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jueves, 19 de septiembre de 2013

FIAR EN OTROS

 
 
Entre las muchas y a veces ingeniosas definiciones que hay de la política creo que falta una, a lo mejor no, que la describiría como el arte de no tener nunca la culpa o el de encontrar siempre algo o a alguien a quien echársela. Lo comprobamos a cada minuto y, si además somos madrileños, a cada segundo, y nos sobran los ejemplos.
Si para llegar al ayuntamiento Ruiz Gallardón necesita hacernos creer que Madrid será olímpico, sea. Con el mayor de los desparpajos y cargado de babeantes superlativos nos hace creer por dos veces, no sólo que esta vez -2016 y 2020- lo será, sino que él seguirá siendo fiel al compromiso adquirido con los madrileños. Luego, su espíritu de servicio le llamará como ministro de Justicia del gobierno de Rajoy, quien, por cierto, debe invertir horas y horas en buscarse el puñal en la espalda cada vez que nuestro escurridizo ex alcalde le enjabona bien enjabonado.
Al final, después de centenares, qué digo centenares, miles de millones de euros invertidos Madrid ha sido desalojado por tres veces de su artificial paraíso olímpico. La última, estando la vara de alcalde en manos de Ana Botella, que, gracias al sospechoso silencio de Gallardón, tan dado a posar en las fotos, si está seguro de salir guapo, claro, anda comiéndose el marrón, acompañado de un relajante café con leche, en alguna terraza de la Plaza Mayor. Gallardón se ha quitado de en medio, como se quita uno de debajo de un chaparrón.
Pero no sufráis, porque doña Ana, la alcaldesa, también se ha puesto a cubierto y lo ha hecho con el impermeable de la maldad del COI, capaz de engañarnos y de no creer en las bondades de un Madrid austero y simpático para recibir a atletas y visitantes, repletos de camareros dispuestos a servirles café con leche y cenas románticas, con su inglés de Mangold, en terrazas y restaurantes.
Del final del sueño olímpico tuvo la culpa el COI, pero ¿y de lo que está tardando en materializarse la pesadilla de Eurovegas? Ahí, los apostantes embaucadores han sido, cada uno a su manera y, a veces, escondiéndose las cartas unos a otros, la ex presidenta Esperanza Aguirre, que se quitó de en medio, dimitiendo de la presidencia de la comunidad, cuando el proyecto dejó de estar tan claro, pese a lo que, al parecer, siguió en contacto con el padrino Adelson, a espaldas del pringado de su sucesor, que se enteraba por la prensa de su agenda en el proyecto.
El dinero necesario para convertir un erial en una nueva Las Vegas no aparece, porque no hay nada más cobarde que el dinero y son tantas las concesiones legales y tanto el dinero público para llevar adelante el proyecto que tiene que hacer y poner un gobierno desprovisto de futuro y de la confianza que se lo diese, en un país que es, y lo va a ser aún más, de pobres. El dinero no aparece y el señor González, don Ignacio, nos quiere hacer creer que es por un quítame allá esos humos, cuando, en realidad, lo que Adelson quiere, y al parecer alguien le ha prometido, es que nosotros pondremos el culo, mientras el dinero y el trabajo se lo llevan otros, porque exige que los premios coticen a las haciendas de los países de origen de los jugadores y unas condiciones laborales al margen de las que reconoce la legislación española. Y, claro, ningún gobierno que se precie, salvo gente sin escrúpulos y sin futuro como González, parece dispuesto a bajarles los pantalones a los que luego les han de votar.
Otro tanto está pasando con Mas y su proyecto soberanista del que anda ya reculando, culpando de sus pocas posibilidades de éxito a la salida de la Unión Europea que conllevaría la independencia que, entre otras cosas, espantaría a los inversores del proyecto de mega casinos -e todas partes cuecen habas- de Barcelona World. O que decir del hombre de confianza de Rato y Blesa en Caja Madrid y Bankia, que, después de años de cobrar una pasta por esa confianza, ayer, ante el juez negó, como Pedro a Jesús, a la hora de asumir responsabilidades sobre la salida a bolsa del banco hoy en manos del Estado.
No hay vuelta de hoja, lo importante no es no tener la culpa, sino tener a quién echársela, lo que importa es saber reconducir nuestros fracasos achacándoselos a imponderables o, lo que es más fácil a otros. Nuestros políticos llevan décadas fiando en otros  sus proyectos cuando se tambalean. Otra cosa es lo que ocurre a la hora de ensartarlos en el anzuelo electoral. Entonces, tales proyectos son fruto de su desvelo y su amor por nosotros y nuestro bienestar.
 
