miércoles, 11 de mayo de 2016

PARA QUE SE JODA EL SARGENTO...


Hay una frase hecha, una de esas sentencias de la sabiduría popular, que resume a las mil maravillas la negativa de Pedro Sánchez o de quien esté detrás o encima de él en el PSOE. Una sentencia que pone de relieve la estupidez de quien pretende castigar a otro causándose daño a sí mismo. La frase en cuestión, escuchada o evocada más de una y más de dos veces en los cuarteles por los que hicimos el servicio militar, la "mili", no es otra que la que reza así: "para que se joda el sargento, no como rancho".
Qué es sino una autoflagelación o, lo que es peor, un castigo para quienes quieren, queremos, que, de una puñetera vez se vayan y dejen de hacer y deshacer a su antojo leyes y normas aquellos que llevan cuatro largos años desmontando lo que queda de nuestro bienestar y, con ello, nuestra felicidad. Lo de Sánchez ayer, rechazando sin apenas meditarla, la oferta de Podemos para compartir listas al Senado, es como dejar de comer el rancho que se sirve en la mesa para castigar a Pablo Iglesias a expensas del futuro de la izquierda, en la que se supone que habría que incluir también a los socialistas.
Aún recuerdo aquella Entessa del catralans que, en plena transición barrió con su lista al Senado por Barcelona las elecciones, convirtiendo a Joan Benet, pese a lo que Esperanza Aguirre de sí misma, en el senador más votado de la historia de la democracia española. Y, porque lo recuerdo, no me cabe en la cabeza que un partido que se dice de izquierdas y que jura y perjura querer desalojar al PP del poder, el PSOE, renuncie a arrebatártele la mayoría del Senado, dejando en manos de quienes han dejado en la miseria y el dolor a tantas familias, de quienes ha sentado en esos escaños a quienes pasan por ser las estrellas de la corrupción en Valencia, el control de una cámara que no sirve para otra cosa que para bloquear cualquier reforma constitucional que se abra paso en el Congreso.
No me cabía en la cabeza hasta que, escuchando a Óscar López, se ha hecho la luz para mí. Dicen decir no a la propuesta, y valga el trabalenguas, para que Podemos y sus socios no saquen adelante el referéndum en el que se consultaría a los catalanes por el futuro de su relación con el Estado. Y lo dice "tan pancho", sin mover una pestaña, confundiendo o pretendiendo al menos que confundamos gobierno con parlamento. Agitando el señuelo del anti catalanismo o el estandarte de una pretendida unidad inquebrantable de España, a qué me suena esto, para justificar su estrategia de zapador, su ansia de minar cualquier intento de construir una izquierda fuerte que ensombrezca y minimice su estéril hegemonía, al menos en estos últimos años.
Pero no nos engañemos. Ni siquiera ese anti catalanismo, ese veto a cualquier propuesta de consulta homologada y democrática, no muy distinta de las de Escocia o el Quebec, es la verdadera razón de la negativa. La verdadera razón hay que buscarla en el pánico ciego de quienes controlan el partido socialista a que la izquierda pueda acceder, como ya pasa en ayuntamientos y comunidades, a los despachos que han visto y oído tanto a lo largo de tantos años de gobiernos corruptos y oposiciones consentidores y complacientes. No quieren que el aire limpio y la luz entren en ellos y levanten las alfombras que esconden tanta basura. No quieren que aumente el número de senadores progresistas para que no multipliquen y no controlen las comisiones que investiguen y barran tanta basura.
Oscar López y Pedro Sánchez pretenden que confundamos una alianza que acabaría el día que cada senador electo recibiese su credencial, con un pacto de gobierno que sí implicaría compromisos para el futuro.
Que lo digan claro, que digan que no quieren senadores con restas, de se dejen de sumas y restas que se hicieron en los tiempos de Almunia y Paco Frutos, cuando este país padecía una izquierda y una juventud desmovilizadas, cuando aún creía que era rico y no había habido un 15-M. Está claro que juntos sumarían más. No hay más que ver el "canguelo" que les ha entrado con la alianza de Podemos e Izquierda Unida, no hay más que recordar aquellos tiempos en que España salió de la dictadura con socialistas y comunistas, sí. comunistas, de la mano.
Como reza la sentencia han decidido que para que se joda el sargento, no van a comer el rancho de la unidad, aunque sean sus votantes y quienes quieren que este país cambie los que resulten jodidos.

