viernes, 22 de marzo de 2013

UN PLAN DIABÓLICO

 

 

Anoche, en uno de esos momentos de debilidad que uno tiene ante el televisor, me deje abducir por una escena de una película tan inverosímil como ñoña, en la que la pareja protagonista habla de la reencarnación. Como bien supondréis, yo, que soy ateo, de ciencias -presumo de ello- y no creo en tan consoladora teoría, me quede con este curioso argumento expuesto en la conversación: si la humanidad ha crecido a lo largo de los siglos y si, además, en los últimos años lo ha hecho de modo exponencial ¿Debemos pensar que no todos los que ahora habitamos el mundo? ¿Cabe pensar que las almas de nuestros antepasados se han fragmentado para que cada uno de nosotros tenga su "cachito"?

O, quizá, lo que pasa es que a algunos humanos lo que les ha tocado en el reparto es el alma de una cucaracha o un gusano. No es más que una tontería, pero creo que esa tontería la cree a pies juntillas más de un gerifalte de los que nos gobiernan. Si no, no se explica que estén tomando las decisiones que están tomando de un tiempo a esta parte y que, en mi opinión, sólo cobrarían sentido si las encuadramos dentro de un plan diabólico para acabar con una parte de la población -la que, para ellos, ha dejado de ser rentable- y abaratar al máximo los costes del resto.

Todo empezó -al menos en España y me duele decirlo- cuando los gobiernos de Felipe González comenzaron a tocar el empleo juvenil, dando facilidades y abaratando los costes de sus plantillas a base de contratar jóvenes "en formación" por una miseria, sin que el gobierno o los comités de empresa -no todos, pero, por desgracia, sí la mayoría- se tomasen la molestia de controlar y evitar que tales modalidades de contrato se utilizasen por las empresas para "rejuvenecer" y, de paso, abaratar sus plantillas. Poco a poco, la nómina de muchas empresas pasó a tener un alto porcentaje de becarios y trabajadores en formación, menos expertos, pero también menos resabiados y con menos derechos, dispuestos a "tragar" con todo, con tal de tener unos miles de pesetas o unos cientos de euros en el bolsillo a final de mes que, si no eran suficientes, complementarían papá o mamá.

Era lo lógico, cuando se es joven - a mí me pasaba- te crees inmortal y el futuro es algo lejano que se torea con el día a día. Así que nosotros, los jóvenes de entonces, los que nos quedamos supliendo a los mayores, fuimos creciendo en la empresa, alcanzando una estabilidad que creímos eterna. Así que nos embarcamos en la aventura de la familia, tuvimos hijos y todo parecía perfecto. Pero llegó un día en el que todo empezó a cambiar. Un día en el que el lugar al que acudíamos a trabajar -el edificio, la fábrica, el comercio o el colegio- pasó a tener más valor para el "amo" que el resultado de nuestro trabajo. Y las plantillas se convirtieron en una carga y así llegaron los eres, las recalificaciones de suelo y las deslocalizaciones, todo ello ante los ojos de esos seres con alma de humanos que nada querían saber de aquellos otros que la teníamos de perro, de cucaracha o de gusano, en los que un día creímos y, pese a debérnoslo todo, nos vendieron.

Nos contaron también -y también con los socialistas en el gobierno- que deberíamos dejar de pensar en que bastarían nuestras pensiones para garantizarnos una buena jubilación. Nos dijeron que sería bueno hacernos "un plan" privado. Y algunos lo hicieron. A mí no me daba para ello y por eso no caí en aquella trampa. Al cabo del tiempo, cuando había que liquidar el plan de pensiones, se lo comían los impuestos aplazados y, mientras tanto, había servido de munición especulativa contra nuestra economía y la de todos los países que cayeron en sus garras y que, antes de la llegada del euro, tuvieron que devaluar una y otra vez, para poder seguir adelante.

