jueves, 7 de marzo de 2013

SANIDAD MORTAL

 
 

Quien no ha pasado por el trance de ingresar "por urgencias" en un hospital no es consciente de como la eficacia del personal sanitario que las atiende, que es mucha, se estrella contra el muro de una falta de medios y una burocracia que acaba por estrangularla y colapsarla. Las salas de espera, primero y los "boxes" de preingreso, después, tienen una capacidad limitada y, a veces, hay que elegir lo vital frente a lo grave para dar salida a los pacientes y esa elección no siempre es la adecuada.

Todos hemos podido ver en los últimos días las imágenes del caos generado en la Residencia Juan Canalejo de A Coruña las, donde las urgencias se colapsaron hasta el punto de que las ambulancias se vieron obligadas a "hacer cola" para recuperar las camillas en las que habían llevado a los enfermos y que no les eran devueltas, dada la falta de camas para ingresarlos. El caso de la Juan Canalejo es quizá el más "vistoso", el más fácil de trasladar a un telediario, porque de salas de espera abarrotadas y de pasillos usados como salas de ingreso, repletos de camas con enfermos, los ciudadanos ya estamos curados de espanto. Yo mismo he sido uno de esos "encamados" durante horas en un pasillo hasta que fui instalado en una habitación que, naturalmente, ni siquiera era la del servicio que me correspondía.

Pues bien, eso que ya pasaba hace años, cuando las tijeras de la maldita crisis aun no habían entrado en nuestras carnes, se vive ahora multiplicado, porque, no sólo se han recortad los servicios, sino que la pérdida de poder adquisitivo de los mayores y el pago de las muchas medicinas que consumen les están llevando a una supervivencia precaria que, demasiadas veces, da con sus huesos en el hospital, casi siempre en un servicio de urgencias saturado.

El pasado martes una de estas personas mayores, concretamente una anciana, murió tras pasar varias horas en la sala de espera de las urgencias del Hospital Xeral de Vigo. No en la sala de urgencias, como podría ser lógico, sino en la sala de espera, esperando el turno para ser "valorada", y en medio de quienes, como ella, esperaban ser atendidos. La dirección del hospital que asegura haber abierto una investigación sobre el asunto, pero, al tiempo, se guarda las espaldas poniendo como excusa la punta de ingresos achacable a la actual epidemia de gripe. "Paparruchas" que diría el Mr. Scrooge de Dickens, un personaje que, desgraciadamente, está cobrando plena actualidad, como si las epidemias de gripe no fuesen habituales en estas épocas del año y acaben teniendo consecuencias como esta desgraciada muerte.

En este asunto, con estos dos casos, que podrían darse en cualquiera de los hospitales públicos españoles, volvemos a lo de siempre. Y lo de siempre es que la salud no puede tratarse como un bien de consumo sometido a precios de mercado y que se puede consumir en mayor o menor cantidad. Se está enfermo o se está sano y el derecho a ser atendido cuando se ha perdido la salud no cotiza en bolsa. Del mismo modo, un hospital no puede gestionarse como se gestionarían una fábrica o un comercio. La buena gestión debe ser el objetivo y el derroche el mal a evitar, pero nadie que persiga el lucro, como hacen todas estas empresas que revolotean como buitres sobre nuestros hospitales y centros de salud y que reparten su carroña con quienes les abren las puertas de los mismos, nadie que vea la sanidad pública como una oportunidad de negocio va a garantizar nuestra salud.

Lo acaba de dejar claro al Unión General de Trabajadores que ha presentado un informe sobre el modelo valenciano de gestión hospitalaria -el tan cacareado y fracasado modelo Alzira- que según los datos que maneja el sindicato, desde su implantación, ha tenido un coste directamente atribuible al mismo de más de dos mil vidas humanas por año en muertes prematuras de pacientes. Y no sólo eso, porque haciendo cuentas ha resultado tan caro o más que el tan denostado, por el PP, modelo de gestión cien por cien pública.

