jueves, 19 de abril de 2018

TONTERÍA Y MEDIA


¿Se puede ser tan torpe como lo fue ayer Carolina Bescansa publicando "su" famoso borrador, ese en el que "ofrece" a Íñigo Errejón un pacto para desbancar a Pablo Iglesias del poder en Podemos? En mi opinión, ni se puede ser ni lo ha sido. Y si digo esto es porque tengo derecho a pensar que todo ha sido una trampa tendida a Errejón por la misma Bescansa o por ese ejército de gremlims juguetones que, no sólo elaboran por su cuenta y riesgo, eso dice la diputada, un "borrador" tan desestabilizador para la dirección de Podemos como comprometedor  para Errejón, sino que, además, se permiten la alegría de confundirse de ámbito y lo publican a los cuatro vientos, un ejército oscuro que a nadie le sorprendería  que estuviese lleno de topos.
Lo más probable es que esto sólo sea una paranoia mía, inducida por la enorme decepción que han dejado en mí los últimos meses de la historia de Podemos, pero tengo derecho a pensarlo. Tengo todo el derecho a desconfiar de un partido que ha dilapidado en un tiempo récord, apenas tres años, tanto poder y tanta esperanza como la ciudadanía había puesto en sus manos. Un partido que, al menos en lo que a su dirección se refiere, se ha comportado como nos cuentan que se comportaron quienes hace más de un siglo se pusieron al frente de la Revolución de Octubre.
A quién beneficia la aparición de ese documento. No cabe duda de que al que menos gracia le habrá hecho verse en los medios disputándole el protagonismo en los telediarios a Cristina Cifuentes es al propio Errejón, colocado bajo los focos a medio vestir como protagonista involuntario de un asunto en el que no le ha gustado nada aparecer. También perjudica a Carolina Bescansa, aunque no tanto, dada su escasa relevancia en el partido desde que se apartó, o se vio apartada, de la dirección del partido en el último "Vistalegre". Así que, descartando al uno y a la otra, aparece como fundamental beneficiado el extrañamente silencioso Pablo Iglesias, que, curiosamente, no ha dicho ni "mu" ante tamaño terremoto en su partido.
Desde luego, a quienes no beneficia en absoluto es a los votantes de Podemos que, una vez más, se sienten defraudados y con ganas de comerse el voto antes que volver a dárselo a quienes lo van a desperdiciar enredándose en extenuantes peleas fratricidas, en vez de "ponerlo a trabajar" al servicio de los ciudadanos de un país que lo que necesita es que sus dirigentes dejen se arremanguen y se den a la faena, en de mirarse tanto el ombligo y ocupar su tiempo en poner chinchetas en la silla de sus "queridos compañeros".
Cosas como estas son las que me hacen perder la fe en los partidos políticos, que parecen vivir en una burbuja de cristal con la seguridad de un buen sueldo durante cuatro años que, a veces, por no decir siempre, importa más defenderlo que defender a quienes, votándoles, lo hacen posible. Quizá por eso soy más del Barça que del PSOE o de Podemos, ser del resto de partidos sería como "hacerme" del Madrid, y eso que el Barça, como todos, también me da disgustos de vez en cuando.
Lo escribía ayer en Facebook, saludos míster Zuckerberg, los partidos políticos se parecen más entre sí de lo que se parecen a quienes les votan. Incluso este Podemos que parecía venir a limpiar y a sanear los lugares en que, si no se ejerce el poder, sí se hace la política. Por el contrario, en un tiempo récord, ha reproducido los vicios y errores y de los ”viejos” partidos y, sin el menor pudor, a plena luz del día.
Hace apenas unos días, Pablo Iglesias advertía, a propósito del inicio del proceso de primarias en Madrid. "Ni media tontería", dijo. Pues ya tiene su respuesta: tontería y media.

miércoles, 18 de abril de 2018

LA MENTIRA ES EL "PECADO"


