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miércoles, 4 de mayo de 2016

CUARENTA AÑOS POR LA BORDA


Como diría el personaje de Vargas Llosa en "La catedral", hoy, cuarenta años después de que viese la luz aquel sueño de libertad que vino a colmar tantas esperanzas, hoy soy yo quien se hace la terrible pregunta "cuando fue que se jodió "EL PAÍS". Hoy, cuarenta años después de aquel cuatro de mayo me pregunto qué le ha pasado a aquel sueño para convertirse en un amigo traidor al que ya no quieres ver. en un compañero de tantas cosas que, al final, se ha convertido en todo aquello que criticabais juntos.
Si alguien me dijese entonces que aquel periódico que diariamente llevaba como una bandera bajo el brazo iba a convertirse en un enemigo de la libertad de expresión me hubiese partido la cara con él, si alguien me hubiese dicho entonces que, de tanto arrimarse al poder, de tanto confundir sus intereses con los de los lectores, aquel periódico que estuvimos esperando tanto tiempo acabaría escondiendo verdades y dando pábulo a mentiras, no sé si llegaría a las manos, pero sí que acabaría con él a gritos.
¿Cuándo se perdió EL PAÍS, cuando dejo de ser lo que soñamos? Es cierto que durante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 mantuvo la calma y la dignidad y ayudó a que los demás la mantuviésemos, es cierto que nos abrió los ojos a muchas cosas, que nos ayudó a entender el mundo en el que entrábamos y a que ese mundo nos entendiese, nadie puede ponerlo en duda, Pero también es cierto que, con los años, de tanto mirar la vida desde la cima del éxito, fue alejándose de nuestras cosas, de nuestros intereses,  de la realidad, ensoberbeciéndose, poniendo distancia con sus lectores que, pobres de nosotros tardamos demasiado en abrir los ojos.
Casi por azar llegué al periodismo y casi por azar acabé en el grupo editor de EL PAÍS. Llevaba unos pocos años en la SER cuando me tocó vivir la llegada del PRISA, del "grupo" a la cadena. Cambiaron muchas cosas, pero a PRISA le puse la misma fe que le había puesto a cambiar el añorado y valiente Informaciones por aquel periódico que vio la luz en la primavera de 1976. Es verdad que yo, aún un novato sin un puesto fijo, oía hablar de "invasión", de inexperiencia y cosas parecidas, pero, para ser justo, he de decir que la SER y, de paso, mi vida cambiaron y cambiaron para bien.
No éramos conscientes, pero quizá ese fuese el principio del fin. Los editores de EL PAÍS decidieron convertir aquel periódico en un grupo multimedia, con su radio, con su televisión, con sus revistas, al calor de un Felpe González "generoso" que, a cambio de teñir a su gusto la realidad, ayudó a crecer ese incipiente grupo que, como la flor de invernadero, creció mucho y vistosa, pero débil, tanto que, enseguida y especialmente desde que entró en la aventura de las subastas del fútbol, empezó a perder sus pétalos agobiada por los hongos y el pulgón del crédito.