Los recortes, y más si son en sanidad, matan.
 
 

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miércoles, 6 de marzo de 2013

CAUDILLOS

 
 
Quizá porque crecí bajo una dictadura, tolero mal a los caudillos. No soy capaz de sobreponer las ventajas, que alguna tendrán, a la asfixiante falta de libertad que generan. Anoche, cuando escuché en la radio las palabras del delfín de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, anunciando su muerte, no pude sino recordar aquellas otras del siniestro Carlos Arias Navarro, cuando aquella fría mañana anunció entre pucheros la muerte de quien, a lo largo de casi cuatro décadas, mantuvo su bota militar, transformada luego en zapato de burócrata, sobre el espinazo de los españoles.
Ya sé que tienen poco que ver uno y otro. Ya sé que aunque los dos fueron militares, uno de casta y otro nacido del pueblo, y los dos golpistas, Franco se sublevó contra la bandera que juró defender y lo hizo para devolver el poder a los oligarcas, mientras el otro, en principio, lo hizo para acabar con la pobreza endémica de su pueblo. Lo sé y no querría olvidarlo, pero uno y otro acabaron cultivando los vicios comunes que identifican a los caudillos, sea cual sea el color de sus sueños.
Hugo Chávez conoció la cárcel como castigo a aquella asonada frustrada con la que quiso cambiar el destino de Venezuela y aquellos dos años de prisión le dieron popularidad y la pátina de caudillo de los pobres que le acompañarían ya para siempre. Con ese liderazgo ganó las elecciones a una clase dirigente dividida y torpe que quiso acabar con él mediante un golpe "blando" que, cuando escapo de prisión, rescatado por sus paracaidistas, acabó por consagrarlo como héroe popular.
Evidentemente, si me dan a elegir entre uno y otro caudillo, me quedo con el venezolano. Pero sólo por un rato, dependo demasiado de la libertad -para hablar, para escribir, para moverme, para escoger a mis amigos- como para cambiarla por un cierto progreso. Dicen que también Franco trajo a España el bienestar que propició el nacimiento de las clases medias, aunque, yo, más bien creo que fueron los tiempos y la necesidad que occidente tenía de nuestras playas, nuestra mano de obra y nuestras bases, pero fue mucho más negro todo lo demás que nos dejó y nos costó demasiado librarnos, si es que nos hemos librado, de todo aquello.
Dicen que Chávez fue el instrumento que sirvió a millones de venezolanos para salir de la pobreza. Y estoy seguro de que ha sido así. Pero también es cierto que ese mismo pueblo que recibió de un Hugo Chávez cabalgando a lomos del mejor momento de los mercados, para su petróleo primero y para la soja ahora también, se sirvió de ese pueblo para perpetuarse en el poder, intimidando a sus rivales y modificando las leyes y la constitución cuantas veces lo consideró oportuno. Una generosidad quizá interesada que se extendió a otros países de la zona, que le consagraron como líder de la región, a cambio de un petróleo que exportaba con precios políticos, a costa, incluso, del bienestar de los venezolanos.
El de Chávez ha sido un liderazgo muy fuerte y como todos los caudillos, Artur Mas incluido, acabó envolviéndose en los símbolos, haciéndose pasar por Venezuela y haciendo pasar a Venezuela por él.
Verle envuelto en la bandera, implorando a Jesucristo para afrontar su enfermedad, cuando aún podía hacerlo, me producía escalofríos. El de Chávez ha sido un liderazgo muy carismático y fuerte y va a resultar muy difícil que lo herede el chavismo, por muy "atado y bien atado" que haya pretendido dejarlo, al tratar de traspasar carisma y liderazgo a Maduro. No creo que vaya a haber chavismo sin Chávez y sólo deseo que la huella del caudillo que quiso ser un nuevo Bolívar sirva para que los rescatados de la pobreza no vuelvan a ella y para que la oposición recuerde que nada es posible sin el pueblo, por muy humilde, inculto y despreciable que lo consideren.
Ha muerto un caudillo y ha muerto como mueren los caudillos, como murió Franco, solo y secuestrado por su propia obra, deseando quizá la paz y la tranquilidad que hubiese tenido en ese tránsito, de no haberse erigido en la única salvación de su pueblo. Ahora le debería llegar el turno al pueblo en libertad.
 