 
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sábado, 14 de septiembre de 2013

LOS 328

 
 
 
Aunque el afán simplificador de los tiempos que corren nos lleva a resumir el olímpico batacazo de la candidatura Madrid 2020 en Buenos Aires nos lleva a resumir el sainete en el pasaje "a relaxin' cup of café con leche in la Plaza Mayor", aprovecho para disculparme por tomar parte en tan adictivo juego, no debemos olvidar ni debemos consentir que se olvide el despilfarro que un ayuntamiento tan pobre como el madrileño, como para desmontar sus políticas sociales y culturales, detener las escaleras automáticas y los extractores de aire de su red de metro,  para dejar a muchos ancianos sin asistencia a domicilio y a los niños sin comida en los colegios o para reducir con consecuencias evidentes el servicio de limpieza en sus calles, salga de este ridículo sin rendir cuentas y asumir responsabilidades por tan escandaloso dispendio.
Es más, creo que en las próximas elecciones la condición "sine qua non"  para que yo dé mi voto a un candidato será la de que exija esas cuentas y esas responsabilidades, entre otras cosas para que me expliquen por qué para hacer el ridículo en la capital argentina se necesitaron trescientas veintiocho personas, cuando para detener a los persas en el paso de las Termópilas bastaron, según la leyenda poco más de trescientos espartanos. Reconozco que algunos, como el actual portavoz socialista, Jaime  Lissavetzky, lo van a tener muy difícil, si es que repiten y resultan elegidos, porque deberían comenzar por explicar su propia presencia en el escenario de la debacle que ha sumido a España y su  capital en una depresión digna de una eliminación de fútbol en los cuartos de final en un mundial, que, parece, era hasta hace poco el paradigma de la tragedia nacional.
Tampoco entre la prensa habrá mucha comodidad a la hora de explicarlo, porque gran parte de los panycuchillados de la expedición de los trescientos veintiocho eran periodistas y ya se sabe que es feo morder la mano que te da el pan, las copas y la cama.
Menos mal que uno de los medios invitados eldiario.es ha tenido el detalle de morder esa mano y ha publicado la lista de las trescientas veintiocho personas que viajaron a ala "final" invitados por el ayuntamiento que no puede reparar los baches de sus calles. Una lista muy jugosa de la que una gran parte no podrían explicar que hicieron en Buenos Aires. El asunto va a dar mucho que hablar, porque el derroche injustificado sólo es comparable al no menos justificable entusiasmo con que, como el estudiante que se sabe suspendido pero aplaza el fatídico momento de rendir cuentas en casa, se nos hizo creer hasta el último minuto que Madrid iba a ser la ciudad elegida.
Creo que ay es hora de que determinados personajes que se mueven en la política agitando carísimos señuelos que luego pagamos todos comiencen a responder patrimonialmente de operaciones como ésta que dura ya doce años y que convenientemente manejada ha "atornillado" los culos del Partido
Popular en las poltronas de la que debería ser la casa de todos los madrileños. No nos callemos y reclamemos cuantas veces sea preciso el esclarecimiento de todo lo referente al misterioso sumidero por el que se han marchado tantos y tan necesarios recursos municipales. De momento que comiencen por justificar por qué viajaron a Buenos Aires los "328" y por qué el ayuntamiento corrió con sus gastos.
¡Ah! Y quien tenga la tentación de comprar una camiseta, una taza o cualquier artículo de mercadería con la frasecita de Ana Botella, que tenga presente que una despabilada hija del alcalde Arespacochaga, la que la ha registrado, se lo va a llevar crudo.
 