Fue entonces cuando hubo que alimentar al monstruo que, para sobrevivir, como Saturno, tuvo que devorar uno tras otro a sus hijos. Fue entonces cuando, para mantener la cartera publicitaria, algún que otro crédito y ayudas para renegociar su monstruosa deuda, comenzó a no informar de aquello que molestaba a sus poderosos amigos, por ejemplo, dela estafa de las preferentes. Fue entonces cuando sus directivos comenzaron a comportarse más como empresario que como periodistas. Fue entonces cuando el coraje y los principios se cambiaron por esa forma de miedo que llaman prudencia y el periódico con el que soñamos anduvo como un pollo sin cabeza, arrimándose al poder, fuese cual fuese su color, despistando a sus cada vez menos numerosos lectores.
Atrás quedaron al de cal de su lealtad a la Constitución el 23-F, con al de arena de dejarse embaucar por Aznar el 11-M, atribuyendo a ETA aquella matanza que tuvo más que ver con la postura a que Aznar nos arrastró en la segunda guerra del Golfo.
Pero, con eso y todo, incluso después de los ERE en el diario, de las ventas de tesoros como la editorial Alfaguara, de los despidos de gente con prestigio y con criterio, para sustituirlos por jóvenes y mal pagados becarios, con el deterioro del diario en la red, de la tortura a que se somete a nuestro idioma en sus titulares, de errores impensables hace sólo unos pocos años... con todo eso, lo peor es que el periódico y el grupo se hayan convertido en un instrumento en la mezquina defensa del que fuera su primer director y hoy capo tiránico, Juan Luis Cebrián, relacionado con los papeles de Panamá y con oscuros negocios que le será muy difícil explicar.
Cuarenta años después, quien fuera, con su soberbia y todo, un héroe de la democracia y la libertad de expresión, se ha revelado con un personaje inmoral que veta y prohíbe, que trata de acallar las críticas de las que parece merecedor con la misma dureza que los tiranos a que tanto ha criticado.
Cuarenta años después, Juan Luis Cebrián ha puesto en entredicho el prestigio del periódico con que soñamos. Juan Luis Cebrián, para tapar sus vergüenzas, se ha envuelto en su periódico, como en él se ha escrito tantas veces que hacían Pujol o Mas con la bandera catalana.
Atrás quedan aquellos años en que entraba con orgullo y de uniforme en el CIR de Araca, con mi ejemplar de EL PAÍS bajo el brazo, atrás queda y en una carpeta junto a otros recuerdos, aquel otro ejemplar que da cuenta de lo ocurrido el día en que nació mi hija. Hoy, Juan Luis Cebrián ha tirado cuarenta años de prestigio por la borda.