Qué más tiene que pasar. para que Cristina Cifuentes, cada vez menos nocente, menos presunta. se dé cuenta de que la mentira es el pecado. La mentira, adornada por su desmedida soberbia y el absoluto desprecio por los demás que muestra en cada una de sus cada vez más escasas apariciones públicas.
Cada vez está más claro que la presidenta de la Comunidad de Madrid está abocada a un final, si no trágico, porque es evidente que, para alguien como ella, perder el poder y el prestigio sería toda una tragedia, sí, desde luego, deshonroso. Dónde iría, tras su dimisión o su derrota en la cada vez más cercana moción de censura esta señora que lleva cuatro semanas escondida o mintiendo "por tierra mar y aire, mañana, tarde y  noche, reiteradamente ante los medios o en sede parlamentaria", dónde acabaría esta mujer que, en apenas un mes, ha pasado de ser la presidenta "guay" del nuevo PP a convertirse en una apestada con la que sólo unos pocos, los más fieles, los que tienen su destino unido al suyo, los que andan en cosas parecidas a su máster, los que la temen o la necesitan, continúan arropando.
Dudo que su destino, como soñaba sea en una universidad. Están curadas de espanto y no creo que quieran entre sus muros a un personaje tan tóxico como ella, capaz de hundir en un mes el prestigio de una de las pocas instituciones que los conservaban en España. Dudo que alguna empresa, aunque "cosas veredes, amigo Sancho", quiera en su consejo de administración a un personaje tan poco de fiar como ella. En cuanto a su partido, probablemente esté dando la cara por ella porque no le queda otro remedio, porque tiene muy claro que, cuando entre en su despacho un inquilino de otro color político, los armarios, los cajones y las alfombras van a ser puestos del revés, para sacar a la luz los fantasmas y secretos de casi tres décadas de gobierno ininterrumpido, más sabiendo que sus antecesores han sido nada menos que Alberto Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre o Ignacio González.
De ahí que ella se resista y su partido la sostengan, por ejemplo, como lo hace Paloma Adrados, presidenta de la Asamblea de Madrid, que, en el más puro estilo Forcadell o Torrent, sigue sin fijar fecha para debatir la moción de censura planteada por los socialistas con el apoyo de Podemos y parece, aunque, de momento, sólo lo parece, de Ciudadanos. Después, salvo que, si finalmente hay moción y sus promotores la pierden, difícilmente volverá a ser la candidata de un partido, el PP de Madrid, seriamente tocado y dividido por éste y otros asuntos parecidos.
Los que la defienden son cada vez menos. La prensa más fin, junto a los medios públicos bajo control del PP, prefieren pasar de puntillas sobre el máster y sus consecuencias. Su amiga María Dolores de Cospedal, poseedora de un máster igual o parecido al suyo, se ha convertido en su más ardiente y quién sabe si única defensora. En cuanto al aguerrido portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, si lo hace, parece que lo hace más por obligación del cargo que por convencimiento. Tanto es así, que ayer mismo tras esparcir basura, su propia basura, sobre Ciudadanos y el PSOE, de Cristina Cifuentes se limitó a decir en defensa de Cifuentes que su máster "se lo dieron y lo pagó", todo un acto fallido por el que en cierto modo admitía el regalo y negaba el esfuerzo de la huidiza presidenta.
La renuncia de Cifuentes "a su máster", un gesto inútil previo a ser despojado de él, fue algo parecido a lo de Hernando, porque, pretendiendo ponerse a salvo de toda culpa, admitiendo haber gozado de  todas las ventajas que ya se han evidenciado, "condiciones preferenciales" acaba de decir Hernando en la SER, no hizo otra cos que admitir que desde el día que se supo de la modificación de sus notas, desde que, esa misma noche, exhibió el acta falsificada que le fabricaron como coartada, no ha hecho otra cosa que mentir y aunque, a quien, por la facilidad con que miente, le cueste creerlo, la mentira, señores, es el pecado y, dependiendo de dónde y cómo se mienta, también es el delito.