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martes, 5 de marzo de 2013

MALOS TIEMPOS PARA LA LÓGICA

 
Pensaba ayer en voz alta en Facebook, a propósito de la más que probable destitución del fiscal jefe de Cataluña, que mal están las cosas cuando se el discurso está reñido con la lógica y se castiga todo aquello que se aparta de ese discurso, aunque sea lógico, porque lógicas fueron las palabras de Martín Rodríguez Sol, un conservador nada catalanista, reclamando un cauce para la expresión de los deseos de los catalanes respecto a su futuro.
Pero corren malos tiempos para la lógica. Lo que prima es el retorcimiento de la verdad y a veces su simple ocultación, para sostener actitudes que nada tienen que ver con la lógica y mucho menos con la lógica que exige el servicio del bien común. Uno puede llegar a pensar que el Fiscal General del Estado y el gobierno que le nombró se equivocan al cesar al fiscal de Cataluña por haber expresado un razonamiento tan lógico, pero creer tal cosa sería demasiado simple, porque al gobierno no le interesa -más bien al contrario- solucionar el "problema" catalán.
Saben de sobra que Cataluña, con el desmoronamiento de la confianza de los electores en el PSC, ha sido, no ya la tumba, sino la losa que encierra, quién sabe por cuánto tiempo, las aspiraciones de los socialistas por volver a ser un partido de gobierno y fomentan cualquier cosa que dificulte el hallazgo de una salida razonada y razonable al conflicto soberanista y todo lo que avive el fuego que consume ahora los lazos entre los socialistas catalanes y el PSOE.
Bien es verdad que soy de los que piensan que, en todo lo que tenga que ver con el nacionalismo que tiene que ver claramente con los sentimientos, el remedio esta en aquel viejo tratamiento que recomienda "tranquilidad y buenos alimentos", porque, cuando los, sentimientos están a flor de piel, lo que importa no es tanto como son las cosas sino como se perciben, y hurgar en la herida no hace sino enconar el desapego y el sentimiento de incomprensión y victimismo que, a veces con toda la razón, tienen los que se sienten catalanes antes que españoles.
Pero no es sólo en este asunto y no es sólo en España donde la lógica anda de capa caída. No hay más que ver el espectáculo de una Venezuela huérfana de líder, con un Chávez condenado a no morir en paz, agonizante y "aferrado a Cristo", pendiente -imagino que más el aparato chavista que él mismo- de un milagro que les permita jugar una nueva prórroga, ahora que esta parece agotarse. Lo digo, porque todo lo que tiene que ver con la utilización de Chávez y su enfermedad para ganar aquellas elecciones a las que no debió presentarse y retrasar otras que cerrarían, aunque quizá no al gusto de los chavistas, la crisis abierta, todo eso -insisto- tiene muy poco que ver con la lógica y mucho con el uso interesado del fanatismo fomentado desde el poder.
Y, ya parar terminar, una pregunta ¿No sería lógico que los cardenales con voto en el cónclave, los que tienen sobre sí, la responsabilidad de nombrar al nuevo papa -monarca absoluto donde los haya- conociesen antes de hacerlo toda la basura que esconden los pasillos de la corte vaticana? ¿No resulta cuando menos absurdo que se les encomiende la responsabilidad de hacerlo sin darle todos los datos?
A los ojos de los hombres es del todo ilógico. Otra cosa es lo que piensen quienes parecen dispuestos a mantener bajo llave tanta miseria.
Y, mientras tanto, al gobierno de España se le ha comido la lengua un gato que atiende por Bárcenas o, coloquialmente, por Luis el cabrón.
 