viernes, 27 de septiembre de 2013

TORPEZA OBLIGA

 
 
No hay peor tonto que l que no sabe y pretende aparentar que no lo es y creo que Rajoy es de esos. Decía Kafka que en la lucha contra el mundo hay que ponerse de parte del mundo y eso es lo que no acaba de entender nuestro presidente, porque se empeña en controlar el mundo como torpemente cree que ya controla este pobre país que, para su mal, se puso hace casi dos años en sus manos.
Rajoy ha conseguido tener a casi todos los medios de comunicación de su parte, el último, el grupo PRISA, cuyo presidente, Juan Luis Cebrián, un ludópata bursátil, según un miembro de su comité de empresa, un boqueroncito en Wall Street, según Maruja Torres, no ha dudado en piropear al mismo Mariano Rajoy que ha arrasado las redacciones de la televisión y la radio estatales, arrancando de raíz cualquier brote de libertad u objetividad, a cambio quizá de misericordia para un imperio que lo fue y que hoy, por su mala gestión, hace agua, mientras él sigue embolsándose un sueldo que para sí lo quisieran los consejeros que desvalijaron las cajas de ahorro. Lo consiguió hace unos días y supongo que los dos "don Jesús" de su vida, Jesús de la Serna y Jesús de Polanco se revolverían en sus tumbas al oírle decir que este gobierno, el de Mariano Rajoy, es el menos intervencionista de los últimos años, en clara referencia a Aznar y Zapatero, a los que culpa, nunca a su falta de visión sobre la evolución, revolución, de los medios de comunicación. Y en este punto no hay que olvidar que Juan Luis Cebrián fue de los últimos, si no el último jefe de informativos de la televisión de  Franco, pero claro, también en el caso del primer director de EL PAÍS, hoy nefasto consejero delegado del grupo que lo edita, torpeza obliga. Los voceros de la derecha, los de toda la vida, que los hay por todas partes, han tardado apenas horas, si no minutos, en hacerse eco de la torpe afirmación de don Juan Luis que los profesionales sin cargo de su grupo han tratado de esconder.
Pero, a lo que vamos, Mariano Rajoy ha decidido ocultarnos la verdadera situación de este país y, para ello, él mismo, sus ministros, los medios que controla, porque dependen orgánicamente del gobierno o porque sobreviven de sus favores, andan poniendo sus deditos en los agujeros del tonel por los que se escapan las malas noticias sobre la noticias sobre la recuperación económica de este país, con el casposo y repipi Francisco Maruenda corriendo de un lado a otro para poner sus torpes argumentos a tapar aquellos por los que la verdad sale a borbotones. La verdad es que el esfuerzo ha dado sus frutos y no hay más que ver que la cultura del periodismo está cambiando, si no lo ha hecho definitivamente ya en este país y apenas quedan ya periodistas que hagan las preguntas que hay que hacer en las pocas ruedas de prensa o entrevistas en las que les dejan participar.
Por eso se atreverán a aprobar un proyecto de Reforma de las pensiones que ni siquiera ha tenido el apoyo de la patronal en el Consejo Económico y Social, que ayer apoyó con su voto, un durísimo informe sobre el proyecto nefasto proyecto de Báñez que pretende devolver las pensiones a tiempos casi predemocráticos. Por eso, son capaces de decir que ya estamos recuperándonos, mientras toma la decisión de congelar un años más, y van cuatro, el sueldo de dos millones y medio de funcionarios y trabajadores públicos. Por eso no ponen coto a la rapiña de las eléctricas, que vuelven a subir las tarifas, pese a que el año pasado tuvieron los mayores beneficios de la Historia, por eso toman en ese campo decisiones contrarias al sentido común y al interés público, alejadas de lo que están haciendo los países de nuestro entorno, pero encaminadas a beneficiar a empresas controladas por familias de ilustres apellidos y asesoradas por amiguetes de quien legisla.
Todo esto, sumado a los escándalos de todos sabidos, mal que bien lo controlan en España, pero son tan torpes, especialmente Rajoy y sus asesores, como para creer que pueden hacer otro tanto en el resto del mundo. Y acaban de comprobar que no. No sólo al verse sorprendidos con las preguntas sobre Luis Bárcenas y sobre qué haría si finalmente se prueba la existencia de la trama en el partido, preguntas a las que respondió bastante peregrinamente, tanto que trataron de impedir su emisión presionando sin éxito a la agencia Bloomberg.
Seguro que más de una vez lo habrán hecho con éxito aquí, pero, como han comprobado, fuera de España es otra cosa. Pero había que intentarlo, torpeza obliga.
 
 
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miércoles, 28 de noviembre de 2012

ASCO

 
 
