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miércoles, 7 de noviembre de 2018

LA JUSTICIA, HIPOTECADA


Mal día el de ayer para la justicia española. Arrancó en la Europa a la que nos queremos parecer -allí los jueces son más diligentes y madrugan más que aquí- con una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, la última esperanza de los justiciables injustamente tratados por la justicia, y arrancó con un serio revés, no sólo para la magistrada de la Audiencia Nacional, Ángela Murillo, que presidió el tribunal que condenó a Arnaldo Otegi a una pena de dos años de prisión ya saldada y a diez años de inhabilitación por su presunto intento de reorganización de Batasuna, sino también, así hemos de deducirlo, para el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, que no atendieron la reclamación del dirigente abertzale, cuando reclamaba su derecho a un juicio justo que, como ha sancionado el TEDH, no tuvo al ser rechazada su recusación a esa juez, Ángela Murillo, que en un juicio anterior había dado claras muestras no sólo de animadversión, sino, incluso, de un cierto desprecio al acusado.
Los malos modos y el "desparpajo" jocoso de la juez que tenía que decidir sobre la libertad del acusado y su derecho a presentarse a las elecciones deberían haber hecho saltar las alarmas, primero en la Audiencia Nacional, luego en el Tribunal Supremo y por fin en el Constitucional, pero en ninguna de estas instancias se atendió la reclamación de Otegi, que fue juzgado por una magistrada que, en el mejor de los casos, no supo guardar las formas ni mantener el respeto debido al acusado, por lo que, elevado el caso al Tribunal de Estrasburgo, éste ha acabado dando la razón a Otegui y anulando su pena de inhabilitación, por no haberse respetad su derecho a un juez imparcial y, por tanto, un juicio justo.
Ese "palo" fue el primer trago que tuvo que tragarse ayer la justicia española, pero no sería el único, porque, unas horas más tarde, la Sala de lo Contencioso Administrativa, reunida en pleno, consagro el "donde dije digo, digo Diego", haciendo saltar por los aires la sentencia dictada hace quince días por una sección de la misma sala, que al día siguiente había dejado en suspenso su presidente, Luis María Díez Picazo. que tras dos días de deliberación se desdijo de su primer voto que optaba por obligar a los bancos a pagar el maldito impuesto de actos jurídicos de las hipotecas, para de repente inclinar la balanza en sentido contrario, eximiendo al poderoso, la banca, de pagar el impuesto, para cargarlo sobre el cliente.
Se ve que al presidente Diez Picazo le debía parecer mucho lo que debería pagar la banca por los cuatro años no prescritos de haber esquivado el pago del impuesto obligado en la formalización de las hipotecas y, por ello, para ahorrar a la banca ese desembolso así, “dé golpe", era partidario de hacer borrón y cuenta nueva, atendiendo a la injusticia señalada en la primera sentencia, pero "pasando" de la retroactividad del fallo, para ahorrarle toda esa pasta a la banca. Lamentable, pero más aún, si se tiene en cuenta el modo en que Díez Picazo llego a su cargo, de la mano del dedo de Carlos Lesmes y con probadas vinculaciones con la banca con la que, en ocasiones, había colaborado.
Demasiadas coincidencias. Tantas que uno acaba echando en falta, también en este terreno, un VAR que permita ver los penaltis, las faltas y os fuera de juego con los que algunos magistrados toman sus decisiones. Por eso creo, como ayer sugería en mi muro de Facebook, que harían muy bien nuestros periodistas en cumplir con su obligación de vigilar, como un VAR de papel, las circunstancias de cada uno de esos magistrados, dando cuenta de los créditos que reciben, las becas, las publicaciones, los cursos y seminarios, los ciclos de conferencias y los viajes y congresos en que participan, que financian las entidades bancarias sobre las que, antes o después, en un país tan judicializado como éste, en el que la banca comete tantos abusos sobre sus clientes. Esa y no otra, gracias a la torpeza de unos cuantos magistrados, es la hipoteca que pesa y va a seguir pesando sobre la justicia española que, tras la sentencia de la manada, las correcciones del Tribunal de Estrasburgo y el bochornoso espectáculo de ayer en el Supremo, va a tener que pagar en prestigio del que cada vez está más mermada.