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lunes, 4 de marzo de 2013

EL MATRIMONIO, EL MINISTRO Y LAS CAMADAS

 
 
Anoche, en una cena de despedida, me reencontré con viejos amigos. A algunos los veo o hablo con ellos con una cierta regularidad, a otros, por razones de distancia, llevaba ya unos cuantos años sin verlos y me apetecía el reencuentro. Si os cuento esto, es porque, entre todos, con edades que iban desde la cuarentena a los sesenta, configurábamos el mapa de la sociedad española actual. Éramos un separado, una divorciada con dos hijos, un matrimonio con más de treinta años de antigüedad y sin hijos, dos casados, ambos con hijos, que, por razones que no vienen al caso acudieron solos a la cena, un matrimonio de homosexuales y un soltero, también homosexual. Nos sentamos a la mesa dos mujeres y seis hombres, de modelos familiares tan distintos como ya os he descrito que, entre todos, habíamos aportado siete hijos, "machos y hembras", para la supervivencia de la especie.  Queiro dejar sentado, antes de nada, que con cualquiera de ellos me iría tranquilo al fin del mundo.
Justo antes de salir de casa para la cena había leído con el cabreo que podéis imaginar lo dicho por el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, de nuevo en contra, no ya del matrimonio entre personas, y esto es lo grave, sino en contra de una ley aprobada por el parlamento, refrendada por el Tribunal Constitucional y que, por si fuera poco, como se ha comprobado en numerosas encuestas, cuenta con el respaldo de la gran mayoría de los ciudadanos.
Fue precisamente a raíz de que el Constitucional se pronunciase a favor de la ley, tumbando así el recurso que había presentado el PP en contra de la misma, cuando este señor, que lleva en política toda la vida t que fue gobernador civil con apenas treinta años, dijo aquello tan chirriante, no para el ciudadano Jorge Fernández Díaz, sino para el ministro que es del gobierno democrático de un país que, como tantos otros, se sostiene sobre la separación de poderes y el respeto a las legalidad vigente, de que las leyes y lo que diga el Tribunal Constitucional son una cosa, y las creencias, otra.
Nadie tiene la culpa de que el hoy ministro viese la luz tras un viaje a Las Vegas. Cuenta con todos mis respetos para esas creencias -bastante extremas, por cierto- que no comparto. Pero también él, y más como ministro que es del gobierno de "todos" los españoles, debe respetar las leyes que nos hemos dado.
Como en aquella ocasión se le dio mucho y duro por apelar a sus propias creencias para justificar su repulsa a la ley, en su nuevo pronunciamiento ha querido teñir su pensamiento de racionalidad y, la verdad, creo que lo ha dejado peor, porque apelar a la supervivencia de la especie para justificar la exclusividad del matrimonio "como dios manda" es, no sólo ofensivo, sino, además, ridículo, porque qué hacen curas, monjas y frailes negando su potencial descendencia al mundo. Que hace el papa, el más absoluto de los monarcas europeos, abdicando de su trono sin dejar heredero.
Mucho me temo que el concepto que unidad familiar que tiene este señor tan espiritual que cada cierto tiempo ordena rodear, supuestamente para protegerlos, el Congreso de los Diputados y la sede de su partido, tiene más que ver con la ganadería que con ese bien que deberían perseguir los gobernantes y que no es otro que el bienestar y la felicidad de los ciudadanos. Me parece que, en esto del matrimonio, se comporta como los criadores de perros, a los que lo que menos les importa es la felicidad de su perro o su perra y, lo que más, el beneficio económico o social que va a sacar de ellos.
Si este señor cree realmente lo que dice, no debiera tardar ni un minuto en presentar la dimisión. Si no lo hace, es porque en lo que no cree es en la defensa de las leyes del Estado al que dice servir.

domingo, 3 de marzo de 2013

GRANDOLA Y HESSEL

 
 
