viernes, 29 de marzo de 2019

CASADO Y LOS NEANDERTALES


Esta mañana, apenas un día después del desbarre no ya cultural sino de mera inteligencia cometido por el número dos de la lista del Partido Popular por Madrid, nada menos que el número dos, tengo que volver a preguntarme qué es lo que le pasa al PP con el aborto y, por extensión, con las mujeres. 
Parece como si la dirección del PP, Pablo Casado, Teodoro García o, ahora, el Adolfo Suárez Illana, que quiso heredar de su padre el ducado de Suárez y se lo negaron las leyes en favor de su sobrina Alejandra, tuviesen algo en contra de las mujeres. Quizá sea eso, que no están a favor de la igualdad, porque saben que, con ella, se acaban sus privilegios de varón y las sobrinas heredan los títulos.
Eso por un lado, por otro, parece como si hubiesen hecho un pacto con dios y su moral, olvidando que en unas elecciones con quien hay que pactar es con los electores y que cada vez son más las electoras que los electores y que esas electoras, lo demostraron cuando el ministro del canapé cultural, Alberto Ruiz Gallardón, se quitó la careta y quiso imponer su rancia ideología a las mujeres, ya no están dispuestas a que los hombres piensen por ellas y les impongan sus prejuicios y sus leyes.
Casado, con si sonrisa permanente de agente inmobiliario y su mentalidad de monaguillo convencido se ha rodeado de fieles, de personajes en los que pesa más la lealtad que la idoneidad. Ahí tenemos al lanzador de huesos de aceituna, Teodoro García, con su visión simplista del mundo y en particular de ese asunto, que trata de imponernos sus tesis antiabortistas y su visión del mundo, un mundo en el que el aborto no es un derecho sino una tragedia y en el que las mujeres que deciden abortar lo hacen por verse desamparadas, nunca porque quieran ser dueñas de su cuerpo y su destino. Les falta decir de ellas que son unas alocadas viciosas, más pendientes de su placer que de la vida.
Está claro que nunca han tenido que recurrir al aborto o, me atrevo a decir, que más ben han podido mirar para otro lado, dejando que las decisiones las tomasen ellas, para acabar con tan embarazosas situaciones en discretas y eficaces clínicas privadas en España o en otras en países menos anclados en una moral que ya es del pasado.
Si os digo la verdad, lo que dicen Casado y sus amigos, ser su amigo es el único mérito que se conoce de Suárez Illana, me indigna, pero tanto como me parece conveniente, para que las mujeres que se puedan ver a sí mismas o a sus hijas, hermanas o amigas en la necesidad de abortar con garantías se den cuenta de lo que podría venírseles encima si dan su voto a personajes como esos.
A veces pienso que el PP es, en manos de Pablo Casado, tan peligroso como la escopeta de Froilán Marichalar y Borbón, porque en cualquier momento puede pegarse y se pega un tiro en el pie. Es más, desde que asumió la presidencia del PP siendo el candidato menos votado en las primarias, no ha hecho otra cosa que dispararse en él, improvisando alocadamente, eligiendo la peor mercancía en el almacén del talento, y buscando los peores aliados, a los que legitima e imita, para ver como luego se revuelven contra él y le "roban" los votantes.
Pero volvamos a Suárez Illana, que, de su padre, sólo parece haber heredado una cierta prestancia y nada de su habilidad ni astucia. Ayer, en su primera entrevista como candidato, demostró lo lejos que está de su padre, algo que ya apuntó cuando se permitió "prestar" a su padre ya muy afectado por el Alzheimer, para intervenir en un mitin a mayor gloria de José María Aznar, y tuvo que abandonar la tribuna después de haberse mostrado, no podía haber sido de otra forma, confuso y abrumado.
Yo, que creo en la justicia poética, creo que hay mucho de ella en el ridículo que voluntariamente nos regaló ayer, aunque, si su padre parecía desconocer a qué iba a ese mitin, Adolfo Suárez Illana, se está dejando utilizar por Casado con plena conciencia.
Es lo que tiene rodearse de caras conocidas, de personajes famosos, no por su experiencia política, sino por otras muchas habilidades como el toreo, el tertulieo, o su desgracia. A veces pienso que Casado, que, o tiene un falcon privado o, de lo contrario, lleva dos meses sin dormir en su cama improvisa más de lo que debe en lo que dice y en lo que hace y que, quizás por eso, ha "colocado" a su amigo Adolfo en el número dos de su lista por Madrid, justo detrás de él, sin ser consciente del peligro que supone pasear por radios y televisiones y presentar en los mítines a un personaje que dice ser abogado, doctorado en Harvard, aunque quizá en el de Aravaca, y demuestra públicamente que cree posible que Nueva York haya legalizado el asesinato de recién nacidos, demostrando que, si hay neandertales, están en algunas listas, como las del PP y que él debe de ser uno de ellos.