viernes, 26 de octubre de 2018

PEDIR PERDÓN


Mucho me temo que, a Rodrigo Rato, que lo fue todo en la economía española y mundial, le va a ser muy difícil hacernos olvidar, borrar de su historia la imagen de ayer, acarreando las bolsas que encierran la que va a ser su vida en los próximos años. Tiene que ser duro, muy duro, encontrarse con la prensa y no poder esquivarla, no poder ponerse a cubierto en el portal, el despacho o el coche, no poder contar con escoltas que le protejan, que se interpongan entre él, las cámaras y los micrófonos. Quizá por eso se detuvo ante la prensa y accedió a hacer una declaración sin preguntas en el que, sin duda, será el momento más crucial de lo que la queda de vida. Quizá por eso abandonó su soberbia habitual, su mal gesto de siempre, para reconocer el daño causado y pedir perdón a quienes hubiesen podido sentirse defraudados o afectados.
Habrá que agradecerle el gesto, pero fue la manida fórmula de quien no hace contrición de sus actos sino, más bien, reconoce el daño y la ofensa porque se ha visto sorprendido en sus delitos y si pide perdón, siempre en condicional, "si a alguien he ofendido, si alguien se ha visto perjudicado por mis actos", buscando con ello a la sociedad que a través de sus jueces ha parado y castigado su carrera delictiva. Sin embargo, el perdón, la rebaja en la pena impuesta, en mi opinión, sólo debería llegar si el que lo pide colabora con la justicia ayudando a esclarecer sus delitos y devolviendo todo lo que no era suyo, lo que les fue arrebatado a otros o lo que hizo perder a otros, en más de una ocasión todo lo que tenían.
Rodrigo Rato va a tener mucho tiempo para reflexionar sobre todo esto, también para hacer un repaso de sus amistades y sus lealtades. Espero que, tras esa reflexión. quien aceptó ser considerado el autor del mal llamado "milagro económico español", que en realidad no fue más que la siembra de la cruel crisis que aún estamos pagando, se atreva a contar quién fue quién en ese triste periodo de euforia y sinsentido que no sólo arruinó lo mejor que tenía este país, su sistema de protección e igualdad sino que, además terminó con toda una clase, la clase media, arrojándola a los desahucios, el desánimo, los malos empleos con peores sueldos y abrió un abismo que parece ya insalvable entre la pobreza y la opulencia.
Esa es casi su peor herencia, la de toda una clase social que vive de espaldas a los demás, una clase social a la que sólo le interesan los dividendos de sus acciones, sus carreras profesionales, en la banca, la judicatura o la política, tan aislados del resto de la sociedad que son capaces de tomar decisiones tan ciegas y suicidas como la del presidente de la sala de los contencioso administrativo, el magistrado Díez-Picazo, que se pasó por el forro de la toga no una sino tres sentencias dictadas por  su sala que sentarían jurisprudencia obligando a la banca a pagar el impuesto de los actos jurídicos  que exigen a sus clientes, un "romper la baraja" insólito que quita la razón a aquellos a quienes se la ha dado su sala, para dársela a los poderosos bancos.
Ayer, y aquí enlazo con el asunto del perdón, el presidente del Supremo, Carlos Lesmes, elegido con los votos afines al PP, en un gesto tan insólito como la causa que lo origina pidió perdón, otra vez en condicional a quienes se están viendo perjudicados por la mala gestión de este asunto, algo así como aquellos carteles de los primeros tiempos de la televisión que decían "por causas ajenas a nuestra voluntad, etc.... disculpen las molestas". Lesmes pidió disculpas por las molestias, nada menos que la inseguridad jurídica que ha provocado el Supremo dejando en suspenso una ley, pero difícilmente podemos creer que lo ocurrido ha sido ajeno a su voluntad o la del tribunal, el más alto, que preside.
Hoy sabemos, lo cuenta El Confidencial, que fue Lesmes el que pidió al presidente Díez-Picazo, muy de su cuerda que aclarase la sentencia, como finalmente hizo, por los daños económicos y el riesgo sistémico que generaba, daños que, que se sepa, sólo se producía en la banca. 
En fin, basta ya de pedir perdón cuando se les pilla con la mano en el tarro de las galletas. Lo que tienen que hacer es pagar con dimisiones, patrimonio o cárcel los daños causados por sus acciones. Pedir perdón, más si se hace en condicional, sí no se repara el estropicio causado, es poco más que un acto de pura hipocresía.