El colofón fue la debacle del último gobierno de Zapatero, pendiente más del marketing electoral que de la realidad y la consecuente "gran cagada" de la sociedad dando la mayoría absoluta a un gobierno formado por quienes ni siquiera sirven de explotadores y especuladores y se limitan a servirles como les sirven. El colofón ha sido la reforma laboral firmada por la ministra más vergonzosamente inútil que ha pasado por un gobierno de España, una reforma hecha por los empresarios que, con ella, se han garantizado "barra libre" para "despiojar" sus plantillas, con los resultados que todos sabéis, cifras récord de paro, despidos sin recurso posible y baratos, tan baratos, que parecen sacados de la estantería de un "chino". Despidos que se han cebado con los mayores de cincuenta años, a sabiendas de que, muy probablemente, nunca más encontrarán trabajo, tantos que la "lista" de la ministra, con la excusa de evitar eres tramposos ha decidido privarles del subsidio que, hasta ahora, les permitía no morirse de hambre, asco y pena.

Y, mientras tanto, los jóvenes, nuestros hijos en cuya educación el Estado gastó tanto dinero siguen sin encontrar trabajo y pueden darse por satisfechos si encuentran uno por trescientos o quinientos euros y, no digamos ya, si, además, cuenta con cotizaciones a la Seguridad Social, para ir poniendo los ladrillos de una jubilación que, en el mejor de los casos, les llegará a los sesenta y siete años, si es que llegan a trabajar los treinta y cinco años de cotización que les exigen.

Y, todo lo anterior, sin habar de los que han hecho y están haciendo con nuestros ahorros, otra vez ante las narices de unos y otros. En resumen, un plan diabólico destinado a que los humanos con alma de humano empujen a los que, a sus ojos, sólo tienen un cachito de alma o una entera, pero de gusano, perro o cucaracha -o es al revés-, tan viejos,  achacosos y caros de mantener, se extingan, se tiren por las ventanas, por los puentes o al metro, para que su dinero crezca y crezca, ojalá hasta que les ahogue.
 
 

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jueves, 21 de marzo de 2013

¿QUIÉN MANEJA MI BANCA?

