miércoles, 16 de enero de 2019

¿DÓNDE QUEDA LA POLÍTICA?


Ayer, por esas ironías que a veces nos plantea el destino, coincidieron en el tiempo dos debates parlamentarios, los dos cruciales, uno en el viejo parlamento británico y otro en el no tan viejo paramento andaluz, el primero en Londres y el segundo en la ciudad donde crecen las naranjas con las que, cuenta la leyenda, hacen la mermelada para la reina Isabel.
Los dos debates, el del plan para el Brexit, pactado a regañadientes por Theresa May y el del proceso de investidura que llevará por primera vez a la derecha a la presidencia de Andalucía, tienen poco en común, salvo que ambos son la consecuencia de la falta de interés de los políticos por los ciudadanos. Y es que, en uno y otro caso, los políticos han hecho la Política con mayúsculas que esos ciudadanos esperan que hagan, anteponiendo los intereses de quienes votan a sus indisimuladas ambiciones de poder.
No hay que olvidar que el referéndum en el que los británicos votaron sorpresivamente a favor de la salida del Reino Unido de una Unión Europea en la que nunca quiso integrarse del todo no fue otra cosa que una huida hacia delante del conservador David Cameron, quien, no encontrando otro modo de "distraer" a quienes, desde dentro y fuera de su partido, pedían su cabeza, convocó alocadamente una consulta en la que los ciudadanos británicos votaron, no menos alocadamente, la salda de su país de la Unión, espoleados por mentiras y medias verdades que acabaron por despertar al viejo león del imperio, que, entre rugidos y bostezos, decidió levantar un muro de resentimiento sobre el canal.
Aquí, en España, en Andalucía. jubo un tiempo en que Susana Díaz, más que agobiada por la vieja corrupción que iba a sentar a sus antecesores en el banquillo y espoleada por las viejas glorias del PSOE, poco acostumbradas a escuchar a la calle, se empeñó en dinamitar el liderazgo del díscolo Pedro Sánchez, poco o nada dispuesto a dejarse llevar por los jarrones chinos del partido.
Calculó mal, despreció a las bases de su partido y creyó que los viejos líderes seguirían teniendo la razón por haberla tenido, y emprendió indisimuladamente la batalla por Ferraz, creyendo que, de la mano de quienes buscaban un acuerdo contra natura entre PP y PSOE que satisficiese a sus amos del IBEX 35, llegaría a la secretaría general, primero, y a La Moncloa, después.
Se equivocó, las bases recuperaron al secretario general que nunca debió dejar de serlo y tuvo que regresar a Sam Telmo con el rabo entre las piernas y más que herida en su sobrada soberbia, sin ser consciente de, a los ojos de los andaluces, ya no sería la misma.
Las ambiciones desmedidas y la partida simultánea que Cameron y Díaz trataron de jugar, ampliando el campo de batalla lejos de sus cuarteles de invierno, desprotegidos ante las críticas y las mentiras redobladas de sus rivales. Perdieron su estrella y los más oportunistas, se cobraron la pieza con falsas promesas y cultivando los miedos de siempre.
Fue entonces cuando los datos falsos, las promesas insostenibles, la mentira como arma política y el "sin complejos" se apoderaron del campo, colocando a una, imposible hace sólo dos meses, alianza de las tres derechas se hicieron con el gobierno de Andalucía, a saber por cuánto tiempo, y el peor de los vacíos se hizo con los destinos del envejecido Reino Unido. Y es que es eso lo que ocurre cuando no se hace política, cuando no se hace política con decencia, cuando todo vale para acabar con el rival, cuando las ambiciones personales, de Theresa May y Susana Díaz, se anteponen a los intereses de ese pueblo, esa ciudadanía con la que tanto se llenan a boca. Ha llegado una nueva era de glaciación a la civilización que presume de democrática. Que no se instale definitivamente y nos mande, con su sálvese quien pueda, a las cavernas depende de que esa verdadera política al verdadero servicio de los ciudadanos reaparezca lo antes posible y sepamos reconocerla.

