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jueves, 31 de octubre de 2013

MADRID ARENA, UN AÑO YA

                             
 
 
 

Hoy hace un año, a estas horas, probablemente Teresa, Rocío, Cristina, Belén y Katia, pensaban en la fiesta concierto a la que acudirían esa noche, en las amigas, en los amigos, en la ropa y vete a saber en cuántas cosas más puede pensar quién tiene toda una vida por delante. Simultáneamente unos cuantos sinvergüenzas se frotaban las manos pensando en el negocio que iban a hacer duplicando entradas, cobrando por hacer la vista ante el botellón proyectado en el parking del recinto, en todo el alcohol que se iba a vender esa noche, a saber si garrafón o de marca, en todo lo que podrían pasar a quienes tratarían de aguantar hasta el final la fiesta.

Seguro que en algún despacho del Ayuntamiento de Madrid alguien estaría pensando en lo bien que se lo estaba "montando" Ángel Flores, sacando partido a unas instalaciones de todos los madrileños con sus macrofiestas. Otro, el más anciano y anacrónico de quienes estuvieron presentes en la fiesta, el ex médico y ex concejal del ayuntamiento de Madrid, Simón Viñals, en que esa noche tocaba trasnochar, en que ojalá fuese tranquila y en que ojalá su enfermería de la Señorita Pepis no recibiese más que algún otro joven pasado de copas que no pudiese solucionarse con un pinchazo de B-12, y un rato echado en una camilla. Y, ya por último, el responsable de la Policía Municipal pensaría que, una vez, más había conseguido "cuadrar" los servicios con el mínimo imprescindible y en que ojalá no se repitiesen los incidentes de alguna que otra fiesta al aire libre, que acabaron con la escasa dotación desplazada claramente sobrepasada por los acontecimientos.

Visto desde fuera todo lo que pasó esa noche en el Madrid Arena, no cabe la menor duda de que todo estaba calculado al límite a la búsqueda del mayor beneficio con el mínimo coste. Material sanitario insuficiente y de un amiguete, personal de seguridad que no era más que gente inexperta y mal pagada con un chaleco reflectante, un empresario criminal capaz de sobrepasar el aforo que, no ya la ley, sino el sentido común, recomiendan, un tipo nada recomendable que, sin embargo, parecía estar muy recomendado, Un dispositivo policial claramente insuficiente. La ausencia de una UVI móvil en los alrededores de una concentración de veinte mil personas. Tengo claro si en vez de una fiesta, lo de aquella noche hubiese hubiese sido convocado como manifestación del 15.M, jamás se hubiese escatimado, al menos, en policía.

Pero ¿y los medios de comunicación? Ahora no recuerdo aquel primero de noviembre coincidió con un puente, probablemente sí, pero estoy seguro de que en las redacciones quedaba sólo el gato y no precisamente el gato más experto. Quizá fue por eso, por ese pequeño y económico detalle, por lo que a punto estuvieron de tragarse la versión del Ayuntamiento, absoluta y vergonzosamente exculpatoria para los organizadores de la fiesta, porque, estoy seguro, de que ellos sí sabían desde el primer momento cuáles eran sus responsabilidades en lo que pasó. Menos mal que la información no corre ya sólo a través de los medios, digamos, convencionales. Menos mal que los twitter, los whatsapps, las fotos y los videos de la fiesta empezaron a correr y a levantar todas las sospechas de que lo que había ocurrido allí era la confirmación de un desastre anunciado y yo diría que premeditado que, si no había ocurrido antes, había sido por pura casualidad. Y, sobre todo, menos mal que el juez decano de Madrid tenía una hija en la fiesta, afortunadamente para él no entre las víctimas, y decidió poner en el asunto todo el celo que merecía.

Aquellos días, hace un año, en medio de la tragedia, la alcaldesa de Madrid llegó a pensar que no era como para interrumpir sus merecidas vacaciones en un spa portugués. Es la costumbre de pensar que si a las cosas no se le dan importancia, dejan de tenerla. Y es que en este país estamos demasiado acostumbrados a eso y a ese otro "nunca ha pasado nada" para espantar a quienes avisan del peligro y, según los temerarios, sólo son agoreros que se esmeran sistemáticamente en aguar las fiestas.

Esta madrugada se cumple el primer aniversario de aquello y aún no hay nadie condenado por ello. Incluso el verdadero causante que no fue la mala suerte, sino Ángel Flores disfruta de la libertad y de la vida que, gracias a él, hoy hace un año perdieron Teresa, Katia, Belén, Cristina y Rocío.
 
 

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viernes, 6 de septiembre de 2013

HOY NO SERÍA POSIBLE DESCUBRIR EL WATERGATE

 
 