 
Por mucho que hayan avanzado la ciencia y la técnica, por mucho que se haya extendido la cultura, por mucho que los poetas, que hoy celebran su día, hayan llenado de belleza las páginas de nuestros libros, el mundo se ha movido poco y sus problemas siguen siendo los mismos. Qué poco podía imaginar Enrique Santos Discépolo que su "Cambalache" iba a tener vigencia casi ocho décadas después, y en especial ese "los inmorales nos han igualao".
Recuerdo que, aunque no a todos, a mí me escandalizó en su día que Rodrigo Rato se marchase a lo Benedicto del FMI, echando por tierra el prestigio arriesgado por España en su nombramiento. Aún así, su sucesor, Dominique Strauss Kahn, también dejó el cargo de manera apresurada, aunque, esta vez, prácticamente con los pantalones en la mano, como si de uno de los clientes de la dulce Irma de Billy Wilder se tratara. Ahora, es la elegante Cristine Lagarde, la brillante ministra de Finanzas de François Fillon bajo la presidencia de Sarkozy primera mujer en llegar al cargo, quien atraviesa serias dificultades para poner a salvo su honorabilidad, bajo la sospecha investigada por la justicia, registro de su casa parisina incluido, por haber favorecido al polémico empresario Bernard Tapie en la venta de Adidas con fondos de banco público Crédit Lyonnais, sorteando la autoridad judicial en pleno proceso contra Tapie.
¿Es que no hay nadie decente al frente de la banca? ¿Acaso el ser de moral distraída, un tonto útil pagado de sí mismo, soberbio e implacable es la condición sine qua non no se puede alcanzar la cúpula de una caja regional o de la mismísima banca mundial? Visto lo visto, parece que sí. Visto lo visto, está claro que, como en el avión del chiste, en la cabina de mando de las finanzas pilotan los simios más inútiles, patéticos y, o, siniestros.
Casi al tiempo que conocíamos el registro de la residencia parisina de quien tanto dolor y sufrimiento está infligiendo a los ciudadanos de la Europa menos pudiente, nos enterábamos de que la cúpula de Bankia se lo estaba llevando crudo y que, en los años en que se engendraba el desastre se embolsaron cerca de setenta millones de euros, de los cuales, Miguel Blesa, coautor junto a Rato del minado de la entidad, se había "agenciado" nada menos que doce.
Nos enteramos ayer por UPyD que está dispuesta a llevar las remuneraciones de la cúpula de Bankia durante esos cuatro años críticos a la Fiscalía Anticorrupción. Algo debemos hacer, algo debe hacer la fiscalía, cuando está claro que estos señores se llevaban el dinero a espuertas, mientras la solvencia del grupo se resquebrajaba.
No puede ser que los salarios de esta gente están ligados a los resultados o que actúen sin un control efectivo, no sólo aparente,  de sus decisiones. Ha quedado demostrado que, por aumentar el volumen de su negocio, que era el nuestro, se metían en torpes e inconfesables operaciones, fiándolo todo a la depredación posterior de sus clientes o a una huida hacia adelante. Y no es lo peor, lo peor es que en esta ruinosa "política de objetivos" que se ha extendido como el aceite por todo el tejido empresarial de este país, y me temo que no sólo de este país, el de abajo ha aprendido a mentir al de arriba, para salvar el tramo de salario que correspondía a su cuota de objetivo, y también a los de abajo, a los clientes y "usuarios" finales, a los que con trampas y añagazas les vendían lo que no querían o no necesitaban.
Apañados estamos con quienes han tomado las decisiones en la banca y los gobiernos españoles, europeos y mundiales. Basta con repasar los titulares de la prensa de hoy: "Tres millones de españoles sufren pobreza severa", "Chipre en venta", "El gobierno rebaja sus previsiones", etc. Y todo mientras los responsables toman y "destoman" medidas sin sentido, evidenciando que no tienen la más mínima conexión con la realidad. Aunque tampoco la necesitan, porque, en el fondo, sólo sirven a sus iguales y no a quienes, al fin y al cabo, nunca les han votado.
Por eso me pregunto quién maneja mi banca. No sé quién ni por qué, pero está claro que no puede seguir haciéndolo.
 
 
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miércoles, 20 de marzo de 2013