 
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lunes, 9 de septiembre de 2013

Y, AHORA, LAS CUENTAS

 
 

Han pasado ya 36 horas desde que la machacona propaganda con que nos han venido atormentando a lo largo de los últimos meses, con la complicidad del PSOE y la inmensa mayoría de los medios de comunicación, nada inocente, si no culpable, todo hay que decirlo, ha pasado un día y medio, han regresado todos, con las maletas llenas de vergüenza y de fracaso, y es hora de hacer cuentas, de hacerlas y de exigirlas.

En primer lugar debería hacerlo, si es que no quiere que UPyD se quede con todo ese electorado de centro, en nombre del que ha descafeinado su perfil obrero y de izquierda. Debería exigir la justificación de cada céntimo, de euro y de peseta, porque la cosa viene de lejos, que se ha gastado en esta quimera inútil. Debería exigir esas cuentas y pedir perdón por no haberse atrevido a plantear las cosas como eran, porque, lo he escrito muchas veces, cuando alguien obra de acuerdo con sus principios y no buscando obtener no sé qué beneficios o evitar no sé qué pérdidas, quizá pierda o gane, pero nadie podrá reprochárselo.

Tienen que pedir explicaciones, porque, por descontado, lo harán otros, por todo ese dinero gastado en instalaciones faraónicas escasamente usadas o trágicamente mal utilizadas, como el Madrid-Arena, mientras se ha abandonado miserablemente el deporte de base, dejando a los barrios sin piscinas ni polideportivos. Tienen que pedir explicaciones por todos esos viajes de promoción en business y a hoteles de cinco estrellas, mientras hay niños madrileños que un año ´más comienzan el curso escolar en barracones, sin libros ni derecho a comedor, y mal atendidos por profesores estresados o recién desembarcados en el "oficio", porque la Comunidad de Madrid, la de la enseñanza de excelencia y bilingüe, quizá para servir con soltura en restaurantes y terrazas "a relaxin café con leche" a los turistas, ha decidido prescindir de los que tienen experiencia y cobran más, no sin antes mancillarlos, tildándolos de vagos e interesados.

Tenemos que saber cuánto ha cobrado el experto en presentaciones que diseño la de la delegación española, escribió el discurso de la alcaldesa y la entrenó para hacer el ridículo ante el mundo, no por su mal acento inglés, sino por las gilipolleces que dijo. Tenemos derecho a saber quién ha pagado y cuánto ha costado el viaje a Buenos Aires de tantos periodistas, cámaras y técnicos españoles que, al final, han visto más que limitadas sus posibilidades de informar, cuando apenas hace unos meses se ha puesto en la calle a la mayor parte de la plantilla de Telemadrid, una televisión pública hundida en audiencia por haberla convertido en el departamento de agitación y propaganda de Esperanza Aguirre y sus mariachis.

Tienen que pedir explicaciones al Houdini español, Alberto Ruiz Gallardón, hábil escapista que fue quien nos embarcó en esto, gastándose el dinero que no tenía, sacándolo de colegios y de la ayuda que debemos a ancianos y discapacitados, para luego huir al Ministerio de Justicia, para llenar de olor a cirio, agua bendita y sotana rancia la vida sexual de las españolas. Tienen que exigirle que explique qué pajarito olímpico le dijo que esta vez sí. Tienen que obligarle con evidencias a confesar que lo suyo era sólo una cortina de humo, una zanahoria con la que tirar del burro electoral para seguir gastando nuestro dinero en edificios e instalaciones que se caerán de viejos antes de cumplir con su presunto fin.