A veces, demasiadas veces, últimamente, me siento avergonzado del papel que juegan los medios de comunicación en la sociedad actual, porque, si bien es cierto que hubo un tiempo en que fueron capaces de estimular a la opinión pública en pro de la defensa de sus derechos, aquellos años quedan ya lejos y lo cierto es que hace ya mucho que los medios son prisioneros del poder, político o económico, al que se ven obligados a servir una vez y otra también.
Demasiado a menudo, la información no llega directamente a las redacciones, sino que hace una primera escala en los despachos de los directores o los propietarios, que tienen línea directa, me temo que unidireccional, con esos poderes, y sale de allí, camino de las redacciones, salpimentada y aderezada convenientemente, para ser cocinada al gusto del cliente que, por desgracia, hace ya mucho que dejó de serlo el lector, el oyente o el televidente.
Lo hemos vivido estos últimos días con lo publicado sobre el nombramiento del sobrino de Isidoro Álvarez,  Rodrigo Gimeno Álvarez, como director general de El Corte Inglés, del que, de no ser por algún medio digital no dependiente de la contratación de publicidad con esos grandes almacenes, medios como eldiario.es, nunca hubiésemos conocido su, si no militancia, cuando menos simpatía por Falange Auténtica, en cuyas listas electorales, el hoy director general de El Corte Inglés figuró en tres ocasiones.
Todo un ejemplo, el anterior, de como el peso y la capacidad de financiación que un anunciante da o quita a un medio puede influir en lo que cuenta o deja de contar. Lo acabamos de ver ayer mismo en la airada reacción de la Cadena SER y EL PAÍS que se quejan y no les falta razón de haber sido discriminados en la contratación de la última campaña gubernamental contra la violencia de género, en la que han salido claramente beneficiados otros medios, como LA RAZÓN, más complacientes en su línea editorial con el Gobierno.
Y, si lo uno y lo otro son claro ejemplo del chantaje a que se ven sometidos los medios con la grave consecuencia de esa burda manipulación de la información, qué decir del doloroso asunto de la manipulación que, desde los primeros momentos posteriores al accidente, se ha producido en torno a  las causas del accidente del Alvia la tarde noche del 24 de julio, cerca de Santiago de Compostela.
Todos recordamos con qué celeridad con que se produjo -esa misma noche- la filtración de la conversación que mantuvo el conductor del tren, atrapado en la cabina, con el puesto de mando de la línea. De ella se nos insistió especialmente en dos cosas: que asumía su responsabilidad en lo sucedido y admitía que circulaba a ciento noventa kilómetros por hora. Esa llamada y la oportuna filtración del terrible momento en que el tren vuelca sobre su costado derecho, amén de algún que otro dato sobre la presencia del conductor en Facebook, contribuyeron a colocar sobre él una etiqueta de culpable de la que le va a ser difícil desprenderse, al margen de que personal y humanamente tal cosa le va a ser ya imposible.
Ayer conocimos, gracias a EL PAÍS, que el maquinista dijo muchas más cosas en esa conversación. Por ejemplo, que la curva donde descarriló el tren era "inhumana" y que -lo dijo varias veces- había advertido de su peligrosidad "al de seguridad" porque sabía que, antes o después, acabaría sucediendo lo que acabó ocurriendo. Ayer mismo comentaba indignado en Facebook que, al parecer, lo único que funcionó esa tarde noche en Renfe y Adif fue su oficina de prensa, algo parecido a lo que ocurrió con la tragedia del Madrid-Arena. Pero sus responsables olvidaron tomar en cuenta dos cosas; que hay jueces que se encargan de honrar el papel que debe cumplir la justicia en una sociedad democrática que se precie de serlo y que, cuando la sociedad se da de bruces con la muerte, se vuelve mucho menos tolerante con las mentiras o las medias verdades.
No sé si el redactor o los redactores que recibieron la filtración sobre lo dicho por el conductor en la cabina reclamaron la totalidad de la conversación y, mucho menos, si se la negaron, tampoco sé si quienes recibieron el video del accidente, procedente de las cámaras de seguridad, se molestaron es saber quién y para qué se lo filtraban. Lo que sé es que quienes lo hicieron, quienes le sirvieron en bandeja unos testimonios tan jugosos sabían muy bien qué y para qué hacían lo que hicieron.
Hace ya demasiado tiempo que la mayor parte de los periodistas han dejado de hacerse preguntas, el verdadero y único credo del oficio, y, maltratados económica y profesionalmente, se conforman con las migajas y las notas de prensa envenenadas que, quienes tienen el poder, ponen en sus manos.
La cosa es tan grave que creo que hoy nos ería posible que un par de periodistas de segunda fila pusiesen patas arriba la presidencia de Nixon, desvelando el Watergate.
 
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sábado, 12 de enero de 2013

RESISTIENDO, QUE ES GERUNDIO

 
Quizá me equivoque, ojalá no, pero creo que el PP madrileño, fundamentalmente en esta legislatura y en su modo de abordar la crisis, tan injusta y cruelmente, está haciendo más por el resurgir de la izquierda -ojo, subrayo, "por la izquierda, no por los partidos de izquierda- de lo que haya hecho nadie en los últimos años.
Con sus cacicadas y arbitrariedades, han puesto a los ciudadanos contra las cuerdas y todos sabemos que cuando alguien, por débil que sea, y en la naturaleza hay miles de ejemplos, se siente acorralado, sin salida, se revuelve contra el poderoso y saca la fuerza y el coraje que, incluso, él mismo ignoraba que guardaba. Es un mecanismo de defensa casi instintivo que nada tiene que ver con ese silencio de los corderos, ese quedarse en sala para no salir en los telediarios o en los titulares de primera que a Rajoy le hubiese gustado que practicásemos.
¿Sabían los afectados por los desahucios de Cajamadrid, hoy Bankia, que iban a ser capaces de permanecer meses acampados ante la sede de Bankia en el centro de Madrid, condenando sus oficinas, bajo el frío y el calor, el sol o la lluvia? Juraría que no. Estoy seguro de que ha sido la falta de humanidad de Bankia, la causante de gran parte de los problemas por los que atraviesa este país, la que, al dejarles, a ellos y a sus hijos, en la calle y sin nada que no sea una terrible e injusta deuda para el resto de sus días, les ha empujado a una decisión imaginativa y heroica que, no sólo ha ayudado a extender entre el resto de los ciudadanos el conocimiento de su drama, sino que ha movido a la solidaridad y ha generado iniciativas que, al final, están doblándole el brazo a la todopoderosa banca que tan desastrosamente gestionaron Blesa y Rato.
No es necesario recordar que el consejo de administración que debería haber supervisado tan torpe, o quién sabe si doloso, proceso, fue el resultado del "pasteleo" que, con más o menos responsabilidad, según su representación, llevaron a cabo los partidos madrileños, sentando a "sus hombres y mujeres" en el consejo de administración para, como los tres monos del santuario japonés de Toshogu, no ver, no oír y callar, entre toda la mierda que iba desfilando ante sus narices.
Dicen que el gato escaldado del agua fría huye y han sido tantas las malas experiencias que han sufrido los ciudadanos a manos de Esperanza Aguirre e Ignacio González que "tanto montan, montan tanto", en su frío y calculado plan de desmantelamiento y saqueo de la sanidad pública madrileña, lo único que, junto a la enseñanza o sin duda más que ella, iguala a los ciudadanos de la comunidad, que han aprendido ya con quién deben estar y a resistirse a los avasallamientos, porque han aprendido también que quien resiste, al final gana, si no todo, sí parte de lo que reclama.
La mamarrachada consistente en hacer pagar a los ciudadanos un euro por cada receta que presenten en la farmacia para pagar unos medicamentos que ya han pagado y por dos veces, primero con sus cotizaciones e impuestos y, ya en la farmacia, con el porcentaje del precio que tienen que abonar en el mostrador, ha sido de tal calibre que ha provocado una verdadera rebelión de la ciudadanía, que, pese a las amenazas y al calvario burocrático que se les imponen están documentando su objeción a cada uno de esos euros, sobrepasando con creces las miserables previsiones de la Consejería.
Yo mismo voy a hacer uso de esos impresos que ha racaneado Lasquetty, a la espera de que los recursos presentados por el Gobierno de la Nación y Tomás Gómez paralicen tan burdo asalto a quienes más necesitados están de esos euros que tendrán que pagar sin apenas garantías de que les serán devueltos si sobrepasan el tope anual establecido en tan chapucera norma.
Sé que a más de uno le extrañará e incluso le molestará que atribuya el recurso presentado por los senadores socialistas a Tomás Gómez, pero, lo siento, las trabas impuestas por Ferraz a la iniciativa del secretario de los socialistas madrileños, anteponiendo una vez más, al menos aparentemente, los intereses de PSOE a los de los ciudadanos. Tomás Gómez parece haberse dado cuenta de que ese es el camino, abandonar los intereses de partido y las comodidades del escaño, para bajar a la calle y colocarse junto a los ciudadanos.
Si Jaime Lissavetzky no hubiese sido empujado por Tomás Gómez a enfrentarse al Ayuntamiento de Madrid en la gestión de la tragedia del Madrid Arena y, como pretendía, hubiese adoptado la cómoda postura de "verlas venir", probablemente hoy se habría llevado tantos o más palos que Botella y su diezmado equipo. Sus cargos, sus escaños, sus despachos no son suyos. Son de los ciudadanos que se los ceden por cuatro años para que defiendan sus intereses. Y el mayor interés de los ciudadanos ahora mismo está en resistir cuanto puedan a la perversa maquinaria que otros ciudadanos han puesto en manos del PP.
 