martes, 15 de enero de 2019

ALÁ, LOS COMUNISTAS Y VOX


De todos es sabido que, si algo tiene la política, es que nada como la política para hacer extraños compañeros de viaje. Todos recordamos o deberíamos recordar la foto de Julio Anguita, tan exquisito guardián de las esencias de la izquierda él , tomando café con Aznar en el Congreso mientras ponían  apunto la pinza con la que consiguieron debilitar a Felipe González hasta que,  meses después, las urnas acabaron desalojándole de La Moncloa, para dar paso a quien, con su ley del suelo, sentó las bases de la desastrosa burbuja inmobiliaria que reventó el mercado y nos dejó mucho más indefensos ante la crisis de la que aún no hemos salido.
En aquella ocasión, Anguita fue el "tonto útil" extendió la alfombra roja para la llegada de la derecha al poder y no sólo eso, porque con su esquizofrénico mesianismo también sentó las bases de lo que acabaría siendo la debacle de la izquierda, dejando Izquierda Unida ensimismada y desorientada, como vaca sin cencerro, lo mismo que al electorado progresista que perdió un proyecto al que dirigir sus votos, en unos años que fueron claves para la defensa del estado de bienestar que el PP tardó poco en comenzar a desmontar, alentando el egoísmo de unos y la codicia de otros. 
Si hoy escribo esto, el  día en que da comienzo el pleno de investidura que, por primera vez en casi cuarenta años, hará presidente de Andalucía a un candidato de la derecha, es porque conocemos cada vez más detalles de la sorprendente financiación que, en 2014, hizo una organización de la resistencia iraní,  marxista e islamista a un tiempo, directamente relacionada con los Muyahidines del Pueblo, al parecer su brazo armado, que estuvo incluida hasta hace unos pocos años en la lista de organizaciones terroristas internacionales, al candidato de VOX a las elecciones al parlamento Europeo.
Aleix Vidal Quadras, entonces en el partido que mañana facilitará la presidencia de Moreno Bonilla recibió 800.000 euros de quienes, simplificando, serían la Batasuna de los Muyahidines del Pueblo iraníes. Recibió ese dinero para influir a favor de la resistencia iraní en el Parlamento Europeo, en el que finalmente obtuvo escaño y lo curioso es que ese donativo de una organización ligada a un grupo no sólo islamista sino, además, comunista, que dirían ellos, era conocido y suponemos que admitido por Santiago Abascal, que ayer quiso quitarse de encima "el marrón", entre trago y trago de agua, diciendo que el Tribunal de Cuentas estaba al tanto del mismo, puesto que según él, había aprobado las cuentas de VOX, algo que el tribunal negó ayer mismo.
Qué curioso que el partido cuyo himno podría haber escrito sin saberlo Rafael Alberti, "A cabalgar, a cabalgar, hasta enterrarlos en el mar.…", el que quiere la expulsión inmediata de cincuenta y dos mil inmigrantes sin papeles de Andalucía, el que rechaza la cultura y las religiones de otros, el presume de un anticomunismo feroz, hiciera caja hace cinco años con el suculento donativo de un grupo de resistentes iraníes asociado a una organización militar marxista e islamista. La única explicación soy capaz de encontrar con mi torpe cabeza es que los muyahidines, responsables del asesinato de varios ingenieros iraníes relacionados con su programa nuclear, tuviesen alguna relación con el gobierno de Israel, enemigo irredento de Irán, que aparece ligado a la ultraderecha emergente en Europa, Estados Unidos y Brasil, lo que, de no estar yo en un error, añadiría un nuevo elemento a la contradictoria ecuación de las ayudas a VOX.