El ser humano, no sé si siempre, pero sí ahora, vive de simplificaciones, huye de lo complicado, le gustan las cosas masticadas y fáciles de digerir y, por eso, es fácil de conformar, dicho en el sentido de que lo fácil es darle forma. Los gobernantes y los medios, a veces juntos, a veces por separado, se han especializado en incorporar al sistema, a su sistema, limándole las aristas y enquistándolo, todo aquello en lo que ve peligro. Convirtiendo en símbolos vacíos, susceptibles de ser impresos en camisetas, rostros, poemas y consignas que algún día tuvieron un significado. Por ejemplo ese místico rostro del Che Guevara -nada admirados por mí, por cierto- reproducido hasta la saciedad en posters y camisetas que acaba llevando gente que ya no sabe quién fue ni qué hizo.
Me viene todo esto a la cabeza ahora que oigo hablar de "Grandola Vila Morena", la hermosa canción de José Afonso, como himno de la revolución de los claveles. Algo que no es exactamente así, ya que la canción, compuesta nueve años antes como homenaje a la Sociedad Musical Grandolense, centro cultural de una pequeña ciudad, al sur de Lisboa, que impresionó al cantautor por el nivel de sus actividades en pro de la Cultura, así, con mayúsculas.
"Grandola Vila Morena" no fue un himno, sólo fue una hermosa contraseña, la canción que varios oficiales, descontentos con la dictadura portuguesa, escucharon al cierre de un concierto de Amália Rodrigues. Un mes después, cuando todo estuvo punto para marchar sobre Lisboa, la canción, en la versión del autor, se convirtió en contraseña, ya que, su emisión por Radio Renascença la madrugada del 25 de abril de 1974 fue la señal que puso en marcha a las unidades rebeldes camino de la capital.
Qué quiero decir con esto. Simplemente, que estamos necesitados, más en tiempos como estos, de símbolos que nos identifiquen. Por eso quienes nos dominan, quienes, unas veces con sutileza y otras no, deciden por nosotros -el consumismo no es más que una sutil forma de esclavitud- y satisfacen nuestros deseos como placebos.
Acabamos de verlo con la muerte de Stéphane Hessel. Durante días hemos escuchado que el filósofo franco alemán fue el ideólogo del 15-M, algo difícilmente sostenible, si tenemos en cuenta que Hessel apoyo, figurando en ellas, las listas de François Hollande en las últimas elecciones. El 15-M fue posible porque ya estaba allí y porque, un movimiento en falso, muy mal calculado, por cierto, de las autoridades locales madrileñas, del PP, también por cierto, forzó el desalojo de los primeros y escasos acampados de la madrugada del 16, provocando, a las pocas horas, la toma real de la plaza de la Puerta del Sol.
Ahora, casi cuarenta años después, aquel "Grandola Vila Morena", desde que hace días se cantó en la Asamblea ante el primer ministro Passos Coelho, ha vuelto a despertar a los portugueses cansados de esta otra dictadura que no manda a los jóvenes a morir a las colonias, pero tampoco les deja vivir en su país. No es un himno, es, espero que lo sea, otra vez contraseña. La misma que ayer volvió a sacar la calle a cientos de miles de portugueses cansados de purgar los pecados de otros. También espero que cientos de miles de españoles se incorporen a quienes vieron en el "Indignaos" de Hessel el reflejo de lo que no es otra cosa que su pensamiento y vuelvan a tomar la iniciativa, esta vez dándole salida y sin abandonarla.
 
 
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sábado, 2 de marzo de 2013

NERVIOS EN GÉNOVA-13


 
 

No podía ser de otro modo. Antes o después en los pasillos y despachos de la sede nacional del PP tenían que volar los cuchillos y ya vuelan, porque, y es algo que pasa hasta en las mejores familias, cuando se trata de asumir responsabilidades, de comerse los marrones, vamos, son pocos o ninguno los que dan un paso al frente.

