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jueves, 24 de mayo de 2018

COMO EN LA PEOR VALENCIA


Dicen que la caridad bien entendida empieza por uno mismo y, aunque cooperar al desarrollo de esos países saqueados durante siglos por las metrópolis europeas no debe ser considerado caridad sino justicia. Por eso, de confirmarse los indicios que han llevado a la detención de una treintena de cargos de la administración local y autonómica catalanas, se cumpliría escandalosamente el aforismo cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos de nuestra cultura popular.
Más de una vez he escrito que detrás de todas esas movilizaciones y despliegues que, desde hace años, se llevan a cabo en las ciudades y pueblos de Cataluña, la base, el punto de partida, de ese procés que busca la autoafirmación de la gente en su identidad nacional catalana y, sobre todo, convertirla en escaparate internacional de las aspiraciones soberanistas, había, hay, una coreografía casi perfecta, con muchas horas de trabajo detrás y, no lo olvidemos, muchos, muchísimos, medios, mucho dinero, prácticamente inagotable, dinero que paga pancartas, cartelería, megafonías, multas y desplazamientos. dinero que, muy probablemente, pagó también el intento de referéndum del pasado 1 de octubre.
Según una investigación judicial, encomendada a la Unidad de Delitos Financieros de la Policía Nacional, la UDEF, esa que Jordi Pujol decía no saber qué coño era. esos treinta detenidos formaban parte de una estructura creada en la Diputación de Barcelona y en la Generalitat y dirigida a desviar fondos destinados a la cooperación con países en desarrollo, especialmente destinados a proyectos de abastecimiento de agua potable y tratamiento de residuos. Un escándalo que, de confirmarse, insisto, creará malestar en muchos catalanes, un pueblo caracterizado desde siempre por su solidaridad y por su participación en el voluntariado que trabaja en África, Asia o América.
Los dirigentes del procés siempre se han mostrado ufanos de su astucia y, como el propio president Torra, han considerado a "los españoles", incluidos, supongo, sus jueces y sus fuerzas policiales, como homúnculos, siempre un paso detrás de sus iniciativas. Sin embargo, hay entre sus filas algún que otro personaje que ha tomado apuntes de su estrategia, dejando por escrito todos o casi todos los pasos dados en el largo proceso que nos ha traído hasta aquí.
Bien es verdad que, una vez olido el peligro, se esforzaron en hacer desaparecer esas pruebas de todo, con tan mala fortuna, que esa policía que tanto han despreciaban, montaba guardia a la puerta de la planta de incineración a la que varios agentes de los mossos llevaban documentación "sensible", la que, por ejemplo, ha llevado a la operación de esta madrugada, para destruirla.
Una de las peores consecuencias de todo lo que está ocurriendo en Cataluña es el desprestigio a que está llevando a los catalanes en el resto de España y no me refiero a los falsos estereotipos creados en torno a su modo de ser o de su lengua, que lo de la tacañería o el "polaco" ya lo llevaban a la espalda. me refiero a la sensación de que virtudes como la de la hospitalidad, la prudencia, o el sentido común, eso que conocemos como seny, han defraudado a más de uno, entre los que me encuentro.
No sé si, una vez que se demuestre lo que ha dado origen a la operación "Estela", de la que hablamos, los catalanes de bien se sentirán decepcionados por el comportamiento delictivo de sus dirigentes y funcionarios. No sé si les molestará que el dinero que creían destinado a la cooperación, ese que iba destinado a esos proyectos a los que muchos catalanes se sumaban, aportando su trabajo voluntario en sus vacaciones. Lo que me asombra es que no se hubiesen preguntado como en el cuplé "La chica del 17" "de dónde sacan pa' tanto como destacan".
El procés no ha salido ni sale ni saldrá gratis. Tiene unos costes claros, y hay que buscarlos en todo ese dinero invertido en él que debiera haber ido a los fines a los que estaba destinado, todo lo perdido en desinversiones y traslados de empresas y todo el prestigio perdido por Cataluña y los catalanes entre quienes, como yo, somos o hemos sido sus mejores clientes. Y es que en Cataluña, como en la Valencia de los peores tiempos, los del "caso Cooperación", el dinero destinado a ayudar a otros se invierte sin control en beneficio propio.