lunes, 14 de enero de 2019

MIENTE, QUE ALGO QUEDA


Como todos los niños, alguna vez mentí en mi infancia. Mentir a esos años es una forma de poner tierra de por medio entre los hechos, las responsabilidades y, también, el castigo. Del mismo modo, mentir sobre los demás ayuda a parecer mejor, a hacerse merecedor de los premios y recompensas que se otorgan a los buenos, a figurar en el "cuadro de honor", aunque sea a costa de arrojar a algún que otro inocente, ese que va en el camino de la efímera gloria nos estorba.
Recuerdo esa ambigua sensación del que miente para ocultar la responsabilidad que lleva al castigo. una sensación de alivio mientras la mentira se sostiene en el tiempo y nos permite fingir que nada ha pasado e, incluso, opinar sobre los desconocidos autores de nuestra fechoría. Una sensación que, de vez en cuando, se ve enturbiada por el sabor amargo de la culpa, ese que, se sepa o no se sepa al fin la verdad, nos va a acompañar siempre, emboscado en nuestro pensamiento, dispuesto a saltar sobre nosotros en cualquier momento.
No sé si porque soy una víctima de la cultura judeocristiana que ha hecho de la culpa y el perdón convenientemente administradas su razón de ser, me he permitido como tantos otros, creerme a salvo mientras mis mentiras seguían a flote. Y no sólo eso, también las he reforzado, desviando la atención de ellas cuando ha sido posible, porque, al fin y al cabo, sólo yo sabía de la falta o, si alguien más la conocía, por lo que fuese, no estaba interesado en desmontarla, dejándonos solos ante los demás y, sobre todo, ante nuestra responsabilidad.
Aquí es adonde quería yo llegar a colocarme, colocaros, ante el triste papel de unos medios que antes dirigían periodistas y ahora controlan bancos y fondos buitre, que imponen sus verdades y ocultan sus mentiras, poniendo y quitando gobiernos, a condición de que consientan sus trapacerías, medios que consienten en su casa la mentira sin réplica, medios que tienen a sueldo bufones que están también a sueldo de aquellos a favor de los que mienten, sin que pase nada, su que nadie desmonte sus burdas mentiras, sus historias, sus explicaciones sesgadas de la realidad, los problemas exagerados, cuando no inventados, racismo, inseguridad y un largo etcétera con los que tratan de distraer nuestra atención, mientras meten mano a nuestra cartera y nuestras huchas.
Pues bien, en ese ambiente se ha instalado el tripartito andaluz, andaluz porque han sido andaluces quienes, con su voto o su astenia democrática, han propiciado la llegada al parlamento de VOX. Y no es casual que haya sido así, porque las mentiras, los datos exagerados e inventados con que este partido mercenario que hace cinco años permitió que una organización terrorista iraní, islamista y de izquierdas, le pagase la campaña para las elecciones europeas a cambio de presionar en el Parlamento Europeo para sacarla de la lista de organizaciones terroristas, hoy se presenta en Andalucía a caballo, como adalid de una innecesaria y surrealista reconquista, exigiendo la expulsión de más de cincuenta mil inmigrantes llegados del norte de África. Una mentira compartida y consentida por sus socios, el PP y Ciudadanos, entre otras cosas porque, en sus programas y en sus discursos, estaban presentes esas cifras o esas intenciones.
Este fin de semana algunos medios, entre ellos eldiario.es, han hecho suyo el esfuerzo casi heroico de algunos ciudadanos, empeñaos en desmontar esas mentiras, del mismo modo que se extiende cada vez más el pensamiento crítico que nos lleva a dejar de comulgar con ruedas de molino envenenadas y nos alienta a discutir esas falsas verdades con las que a cada momento nos apabullan.
De eso de trata, de avergonzar a los medios consentidores y de combatirlos. Sólo así los partidos mentirosos, los que son capaces de reivindicar como pasado glorioso a Esperanza Aguirre o Cristina Cifuentes, no Ignacio González, con su olor a celda, aunque todo se andará, y proponer como candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid a una pieza fundamental de la trama Púnica, que llevo a Granados a Prisión.
De sobra saben que que se conozcan sus mentiras, sus intereses comunes, su oscura financiación o las condenas que les impongan por su pasado corrupto, es sólo cuestión de tiempo y, por eso, reclaman como locos elecciones generales, para presentarse ante las urnas, antes de que el disfraz que ahora les cubre, escondiendo sus mentiras y sus bizarras connivencias, caiga y los veamos como lo que son realmente: defensores de los poderosos y sus privilegios y enemigos de lo público y del Estado de Bienestar que iguala las oportunidades y nos protege. Impedir que lo consigan es tarea de todos, cada uno en su entorno y en su medida, porque ellos van a seguir mintiendo, porque saben que, de tantas mentiras, algo queda y queda a su favor.