martes, 10 de mayo de 2016

SÍ. POR FIN JUNTOS



Con cuatro meses de retraso, con alguna que otra inocencia perdida y, a lo mejor, gracias a eso, ayer llegó por fin el acuerdo que puede unir, si no a los partidos, sí a las bases de la izquierda española que, ahora puede verse, es muy amplia.
Dicen que el gato escaldado del agua fría huye y no me parece que Pablo Iglesias, a pesar de sus torpezas, ni quienes le rodean, escaldados en noviembre quieran mojarse en junio. Quizá por eso y con la calculadora en la mano, Podemos se ha apeado de su exceso de arrogancia y se ha avenido a ceder en algunas de las condiciones planteadas por Alberto Garzón en nombre Izquierda Unida – Unidad Popular.
Por eso estoy seguro de que Pablo Iglesias, sabedor de su desgaste en estos cuatro meses, o más, de soberbia intransigencia, y Alberto Garzón, el líder mejor valorado de la izquierda estatal si no de todo el arco parlamentario y deseoso de transformar por fin en escaños todos esos votos recibidos por IU-UP, que se vieron malogrados en las últimas elecciones.
Sea por lo que sea, Podemos e IU, las fuerzas que solas o en compañía de otros se disputaron hace cinco meses los votos a la izquierda del PSOE, acuden juntos a esta nueva convocatoria y, por las primeras reacciones, de entusiasmo por parte de unos y de pánico y resentimiento por parte de otros, parece que la suma de sus expectativas en votos se traducirá en un importante número de escaños que podría llevar al desgastado y descastado PSOE al lugar que, a mi modo de ver, mereció ya en noviembre.
En las próximas horas, las bases de IU y Podemos tendrán que ratificar este acuerdo, aún con incógnitas, pero que, dada la distinta situación de partida y, esto es personal, la confianza que me merece Alberto Garzón, superará fácilmente el trámite. Será entonces cuando, al menos en Izquierda Unida, comiencen a retratarse, si no lo han hecho ya, quienes prefieren, lo he dicho muchas veces, ser cabeza de ratón antes que cola de poderoso león transformador, cuando algunos traten de defender su chiringuito en perjuicio de los ciudadanos que depositamos el voto y la confianza en esas siglas.
Llegarán también las meteduras de pata de unos y otros que, espero, se resolverán rápido y con bien, y llegará el acoso de los poderosos que no quieren perder el control del parlamento, consolidado durante años de tratar con la vieja política y engatusar a sus líderes. Llegará lo peor de esos partidos, tan acostumbrados a las componendas que tendrán que entenderse ahora con una izquierda emergente y esa otra izquierda, la vieja izquierda, según los pipiolos del PSOE, a la que siempre han marginado a la hora de repartir las armas electorales.
No les van a resultar fáciles, no, los nuevos tiempos a los “compañeros” diputados del PSOE, porque después de tantos años y, por desgracia, están más cerca en intereses y en amistades de sus “colegas” del PP que de quienes lleguen ahora al hemiciclo. Tampoco les va a resultar fácil a los opinadores, anoche mismo pudimos comprobarlo, que perderán “soplos” y favores de sus viejas fuentes y que ahora, algunos ya añosos, tendrán que reconfigurar el mapa de la información parlamentaria.
Supongo que más de uno andará ahora ajustando consignas con sus “padrinos” y recibiendo las correspondientes filtraciones insidiosas para minar la fuerza de este acuerdo que puede hacer tambalearse las estructuras de la que ha sido la política española en los últimos treinta años. Supongo que no tardarán en pintarnos apocalipsis varios para el caso de que se produzca el tan temido “sorpasso” que convierta a Pablo Iglesias y Alberto Garzón en líderes de la leal oposición o, quién sabe, en el núcleo duro del nuevo gobierno.
Estoy expectante por saber en qué va a acabar todo esto. Hay quien dice que, a pesar de los cambios que se produzcan en la composición del hemiciclo, el equilibrio entre la izquierda y la derecha será el mismo, que PP y Ciudadanos podrían sumar escaños para equilibrar el ascenso de Podemos-IU. En ese caso el papel del PSOE, seguro que ya sin Pedro Sánchez, será decisivo y será bueno conocer su posición y la de sus bases, porque quizá opte por dificultar de nuevo un gobierno de la izquierda. Será excelente, porque, facilitando, la permanencia de la vieja y cruel derecha económica en el poder, el PP azul y el PP naranja, que dice Garzón, se retratará para siempre y dejará libre y despejado el espacio de la izquierda.