Asco. Simplemente. Eso es lo que siento esta mañana, mucho asco.
Trabajé muchos años como periodista, creyendo que lo mío, lo de mis compañeros era una especie de sacerdocio en el que mediábamos entre la verdad y los ciudadanos, pero no tardé en darme cuenta de que no todos son iguales, no ya ante la ley, sino, simplemente, ante la verdad que se puede contar de ellos.
Porque no, la cosa no era como yo la imaginaba, y pronto pude comprobar que las esposas de los consejeros cantaban mejor que el resto de los mortales, que Hipercor perdió su nombre cuando ETA causó la masacre en su tienda de la Meridiana de Barcelona, que Mario Conde, al que sólo verle me ponía los pelos de punta, era un tipo genial mientras trapicheaba con las propiedades del banco que presidía. También me enteré de que ese tipo que un dos de mayo me atropelló empujándome contra la puerta del estudio, rijoso y más de derechas que Don Pelayo -según su propio padre- era un progresista en las filas del PP que jugó con vista la baza del Círculo de Bellas Artes, convirtiéndolo en el salón de actos del Grupo PRISA y en su propio marchamo de mecenas cultural, que nada tiene que ver con su verdadera personalidad, desvelada como ministro de Justicia de Rajoy.
Yo creía en mí trabajo y también creía en mi empresa. Hasta que un día, sin previo aviso, me sacaron de donde estaba, para hacer sitio a la nueva estrella contralada a golpe de talonario y con su propio equipo impuesto, por un señor que, después de haber organizado más de un estropicio, vive hoy un exilio dorado en Miami. Me mandaron a un lugar oscuro, en el que también traté de cumplir con mi trabajo y ser feliz. Y casi lo estaba consiguiendo, entre gente que, por cierto, creía poco en la empresa y mucho en la adulación a los jefes, hasta que mi enfermedad fue agravándose -dicen que el estrés no es buen compañero de la diabetes- y después de un ingreso hospitalario y el deterioro de mi vista me pusieron en la calle, con una indemnización que hoy quizá sería inalcanzable, pero en la calle.
Al cabo de un tiempo, ya con una pensión y la vista muy dañada, alguien me aconsejó poner en un depósito parte de la indemnización y consulté con Manolo, el canalla que venía ocupándose de las cuentas de mis padres, la mía y las de mis hermanos desde hacía más de treinta años. Y, a sabiendas de que yo no podía leer papeles y mucho menos letras pequeñas, nos embarcó con engañifas y buenas palabras, hablándonos siempre de un plazo de cinco años, a mí y a mis padres en las malditas participaciones preferentes, que yo acabé contratando, porque creí en todo momento al papanatas de Miguel Ángel Fernández Ordóñez que repetía una y otra vez, también en esas fechas, las excelencias y la buena salud de la banca y las cajas españolas. Yo, en esa, como en otras ocasiones, pequé, como tantos, de exceso de fe en las buenas intenciones de miserables como el tal Manolo o el, todavía no sé si inútil o canalla, Miguel Ángel Fernández Ordóñez.
Hoy acabo de enterarme de que la Unión Europea quiere imponer una quita de hasta el 50% a esas preferentes, colocadas de manera miserable a gente en la que pesó más la fe que la desconfianza hacia quienes habían tenido su dinero desde hacía tanto tiempo. Me entero también de que van a despedir a muchos de los empleados de Bankia y ni siquiera me queda el consuelo de que uno de ellos sea el tal Manolo, porque, después de abusar de quienes les creímos, probablemente a cambio de primas por objetivos, se prejubiló, supongo que con unas magníficas condiciones.
Mi único consuelo en estos años ha sido pensar que, además de tener una buena familia que se preocupa por mí en todo momento, gracias a mis médicos y enfermeras he podido mantener unas condiciones de vida bastante aceptables que me hubiesen costado la pensión y los ahorros que me quedan, de no ser por el sistema público de sanidad que también nos quieren quitar esos miserables que no ven personas ni ciudadanos, sino votos y oportunidades de negocio en quienes les elegimos o dejamos que les elijan.
Confiaba también en el PSOE como si de un partido progresista y obrero se tratase y el tiempo me ha demostrado que no, que han preferido siempre los votos, los cargos y los consejos de administración a los principios. Y no hay más que verlos, sumidos en el más profundo de los agujeros, despreciados incluso por su propia militancia. Para colmo, les "pillan" con el "carrito del helao" en Sabadell. Y pillán al alcalde de la quinta localidad de Cataluña, enredado en una trama con un concejal del PP, qué pensarán sus votantes, y con el número dos y responsable de la campaña electoral del PSC acusado de mediar ante una concejala para dar un puesto de trabajo no sé a quién.
Y siento asco, mucho asco, porque no me puedo fiar de casi nadie. Porque esta misma mañana acabo de escuchar a quien exculpa a Daniel Fernández, el nº 2 del PSC, porque al fin y al cabo no se le acusa de corrupción, sino de tráfico de influencias. Y yo me cago en todo lo que se menea, que diría un amigo, porque quizá ese puesto de trabajo que Fernández reclamaba para alguien le correspondía a alguien mejor preparado o, por qué no, más necesitado porque tiene que pagar una hipoteca y los gastos de una familia.
En fin, asco, asco, mucho asco es lo que siento. Por eso, para aliviarme, hoy me he metido los dedos y he vomitado un poco. Lo he manchado todo, pero ahora me siento mejor.
 