 
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jueves, 10 de enero de 2013

LA BOTELLA ESTÁ MEDIO VACÍA

 
 

Algún día sabremos por qué Ana Botella cesó ayer a su vicealcalde Miguel Ángel Villanueva. Habrá que esperar y ese compás de espera quizá lo marque la instrucción del sumario que, está claro, ha avanzado mucho y, al parecer, bien en el esclarecimiento, no ya de los hechos, sino de las causas y no me asombraría en absoluto que el señor Villanueva acabase entre los imputados por el juez que instruye el sumario. A este respecto no hay que olvidar que la de la imputación fue la barrera sugerida por Ana Botella para el cese de sus concejales y parece claro que alguna noticia, algún indicio, tiene la alcaldesa de que eso puede pasar, porque la decisión ha sido tan inesperada como fulminante.

La verdad es que la "señora de" Aznar ha tenido mala suerte. Tanto empeño en llegar a la alcaldía de Madrid, tanta maniobra a largo y medio plazo para colocarla en disposición de alcanzarla y al poco de llegar tiene la mala suerte -peor la tuvieron las cinco jóvenes muertas- de que una tragedia, la del Madrid Arena ponga al descubierto la caótica y chapucera, cuando no delictiva, gestión de algunos organismos municipales y, lo que es peor, ponga también al descubierto su nula preparación, su falta de liderazgo y, siendo generoso, su bisoñez para asumir una responsabilidad tal como la de manejar una ciudad como Madrid y su presupuesto.

Ana Botella debería ser consciente de que está donde está más por ser la esposa de Jose Mari y por el temor o respeto que en el Partido Popular aún le tienen al ex presidente que por méritos propios. No todo es ganar unas oposiciones, cambiarle el final a los cuentos clásicos o enfatizar una de cada tres o cuatro palabras en sus discursos. Para dignificar el cargo que ocupa después de tanta carambola tramposa, le haría falta la capacidad de tomar la iniciativa, de hacerse con el control de los resortes que hay que mover y saber mover en una crisis. Eso es lo difícil. Lo fácil es empollar un dosier sobre la candidatura olímpica o sobre las gaviotas reidoras del Manzanares. Tan fácil o tan difícil como aprobar unas oposiciones. Ahora bien, una rueda de prensa comprometida es otra cosa, como pudimos comprobar en aquellas penosas comparecencias en las que otros daban las respuestas o se las “soplaban” en whatsapp.

Ha quedado claro que desde aquella trágica madrugada de noviembre, la alcaldesa ha trastabilladlo y ha pisado todos los charcos que quedaban a su alcance, perdiendo pie en cada uno de ellos. Y ha quedado claro también que la señora Botella es tan trasparente, en sentido peyorativo, claro, y tan hueca como su apellido. No bastaba con dar pésames y pedir disculpas. Tuvo su gran oportunidad en la comisión de investigación que a regañadientes y muerta parió en el ayuntamiento. La tuvo y la desperdició. Ahora, como en la reveladora película de Richard Fleischer, el destino está alcanzando a cada uno de los responsables de aquello y, con aquella comisión, se desperdició la oportunidad de separar las manzanas podridas de las sanas y las responsabilidades que hayan de asumir sus ediles, llámese como se llame su cargo, que también en eso hay trampa, salpicaran a todos los consentidores.

La todavía alcaldesa lo fía todo a la huida hacia adelante de la candidatura olímpica, No puedo creer que conserve alguna esperanza de ganar los juegos para Madrid. Probablemente, como acostumbraba Gallardón, lo de aspirar a organizarlos sea más bien una terapia para olvidarse de lo importante. Pero dudo que se los den a un Madrid en plena crisis, frente a un Estambul emergente o a un Tokio que ya pasó su calvario. Y más, sabiendo que el Madrid Arena asesino, o la Caja Mágica y congeladora son parte de las infraestructuras diseñadas para los juegos.

No creo que la alcaldesa llegue en su cargo mucho más allá del veredicto del COI en septiembre. Está claro que, digan lo que digan, la botella está medio vacía.