Si uno está tan aburrido como para pararse a contemplar alguna que otra tertulia televisiva, no las de la caverna mediática claro, y tiene la precaución de colocar a cada contertulio una etiqueta que recoja la nómina de sus amistades, sus fuentes más probables y sus propias tendencias, que no siempre son coincidentes, puede llegar a entender, en medio de tanta insinuación, tantas medias palabras y todos los "presuntamente" que pueda imaginar, algo de lo que puede estar pasando.

Ayer me pasó, mientras hacía tiempo para la comida semanal con mis amigos, me hipnotizó una, en la que se hablaba de las amistades de Luis Bárcenas en el PP -su tocayo, el hijo de Fraga, y el mío, el eterno perdedor, Arenas- además de señalar el odio africano que enfrenta desde hace tiempo a María Dolores de Cospedal con el citado Arenas, que también ocupó, como ella, la secretaría general del partido, precisamente en los años clave de la entronización de Bárcenas como tesorero del partido.

Todo son, como digo, rumores, interesados, claro, medias verdades e insidias que no hacen sino engordar la bola de nieve, alud más bien, que ha caído sobre el PP desde que aparecieron las cuentas del esquiador en Suiza.

Como si lo que no es más que una metáfora se hubiese hecho realidad, en la sede de Génova, 13, andan braceando a la desesperada para sacar la cabeza fuera de tanto como les ha caído encima y boqueando para respirar bajo esa montaña de trapos sucios. Y, como siempre ocurre, entre tanto braceo más de uno se lleva un manotazo que no esperaba y el que asoma la cabeza, lo consigue a base de pisar la de algún que otro compañero. En esas estamos, en el peor de los "sálvese quien pueda", lejos ya de aquella piña que apoyaba a su presidente Rajoy, cuando dijo aquello tan gallego de que nadie "va a poder demostrar de Bárcenas..." y que, ahora, no sólo va camino de demostrarse, sino de complicar mucho más la situación de don Luis y el que, hasta hace dos meses fuera su partido.

Ayer supimos a media mañana que Alberto Durán, asesor jurídico del PP, había sido denunciado por Bárcenas ante la Policía, por haber "reventado" la puerta del "sitio" (Cospedal dixit) que el tesorero tenía "para sus cosas" en la sede de Génova, siguiendo las órdenes de María Dolores de Cospedal.

Fue por ello que la policía se presentó allí para citar a Durán en comisaría y llevar a cabo una inspección ocular que fue interrumpida porque uno de los jefes policiales no la consideró oportuna.

¡Manda carajo! que diría aquel. A qué esperan para hacerla, a que barran, cambien la cerradura y abrillanten los pomos y los muebles a costa de cualquier indicio que hubiese quedado.

Lo que está claro es que Bárcenas aún conserva amigos en el partido porque, si no, quién le informó de la tropelía y le contó que habían reventado la puerta y le habán “levantado” dos ordenadores de su propiedad. Tal parece como si en el Partido Popular hubiesen llamado al señor Lobo de "Pulp Fiction" para borrar cualquier huella del crimen si es que lo hubo. Algo que encaja perfectamente con esa batería de acciones legales que al final sólo han quedado en salvas, porque es de suponer que si se acusa a alguien de mentir y ofender hay que darle la oportunidad legal de defenderse y ya se sabe que, cuando se remueve, la mierda huele. Quizá también por eso nunca se llevarán a cabo las tan cacareadas auditorías externas de las cuentas del partido, ahora que se ha encargado de airearlas el tan malicioso como eficaz Bárcenas.

Vamos, que en la calle Génova están de los nervios. Y no me extraña.
 