jueves, 19 de octubre de 2017

LOS VERDADEROS CULPABLES



Pase lo que pase en las próximas horas y cumplidas las diez de la mañana de hoy, 19 de octubre, con la churrigueresca segunda respuesta del president Puigdemont al requerimiento de Mariano Rajoy, aún seguimos al borde del abismo. Y ahí seguimos, porque la respuesta, en la que reconoce, de modo churrigueresco, eso sí, que la proclamación de Independencia. que es potestad del Parlament, no llegó a producirse, porque no se votó, y, acto seguido, deja de nuevo la pelota en el tejado de Rajoy, al que conmina a no aplicar el temido y temible artículo 155, a no impedir el diálogo y a cesar en lo que tilda de represión, para no convocar al parlamento para que vote y proclame esa, según el gobierno de la nación, inviable independencia.
La respuesta desde Moncloa no se ha hecho esperar y ha convocad para el sábado un consejo de ministros extraordinario para iniciar la aplicación del 155. Serían cuarenta y ocho horas más para la esperanza, cuarenta y ocho horas para que Puigdemont dé un paso atrás y, con un gesto que aún no ha dado facilite el entendimiento o el camino hacia él.
Y así como estamos, al borde del abismo, sería bueno tratar de entender por qué estamos aquí y, para ello, quizá convendría imaginar dónde estaríamos ahora si aquel estatut que hace diez años se dieron los catalanes, votando en un referéndum con todas las garantías, aquel sí, que fue luego respaldado en el Congreso de los diputados y firmado por el Rey. Un estatut que el PP vistió de afrenta para el resto de los españoles, simplemente porque le convenía. Un estatut perfectamente legal que despejaba el camino en la difícil integración de Cataluña en España que, sin embargo, fue utilizado por el PP para, con él, desviar la atención ciudadana de toda su basura, de todas sus corruptelas ya evidentes y, de paso, minar la confianza en un PSOE dividido, en el que, por intereses egoístas, muchos "barones" se sumaron a la práctica del anticatalanismo más rancio.
El PP de Rajoy enarbolando barras de fuet t botellas de cava, hizo de ese anticatalanismo su bandera y no paró hasta que un Tribunal Constitucional lento y sesgado echó abajo la espina dorsal de aquel estatuto. Electoralmente, la jugada fe perfecta, porque, unida a la mala gestión que Zapatero hizo de la crisis económica, dio a Rajoy esa victoria largamente acariciada, a cambio, claro, del hundimiento de su partido en Cataluña, algo calculad y descontado, que siguió cultivando, porque, a cambio de los escaños, que nunca fueron muchos, perdidos en esas cuatro provincias, le llovió una mayoría absoluta en el resto de España.
A partir de ahí, con una Generalitat en manos ya o, mejor dicho, otra vez de CiU, Rajoy se dedicó a ignorar, cuando no a castigar, a Cataluña, mientras su oponente, Artur Mas, se dedicaba a cultivar el victimismo y a achacar a una persecución de "Madrid" la multiplicación de los escándalos y todas las corruptelas que ya cercaban a su partido.
Fue durante ese periodo cuando CiU se pasó con armas y bagajes al independentismo de la estelada, fue entonces cuando, en una huida hacia adelante, jugando a la ruleta rusa con el calendario electoral, se echó en brazos de su eterno rival, Esquerra, fue el tiempo de las promesas electorales inviables, el de las utopías color de rosa que, desde Moncloa, Rajoy combatía con racanería en las cuentas y con todo un despliegue de bules e informaciones prefabricadas que, lejos de conseguir sus objetivos, no hacían otra cosa que cultivar el sentimiento de maltrato en los catalanes.
En tanto, en plena crisis económica, acuciado por su mala gestión, la corrupción, que no toda era inventada, los recortes y la radicalización de la gente en las calles, Mas se envolvió en la bandera y se entregó al "sacrificio" y el martirio en aras de una independencia que nunca había perseguido con entusiasmo, hasta que se vio prisionero de sus presas y exageraciones y, obligado a pactar con la CUP, tuvo que dejar su despacho en la Plaça de Sant Jaume a un oscuro y ambicioso Puigdemont, que, de la mano de un apaciblemente Siniestro Oriol Junqueras, y con la colaboración estelar de Rajoy y sus ministros, especialmente los de Interior, Fernández Díaz y Zoido, han hecho el resto del camino hasta el borde de un precipicio económico y, sobre todo, social, al que estamos a punto de caer.
En fin, miserias personales, en las que las elecciones son poco más que un instrumento y nosotros los ciudadanos, apenas meros actores secundarios.