viernes, 11 de enero de 2019

RACISMO CIUDADANO


Enfrascados como estamos, nunca mejor dicho, en la redoma de la apabullante información, que nos impone, no sólo lo que debemos pensar, sino, también, a qué debemos atender, en qué debemos ocupar la práctica totalidad del tiempo que dedicamos a enterarnos de qué es lo que está pasando en el país, en el mundo, en que vivimos.
Dicen que nos informa y dicen que al momento, nos llenan de "últimas horas" que, si seguimos medios alternativos, sabemos que de últimas no tienen nada, pero sirven para articular ese ritmo tan artificial como hipnotizante, en el que se mezcla información con opinión, en el que se fuerza la tensión con unos y se relaja con otros, los amigos, para sacar adelante sus dos objetivos que no son otros que conseguir audiencia y, de paso, manipularla y amoldarla a sus intereses que nunca, insisto, nunca coinciden con los de la ciudadanía, más si se parte dela premisa comprobada de que, en este país, los medios manipulan mucho y educan poco.
Os preguntaréis a qué viene toda esta perorata, más en momentos en que la mayor autonomía de las que conforman España ha cambiado de manos después de casi cuatro décadas mediante un pacto "contra natura" que sienta el terrible precedente de convertir a la extrema derecha, repudiada en toda Europa, en árbitro de ese cambio, con un acuerdo del que uno de los beneficiarios, Ciudadanos, no es capaz de hacerse responsable.
Os preguntaréis también, porque paso por encima del terrible escándalo que supone que un policía, el hediondo excomisario Villarejo, se permitiese, en tiempos de Zapatero, espiar los teléfonos de cuatro mil ciudadanos, entre ellos miembros del Gobierno, usando teléfonos del Gobierno, a favor y por encargo de un banquero. Os lo preguntaréis y con razón. La explicación está en que me sorprende y me indigna la ligereza con que se pasa por encima de algunas noticias que nos afectan tanto o más que las otras sin que nadie se pare a analizarlas con sosiego y que, para nuestra desgracia, estarían el origen del resistible ascenso de VOX en Andalucía.
Me refiero a dos incidentes ocurridos en los últimos días, incidentes en los que mujeres inmigrantes y negras, acompañadas de sus hijos, en los que autobuses públicos atestados de viajeros han sido el escenario y en los que la inflexibilidad del conductor, aplicando el reglamento a rajatabla, ha sido el desencadenante.
El primero de esos incidentes tuvo lugar en Móstoles, en una parada de un autobús interurbano, el último del día, del que fue desalojada por la policía una mujer negra con su hija porque, pese a tener su billete en regla, carecía de plazas para ambos. Sólo una mujer se ofreció a dejar su plaza, un gesto inútil, porque el conductor se negó a que el pequeño, que lloraba desconsoladamente ante el trato que se estaba dando a su madre, compartiese con ella la plaza cedida generosamente por la pasajera.
El incidente acabó en comisaría con un intercambio de denuncias y con un vídeo grabado y difundido por otro viajero que llegó a las redes y de ellas a las televisiones.
Del otro incidente, ocurrido en un autobús municipal de Vitoria, también fueron protagonistas una mujer negra, sus niños, un patinete y la intransigencia del conductor, que, además de abroncarla por no haber plegado el patinete, se refirió a ella con desprecio. A lo que la mujer, cansada quizá de ser siempre la víctima y de padecer las exigencias que, admitámoslo, no recaen de igual manera sobre los españoles blancos.
No quiero ni pensar qué habría hecho yo en su situación, por ejemplo, en países en los que ser español y no excesivamente rico puede ser un problema. Lo que sí sé, porque ya lo he hecho más de una vez, es sacar la cara por inmigrantes maltratados, una de ellas en un autobús en el que el conductor llamó a un viajero indio borracho, echándole al resto del pasaje encima.
En aquella ocasión, como en estas de las que hoy os hablo, la mayoría de los viajeros guardaron un silencio cómplice con quienes estaban siendo claramente injustos, incluso con ese energúmeno que, a la mujer de Vitoria, le gritaba que era militar y que había matado a decenas como ella. Un silencio clamoroso e hiriente que no es otra cosa que el racismo que dormita en la gente que nos rodea y que un día nos sorprenderá votando a partidos como VOX, porque el racismo, pese a su agresividad, no es más que cobardía, miedo al otro, especialmente si es pobre y creemos que estaría más dispuesto a dejarse explotar que nosotros, fundamentalmente, porque esos extranjeros, pese a las mentiras de VOX, vienen aquí a ganarse la vida y carecen de ese colchón social que nos protege a los demás,
Ese racismo del silencio, el de girar la cabeza ante la injusticia y el abuso, ese racismo, es el peor de todos, es el racismo ciudadano, el racismo en el que anida VOX.

