jueves, 6 de septiembre de 2018

EL MALDITO DAMERO CATALÁN


Hoy se cumple un año del comienzo de todo, del "acabose" para algunos, que, como diría Mafalda, no fue más que el continuase del empezose del PP. Hace un año, el intrépido Carles Puigdemont decidió forzar la máquina, echando todo el carbón a mano, a la caldera de la independencia.

Puigdemont, acostumbrado a la épica de los titulares informativos de parte, colocado al frente del gobierno de la Generalitat, por la carambola de unos resultados electorales inesperadamente favorables, aunque no lo bastante como para que la suma de ERC y los restos de CIU, unidos en aquel Junts pel SÍ pudieran gobernar por mayoría y se vieran abocados a coaligarse con la bizarra CUP, que aprovecho y cómo su oportunidad para hacer valer sus escasos votos, poniendo patas arriba a la coalición, forzando la  renuncia de Mas y aceptando al fogoso alcalde de Girona como recambio del heredero de Pujol, a esas alturas agobiado junto a lo que fue Convergencia, su partido, por los numerosos y graves casos de corrupción que le señalaban, mitad por propia convicción, mitad atrapado por los compromisos incendiarios de la CUP, se lanzó a la loca carrera que nos ha traído hasta aquí.
En este punto es conveniente mirar hacia atrás y sacar conclusiones. Analizar para ver en qué nos hemos equivocado, qué hemos hecho mal para rectificar, pero qué hemos hecho mal todos, Nosotros que hemos aprendido a ver en los demás, catalanes o no catalanes, sólo los defectos, nunca las virtudes, nosotros que retuiteamos o compartimos lo que encontramos en las redes y lo hacemos sólo si nos conviene, sólo si contribuye a reforzar nuestro pensamiento, sea o no sea verdad, sea actual o haya sido relanzado fuera de contexto y mutilado. Nosotros que nos complacemos en el fragor de las tertulias, olvidando que una gran parte de los participantes están en ellas para agradecer a los partidos que les han propuesto el dinero que se llevan a casa, nosotros que nos dejamos hipnotizar por cadenas televisivas que han convertido la información en espectáculo, un espectáculo que les da la audiencia que a su vez les da dinero y prestigio, forzando y exagerando el interés y las proporciones de aquello de lo que informan, llevándonos en ocasiones a un verdadero estado de ansiedad, diagnosticado, incluso, en  los momentos álgidos de ese carrusel infernal en que ha devenido el proceso, la loca carrera hacia ninguna parte emprendida por los llamados partidos soberanistas.
En las últimas horas, Joan Tarda, diputado de ERC en el Congreso ha puesto palabras a lo que muchos pensamos, llámanos "ingenuos o estúpidos" a quienes pretenden imponer su solución a los demás, tanto los que quieren proclamar la independencia unilateralmente, como quienes pretenden imponer un nuevo estatuto de autonomía, mejorado y quizá insuficiente para los anteriores. 
Me extrañaría mucho que nadie se hubiese parado a pensar en todo esto sin sacar las mismas conclusiones que el diputado catalán. Más bien me inclino a pensar que son muchos, la mayoría de los actores del conflicto, aunque no hacen caso a su conciencia, porque es mucho lo que, ellos, se juegan en ello: escaños, cargos y salarios que, pase lo que pase, seguirán teniendo y cobrando.
Las palabras de Tardá en realidad son descorazonadoras. Pero lo son sólo si se olvida que por primera vez se habla así de claro del impasse en el que se ha situado el proceso y que verbalizar las cosas y las situaciones, ponerles nombre, es empezar a solucionarlas.
Lo que pasó hace un año fue terrible y podría volver a ocurrir, aunque creo que juega a favor de una solución el cansancio y el hastío de muchos catalanes. En cinco días será de nuevo "onze de sptembre", volverá la Diada, se llenarán de nuevo las calles, funcionaran de nuevo los manifestómetros y cada cual tratará de llevar a su razón tantos manifestantes más o menos, pero este año, no sé por qué, quizá porque Rajoy dormita ahora en su despacho del Registro de la Propiedad, creo que la solución está más cerca. Quizá porque creo en la nobleza de Tardá y creo que reconocer con él lo endemoniado de la situación es el primer paso para resolver este damero maldito en que se ha convertido Cataluña.

martes, 4 de septiembre de 2018

¡AL TEATRO!