jueves, 28 de marzo de 2019

POLICÍA Y MAFIA



Los que tenemos unos cuantos años supimos de la existencia de una mafia policial, aquella que se instaló, por ejemplo, en los primeros ochenta en la brigada anti atracos de Madrid y tuvo mucho que ver, por ejemplo, con la desaparición y segura muerte de "El Nani", un atracador de poca monta que tuvo la desgracia de trabajar para ellos y acabar sabiendo demasiado. Yo, por ejemplo, cada vez que paso frente al caserón que hace esquina entre la calle Atocha y Concepción Jerónima, en la plaza de Jacinto Benavente, recuerdo el trágico atraco a un taller de joyería, frustrad porque ¡oh casualidad! la policía estaba esperando a los atracadores al pie de la escalera, donde acabó con todos los atracadores menos uno, que, de nuevo ¡oh casualidad! escapó con el botín hasta que, poco después, murió en un tiroteo con la policía, sin que del botín volviese a saberse nada.
Supimos de otra mafia que extorsionaba a propietarios de whiskerías y locales nocturnos y lo hacía obligándoles a insertar publicidad, carísima, por cierto, en una revista profesional, a sabiendas de que quien contrataba un anuncio iba a gozar de un mejor trato, protección lo llaman la mafia siciliana que cobra el pizzo, por parte de la policía. También supimos de un tal Amedo, subcomisario en Bilbao, que colaboró con el ministerio que entonces presidía Barrionuevo, en la creación de los GAL, lo más negro y turbio de la democracia española, porque hubo sangre y sangre inocente, que en vano se trató de justificar con una presunta lucha contra ETA. Aquello, gracias a una parte de la prensa y al juez Garzón, acabó con Barrionuevo, su secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera, en la cárcel. 
Escribo todo esto, porque, aunque la mayor parte de los policías son fieles servidores públicos que se comportan con profesionalidad y decencia, no me cabe duda de ello, hay una parte, minúscula, de ellos que aprovechan su posición para colocarse por encima de los demás y, a veces, sacar partido a sus privilegios sin control. Lo malo, lo peor, es cuando, a cambio del acceso a fondos reservados y de la impunidad que les proporcionan quienes les amparan, cometen excesos execrables al servicio de sus "padrinos", saltándose, si es preciso, la ley y, lo que es peor, inventando realidades que vender a la opinión pública.
Siempre encontramos en estos personajes un rasgo común, su gusto por la buena vida y, a ser posible, a costa de los fondos reservados y las dietas. Lo encontramos en Amedo, amante de la noche y del buen comer y el buen beber y lo encontramos en Villarejo, el siniestro comisario, superviviente, de unos cuantos gobiernos de la democracia, que hizo del tráfico y la invención de toda información que pudiera ser usada por sus superiores o, a veces se confunden, sus clientes. Lo hizo desde siempre, sus archivos, que él creyó un seguro de buena vida, así lo demuestran, pero echó el resto en los años de Rubalcaba y, sobre todo, Jorge Fernández Díaz.
Con este ministro, tan beato como tramposo, supimos de la existencia de una presunta "policía patriótica", encargada de recopilar información si no de inventarla para filtrarla a determinados medios de comunicación, estableciendo así el pérfido bucle con el que hemos convivid tantos años:
un periódico "descubre" algo que, después, los partidos llevan a los tribunales o al Congreso, dando lugar a verdaderos seriales que, cuando se resuelven, con el archivo o no de la causa, ya han hecho el daño para e que fueron lanzados y no hay manera de limpiar el buen nombre de los afectados.
Sin embargo, no es ese el único método seguido por la policía secreta de Fernández Díaz, Villarejo y sus compinches. También la administran para chantajear a sus víctimas o la reservan, para hacer daño cuando convenga a quien convenga o para, como hace Villarejo, tratar de chantajear al Estado mismo y salvar así su maloliente culo.
La comparecencia ayer de Pablo Iglesias en la Audiencia Nacional, para participar como perjudicado en el sumario abierto contra Villarejo por las actividades criminales de esa policía patriótica así lo demuestra. Gracias a un móvil robado a una asistente de Iglesias en Bruselas, se intentó chantajear al líder de podemos con la información y las fotografías privadas que aparecieron en ese móvil, todo un tesoro para un chantajista que fue puesto en manos del mal llamado periodista Eduardo Inda, para publicarlo en esa alcantarilla que llaman OK Diario.
Un procedimiento empleado entonces contra Pablo Iglesias para tratar de torpedear el intento de formar gobierno entre Iglesias y Sánchez, que ya se había usado contra Pujol y otros dirigentes del nacionalismo catalán, mezclando información cierta con otra fabricada para manchar a diestro y siniestro a los adversarios de su ministro y patrón.
Es muy triste que haya policías corruptos y mafiosos, dispuestos a obtener, fabricar y robar pruebas, utilizando el material y los fondos que son de todos, para el beneficio de unos pocos tan culpables, así espero que lo determinen los tribunales, como los mismos policías desleales. Está claro que hay mafias en la policía y que, a veces, los ministros son sus padrinos.