miércoles, 4 de octubre de 2017

TENGO MIEDO

Dicen que, a medida que vamos cumpliendo años, a medida que vamos teniendo más experiencia, a medida que los afectos y las cosas nos atan, nos volvemos más prudentes o, si así lo preferís, más cobardes. Me está pasando. El miedo va ganando terreno en mí, porque no encuentro una salida a lo que está pasando. Me ocurre en esto, lo mismo que en la vida cotidiana, en la calle, cuando salgo del entorno que conozco. No sé si sabéis que padezco una grave discapacidad visual que me impide, por ejemplo, leer las placas con el nombre de las calles, que me impide distinguir lo que hay más allá de dos manzanas, y, por si fuera poco, lo que me queda a ambos cuando camino. Tengo a menudo boca de carretero, porque, cuando algo se trastoca en ese entorno que conozco, juro y maldigo, porque me siento engañado e indefenso.
No sé si sois capaces de imagina lo que os digo, no sé si podéis, no lo deseo, poneros en mi lugar. es muy duro y, por eso, necesito certezas, necesito saber que la altura de los bordillos es más o menos la misma en cada calle, en cada cruce, necesito estar seguro de que, al dar ese paso, no voy a "caer" a la calzada o a "tropezar" con ella. No es divertido y, sin embargo, tengo ganas de vivir, de convivir, y, sobre todo, de comprobar que lo que queda más allá es transitable.
Un temor parecido al que os describo me acongoja estos días que vivimos, yendo de sobresalto en sobresalto, sin que nada de lo que he vivido, nada de lo he aprendido me sirva para predecir adonde nos va a llevar el siguiente paso paso que den, unos y otros, hacia un futuro, si no imposible, sí insoportable.
De momento, asistir en la distancia a las cargas policiales del domingo me devuelve a lo más oscuro del franquismo, a los días de universidad, a los "saltos" a las manifestaciones ilegales, a las carreras y los palos y, afortunadamente aún no los ha habido, a las pistolas y las torturas de "los sociales". Lo de ahora es distinto, lo sé, y lo es por muchas razones, pero no por ello tiene pinta de salir mejor. entre otras cosas, porque el gobierno de la Generalitat, que se esconde tras las masas que movilizan la ANC y Òmnium, el mismo que, como hacía Franco, convoca y financia un "paro de país" con los medios y el dinero que es de todos, los que quieren manifestarse y los que no, el mismo que, a remolque de la CUP, convoca el paro y las manifestaciones para una cosa y las aprovecha para otra.
Yo siempre desconfío de los antidisturbios, es una rémora del pasado, del que viví con Franco y del más reciente, con mi Congreso "enjaulado", lloviendo palos en el Paseo del Prado. Quizá por eso no me siento tan escandalizado por las cargas del domingo. No piensan, cumplen órdenes, y, aunque los hay vocacionales, con las calles llenas de fotoperiodistas y smartphones en manos de ciudadanos no he visto, salvo pocas excepciones, las heridas de las que tanto se habla. O es que acaso creyeron al ministro cascarillero cuando dijo que eso iba a ser un picnic. Hubo, sí, pelotas de goma, yo vi en TV como los antidisturbios se colocaban unos a otros los "macutos" con la munición. 
El uso de ese material está, o estaba, prohibido en Cataluña. Y lo estaba después de que una mujer perdiese un ojo por un pelotazo salido de la escopeta de un mosto de escuadra, al que no se castigó porque sus mandos no quisieron identificarle y que, muy probablemente, recibió el domingo flores y aplausos por incumplir de manera torticera y calculada su deber como policía judicial y que estamos viendo estos días protegiendo no se sabe muy bien si a los policías y guardias civiles de los escraches o protegiendo los mismos escraches, cuando no cerrando para la huelga centros comerciales, como en tiempos del dictador cerraban facultades para todo lo contrario.
Por si fuera poco, este clima enrarecido en el que, si no dices lo que algunos quieren escuchar te ves acosado hasta el aburrimiento por los que metafóricamente tienen las mismas o peores dificultades que yo para ver lo que está ocurriendo en realidad. 
Es terrible que esta aventura emprendida por irresponsables afincados en la Plaça de Sant Jaume y en Moncloa esté llevando a que acabes discutiendo con la gente que quieres y respetas. Es peligroso que los mensajes "simples", simples en cualquiera de sus dos acepciones, están calando como calan a uno y otro lado del Ebro, encendiendo los ánimos y poniendo orejeras a los sentidos, especialmente a ese al que aquí se le dice común y en Cataluña seny.
La razón y la verdad no pueden ser absolutas. Hace falta perspectiva. Sería conveniente pararse un momento, tomar aire, mirar hacia atrás, para comprobar de dónde venimos, cuan duro ha sido el camino, cuanto más puede ser el que nos queda y, si, en realidad, la meta está donde nos dicen.
Anche, Felipe de Borbón se dirigió a la ciudadanía, con la misma solemnidad y sobresalto que lo hizo su padre hace treinta y un años, pero, al contrario que ocurrió entonces, el mensaje no ha sido, al menos para mí, nada tranquilizador, porque apenas insinúa en un susurro el entendimiento del que debe llegar la solución y que sólo se logrará hablando. Ni siquiera sé si fue un ave de mal augurio, porque leí entre leneas una tácita autorización moral para que el gobierno insensato que nos hemos dado o no hemos hecho lo posible para que no nos lo den los españoles, aplique el tenebroso "155" que intuyo injusto, doloroso y contestado, porque, si estamos donde estamos, porque a los catalanes les quitaron el estatuto que ellos y nosotros les dimos hace diez años, no puedo ni siquiera  imaginar qué ocurrirá si, además, le quitan su autogobierno.
Creo que, de hacerse, habrá que cambiar el color de los uniformes de quienes tendrían que enviar a Cataluña para imponerlo. Y no me gusta el caqui como solución. Por eso tengo miedo, porque no velo qué hay al final de la calle y el escalón del bordillo es demasiado profundo y oscuro. Por eso y porque hay mucha gente que quiero en Cataluña y también porque tengo una hija y una nieta casi reciñen nacida a la que me gustaría enseñarle esa tierra tan hermosa, en la que nació su abuela, que, de repente, ha quedado de espaldas a la mía. Y tengo miedo, mucho miedo, de que esos mossos, hoy aplaudidos y abrazados sean quienes muelan a palos a los catalanes cuando se echen a la calle para manifestar su rabia y su frustración por sentirse también engañados por quienes les están diciendo que su único problema es España y que, cuando alcancen la independencia, no habrá paro, no habrá corrupción, estarán en la UE, serán la admiración del mundo y todo será de color de rosa.