 
 

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viernes, 28 de diciembre de 2012

BARATO BARATO

 
 

Desde la tarde ayer y gracias a un pleno tan poco apasionante para quienes hacían la propuesta como para que un par de ellos perdiese el tiempo y nuestro dinero jugando con sus teléfono y su iPad, la privatización progresiva de los hospitales y los centros de salud que hemos pagado los madrileños y, a cambio, han servido a todo el que lo ha necesitado en Madrid, es ya posible.

A la hora de explicar por qué lo han hecho, no quieren, no saben o, simplemente, mienten. Es cierto que los hospitales y los centros de salud madrileños pueden funcionar mejor, pero también es cierto que el problema de la sanidad madrileña lo es mucho de falta de recursos y no tanto de gestión. Yo que, para mi desgracia, soy un usuario pertinaz de la sanidad pública en Madrid noto la ausencia de medios y sé cuál es la causa. La causa es ese egoísta que muchos llevamos dentro, capaz de votar a quien le acaricie la oreja contándole que paga demasiados impuestos y que, si les da su voto, que es lo único del ciudadano que les interesa, acabarán bajándoselos. Lo que no le dicen es que a él se lo bajarán un punto, mientras ellos se los bajan unos cuantos más. Y, como, en un mundo en el que la política también vive del marketing, la bajada de impuestos es un argumento infalible, hay líderes de la izquierda -dios si existiese los confunda- que se permiten decir gilipolleces tales como que "bajar impuestos también es de izquierda".

Sin impuestos no hay dinero y, cuando no hay dinero, las estructuras se tambalean. Ojalá todos los que han aplaudido la bajada de impuestos y los que han practicado la "ingeniería" y han tirado de "asesoría", a la hora de hacer su declaración de la renta, echasen cuentas y viesen que todo lo que han perdido en recortes de servicios, copagos, eliminación de pagas, bajada de salarios, precarización de empleo y precarización de su empleo para quienes lo conserven, ha superado con creces todo lo que, presuntamente, se han ahorrado en impuestos. Seguro que, si pudiesen, darían marcha atrás y corregirían su voto y su actitud hacia la hacienda pública.

Ahora, estos señores del "cuanto peor mejor" han visto la brecha por la que introducir la cuña de la privatización que acabará resquebrajando el sólido servicio de la salud pública -sólido por quienes trabajan para él y por el prestigio que, pese a la escasez material, tiene entre sus usuarios- y, así, convenientemente troceado malvendérselo a sus amigos que siempre sabrán ser generosos a la hora de sentarles en sus consejos de administración.

No sé cómo acabará esta historia, ni si será posible que otro gobierno que ojalá llegue pronto, será capaz de revertir esos hospitales que nos están quitando de las manos a sus verdaderos titulares que somos los ciudadanos. Lo que sí sé es que en el mundo de las privatizaciones, las externalizaciones, las contratas y las subcontratas, los servicios se deterioran porque el dinero se va escurriendo por las rendijas que quedan en cada escalón del sistema y el lucro de todos los intermediarios sale de los salarios de los trabajadores y las prestaciones de los usuarios. Y siempre con la presencia de todos los amiguetes que se cuelgan de la teta de la madre administración, todos los que o deterioran el servicio o dejan de prestarlo, despiden a sus trabajadores o les rebajan el salario a la mitad, eso, cuando no se quedan con las cotizaciones de la seguridad o se llevan "la música" a otra parte. Pero, eso sí, si pasa algo, no se te ocurra pedir responsabilidades, porque es entonces cuando empieza el peloteo con la patata caliente de las mismas. Y eso tiene nombre y apellidos, Esabe, la limpieza del metro de Madrid, Diviertt y las que queráis buscar en todos los niveles de la Administración.

Lo que acaban de posibilitar con la sanidad de Madrid acabará pareciéndose en algún momento a lo ocurrido en el Madrid Arena, cuya gestión, para rentabilizar el recinto, dicen, estaba parcialmente externalizada en la práctica y adjudicada a un tipo, Miguel Ángel Flores, que únicamente ponía sus amistades en el ayuntamiento y subcontrataba, con la complicidad de algún que otro responsable municipal, la seguridad, el control de accesos, los servicios médicos y todo lo demás, ante las narices de un ayuntamiento que ni oía, ni veía, pero callaba,

Todo barato barato y rentable, sobre todo para algunos. No para las cinco jóvenes muertas ni para los enfermos que, si lo suyo es grave y caro, serán derivados a otros hospitales, cien por cien públicos, que, como los colegios públicos de algunos barrios se llenan de alumnos "difíciles", verán aumentar su cuota de enfermos "complicados", hasta hacerlos inviables, forzando eso que estos canallas que nos gobiernan usan como argumento para defender la gestión de algunos, no todos, los hospitales puesta en manos de sus amigos.

 
 

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sábado, 8 de diciembre de 2012

VA POR LOS JUECES

 
 