No sé si a vosotros lectores os ocurre como a mí, que no quepo en mí de asombro porque un pueblo, el catalán, al que siempre he tenido por sabio y prudente, esté consintiendo desde hace años, ya con Artur Mas venía ocurriendo, el desgobierno al que le han llevado las circunstancias y, sobre todo, la hipócrita actitud de sus gobernantes, los de aquí y los de allá.
Tengo claro que gran parte de la responsabilidad de lo que ocurre, si no la mayor, hay que buscarla en esa estrategia del PP que, en tiempos de Zapatero, con una economía boyante en plena expansión de la burbuja inmobiliaria, no encontró otro camino para desalojar a los socialistas de la Moncloa que despertar el fantasma, hasta entonces adormecido, del separatismo y, con él, el del anticatalanismo. Y lo consiguió, con sus mesas, su recogida de firmas contra el estatut que hace diez años se habían dado los catalanes, con sus boicots, con el pim pam pum contra todo lo catalán que tanto rédito electoral le dio al PP, pero no sólo al PP, fuera de Cataluña, ahí tenemos, si no, a los socialistas de la vieja guardia desde Bono hasta Ibarra y sus amigos, toreando a sus ya muy desencantados electores a cuenta del mito de la proverbial avaricia de los catalanes, y qué decir ahora de Ciudadanos, un partido creado "ad hoc" para combatir las aspiraciones catalanas, lanzado ahora a la conquista de la Moncloa, en dura disputa con el PP.
Lo tengo claro, pero más claro tengo que el independentismo de última hora fue para CiU otro capote tras el que ocultar sus corruptas vergüenzas, una cortina de huno , una huida hacia adelante, una vieja táctica, la del falso martirio, que brindó a Esquerra la posibilidad de hacer posible el viejo sueño de la independencia, un sueño al que se aferraron millones de catalanes, no todos, ni siquiera la mayoría, pero que a los soberanistas, complementados por las extraña CUP, les bastaron para incendiar la calle, utilizándola como coartada para ejecutar sus planes de subversión de la democracia, ayudados, eso sí, por la torpeza de proporciones bíblicas del ya prácticamente olvidado Rajoy, que, con un discurso más que innecesario, llegó a embarcar al monarca, tan torpe como él, en una estrategia que sacó del armario los peores sentimientos contra "el borbón", origen del secesionismo catalán.
Esa torpeza de Rajoy, concatenada con los envites, primero de Mas, luego de Puigdemont, como si hubiesen sido diseñadas por la misma mente perversa, el "yo voy aún más lejos" que acabó en aquel penoso 1 de octubre, del que está a punto de cumplirse un años, el encarcelamiento de los "jordis" y los consejeros, la fuga de Puigdemont y el resto de su gobierno, los aspavientos procesales, primero de la Audiencia Nacional, después del Tribunal Supremo, el rocambolesco peregrinar del president en fuga, el 155, las elecciones, que ganó Arrimadas sin intención de asumir en la práctica el resultado, el cierre del Parlament hasta octubre, hurtando el debate político a la sociedad catalana, reduciéndolo a un par de bloques vociferantes poniendo y quitando lazos, de plástico, por cierto, en calles, plazas, puentes y balcones, reduciendo el debate a ruido, cuando no a bronca pura y dura, sin que casi nadie recuerde ya dónde y cuándo empezó todos y sin que nadie, eso es lo peor, sea capaz de ver una salida para este enquistado conflicto que  está dejando a una parte importante del territorio del Estado sin un gobierno efectivo, capaz de hacer algo más que convocar marchas y visitas a las cárceles.
Esta tarde, Joaquim Torra, ese president que va más a Waterloo que al Parlament, ese señor que más parece el mayordomo de Puigdemont que el verdadero president de Catalunya, inaugurará el curso político, no en el parlamento, sino en un teatro, el Nacional de Catalunya, pero teatro al fin. La cosa me da que pensar y, ahora que lo pienso, no recuerdo tener noticia de debates parlamentarios de Adolf Hitler, Benito Mussolini, Franco o Stalin. Quizá sea porque a los "grandes hombres" les va mejor con las arengas, con las banderas, los símbolos y las masas en las calles. Lo demás... no importa o al menos eso piensan, pensaban, ellos.