martes, 24 de febrero de 2015

CON UNA MANO DELANTE Y OTRA DETRÁS



Una de las frases, sentencias diría mi abuela, que he heredado de mis muchos amigos es esa tan dura y tan certera que dice "teme a los viejos, porque no tienen futuro". Una frase que parece hecha a medida para el matrimonio Pujol que ayer volvió a ese mismo Parlament al que le faltó entrar bajo palio, para reírse abiertamente de los representantes del pueblo, los mismos que no hace tanto le encumbraron a la torre de marfil en que acabó encerrándose el más maleducado, más malencarado y poco respetuoso de los dirigentes que ha tenido este país, tanto que, en ocasiones, deja atrás al mismo Manuel Fraga.
Pues bien, resulta que ese matrimonio intocable, del que él se ha pasado veintitrés años, un cuarto  de siglo casi, ostentando el tratamiento de muy honorable e interponiendo entre él y los demás, las más de las veces con malos modos, el respeto que se gana, pero nunca se impone, y ella malencarada y boquirrota casi siempre, despreciativa con los inmigrantes y con todo aquello que, a sus ojos, pusiese en peligro la identidad catalana, en cuya defensa tantas veces se ha permitido hablar, casi tantas como veces ha "rebañado" con sus tiestos y macetas los presupuestos que se dotaban de los impuestos de los ciudadanos de Cataluña, hubiesen nacido o no de padres catalanes y al norte del Ebro... resulta, decía -dicen, dicen, dicen- que ese matrimonio, en tiempos adorado y santificado, tiene la piel fina, tan fina como para no soportar ser tratados como iguales en la casa de todos.
Los Pujol, con seis de sus siete hijos investigados en casos de corrupción, con una fortuna localizada en Andorra que aún no han sido capaces de justificar, con un oscuro pasado, Banca Catalana, que ha sido, a cambio de no meter el palo en el avispero, moneda de cambio en tantos y tantos acuerdos de gobierno, unas veces con la derecha y otras con los socialistas, pretenden ahora una vejez tranquila, dejando a su prole a salvo de los vaivenes de la política al igual que -dicen- hizo el abuelo cuando hizo ese sorprendente legado, del que dice, aunque sin probarlo, el ex molt honorable que proceden sus cuentas en el extranjero, hábilmente gestionadas por su hijo el "chatarrero", el mismo que, según la madre enrabietada, compra coches de lujo desballestados en los desguaces, para luego, con cuatro perras, arreglarlos y dejarlos "niquelados" para pasear a sus novias.
Los Pujol, que se consideran a sí mismos, la encarnación de Cataluña, acudieron ayer a la sede del Parlament, a burlarse del pueblo de Cataluña a la cara de quienes lo representan. Pero esta vez, y más con los cambios que ya están en puertas, ese temeroso respeto, casi religioso, se convirtió en todo lo contrario y a Pujol y señora, primero, y a su primogénito, después, no les pasaron ni una, del mismo modo que a las pocas horas, en sus crónicas, periodistas otrora sumisos y consentidores mostraron a sus oyentes, telespectadores o lectores un retrato descarnado de una familia que ya no es lo que fue y de una Cataluña que por haberlo consentido va a dejar de serlo,
A estas alturas, creo que sólo un informe forense, una incapacitación, puede salvar a esta pareja, en la que a él se le acaban las pilas del sonotone cuando no le gusta lo que escucha y a ella le perece que los coches exclusivos, los pisos aquí y allá y las cuentas en paraísos fiscales equivalen a ir con una mano delante y otra detrás.
En cuanto al mayor de los hijos, Jordi, tampoco parece que las cosas no le van bien porque, dejando atrás la que sería la actitud de un caballero, señaló con uno de sus índices, no sé si el de delante o el de detrás, a su "amigo" Artur Más, quien no hace ni una semana negó cualquier amistad con el hijo de su mentor y padre en política, quizá porque no sabe que los poderes del hoy molt honorable ni son ni serán nunca los mismos que dejaron tener a su padre.


