lunes, 28 de enero de 2019

LA SOLEDAD DEL MÁNAGER


A estas alturas de la tremenda crisis que sufre podemos, lo único que tengo meridianamente claro es que Pablo Iglesias no concibe ni ha concebido nunca un Podemos al frente de cuya dirección no esté él mismo. Cuando un niño da el estirón, como el que dio Podemos en aquellas aún cercanas y, sin embargo, ya tan lejanas elecciones de 2016, las primeras, lo más importante es cuidar su alimentación y proporcionarle las vitaminas necesarias para consolidar el crecimiento y ejercitar apropiadamente esos largos huesos y esos músculos incipiente que asoman en todo adolescente, desgarbado y lleno de carencias.
Esas carencias, que no se han cubierto adecuadamente en Podemos, se combaten con las vitaminas de la libertad, la autocrítica y el ejercicio apropiado para transformar la acumulación de tanta burocracia adiposa en fibra democrática. A Podemos le ha podido el impulso juvenil y este impulso poco o nada dosificado le ha llevado a lesiones dolorosas y, sobre todo, inhabilitantes. Porque, no nos engañemos. Podemos ha pasado demasiado tiempo en el banquillo o calentando en la banda, porque ha pretendido convertirse en el delantero goleador de la izquierda, descuidando gravemente la necesaria defensa.
Iglesias lleva demasiado tiempo engañándose a sí mismo, una mentira que ya Nietzsche, como hoy mi amigo Luis recordaba, dejo escrito que es la más universal de las mentiras y, la más dañina, me atrevo a añadir. Tanto se ha mentido, tanto se ha engañado, que, creo, ha perdido el sentido de la realidad y, sobre todo, el contacto con los otros, y cuando digo otros, me refiero a esos todos esos "no inscritos" de los que siempre se olvida y que, sin embargo, son los que, más allá de las listas, más allá de las lealtades shakespearianas o de "Juago de Tronos", como prefiera, ponen y quitan, dan o niegan diputados. 
Hace unos minutos, Irene Montero, la compañera de Iglesias, la madre de sus hijos ha despejado una inquietante duda que, a quienes queremos gobiernos progresistas en la Comunidad de Madrid y en el ayuntamiento de la capital, al menos a mí, nos preocupaba: finalmente, no habrá lista alternativa a la candidatura de Más Madrid que encabeza Manuela Carmena. No me cabe la menor duda de que una lista encabezada por el JEMAD Julio Rodríguez, el general que encabezó la cúpula de las Fuerzas Armadas en tiempos de Zapatero, obtendría un voto residual, probablemente inferior al 5%, que se perdería, reforzando el peso del centro derecha tras cuatro años de buen gobierno de la izquierda en Madrid.
Habrá que esperar para ver cómo consigue Podemos salir del lodazal en el que el egocentrismo de Iglesias le ha metido. El líder nacional pretendía imponer al partido en Madrid la presentación de una lista alternativa a la que presente Errejón, cuando la mayoría de los dirigentes madrileños estaban por la integración en una lista  ganadora o casi, siempre abierta a alianzas que, sumada a la que Ángel Gabilondo encabezará por el PSOE, podría recuperar, sin la perniciosa atomización del voto de la izquierda, el gobierno de la Comunidad de Madrid para el progresismo por primera vez desde que, hace un cuarto de siglo lo perdiera Joaquín Leguina. De momento, en dos días, habrá una reunión extraordinaria del Consejo de Podemos, reunión más que necesaria, desde que el viernes dimitiese Ramón Espinar, cansado quizá de ser el brazo ejecutor de Iglesias en Madrid, al tiempo que muchos de los principales dirigentes del partido se reuniesen en Toledo a la búsqueda de una solución capaz de integrar a la izquierda.
Me entero de que la actual dirección de Podemos, no sé si Iglesias o la gestora que se hará cargo del partido en Madrid, propne a Errejón integrarse junto a Podemos en una plataforma unitaria en la que también esté el partido de Iglesias "a cambio" de no presentar lista al ayuntamiento de Madrid, lo que demuestra que Pablo Iglesias y quienes aún le apoyan no han entendido que lo de Errejón no es un partido sino una plataforma en la que se les ofreció integrarse. Algo que no quieren entender, porque no les interesa entenderlo, ya que, así, restarían protagonismo a su promotor y, de paso, les permitiría "trastear" en las listas.
Parece que Pablo Iglesias ha alcanzado, ojalá se haya dado cuenta o alguien que le quiera se lo haga ver, su máximo nivel de incompetencia. Parece que está a punto de comprobar que la unanimidad más perfecta es la que consigue uno con uno mismo, la que, desgraciadamente, va acompañada de la soledad más completa, la soledad, gracias Manolo por tan sonoro título, del mánager.