lunes, 3 de septiembre de 2018

CAMUFLAJE


Hoy tocan a su fin las extrañas vacaciones de nuestros políticos. Unas vacaciones más que raras que han transcurrido entre paseos junto a vallas fronterizas, fotos en ellas y con guardias civiles incluidas, como queriendo convertirse en los centinelas que otean el horizonte por el que llegarán los "millones" de africanos que, según ellos, esperan para saltarlas. También, las visitas a las cárceles en las que , a mi modo de ver, con excesivo rigor llevan meses en prisión demasiado preventiva los tan intrépidos como consecuentes independentistas catalanes que, a  diferencia de Puigdemnt, eligieron no poner los pies en polvorosa, poniéndose al alcance de una justicia, más o menos justa, pero que era la que había, con algún que otro sobresalto a cuenta de la bisoñez de un gobierno  formado sobre las cenizas que dejó la corrupción aún en rescoldo del Partido Popular, unas vacaciones durante las que el presidente, que lo arriesgó todo para desalojar a Rajoy de La Moncloa, ha comenzado a sentir en la nuca el aliento de sus socios circunstanciales que, pasadas las primeras semanas de idilio, comienzan a reclamar lo suyo y cuanto antes.
Esas vacaciones que en realidad no lo han sido, han coincidido con el periodo en que las tomamos la mayoría de los mortales. Sin embargo y por desgracia, en este país en el que raro es el año en que los ciudadanos no son llamados a las urnas, todo se ralentiza, como en una oficina en pleno agosto, como queriendo guardar lo bueno para las inevitables campañas o precampañas electorales, en tanto que se aplazan o se esconden las decisiones que conllevan algún coste electoral.
Peor aún. En este país en que nos ha tocado vivir, nadie parece querer hablar de lo importante, nadie parece querer ocuparse de lo importante, de lo que está o no está ahí, tan cerca, en la calle, al doblar la esquina. Ocuparse de las clases que pronto comienzan para nuestros hijos, en colegios inacabados o insuficientes, de los médicos y enfermeras que llegan a vera setenta pacientes o más al día, en unos centros de salud dejados de la mano de dios, de las pensiones a las que, salvo excepciones, cualquier mes se les hace largo, de la falta de seguridad y limpieza en muchos barrios de nuestras ciudades, de los funcionarios desincentivados que llevan años, pagando, aunque con un puesto de trabajo, eso sí, la crisis y el derroche de gobiernos pasados y quien sabe si futuros.
Nadie parece querer ocuparse de ello, nadie habla de ello en sus falsos mítines, los que se hacen con un atril, unas cuantas banderolas y unos pocos fieles muy fieles, para las cámaras de los telediarios. Tampoco parece que todo eso interese en las entrevistas, aquí o en Waterloo. De lo que se habla en ellas es de cosas tan grande como etéreas y poco prácticas. Se habla de independencia, de memora o de concordia. Hablamos de los restos del dictador, que yo quiero fuera de Cuelgamuros, hablamos de la independencia de Cataluña, que, si llega, será como mínimo otro motivo de frustración para los catalanes que ya no se acuerdan de lo que es un gobierno gobernando o un parlamento legislando. Hablamos, desde ayer, de la concordia, pero de la concordia que ellos quieren, de la que no altere la memoria escrita por ellos desde su pedestal. La concordia que propone quien dejó que su padre enfermo fuese utilizado por quienes le repudiaron. Asuntos intangibles, inalcanzables, recurrentes, que siempre estarán ahí para recurrir a ellos cuando no se quiere hablar de lo que realmente debería importarle a la gente. Asuntos que no son más que el camuflaje o el reclamo de los que se sirven los cazadores para engañar a las bandadas de ciudadanos que pasan de casa al trabajo, si lo tienen, para disparar sobre ellos todos sus mensajes y cobrarse la codiciada presa de su voto.