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jueves, 8 de mayo de 2014

DIGUEM NO


Escuchando la radio, nunca podré dejar ese vicio, me entero  de que Raimon, el cantante valenciano que en los sesenta y junto a otros jóvenes cantautores catalanes, vascos, gallegos y castellanos alzó su voz contra la dictadura que asfixiaba a toda España, está siendo objeto de recelos, cuando no de abierta hostilidad por haber dicho ante los micrófonos de Catalunya Radio algo tan sensato como esto "Yo no soy independentista. Está claro que lo que ha habido hasta ahora no ha funcionado, pero puede haber otras formas de estructurarse como país. Lo que es importante es hacer uso de las libertades posibles y poder votar, respetando a las minorías". Tal parece que hay quien no está dispuesto a conceder libertad de pensamiento y de expresión a quien, al igual que otros muchos, luchó por conseguir que la hubiera para todos.
Por mi trabajo, tuve en varias ocasiones la oportunidad de charlar con el cantante valenciano frente al micrófono y sin él y os aseguro que es un ser afable, tranquilo y reflexivo, enamorado de la música y la poesía y, cómo no, de la libertad y de la gente. Por eso me parece especialmente injusto que se haga el vacío o se ponga en duda su derecho a decir lo que piensa.
Curiosamente, a Raimon no le fue mejor con las libertades y la autonomía en Cataluña. Siempre existió un cierto recelo y, quien durante la dictadura fue un referente en la defensa de las libertades, apenas apareció en la televisión catalana. El mundo de la cultura catalana tampoco se dio prisa en reconocer el valor de su poesía y no fue hasta el pasado mes de marzo cuando la oficiosa Omnium Cultural le otorgó el Premi d'Honor de les lletres catalanes, casi medio siglo después de aquellos duros comienzos en que se cantar en catalán o en valenciano algo más que folclore suponía un serio riesgo.
Como muchos otros españoles,  aprendí mis primeras palabras en catalán o en valenciano, apenas hay más que una diferente pronunciación, esforzándome en comprender los textos de lo que ·de aquella manera" cantaba Raimon, Como muchos otros españoles, aprendí de memoria algunas estrofas de aquellas canciones, "Al vent", "Jo vinc d'un silenci", "El País Basc" o ese "Diguem no" que he tomado prestado para titular esta entrada. También he disfrutado y disfruto de la evolución de su voz, su música y su filosofía, expresada en sus últimos trabajos y, especialmente, en ese "Soliloqui solipsista". Y detrás de todas ellas, las de entonces y las de ahora, siempre he me encontrado con un hombre que buscaba la libertad, la paz y la belleza.
Por eso me duele enterarme hoy de que, quizá, los conciertos que ofrecerá estos días en el Palau de la Música, escenario totémico de la canción en catalán, van a ser víctimas de un cierto resquemor hacia quien se ha limitado a dar su opinión sobre un proceso que no considera la única alternativa para canalizar los sin duda insatisfechos deseos de plena realización de los catalanes. Me duele tanto que si estuviese en esa ciudad que tanto amo no faltaría, no lo dudéis, a la cita en el Palau, para arroparle.
Si me permitís una última reflexión, creo que a Raimon nunca se le ha perdonado la independencia personal de la que siempre ha hecho bandera, también que su origen valenciano y su amor por su tierra, cantado una y mil veces, ha despertado recelos suficientes como para no considerarle un "pata negra" del catalanismo.
Es muy injusto que ocurra esto, porque la libertad si no es para todos, no es libertad, es otra cosa.
Sería deseable que el amor a una tierra, una lengua o una bandera no nos cegase. Y sería bueno también que no se construyese la libertad de unos sobre el silencio de otros. Por todo eso, ahora y siempre, diguem no.