Nos van a contar muchas patrañas, se van a emplear a fondo en las insidias. Nos van a mentir una vez más, pero esta vez lo harán a la desesperada y con miedo. Nuestro deber, como le decía ayer a mi amigo Víctor Claudín, es convencer a quienes nos rodean, propios y extraños, de que nunca como ahora votar va a ser imprescindibles, porque, por fin la izquierda, nuestra izquierda acude unida a las urnas. Sí, después de tantos años, por fin juntos.

lunes, 9 de mayo de 2016

CON E DE EGOÍSMO



Entre las efemérides de hoy lunes 9 de mayo, está la de la firma de la entrada de España en el Mercado Común, entonces, y veintiséis años más de la proclamación de la denominada "Declaración Schuman", que, inspirada por los franceses Robert Schuman y Jean Monnet, puso las bases para lo que hoy es la Unión Europea, pese a que lo que la Unión que hoy conocemos tenga poco que ver con el sueño de aquellos dos estadistas que vieron en ella la mejor manera de restañar las heridas de una guerra que hacía apenas cinco años antes asoló Europa.
No es una fecha redonda, de esas que a los periodistas nos gusta, en realidad nos viene bien, recordar. Sin embargo, este año coincide con la intención manifestada por Austria de levantar fronteras físicas con Italia, para impedir que quienes huyen, no de Siria o de cualquier otro escenario de guerra, sino de la muerte, la injusticia y la imposibilidad de construir una vida en libertad. También coincide con la certificación hecha ayer por el parlamento griego de que sus ciudadanos, como nosotros mismos, son europeos de segunda, buenos camareros, buenos haciendo camas de hotel o cocinando, buenos quizá enamorando turistas de uno y otro sexo, pero no merecedores del bienestar que les prometieron para atraerles al círculo de las estrellas.
De aquel sueño que fue creciendo poco a poco, primero como comunión de intereses comerciales, casi como cooperativa de países, después como un proyecto de federación de países que hicieran del continente una especie de Estados Unidos de Europa, potente, influyente y rica, capaz de competir con los del otro lado del Atlántico. Un sueño posible y atrayente, mientras el muro, el telón de acero, como fue llamado en plena guerra fría, cruzaba el continente, de norte a sur, como una cicatriz. 
Pero el muro cayó y todos vimos que al otro lado apenas había nada y el gran capital y quienes le han servido siempre ya no tuvieron motivos para disimular, la Europa "roja", la del Este, paso de ser una vieja y misteriosa enemiga a convertirse en mercado y los estados de este lado pasaron de fabricar aviones y carros de combate con los que atacarles o con los que defendernos de quienes estaban al otro lado, nuestros siniestros vecinos, a fabricar coches, televisores y todo tipo de electrodomésticos para vendérselos.
Por eso, la vieja Europa "improvisó" una precipitada entrada de esos países del Este, muy al gusto de Alemania que siempre se sintió un poco sola en la Europa de los seis o de los doce, por eso se hizo la vista gorda ante gobiernos y constituciones no suficientemente homologadas y por eso ha sido por ese flanco que se ha descosido el traje de una UE engordada precipitadamente.
Desde hace un año, los pecados de hipocresía de esta Europa que, junto a los Estados Unidos, dice combatir a los regímenes tiránicos y lo dice, presuntuosa, con grandes gestos, mientras cierra a cal y canto sus fronteras a quienes padecen las consecuencias de la vampirización de los pozos de gas y de petróleo, esta vieja Europa es incapaz de ofrecerles una esperanza de vida, sólo frío, barro y hambre, a las puertas del paraíso.
Una vieja Europa, que se ha vuelto avara y desconfiada, que esconde sus riquezas en los armarios, en los cajones, envueltos en retórica, himnos y banderas, mientras a sus puertas lloran los niños y tras de ellas crece la desigualdad y se alimenta el odio. Una vieja Europa en manos de la banca y las grandes multinacionales que se comen nuestro bienestar y nuestra felicidad para defecarlos en las letrinas de los paraísos fiscales, desde donde alimentan nuevas crisis y nuevas guerras. Una vieja Europa que ha pasado de sueño a pesadilla, convenientemente alimentada con el egoísmo insolidario de gobiernos elegidos con nuestros votos. Una Europa que hoy se escribe con E de egoísmo.