Pero también hay que pedir explicaciones, y eso es cosa nuestra, a los medios de comunicación que han servido de comparsas a esta gran estafa, Medios de comunicación que, al igual que el PSOE, no han ejercido su principal cometido que es el de contar la verdad, criticando al poder si es necesario, por miedo a hacerse antipáticos ante una mayoría social mal informada -en parte por su culpa- que se creyó todas y cada una de las mentiras de Gallardón y compañía.

Tenemos, por ejemplo, que exigir que la SER explique en que basó su decisión de hacer el despliegue que hizo para la frustrada celebración de la consecución de los juegos para Madrid, en comandita con el Ayuntamiento, amén del inútil despliegue previsto para ayer domingo en la plaza del Callao, mientras sigue despidiendo a sus trabajadores, apoyándose en esa Reforma Laboral que tanto critica ante sus oyentes.

Ha llegado el momento de hacer las cuentas y de exigirlas. Y, si alguien deja de hacerlo, dejará clara su complicidad en la estafa.




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sábado, 7 de septiembre de 2013

COMO HACE CUATRO, COMO HACE OCHO AÑOS



A la hora en que esto escribo, los madrileños, más que obligados, nos disponemos a vivir nuestro tercer día de la marmota olímpica. Los medios de comunicación y los políticos locales llevan días repitiéndonos, como ya hicieran hace cuatro y ocho años, que somos los mejores y que, con los juegos, volverán el trabajo la prosperidad y la felicidad a nuestra ciudad. Y, por desgracia, como pude comprobar yo mismo, el mensaje funciona, porque hay quien ya está convencido y, como me dijo un amigo ayer, comiendo, da por bien empleado el dinero que nos ha costado llegar por tercera vez a la "final", unos cien millones de euros, si con ello, ese niño que sueña con presenciar o participar en los juegos que se celebrarían en Madrid, si esta tarde fuese la elegida. Sin caer en la cuenta de que, como yo mismo le recordé ese dinero estaría mejor empleado en ayudar a los niños que quieren ser médicos o ingenieros o, quizá, bioquímicos a cumplir sus sueños.

Dentro de unas horas, cuando, después de haber aflojado toda esa pasta -hablan de 100 millones de euros- en viajes, campañas publicitarias, cortometrajes publicitarios y agasajos -eufemismo de sobornos- a quienes tienen en sus manos el voto para decidir entre Madrid, Tokio o Estambul, después de recitar en un ridículo inglés, más propio de párvulos en una fiesta escolar de fin de curso, el texto escrito por uno o varios mercenarios de la pluma o el teclado y repetido una y mil veces en el largo vuelo transoceánico, en la habitación del hotel o en los ensayos generales con público, cantando las bondades de Madrid... cuando después de todo eso, resulte que comprobemos una vez más que nos tienen manía o, en el mejor -o quién sabe si peor- de los casos que, al final, organizar los juegos nos va a costar aún más dinero del que ya hemos puesto en éste y en los otros dos intentos frustrados,  que las grandes esperanzas puestas en un puesto de trabajo, temporal por definición, y la prosperidad prometida se desvanecen, como los sueños de los vecinos de Villar del Río, cuando los voluntarios comprueben que no van a ser espectadores privilegiados de los juegos, sino becarios explotados... cuando la incógnita se despeje, veremos que los que han ganado, los que podrían ganar con la designación serían los políticos que se colgarían una medalla conseguida en el tiempo de descuento y toda la tela de araña de intereses que se ha tejido en estos últimos doce años, se dice pronto, para agitar un señuelo con el que atraernos a su redil, distrayéndonos de lo que verdaderamente son: la alcaldesa del Madrid Arena y la ciudad cada vez más contaminada y sucia, con las tasas de recogida de basuras más cara, el presidente de la comunidad autónoma que más ha recortado en enseñanza y que malvende ilegalmente los hospitales o el presidente del gobierno que ha incumplido todos y cada uno de los puntos de su programa y ha elevado la cifra de parados hasta los seis millones de ciudadanos sin trabajo, muchos ya sin subsidio ni ayudas. Todos ellos, miembros del partido que predicaba austeridad y recortes mientras guardaba en bolsos y chaquetas los sobres con las dádivas de quienes ya se habrán llevado o, si no, se llevará alguna de las obras de los juegos.