viernes, 6 de julio de 2018

EL HIJO Y UNA VIUDA


Que las primarias las carga el diablo, como que la vida va en serio, que diría Gil de Biedma, uno, el PP en este caso, lo empieza a comprender más tarde. El hermoso poema de Gil de Biedma del que brota ese primer verso lleva por nombre "Nunca volveré a ser joven", del mismo modo que el PP, espero que líderes y militantes lo entiendan, nunca volverá a ser el mismo.
Amoche, después de un proceso más o menos democrático, inédito en un partido que ha gobernado este país durante casi tres lustros, inédito el proceso e inédita la democracia que hubiese en el mismo, de los seis o siete negritos del principio sólo quedaron dos. Por un lado, Soraya Sáenz de Santamaría, la mujer que, desde que fuera becaria en La Moncloa, con Rajoy como vicepresidente de Aznar, hasta que ella misma fue vicepresidenta, ha sido, si no su mano derecha, si su brazo ejecutor. Por otro, la cara amable, al menos ante la prensa, del PP, el joven Pablo Casado, ambicioso como pocos, que fue jefe de gabinete de Aznar en la Moncloa, con un currículo puesto en entredicho ya en los tribunales y una labia digna de mejor empeño.
La carrera para hacerse con la presidencia del PP ha sido cuando menos extraña. No ha habido debate entre los candidatos y todo lo que se han dicho, se lo han dicho, con más o menos soltura, a través de los medios de comunicación, en los que, no podía ser de otro modo, la neutralidad ha brillado por su ausencia. Tanto es así que, en algunos, determinados candidatos podrían pasar por cualquiera de sus contertulios habituales. Tanto, que tiene mérito que la antipática y tan poco entrañable Soraya, casi como un jefe de personal de los de antes, de cuando se llamaban jefes de personal y aparentaban lo que al fin y al cabo eran, haya conseguido hacerse con más votos que su inmediato seguidor, el muy mediático Pablo Casado.
Sin entrar en más detalles, creo que quienes han votado en estas primarias se han decantado por dos modelos no de partido, porque el PP es uno, fue grande y tengo dudas de que algún día llegue a ser libre, sino por un modelo de líder o, mejor dicho, por la estela de un modelo de líder. Lo digo porque la vicepresidenta encarnaría al que fuera el presidente al que sirvió, Mariano Rajoy, sin una aparente ideología a la que adscribirla, mientras que Pablo Casado, que, incluso en el modo de vestir, aunque más simpático y atractivo, que no es difícil, recuerda a su mentor, José María Aznar y quienes aún le defienden, como la mismísima Esperanza Aguirre.
No sé qué pretendían quienes han votado, pero, si se han dejado llevar por las apariencias, por la aparente jovialidad y elegancia de Casado, se están equivocando, porque encarna lo más rancio de España y su partido. El mismo, voluntaria o involuntariamente, lo ha dejado dicho: quiere ser el líder de la España de las banderas, esas que cuelgan de los balcones, cada vez más ajadas y descoloridas, las que convierten cada vivienda en un fortín de tradiciones e intransigencias, dispuesto a no rendirse ante los avances de la ciencia y, sobre todo, de la sociedad. Por su parte, la que fuera hasta hace un mes vicepresidenta, a la que los hados no han premiado con la gracia de la simpatía, parece, al menos así lo creo, más técnica, más cerebral y eso que suelen calificar de "más preparada" y, eso espero, con más capacidad de diálogo. 
Quizá por eso, los votantes que buscan un partido útil para el futuro del país, ahora que Ciudadanos les aprieta por la derecha, han optado por ella, mientras que los que pretenden tener como líder a un Cid Campeador vestido a la moda de la calle Serrano han votado por Casado. Pero, un momento, no nos engañemos, el PP un partido que, tras sacar su censo del armario, se ha revelado como un partido de cargos más que de militantes, va a reconducir los resultados para no llegar dividido a las próximas elecciones. Quizá Casado, ebrio de triunfo, diga ahora que quiere toda la tarta o nada, pero no dudéis que le van a convencer.
El ampuloso García Margallo, él, que no puede vivir sin una cámara delante, dijo que se presentaban las dos viudas y el hijo de Rajoy. Ahora, cariacontecido y un poco deprimido al comprobar que sus compañeros de partido no le quieren tanto como algunas teles, va a tener oportunidad de comprobar que, en efecto, Soraya podría ser viuda de Rajoy, pero que Pablo casado, de ser hijo de alguien, lo es del tenebroso Aznar.