viernes, 6 de mayo de 2016

AUTORRETRATO DE UNA FISCAL

Siempre he pensado, y más desde que, hace ya dos décadas me ocupé de la información de tribunales en la Cadena SER, que hay que estar hecho de una "pasta especial" para acusar o juzgar a ciudadanos iguales, sin dejarse llevar por pasiones o prejuicios, algo que se supone debería esperar la sociedad de jueces y fiscales.           
No sé cómo sería la cosa cuando de los que se cocía en los juicios apenas se enteraban el tribunal, los testigos, las defensas y acusaciones, naturalmente, los acusados y el público presente en la sala, que, por cierto,  está formado por verdaderos "profesionales", dada la asiduidad con que acuden a cuanta audiencia pública cuadra en sus horarios, Por mis horas de audiencia sé que algunos jueces y, sobre todo, algunos fiscales, al igual que algunos defensores, claro, se gustan, exponen sus argumentos con pasión y una cierta dramatización que más de una vez sorprenden a propios y extraños.
Puede que sea el escenario, puede que el público, lo cierto es que quienes bostezan en determinados juicios, en otros se crecen y "declaman" sus argumentos para la historia, como si lo hiciesen ante las ruinas de Itálica. Más, si, como ocurre en estos tiempos, pendientes de algunos juicios, están decenas de televisiones y radios, y otros tantos diarios y los casos se convierten en comidilla de todos y todos, propios y extraños, se interesan por lo que haces o dices en él.
Uno de esos casos, lleno de morbo y con razón, es el que se ocupa del "asalto" de la capilla católica de la facultad de Económicas de la Complutense. Digo que, con razón, porque en él se mezclan, si no se revuelven la política, la religión y, a juicio de la fiscal del caso, el sexo. En ese asunto, se condenó en primera instancia a la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, de la coalición Ahora Madrid, a una multa de más de cuatro mil euros trescientos veinte euros por quitarse la camiseta y quedarse en sujetador en torno al altar, mientras otras jóvenes se desnudaban "de cintura para arriba", se exhibían imágenes del papa cruzadas por esvásticas y se leía un manifiesto en contra del sexismo y la homofobia impuestos por la iglesia  Una suma de actos de los que se culpó a Rita Maestre porque, finalmente, fue la única de las jóvenes identificadas en la acción.
Los abogados de Rita Maestre recurrieron la sentencia, pidiendo su absolución, a lo que la fiscal del caso,  Marisa Morando, se opone en un escrito en el que recuerda lo que considera hechos probados, atribuyendo a la recurrente, Rita Maestre, pleno conocimiento de lo que allí iba a ocurrir y enumera con un lenguaje teñido de ideología y, diría yo, desprecio, todas y cada una de las consignas que se repitieron en aquel "asalto" y un pleno conocimiento teñido de claro sentimiento de ofensa en lo relativo a la profanación castigada en la sentencia.
Del escrito de la fiscal podría desprenderse, tanto por el lenguaje empleado en él, como por la forma de relatar los hechos, un cierta toma de postura, si no animadversión, contra la condenada que, a mi juicio, va más allá de su papel y que demostraría una posición ante la religión nada objetiva y, sobre todo, una visión del papel de la mujer, "señoritas" llama a las participantes en la protesta, anclada en modos y maneras de otros tiempos, puesto que la fiscal se permite dejar por escrito que  "lo único que consiguieron desnudando su torso fue poner en ridículo el papel de las mujeres. Sobre todo, por usar frases “con rimas pretendidamente ingeniosas” y por “mostrar el sujetador en un espacio que para los católicos es sagrado”, algo a todas luces carente de objetividad.
En fin, el escrito de la fiscal es un claro ejemplo de sobreactuación, más pendiente quizá de dejar reflejados sus sentimientos que de actuar con la objetividad que se le debería suponer, especialmente, después de que el propio arzobispo de Madrid perdonase a los "asaltantes",
En fin, creo que la citada fiscal, Marisa Morando, con ese escrito se ha hecho un autorretrato.