Como hace cuatro años, como hace ocho años, pretenden hacernos creer que nos jugamos algo, cuando, en realidad, cuando nos lo jugamos y lo perdimos fue el 20 de noviembre de 2011 en las urnas.



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sábado, 15 de junio de 2013

¿NECESITAMOS LOS JUEGOS?

 
A través de nuestros televisores, en las últimas horas, nos hemos asomado a los graves incidentes ocurridos en la ciudad brasileña de Sao Paulo, donde la subida desproporcionada del transporte ha desatado las protestas de los ciudadanos a los que la policía, acostumbrada a la carta blanca ha sido incapaz de distinguir entre las bandas violentas que campan a sus anchas por las favelas y todos esos ciudadanos indignados que se quejaban de que se apriete a los más modestos, mientras se despilfarra en los fastos de la Copa Confederaciones de Fútbol que, desde ayer, se celebra en el país o en los del Campeonato del Mundo previsto para el año que viene.
Por desgracia, el de Brasil no es el único ejemplo de derroche en tiempos difíciles, derroche que se hace en nombre del prestigio y que, sin embargo, como hemos comprobado gracias a Urdangarín, lo que en realidad esconde es toda una serie de chanchullos, negocios turbios y tráfico de influencias, en la que hacen su agosto todo tipo de personajes sin escrúpulos, a cambio de un hipotético prestigio y de una serie de puestos de trabajo limitados en el tiempo que ni son tantos, ni bien remunerados. A cambio de este tipo de convocatorias se encarecen las ciudades y hay que renunciar al disfrute de las mismas por parte de los ciudadanos que pagan sus impuestos.
Que Madrid no está para fiestas está claro. No hay más que asomarse a sus calles y comprobar que, salvo las calles escaparate, desde hace meses no se reparan sus aceras ni se reasfaltan sus calzadas y que, cuando se hace, no siempre se emplean los materiales ni el personal más adecuado. Hay baches en algunos barrios de Madrid que forman ya parte del paisaje. Baches profundos, capaces de provocar serias averías a los vehículos, en los que, de poder aplicarles la datación por carbono catorce, nos llevaríamos alguna sorpresa. Y nadie los repara, de nada sirve denunciar su presencia, porque parece que los agentes y funcionarios que reciben las quejas conocen de antemano la respuesta que se va a dar a las mismas.
Da miedo pensar que un conductor poco avisado y amigo de la velocidad pierda el control de su vehículo y pueda acabar haciendo o haciéndose daño al subirse a una acara o chocar con otro vehículo. Eso, al margen del deterioro que diariamente sufren los autobuses municipales al pasar una y otra vez, hundiendo sus ruedas y a veces algo más en el bache de siempre. No me lo invento. Al igual que vosotros, podría hacer una lista documentada de más de una docena de esos baches.
Y no sólo en superficie. A veces, sobre todo cuando uno está sensibilizado, después de accidentes como el reciente de Buenos Aires, escucha ruidos extraños al coincidir sobre las ruedas del vagón, oye el chirrido del convoy al pasar por algunos tramos de vía y sufre de frenazos a destiempo o de paradas en las que se sobrepasa o no se alcanza el andén. Y esos ruidos, traqueteos, sacudidas o frenazos a destiempo le hacen pensar a un alma susceptible como la mía que, pese a viajar en uno de los transportes urbanos más caros  del mundo en relación con el salario mínimo vigente, el material no está mantenido adecuadamente y puede dar lugar a situaciones de peligro.
Hoy la alcaldesa Botella está con todo su séquito habitual en Lausana para convencer de la bondad del proyecto Madrid 2020 a los miembros del comité Olímpico Internacional. Otro viajecito de la alcaldesa cuando la ciudad carece de piscinas, campos de fútbol, instalaciones deportivas y, lo que es peor, personal para ayudar a los miles de ancianos y ancianas que viven solo, muchas veces en buhardillas y pisos altos sin ascensor, cuando demasiados niños madrileños pasan hambre o tienen que caminar largas distancias para acudir a un colegio porque el de su barrio nunca ha existido o lo han cerrado.
Hoy he visto en EL PAÍS una fotografía de los incidentes de Sao Paulo en la que una joven sostiene una pancarta que dice ¿Es la Copa una prioridad para Brasil? Y yo me pregunto si lo son los juegos para Madrid.
 