Lo estuve comentando en la sobremesa de ayer con mi amigo Joaquín: me ha sorprendido, y además gratamente, descubrir que los jueces, al menos algunos jueces, son algo más que una parte de lo que yo creía un colectivo impersonal, privilegiado y altivo, alejado del resto de los mortales y. mucho más, de la realidad social en la que estamos sumergidos.
Estábamos demasiado acostumbrados a creer que su voz era sólo la de sus asociaciones o la voz de su órgano de gobierno, el CGPJ. Y, sin embargo, son hombres y mujeres como nosotros sensibles a lo que les está pasando a sus conciudadanos. El informe que, por ejemplo, elaboró un grupo de vocales del Consejo, coordinado por el magistrado Almenar, con propuestas para reformar la legislación a que regula el desahucio en España, debió resultar tan real y demoledor que el propio CGPJ no quiso asumirlo y por eso duerme ahora el sueño de los justos en el Consejo, sin haber sido ni siquiera debatido en el pleno.
Antes, habían sido los propios jueces encargados de ejecutar los desahucios los que, cansados de ser un instrumento de los bancos encargado del feo cometido de cobrar lo imposible de cobrar, más por la codicia de las entidades o sus empleados que por la presunta mala cabeza de sus empleados, se dieron a contar lo que demasiado a menudo se encontraban cuando ellos o sus funcionarios se veían obligados a arrojar a la calle -lanzamiento se llama la diligencia- a familias enteras con sus enseres de toda una vida.
Ya pintaba bien la cosa, cuando a consecuencia de toda una serie de irregularidades, dentro y fuera del Ayuntamiento de Madrid, ocurrió lo que sólo era cuestión de tiempo que ocurriera: la perfectamente evitable, si no inducida, tragedia del Madrid Arena. Esa misma madrugada supimos que, entre los miles de asistentes a la trágica fiesta, estaba una hija del juez decano de la Audiencia Provincial de Madrid y escuchamos en su voz cargada de autoridad avanzar acusaciones que muy probablemente hubiesen sido descalificadas de haber provenido de jóvenes aturdidos por todo lo que había pasado.
No sé si fue gracias a él, quiero pensar que no, pero el juez que fue encargado del caso mostró un celo y una eficacia deseable para cualquier proceso que llega a un juzgado, pero lo cierto es que, con su trabajo y el de la policía asignada al caso, este juez ha dejado en evidencia al Ayuntamiento de Madrid y la empresas implicadas en la fiesta, hasta el punto de que, ahora, al verse perdidos, uno y otras se están tirando los trastos a la cabeza.
Ya por último, acabamos de tener otro ejemplo de eficacia y firmeza en la investigación e instrucción del sumario abierto contra el ex presidente de la patronal CEOE, cansado de codearse por razones de su cargo o des sus afinidades con el poder, de uno y otro signo, incluido ele -dicen- no es de este mundo. El juez Eloy Velasco ha demostrado, enviando a la cárcel a Díaz Ferrán y sus "presuntos" compinches y fijando fianzas superiores a los fondos que podrían manejar.
Con jueces así, uno recupera, si no la confianza en la justicia como estamento, sí al menos la poca que le quedaba en los jueces que han de procurarnos justicia, entendida como ese valor imprescindible para la convivencia, más allá de los deseos y las maniobras de algunos ministros.
 
 
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miércoles, 5 de diciembre de 2012

LA HERENCIA DE GALLARDÓN

 
 
Antes de nada quiero dejar constancia de que, si no me ocupo hoy de la última provocación de Wert a los catalanes ni mucho menos me preocupo, es porque hiede ya su estrategia de "llevarse el toro" de la opinión pública cuando al gobierno -paro, pensiones, déficit, sanidad, dependencia- le vienen mal dadas.
No me ocuparé ni preocuparé por Wert, al menos hoy, pero sí de quien se le acerca en la nómina de ministros peor valorados del Gobierno, y eso a pesar de contar con rivales de la talla de Cristóbal Montoro, Luis de Guindos o Fátima Báñez. Me ocuparé de Alberto Ruiz Gallardón y la herencia de deudas y carísimas chapuzas que fue dejando a su paso, primero por la presidencia de la Comunidad de Madrid, y, después, por el Ayuntamiento de la capital.
Que Gallardón tiene una concepción faraónica del poder está claro y que el gusto por el gasto, si es ajeno, en él es algo patológico. Por eso puso tanto empeño en soterrar la M-30 y en rescatar a su manera la ribera del Manzanares, convertida en un carísimo secarral polivalente, en el que los ciclistas lanzan sin orden ni concierto sus bicis a toda velocidad entre niños y ancianos que buscan con poco o ningún éxito un servicio público en el que aliviar sus vejigas. Por eso se gastó la millonada que se gastó en trasladar al palacio de Correos la sede del ayuntamiento, donde se montó un despacho digno de un presidente que apenas utilizó unos meses.
Sin embargo, no cumplió, pese a su tozudez su sueño olímpico, aunque sí fue dejando Madrid sembrando de chapuzas muy a su estilo farisaico, muy como sepulcros blanqueados, grandilocuentes por fuera y chapuceras por dentro. Probablemente ni siquiera nos hubiésemos dado cuenta del nivel de chapuza del rosario de recintos construidos para esos Juegos Olímpicos que quizá no lleguen nunca, de no ser porque alguien más chapucero que él y probablemente más codicioso, aunque es difícil encontrarlo, se empeñó en llevar hasta el límite la buena suerte que hasta entonces había acompañado al legado del hoy ministro de Justicia.
Cito la tragedia del Madrid Arena y no me cansaré de hacerlo en relación con Gallardón, porque fue él el que culminó las obras, ampliando el proyecto original y fue él el que, a sabiendas de que no podía obtener la licencia municipal para su venta a una entidad privada, porque incumplía la normativa de seguridad del propio ayuntamiento, desistió de venderlo, pero no subsanó las deficiencias que, la justicia lo aclarará, muy probablemente contribuyeron a la muerte de cinco jóvenes, mañana hará un mes.
Desde ese día, se han revisado muchos edificios propiedad del Ayuntamiento de Madrid y, además del Madrid Arena, se cerraron para su uso público otros dos tan significativos y tan utilizados como el Palacio de Congresos Municipal, sede de congresos de partidos y conciertos y el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo, escenario de numerosas ferias madrileñas. Pues bien, pese a la gravedad de tales medidas, al parecer no se tomaron todas las medidas necesarias, porque ayer se supo -lo contó la SER- que la Caja Mágica, otro espacio deportivo, previsto para tenis y otros deportes, del que ni la pista gustó a Nadal, tiene serias deficiencias de seguridad por estar desconectadas por no funcionar correctamente unas cuantas alarmas anti incendios, por el mal funcionamiento de varias cortinas cortafuegos, una de ellas arrancada de su anclaje, y por otra serie de deficiencias, como derivaciones de corriente en una piscina por filtraciones en las lámparas empotradas en el vaso de la piscina. Eso, a menos de un mes de ser sede del Mundial de Balonmano.
Pero no es en las canchas ni en los recintos deportivos donde se descuida gravemente la seguridad. Casi al tiempo que la tragedia del Madrid Arena, ocurrió otra en un tramo de la M-30, al producirse un incendio en el sistema de emergencia del túnel, un incendio que costó la vida a dos trabajadores de una subcontrata del ayuntamiento y que pudo haber sido mucho más grave, porque según los bomberos y los sindicatos, falló todo lo que podía fallar, desde alarmas a extintores y, lo que es peor las comunicaciones y la coordinación que cabría esperar de los responsables de emergencias del Ayuntamiento.
Esta es la parte de la herencia de Gallardón que afecta a la seguridad de los madrileños y quienes nos visitan, pero hay más y se evidencia a cada paso, por ejemplo en chapuzas como la del pavimento de la Calle Arenal, peatonalizada deprisa y corriendo para ponerse delante de las urnas, pero caro y tan frágil que cada dos por tres -yo pasó por allí todos los días- es necesario recomponer las baldosa, cada vez más fragmentadas por el paso y el peso de los numerosos vehículos que circulan por la calle peatonal con más tráfico del mundo.
No sé si será verdad lo que dicen de que, además de por pertenecer a la carrera fiscal, le dieron el Ministerio de Justicia a Gallardón para que no derrochase como hasta entonces. No sé si fue una buena idea, porque lo que no se gasta en el patrimonio de los españoles se lo está gastando en la calidad de su democracia y sus derechos. Y no parará hasta que LA RAZÓN le nombre "facha del año"
 