jueves, 5 de mayo de 2016

LA VIEJA IZQUIERDA



"Ni pidas a quien pidió, reza un viejo aserto, ni sirvas a quien sirvió". Un aserto que traduce en dos frases lo que suele ocurrirle a quien muda "para bien", o sea hacía arriba, de condición. Y lo que suele ocurrirle, por desgracia, es que olvida, cuando no desprecia, lo que fue.
Algo tan lamentable, porque dice poco de la condición humana, es lo que le ha ocurrido al secretario de Organización del PSOE, el riojano César Luena, quien a sus treinta y seis años, o sea, nacido cinco años después de la muerte del dictador, en plena efervescencia democrática, se permite hacer chanza, si no despreciar, aquella izquierda que, durante los cuarenta años del franquismo mantuvo vivas en este país la llama de la resistencia a la dictadura y la esperanza de que este país volviese a ser lo que nunca debió dejar de ser. Un desprecio que no es nuevo en su partido porque, no hay que olvidarlo, ya en plena transición, cuando aún se encarcelaba a comunistas por el hecho de serlo, al entonces secretario general de su partido, Felipe González, no le hizo gracia que Adolfo Suárez legalizase el Partido Comunista, a las puertas de las primeras elecciones democráticas.
Seguro que nadie le ha contado al "aguerrido" César Luena, el secretario de organización incapaz de organizar su partido, que ese partido llegó al gobierno de los ayuntamientos de la mano del Partido Comunista de España, ese sobre el que hoy ironiza y previene a quienes le quieren escuchar. Claro que tuvo que, si llegó a enterarse, tuvo que ser de oídas, porque Luena parece de esos que creen que la tierra echó a andar cuando él llego al mundo y se parará cuando se vaya.
Esa vieja izquierda que hoy desprecia quien es mano derecha de Pedro Sánchez, es la que, a través de la lucha, durante mucho tiempo clandestina, de los sindicatos, especialmente Comisiones Obreras, y de las asociaciones de vecinos puso las bases de la estructura que mantuvo la esperanza de que, algún día, este país dejase de estar gobernado por la derecha. Por eso, César Luena, ahora que el PSOE está más cerca que nunca de la derecha, vieja o nueva, y a los hechos me remito, se permite ironizar sobre la probable alianza de la izquierda a la izquierda del PSOE, aunque bastaría decir "la izquierda", y, si lo hace, es porque puede superarles, porque, juntos, Podemos y sus mareas, Izquierda Unida y su UP y cuantas fuerzas quieran sumarse a esa coalición, pueden superar las barreras de la tan perversa Ley D'Hont, haciéndose con los "restos" que, en las pequeñas circunscripciones, han otorgado siempre los escaños a los dos grandes partidos.
Luena, que ha unido su destino a Pedro Sánchez, quizá porque ni uno ni otro tenían donde elegir, sabe que, si la temida coalición cuaja y obtiene más escaños de los que Podemos e IU-UP obtuvieron por separado, su destino y quizá ´también el de su partido estaría escrito y no para su bien. Luena sabe de sobra que, pase lo que pase, su partido, tocado por su excesiva cercanía a Ciudadanos y su sectarismo frente a Podemos, tiene las horas contadas, al menos con su actual estructura. Y sabe, o debiera saber, que esa "gran coalición" que alientan alguno de sus barones y el "parque jurásico" que dormita en sus despachos, los de sus fundaciones y algún que otro consejo de administración, sería el final para un partido que fue parte de la vieja izquierda y que lleva tiempo renegando del sudor, del olor a lejía y a cocina y de los monos grasientos o sucios de cemento, porque, desde hace ya demasiado tempo, en vez de pisar el suelo, lo que pisan es una mullida moqueta.
A César Luena no le gusta, porque le da miedo, "la vieja izquierda". A mí sí me gusta la izquierda y creo que este país se merece ser gobernado por la izquierda. Y, puesto que él y su partido, el de las primeras reformas laborales, el de las corrupciones propias o las consentidas, el que, desde el sillón de gobernador del Banco de España consintió el saqueo de las cajas y las preferentes, reniegan de ella, bienvenida sea la vieja izquierda.

