadero consorte que cree posible el aborto a posteriori y exhibe como argumento que se ha vestido "de corto" para lidiar un toro, o una diputada autonómica de segunda fila desde hace años, que viene regalando perlas, la presente o no Leguina, cada vez que abre la boca.
Isabel Díaz Ayuso, que así se llama, candidata a presidir la Comunidad de Madrid, rizó ayer el rizo de la ineptitud, al anunciar que, si llega a gobernar Madrid y en contra de la lógica y del código civil, convertirá en ciudadanos a los fetos no nacidos, para que su familia, si es el caso, pueda disfrutar de los beneficios de las familias numerosas. LO hizo, pero, como todos los torpes muy torpes, no resistió una segunda pregunta sobre el asunto y balbuceó un "no lo han pensado todavía", cuando una de las periodistas que había en la sala le preguntó si las ayudas y las plazas de colegios prometidas para la familia de quien aún no ha nacido habrían de devolverse en el caso de que el embarazo no llegase a término.
No supo que decir y eso que Camps ya había implantado la medida en Valencia y que estuvo vigente hasta que, con Tximo Puig como presidente, se abolió tal disparate jurídico. Anoche, por si todo lo anterior fuera poco, parte de la fachada de la sede del PP en Madrid se desprendió al recibir sobre ella la pancarta que, con el rostro de Pablo Casado y el lema "Valor seguro", la cubrirá estas dos semanas de campaña.
Creo que esto del cartel es un augurio y no precisamente bueno, pero es peor todo lo demás. Por eso me atrevo a terminar escribiendo con la misma frase que titulo esta entrada "Allá quien les vote".

lunes, 4 de marzo de 2019

DE REVUELTAS Y VOTOS


No hace mucho, en medio de la súbita depresión que, a mí como a tantos, me produjo el triunfo de la derecha, en todas sus versiones, pero siempre auténtica derecha, en las elecciones andaluzas, caí en la cuenta de que las causas de ese desastre fue la deprimente desmovilización de quienes más necesitan que la sociedad se transforme y más pueden hacer para conseguirlo.
Hablándolo con amigos manifesté mi esperanza en que, desde ese día hasta el de las elecciones que para entonces aún no tenían fecha, esa movilización perdida se recuperase y el convencimiento de que de venir no vendría de los partidos de la izquierda, ninguno, ni de los sindicatos, resignados a la gestión de lo poco que les queda de o que un día fueron, sino de las mujeres, de esa cita del 8 de marzo que hace un año asombró al mundo y que este año puede ayudar a acallar euforias y, sobre todo, desactivar tanta propuesta machista como asoma en los esbozo de programa de quienes quieren hacerse con el pastel de la derecha.
Es evidente que las mujeres dieron hace un año el primer paso. imprescindible, para hacer valer su potencial transformador de la sociedad: se vieron, se reconocieron y se cotaron, lo hicieron en todo el país y comprobaron que eran mucha y muy valiosas. Quizá por eso aquella misma noche se tiñeron de morado los telediarios y las portadas de medio mundo, volviendo a asombrarle, como le asombró aquel 15-M que ya parece amortizado y olvidado. Este año va a coincidir el que sin duda será otro  estallido de identidad y de fuerza, el de este nuevo ocho de marzo, con el arranque de la precampaña electoral y dará a las mujeres, odiadas, abusadas, maltratadas, explotadas, marginadas, despreciadas e ignoradas o minusvaloradas, que, de una manera o de otra, lo son todas las mujeres, la oportunidad  de tomar conciencia de su situación y de utilizar su voto, el instrumento que la democracia pone en sus manos para comenzar a transformar la sociedad.
Pues bien, hasta hace un rato, como quien dice, los dos partidos parlamentarios de la derecha, Partido Popular y Ciudadanos, tenían decidido parecerse al tercero en discordia, el ultramontano VOX, aún en vías de serlo, dando protagonismo en sus discursos al machismo más rancio, lleno de paternalismo antiabortista, de negacionismo de la violencia de género, de supremacismo machista, de enseñanza segregada a niños y niñas, de lgtbfobia, apuntando hacia una España de mantilla y rosario, en un giro dramático que ha asustado a muchos de sus votantes, hasta el punto de hacerles caer en las encuestas, de Tezanos o no, y colocándoles ante esa España real, dispuesta a tragar con las cosas de la cartera y no con otras, limitando su feminismo a la colocación de rostros femeninos en los carteles electorales y poco más.
Precisamente y parece que como castigo, veneno, para mis esperanzas, dos mujeres, dos cabezas de lista del PP y Ciudadanos han dejado mi cerebro a punto de licuarse y mi cabeza al borde del estallido. Una es Isabel Díaz Ayudo, insolente, mentirosa y siempre al borde de la histeria, llenando la tarde del domingo de falsas acusaciones de persecución a Cristina Cifuentes y a su partido, disparando contra todo y contra todos, con una verborrea insolente, ya lo he dicho, y ofensiva, sin respirar entre frase y frase, para no dejar lugar a la puntualización, menos a la rectificación, por parte de la entrevistadora y apropiándose del tiempo hasta hacerlo irrespirable, convertida en un remedo de serie B de la que fue maestra en esa actitud, Esperanza Aguirre,.
La otra, en la misma actitud, pero con otro tono, en su caso el del más que aburrido victimismo, es el de Inés Arrimadas, que, después de haber llorado y poco más, desde su millón de votos en Cataluña, ha decidido venir al Congreso desde el escaño que ganará en Barcelona, pata ganar, dice, el gobierno de España para Ciudadanos, más que solos, en compañía de otros y qué otros. Lo de Arrimadas, esta mañana, ha sido una defensa a manotazos de acusaciones que no se le estaban haciendo, pero que, a ella, le venían muy bien como urdimbre para la trama de sus quejas y cultivar el martirologio del que tanto gustan ella y su jefe de filas.
Esta semana que culminará el viernes 8 en una marea de manifestaciones en toda España, es mucho lo que está en juego. De momento, cínicamente, PP y Ciudadanos tratan de cambiar la derrota de su ruta después de leer las encuestas, pero hay que desconfiar de ellos más que nunca y, más que nadie, las mujeres porque lo que proponen para ellas y la imagen que de ellas dan es lamentable.
Aprovechemos la revuelta para reflexionar, midamos nuestras fuerzas, sobre todo las de ellas, las mujeres, nuestras compañeras y votemos convencidos de lo que hacemos.