viernes, 25 de enero de 2019

VENEZUELA NO NECESITA MÁS RATAS


No seré yo quien deje de reclamar libertad para el pueblo venezolano. Tampoco estaré entre los que reclaman una intervención militar que acabe con la innegable tiranía de ese zopenco gigantón que se permite "hacer chistes" con enviar a sus hombres a acabar con el auto proclamado presidente Guaidó, más, si quien la pide lo hace para acabar con la inoperancia de la administración, la violencia en las calles, el hambre y la pobreza en Venezuela, lo hace desde, desde el despacho oval que alguien tendrá que limpiar y desinfectar cuando se vaya, mientras el mismo crea o agudiza esos problemas en el país que malgobierna.
Debo confesaros que, desde hace muchos años, más de veinte, me he interesado por ese país tan rico como desgraciado y por el desaparecido Hugo Chaves, al que seguí desde su fracasada intentona de golpe de Estado, este sí, hasta su muerte en loor de santidad para los suyos a causa de un cáncer. He de deciros que recortaba, entonces no existían Google ni Wikipedia, cuanto caía en mis manos sobre ese personaje "fascinante" tan parecido a tantos caudillos fascistas que intentó y logró en cierto modo revertir el secular desequilibrio económico padecido por su gente. Su labia, su demagogia altisonante me embrujaban y como, además, la coyuntura económica, con precios elevados para el petróleo, el monocultivo venezolano, permitían creer en el sueño bolivariano, para la propia Venezuela y otros países sudamericanos y la Cuba de Castro, que recibían la ayuda energética y económica que había dejado de llegar de la desaparecida Unión Soviética.
Fueron tiempos dorados para Chaves y su gente, tan dorados que emprendieron la consolidación de su "régimen" y la exportación de su ideología. contratando el asesoramiento de politólogos de aquí y de allá para ayudarles a elaborar sus leyes. Pero aquellos tiempos acabaron, la caída del precio de su petróleo, y las sanciones económicas llevaron la miseria a Venezuela, muy especialmente a las clases medias, que, ante la falta de expectativas de cambio, se han visto empujadas a la emigración, a veces en oleadas terriblemente preocupantes.
Nunca como antes en las calles de España se ha escuchado ese acento que no es canario ni es cubano y lo es al mismo tiempo, nunca como antes se ha visto una inmigración tan bien preparada recibiendo atención médica en nuestros centros de salud, la lógica atención que aquí es parte de la normalidad y en su tierra es un milagro. Nunca como antes los bares y restaurantes venezolanos han aflorado aquí como lo están haciendo ahora, un bar o un restaurante es un negocio fácil de montar y en él se han refugiado muchos venezolanos que aún tienen esperanzas de regresar.
Que algo tiene que cambiar en Venezuela es evidente, que en un país en el que falta la libertad falta todo, también. Por eso estamos obligados, más como españoles, a poner de nuestra parte para que los venezolanos puedan ser libre y felices. Pero hay que ayudarles pensando en ellos, no en el beneficio que pueden, podemos, sacar, unos y otros, con ese apoyo. Hay que sentar las bases para unas nuevas elecciones, esta vez libres y democráticas que propicien un cambio o la confirmación de los chavistas en el poder, pero esta vez con respeto a la constitución y las leyes por encima de las que llevan años pasando.
Venezuela no necesita a los líderes que en España la utilizan para su propio beneficio electoral, a un lado o a otro. Venezuela no necesita ratas. Venezuela ya tiene a los capibaras, las mayores del mundo, chapoteando en sus llanos inundados. Venezuela no necesita ratas que busquen en ella los votos que no encuentran aquí.