jueves, 10 de enero de 2019

CIUDADANOS Y VOX


Lleva Ciudadanos más de un mes, desde que renunció a la presidencia de la Junta de Andalucía para su candidato Juan Marín, desmarcándose del inevitable acuerdo entre PP y VOX que les permitiría ocupar junto al PP el gobierno andaluz. No querían aparecer en la foto del acuerdo que finamente se firmó ayer y se resistieron a aparecer en las conversaciones entre PP y VOX para maquillar un pacto acordado desde el primer momento, porque era la única fórmula que posibilitaría arrebatar la Junta a Susana Díaz y evitar así unas segundas elecciones.
Ciudadanos no estuvo en la foto, pero su ectoplasma se ha filtrado en toso los encuentros, entre otras cosas, porque en ninguna cabeza cabe que los negociadores por parte del PP ignorasen que el botín final era a repartir con el partido de Rivera, el gran ausente de esta comedia.
Ahora viene lo más difícil, el día a día de gobernar con el aliento de los ultraderechistas de Abascal en la nuca, porque, por más que se empeñen, VOX, en racha y en un año electoral como pocos, no va a resignarse a aparecer como el tonto útil que facilitó el gobierno y va a hacer valer el fantasma de una moción de censura siempre que quiera imponer sus criterios al PP, algo que le va a resultar muy fácil, y a Ciudadanos que, a regañadientes tendrá que tragar para mantener el primer gobierno en el que participa en España.
Ciudadanos parece querer ignorar su presencia en las negociaciones secretas de Madrid, pero su olor, como el de un amante clandestino, estaba allí. Tan presente, a su pesar, como la pulserita rojigualda de uno de los interlocutores de VOX. Ellos sabrán como van a explicar en Madrid, Bilbao o Barcelona lo que ha pasado, pero es fácil imaginar lo pesado de la carga que tendrán que arrastrar, paseando por mítines y ruedas de prensa tosas sus vergüenzas.
Nos quieren engañar, haciéndonos creer que no tienen nada que ver con la emergente ultraderecha, pero sus actitudes frente al machismo, si no ante la violencia de género, frente a la enseñanza y en la economía no son muy distantes, eso por no hablar de la inmigración. Son más civilizados en el modo de expresarlos, pero los postulados se acercan más de lo que cabría esperar, especialmente porque Ciudadanos, como antes UP yD, encontraron en los padres mal divorciados, como su diputado Toni Cantó, un caladero en el que pescar nuevos votos, un caladero en el que ha entrado con codicia VOX con sus artes de arrastre.
Habrá que estar atentos para ver en qué manera afronta la gente de Rivera, la derecha más o menos civilizada del siglo XXI, su vecindad con "los de a caballo", personajes de pasado oscuro, maestros, con la asesoría del neocon Steve Bannon, asesor que fue de Donald Trump, en el arte de buscar gente cabreada e insatisfecha, supremacistas en asuntos de raza y de sexo, gente que antepone lo que cree que son sus derechos naturales, directamente emanados del "creador", a los de todos los demás, sean inmigrantes, niños o mujeres.
Tienen más que ver con VOX de lo que piensan y corren el peligro de que, ahora, se les vea definitivamente el "plumero" que esconden. Ahora que tendrán que compartir mesa y mantel con las dos derechas que se presentan como tales en España, la del PP, en franca descomposición, con las dudas y el debate sobre el liderazgo de Casado abierto ya en sus filas y la derecha de momento emergente del partido de Abascal, incompatible con Europa, todo un lastre para sus aspiraciones más allá de Andalucía.
Juan Marín, su candidato se hipotecó en plana campaña, poniendo puertas al campo del día después de las elecciones, comprometiéndose a no negociar con el PSOE, su socio en la anterior legislatura, y, con ello no ha conseguido otra cosa que tatuar en su espalda un corazón de enamorado, transido por las flechas del PP, pero también por las de VOX.