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sábado, 1 de marzo de 2014

PREGUNTITAS

 
 
Hace ya unas décadas, aunque parece que hace siglos, el payador argentino Atahualpa Yupanqui se hacía sus "preguntitas sobre dios", preguntas que quedaban todas sin respuesta, has que llegaba la última estrofa, ésta "¿Que dios vela por los pobres? / Tal vez sí, y tal vez no. / Pero es seguro que almuerza / en la mesa del patrón. Hoy quedan ya pocas preguntitas que hacer sobre dios, porque dios y su idea están de capa caída. Por eso, me permito jugar con los versos y p cambiar a ese dios en cuestión de Yupanqui por nuestros políticos, que cada vez más, ellos sí, están más en cuestión.
Decidme, si no, qué conclusión puede sacar uno de la actitud de la ejecutiva del PSOE, Ferraz, como se suele decir, cortando las alas a los socialistas navarros y catalanes a la hora de tomar decisiones que afectan, y seriamente, a su ámbito territorial. Asistimos desde hace meses al, a mi modo de ver, bochornoso bloqueo socialista a cualquier consulta a los catalanes sobre su futuro y asistimos ahora al no menos bochornoso y mucho más escandaloso espectáculo de ver cómo desde la sede central de Madrid se coarta al Partido Socialista de Navarra, qué ironía, para que no presente esa moción de censura que desalojaría del gobierno autonómico a la presidenta Barcina, la que en su día se "forró" con las dietas de la Caja de Ahorros de Navarra y, ahora, da cobertura a la más que intervencionista e interesada consejera de Hacienda, denunciada con pruebas por tratar de intermediar por empresas que habían sido clientes de su asesoría fiscal i "eran muy importantes parea Navarra".
Piensan en Ferraz que apoyarse en los votos de Bildu para conseguir sacar adelante la moción de censura sería hacer el juego al PP, que desbarataría la campaña socialista para las elecciones europeas denunciando la colaboración de los socialistas con los "socios" de ETA y es por eso que me pregunto si los votos de los navarros que apoyaron, libre y legalmente, a Bildu en las últimas elecciones que se celebraron en Navarra tienen alguna tara, alguna peste, que impida sumarlos en lo que no deja de ser un juego democrático, o sean votos de segunda con una letra pequeña o una regla no escrita por la que se impide que sirvan para ayudar a  formar gobiernos estables.
Mientras sigamos creyendo en el fantasma de un terrorismo ya desactivado, ETA acaba de ratificar su decisión irrevocable de abandonar la violencia, mientras sigamos haciendo creer que creemos, mientras haya partidos que dejen de aplicar la lógica democrática por el miedo a salir retratados junto a quienes, insisto, han sido elegidos con todas las de la ley, estaremos en manos de quienes manejan a la perfección ese chantaje castrante que les permite seguir cabalgando en el machito al que se subieron hace ya tantos años.
En este caso, esa obcecación, añadida a la nula intención de la señora Barcina de dimitir va a impedir que los navarros puedan decidir sobre su futuro en unas elecciones anticipadas, ahora que, a todas luces,  han perdido la confianza en su gobierno. Hay que comenzar a obrar por decencia y no por conveniencia. Hay que tomar decisiones valientes y hay que atreverse a explicarlas. Sólo así desactivaremos a esos fantasmas que sólo viven con y del aliento del pasado. 