miércoles, 27 de marzo de 2019

ADIÓS, RIVERA, ADIÓS



Algún día los historiadores estudiarán y nos explicarán por qué quienes, después de casi tres décadas de bipartidismo, consiguieron levantar, en la izquierda y la derecha, sendos partidos alternativos a los bien asentados, PP y PSOE, acabaron por dilapidar el capital político que los ciudadanos descontentos pusieron en sus manos. De Pablo Iglesias y su egocentrismo suicida llevo semanas escribiendo en mi blog de Albert Rivera, también, aunque este señor, que aparece y desaparece de la vida pública con pasmosa facilidad, como un guadiana de la política del que no se sabe muy bien de dónde viene ni a dónde va.
Rivera consiguió convertir a Ciudadanos, un invento, dicen, de la banca en la cuarta fuerza política del Estado y, de la mano de Inés Arrimadas, en la primera en Cataluña. De hecho, se especuló con la posibilidad de que superase a Podemos y acabase por sustituir al PP, pero, al final, todo ha quedado en humo, un humo irritante que en más de uno ha hecho brotar lágrimas desconsoladas.
Rivera lo ha tenido todo para convertirse en una alternativa aparentemente europea y civilizada de gobierno, pero su afán de hacerse con el electorado con técnicas de mercado, aparentando ser una cosa y la contraria, día sí y día no, en un territorio u otro, pactando aquí y ahora con el PP y allá, al día siguiente, con los socialistas ha conseguido despistar a los electores como nadie nunca antes. Hasta el punto de que hubo en tiempo en que vimos a su partido como la bisagra que articulase y equilibrase a la izquierda y la derecha.
Sin embargo, en los últimos tiempos, tras su reaparición con más pelo y más caos en su cabeza, hizo todo lo posible por desconcertar a aquellos electores que habían confiado en Ciudadanos como en un partido de centro.  Lo hizo dilapidando el millón de votos conseguidos en Cataluña a base de pasear a Arrimadas como una plañidera exagerando las ofensas, que las hubo, y rechazando cualquier intento de abrir una vía de solución al conflicto, como si ya le fuese bien con lo que había.
Después llegó la alianza con la que consiguió entrar en el gobierno andaluz, alcanzando, no sin cierta vergüenza y mala conciencia por parte de su líder allí, la cuota de poder más alta de su historia como partido.
Por si fuera poco esa aceptación de las exigencias de la ultraderecha encarnada por VOX, Rivera se prestó a posar con Casado y Abascal, en la foto de la Plaza de Colón, esa que le perseguirá hasta el fin de sus días y que, pese a sus intentos de desmarcarse a última hora del facherío dominante, dejo muy mellada su credibilidad ante los electores, algo de lo que Arrimadas se libró perdiendo con más o menos fortuna o intención el avión de debería haberla traído de Barcelona a Madrid.
Sus paladas cada vez eran más de arena que de cal y del acto fallido de Colón pasó a ofender a las bases de su partido, a aquellos que habían trabajado para implantarlo y afianzarlo en provincias que, pese a ser menos vistosas y salir menos en los telediarios, a la hora de la verdad suman votos como el resto. No se sabe cómo, Rivera tuvo la ocurrencia de "pasar" de esa militancia fiel, llenando las listas provinciales de paracaidistas tan poco vistosos como la más que sospechosa de corrupción Silvia Clemente, llegando incluso al pucherazo, que ya investiga la fiscalía, para imponerla como efímera cabeza de lista de Valladolid, descabalgada al destaparse el fraude en las primarias.
En fin, una cadena de despropósitos de los que el último ha sido ofrecerse, antes incluso de que se inicie la campaña para gobernar con el PP de Casado si es que los votos dan para ello, claro. Una oferta que no es sino la evidencia de la derrota que sin duda restará votos a su partido, en el que aún permanecen quienes creyeron un día que Ciudadanos y Rivera estaban en el centro.
No sé qué le pasa a Rivera, pero me puedo imaginar lo que acabará pasándole a su partido, que, con el desembarco de Arrimadas y otros diputados del Parlament de Catalunya en las listas al Congreso, ya da por perdida la batalla en Cataluña y aparenta ser un "sálvese quien pueda" que nunca anuncia nada bueno.
Rivera se está apagando como se apagan las bengalas que sirven para un momento, pero que, a largo plazo, ni calientan ni iluminan. No sé qué le está pasando ni cuál es su problema, lo que parece claro es que habrá que entonar el adiós a este político que mal aconsejado por las prisas o sus mentores ha dejado de contar para el futuro, al menos en lo inmediato.