 
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lunes, 18 de marzo de 2013

EL JUEGO DE LOS JUEGOS

 
Ya han llegado, ya están en Madrid en régimen de pensión completa los examinadores enviados por el Comité Olímpico Internacional, que van a evaluar los méritos de la candidatura presentada por la ciudad para celebrar los juegos de 2020. Son los adelantados del COI, esa entidad que sospechamos y cada vez más sabemos plagada de Urdangarines y Corinas, encargada de dar y quitar ilusiones a los humildes e inocentes y de facilitar negocios a quienes saben cómo y con qué sacar el jugo a un sueño colectivo, un sueño que, por otra parte, las más de las veces ha sido interesadamente inducido. 
Después de aquellas manos de colorines que, al final, sólo sirvieron para que el faraón Gallardón inaugurará su pirámide de Cibeles, o de esa Puerta de Alcalá que quedó marcada para siempre por aquella cursilada del caballo papal de aquellas Jornadas de la Juventud Católica en la que Madrid, ya en plena crisis, se gastó con un propósito sectario y partidista el dinero que debería haber empleado en socorrer a los madrileños más necesitados, se les ha ocurrido usar como logo de la candidatura un par de manos dirigidas al cielo, no sé sin oración, que, bien mirado es polivalente, porque si así, tal cual,  simboliza el sueño olímpico, dado la vuelta puede simbolizar el negocio de quienes pretenden y harán negocio a manos llenas a costa de ese sueño, dejando la ruina y las deudas para los madrileños.
Afortunadamente, tengo muy claro que la cosa no va a ir más allá de septiembre, cuando, en ese ya bendito y pontifical Buenos Aires, se decida qué ciudad acabará llevándose el aparente premio de organizar los últimos juegos de la primera década del siglo XXI.
Frente a ese juego optimista en el que también se revuelcan los medios de comunicación, incluso los aparentemente más serios, creo que los datos no invitan al optimismo. Madrid es una ciudad... y una comunidad que niega a sus niños, sus ancianos, sus enfermos, sus dependientes y sus deportistas de base el pan y la sal de la educación, la sanidad, las residencias en que les cuiden y las instalaciones en que practicar el deporte de base del que surgen los que acaban triunfando en los estadios, las piscinas y las pistas. Madrid es una ciudad que atraviesa una grave crisis dentro de un país en crisis, con un cuarto de su población activa en paro, cifra que se eleva hasta uno de cada dos, cuando hablamos de jóvenes, con unas instalaciones previstas para los juegos puestas casi todas en entredicho por su chapucera construcción y por su temeraria manera de entender la seguridad de los asistentes. Madrid, y España, tienen también en entredicho al partido que gobierna, especialmente por facilidad con que se les pega a las manos -las del logotipo- el dinero público, y más si ese dinero está destinado a organizar cualquier acontecimiento.
Si nuestros gobernantes fuesen decentes, hace tiempo que habrían desistido, pero los juegos, el juego de los juegos, es el único señuelo que les queda para hipnotizar y confundir a los ciudadanos. De momento les sirve para acusar de antipatriota y antimadrileñismo a cualquiera que estos días pretenda expresar, mediante manifestaciones o huelgas, su disconformidad con tanta injusticia y tanto recorte.  Para entendernos, Madrid 2020 y sucesivos es a Ana Botella y compañía, lo que la independencia es a Artur Mas. Y, atención, que me refiero a Artur Mas y no a los catalanes.
 
