Mostrando entradas con la etiqueta Cristine Lagarde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cristine Lagarde. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de junio de 2015

¿DE QUIÉN ES EL TRABAJO?


En siglos pasados, las grandes revueltas, las guerras, se hacían por la tierra. Los dueños de la misma, aristócratas y burgueses terratenientes, asfixiaban tanto a sus aparceros, exigiéndoles las rentas y las cosechas, sin importarles si el tiempo había sido compasivo con ellas o inclemente, exprimiéndoles de tal manera que,  demasiado a menudo, la únicas salida eran la emigración o la revuelta.
Hoy las cosas son distintas, o quizá no tanto. Hoy las máquinas han sustituido al hombre en el campo, los grandes tráileres a las carretas y las grandes superficies a los mercados locales, pero la explotación sigue siendo la misma, aunque tenga lugar en otro escenario. Hoy, los hijos y los nietos de aquellos campesinos que dejaron el campo para buscar en la ciudad el pan que más el amo que la tierra les negaba, se encuentran con que la misma codicia, la misma crueldad, la misma dureza de los amos de antaño es la que les deja sin trabajo o recorta los salarios hasta hacer insoportable la esperanza para sí y para sus hijos.
También en las ciudades y en las fábricas en las que buscaron refugio quienes huían del hambre de la tierra que les vio nacer, las máquinas están sustituyendo la fuerza de trabajo y sirven de coartada o de amenaza para que los trabajadores vean reducidos sus salarios, cuando no arruinada su vida laboral. Tampoco escapan a esa ruina los hijos a los que quiso dotar del arma de la educación, invirtiendo sus ahorros en carreras que ahora son casi un obstáculo a la hora de encontrar trabajo. La codicia de los nuevos amos, parapetados tras la máscara de una sociedad anónima y obedeciendo las consignas de los mercados, con gobiernos que aparentemente elegimos todos, también nosotros, pero les sirven y obedecen a ellos, esa codicia, no tiene límites y, como los viejos dioses, a cada sacrificio que se les ofrece, exigen otro, más cruel y más sangriento.
Es lo que ocurre en España, donde, a pesar de que una gran parte de los trabajadores, cada vez mayor, está renunciando, incluso, a las conquistas que lograron sus padres: una vivienda, las vacaciones, una familia, el futuro, no son capaces de llegar a fin de mes con el salario que ganan, si es que tienen la suerte de ganarlo. Es lo que ocurre en un país que, como África, aunque sin pateras, manda a lo mejor de su juventud a ganarse la vida al extranjero, con pocas esperanzas de regresar y devolver a su país el esfuerzo llevado a cabo por todos en su educación.
Ancianos desatendidos, niños que pasan hambre, gente viviendo y durmiendo en las calles, viviendas que se deterioran día adía, en las que se pasa demasiado frío o demasiado calor, todo lo que nos duele a los de abajo, a los que estamos a pie de calle, parece ser invisible para nuestros gobernantes y, no digamos ya, para ese oráculo maldito en que se han convertido organismos antidemocráticos, como el FMI, gobernados por personajes corrompidos y siniestros que se permiten decirnos cuanta hambre y cuanta desigualdad podemos padecer.
Organismos que se permiten decirnos que esos salarios que no dan para llegar fin de mes deben bajar aún más, que deben bajar también las pensiones, que tenemos que  pagar do veces las medicinas que ya pagamos con nuestros impuestos, abaratar el despido y subir el  más injusto de los impuestos, el IVA. Quizá siguiendo una siniestra estrategia diseñada por quienes puentean o "sobornan" a los que elegimos para defendernos y gobernarnos, para convertirnos en un país de pobres y dóciles, en un silo de mano de obra barata para sus fábricas y para servirles en sus vacaciones. Un país en el que el trabajo digno no sea ya un derecho constitucional, sino unas migajas que, de vez en cuando, caen del mantel de sus grandes festines,
Pero los puestos de trabajo, como pedían los campesinos hace un siglo y antes que fuese la tierra, han de ser para quienes lo trabajan. No para esos codiciosos que lo exprimen y nos exprimen hasta la desesperación que, con suerte, lleva a la revuelta.


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

jueves, 21 de marzo de 2013

¿QUIÉN MANEJA MI BANCA?