martes, 26 de marzo de 2019

CAMBALACHE


Llevamos demasiados años, por desgracia, confundiendo política y marketing, demasiado tiempo en el que, para los partidos, lo más importante no son los programas con que pretenden gobernar sino las caras que quieren colocar en los carteles. Recuerdo aquellas primeras elecciones generales en que tuve la suerte de votar y que, en ellas, la gente votó a las ideas, entendiendo también como idea la de la "tranquilidad" que transmitía la UCD, un partido formado por una masa gris de cargos e intelectuales del tardofranquismo que parecían dispuestos a transformar lo que había sido una dictadura, cruel y sanguinaria en tiempos, en una democracia homologable por Europa.
Aquello salió ben, entre otras cosas, no seamos inocentes, porque a Europa le interesaba que así fuese para que España se convirtiese en ese mercado hacia el que expandirse, con sus mercancías y con sus modelos políticos, en tiempos, no lo olvidemos en que el continente estaba dividido, partido en dos y de las dos partes, el Este estaba vetado para una cosa y para la otra.
En aquellos primeros años, la televisión era sólo una, las tertulias se reducían a una, "La Clave", y la prensa estaba en manos de periodistas, la mayoría de ellos solventes, menos en general mejor pagados y menos ambiciosos, con menos prisa, que ahora.
Eran tiempos, en parte a causa de lo anterior, en que se escuchaba a la gente y, naturalmente, también a los candidatos. Tiempos en que los mítines no se resumían en un chascarrillo o una frase encendida, la que señalan los equipos de prensa de cada partido, en los telediarios. Eran tiempos en los que la gente escuchaba y los políticos se hacían escuchar por lo que decían, no por lo cómo gritaban. Pero las televisiones privadas llegaron, partidarias, como dice un amigo, del "yo, donde pago, cago" y más que dispuestas a trivializar y frivolizar los mensajes, a base de "mama chichos", primero, y de esos miserables "realistas", en los que la crispación y la mentira eran moneda común, convirtiéndose, en un excelente laboratorio desde el que han acabado llevando a la televisión y a la política al lugar donde están ahora. 
Si a esto le sumamos el daño terrible que la corrupción ha hecho a la imagen de los partidos, a todos o a casi todos, pero especialmente al Partido Popular, nos encontramos con toda una generación de políticos estigmatizados por su implicación o por su silencio ante esa lacra, toda una generación que dio lugar a que, por la derecha y por la izquierda, apareciesen nuevos partidos, aparentemente creados desde abajo, que, tras unas cuantas peripecias, no todas edificantes, que han abierto "el mercado", a la vez que han dificultado la formación de gobierno, pero también han permitido sorpresas como la de la moción de censura que ayudó, la verdadera causa estuvo en la corrupción y su indolencia a la hora de gobernar, a acabar con la carrera política de Rajoy y, de paso, con el PP.
Es evidente que el PP necesitaba renovarse después de la debacle, necesitaba cambiar de rostros y de discurso, para resurgir como partido de gobierno, más si VOX y en menor medida Ciudadanos, le andaban mordiendo los tobillos. Sin embargo y curiosamente, eligió para la tarea a un personaje en dificultades, de dudosa preparación, con un más que sospechoso currículo académico, que sólo había trabajado en el propio partido y que había sido apadrinado por Aznar y Esperanza Aguirre, padrinos también, de quienes convirtieron la corrupción en algo sistemático en el partido.
Pues bien, este personaje, Pablo Casado, de tan débiles antecedentes, que se ha rodeado de fieles de parecido perfil, Teodoro García, Isabel Díaz Ayuso, Andrea Levy y parecidos, ha optado por buscar a sus candidatos en el cambalache de las tertulias televisivas, tratando de tapar huecos con esas caras de famoso que a todo el mundo les "suenan", pero que, como los vistosos objetos que uno encuentra en los cambalaches, luego no sabe por qué ni para qué los compro.
Con le estrategia del PP, pero también de Ciudadanos o de la ultraderechista VOX, acabaremos con un congreso-estantería, un congreso-cambalache, en el que colocarán, toreros, contertulios, humoristas, marquesas, predicadores, vendedores de refrescos y generales. Un cambalache tan vistoso como, ojalá me equivoque, inútil.

