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lunes, 4 de marzo de 2013

EL MATRIMONIO, EL MINISTRO Y LAS CAMADAS

 
 
Anoche, en una cena de despedida, me reencontré con viejos amigos. A algunos los veo o hablo con ellos con una cierta regularidad, a otros, por razones de distancia, llevaba ya unos cuantos años sin verlos y me apetecía el reencuentro. Si os cuento esto, es porque, entre todos, con edades que iban desde la cuarentena a los sesenta, configurábamos el mapa de la sociedad española actual. Éramos un separado, una divorciada con dos hijos, un matrimonio con más de treinta años de antigüedad y sin hijos, dos casados, ambos con hijos, que, por razones que no vienen al caso acudieron solos a la cena, un matrimonio de homosexuales y un soltero, también homosexual. Nos sentamos a la mesa dos mujeres y seis hombres, de modelos familiares tan distintos como ya os he descrito que, entre todos, habíamos aportado siete hijos, "machos y hembras", para la supervivencia de la especie.  Queiro dejar sentado, antes de nada, que con cualquiera de ellos me iría tranquilo al fin del mundo.
Justo antes de salir de casa para la cena había leído con el cabreo que podéis imaginar lo dicho por el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, de nuevo en contra, no ya del matrimonio entre personas, y esto es lo grave, sino en contra de una ley aprobada por el parlamento, refrendada por el Tribunal Constitucional y que, por si fuera poco, como se ha comprobado en numerosas encuestas, cuenta con el respaldo de la gran mayoría de los ciudadanos.
Fue precisamente a raíz de que el Constitucional se pronunciase a favor de la ley, tumbando así el recurso que había presentado el PP en contra de la misma, cuando este señor, que lleva en política toda la vida t que fue gobernador civil con apenas treinta años, dijo aquello tan chirriante, no para el ciudadano Jorge Fernández Díaz, sino para el ministro que es del gobierno democrático de un país que, como tantos otros, se sostiene sobre la separación de poderes y el respeto a las legalidad vigente, de que las leyes y lo que diga el Tribunal Constitucional son una cosa, y las creencias, otra.
Nadie tiene la culpa de que el hoy ministro viese la luz tras un viaje a Las Vegas. Cuenta con todos mis respetos para esas creencias -bastante extremas, por cierto- que no comparto. Pero también él, y más como ministro que es del gobierno de "todos" los españoles, debe respetar las leyes que nos hemos dado.
Como en aquella ocasión se le dio mucho y duro por apelar a sus propias creencias para justificar su repulsa a la ley, en su nuevo pronunciamiento ha querido teñir su pensamiento de racionalidad y, la verdad, creo que lo ha dejado peor, porque apelar a la supervivencia de la especie para justificar la exclusividad del matrimonio "como dios manda" es, no sólo ofensivo, sino, además, ridículo, porque qué hacen curas, monjas y frailes negando su potencial descendencia al mundo. Que hace el papa, el más absoluto de los monarcas europeos, abdicando de su trono sin dejar heredero.
Mucho me temo que el concepto que unidad familiar que tiene este señor tan espiritual que cada cierto tiempo ordena rodear, supuestamente para protegerlos, el Congreso de los Diputados y la sede de su partido, tiene más que ver con la ganadería que con ese bien que deberían perseguir los gobernantes y que no es otro que el bienestar y la felicidad de los ciudadanos. Me parece que, en esto del matrimonio, se comporta como los criadores de perros, a los que lo que menos les importa es la felicidad de su perro o su perra y, lo que más, el beneficio económico o social que va a sacar de ellos.
Si este señor cree realmente lo que dice, no debiera tardar ni un minuto en presentar la dimisión. Si no lo hace, es porque en lo que no cree es en la defensa de las leyes del Estado al que dice servir.

martes, 7 de febrero de 2012

CÁMARA OCULTA


Sé que, con lo que sigue, me meto en un berenjenal, pero lo tengo muy claro. La resolución en que el Tribunal Constitucional considera ilegítimo el uso de cámaras ocultas me tranquiliza.
De un tiempo a esta parte, especialmente con la evolución de la tecnología hacía la creación y abaratamiento de dispositivos de captación de imagen y sonido de pequeño tamaño y gran potencia, junto a la generalización del uso de Internet, ha abierto una enorme brecha en la protección de los derechos individuales.
Hoy en día y en apenas unas horas, se puede arruinar la imagen de cualquiera, tanto da que sea un personaje conocido como que lo sea anónimo. Resulta muy fácil y casi inmediato la ruina sumaria de la fama de una persona en un juicio paralelo, sin garantías y sin posibilidad de recurso, con sólo obtener y colgar unas imágenes o unas palabras inapropiadas obtenidas con una de estas micro cámaras oculta en el sitio más insospechado.
Resultaría cuando menos paradójico que las garantías que los jueces exigen a las diversas fuerzas policiales para que las informaciones que obtengan valor probatorio no fuesen así mismo exigibles a los medios de comunicación. Todos los que hemos trabajado en ello sabemos lo importante que es el contexto en que se obtienen las declaraciones o se producen los hechos. Y todos sabemos también que, fuera de contexto, se altera su significado. Creo que un caso que ilustra claramente lo que digo es lo ocurrido en el tratamiento periodístico del juicio por la desaparición y muerte de la joven Rocío Wanninkhof, en el que la acusada, Dolores Vázquez, fue materialmente "linchada" en informativos y tertulias, manipulando las imágenes de su actitud durante el juicio, interpretándolas en el sentido de su culpabilidad y que sólo cuando tras una revisión del caso fue absuelta se nos mostraron imágenes más "humanas" de ella.
Una cámara oculta en manos de un periodista ambicioso y sin escrúpulos es muy peligrosa, porque puede llevar a su "víctima “a una trampa de la que quizá no pueda salir. Y, si tal cosa ocurre con personajes "bragados" en política o en asuntos sucios qué no ocurriría con gente más desprotegida.
Es bueno establecer límites, porque siempre podemos saber dónde y cuándo estamos seguros y dónde y cuándo no. Sé que con esto me cargo todo un género periodístico y televisivo, pero creo que otra cosa será peligrosa.
El debate queda abierto.