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jueves, 8 de noviembre de 2012

LOS MEDIOS Y LA CRISIS

 
Ayer tarde, sumé mi voz a la de los trabajadores de EL PAÍS concentrados en la puerta del Sol de Madrid en protesta por el ERE impuesto por los propietarios del periódico, como única salida a la enorme crisis financiera y tecnológica que amenaza su continuidad. Allí, bajo la lluvia contamos llenos de tristeza y uno por uno los ciento cuarenta y nueve puestos de trabajo que se pierden en el periódico al amparo de la editorialmente criticada Reforma Laboral del PP y mientras Juan Luis Cebrián, fundador entonces y "fundidor" ahora de lo que fue un sueño de nuestra democracia y zar absoluto y absolutista de a trece millones de euros al año de lo que queda de PRISA.
Curiosamente, los responsables de la crisis del periódico, los que se jugaron el "patrimonio familiar" en el casino de la bolsa y los que no han sabido ver a tiempo las orejas del lobo tecnológico quedan a salvo del ERE, han sido confirmados en sus puestos y, claro, se ven en la obligación de actuar como esquiroles, para romper la huelga seguida por la práctica totalidad de la plantilla (95%) y sacar un miserable periódico a la calle, una actitud, la del rompe huelgas, en la que alguno reincide, y que en toda empresa pura y dura, como ha sido y es especialmente ahora la editora del periódico, se convierte en un mérito ante los ojos de los "amos".
Lo de ayer fue muy triste. Lo fue por la lluvia incesante y dura que caía sobre Madrid y lo fue porque había muchas ausencias y no sólo en el acto. También las hubo en la firma del manifiesto suscrito unos días antes por los columnistas más prestigiosos del diario en medio del escándalo censor que pretendía llevarse por delante la dignidad que tuvo Santos Juliá apoyando al "apestado" por decir la verdad, Enric González. Faltó, por ejemplo, la firma de Juan José Millás, tan activo y con razón, contra las arbitrariedades del Gobierno y tan silencios en cambio en este asunto. Un ejemplo lamentable del farisaico "haced lo que digo, no lo que hago".
Y dicho esto -me lo pedía el cuerpo, porque no hay nada peor que la decepción- he de añadir que lo más triste fue ver allí a compañeros que, no hace tanto, se creían intocables, algunos, incluso, por encima de los demás. Era lo que se cultivaba en Miguel Yuste y lo que, con excepciones, florecía. Pero aquello es ya agua pasada. Ahora son víctimas como tantos y tantos compañeros de tantos y tantos medios. Lo que convendría recordar y corregir, para no caer de nuevo en el error, es el papel que los medios de comunicación han cumplido en el análisis erróneo y dirigido, cuando no falseado de la crisis, produciendo indefensión en la ciudadanía que hoy está padeciendo la crisis, también ellos, como estamos viendo.
Lo decía hace unos minutos el catedrático, a uno y otro lado del Atlántico, Vincenç Navarro en la Cadena SER, no sin dejar de señalar la cantidad de bancos que "patrocinaban" el programa. Nos han ocultado la verdad, dándonos como salida unívoca la del control del déficit y ocultándonos otras salidas alternativas, probablemente más eficaces. O lo que es lo mismo: nos han engañado.
 