NUESTRA SEÑORA DEL CASINO

 
¿Cabe mayor cinismo que el de Sheldon Adelson y sus emisarios cuando hablan de su proyecto como una vacuna contra la prostitución, la ludopatía y el consumo de drogas? Evidentemente, sí, porque es mayor, mucho mayor, el cinismo de quienes les dan tribuna y cobijo y están dispuestos a creer y hacernos creer sus patrañas.
Ayer, en el seno de un Congreso titulado "Madrid Excelente", Michael Leven, emisario de Adelson para la ocasión, se encargó de hacernos una vez más las cuentas de la lechera, porque, no sólo nos dijo que su proyecto de montar una ciudad del juego sin impuestos y sin ley crearía cincuenta mil puestos de trabajo, sino que, además, caría a Madrid las decenas de miles de plazas hoteleras que precisa para albergar los pretendidos Juegos Olímpicos de 2020.
Hace falta mucha fe, mucha desesperación o mucha cara dura para decir y creer tal cosa, porque, en ninguno de los casos conocidos de proyectos anteriores, salvo, claro está, la propia ciudad del juego, en Nevada, tales cifras, también prometidas en su día, se alcanzaron nunca y eso que es de sobra conocida la pasión que por el juego existe en Oriente.
El cinismo de estos señores no se queda en rebautizar sus negocios como "Industria del Turismo", sino que pretende hacernos creer que su proyecto en Madrid, como dice que han hecho los anteriores, reducirá el consumo de drogas y la prostitución en la zona. Y no sólo eso, Leven pretendió ayer que viésemos al matrimonio Adelson como una especie de  filántropos, empeñados en ayudar a quienes caen en las garras de la ludopatía y las drogas. Vamos, que sería algo parecido a una Madre Teresa del juego que se dedica a reparar los juguetes rotos que va dejando su negocio.
La gente de Adelson habló ayer de que en Singapur la implantación de sus casinos conllevó un aumento del turismo en un 46% y del 60% en el gasto, con lo cual deberíamos sentirnos bendecidos por haber sido tocados por su varita mágica. Pero me temo que todo son bonitos discursos de chalán de feria y que la realidad es muy distinta, cargada de chantajes, sobornos y extorsiones, de gentes explotadas, mal pagadas y sacrificadas sin que, a cambio, el país en que se instalan recaude los mismos impuestos que dejarían cualquier otra industria o negocio turístico.
Decía al principio que sólo hay un cinismo mayor que el de estos vendedores ambulantes de la felicidad y que ese cinismo hay que buscarlo en quienes como Esperanza Aguirre en su día e Ignacio González, ahora, les hacen la ola y nos ponen a sus pies para que dispongan de nuestras vidas y haciendas para sus negocios.
Siempre que los veo juntos -a González y los hombres de Adelson- me pregunto quién es el anónimo inversor que compró a un precio muy por debajo del mercado toda la deuda que fue emitida por la Comunidad de Madrid hace unos meses. Tal parece que el gobierno del Partido Popular en Madrid ha decidido jugarse nuestro futuro a una sola carta, encomendándose a Nuestra Señora del Casino. Lo malo es que cuando el sueño se rompa, cuando las cifras no cuadren, los beneficios estarán ya muy lejos, mientras los esclavos de las drogas, las mujeres prostituidas con sus chulos y las familias arruinadas por el juego nos los quedaremos nosotros.
 
 
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martes, 19 de marzo de 2013

EUROESCLAVOS

 
No hay que ser muy listo ni tener mucha memoria para darse cuenta de que esta Europa que tenemos no es la Europa que soñamos y de que, precisamente en Europa y por culpa de esa Europa, estamos haciendo el camino inverso al que hicimos para llegar a la democracia, porque, de un tiempo a esta parte, ya no somos dueños de nuestro destino y todo lo que nos pasa nos pasa sin que, en la práctica, podamos o nos dejen hacer nada para evitarlo.
No hay más que ver que, cuando se trata de trasladar a cada uno de los países las decisiones que se toman en Bruselas, hay que vallar y blindar los parlamentos para "ponerlos a salvo" de la lógica ira de los ciudadanos. Decisiones en las que, aparentemente, participan ministros de cada uno de los gobiernos y que, sin embargo, luego son incapaces de explicar, quizá porque su presencia en esos órganos tiene más que ver con la participación de algunos en los consejos de las cajas de ahorro y algunas que otras empresas públicas, a los que se acude para decir sí y cobrar las dietas, que con el debate y la defensa de los intereses de quienes deberían representar.
No sé si recordáis que, para justificar lo que nos está pasando a los españoles, las penurias a que nos han condenado, nos dijeron que teníamos que purgar el haber vivido los años anteriores por encima de nuestras posibilidades. Una mentira tan grande como esa toxica leyenda de los "ninis", jóvenes que, en el imaginario de quienes tanto han deformado el pensamiento de la sociedad, ni estudian ni trabajan "porque pueden -o podían- permitírselo", cuando, en realidad, no hacen una cosa ni otra porque, sin trabajo y sin becas, no les está permitido. Pues bien, ahora resulta -y lo acabamos de ver en Chipre- que, si gastar está castigado, ahorrar puede llegar a estarlo mucho más. Aunque para ello tengan que ponerse por montera sus propias normas.
Porque qué otra cosa que un castigo es lo que han intentado hacer con los pequeños ahorradores de la isla. Imaginad que por prudencia, pensando en un futuro incierto, habéis vivido austeramente para, el día de mañana, que decían las madres, tener un cierto desahogo cuando la capacidad de reacción es mínima. Imaginad que, de repente, cien pasan a ser noventa, porque unos señores, lejos y, por qué no decirlo, a escondidas, han decidido que así sea. Eso, para un anciano o, incluso, para quien está al borde de la jubilación, se traduce inmediatamente en años de bienestar perdidos. La reacción, claro, no se ha hecho esperar y ha puesto a la isla al borde del motín, más con un gobierno en minoría, incapaz de aprobar en su parlamento "los deberes" impuestos por Bruselas.
Lo más desconcertante es que algo que los ministros de Economía del Eurogrupo tenían tan claro y al parecer era tan bueno -al menos para nuestro Luis de Guindos- anoche, tras  comprobar la reacción de los chipriotas y, mucho me temo que con más peso, la del gobierno ruso, decidieron dar marcha atrás y convertir en flexible lo que era implacable. ¿A qué juegan? ¿Saben lo que quieren o sólo juegan con nosotros? ¿Tienen un proyecto de futuro o, simplemente, dan palos de ciego buscando una salida a un proyecto de Europa que está pidiendo a gritos, más de dolor que de ira, una refundación?
Cada vez estoy más convencido de que su proyecto es la esclavización de los ciudadanos del sur de Europa y de la clase trabajadora en general, a la que atrajeron a sus corrales haciéndola creer que había dejado de serlo. Nos han utilizado y ya no nos quieren ni como mercado. Somos su mano de obra barata y tienen, para controlarnos, a sus propios capataces reclutados de entre nosotros que todavía les votamos. Y, si no le ponemos remedio, si no les damos un gran susto, estamos perdidos, porque, aunque aún no se aclaran con el cómo, si saben de sobra que quieren convertirnos en euroesclavos.
 