jueves, 24 de enero de 2019

COMO NIÑOS



Ayer se rompió, parece que definitivamente, la baraja con la que Carmena jugaba una dura partida con lo que queda de Podemos, cuando la alcaldesa reconoció en una emisora de radio que no contaba para un hipotético gobierno municipal con el ex JEMA, Julio Rodríhuez, al que Pablo Iglesias parece empeñado en "colocar" de número dos de la lista de Carmena, después de haber intentado llevarle a puestos relevantes, colocándole a la cabeza de diversas candidaturas, todas fracasadas.
La respuesta de Carmena, tranquila y natural -¿para cuando naturalidad y tranquilidad en alguna toma de postura del más que afectado y teatral Pablo Iglesias?- debió olerle a cuerno quemado al cada vez más solo líder del partido que pudo gobernar desde su baja por la paternidad de sus mellizos. Como viene ocurriendo en los últimos días, en un primer momento no supo qué hacer ni qué decir, hasta que, pasadas unas horas, anunciaron que no se presentarían a las próximas elecciones municipales en Madrid, tanto en la capital como en la comunidad, ni solos ni con el tandem Carmena Errejón.
La reacción es inexplicable y, si me lo permitís, un insulto a quienes les hemos venido votado o, ojalá fuese así, una invitación a que votemos a las listas de Carena y Errejón. Es inexplicable, salvo que, como acaba de señalar Carolina Bescansa, fundadora como Iglesias y Errejón de Podemos, el ataque  de cuernos obedezca como parece a razones sentimentales.
Sin embargo, me permito sugerir otra explicación que no es otra que ésta: Iglesias, para quien seguir como líder indiscutido se ha convertido en algo ya enfermizo y, para él, ceder ante la pareja Carmena Errejón sería una humillación que, si duda, restaría brillo a su figura, sobre todo cuando ha hecho de su intento de decidir dentro y fuera del partido le lleva últimamente a reveses innecesarios que el partido no se merece. Mucho menos que de ceder, de lo que huye Iglesias es de medirse con su viejo amigo.
Iglesias vería cuestionado su liderazgo en podemos si una lista encabezada por Errejón superae al primer intento a otra apadrinada por él y, hoy por hoy, son muchas las posibilidades de que eso acabe ocurriendo, sobre todo porque, más allá de lo que han venido contando los medios con impresiones sacadas del entorno de Podemos, es evidente que en la calle la figura de Errejón crece a cada minuto y la aparición de su opción acabará devolviendo la ilusión por votar a muchos que la habían perdido.
De cualquier modo, la soberbia de Iglesias se está volviendo contra él. Su actitud frente a quien ose llevarle la contraria, sus "purguitas" quitando y dando cargos, subiendo y bajando de las gradas del Congreso a los disidentes, su empeño en cambiar a los brillantes y abiertos por autómatas fieles, le están dejando cada vez más sólo y más irrelevante y será cuestión de tiempo que se vaya o que le echen, si es que Podemos le sobrevive.
Iglesias y los suyos no han sabido encajar la jugada de Errejón y Carmena que, abriendo su "Más Madrid" a figuras no salidas del granero de Podemos, gente que no necesariamente debería salir de los pasillos de la Fcaultad de Políticas de la Complutense. No lo han sabido encajar, no han llegado a entender que sus brillantes resultados de los primeros tiempos fueron un regalo que tenían que haber mimado y que no han sabido cuidar, porque, desde hace tiempo, van de mal en peor, dando la imagen de ser una especie de Saturno devorando a sus hijos. Se han comportado como niños que prefieren ver su juguete roto a dejar que los demás jueguen con él.