martes, 17 de abril de 2018

CIFUENTES, CON "CI" DE CINISMO


¿Se puede renunciar a lo que no se tiene? ¿Se puede devolver como si nada lo que se ha comprado a un perista? ¿Se puede recoger una medalla en una maratón después de haberse incorporado a la carrera en la última curva, fresco como una rosa? Al parecer, Cristina Cifuentes así lo cree y, cada día que pasa, se empeña en demostrárnoslo.
La todavía presidenta presidenta de la Comunidad, sólo porque el PP de Mariano Rajoy así lo quiere, sigue empeñada en demostrarnos que su cinismo no tiene límites y que tiene pánico a que sus faltas, sus pecados se vean en los juzgados. Ha bastado que el rector de la Rey Juan Carlos anuncie primero y consagre después en una Tribuna de EL PAÍS que se le retirará el polémico máster si los tribunales determinan que ha habido irregularidades en su obtención, para que, en una carta dirigida al rector se permita anunciar que renuncia a ese título y que su falta ha sido la de acceder a las facilidades que se le dieron para obtenerlo.
Hace falta tener descaro o mucho morro, como se dice en mi barrio, para pretender resolver con una simple carta esta polémica, de las más largas y con mayores consecuencias que ha vivido la política de este país, Hace falta tener mucho morro para creer que se puede seguir así, como si nada, después de haber mentido un día y al siguiente, en "las redes" o en sede parlamentaria, en la convención de su partido o en entrevistas amigas, nunca en rueda de prensa. Hace falta ser algo más que inmoral para pretender salir sin daño, después de haber dejado en las cunetas de su camino de perdición la carrera de tantos funcionarios y el prestigio de toda universidad.
Hace falta, sin duda, pero todas esas "cualidades" de Cifuentes que acabo de enumerar no bastarían si Rajoy, especialista en momificar los cadáveres de tantos muertos vivientes como hay en su partido, no hubiese tomado la decisión de darle refugio en su armario, hasta que el hedor de sus fechorías hiciese insoportable su vecindad. 
Cristina Cifuentes ha demostrado de sobra su amoralidad, anunciando querellas insostenibles para dar credibilidad a sus mentiras o exhibiendo públicamente documentos falsificados, reconstruidos dijo el director del susodicho máster, que supuestamente certificaban su defensa de un trabajo fin de máster que, ni en sueños se había producido, entre otras cosas, porque ese trabajo nunca apareció ni en sus archivos ni en los de la universidad, porque difícilmente existió. Cristina Cifuentes ha demostrado no tener el más mínimo respeto por el esfuerzo de sus compañeros ni por el de los miles y miles de universitarios que, trabajando para poder mantenerse y pagar sus matrículas, robando horas al sueño y al ocio, "cursan", ellos sí, unos estudios que, ahora, gracias a las trapacerías y mentiras de Cifuentes se han visto devaluados y arrastrados por el barro.
Cristina Cifuentes, con "ci" de cinismo, dice renunciar a un título que despreció desde la tribuna de la Asamblea de Madrid y que, si lo tuvo, fue porque lo compró con dinero y con favores. Ahora, recogerá el aplauso de sus compañeros de partido que, confundiendo la honradez con el aplomo temerario, se limitan a esperar, como en la Edad Media, el veredicto de un dios inexistente, Rajoy, rodeado de los despojos de su apática política. Lo malo, lo peor, es que estas estratagemas de Cifuentes y su partido van a surtir el efecto deseado con bastantes de sus votantes que serán capaces de ver en esta villana una heroína llena de dignidad que renuncia a lo que es suyo para no hacer más daño a su partido. Lo dicho, Cifuentes con "ci" de cinismo, lo que se merecen y, al parecer, admiran sus votantes.