miércoles, 4 de mayo de 2016

CUARENTA AÑOS POR LA BORDA


Como diría el personaje de Vargas Llosa en "La catedral", hoy, cuarenta años después de que viese la luz aquel sueño de libertad que vino a colmar tantas esperanzas, hoy soy yo quien se hace la terrible pregunta "cuando fue que se jodió "EL PAÍS". Hoy, cuarenta años después de aquel cuatro de mayo me pregunto qué le ha pasado a aquel sueño para convertirse en un amigo traidor al que ya no quieres ver. en un compañero de tantas cosas que, al final, se ha convertido en todo aquello que criticabais juntos.
Si alguien me dijese entonces que aquel periódico que diariamente llevaba como una bandera bajo el brazo iba a convertirse en un enemigo de la libertad de expresión me hubiese partido la cara con él, si alguien me hubiese dicho entonces que, de tanto arrimarse al poder, de tanto confundir sus intereses con los de los lectores, aquel periódico que estuvimos esperando tanto tiempo acabaría escondiendo verdades y dando pábulo a mentiras, no sé si llegaría a las manos, pero sí que acabaría con él a gritos.
¿Cuándo se perdió EL PAÍS, cuando dejo de ser lo que soñamos? Es cierto que durante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 mantuvo la calma y la dignidad y ayudó a que los demás la mantuviésemos, es cierto que nos abrió los ojos a muchas cosas, que nos ayudó a entender el mundo en el que entrábamos y a que ese mundo nos entendiese, nadie puede ponerlo en duda, Pero también es cierto que, con los años, de tanto mirar la vida desde la cima del éxito, fue alejándose de nuestras cosas, de nuestros intereses,  de la realidad, ensoberbeciéndose, poniendo distancia con sus lectores que, pobres de nosotros tardamos demasiado en abrir los ojos.
Casi por azar llegué al periodismo y casi por azar acabé en el grupo editor de EL PAÍS. Llevaba unos pocos años en la SER cuando me tocó vivir la llegada del PRISA, del "grupo" a la cadena. Cambiaron muchas cosas, pero a PRISA le puse la misma fe que le había puesto a cambiar el añorado y valiente Informaciones por aquel periódico que vio la luz en la primavera de 1976. Es verdad que yo, aún un novato sin un puesto fijo, oía hablar de "invasión", de inexperiencia y cosas parecidas, pero, para ser justo, he de decir que la SER y, de paso, mi vida cambiaron y cambiaron para bien.
No éramos conscientes, pero quizá ese fuese el principio del fin. Los editores de EL PAÍS decidieron convertir aquel periódico en un grupo multimedia, con su radio, con su televisión, con sus revistas, al calor de un Felpe González "generoso" que, a cambio de teñir a su gusto la realidad, ayudó a crecer ese incipiente grupo que, como la flor de invernadero, creció mucho y vistosa, pero débil, tanto que, enseguida y especialmente desde que entró en la aventura de las subastas del fútbol, empezó a perder sus pétalos agobiada por los hongos y el pulgón del crédito.