miércoles, 4 de julio de 2018

LA ENREDADERA


A Confucio se le atribuye ese aforismo que viene a decir que, para quitar el hambre a un hombre un día hay que darle un pescado, pero, si se la quieres quitar para siempre, enséñale a pescar. Aquí, los castizos traducen a su manera el sabio consejo y hace tiempo acuñaron ese "A mí que no me den, que me pongan donde haya", del que tantos políticos parecen haber hecho bandera, porque a demasiados de entre ellos, sin importar el color, les persigue lesa sentencia como una maldición.
Ayer, sin ir más lejos, la Policía culminó una investigación iniciada en Montgat (Barcelona) contra una trama que implica a alcaldes y jefes de policía de más de cuarenta ayuntamientos de Cataluña, Madrid y casi toda España, en los que se alteraban al alza los datos de siniestralidad en sus calles, para contratar semáforos y radares innecesarios, además de la gestión de  las multas impuestas, con la empresa Gespol, una filial de Sacyr, empresa constructora y de servicios, que, al parecer, ha puesto en marcha una investigación interna sobre su filial.
La red de corrupción parecería una más, incluso está implicado en ella un viejo conocido de la Gürtel, José Luis Ulibarri, salvo por el hecho de que esta trama es reciente y porque, entre los detenidos, por primera vez aparece un alcalde, el de Arroyomolinos, perteneciente a Ciudadanos. La Policía ha dado a la operación el vistoso nombre de "enredadera", no sé si porque sus responsables consideran que la corrupción crece y se extiende como la trepadora en cualquier parte y cualquier clima o por lo difícil que es erradicarla una vez que asoman sus primeros brotes.
La trama es todo un despliegue de "jardinería" financiera, en la que se implicaba a los jefes de policía local, a alcaldes, naturalmente a la empresa Gespol y una red de intermediarios, al frente de la cual estaba José Luis Ulibarri que ya ejerciera labores parecidas en las empresas de Francisco Correa. Una trama en la que los ciudadanos se han visto perjudicados doblemente, en primer lugar, por el mal uso que se hace de sus impuestos y, también, porque más de uno estará en su derecho que pensar que esas multas impuestas por sobrepasar límites de velocidad o rebasar semáforos colocados caprichosamente en su camino no debería haberlas pagado. 
Simultáneamente a las detenciones de ayer, Podemos ha presentado ante la Fiscalía Anticorrupción un detallado informe sobre la desviación del coste de construcción y explotación de los hospitales construidos en Madrid durante la etapa de Esperanza Aguirre al frente de la Comunidad, la joya de la corona de la condesa que, con ellos, de inauguración en inauguración, fue engatusando a miles de votantes, a costa de su bolsillo y el de quienes jamás la votamos ni la votaríamos. Una joya llena de piedras falsas puesto los hospitales que se inauguraban, más parecidos a hoteles que a lo que deberían ser, carecían en ocasiones de laboratorios, eran energéticamente ruinosos y resultaron ruinosos tanto en su construcción, como en la posterior gestión, entregadas "graciosamente" a constructoras amigas que, después de disparar el gasto contratado con la consejería de Sanidad y de haber multiplicado varias veces el coste por cama, acabaron vendiéndolos a fondos buitre, especializados en comprar ruinas, a veces ruinas provocadas artificialmente, con lo que la sanidad madrileña está ahora, como miles de viviendas sociales, en manos de empresas que se mueven al más puro estilo gansteril.
Espero y deseo que del informe aportado por Podemos a la Fiscalía se desprenda suficiente sustancia para sentar ante un tribunal a Esperanza Aguirre que trata de engañarnos asegurando que no se ha llevado un céntimo de todas y cada una de las tramas corruptas que han florecido bajo sus pies, como si el sueldo de presidenta y el poder que le ha dado la presidencia de la comunidad madrileña, poder para seguir beneficiando a sus amigos y donantes no fuese parte del botín expoliado a los madrileños.
Son muchos, demasiados, los políticos y los empresarios que han aprendido a pescar en el jardín de la gestión pública son demasiados los que se han dejado poner donde había para llenar sus bolsillos. Sólo espero que la pluralidad alcanzada por el poder en los últimos años permita que la fiscalización de sus dineros sea más eficaz y que, poco a poco, podamos podar esta maldita enredadera que todo lo acaba cubriendo.