miércoles, 23 de enero de 2019

LA ESCLAVITUD NO ES PROGRESO


Para que no haya dudas, partamos de que ni entre mi familia ni mis amigos hay taxistas o conductores de VTC. Quiero decir con ello que no tengo intereses, ni siquiera sentimentales, en esta guerra que enfrenta en las calles a conductores de coches de alquiler de uno y otro tipo, mientras los que se hacen ricos, qué digo ricos, muy ricos, con su duro trabajo, permanecen en sus despachos aquí, en San Francisco u Holanda.
A lo largo de mi vida y por mi profesión, primero, y mis limitaciones, después, me he visto obligado a coger muchos taxis, en los que me he encontrado de todo: taxistas estúpidos y simpáticos, oyentes de la COPE o del mejor jazz. habladores y silenciosos, hombres y mujeres, gentes de estampita y de rosario en el espejo y, también, una conductora musulmana con pañuelo. Conductores de VTC no he visto, porque nunca los he usado. Me gusta tener unas ciertas garantías y sé que, mejor o peor, el taxi está regulado, pasa revisiones periódicas, tiene tarifas reguladas y estables, suele estar limpio y, sobre todo, coche y conductor están perfectamente identificados.
Quizá por todo eso, mi corazón está de su parte. Quizá por eso este mes de agosto hice la foto con que hoy ilustro esta entrada, la foto de un anuncio gigantesco y arrogante que se cierne sobre quienes esperan a pie de taxi la llegada de clientes, un anuncio detrás del que están, no pobres conductores sino una potente empresa, la mayor en el sector del transporte urbano. dispuesta a hacer una muesca más en su revólver, sumando Madrid y Barcelona, otras ciudades no le interesan, a los trofeos que cuelgan del despacho de sus directivos.
De ningún modo quisiera que los taxis, con sus tarifas reguladas, todos ellos vehículos homologados desapareciesen de Madrid, mi ciudad. De ningún modo quisiera que, después del calculado dumpin con el que, a costa de sus conductores, los VTC revienten el mercado con su política de precios bajos a costa de conductores explotados, con horarios y salarios de esclavos, para, luego, cuando ya no queden taxis, imponer sus tarifas abusivas como ya han hecho en otros países.
Estos días he escuchado que, cuando hay escasez de taxis y mucha demanda, los precios se subastan y la carrera que antes podía costar cinco euros se transforma en otra de quince o veinte. He oído que, mientras los taxistas de Niza atendían a las víctimas del atentado de hace dos años y a sus familiares, los VTC subieron de golpe sus tarifas un 70%. He oído también que no todos los coches son los que nos muestran limpios y de gama alta, ni los conductores van todos trajeados.
También he escuchado que los VTC se saltan los límites territoriales que les impone su licencia y que tienen una espacial querencia por Madrid o Barcelona y, claro, un coche negro es un coche negro aquí o en Cataluña, mientras que los taxis son perfectamente identificables a varias manzanas de distancia.
Evidentemente, conducir por una gran ciudad, de no ser por el tráfico, es fácil, con un GPS lo puede hacer cualquiera y en cualquier idioma, pero no es lo mismo dejarse llevar en un coche por alguien con experiencia, que hacerlo por alguien que, muchas veces, no conoce la ciudad ni el idioma.
Los directivos de Uber y Cabify son los nuevos piratas, son, como muchos otros directivos de muchas empresas nacidas a la sombra de una aplicación informática, gente dispuesta a llenar sus cuentas, ubicadas en paraísos fiscales, por cierto, aprovechándose de gente que ha perdido su empleo y que, por llevar un plato de lentejas a casa, está dispuesta a dejarse pisotear sin pensar en que, como trabajador y en pleno siglo XXI, tiene derechos.
Sé que, a corto plazo, resolver la necesidad de desplazamiento con el móvil es tentador, al mismo Iñaki Gabilondo se lo parecía ayer en su comentario diario, en el que, pese a reconocer los derechos de los taxistas, debería adaptarse a los tiempos, como lo había hecho el periodismo. Me duele tener que hacerlo, pero creo que el ejemplo de Iñaki es malo para su tesis y muy bueno para la contraria. Efectivamente, Iñaki, el periodismo se ha adaptado, dolorosamente, a los nuevos tiempos, dejando en el camino a centenares, si no miles. de buenos profesionales, podando de sus ramas a una generación casi completa de periodistas con criterio, experiencia, desgraciadamente para ellos con sueldos altos y, por qué no, una cierta rebeldía, gravosos para directores sin escrúpulos que buscan redacciones jóvenes, baratas y maleables.
Efectivamente, Iñaki, hay que adaptarse a los nuevos tiempos, pero el periodismo, desde que se ha adaptado, es menos combativo, más precario, peor pagado y, sobre todo, peor, por no decir nefasto. El periodismo, como el taxi, ha tenido que adaptarse a los nuevos tiempos, a eso que llaman progreso, pero la esclavitud, Iñaki, no es progreso.