lunes, 22 de octubre de 2018

JUSTICIA NO TAN CIEGA


Se acostumbra a representar a la Justicia con los ojos vendados y una balanza en su mano izquierda, mientras una espada ocupa la derecha, bien en repaso, bien en alto. De sobra sabemos, de haberlo escuchado tantas veces que la venda representa la equidad de la justicia que, para no inclinarse por ninguna de las partes juzgadas, venda sus ojos. Se trata sin duda de una bienintencionada iconografía, aunque cargada por el diablo, porque nada más fácil para quien quiera manifestar su descontento con jueces y tribunales que levantar total o parcialmente la venda que la ciega.
Uno, simple como es, tiende a pensar que nada es más fácil que aplicar las leyes, porque suelen estar escritas, corregidas y reformadas. Sin embargo, hecha la ley, hecha la trampa, y por ello los hombres han decidido interponerse entre las leyes que se han dado y su aplicación, dándose jueces y tribunales para interpretarlas y dar y quitar la razón a quien a ellos acude, impartiendo, imponiendo, sentencias que, por más que se ajusten a derecho, a veces son justas y a veces no.
El jueves de la semana pasada, aquí en España, el Tribunal Supremo dictó sentencia a propósito de quién debe hacerse cargo de los impuestos que conlleva la tramitación de las hipotecas. Su decisión, que los pague quien obliga al cliente a registrar la hipoteca ante un notario y se sirve de ese registro para ejecutar en su día lo firmado, no siempre conscientemente, por su cliente. Nada más lógico que quien saca ventaja corra con los gastos y, sin embargo, esa sentencia que supuso un alivio para tantos y tantos ciudadanos castigados por la crisis que podrían recuperar los cerca de dos mil euros de ese impuesto que les fue cobrado indebidamente, se va a revisar hoy, porque al presidente de la sala que la dictó le han asustado sus consecuencias en la banca que el mismo día que se hizo pública comenzó a bajar en bolsa, hasta que hoy, después del anuncio de la revisión, ha vuelto a recuperarse.
Las consecuencias de lo sucedido y lo que acabará por suceder apenas las notará el ciudadano, porque los bancos tienen la "sana" costumbre de no perder nunca, ya que acaba repercutiendo sus gastos en los clientes y el importe de ese impuesto recuperado por los hipotecados volvería a cargarse antes o después en los gastos y comisiones de la formalización de las nuevas hipotecas. Lo malo son las consecuencias que acabarán pagando en desprestigio la justicia que una vez más salva el culo de los poderosos a costa de los débiles, guiñándole un ojo a su imparcialidad, y los viejos partidos políticos que, con demasiados de sus culos en las poltronas de los consejos de administración de los bancos y sus empresas participadas, guardan un sospechoso, cuando no cómplice, silencio sobre el asunto.
Yo, que no soy uno de los afectados por la decisión, sea cual sea, del Supremo, amanezco hoy un poco más descreído que ayer, entre otras cosas porque quien sabe habla de un aunque de cuernos del presidente de la sala que, al parecer y pese a que dio su visto bueno para la admisión a trámite del recurso que ha dado lugar al fallo, se ha sentido traicionado por no haber sido informado previamente del fallo, estaba ausente, y, por eso, en cuento lo conoció, dicen que por la prensa, hizo el aspaviento de convocar el pleno de hoy y la emisión de una nota que ha dejado en la mayor de las inseguridades a quienes pensaban suscribir hoy una hipoteca.
Tal parece que, por el ataque de cuernos que os digo o porque se ha dejado presionar por alguien, el presidente de la sala pretende rectificar el fallo, pensando quizá más en los perjuicios para la banca que en el ciudadano común y corriente y en la misma imagen de la Justicia, a la que está dejando como un monigote, como un espantajo, sometida a las burlas y las iras de los ciudadanos que, con cierta razón, piensa ahora que la Justicia no es tan ciega como la pintan.