En Cataluña es el miedo de uno y otros, porque estoy convencido de que tampoco Mas quiere una consulta clara, a saber qué decidirían realmente los catalanes sobre su futuro, después de haber sido correctamente informados sobre él. Yo, lo he dicho muchas veces, y, lo admito, sin conocer de primera mano la situación catalana, probablemente no votaría a favor de la independencia como parece reclamarse desde la Generalitat, pero, sin ningún lugar a dudas, lucharía por el derecho a la consulta a los catalanes y para los catalanes. 
 
Eso es algo que no puedo entender. Qué miedo puede haber a la una decisión libre y responsable, por qué los españoles, seamos de dónde seamos, pensemos cómo pensemos, vamos a tener que ser tutelados eternamente por ese dios, esos partidos, que, lejos de escuchar y atender a las necesidades y anhelos de sus votantes "es seguro que almuerzan en la mesa del patrón". 
 
 
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jueves, 20 de septiembre de 2012

NACIONALISMOS

 
 

Como muchos españoles e mi generación, los que padecimos la opresión de quienes se habían apropiado de nuestro país y nuestra bandera y no teníamos, a cambio, otra con la que identificarnos, nunca me he sentido implicado por nacionalismos de ningún tipo, aunque os aseguro que los respeto y muy especialmente en todo lo que tienen de expresión de sentimientos y hechos culturales.

Sin embargo y pese a no sentirme inmiscuido en disputas nacionalistas, me desagradan aquellos que esconden bajo las banderas intereses bastardos, los que agitan los símbolos para ocultar sus fracasos, y aquellos que buscan banderas en los desvanes para oponerlas a los de los primeros. Y eso, porque, si no me inclino por los unos, mucho menos por este nacionalismo excluyente e imperialista que tan hábilmente ha manejado la dimitida presidenta madrileña.

Quien, como yo, por propio interés o por razones profesionales, lleve años asomado a la actualidad política, debe saber ya de sobra que el nacionalismo o, mejor dicho, los nacionalistas, como en la Ítaca de Kavafis, no buscan la meta, sino el propio viaje. Luego, cuanto más les alejemos de ella, más sentido damos a su existencia y más fuerza les suministramos. Dicho de otro modo, el nacionalismo es como el agua que baja de las montañas que, cuando llega al valle, se remansa. Ahora bien, si levantamos presas en su camino o cegamos los puentes bajo los que corre, el agua se represará, cobrará fuerza y acabará reventando la presa, el puente y lo que se le ponga por delante.

Hay que ser tolerantes con los sentimientos de la gente y hay que ser, al mismo tiempo, implacable con quienes tratan de manipularlos. Hoy Rajoy y Más tienen una oportunidad única para detenerse ante el abismo, reflexionar y buscar una manera de descender al valle común en el que hemos vivido y debemos seguir viviendo.

Aún así, me temo que no lo harán. Y no lo harán, porque a uno y otro les interesa prender ese bosque para que el fuego implacable del descontento contra los recortes y el desmantelamiento del Estado de Bienestar que avanza implacable en Cataluña y el resto de España no les queme. Creen que quemando de manera controlada los parques que circundan sus palacios de poder, las llamas no les alcanzarán. Pero cuidado, a veces los grandes fuegos nacen cuando se pierde el control de estos otros fuegos terapéuticos.

Personalmente creo que a la gran mayoría de los catalanes y de los españoles, lo que les preocupa es encontrar trabajo o conservar el que tienen, llegar a fin de mes, pagar la hipoteca y sacar adelante a sus hijos. Todo lo demás es accesorio y, enredándonos en ello, estaremos haciendo el mayor de los favores a quienes nos quieren hacer pagar el desastre que provocaron o, al menos, consintieron.

 

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