miércoles, 9 de enero de 2019

LAS PARTES CONTRATANTES


Quién iba a decirnos hace sólo dos meses que íbamos avernos en Andalucía y, de paso, en todo el país en las que nos vemos. Nadie o casi nadie fue capaz de calcular el éxito de VOX en las elecciones andaluzas o, mejor dicho, nadie fue capaz de predecir, mucho menos impedir, el desánimo y el hastío del electorado de izquierdas que faltó como nunca a su cita con las urnas. 
Averiguar ahora las causas de ese "plantón" de una parte de la ciudadanía a la democracia es, a mi modo de ver, un esfuerzo inútil, de esos que conducen a la melancolía, por eso, de lo que ahora se trata es de deshacer el entuerto creado y, para ello, nada mejor que desmontar la estrategia de los presuntos triunfadores de esas elecciones. ganadas tan inútilmente por Susana Díaz. Y, si nos ponemos a ello, la tarea va a ser fácil, porque, para ello, contamos con la inestimable ayuda de los protagonistas de una negociación que tiene más de escena de cualquier película de los Hermanos Marx que de acto político de un país que tiene ya cuarenta años de democracia a sus espaldas.
Ver, mejor dicho, imaginar, porque se reúnen sin luz ni taquígrafos, al lanzador de huesos de aceituna sentado frente a los segundones de VOX, en un escenario secreto de Madrid, a más de seiscientos kilómetros del palacio de la Junta, en Sevilla, negociando al margen del verdadero candidato, Moreno Bonilla, el futuro del gobierno que va a presidir, es, cuando menos, surrealista.
Sin embargo, en esa tarea que deberíamos emprender de desmontar esta falacia, creo fundamental que señalemos bien a los actores, principales y secundarios, y que nos centremos, más que en los delirios parafascista de VOX, en quienes les han invitado a subir al escenario de la política decente, y, a la hora de hacerlo, ningún responsable mayor que Pablo Casado, kamikaze de la política, muy por encima de sus posibilidades y de las de su partido, que se apresuró a colgarse, sin méritos para ello, la medalla de una Susana Díaz fuera de San Telmo, sin calcular los costes ni las consecuencias de dar al partido de su viejo amigo Abascal. a cambio de una porción del pastel, el control de toda esa tarta que pensaba comerse a solas con Ciudadanos.
Creo que ya es hora de dejar claro que el muñeco de los diaporamas, el que se incrusta en los paisajes que utiliza como forillo para sus mítines, tan falsos como sus palabras y su aparente seguridad, como su grandilocuencia y firmeza que apenas soporta la comparación con los datos o los hechos, fuera de esa ilusión prefabricada por "el albondiguilla" de la nueva Gürtel, esa que organiza últimamente los "guateques" del partido. Casado se entregó y entrego su partido a Abascal a cambio de nada, dejó que se fotografiase, incluso, su gente con la de Abascal, firmando no se sabe qué papeles, no se sabe qué compromiso con el partido que ha sacado a Franco de su tumba, para espanto de quienes creemos aún en la democracia.
No sabemos qué firmaron ni en nombre de quién lo hicieron, pero, por su torpeza, tenemos la prueba y la consecuencia de que, pese a la presión inaceptable de VOX, pese a la ausencia de Ciudadanos, que se niega a "jugar" a negociar con ellos, pero parece dispuesto a aceptar los votos del partido de la ultraderecha conseguidos en la mesa. Quizá por ello, no han querido dar la cara esta vez, no se han dejado fotografiar en el circo sin público que están siendo esos contactos.
Y, si es bochornoso el papel del PP de Casado en el asunto, no sale mucho más airoso Ciudadanos del proceso, porque el interés de Rivera y Arrimadas por trazar una raya entre sus acuerdos con el PP y la imprescindible negociación con VOX para conseguir sus votos, oculta un traspiés vergonzante que no puede sino arruinar sus esfuerzos de aparecer como partido de centro, ya que, como mínimo, saldrá de él tiznad y sin argumentos.
No sé en que acabará esto que estamos viviendo. Quizá en unas nuevas elecciones que permita a la izquierda andaluza frotarse los ojos después de despertar sobresaltada del sueño en que vivía. Sería lo mejor ante un panorama en el que las mentiras y la osadía parecen haberse hecho con el futuro. y sería bueno tomar nota de ello para, como por ejemplo en Francia se instituyesen las elecciones a dos vueltas, el mejor seguro contra los desmanes del inconsciente colectivo.
De momento, aquí seguimos, pendientes de unas negociaciones en las que las partes contratantes o no saben dónde se meten, como el PP, no quieren dar la cara, como Ciudadanos o sólo quieren aparecer en la foto, pensando más en futuros comicios, y estiran la escena, arruinando la escena a quienes tendrían que ser los verdaderos protagonistas.

