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miércoles, 11 de mayo de 2016

PARA QUE SE JODA EL SARGENTO...


Hay una frase hecha, una de esas sentencias de la sabiduría popular, que resume a las mil maravillas la negativa de Pedro Sánchez o de quien esté detrás o encima de él en el PSOE. Una sentencia que pone de relieve la estupidez de quien pretende castigar a otro causándose daño a sí mismo. La frase en cuestión, escuchada o evocada más de una y más de dos veces en los cuarteles por los que hicimos el servicio militar, la "mili", no es otra que la que reza así: "para que se joda el sargento, no como rancho".
Qué es sino una autoflagelación o, lo que es peor, un castigo para quienes quieren, queremos, que, de una puñetera vez se vayan y dejen de hacer y deshacer a su antojo leyes y normas aquellos que llevan cuatro largos años desmontando lo que queda de nuestro bienestar y, con ello, nuestra felicidad. Lo de Sánchez ayer, rechazando sin apenas meditarla, la oferta de Podemos para compartir listas al Senado, es como dejar de comer el rancho que se sirve en la mesa para castigar a Pablo Iglesias a expensas del futuro de la izquierda, en la que se supone que habría que incluir también a los socialistas.
Aún recuerdo aquella Entessa del catralans que, en plena transición barrió con su lista al Senado por Barcelona las elecciones, convirtiendo a Joan Benet, pese a lo que Esperanza Aguirre de sí misma, en el senador más votado de la historia de la democracia española. Y, porque lo recuerdo, no me cabe en la cabeza que un partido que se dice de izquierdas y que jura y perjura querer desalojar al PP del poder, el PSOE, renuncie a arrebatártele la mayoría del Senado, dejando en manos de quienes han dejado en la miseria y el dolor a tantas familias, de quienes ha sentado en esos escaños a quienes pasan por ser las estrellas de la corrupción en Valencia, el control de una cámara que no sirve para otra cosa que para bloquear cualquier reforma constitucional que se abra paso en el Congreso.
No me cabía en la cabeza hasta que, escuchando a Óscar López, se ha hecho la luz para mí. Dicen decir no a la propuesta, y valga el trabalenguas, para que Podemos y sus socios no saquen adelante el referéndum en el que se consultaría a los catalanes por el futuro de su relación con el Estado. Y lo dice "tan pancho", sin mover una pestaña, confundiendo o pretendiendo al menos que confundamos gobierno con parlamento. Agitando el señuelo del anti catalanismo o el estandarte de una pretendida unidad inquebrantable de España, a qué me suena esto, para justificar su estrategia de zapador, su ansia de minar cualquier intento de construir una izquierda fuerte que ensombrezca y minimice su estéril hegemonía, al menos en estos últimos años.
Pero no nos engañemos. Ni siquiera ese anti catalanismo, ese veto a cualquier propuesta de consulta homologada y democrática, no muy distinta de las de Escocia o el Quebec, es la verdadera razón de la negativa. La verdadera razón hay que buscarla en el pánico ciego de quienes controlan el partido socialista a que la izquierda pueda acceder, como ya pasa en ayuntamientos y comunidades, a los despachos que han visto y oído tanto a lo largo de tantos años de gobiernos corruptos y oposiciones consentidores y complacientes. No quieren que el aire limpio y la luz entren en ellos y levanten las alfombras que esconden tanta basura. No quieren que aumente el número de senadores progresistas para que no multipliquen y no controlen las comisiones que investiguen y barran tanta basura.
Oscar López y Pedro Sánchez pretenden que confundamos una alianza que acabaría el día que cada senador electo recibiese su credencial, con un pacto de gobierno que sí implicaría compromisos para el futuro.
Que lo digan claro, que digan que no quieren senadores con restas, de se dejen de sumas y restas que se hicieron en los tiempos de Almunia y Paco Frutos, cuando este país padecía una izquierda y una juventud desmovilizadas, cuando aún creía que era rico y no había habido un 15-M. Está claro que juntos sumarían más. No hay más que ver el "canguelo" que les ha entrado con la alianza de Podemos e Izquierda Unida, no hay más que recordar aquellos tiempos en que España salió de la dictadura con socialistas y comunistas, sí. comunistas, de la mano.
Como reza la sentencia han decidido que para que se joda el sargento, no van a comer el rancho de la unidad, aunque sean sus votantes y quienes quieren que este país cambie los que resulten jodidos.

miércoles, 13 de marzo de 2013

HUMO NEGRO


 
Por lamentable que parezca, el PSOE parece empeñado en dar munición al PP y a quienes todavía le defienden, metiendo la pata una y otra vez, para sacarla cubierta de ese chapapote tóxico que sólo se da en los partidos en descomposición. Y el PSOE, por doloroso que resulte para quienes alguna vez creímos en él, lleva semanas con todos los síntomas de estarlo.