lunes, 16 de abril de 2018

EL CULO Y LAS TÉMPORAS


Entre las orillas de la verdad y la mentira hay todo un océano de matices que hay que navegar cada vez que se escribe o se abre la boca, más, si lo que afirma quien habla o quien escribe tiene, por razón del cargo que ocupa o por su notoriedad, mayor trascendencia que lo que dice la gente "de a pie", por eso me apena tanto que determinados personajes se dejen llevar por el escenario y el momento y, sin meditar mucho lo que dicen, "la suelten" sin medir las consecuencias y "la armen", poniendo en peligro su credibilidad, salpicando, demás, a quienes representan.
Lo hizo ayer la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a la que se le calentó la boca a la hora de defender la decisión de su ayuntamiento de cambiar el nombre de la calle "Almirante Cervera" por el del actor Pepe Rubianes, vecino de la misma y muy querido por el público en Cataluña y fuera de ella. Una decisión que no necesitaría de más explicación que la de que se ajusta a la Ley de Memoria Histórica y que el anterior nombre, el del almirante que mandaba en 1898 la flota que fue masacrada por los buques enviados por los Estados Unidos en apoyo de los rebeldes cubanos en su afán de dejar de ser súbditos del rey de España. Lo hizo, tildando de facha al almirante, con estatuas en el país que logró la independencia a su pesar, a pesar de que murió en 1909, cuando el fascismo ni siquiera era un proyecto en la mente de Benito Mussolini ni, mucho menos, una coartada en manos del franquismo.
Lo de la alcaldesa vino a ser como considerar feminista a Agustina de Aragón o llamar demócratas a los Comuneros de Cartilla, una consecuencia más del maniqueísmo en que nos movemos, arrastrados por la simplificación del lenguaje y de los hechos a que se refieren con él a que tan acostumbrados nos tienen nuestros políticos. Quiero pensar que lo de Ada Colau fue sólo un descuido, que, por no sé qué motivo, no tuvo tiempo de enterarse de quién era el almirante o en qué época vivió, otra cosa, la ignorancia temeraria o la costumbra de asimilar los uniformes con el fascismo sería mucho más preocupante, lo quiero pensar y dese que, en breve, convenientemente asesorada, de algún modo se disculpe ante los herederos del almirante y antes quienes, como yo, nos hemos sentido ofendidos por tan tremendo desliz.
También quiero dejar constancia de que me encanta que el genial Pepe Rubianes, con cuya crónica del prendimiento de Jesús en el huerto de los olivos aún me río, tenga su calle en Barcelona y que ésta sea precisamente la calle en que vivió. Cómo no, ni me planteo que la decisión de cambiar el nombre de una calle que fue bautizada por el franquismo, en 1942, en plena posguerra, con el nombre del almirante, el mismo que llevaba un acorazado, tristemente famoso por haber bombardeado a la población civil durante la guerra, me parece correcto, faltaría más.
Lo que ya es difícil de explicar es que se haga pensando que el almirante Cervera fue un militar franquista o, como dijo la alcaldesa, un facha. Eso sería confundir el culo con las témporas y no lleva más que a equivocar a la gente y a extender y justificar el sectarismo.