Fue entonces cuando hubo que alimentar al monstruo que, para sobrevivir, como Saturno, tuvo que devorar uno tras otro a sus hijos. Fue entonces cuando, para mantener la cartera publicitaria, algún que otro crédito y ayudas para renegociar su monstruosa deuda, comenzó a no informar de aquello que molestaba a sus poderosos amigos, por ejemplo, dela estafa de las preferentes. Fue entonces cuando sus directivos comenzaron a comportarse más como empresario que como periodistas. Fue entonces cuando el coraje y los principios se cambiaron por esa forma de miedo que llaman prudencia y el periódico con el que soñamos anduvo como un pollo sin cabeza, arrimándose al poder, fuese cual fuese su color, despistando a sus cada vez menos numerosos lectores.
Atrás quedaron al de cal de su lealtad a la Constitución el 23-F, con al de arena de dejarse embaucar por Aznar el 11-M, atribuyendo a ETA aquella matanza que tuvo más que ver con la postura a que Aznar nos arrastró en la segunda guerra del Golfo.
Pero, con eso y todo, incluso después de los ERE en el diario, de las ventas de tesoros como la editorial Alfaguara, de los despidos de gente con prestigio y con criterio, para sustituirlos por jóvenes y mal pagados becarios, con el deterioro del diario en la red, de la tortura a que se somete a nuestro idioma en sus titulares, de errores impensables hace sólo unos pocos años... con todo eso, lo peor es que el periódico y el grupo se hayan convertido en un instrumento en la mezquina defensa del que fuera su primer director y hoy capo tiránico, Juan Luis Cebrián, relacionado con los papeles de Panamá y con oscuros negocios que le será muy difícil explicar.
Cuarenta años después, quien fuera, con su soberbia y todo, un héroe de la democracia y la libertad de expresión, se ha revelado con un personaje inmoral que veta y prohíbe, que trata de acallar las críticas de las que parece merecedor con la misma dureza que los tiranos a que tanto ha criticado.
Cuarenta años después, Juan Luis Cebrián ha puesto en entredicho el prestigio del periódico con que soñamos. Juan Luis Cebrián, para tapar sus vergüenzas, se ha envuelto en su periódico, como en él se ha escrito tantas veces que hacían Pujol o Mas con la bandera catalana.
Atrás quedan aquellos años en que entraba con orgullo y de uniforme en el CIR de Araca, con mi ejemplar de EL PAÍS bajo el brazo, atrás queda y en una carpeta junto a otros recuerdos, aquel otro ejemplar que da cuenta de lo ocurrido el día en que nació mi hija. Hoy, Juan Luis Cebrián ha tirado cuarenta años de prestigio por la borda.