martes, 8 de enero de 2019

ESTUPIDEZ Y MALDAD


Hace unos días, mi hija, llena de razones para ser feliz y mirar el futuro con optimismo, me expresó su preocupación ante ese futuro, porque nunca, al menos ella no la había conocido, ha habido una mezcla de maldad y estupidez como la que estamos viviendo y yo, que me paso el día dándole vueltas a las cosas, no me he podido sacar esa idea de mi cabeza, porque creo que tiene toda la razón.
Supongo que más de uno conoceréis esa conclusión expresada por muchos de que es preferible un malvado, hijo de puta suele decirse, que un tonto, porque el malvado, al menos, descansa, mientras que el tonto no. De ahí la preocupación de mi hija y mi temor: estamos rodeados de seres malvados con la estupidez suficiente para hacer daños, hacérselo a sí mismos, incluso, incapaces, por su bíblica estupidez, de descansar.
Me estoy refiriendo a toda esa gente que lleva su voto a la urna o lo deja en casa con el propósito de vengarse de aquellos a quienes cree responsables de sus males, el paro, los desahucios, las pensiones de miseria, sin pararse a pensar que, con su ciega decisión, está poniendo su futuro y el de los suyos en manos de quienes utilizan su frustración y su descontento como plataforma para sus ambiciones personales y los interesas de quienes están tras ellos, que no son otros que quienes pusieron todos y cada uno de los mimbres para construir el cesto de la crisis en la que todos, de un modo u otro, fuimos cayendo y quedamos encerrados.
Aun así, sería demasiado fácil culpar únicamente a los votantes que ciegos de ira han dado sus votos en las elecciones andaluzas a VOX y están dispuestos a dárselo en las próximas locales, autonómicas y europeas. Sería demasiado fácil, porque gran parte de la culpa es de quienes, desde esos partidos, más o menos "normales" y por razones aparentemente parecidas, aunque en ellas pese demasiado la ambición, partidos dirigidos por gente sin sentido o sin escrúpulos que se dejan embaucar por quien ha construido su ideario con los odios y los resentimientos de gente agresiva y vociferante, gente que conoce de sobra su incompatibilidad con el sistema, un sistema en el que se han emboscado sólo para medrar, conociendo de sobra la orfandad del partido al que pertenecieron y de la inconsistencia de sus líderes.
Lo que me temo es que, detrás de tanta inconsistencia, maldad y estupidez, hay una mente perversa, la de quien llevó al imprevisible Donald Trump a la Casa Blanca para desmontar las alarmas y las cautelas del sistema y dejarnos en manos de la codicia de quienes fían a un dios, cualquiera, el juicio de sus actos, porque saben que es sólo un dios inventado para anular la conciencia y el juicio de los hombres.
Sin embargo, hay una maldad y una estupidez mayores que estas de las que os hablo: la de los medios de comunicación, que, por un suculento puñado de lectores, oyentes o espectadores son capaces de interponerse entre nosotros y la realidad como esos espejos aberrantes de las ferias, que exageran los defectos y ocultan las virtudes, negándonos la oportunidad de elaborar un juicio claro sobre lo que pasa, lo que nos está pasando y lo que mañana puede acabar pasándonos. 
No me extraña que mi hija vea en un cielo que debería ser claro, el de su futuro, nubarrones hechos de maldad y estupidez. No me extraña, pero me consuela saber que, si bien no puede cambiarse el pasado, sí podemos trabajar para que el futuro sea otro y vuelva a ser esperanzador.