viernes, 13 de abril de 2018

TITULITIS


Vaya por delante que no creo en los currículos, que, si me apuran, no creo en los títulos, quizá porque mi profesión, el periodismo, es poco más que un oficio que se aprende trabajando día a día, un oficio en el que los títulos, especialmente el de Periodismo, poco o nada garantizan. De hecho, yo, que lo he ejercido durante más de tres décadas, pese a que enseñe periodismo en la universidad, no tengo la licenciatura en Periodismo sino en Imagen Visual y Auditiva.
No creo en los en los currículos, tampoco en algunos títulos, quizá también porque con currículos tan extensos y brillantes como los de Cristina Cifuentes o Pablo Casado hay jóvenes repartiendo pizzas, preparando hamburguesas, sirviendo copas o preparando oposiciones, no por falta de brillantez, sino porque no tienen o en su día no tuvieron el carné de partido o el padrino apropiados.
Recuerdo que, a mis alumnos de Periodismo, alguno lo recordará también, les desconcertaba saber que, de ninguno de los compañeros que he tenido en mis años de profesión, he sabido cómo era de brillante su expediente académico. No me interesaba, a mis jefes tampoco, bastaba con saber cómo conseguían las informaciones, cómo la elaboraban, cómo la escribían y cómo la ponían en antena.
Todo esto me viene a la cabeza, porque en mi comida de los viernes, una especie de tertulia para pasarlo bien, en la que cada uno es ·de su padre y de su madre", surgió hace una semana el asunto del máster de la cada vez menos presunta inocente Cristina Cifuentes y, de paso, el de eso que llamamos la "preparación" que deben tener los políticos y que, curiosamente, fuimos los licenciados quienes más en duda pusimos que fuese necesaria, quizá porque llevamos a cuestas la experiencia de haber sentido en el mundo laboral, en nuestra primera redacción, la decepción de comprobar lo poco y mal preparados para ejercer esa "profesión" para la que supuestamente estábamos capacitados.
Mi abuelo decía que, para hacer cualquier cosa, reparar un reloj, por ejemplo, el mejor es siempre "un pastor que sepa", pues en la mayoría de las actividades ocurre lo mismo y en la política, además, que sepa y que sea honrado. De que nos sirve a los ciudadanos que nuestros gobernantes saquen brillo cada mañana a sus currículos y quiten el polvo a sus títulos. De nada, absolutamente de nada. Lo que deberíamos conocer de ellos, lo que deberían demostrarnos cada día, a cada momento, es lo capaces que son de velar por todos nosotros, administrando con honestidad y con justicia nuestros impuestos.
Lo malo es que, antes de comprobar para qué sirven las carreras y los másteres de nuestros jóvenes, en este país estaba muy extendida la idea de que quien fuese capaz de enseñar más títulos mejor nos gobernaría, pero nada más lejos de la realidad, porque, como en el sexo, el tamaño, del currículo, no importa o, al menos, importa poco.
Me las daría de listo si dijese que sospechaba de Pablo Casado por tan brillante y extenso currículo, conseguido además en tan pocos años, como era capaz de lucir. Más que sospechas lo que anidaba en mí era la envidia y un cierto desapego hacia un tipo tan empollón como él. Sin embargo, al enterarme esta mañana de que lo que Casado luce como posgrado en Harvard no es más que un curso de cuatro días en Aravaca y que su máster “cifuentitil” consistió sólo en cuatro trabajos que, juntos, ocupaban poco más de noventa folios.
Llegado a este punto, me pregunto por qué se ha sido tan benevolente con Pablo Casado, en comparación con la presidenta madrileña y su máster ¿Sólo porque es guapete y simpático? ¿Quizá porque nos abrumó con las "pruebas" que Cifuentes no fue capaz de mostrar? Como ya voy teniendo una edad puedo recordar a Luis Roldán paseando por los medios una voluminosa carpeta con las pruebas de su inocencia. Más bien me inclino a pensar que fue sólo porque Casado aún tiene poder en la calle Génova y tuvo tiempo para poner a remojo sus barbas.
En fin, seamos positivos y quedémonos con esa fiebre limpiadora de currículos que les ha dado a nuestros políticos, alegrémonos de que, aunque sea por miedo a las consecuencias, dejarán de pasarnos por los morros todos esos títulos del "todo a cien", con que nos apabullaban. Alegrémonos y conjurémonos para exigir a nuestros representantes un sólo título, el de su honradez.