 
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sábado, 6 de octubre de 2012

BUSCANDO SALIDAS

 
Escribo esta mañana "tocado" por toda una serie de circunstancias, propias y ajenas, particulares y generales, que, poco a poco, aunque tarde, están abriéndome los ojos a un panorama negro y triste pero, creo, no inevitable. Ojalá, como escuchaba hace dos días a un padre que ha tenido que pasar por el dolor resignado de ver partir a su hija al extranjero en busca de un futuro que su país le niega, ojalá, insisto, no hubiésemos mirado hacia otro lado cuando la realidad nos cercaba poco a poco, vistiéndose de lujo y modernidad. Pero mirábamos hacia otro lado y cuando quisimos reaccionar ya nos lo habían quitado todo, incluido el futuro de nuestros hijos.
Yo he vivido en la SER y más de una vez lo he contado ese proceso terrible y constante de deterioro de los puestos de trabajo, ese desprecio hacia esos puestos de trabajo como un bien en su mismo, para mirar únicamente el beneficio económico de la empresa que lleva tiempo optando por mucho y barato, aunque no sea bueno, ante lo solvente y, en justicia, caro. Recuerdo haber polemizado con mis jefes a propósito de le estafa de que estaban haciendo víctimas a los becarios, a los que, por una miseria que ni siquiera les daba para la comida y el transporte, sometían a horarios más allá de lo estipulado, realizando trabajos repetitivos y rutinarios que nada les aportaban en su formación. Y en eso consistía la estafa en no darles la parte de la retribución que se les debía en formación, porque las retribuciones de las becas lo son en euros, una miseria, y en formación, Pero las empresas han descubierto el chollo de la mano de obra barata para tareas menores o penosas, a cambio de unos salarios vergonzosos.
Yo lo dije en mi momento y lo dije porque conocía los dos lados del asunto, desde la universidad y desde la empresa. Y, sin embargo, tuve que sufrir la frustración de ver que, ni la universidad, ni el comité de empresa, ni, mucho menos, la propia empresa hacían nada para evitarlo.
Esos becarios eran gente que o bien vivían "subvencionados" por sus padres o lo hacían sirviendo copas o hamburguesas, como dependientes en tiendas de ropa, perfumes o electrodomésticos, admitiendo unos salarios que, poco a poco, iban expulsando del mercado a quienes necesitaban más horas de trabajo y más salario.
Recuerdo que en esos días, viendo cómo iba cambiando la Gran Vía, me preguntaba qué iba a ser de nosotros cuando todos trabajásemos en Zara, Sfera o Springfield, Starbucks o Sephora. Ahora ya lo sé y no me gusta. Estas cadenas basadas en el acoso a la competencia para llegar al monopolio y la falta de interés de las autoridades por dignificar el comercio, con horarios y condiciones dignas, se han comido todos esos establecimientos familiares que permitían una subsistencia más o menos digna con la que rentabilizar o estirar los ahorros.
Lo peor es que muchos empresarios han caído en las garras de la economía especulativa, una especia de ludopatía que, en lugar de en casinos, se sublima en el parqué de las bolsas y que lleva a apuestas increíbles en las que se juega y se pierde el prestigio y el patrimonio de empresas como la que mejor conozco, el grupo PRISA, que lleva a un goteo constante de despidos, en tanto que el gran "capo", Cebrián, se lleva a casa en un año, los ingresos publicitarios de dos meses de EL PAÍS.
Hablo de la prensa, concretamente de este periódico, porque el daño que ha infligido a la sociedad alegre y confiada en que nos habíamos convertidos es doble, porque contribuyó, en su medida, al deterioro de todos los puestos de trabajo que existían en torno a la profesión periodística y, casi peor, al adormecimiento, cuando no entontecimiento de la sociedad.
Siempre lo he pensado y los que seguís este blog lo sabéis. Por eso me ha consolado escuchar hoy al periodista portugués, perdonad que no recuerde su nombre, porque ha dejado meridianamente clara la responsabilidad de los medios en la catástrofe que vivimos, al tiempo que me ha abierto una ventana a la esperanza, al decir que las cosas están cambiando y que, es evidente y este blog es una prueba, que los ciudadanos están pasando de los medios como generadores de opinión.
Este colega, brillante y nada demagogo, ha concluido la entrevista hablando de fútbol, de Cristiano Ronaldo y de Messi, y lo que ha dicho acaba siendo una hermosa moraleja. De su compatriota dice que el suyo es el fútbol fuerza, de Messi, del que se ha reconocido admirador, que crea a su alrededor espacios de libertad y los aprovecha. Quizá por eso cree que la crisis y el rescate en cierto modo han sido positivos para Portugal, porque ante el fracaso de los economistas y los partidos tradicionales, la sociedad está regenerando la política desde las bases. Ojalá tenga razón.
Eso es lo que tenemos que hacer, regenerar la política y crear esos espacios de libertad a nuestro alrededor, aprovecharlos y sumarlos a los de los demás, sólo así le marcaremos el gol que tanto necesitamos al correoso equipo de especuladores y gobernantes autoritarios que quiere "eliminarnos".
Ya por último, he de deciros que me duele ver a mi hija entre deprimida y cabreada -a todo el que me habla así le digo lo mismo: sí hay que elegir, elige el cabreo y rebélate- algo que no estaba en mis planes, porque ella es mucho más brillante de lo que yo era a sus años y no se merece el erial en el que, a ella y a tantos y tantos jóvenes como ella, les estamos dejando. No sé qué haría si ella me hablase de emigrar, de elegir esa salida. Probablemente no se lo desaconsejaría, pero me sentiría muy frustrado y cabreado.
 