 
 
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lunes, 18 de marzo de 2013

EL JUEGO DE LOS JUEGOS

 
Ya han llegado, ya están en Madrid en régimen de pensión completa los examinadores enviados por el Comité Olímpico Internacional, que van a evaluar los méritos de la candidatura presentada por la ciudad para celebrar los juegos de 2020. Son los adelantados del COI, esa entidad que sospechamos y cada vez más sabemos plagada de Urdangarines y Corinas, encargada de dar y quitar ilusiones a los humildes e inocentes y de facilitar negocios a quienes saben cómo y con qué sacar el jugo a un sueño colectivo, un sueño que, por otra parte, las más de las veces ha sido interesadamente inducido. 
Después de aquellas manos de colorines que, al final, sólo sirvieron para que el faraón Gallardón inaugurará su pirámide de Cibeles, o de esa Puerta de Alcalá que quedó marcada para siempre por aquella cursilada del caballo papal de aquellas Jornadas de la Juventud Católica en la que Madrid, ya en plena crisis, se gastó con un propósito sectario y partidista el dinero que debería haber empleado en socorrer a los madrileños más necesitados, se les ha ocurrido usar como logo de la candidatura un par de manos dirigidas al cielo, no sé sin oración, que, bien mirado es polivalente, porque si así, tal cual,  simboliza el sueño olímpico, dado la vuelta puede simbolizar el negocio de quienes pretenden y harán negocio a manos llenas a costa de ese sueño, dejando la ruina y las deudas para los madrileños.
Afortunadamente, tengo muy claro que la cosa no va a ir más allá de septiembre, cuando, en ese ya bendito y pontifical Buenos Aires, se decida qué ciudad acabará llevándose el aparente premio de organizar los últimos juegos de la primera década del siglo XXI.
Frente a ese juego optimista en el que también se revuelcan los medios de comunicación, incluso los aparentemente más serios, creo que los datos no invitan al optimismo. Madrid es una ciudad... y una comunidad que niega a sus niños, sus ancianos, sus enfermos, sus dependientes y sus deportistas de base el pan y la sal de la educación, la sanidad, las residencias en que les cuiden y las instalaciones en que practicar el deporte de base del que surgen los que acaban triunfando en los estadios, las piscinas y las pistas. Madrid es una ciudad que atraviesa una grave crisis dentro de un país en crisis, con un cuarto de su población activa en paro, cifra que se eleva hasta uno de cada dos, cuando hablamos de jóvenes, con unas instalaciones previstas para los juegos puestas casi todas en entredicho por su chapucera construcción y por su temeraria manera de entender la seguridad de los asistentes. Madrid, y España, tienen también en entredicho al partido que gobierna, especialmente por facilidad con que se les pega a las manos -las del logotipo- el dinero público, y más si ese dinero está destinado a organizar cualquier acontecimiento.
Si nuestros gobernantes fuesen decentes, hace tiempo que habrían desistido, pero los juegos, el juego de los juegos, es el único señuelo que les queda para hipnotizar y confundir a los ciudadanos. De momento les sirve para acusar de antipatriota y antimadrileñismo a cualquiera que estos días pretenda expresar, mediante manifestaciones o huelgas, su disconformidad con tanta injusticia y tanto recorte.  Para entendernos, Madrid 2020 y sucesivos es a Ana Botella y compañía, lo que la independencia es a Artur Mas. Y, atención, que me refiero a Artur Mas y no a los catalanes.
 