jueves, 12 de abril de 2018

LA JUSTICIA COMO COARTADA


Curioso país este nuestro, en el que las fachadas de los edificios que albergan tribunales son más conocidas por quienes siguen la actualidad a través de los telediarios que muchos monumentos y paisajes. Curioso país en el que los niños podrían coleccionar cromos, me extraña que a nadie se le haya ocurrido, de jueces y tribunales, en vez de hacerlo con los rostros de los futbolistas y los escudos de sus equipos.
Vivimos en un país en el que, pese a llevar a cuestas la peor de las famas, la justicia es siempre, si no el último recurso, sí la gran coartada para quienes no quieren asumir sus responsabilidades y sí que sean otros quienes las asuman por ellos. En este país, especialmente desde que Federico Trillo asumió el papel de "trotajuzgados" del PP, llevando a los tribunales todo aquello que su partido era incapaz de ganar en buena lid en el parlamento, todo acaba en los juzgados, desde lo más insignificante a los asuntos más trascendentes.
Así, por ejemplo, el estatut aprobado por el Parlament de Catalunya, refrendado por la mayoría de los catalanes, respaldado por la mayoría del Congreso de los Diputados y firmado por el rey Juan Carlos, acabó en el Tribunal Constitucional que, después de años de discusión limó tanto sus presuntas aristas que, en algunos aspectos, lo dejó más romo, incluso, que los estatutos de Andalucía o Extremadura. Todo un triunfo para el PP que, desaparecida la amenaza de ETA, había hecho del enfrentamiento con Cataluña su razón de existir y la coartada para todos sus excesos. Mal asunto, porque, a veces, la ley se queda en papel y llena de insatisfacción a quienes nos vemos sometidos a ella.
No es la primera vez que digo que desde aquel "Pacto por la Justicia", que, con Zapatero aún en la oposición, el luego ministro Juan Fernando López Aguilar firmó con el PP en aras del talante, sin caer en la cuenta de que estaba entregando a Aznar y os suyos las llaves de casi todos los tribunales, permitiéndole sentar en ellos a "sus" magistrados a la espera de que tan alta dignidad, ese broche en sus carreras, les fuese oportunamente "cobrada".
Quizá por eso, por saberse bien representado en todas las instancias, Mariano Rajoy ha dejado que todo se pudra entre sus manos, sin tomar decisiones, sin mancharse las manos, como un Pilatos de este siglo que, antes de sentarse a dialogar con sus adversarios, opta por llevar las disputas a los juzgados, a sabiendas de que en ellos se alargan los plazos y se diluyen las responsabilidades.
Lo hemos visto en todos y cada uno de los casos de corrupción en que su partido o su gobierno se han visto implicados. Lo estamos viendo en el Parament de Cataluña, en el que, en lugar de hablar para encontrar soluciones, se optó por llevar ante los tribunales a los responsables del imposible en que se ha convertido esa autonomía, con peticiones fiscales gravísimas, legales o no, arriesgando su prisión y, por lógica, el conflicto callejero con sus votantes. En cualquier caso, una mala, una cobarde solución, que tardaremos años en pagar.
Lo peor es que la actitud de Rajoy ha creado estilo y ya son muchos, lo hace cualquiera, quienes, en lugar de asumir sus responsabilidades, optan hipócritamente por lavarse las manos en la fuente de la Justicia, en lugar de cumplir con las responsabilidades para las que han sido elegidos. Lo acabamos de ver en el tenebroso asunto de la Universidad Rey Juan Carlos, que se ha dejado convertir en nido de chiringuitos clientelares, en los que, según quién seas, previo pago de las correspondientes tasas, te envían el título a casa, sin más esfuerzo que alguna que otra foto. Su rector, después de dar por buena en solemne rueda de prensa la versión de Cristina Cifuentes, agobiado por las evidencias que la desmentían puso en marcha una investigación interna, con la CRUE como testigo o como coartada, de la que se desprende como resultado la existencia de gravísimas irregularidades en ese y otros casos. Suficiente para castigar, incluso con la expulsión, a los profesores responsables de la trampa. Pero, como perro no come perro, en vez de asumir la capacidad disciplinaria que tienen, esperarán a lo que digan los tribunales. O sea, poner a la Justicia como coartada.