lunes, 25 de marzo de 2019

EL ENEMIGO ES CARMENA

Él, Pablo, ha vuelto este fin de semana, y ha vuelto rodeado de sus cada vez menos fieles en cantidad, pero a la vez cada vez más fieles en intensidad. Subió al estrado montado al pie de los escaleras y ascensores del Reina Sofía, como una estrella del rock en las formas, con carrerita y todo, que, en su interior, encerrase las almas de los comandantes que tanto le inspiraron, al menos en el pasado.
Él, Pablo, volvió de su retiro paternal cargado de adrenalina, enfadado como hacía tempo no le veíamos, disparando a extremo diestro y tibio siniestro, es su opinión, culpando a los demás de todos o casi todos sus males y diluyendo su culpa en el colectivo de su organización. Sólo la asumió en primera persona del singular, para señalar a sus monstruos preferidos, su inseparable amigo en otros tiempos y la alcaldesa "roba niños" Manuela Carmena.
Se ve que Iglesias ha aprovechado las largas semanas de baja, además de para cuidar de sus niños, para "cargar las pilas" y cargarse de argumentos, para leer espero que fundamentalmente, más que para ver series como ese "Juego de tronos" que parece haberle alejado de la realidad. Se ve que se ha cargado de energía y que, también, ha tenido tiempo de analizar, aunque a su manera, todo lo que ha pasado en los últimos meses.
Se mostró muy crítico y bastante enfadado con el espectáculo dado por su partido a cuenta de esas luchas intestinas que han, no ya desgastado sino roto ese partido que fundó con amigos que ya no están, porque dejó demasiado claro que lo creyó exclusivamente suyo. Les regaño en esa primera persona del plural, casi mayestático, por la vergüenza ajena dada, olvidando que dos no riñen si uno no quiere y que él siempre quiso y con todo aquel que osase salirse del carril.
A Pablo Iglesias le gustan los incondicionales. No se fía, no ya de las disidencias. sino de cualquier opinión que ponga en cuestión la suya. Le gusta escuchar a su paso esos "Te queremos" o "Gracias, Pablo", con que el sábado le regalaron los oídos al pie del museo.
No le gusta demasiado el pensamiento alternativo o independiente y, quizás por eso, ahora está tan solo. Es demasiado grande la nómina de quienes ya no están a su lado: Luis Alegre, Rita Maestre, Carolina Bescansa, Pablo Bustinduy, Ramón Espinar y un largo etcétera que culmina con su amigo del alma, Íñigo Errejón.
Tampoco parece figurar ya entre sus amistades la alcaldesa de Madrid; Manuela Carmena, a la que parece haber señalado como culpable de su desgracia. Lo hizo en el capítulo, chiquitito como sus pequeños, de sus fallos, capítulo en el que se culpó de no haber sabido ver la marcha de Errejón, al que, veladamente o no tan veladamente, acusa de traición. Quizá fue por la alianza de su compañero de siempre con Carmena por lo que se revolvió contra ella, a la que acusó de una cierta soberbia, no sé yo con qué fundamento, al revelar una supuesta conversación de la alcaldesa, la palabra de uno contra la del otro, en la que Carmena le dijo que la gente votó para el ayuntamiento de Madrid a "Ahora Carmena" más que a "Ahora Madrid",
No sé si esa conversación existió en los términos en los que miserablemente la reveló, Iglesias. Las conversaciones privadas, cuando son entre dos, no se hacen públicas y menos aún en contra del otro interlocutor. En cualquier caso y por si le sirve a Iglesias, le aclaro de que, en caso de que la charla se produjese así, yo le daría la razón a Manuela, porque yo sí le di mi voto a ella, por encima de la lista que le acompañaba y anduve luciendo esos días una camiseta que rezaba "Manuela mola mazo".
Sin embargo, ahí no acabó la cosa, porque Iglesias volvió a la carga contra Carmena, retándola a revelar para quién va a ser su voto en las próximas generales, un reto que debería darle vergüenza a alguien que se proclama demócrata y debería saber de sobra que el voto es secreto. 
Se ve que a Iglesias le estorba todo aquel al que no controla, pero tiene suerte Pablo Iglesias de que Carmena es, ante todo, elegante y de que quién no se rebajó a perder los nervios con Esperanza Aguirre, tampoco los va a perder con quien parece culparla de sus males y haberla señalado como enemigo.