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viernes, 23 de noviembre de 2012

DOÑA ANA Y LA TRANSAPARENCIA

 
 

Nunca ha sabido esta señora cuál era su papel en el mundo en el que se movía. Cuando fue con su José Mari inquilina en el Palacio de La Moncloa adquirió más protagonismo del que se espera de quien no es más que esposa del jefe de gobierno y no primera dama. Tanto la gustaba lucir que superó a todas sus "colegas", anteriores y posteriores, en eso de figurar.

Cuando se quedó sin el papel de presunta primera dama -presunta, porque nunca pudo probarse que lo fuera- se le hicieron los dedos huéspedes hasta que consiguió ir en las listas de Gallardón y salir concejala del Ayuntamiento. Estivo claro ya entonces que doña Ana era poco más que un impuesto revolucionario o una penitencia que se cobraba al candidato por haber aparentado tanto y tan bien aquello del verso suelto. Era poco más, las feministas me lo perdonen y sé que a la vista de lo visto me lo perdonarán, que un florero, muy bien colocado, pero florero, al que la ambición del fiscal en excedencia sentó en el cómodo y carísimo sillón del flamante despacho del Palacio de Cibeles.

Probablemente creería Doña Ana que eso de ser alcalde era cortar cintas, pasear las aspiraciones olímpicas de Madrid por el mundo y poner alguna que otra medalla de vez en cuando. Pensaría que otros se encargarían de resolver los problemas, hacer los presupuestos y todo lo demás. A lo sumo tendría que vestirse de elegante negro para mostrar las condolencias de los madrileños en algún que otro pésame o funeral, en el que, como en las procesiones, podría lucir la racial mantilla, vestigio de burka, perfectamente asumido y protegido por protocolos que algunas asumen con gusto.

Pero en la ciudad alegre y confiada, el cortijo de las "oportunidades de negocio", ocurrió lo que ocurre cuando todos y cada uno de los actores de un drama cumplen su papel, porque es cada vez más evidente que todos, Ayuntamiento y su empresa Madrid Espacios y Congresos, sus amiguetes de Diviertt, las empresas de presunta seguridad y el ridículo esbozo de servicio ´médico contratado, pusieron su granito de arena, y no va con segundas porque la cosa no es para juegos de palabras, para que una noche de fiesta en el Madrid Arena acabase convirtiéndose en una de las noches más trágicas de la ciudad.

A partir de ahí, la alcaldesa, el florero sobre el sillón de alcalde, paso del spa portugués al apresurado aturdimiento en el que, al parecer, dio por bueno todo lo que los que la rodeaban, los que toman las decisiones, aunque sea otro el que las firme, le iban diciendo. Y fue precisamente esa entrega ciega a la increíble versión que le daban la que acabó por cambiarla de florero a triste muñeco del "pim pam pum"

Tantas veces ha hablado de transparencia y con tanto énfasis -el mismo de los niños que recitan sus poesías "de aquella manera" en las fiestas de fin de curso- que, cuando la realidad ha comenzado a aflorar se ha quedado colgada de la brocha, prisionera de sus palabras, sin darse cuenta de que esto no es una "pillada" más en asuntos de corrupción, que también lo es, sino que hay cuatro muertes, las de cuatro jóvenes llenas de vida, causadas por tanto racaneo en materia de seguridad.

Doña Ana, qué apellido tan transparente, se ha comportado frente a la prensa como ese tenista fuera de forma que, desfondado y agobiado, recibe uno tras otros los pelotazos del rival en el fondo de la pista sin dignidad ni claridad para esquivarlos ni, mucho menos, devolverlos.

Ha resultado penoso ver a la primera autoridad de Madrid desdiciéndose una y otra vez de lo dicho, viéndose sorprendida por los acontecimientos, "arropada" vergonzantemente por sus escuderos sentados entre la prensa o, directamente, recibiendo las respuestas adecuadas a traves del chat de su móvil.

Por eso ha decidido recluirse a la clausura del silencio, dejando para otros con el verbo y las ideas más claras eso de enfrentarse a la prensa y negando toda posibilidad a su comparecencia o la de cualquiera de los responsables políticos del Ayuntamiento ante la comisión creada en el seno del mismo para responder a las preguntas del resto de grupos municipales. Una comisión que, por cierto, está muerta antes de arrancar sus tareas.

No sé cuánto aguantaría Doña Ana con la sonrisa helada, cortando las cabezas de quienes han traicionado su confianza, pero más la de los madrileños, pero está claro que está tocada y bien tocada y que algún que otro carroñero sueña ya con hacerse con sus despojos para tomar venganza en Cibeles de lo que no consigue en Génova. Lo que sí sé es que, mientras tanto, los que vivimos, gozamos y padecemos en esta hermosa ciudad, pagamos, como siempre, los platos rotos de unos y otros.