martes, 22 de enero de 2019

LA LECCIÓN DE ERREJÓN


Muchas cosas han cambiado, u para bien, en la izquierda española, desde que el pasado jueves Íñigo Errejón y Manuela Carmena anunciaron la integración del fundador de Podemos en la plataforma de la alcaldesa para optar desde ella a la presidencia de la Comunidad de Madrid. La sacudida causada por el paso dado por Errejón está sacando de su depresión a los defraudados y tristes votantes de la izquierda, que, como yo, andábamos hasta entonces calculando como no quedarnos en casa en las próximas elecciones locales sin echar a perder nuestras pituitarias, desengañados como estábamos ante el erial en que el egocentrismo y la manía persecutoria de Pablo Iglesias habían convertido a la izquierda madrileña.
Yo, como imagino que otros muchos progresistas sin partido, hace tiempo que me harté de ese gurú pagado de sí mismo y contradictorio que segaba y arrancaba de su entorno a cualquiera, no sólo que le contradijese, sino que, simplemente, le hiciese sombra o resplandeciese más que él. Basta, para comprobarlo, hacer el ejercicio que propuse no hace mucho de comparar cualquier foto de los líderes de aquellos primeros e ilusionantes momentos de Podemos con las sombrías figuras que acompañan hoy a Pablo Iglesias. Son demasiadas las figuras que han ido esfumándose, desapareciendo de los órganos de decisión del partido o que han sido relegadas de los puestos clave de las muy codiciadas listas electorales, premio y castigo de la fidelidad al líder, cuando debieran ser el atractivo reclamo para el voto de los ciudadanos.
Esa es la peor imagen de un partido, la que nunca esperaba ver en Podemos, que nació como la gran esperanza para quienes creemos en la política como medio para mejoras la vida de los ciudadanos, el agente transformador de la sociedad para hacerla más justa y más igualitaria, una imagen que no creí llegaría a darme el partido al que voté. Sin embargo, Podemos lleva meses, si no años, replegándose en sí mismo, podando todo aquello que no crecía en la dirección que habían previsto Pablo Iglesias y su núcleo duro.
Así, después de su intento de enmendar la plana a Pablo Iglesias. Íñigo Errejón fue desterrado, y hay quien dice que generosamente, a encabezar la candidatura de Podemos a la Asamblea de Madrid. Pero algo pasó, algún Pepito Grillo susurro al oído de Iglesias, como el espejo de la madrastra, y le advirtió del peligro de verse superado en resultados, sobre todo después de las últimas debacles, por el desterrado que, a nadie se le escapa, goza de mayores simpatías que el denostado líder, en horas bajas desde hace ya tiempo.
Ante esa situación y lejos del conformismo que garantizaría a Errejón un escaño y un sueldo, para tranquilidad de algún miserable como Echenique, que ayer tuvo que disculparse ante la dignidad del disidente, el ahora socio de Carmena optó por abrir la cápsula en la que Iglesias había encerrado a su partido, proponiendo una opción en la que también cabría Podemos y no sólo Podemos, sino todo aquel dispuesto a trabajar por los demás desde posiciones de izquierda, pero en absoluto sectarias.
Ayer, finalmente, Errejón dio una lección, sin siquiera nombrarle, al miserable de Echenique, que, vistas las consecuencias, anoche mismo se vio obligado a pedir disculpas por sus injustas palabras. Ayer, Errejón dejó el escaño que sin duda era suyo, porque fue su presencia en la lista la que, no sin reservas, convenció a muchos, entre otros a mí, para dar el voto a Podemos. Y lo hizo sin que ninguno de sus adversarios llegase a tener el valor de quitárselo, no renunció a su militancia, porque, después de tantas decepciones, Podemos aún sigue creyendo en un proyecto que se merece otras maneras y otros dirigentes. Y lo hizo con tranquilidad, mirando a os ojos de la gente, sin circunloquios, sinceramente. Fue toda una lección para tanto acólito acrítico como rodea a Iglesias, acríticos  que son los que medran en el que todavía es su partido.