 
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jueves, 24 de mayo de 2012

¡Y DALE MOLINO!


Eso de ¡y dale molino! lo decía a menudo uno de los maestros e mi infancia. Era su frase anatema para mostrar su enfado cuando nos empeñábamos en caer una y otra vez en los mismos errores. Por eso, y recordando aquellos tiempos, n viene a la memoria la frase para expresar lo que siento ante el júbilo desproporcionado que parece haberse desatado desde que, anoche, se conociese que la pertinaz candidatura de Madrid a la organización de los Juegos Olímpicos de 2020 ha dejado fuera, junto a Tokio y Estambul, a la ardiente Doha en otoño y a la aún tercermundista Bakú.
No me gusta volver a empezar. Me deprime esa especie de entontecimiento colectivo que embarga a unos y otros en esta ciudad que, en mi opinión, no necesita de hipotéticos juegos, sino de realidades sensatas. La experiencia me dice que, una vez más, la candidatura se va a convertir en un juguete en manos de los políticos de turno, con la que engatusar a los ciudadanos, mientras se les niega el pan de la justicia social y la solidaridad.
Durante demasiados años hemos tenido un alcalde ocupado en coquetear con el COI, uno de los entes más corruptos que existen, a la búsqueda de una franquicia -los juegos no son otra cosa- que cada vez reporta menos beneficios al que la obtiene, a cambio de inversiones muchimillonarias que no siempre revierten en los ciudadanos. Al final, vamos a quedarnos como esos pobres benditos que montan una papelería o una tintorería bajo una franquicia y, después de dejarse sus ahorros en la instalación, apenas duran uno o dos años con el cierre levantado.
Tampoco me gusta un pelo sentirme obligado a celebrar "éxitos" como el de ayer, por temor a quedar estigmatizado como traidor, antipatriota o aguafiestas. Creo que el dinero de los madrileños estaría mejor invertido, si lo estuviesen en dotaciones y servicios que cubriesen sus necesidades reales.
Los Juegos Olímpicos ya no son lo que fueron. Creo que los últimos grandes juegos fueron los de Barcelona, puesto que sirvieron para transformar una ciudad ahogada por su balcón al mar que recuperó tras la enorme transformación ciudadana que, en Madrid no es posible ni necesaria. Aún así, el sueño olímpico de Barcelona duró lo que duró, desde luego mucho más que las facturas que aún pagan sus vecinos.
De momento y hasta que, dentro de año y medio, se decida definitivamente qué ciudad organizará los juegos dentro de ocho años, nos esperan meses de caras excursiones municipales por todo el mundo, prebendas y agasajos a personajes de la catadura de Alberto de Mónaco, millones de euros invertidos en campañas destinadas, no a convencer al COI, sino a hacernos creer a los madrileños que la casa ya está hecha, para, luego, caer sin paracaídas sobre la dura realidad, dando por bueno tanto derroche, como si nada hubiera pasado.
En efecto, Doha y Bakú han quedado fuera de la carrera hacia los juegos de 2020 -como veis, se me ha pegado la épica de la cosa- y mientras nosotros buscamos cómo salir adelante y llegar a final de mes, la alcaldesa y sus mariachis, Jaime Lissavetzky, portavoz socialista en el ayuntamiento, incluido, a lo suyo que es levantar espejismos delante de quienes, cada cuatro años, les votan,
¡Y dale molino!


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