miércoles, 11 de abril de 2018

LOS CHICOS SIN LAS CHICAS


El tribunal Constitucional va a avalar que con mis impuestos y en los colegios privados concertados, uno de los grandes negocios de la iglesia católica, niños y niñas puedan ser segregados. O sea, que los niños vayan a colegios sólo de niñas y las niñas a colegios sólo de niñas. A mí, que incluso me parece mal que, sin tener que pagarlo de mi bolsillo, se divida a la infancia en función de si hacen "pis" de pie o sentados, lo del Constitucional me parece un paso atrás de varias décadas.
No sé qué tratan de evitar o conseguir quienes quieren que los niños se eduquen separados de las niñas. Me lo tienen que explicar, porque yo, que fui a un colegio sin niñas, siempre he creído que a mi educación le faltaba algo. No sé qué pretenden impidiendo que los niños sean conscientes de que sus compañeros, pese a sus diferencias fisiológicas incontestables son iguales a ellos, capaces de dar patadas a un balón o de subir a pulso una cuerda, o no, porque yo, chico entre los chicos, nunca fui capaz de hacer con arte o uno ni de intentar siquiera lo otro.
No sé si son cuestiones morales las que llevan a algunos padres a buscar para sus hijos esa educación segregada, no sé si saben que, para eso que dicen querer evitar, bastan unos minutos fuera del colegio, en la calle y que, educados lejos unos de las otras quizá cojan "eso" con más ganas, al tiempo que con menos información y experiencia. No creo que sea sólo esa la causa de tal separación. Más bien me inclino a pensar que se trata de prejuicios ideológicos, la religión no es más que ideología, de que quienes admiten y con su decisión tratan de perpetuar la discriminación de las mujeres frente a los
hombres.
Yo que hasta que llegué a la universidad no tuve compañeras reconozco que tuve una desastrosa educación sentimental: las chicas me daban miedo, como da miedo lo desconocido, no hablemos ya de la "llamada de la naturaleza", de ese momento deseado y temido también que, antes o después, me había de llegar.
Supongo que lo mío no era sólo por haberme educado en un colegio de barrio, en el que, a falta de otras experiencias, alguna que otra profesora podían convertirse en inalcanzables mitos eróticos, no me cabe duda de que la rancia España en la que me tocó crecer no ayudaba mucho, porque tampoco me llegaba de casa la información que antes o después iba a necesitar. En todo caso, algún que otro libro de presunta educación sexual como ese nefasto “Diario de Daniel" que no hacía más que mezclar el deseo con la culpa, fabricando una pasta indigesta que a más de uno le generó traumas. 
En todo caso, tampoco tengo muchos motivos para quejarme, porque, por lo que haya sido, creo que fundamentalmente por la presencia de los amigos, y porque, como chico, no tuve que pasar por la ñoñería y los traumas inducidos que pasaban las niñas, castigadas con sus pechos y su regla, no me convertí en un ñoño lleno de granos incapaz de hablar con una chica. Fue gracias a esos amigos, a la literatura y al cine que, como muchos españoles de mi edad eduqué mis sentimientos y que moldeé mi carácter, no sé si bien, y aprendí a formar mi criterio en casi todo.
Por eso para mi hija quise un colegio público y de barrio, mixto "como mandaba la ley, en el que ella, sin perder un ápice de su "feminidad" supo ver a los chicos como compañeros y amigos, algunos muy fieles, y aprendió a reírse de los prejuicios y algunos miedos innecesarios que, desde otros colegios, los religiosos se inoculan a los niños y especialmente a las niñas.
Mi hija nunca tuvo que ver el grabado que yo si vi, ese u otro parecido, en algún libro de su abuelo y mis tíos. Ese abominable demonio buscando en el baile la virtud de las doncellas. Mi hija se educó con niños y niñas de todos los orígenes y todos los colores y eligió de entre ellos a sus amigos y sus amigas y, lo que es más importante, adquirió las herramientas para ser feliz.
Por eso me revelo contra la que será decisión del Tribunal Constitucional, por eso creo que para no volver a la ridícula sociedad que, corregida y aumentada, se retrata en la película de Los Bravos, los chicos con las chicas tienen que estar.