jueves, 21 de marzo de 2019

INFANTILISMO


En alguna ocasión, quien más y quien menos hemos sido testigos del comportamiento anómalo y retador de los niños que, cansados de tener que obedecer a sus mayores, un día deciden, las más de las veces sin ser conscientes de lo que hacen, retarles imponiendo sus propios tiempos, resistiéndose a obedecer o, en todo caso, remoloneando antes de obedecerles.
Ese comportamiento es tan viejo como la misma vida y es común a todo tipo de cachorros que, entre juegos y veras, miden su capacidad de resistencia ante sus mayores, provocándoles con sus evasivas y forzando la situación a la búsqueda del límite en el que el que tiene el mando estalla, a sabiendas de que, al final, tendrá que obedecer.
Lo que ocurre es que, mientras esto sucede, el niño se convierte en protagonista e invierte esa cadena de mando que le aburre. Lo malo es que, en más de una ocasión, mide mal y fuerza las cosas más allá de lo razonable y acaba escapándose algún grito, cuando no un cachete. Lo sabe muy bien quien tiene contacto con niños, porque más de una vez es testigo de estos envites a la hora de comer, de vestirse o de hacer las tareas.
Lo más curioso es que de sobra saben los "protagonistas" de estos "juegos" que, al fin y a la postre, son estériles y que, salvo esos minutos, horas o días, de gloria, de ser el centro, poco o nada es lo que consiguen. Quizá un berrinche, una colleja o un sentimiento de culpa o abandono que antes del juego, del que ya no recuerda el origen, no tenía.
Sé que comparar ese juego con el tira y afloja que estamos viviendo a propósito de los lazos amarillos colgados en las fachadas de los edificios públicos de la administración catalana puede ser un ejercicio demasiado simple, pero no me resisto a comparar al president Torra, un niño grande, desobediente y respondón, con los protagonistas de esos "juegos" infantiles de los que os hablo.
En mi opinión, Torra, sólo o aconsejado, por no decir impelido, por otros, se hace el interesante, tarda en obedecer las órdenes de la autoridad que todos, catalanes incluidos, nos hemos dado, remoloneando y haciéndose la víctima, lloriqueando, cada vez en voz más alta, con más intensidad, para llamar la atención de sus vecinos y poner en evidencia a sus padres, en este caso la justicia española, y de sus votantes que, como el niño del berrinche, ya no ven otra cosa que el lazo o su ausencia y olvidan todos lo demás, la cama, la comida, la ropa, el colegio, los juguetes, el cariño y todo lo que ha recibido o puede recibir de sus padres.
Sin embargo, creo que lo de Torra responde a una estrategia más perversa y que el fin de quienes están al frente de la Generalitat y quienes les apoyan no es otro que el de vivir en un berrinche eterno, hoy por esto, mañana por lo otro, en el que lo que menos importa son los verdaderos motivos, porque lo que cuenta es el ruido ¿Infantilismo? Sí, infantilismo, aunque perverso.