lunes, 21 de enero de 2019

EL DOLOR COMO ESPECTÁCULO


Tengo una amiga que lleva días sin poder ver telediarios, porque tiene un niño al que, como no puede ser de otro modo, algunas noticias le impresionan y le llevan a hacerse preguntas o, lo que es peor, a quedarse en un silencio preocupante que es en sí mismo como una gran pregunta que plantea a todos esos adultos, entre los que debemos incluirnos, que no se plantean si es necesario montar un circo de cámaras, micrófonos, unidades móviles y curiosos cada vez que una desgracia se cierne sobre una familia o una localidad, alimentando irresponsablemente ese morbo enfermizo que da tanta audiencia y tanto dinero y que cuesta tan poco sostener.
Lo de mi amiga y su niño, evidentemente, no se lo plantean quienes se revuelcan día sí y día también en el morbo, fingiendo solidaridad y sentimientos, con gesto grave, dirigiendo desde el estudio o el plató a su infantería, toda una legión de mercenarios mal pagados, dispuestos a poner el micrófono delante de madres desgarradas o vecinos locuaces y ansiosos por aprovechar sus quince segundos de gloria ante la audiencia. Qué decir de los sentimientos de los directores de los programas, dispuestos siempre de dar una vuelta de tuerca más, de forzar a esa infantería a saltarse cordones de seguridad y de decencia, para ir más lejos que la competencia. Qué decir de los directivos de todas esas cadenas, incapaces de otra cosa que no sea traducir el dolor, el morbo y el share que provocan en otra cosa que la cuenta de resultados, gente que no quiere gente con escrúpulos a su lado, porque para chapotear en el morbo, los escrúpulos estorban.
Quizá por eso, este fin de semana, han dado más importancia al intento de rescate, ya desesperado, del niño atrapado en un pozo del campo malagueño, que a la crisis de Podemos o al maquillaje de brocha gorda con que el PP ha pretendido disimular este fin de semana el claro desnorte de su intrépido líder, Pablo Casado. Quizá por eso quienes esperábamos recibir de los telediarios un poco de información nos hemos visto obligados a abonar el impuesto de largos reportajes, con especialistas de aquí y de allá, con vecinos, con algún que otro familiar y, siempre, con ese plano del ajetreo, ese sí responsable, en torno al pozo del que se pretende extraer, ya con pocas esperanzas, de hacerlo con vida.
Tuvimos que verlo el fin de semana y llevábamos días viendo ese espectáculo absurdo y doloroso de informaciones vacías y "de compromiso", en cada telediario, en cada programa, sin que nada hubiese pasado, bueno o malo, conformándose y pretendiendo conformarnos con la más o menos previsible agenda de los acontecimientos, que es lo que cuenta un periodista cuando no tiene nada que contar, quejándose de retrasos en la comparecencia de este  aquel técnico, asumiendo un protagonismo tan injusto como soberbio quienes deberían ser meros transmisores de la información, sin especulaciones ni, mucho menos, "adornos" ni exageraciones.
No me gusta el camino emprendido hace ya años por los medios de comunicación en España, falta en ellos la responsabilidad que yo he conocido en otros tempos y sobran el morbo y el espectáculo que tan bien retrató Billy Wilder en "El gran camaval", la historia del rescate de un arqueólogo atrapado en una cueva que atrae a todo un circo mediático, convirtiendo las inmediaciones en una feria y el mismo rescate en un programa de suspense, prolongado artificialmente a la vista de la audiencia que consiguen las "entradas" desde los alrededores de la cueva.
Por desgracia, la suma del dolor, la incertidumbre y el tiempo que corre en contra del final esperado, convierten la información en un espectáculo morboso, en ese gran carnaval que nos sonrojó en la película de Wilder.