viernes, 19 de octubre de 2018

LOS SANTOS INOCENTES



Quien me conoce sabe que siempre he defendido la novela frente al ensayo. normalmente el ensayo se construye con datos fríos, datos que tienen la frialdad del mármol, les falta el latido de la vida que, por el contrario, palpita en la novela, más si esa novela ha salido de quien acostumbra a mezclarse con la vida, a observarla desde dentro o, en todo caso, de cerca. Por eso prefiero una nueva novela al mejor de los ensayos y, si esa novela ha salido de la mirada y la experiencia de autores como Miguel Delibes, no cabe la menor duda de que aprenderemos mucho de ella que de los mejores tratados de Historia o Sociología.
Por eso creo que no hay mejor manera de entender lo que nos está pasando que leer, por ejemplo, la genial "Los santos inocentes", del autor vallisoletano. En ella la brecha social, como ahora se dice, elevada a la máxima potencia del caciquismo, no importa dónde ni cuándo, se explica a la perfección, se siente como una tensión permanente, la misma que habría entre un perro y su amo, si el perro fuese consciente de que siempre será perro, de que, por más que mueva el rabo, por más que lama su mano, nunca será como él y que, a la hora de los esfuerzos, de los sacrificios siempre los acabará pagando el animal.
La virtud de la novela de Delibes, que describe un tiempo pasado, pero no tanto, porque yo he visto a una familia de aparceros vivir en la miseria a pocos meros de la casa de sus "amos" a sólo unos pocos kilómetros de Madrid. Y no sólo eso, la sensación de que hay amos y siervos hoy está presente en el discurso de esos dirigentes políticos, no diré de qué partido, que ponen a los niños andaluces, mi nieta es andaluza, por debajo de los castellanoleoneses o la de esos curas clasistas que enseñan con vídeos a sus uniformados alumnos que los ricos son más listos que los pobres, que los son poco menos que por tontos.
Esto de que os hablo se evidencia también, ayer lo tuve claro con el tratamiento que dieron las teles al asunto, en la injusticia resuelta por el Supremo que pone fin a la práctica, caciquil como pocas, de hacer pagar a quienes suscribimos una hipoteca el impuesto correspondiente a los actos notariales a que los bancos obligaban, algo así como obligar a ese perro metafórico de que os hablo a pagarse el colar y la correa con que el amo les ata.
Curiosamente, lo que parecía preocupar más a "los medios", más que el modo en que los afectados podrían recuperar lo que siempre fue suyo, puesto que, como dice el Supremo, el registro notarial de la hipoteca interesaba sólo al banco y por eso lo exigía, pese a que injustamente se lo hacía pagar a sus clientes... lo que interesaba a los medios parecía ser el "daño" que el fallo judicial iba a causar a la banca, los miles de millones que tendrán que pagar ahora, a los hipotecados o a la hacienda pública, y las consecuencias bursátiles de la sentencia.
Lo anterior, de plena actualidad, es sólo uno de los muchos ejemplos que, ahora que, tras aquel 15-M que parece ya olvidado, salen a la luz. Los desahucios, los abusos laborales a nuestros jóvenes, la nula inversión en ayudas a la dependencia, el abandono de lo público en favor de lo privado y quienes lo gestionan, la brecha salarial entre hombres y mujeres, José María Aznar Botella, administrando el parque de viviendas sociales, de todos, que su madre malvendió al fondo buitre para el que trabajaba "el niño", los abusos, en suma de una clase privilegiada por su cuna, sobre otra condenada a trabajar, pagar y callar.
Una especie de maldición, ésta, que no sé de dónde viene ni por qué sigue sobre nuestras cabezas, una maldición que, antes o después, acabará. Por eso, fiel a ese respeto que tengo a la novela como explicación de la vida, me permito sugerir a los caciques de ahora, banqueros, administradores de fondos buitre, dirigentes políticos y toda la caterva de abusadores que llevamos a nuestras espaldas que lean la novela de Delibes, quizás así sepan que la sumisión no dura para siempre, que un día, cuando el dolor y la humillación sean insoportables, como cuando el señorito mató por gusto a la "milana bonita" de Azarías, acabarán colgando de una encina, porque en las novelas, como os digo, en "Los santos inocentes" está la respuesta a muchas cosas.