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jueves, 22 de noviembre de 2012

ALBERTO MANOSTIJERAS

Ya sin máscaras, el verso suelto del PP se empeña en descolgarse a la derecha del poema, como si tratase de hacerse perdonar entre los votantes de su partido tanto maquillaje cultural y falsamente progresista como gastó en su etapa en la Comunidad o el Ayuntamiento de Madrid. Pero, como digo, una vez llegado al Gobierno, una vez hecho el camino se ha quitado las botas y el disfraz para volver a aparecer como el delfín de Fraga en Alianza Popular, más de derechas, según su padre, que don Pelayo, que siempre ha sido.
La ley de Tasas que debería haber entrado hoy en vigor, de la que nos ha salvado, de momento, la tardanza en la llegada de los correspondientes impresos es, debe ser, la plasmación del verdadero pensamiento del ministro. Habrá que pagar por todo y habrá que pagar mucho. Doscientos euros, por ejemplo, para recurrir una multa de cien que consideremos injusta o, mucho peor, quinientos por llevar ante el juez un despido.
Para justificarse, dice el ministro que el encarecimiento o la implantación de nuevas tasas tiene como finalidad disuadir a los ciudadanos de recurrir por sistema a los tribunales, logrando así desatascar los juzgados y agilizar el sistema. Pero lo que el ministro considera disuasión no es, en la mayoría de los casos, más que un castigo por hacer uso de aquello a lo que tenemos derecho. Y, lo que es peor, con la entrada en vigor de estas tasas, se levantará un muro que separe a los españoles que pueden pagar dos veces a los jueces que ya paga con sus impuestos y los que no los pueden pagar.
Los ejemplos de esta enorme injusticia propiciada por quien lleva escrito en letras doradas en su cartera que es ministro de Justicia, son numerosos y sangrantes y lo son en tozos los campos. En una comunidad de vecinos, por ejemplo, se prima al moroso frente a quienes contribuyen religiosamente a los gastos del edificio; el que sufre una estafa tiene que apostar más dinero para recuperar el que le han quitado, las víctimas de los errores médicos tendrán que sacar de donde no tienen para que se les compense el daño causado o, del mismo modo, quienes se sientan estafados por una entidad bancaria, por ejemplo en el caso de las preferentes, tendrán que poner dinero para enfrentarse a la poderosa maquinaria jurídica de los bancos.
Lo que ha hecho Gallardón es quebrar por la base el principio fundamental de la justicia universal, que no es otro que el de que sea gratuita y accesible para todos. Lo que ha hecho Gallardón es, en lugar de reforzar el sistema judicial español, tan insuficiente desde hace años es estrechar los accesos a la misma, tan estrechos como mantuvo los del trágico Madrid Arena -no hay que olvidar que el alcalde que miró para otro lado cuando la policía denunció las insuficiencias en materia de seguridad del recinto fue él- para estrangular cualquier aspiración de los humildes de que se les haga justicia.
Lo de Gallardón son recortes taimados y torticeros. Lo suyo es tan injusto como lo era castigar sólo con multas los excesos de velocidad, de modo que, como diría un castizo, quien tenía "posibles" podía permitirse el lujo, y nunca mejor dicho, de "tumbar la aguja cuantas veces le permitiese su ancho bolsillo.
La medida de Gallardón, como era de esperar, ha sido mal acogida por abogados, jueces y usuarios. Al ministro le ha ocurrido lo que a casi todos sus compañeros de partido con poder que han ofendido y perjudicado a tantos colectivos que las cañas se les han vuelto lanzas. Que se lo pregunten si no a su sucesora en el despacho del Palacio de Cibeles que ha visto como se filtraban uno detrás de otro los documentos que han puesto en evidencia la objetividad y la inocencia del Ayuntamiento en lo que pasó. Y la cosa no parece que vaya a parar ahí. Ayer, sin ir más lejos, los bomberos de Madrid hicieron público su informe sobre el incendio que costó la vida a dos trabajadores en uno de los túneles de la falsamente llamada Calle 30. Según ese informe, falló todo lo que podía fallar y las medidas de seguridad eran insuficientes o estaban fuera de servicio. Quizá fueron las prisas en inaugurarla para ganar las elecciones en su día o quizá esa necesidad de quitarle el chocolate al loro -y la vida a esos dos trabajadores- para ajustar el presupuesto de una obra cuestionable que nos ha dejado endeudados a los madrileños y a nuestros hijos y nietos.
Creo que el ambicioso Gallardón tiene tanto o más peligro que el pobre Eduardo Manostijeras, porque destroza y hace peor todo lo que toca, aunque le faltan la ternura y la poesía del personaje de Johnny Depp, que, por más que se empeñe el ministro, nunca alcanzará.
 
 
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martes, 6 de noviembre de 2012

UN MAL DÍA LO TIENE CUALQUIERA

 
 
A todos nos pasa. Todos tenemos días de esos en los que, no es que no te apetezca salir de la cama, es que, si pudieras, darías marcha atrás o hacia adelante al calendario para no tener que vivirlos. Hoy, no me cabe duda, para Rajoy debe ser un día de esos.
Vayamos por partes. En primer lugar, hoy Rajoy recibe muy malas noticias de Bruselas, porque su cuento de la lechera de los presupuestos, el que presentaron el cuentacuentos Montoro, primero, y la cándida y devota Báñez después. Malas noticias que destrozan todas esas, más que optimistas, delirantes previsiones de déficit que lo sitúan por encima del 8%, muy por encima de la cifra que pretende hacernos creer el gobierno y sobre las que ha construido sus fabulosos números. Pero no sólo eso, porque no hay que olvidar que este gobierno habría sido tan malo y tan mentiroso como dice que lo fue Zapatero en la contención del déficit.
Las cifras del paro, hechas públicas ayer y analizadas hoy en toda la prensa de papel que es al que queda en las hemerotecas, demuestran que nada de lo hecho por el Gobierno hasta ahora ha servido para acabar con el mayor problema que tiene y tendrá en los próximos años España y que no es otro que la cifra de casi seis millones de parados, de los que dos millones ya no tienen ingreso alguno.
De Guindos, con las bendiciones de Rajoy y su partido, ha puesto a dieta al enfermo hasta matarlo por hambre, mientras atiborraba a vitaminas al verdadero virus que ha causado la crisis que no ha sido otro que la banca y sus desmanes.
Por seguir con las malas noticias, parece que hoy es el día en el que el lento, lentísimo, Tribunal Constitucional despejará las absurdas y semánticas dudas del Partido Popular y su presidente sobre la constitucionalidad de que la unión legal de parejas homosexuales pueda llamarse matrimonio como el de las peras y manzanas de la siniestramente torpe alcaldesa de Madrid. Curioso remilgo lingüístico de quienes en horas libres "maridan" vinos con quesos y pasteles. Pues bien, parece que esta tarde, por fin, el TC despajará todas las dudas y el presidente se arrepentirá de no haber tenido valor para retirar un recurso que, no sólo era ridículo, sino que hubiese creado un problema jurídico y social de proporciones bíblicas. Si, de la noche a la mañana, los matrimonios contraídos con la ley de Zapatero dejan de serlo, con su rosario de compromisos en común, especialmente los hijos de las parejas.
También afloran, para desgracia de Rajoy, las escandalosas ramificaciones de la trama Gürtel, que ya asoman en el gobierno de Esperanza Aguirre y están poniendo al descubierto el cruce de favores cruzados entre gastos electorales y concursos públicos amañados o eludidos. Y, por no salir de Madrid, que decir del horror vivido en el Madrid Arena que está sacando a la luz una macabra trama de rodeos legales, irresponsabilidades, negocios de amiguetes inconfesables, trampas contables, con estafa a la hacienda pública y, sobre todo, temeridad consentida que desembocó en la tragedia de la noche de Halloween.
Sobre esto último, en las últimas horas se ha probado que el Ayuntamiento ha borrado de las páginas web que controla la publicidad de la trágica fiesta en las que invitaba a los jóvenes a acudir al Madrid Arena, aludiendo al contenido de los montajes de los DJ contratados, entre otras esta "DivierTT, ha preparado un espectáculo global, en el que el montaje desempeña un importante papel con un impresionante pasaje del terror", textual.
No saben la razón que tenían.
Buenos días, señor Rajoy, si es que tiene el cuajo de pensar que lo son.