 
 

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viernes, 1 de marzo de 2013

LA PASIÓN DE COSPEDAL

 
No sé por qué, pero me temo que los tiempos que se avecinan no van a ser buenos para la secretaria general del PP. Es más, creo que está a punto de entrar en su particular semana de pasión. Y lo creo porque los burdos bandazos, las mentiras de colegiala, con que ha tratado de esquivar la oleada de evidencias que, con la frialdad de un chantajista que conoce bien su papel, ha ido colocando Bárcenas en su camino, han acabado por dejar al partido desarbolado y de costado frente a la gran ola que puede acabar por hundirlo.
A María Dolores de Cospedal, como a los entrenadores que pierden demasiados puntos en casa, le está llegando su hora o, como vulgarmente se dice, le huele el trasero a pólvora y es que, con su estrategia, si es que la ha tenido, ha conseguido poner en evidencia a todo aquel que, con mayor o menor soltura, con mayor o menor frecuencia, ha bajado con el capote de brega para pararle los toros al maestro, escondido como sólo él sabe hacerlo, tras la barrera.
Cospedal se ha equivocado. Pero el primer error fue del propio partido, con su presidente al frente, que, solo o en compañía de otros, llegó a pensar que abatiendo al juez Garzón, arrojándole a las tinieblas, dejándole fuera de la carrera judicial y desactivando aquellas escuchas ordenadas por él, el caso Gürtel iba a tomar el rumbo que tomo el tristemente célebre caso Naseiro. Hay que recordar que, en aquellas escuchas, los por entonces principales capos de la Gürtel informaban a sus abogados sobre determinadas cuentas secretas y que, con los datos obtenidos en ellas, la instrucción hubiese avanzado con mucha más soltura.
Tampoco contó el Partido Popular con que la banca suiza iba a dejar de ser el bastión oscuro, refugio de dictadores y malandrines que hasta entonces había sido ni con que aquella rogatoria solicitada por Garzón en sus últimos días en la Audiencia, con el tiempo, iba a dar sus frutos, localizando el dinero del tesorero viajero, desactivando y poniendo en evidencia toda la estrategia.
Uno podría ponerse tierno y llegar a pensar que la pobrecita Cospedal se encontró en la Secretaría General del PP con un marrón, éste, que no era suyo. Pero uno es ya perro viejo y se enternece lo justo, porque ha visto muchas cosas y sabe que nadie está tan arriba si no quiere estar. Así que, como ella mismo dijo no hace mucho, que cada palo aguante su vela y cargue con las consecuencias de lo que ha hecho o dejado de hacer.
Porque, no nos engañemos, la característica principal de la señora Cospedal no es la zafiedad, ni la cobardía que la lleva a colocarse delante de una sala llena de periodistas amordazados, en ruedas de prensas "simuladas" para decir sólo aquello que quiere decir y lleva escrito. Tampoco la torpeza y la escasa facilidad de palabra, ni ese falso aplomo con que se enfrenta a las cámaras. El que, aunque quizá no sea el más más evidente, sí es el rasgo más evidente de su personalidad, es su tremenda ambición. Esa ambición que la lleva a acumular cargos y sueldos para sí y sus familiares, más allá incluso de lo razonable, hasta el punto de hacerle perder el control del partido o de la comunidad autónoma que gobierna.
Ahora, quizá dentro de unos días, la incomodidad teñida incluso de indignación que están viviendo quienes todavía conservan su dignidad en las filas del partido, que también los hay, se va a convertir en necesidad de relevo al frente de la secretaría general. Alfonso Alonso, portavoz popular en el Congreso y uno de los personajes con mejor imagen del partido ya ha dado la señal de alarma. El resto es cuestión de tiempo. Pero sabemos ya tanto y tan feo del funcionamiento reciente del partido que no bastará con la amputación, sino que para sanearlo van a ser necesarias nuevas amputaciones y una drástica cauterización de las heridas abiertas.
Sin embargo, el problema, el gran problema es otro. El gran problema es Mariano Rajoy, que nombró tesorero a Bárcenas, promovió a Cospedal a la Secretaría General, presuntamente cobró en esos fatídicos sobres, ordenó silencio sobre el caso y, como siempre, pensando en que la tranquilidad caería como fruta madura, ha dejado que se pudra en el árbol, mientras las garras de Bárcenas oprimen sádicamente sus partes nobles.
 
 
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