martes, 3 de mayo de 2016

PERDER LA VIRGINIDAD


España es un país al que, como se cuenta por ahí que hacen algunos cirujanos plásticos con mujeres que han de ir vírgenes al matrimonio, le han reconstruido el himen para devolverle la virginidad perdida que tuvo cuando en tiempos ya lejanos se atrevió a dejarse llevar por sus pasiones, pero también y, sobre todo, por las necesidades de sus gentes. Una sangrienta guerra civil y una dolorosa posguerra, sumadas a una prudente transición, han grabado a fuego en el imaginario de los españoles que la unión de las izquierdas, lo que despectivamente se ha dado en llamar "frentepopulismo" lleva al caos y a la ruina.
Esa ha sido la sutil reconstrucción del himen a que ha sido sometida nuestra sociedad para que nunca más se atreva a bajar del caballo a los señoritos, para que no crea en sus propias posibilidades, para que agache a la cabeza y se deje guiar, como en la dictadura, por la gente de orden o por la que, al menos, trata de parecer de orden. Sólo en aquellos primeros años de democracia, en los que el PSOE se atrevió a dejarse apoyar por el Partido Comunista de Carrillo en aquellos ayuntamientos que tanto ilusionaron a los ciudadanos y tanto hicieron por ellos, se venció el miedo a perder la virginidad y se tuvo el coraje de doblar el brazo a la derecha, hasta entonces imbatible.
Y, pese a todo, no sobrevino el Apocalipsis, los autobuses siguieron funcionando, los parques siguieron regándose y en las escuelas hubo clase todos los días. Bien es verdad que quienes, como las sanguijuelas de la sangre de los mamíferos, habían vivido de los presupuestos de esos ayuntamientos no tardaron en arreglárselas para seguir haciéndolo mediante contratos vergonzantes, las primeras privatizaciones, que a algún concejal que se atrevió a denunciarlos le costaron la carrera.
Ese fue el comienzo. A partir de ahí, y poco a poco, el PSOE fue alejándose de la izquierda y de la dente hasta llegar a la situación actual en la que, claramente, ha preferido, si no unirse a la derecha para gobernar con ella, sí rechazar con todas las excusas posibles cualquier posibilidad de hacerlo con la izquierda. Pedro Sánchez o quien le tiene cogido por ahí mismo no han querido bajar al río con los pretendientes que le hacían ofertas desde la izquierda. Y para ello se dejó acompañar a todas horas por Ciudadanos, que, como buena carabina, no le ha dejado ni a sol ni a sombra a solas con todos esos desharrapados y melenudos que le pretendían, vistiéndola, además, con los adustos ropajes de un acuerdo áspero y maloliente, capaz de ahuyentar a cualquiera que pretendiese la preciada flor de su virginidad.
Todo eso nos ha traído a donde estamos, sin haber disfrutado de los pecados, que son placeres, del río. Y ahora estamos de nuevo cada uno por su lado, con Pedro Sánchez sólo y sin haber dado con el imposible de entregarse a la derecha, pero vistiendo los ásperos ropajes que le impuso la carabina que para él ha sido Albert Rivera, uno ropajes que le van a perseguir en cada debate, en cada debate, poniendo en duda todos y cada uno de los puntos de su programa.
Quienes hubiésemos preferido verle en el río, dejándose acariciar por quienes más se parecen a nosotros, deseamos con todas nuestras fuerzas que, por fin, se dé ese acuerdo entre todas las fuerzas de la izquierda que lleve a la sociedad española a atreverse a perder esa virginidad reconstruida para volver a soñar ese sueño interrumpido que a punto estuvo de hacer realidad aquella suma de fuerzas progresistas de las izquierdas y alguna derecha, capaz de volver a colocar a España y, por qué no también, a Europa sobre los raíles de la Historia. Quizá, si se consigue esa alianza, al PSOE no le quede más remedio que sumarse.
Nunca como ahora será posible perder esa virginidad y nunca como ahora será más necesario, para acabar con la desigualdad, la injusticia y los trágalas que nos vienen de la anquilosada y egoísta Europa y, ahora, de los poderosos Estadios Unidos.