 
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domingo, 17 de marzo de 2013

QUE NO PARE LA MÚSICA

 
 
El pasado viernes, poco antes de la comida semanal con los amigos  y mientras hacíamos tiempo ante cañas y vermuts, tuve la fortuna de compartir charla con Toni Zenet y su trompetista cubano, Manuel Machado. La charla arrancó en torno a "la munición" que, los muy canallas, acarreaban en sendas bolsas para la calçotada con que pensaban festejar a unos amigos que, por desgracia, no éramos nosotros. Digo que la charla arrancó por ahí, pero siendo nuestros interlocutores un cantante como Toni y un cualificado trompetista como Manuel, no tardó en girar -con mi ayuda, claro- hacia la que es, y lo sabéis, una de mis mayores pasiones: la música.
Amigos comunes, genios admirados, instrumentos preferidos, conciertos vividos... todo lo que puede desear un tipo como yo que, en gran medida, vive para la música desfiló ante nosotros en esa escasa pero intensa media hora de conversación apasionada y no recuerdo ahora si fue en ella o fue después, buscando "cosas" de Machado en "la red", cuando afloró el dato de que se formó en su Cuba natal, concretamente la Escuela Nacional de Arte de La Habana. Apenas un dato sin importancia que cobró todo su valor cuando al día siguiente, ayer sábado, escuché a otro apasionado de la música, Javier del Pino, con el que, antes de su "aventura" americana compartí tantas horas de charla y tanta música en la redacción y fuera de ella.
Javier se ocupó de un asunto al que quizá no damos la importancia que tienen en estos tiempos que corren, pero que, de no ponerle remedio, nos empujará a un abismo de silencio o, lo que es peor, de música ramplona y sin ese latido pasional que sólo saben darle quienes la aman y la viven: la asfixia a la que el ayuntamiento de Madrid quiere someter a una de sus más hermosas creaciones, las escuelas municipales de música, por las que han pasado y pasan centenares de niños y adultos que a cambio de un precio asequible -para algunos también un sacrificio- recibían una formación del todo inalcanzable si tuviesen que buscarla en los conservatorios o en las escuelas privadas. Tan hermoso milagro que llevaba años despertando o cultivando la pasión por la música era posible porque el coste de la formación se costeaba a partes iguales por los alumnos, el ayuntamiento y algunos patrocinadores. Pero este frío ayuntamiento que hoy preside Ana Botella, cargado de asesores de apellidos ilustres y familiares, con delirantes proyectos, como los Juegos Olímpicos, esos sí, imposibles de alcanzar y, mucho menos, costear en tiempos de crisis, no quiere seguir adelante con la magia y ha dejado de poner su parte para el sueño, convirtiendo en insostenible la supervivencia de las escuelas en las que, ahora, los alumnos tienen que pagar prácticamente lo mismo que en una escuela privada.
La música y los sueños, para quienes se los puedan pagar. Mientras, seguiremos admirándonos con el virtuosismo de músicos humildes como Machado o tantos y tantos otros, venidos del Este de Europa, que pudieron serlo gracias a que, allí, la música no es un lujo para unos pocos o un negocio para unas cuantas multinacionales, sino una de las artes, esa con la que mejor y más intensamente se transmiten las emociones, y, formarse en ella, un derecho ciudadano.
Ojalá reconsiderase el ayuntamiento su decisión. Ojalá, como los profesores de estas escuelas, se parase a penar en lo que está haciendo y, como ellos han accedido a bajarse el salario, para poder seguir alimentando el milagro, accediese a mantener al menos una parte de su aportación para que no pare la música.