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viernes, 2 de noviembre de 2012

TODO POR LA PASTA

 
 
Cuando se es joven se tiene un cierto sentimiento de inmortalidad que lleva a hacer cosas y a meterse en sitios imposibles. Con pocos años lo normal es tener poca experiencia de daño y tener, en cambio, muchos deseos de felicidad y diversión que, a veces, sólo consiste en estar junto a los amigos y la gente que se quiere. También nos embarga un espíritu gregario que nos lleva a probar y hacer cosas e ir a sitios, sólo porque van nuestros amigos. Curiosamente, ese sentimiento, esa desinhibición frente al peligro regresa a nosotros cuando alcanzamos determinadas edades, amparados en el "nunca me ha pasado nada", ignorando que algunas cosas, normalmente las más trágicas sólo nos pasan la primera vez que nos pasan.
Esto, hay gente que lo sabe muy bien hace mucho tiempo y lo aprovecha. Resulta paradójico, pero es así, los jóvenes tienen una capacidad y una alegría en el gasto de la que carecemos o no practicamos a otras edades. Las obligaciones, los miedos que llamamos prudencia, la previsión. El caso es que los jóvenes son, o al menos lo han sido durante estos últimos años, uno de los mercados potenciales más rentables, fácil de captar con una oferta sencilla.
No sé cuánto costaba la entrada para la trágica fiesta del Madrid Arena, ni me interesa. Lo que sí sé es que miles de jóvenes la pagaron, para entrar en un recinto abarrotado, en el que, a la vista de algunas imágenes, resultaba difícil, no sólo moverse, sino, sencillamente, estar. Y, cuando eso ocurre, una de dos, o se ha rebasado el aforo autorizado o ese aforo es cualquier cosa, menos realista.
En este caso, el recinto, una especie de pabellón multiusos, es propiedad del Ayuntamiento de Madrid y se gestiona a través de una empresa municipal que ayer, a las pocas horas de ocurrida la tragedia, curiosamente, ponía todo su empeño en afirmar que todo estaba revisado y en regla y en ponerse a salvo de posibles responsabilidades, no sólo a sí misma, sino a la organizadora de la fiesta concierto, que, por cierto, contaba, y ahora se sabe con un abultado historial de infraccione administrativas.
Entre los testimonios de los jóvenes asistentes a la fiesta hay un dato que resulta, cuando menos, curioso: no se registraron bolsos ni mochilas, no se pidió el DNI para impedir el acceso a menores y, al parecer, tampoco se puso mucho empeño en exigir la entrada. Y eso sólo ocurra cuando la taquilla ya está hecha y lo que importa es rematar el negocio con la venta de bebidas en el interior, Y, para ello, cuanta más gente dentro del recinto, mejor.
Es más, uno de los DJ, el encargado de dar la bienvenida a los asistentes dijo al comienzo de la fiesta que allí había 15.000 personas. Quizá eso explique por qué no se puso mucho empeño en el control del acceso. Para qué, si ya estaba vendido todo el papel, y, de ser cierto lo dicho por el DJ, la tercera parte de esa venta iba a quedar en negro. Lo que escribo no es un disparate, ahora mismo acabo de escuchar cómo, en Pamplona, la policía municipal desalojó una discoteca por doblar el aforo permitido, algo que comprobaron, tras contar uno por uno a los asistentes, cuando iban saliendo.
Otro importante detalle es el de las salidas de emergencia, de las que se dice que eran las correctas y que estaban abiertas. Sin embargo, está claro que algo fue mal, cuando tanta gente cayó en la trampa de ese pasillo taponado. Algo fue mal y los planes de seguridad del recinto no eran los apropiados. Eso no hay quien lo pueda poner en duda. Como tampoco puede nadie poner en duda que la Policía Municipal de Madrid no está en buenas manos, cuando se deja margen para que ocurran cosas así.
No hace muchos días nos enteramos, por otra cuestión relacionada con el aforo de otra macro fiesta, esta vez al aire libre -la de la MTV- de que apenas había una docena de policías municipales para velar por la seguridad de un acontecimiento que reunía a mas de 10.000 personas. En el Madrid Arena, que, insisto, es propiedad del Ayuntamiento de Madrid, la seguridad estaba subcontratada.
Ahorro, beneficio, negocio... esas son las palabras que parecen guiar la mano de quienes organizan y tienen la obligación de controlar y velar por la seguridad de estos espectáculos. Más valiera que, en lugar de hacerlo todo por la pasta, lo hicieran por la vida.
 
 
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