martes, 3 de julio de 2018

NO VAN A SU CASA


Por más que algunos se empeñen, el inmediato traslado de los políticos catalanes presos en cárceles madrileñas a otras situadas en Cataluña, más cerca de sus domicilios y de sus familiares y amigos no es un privilegio, ni siquiera es una concesión que se haya hecho a los partidos independentistas que apoyaron la moción de censura presentada por Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy. No lo es, salvo que se considere una concesión poner fin a una situación que en sí suponía un castigo innecesario a quienes bastante castigo tienen ya después de más de seis meses de prisión provisional a la espera de un juicio que, sea cual sea el veredicto, resultará cuando menos polémico, más si se tiene en cuenta que el tribunal estará bajo la lupa de organizaciones de derechos humanos y de la prensa de medio mundo.
Personalmente, tengo claro que el alejamiento de los presos de sus domicilios es un castigo. Lo sé porque me tocó vivir como periodista durante el mandato de Felipe González, con Enrique Mújica como ministro de Justicia y Toni Asunción, que luego fuera ministro del Interior, como director general de prisiones, la puesta en marcha de la dispersión de presos etarras, concentrados hasta ese momento en dos grandes prisiones, en lo que no dejaba de ser un grave error de estrategia por parte del gobierno, porque transmitía la idea de que se trataba de presos políticos y porque propiciaba el control del colectivo de presos y de sus familiares por parte de la organización terrorista.
Mantenerlos alejados de Euskadi, aunque fuese juntos, era de por sí un castigo innecesario que, lejos de ablandarles y llevarles hacia el arrepentimiento, les ponía bajo la disciplina de ETA, que dirigía sus pasos en prisión, impidiéndoles, incluso, acogerse a los beneficios penitenciarios, al tiempo que convertía a sus familiares en rehenes de la banda, dependientes de la misma para cualquier contacto con sus presos.
Asunción, ayudado y asesorado por el PNV, lo tuvo claro y diseño un plan de dispersión de los presos etarras en el que la soledad y la distancia a sus hogares sí eran un castigo añadido para los líderes más irreductibles del colectivo, mientras que el traslado a prisiones cerca de Euskadi era, si no un premio, sí un camino hacia el tercer grado para quienes habían mostrado su distanciamiento de la disciplina de la banda, aligerando el peso de una de las dos condenas que tenían encima, la que les habían impuesto sus propios compañeros.
No es el mismo caso que el de los líderes catalanes que van a ser trasladados a prisiones dependientes de la Generalitat, pero, como PP y Ciudadanos se han empeñado en meter en el mismo caso estos traslados y los que, en cumplimiento de la ley, se llevarán a cabo con los presos etarras a los que aún les quedan penas que cumplir, y se han empeñado en hacerlo porque, con ello y utilizando de nuevo al colectivo de víctimas, soliviantan a la sociedad y la predisponen, sin más explicaciones, contra el gobierno de Sánchez.
Digo esto porque, desde que, en los ochenta, me ocupaba de seguir para la Cadena SER, los asuntos relacionados con el ministerio del Interior, he asistido una y otra vez a esta misma ceremonia de confusión, en la que quienes, con Aznar en el Gobierno, trasladaron de un sólo plumazo y sin más explicaciones a decenas de presos de lo que se atrevieron a llamar Movimiento Vasco de Liberación, se atreven a tildar  de moneda de cambio lo que no es más que un derecho de cualquier preso en este país.
No, los líderes presos a la espera de juicio no van a su casa, van a prisiones que están a unas decenas de kilómetros de sus hijos, parejas, amigos y abogados. Va a "gozar" del mismo derecho a estar cerca de casa que tiene cualquier otro preso. Van, eso sí, a prisiones dependientes de la Generalitat de la que alguno de ellos formó parte, pero eso, si realmente se cree en la democracia y se confía en el Estado que nos hemos dado, no debiera preocupar a nadie. No van a su casa, van a una prisión, y una prisión, por más comodidades que tenga, que se lo digan si no a Urdangarín siempre es una prisión.