miércoles, 20 de marzo de 2019

LAZOS POR POLÍTICA


Llevamos ya demasiado tiempo pendientes de las "performances", los "numeritos", de la élite independentista catalana que, apoyándose en los partidos extremistas de la derecha "española", como esa derecha se apoya en sus estridencias, para mareando la perdiz de los sentimientos, sacar ventaja sobre quienes realmente quieren ocuparse de la gente sin caer en ese juego estúpido y perverso a la vez, de poner y quitar lazos, en lugar de solucionar los problemas reales de la gente real.
Tanto infantilismo, que en realidad no lo es, me supera. Este "y tú más" en el que se han embarcado PP y Ciudadanos, por un lado, e independentistas, por otro. Estoy seguro de que ni los votantes de los partidos independentistas catalanes ni los que allí y en el resto del España creen premiar con su voto el "coraje" de quienes "tocan las pelotas" al soberanismo y, de paso, a quienes busca la solución desde el diálogo, abriendo una tercera vía que funcionó durante décadas en las relaciones siempre difíciles entre Cataluña y "Madrid".
Lo malo es que esta guerra infantil, esta "guerra de los botones", a que han reducido un conflicto real y mucho más serio, oculta el día a día de los catalanes, el de los hospitales saturados de los parados, el de los colegios, las carreteras y la cesta de la compra. el de los parados y las mujeres maltratadas, el del precio de los alquileres y las calles saturadas de turistas, el de los transportes públicos, el de la falta de los medios para la ciencia y la investigación, el de la falta de cuidados y residencias para los ancianos y todo aquel que no puede valerse por sí mismo, yodo eso, TODO, parece haber quedado en su segundo plano, detrás del magnífico espacio escénico de los lazos y las marchas y concentraciones, diseñado exclusivamente para dejar a unos y otros con la boca abierta, mientras, unos y otros también, se quedan con sus votos y, de paso, con sus carteras.
En este punto conviene y cuánto, recordar de dónde vienen esta guerra de lazos y lo que representa. Conviene volver la vista sobre el desprecio con que el  gobierno de Rajoy trató a Cataluña, espoleado por los buenos resultados electorales que su acoso, boicot al cava y a los embutidos incluido, obtuvo en su guerra contra ese Zapatero "vendepatrias" que osó aceptar y apoyar el estatuto de autonomía que los catalanes se dieron, no sólo con la aprobación del Parlament y el Congreso, sino, además, con la aprobación en referéndum, el último celebrado legalmente, de la gran mayoría de los catalanes, un estatut que el PP llevó a "su" Tribunal Constitucional para darle "un cepillado" que lo dejó más muerto que vivo.
Eso, sin olvidar la huida hacia adelante emprendida por Artur Mas, heredero de Pujol y sus pecados, que, en plena crisis, acosado por lo que se iba sabiendo de la corrupción de la "familia" que gobernó Cataluña durante tres décadas y con una respuesta social a los recortes salvajes, los primeros, que impuso a lo público, con cerco al Parlament incluido, emprendió una huida hacia adelante, que aún dura, yendo de elecciones en elecciones y de referéndum en referéndum, volviendo el panorama político de Cataluña cada vez más oscuro y difícil.
En esas, llegó la CUP como pieza imprescindible para lograr el gobierno y, con ella, la radicalización y la salida del tibio Mas, que dejo su puesto al pirómano Puigdemont que, después de proclamar y suspender la independencia y de lanzar a la gente a una votación ilegal, estúpidamente reprimida por  el nefasto ministro Zoido, ya en un rincón de la Historia, provocando los más graves incidentes que recuerda este país, al margen, claro está y por más que le moleste a la marquesa pija, de los tiros de Tejero en el Congreso y los tanques de Milans en las calles de Valencia.
Vinieron luego las citaciones a los miembros del gobierno catalán responsable de aquello y la huida de Puigdemont a Bruselas, ejemplo claro de por qué podría estar justificada, que en mi opinión no lo estaba, la larga prisión preventiva en la que desde entonces están Junqueras y sus compañeros, excusa para esos lazos amarillos de los que hablamos, que ha acabado reduciéndolo todo a un quítame allá esos lazos, un raca-raca insoportable que todo lo oculta, que todo lo acalla, privándonos del análisis de nuestros verdaderos problemas y, con él, de su solución.