viernes, 18 de enero de 2019

EL PASO AL FRENTE DE ERREJÓN


Desde que ayer Íñigo Errejón anunció su intención de concurrir a las elecciones autonómicas junto a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, en la plataforma más Madrid, todo el resentimiento que se esconde tras las falsamente amables y tranquilizadoras palabras de su amigo Pablo Iglesias ha salido a la luz como la lava de un volcán demasiado tiempo retenido. Nunca creí que llegaría a escuchar ese falso deseo de suerte con el que el secretario general de Podemos señalaba ayer la puerta de salida a su amigo y compañero de tantos años ni de su fiel escudero, el secretario de organización y tocayo, Pablo Echenique, algo tan miserable como insinuar que si Errejón no deja el escaño en el Congreso es porque "de algo tiene que vivir hasta mayo". Nunca lo creí, pero lo he tenido que escuchar y sin anestesia.
Siempre he desconfiado de quienes, entre el servilismo y la discrepancia, se quedan con quienes se humillan ante "el jefe" y hacen para él los trabajos sucios, tiendan las trampas y denuncian a los compañeros. Quizá sea un reflejo condicionado por tantos años de ver y, en ocasiones, sufrir ese servilismo miserable, el que lleva al "siervo", consciente de sus limitaciones, a ocultar al "amo" que va desnudo cuando presume orgullosos de su traje nuevo, hecho sólo de vanidad y soberbia, pero el caso es que, entre Iglesias, con todos sus fieles alrededor, y la brillantez de Errejón, siempre me quedaré con la brillante solvencia del sólo en apariencia aniñado Errejón.
Del mismo modo, siempre me atrajo la luminosa claridad del hoy "socio" de Manuela Carmena, más, si se compara con el paternalista y sombrío discurso de Pablo Iglesias, siempre desde arriba, sonando hueco, siempre escondiendo sus verdaderas intenciones, el discurso de quien, desde hace demasiado tiempo ya, se ocupa más de su supervivencia dentro del partido que de la de los ciudadanos a quienes, en principio ha venido a defender. Y, si lo digo, es porque todos fuimos testigos hace no apenas tres años de cómo, creyendo que, forzando unas nuevas elecciones, Podemos crecería por encima del PSOE, frustró la posibilidad, más real entonces que nunca, de dar a este país un gobierno liderado por la izquierda.
No sé qué pudo creer en aquel momento, pero, dinamitando aquel difícil pero posible acuerdo, pero, con su actitud, no hizo otra cosa que frustrar a quienes seguimos creyendo que este país se merece un gobierno que trabaje para la gente, algo así como lo conseguido en Portugal por una gran coalición liderada por la izquierda que aquí, con personajes como Iglesias al frente de Podemos, hoy parece del todo imposible.
No sé si de sus tiempos de la universidad, lo cierto es que Iglesias adolece de un gusto excesivo por el control y de una inclinación más que hortera a las coreografías y las puestas en escena aparatosas y, a ser posible con "coros y danzas", de las que también parece fan Juan su inseparable Carlos Monedero.
Quiero creer que Errejón es de otra manera y que, en el destierro al que le condenó su "amigo" Iglesias tras el último Vistalegre habrá tenido tiempo de reflexionar sobre todo esto y que buscará la mejor de las compañías posibles, dentro y fuera de Podemos, para esta nueva y difícil aventura que, espero que, para bien de todos, acaba de emprender.
Pocas cosas hay más difíciles que enfrentarse a un amigo o a un hermano, pero hay veces en que no queda más remedio que hacerlo. Y es difícil porque se le conoce demasiado y se le quiere y se le odia como a nadie o a nada. Entiendo que Errejón ha asumido que, junto a Iglesias, tiene ya poco que hacer, porque ni siquiera estaba claro que, en las próximas elecciones autonómicas, fuese a obtener el apoyo del partido al que aún pertenece, controlado como lo está por un Pablo Iglesias celoso, desconfiado y temeroso de que los resultados del que fue su amigo pusiesen en las urnas su liderazgo  en duda. Quizá por eso y sin complejos, Íñigo Errejón ha decidido dar este paso al frente. Bienvenido sea.