 
Por mucho que hayan avanzado la ciencia y la técnica, por mucho que se haya extendido la cultura, por mucho que los poetas, que hoy celebran su día, hayan llenado de belleza las páginas de nuestros libros, el mundo se ha movido poco y sus problemas siguen siendo los mismos. Qué poco podía imaginar Enrique Santos Discépolo que su "Cambalache" iba a tener vigencia casi ocho décadas después, y en especial ese "los inmorales nos han igualao".
Recuerdo que, aunque no a todos, a mí me escandalizó en su día que Rodrigo Rato se marchase a lo Benedicto del FMI, echando por tierra el prestigio arriesgado por España en su nombramiento. Aún así, su sucesor, Dominique Strauss Kahn, también dejó el cargo de manera apresurada, aunque, esta vez, prácticamente con los pantalones en la mano, como si de uno de los clientes de la dulce Irma de Billy Wilder se tratara. Ahora, es la elegante Cristine Lagarde, la brillante ministra de Finanzas de François Fillon bajo la presidencia de Sarkozy primera mujer en llegar al cargo, quien atraviesa serias dificultades para poner a salvo su honorabilidad, bajo la sospecha investigada por la justicia, registro de su casa parisina incluido, por haber favorecido al polémico empresario Bernard Tapie en la venta de Adidas con fondos de banco público Crédit Lyonnais, sorteando la autoridad judicial en pleno proceso contra Tapie.
¿Es que no hay nadie decente al frente de la banca? ¿Acaso el ser de moral distraída, un tonto útil pagado de sí mismo, soberbio e implacable es la condición sine qua non no se puede alcanzar la cúpula de una caja regional o de la mismísima banca mundial? Visto lo visto, parece que sí. Visto lo visto, está claro que, como en el avión del chiste, en la cabina de mando de las finanzas pilotan los simios más inútiles, patéticos y, o, siniestros.
Casi al tiempo que conocíamos el registro de la residencia parisina de quien tanto dolor y sufrimiento está infligiendo a los ciudadanos de la Europa menos pudiente, nos enterábamos de que la cúpula de Bankia se lo estaba llevando crudo y que, en los años en que se engendraba el desastre se embolsaron cerca de setenta millones de euros, de los cuales, Miguel Blesa, coautor junto a Rato del minado de la entidad, se había "agenciado" nada menos que doce.
Nos enteramos ayer por UPyD que está dispuesta a llevar las remuneraciones de la cúpula de Bankia durante esos cuatro años críticos a la Fiscalía Anticorrupción. Algo debemos hacer, algo debe hacer la fiscalía, cuando está claro que estos señores se llevaban el dinero a espuertas, mientras la solvencia del grupo se resquebrajaba.
No puede ser que los salarios de esta gente están ligados a los resultados o que actúen sin un control efectivo, no sólo aparente,  de sus decisiones. Ha quedado demostrado que, por aumentar el volumen de su negocio, que era el nuestro, se metían en torpes e inconfesables operaciones, fiándolo todo a la depredación posterior de sus clientes o a una huida hacia adelante. Y no es lo peor, lo peor es que en esta ruinosa "política de objetivos" que se ha extendido como el aceite por todo el tejido empresarial de este país, y me temo que no sólo de este país, el de abajo ha aprendido a mentir al de arriba, para salvar el tramo de salario que correspondía a su cuota de objetivo, y también a los de abajo, a los clientes y "usuarios" finales, a los que con trampas y añagazas les vendían lo que no querían o no necesitaban.
Apañados estamos con quienes han tomado las decisiones en la banca y los gobiernos españoles, europeos y mundiales. Basta con repasar los titulares de la prensa de hoy: "Tres millones de españoles sufren pobreza severa", "Chipre en venta", "El gobierno rebaja sus previsiones", etc. Y todo mientras los responsables toman y "destoman" medidas sin sentido, evidenciando que no tienen la más mínima conexión con la realidad. Aunque tampoco la necesitan, porque, en el fondo, sólo sirven a sus iguales y no a quienes, al fin y al cabo, nunca les han votado.
Por eso me pregunto quién maneja mi banca. No sé quién ni por qué, pero está claro que no puede seguir haciéndolo.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/