lunes, 2 de julio de 2018

ASÍ NO


Reconozco que, a la hora de tomar decisiones, debe ser muy difícil sobreponerse al peso de la propia experiencia, renunciar a lo bueno y lo malo que nos ha pasado, para pensar sólo en el futuro y en toda la sociedad, no sólo en uno mismo o en los tuyos. Es difícil, muy difícil, pero no hay que renunciar a ello, porque no es imposible. Además, se supone que eso, pensar en el bien común, por encima de afinidades o preferencias, debe ser la primera obligación de quien pretenda ponerse al servicio de los demás, sin atajos ni trampas. También, la de pensar que la tele no depende sólo lo que la tele dice de uno, sino lo que ofrece al resto de la ciudadanía
Puedo llegar a entender que Pedro Sánchez se haya sentido perjudicado por el tratamiento recibido por los medios públicos, radios y televisiones, puedo entender que esté entre sus prioridades acabar con una etapa de la radiotelevisión pública que en los últimos años viene siendo nefasta y no sólo para él.
También puedo entender y entiendo que Pablo Iglesias, que tanto debe a la televisión, especialmente en los primeros momentos de su carrera política pública y que mantiene desde hace años en antena su programa, La Tuerka, esté convencido del poder de penetración que, para bien y para mal, tiene ese medio y trate de garantizarse su presencia en él cuando no, eso sería nefasto, el control absoluto del mismo.
Sin embargo, la experiencia de ambos no justifica el traspiés que han estado a punto de dar, si es que no lo han dado ya irremediablemente, a la hora de elegir a quién proponer para la presidencia de la radiotelevisión pública. Entre otras cosas, porque la radio y la televisión que se haga desde el Estado ha de hacerse para todos, para los que comparten tus ideas y para los que no, para los andaluces y para los gallegos, vascos y catalanes, para quienes sólo quieren informarse y para aquellos a los que no les queda otro remedio que pasar gran parte de su tiempo frente a la pantalla de un televisor, para los que gustan de los documentales y los programas culturales o, por qué no, para quienes prefieren creer que exploran corazones ajenos.
No cabe duda de que la radio y la televisión públicas, especialmente esta última, son por su capacidad de penetración en todo el territorio y su control, son un bocado muy apetecible para cualquiera, pero ello no debe hacer olvidar la universalidad de sus objetivos y garantizar que la pluralidad, no sólo la ideológica, sea el principal objetivo de cualquier gobierno, paro la tentación de enredar en las tripas del juguete, ay amigos, es demasiado fuerte.
En este caso, a Podemos le pudieron las prisas por sacar algo en limpio a cambio del apoyo dado a Sánchez en la moción de censura, un apoyo incondicional, dijeron y qué iban a decir, que, antes o después, de un modo o de otro tratarán de rentabilizar. En su primer y fatal acuerdo con los socialistas eligieron más con las tripas que con el cerebro y apostaron por Andrés Gil, redactor jefe de Política de eldiario.es, un magnífico periodista que, sin embargo, ni pertenece a la plantilla de RTVE ni tiene experiencia en la gestión, alguien que, salvadas las distancias, estaría al otro lado del péndulo que el nefasto José Antonio Sánchez 
Por eso fue tan significativo y determinante para su renuncia el rechazo manifestado por los propios trabajadores de RTVE, cansados de las interferencias del poder en su trabajo, se quejaron de ellas en el parlamento español y en el europeo y llevan semanas vistiéndose de negro para salir en pantalla los viernes como denuncia silenciosa ante su audiencia. Por eso, André Gil ha renunciado a tan polémico "honor" y, a todo correr, contra el reloj, los negociadores del PSOE y Podemos han optado por, esta vez sí, un profesional "de la casa", el director de Radio 3, la más vanguardista, incluso con el PP, de las radios españolas, con un gran recorrido en ella y, además o, sobre todo, con experiencia en gestión.
No sé cómo acabará esta historia. Ni sé si la gestión del nuevo candidato estará más cerca de la que hizo Luis Fernández, ejemplo de pluralidad durante la etapa Zapatero. Lo que sí sé es que así, como pretendieron hacerlo Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, no hubiésemos ido a ninguna parte, entre otras cosas, porque el nombramiento debería ser para todos los que seguimos y pagamos la radiotelevisión pública, no un asunto de dos, en todo caso de cuatro, de los que dos no fueron invitados a la mesa.