sábado, 16 de marzo de 2013

PERDER LOS PAPELES

 
 
Con todo lo que sabemos y suponemos sobre el caso Bárcenas, en el que suponer y saber parece sólo cuestión de tiempo, que el PP perdiera los papeles parecía, también, cuestión de tiempo. Sin embargo, lo que no esperábamos, al menos yo, es que un partido de gobierno -el que más administraciones ha llegado a controlar en este país desde que las elecciones son democráticas- perdiese los papeles en el en sentido literal del término. Es decir -y me refiero a los papeles que le reclama la justicia para que aclare el caso Bárcenas & Gürtel- o no los encuentra o no quiere encontrarlos.
Y eso, siendo malo, no sería lo peor, porque, ya se sabe, el acusado tendría derecho a defenderse y a no facilitar un esclarecimiento que a todas luces le va a hacer caer con todo el equipo. Ya sé que esto que os digo no es cierto, porque una orden judicial es sagrada y hay que cumplirla, como ya ocurrió en el caso Amedo, pero juguemos a que el PP es un pobre chorizo que no quiere admitir que ha robado ni dónde ha escondido el botín y hagamos como que los de la calle Génova tendrían derecho a resistirse. Pero ¿y la Agencia Tributaria, tan íntimamente ligada a Cristóbal Montoro y que tan fluida comunicación tiene con el ministro? ¿Y el Tribunal de Cuentas que tarda  años en revisar la de los partidos que han elegido a sus miembros? Ambos son organismos del Estado y, para ellos, la petición del juez es más que una orden y, sin embargo, se vienen haciendo los remolones en lo que parece una clara estrategia de dilación del proceso a la búsqueda de la prescripción de todo o parte de lo que se investiga.
Menos mal que, al ruedo de la Audiencia Nacional, ha saltado un nuevo diestro que ha levantado lo que parecía ir camino de convertirse en una faena pesada y tediosa, ante un toro resabiado. Se trata del tan odiado por el PP Javier Gómez Bermúdez, el mismo que desmontó, en el juicio oral a los detenidos, con absoluta profesionalidad y solvencia, la increíble tesis de la autoría etarra de los atentados del 11-M, repetida una y otra vez por Aznar y sus mariachis, en su intento desesperado de ganar las primeras elecciones que perdieron ante Zapatero. No sé si los primeros y firmes pasos de Bermúdez en el caso han "excitado" el celo de Ruz, pero lo cierto es que ayer se supo que ha dado un ultimátum de cinco días a PP, Agencia y Tribunal, para que le entreguen las cuentas del partido y su rastro en la administración durante los últimos cinco años.
No sé qué consecuencias procesales tendría un incumplimiento de la petición, lo que sí sé es que el más parcial, el menos leal a los intereses públicos, de los ministros de Hacienda de todos  los años que llevamos en democracia, tiene motivos para ponerse nervioso y balbucear alguna que otra sibilina amenaza, quizá esta vez contra algún juez que no paga "zuz impueztoz". Eso sí que sería perder los papeles, y de paso, confirmar la ralea de quienes tantos sacrificios nos exigen.
 
 
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