 
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lunes, 1 de agosto de 2011

DESDE LAS ALTURAS (es fácil despreciar a los de abajo)


No sé si sólo es casualidad. Pero, en todo caso y para quienes, como yo, gustamos de buscarle tres pies al gato, no deja de ser una feliz coincidencia que el índice que agrupa los treinta y cinco valores más altos de las bolsas españolas y el protagonista de la foto que exhibe su enorme cornamenta en las alturas lleven el mismo nombre: Ibex..
Ayer, una gran parte de los periódicos españoles llevaban a sus portadas un dato que, en tiempos como los que corren, con tanto ERE y tanto paro, no deja de ser una afrenta para una gran parte de los ciudadanos, porque, según ese dato, durante el pasado ejercicio, los directivos de las 35 empresas del IBEX han ganado un dieciséis por ciento más que en el anterior, pese a que el valor en bolsa de esas empresas haya caído un 5%. Yo, que soy de ciencias no lo entiendo. A no ser que quienes, un día sí y otro también, chupan al gobierno de la crisis, consideren que la tal crisis es una fatalidad contra la que nada puede hacerse y, por ello y pese a las pérdidas, hayan decidido premiarse con ese 16%.
Quienes no ha querido ser menos, pese a que la empresa no figura en el IBEX, han sido los directivos de PRISA que estando como está en un serio proceso de reestructuración, con importantes cifras de despidos, 900 de los 2500 previstos, con la venta de empresas del grupo y demás, han hecho crecer, no sólo el número de sillones en su consejo de administración, sino el importe de sus retribuciones que se han triplicado en un periodo en que han caído seriamente sus ingresos.
Por eso me dolió tanto el artículo de Juan Luis Cebrián pidiendo un calendario creíble al presidente del Gobierno, cuando su comportamiento en PRISA es tan oscuro y arbitrario como parece. Es lo de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Y en el caso de Cebrián, que, si alguna vez fue un gran periodista -nadie con dos dedos de frente puede ponerlo en duda-, hace ya demasiado tiempo que se comporta como un alocado ejecutivo, capaz de dilapidar lo que fue una gran empresa y cargado de soberbia como para pretender, aún, dar lecciones.
Está claro que los empresarios son, antes que nada, empresarios y que los tiempos que se avecinan deberían servir para abrir los ojos de quien aún cree que los hay buenos y malos. De momento, el responsable del BBVA, Francisco González, rompiendo toda una tradición de la banca en España, ya ha mostrado claramente su preferencia por Rajoy. Como diría Miguel Ángel Aguilar, el maestro, atentos...