Hace días que de la sede de la calle Ferraz sale humo, un humo negro y espeso que no presagia nada bueno. Un humo que nada tiene que ver con el de la Plaza de San Pedro en Roma, porque aquí nadie parece dispuesto a cambiar nada, porque, aquí, la cúpula socialista parece haberse encerrado a cal y canto, como aquellos "últimos de Filipinas", empeñados en la defensa de una causa imposible, y todo por no haber salido fuera del reducto a ver qué pasaba en el mundo.

No. No es el humo de una elección, es el humo numantino de quien no quiere admitir la realidad y decide echarse a la hoguera y echar en ella a todos sus votantes, usando como combustible las miserias de las que les creíamos a salvo y que, por desgracia, llevaban tiempo creciendo en su patio trasero. Y, la peor de todas, ese autismo del líder y dos o tres más, que les vuelve incapaces de saber lo que está bien y lo que está mal, porque hace tiempo que no saben lo que quiere la gente y, fundamentalmente, porque no parece interesarles. Tal parece que tomaran las decisiones jugando a la ruleta rusa, con una única bala en el tambor, que, una y otra vez, acaba enterrada en su sien.

El primer tiro se lo dio a propósito de la intención del PSC de ser coherente en Cataluña y Madrid, prohibiendo a los diputados catalanes votar a favor de la moción que proponía en el Congreso de los Diputados el reconocimiento del derecho de los catalanes, no ya a decidir, sino a expresarse sobre su futuro. La poca cintura de los "sabios" de Ferraz, ninguna, para ser exactos, y el miedo atávico al nacionalismo español montaraz de algunos de sus líderes que, en lugar de hacer pedagogía, tan necesaria como escasa, se pasan en la suerte de varas con el toro catalán, para poder lucirse en las particulares lidias autonómicas, y acabarán consiguiendo la escisión del socialismo catalán, con la previsible consecuencia de dar la puntilla a cualquier intento de remontada electoral en Cataluña.

El segundo tiro fue la increíble historia de la ignominiosa moción de censura en Ponferrada, sobre la que pretenden creer que Alfredo Pérez Rubalcaba no sabía nada, pese a que estaba en toda la prensa, también la nacional, y que, ahora lo hemos sabido, fue motivo de un escrito de protesta firmado por cuatrocientos militantes y simpatizantes que entró en la sede de Ferraz cuatro días antes de que se consumase tan miserable operación. Enterados tenían que estar y capear las consecuencias entre la opinión pública a la que se quieren ganar con la excusa de que el perro se comió el cuaderno de los deberes, porque otra cosa no ha sido tratar de defender la cándida ignorancia de Rubalcaba y hacer el paripé de la falsa dimisión no aceptada del secretario de Organización, Oscar López, que ha dejado a uno y otro con el culo al aire y tambaleándose en los pasillos de la planta noble de Ferraz.

Y, cuando parecía que nada podía ir peor, ayer se supo que el fiscal pedirá el procesamiento del que fuera "hombre fuerte" de Zapatero y ex ministro de Fomento, José Blanco -un personaje tan siniestro como Alfonso Guerra, pero mucho más torpe- por un presunto tráfico de influencias en la concesión de licencias a un amigo personal del ministro. La comparecencia de Blanco, ayer en el Congreso, proponiendo una solución procesal más digna de un abogado tramposo que de un político honesto, ha dado al PP, acosado y aturdido por el asunto Bárcenas, la munición que estaba esperando para el contraataque.

En fin, mierda y humo negro. Eso es lo que sale de Ferraz. Y mientras tanto, los ciudadanos que un día confiaron en quienes ahora se encierran allí, huérfanos de líderes creíbles y de una opción que oponer al desastre que ha organizado el PP en apenas año y medio de gobierno. Si el PSOE pretende salvarse y ayudar a salvarnos, que se deje de miserias, convoque ya un congreso extraordinario, del que salga realmente renovado y desde el que recupere poco a poco el espacio que no ha sabido gestionar.



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