jueves, 19 de enero de 2017

PAÍS DE TONTOS


Vivo en un país lleno de tontos y, de todos, yo debo ser el más tonto. Lo digo porque tengo o he tenido de todo. Tengo una hipoteca con cláusula suelo, he pagado los gastos de un notario propuesto por Caja Madrid que, que yo recuerde, no me advirtió de lo que firmaba. me rompí el codo al caer por las escaleras del metro en un tramo sin barandilla ni advertencia de peligro y no dicen que no tengo derecho a una indemnización, porque los aguerridos vigilantes de seguridad que en todas las estaciones se preocupan de que nadie viaja sin billete no estaban en su puesto cuando les necesité y no fui consciente de que me había roto el codo hasta que, horas después, vi que la inflamación y el dolor iban a más y, para entonces, ni las grabaciones de seguridad que estoy convencido que había ni los informes médicos que probaban mis lesiones, sirvieron de nada. También tuve preferentes y las tuvo mi padre y, si nos fue devuelto el dinero es porque yo, con una agudeza visual próxima al 15 %, y mi padre, con casi noventa años, no leímos ni fuimos conscientes de lo que firmábamos y, ahora, por si fuera poco, me entero de que, en lo más crudo del invierno, estoy pagando la electricidad más cara de la Historia, mediante una factura incomprensible, en la que los precios se fijan. al antojo de los de siempre, en un mercado presuntamente libre, lleno de trileros que, estoy seguro, cobran incentivos y bonus por conseguir la mezcla de energías que conforme el kilovatio más caro posible.
Y nadie protesta, yo tampoco lo hago, porque vivimos en un país cansado de protestar, desnortado y desilusionado, que traga con lo que le echen, porque quienes deberían defenderle, los que cobran su sueldo de diputado o de senador de nuestros impuestos y llegan a sus escaños con nuestros votos, saben de sobra que, antes o después, si hacen las cosas "bien! acabarán poniendo sus culos de señorías en la  poltrona de algún consejo de administración que, antes o después, cuando amaine la tormenta, dará su bendición a quienes volverán a chuparnos la sangre o a intentarlo al menos. Mientras tanto, el gobierno consistiendo, porque, con el IVA de esos recibos injustos que no todo el mundo puede pagar, hace la caja que debiera hacer con los beneficios de las empresas que los emiten y, así, todos, léase los poderosos de siempre, contentos
He tenido preferentes que me vendieron cuando quise poner a salvo parte de la indemnización por mi cruel despido, tan cruel como todos, aunque menos que los que se hacen ahora, todos los días, porque ocurrió en tiempos de Zapatero y el mango de la sartén, en manos, como siempre, de los empresarios, era más corto. He tenido preferentes que me vendieron sin piedad, a sabiendas de que, con ese dinero se iban a pagar las tarjetas black y todos los dispendios de Blesa, Rato y sus consejeros de todos los colores, por cierto, y, lo que es peor, la orgía de créditos suicidas con que las cajas y bancos inflaron hasta reventarla la burbuja inmobiliaria. He tenido una hipoteca cepo, de esas que firmas cuando eres joven y crees que vas a comete ese mundo que, al final, cuando ya no tienes el entusiasmo ni las fuerzas que tenías en la firma, acaba por devorarte. Tengo también un recibo de la luz y otro del gas, caros los dos, que, si no lo son más, es porque escamado por tanto trapicheo, por tanto baile de siglas y propietarios, en el que los gobiernos, el de Zapatero incluido, y los partidos apostaron fuerte, por unos o por otros, haciéndonos creer que lo hacían por nosotros y por el país, para llevarnos al cabo al triste escenario en el que estamos.
Y, si este es el panorama visto por un sesentón con una pensión suficiente y unos pequeños ahorros. imaginaos cuál puede ser el de nuestros hijos, con sus sueños, sus proyectos y sus esfuerzos. junto con los nuestros, sumidos en la mayor de las desesperanzas, sabiendo que su vida difícilmente será como la nuestra y menos como la imaginaba, atrapados en una red de intereses, dispuestos a sacarles el jugo sin apenas nada a cambio. Pero yo, pese a todo, confío en la sabiduría y en la fuerza de esos jóvenes, nacidos en un país de tontos sumisos que, con suerte, muy pronto van a dejar de serlo.

viernes, 15 de marzo de 2013

PINCHAR EL GLOBO

 
 
Fuimos muchos los que ayer, cuando conocimos la sentencia del Tribunal de Justicia Europeo sobre la ley hipotecaria española, sentimos crecer nuestra esperanza y nuestra fe en un mundo más justo, en el que alguien vela por los de abajo y sus derechos. Pero, en este momento, conforme pasan las horas y veo el análisis que de la sentencia se hace en alguna prensa, tengo la impresión de que no a todo el mundo le ha sentado tan bien el fallo.
Evidentemente, la decisión del tribunal no significa que vayan a  paralizarse todos los desahucios, ni siquiera que se anulen de facto todas las clausulas abusivas. Con lo que acaba el tribunal es con el terriblemente injusto y decimonónico procedimiento judicial que impedía a los jueces paralizar el procedimiento, a pesar de que evidenciar la existencia de abusos en la hipoteca.
Si afináis el oído -y, si no, también- os hartaréis de escuchar dos palabras unidas en un concepto que, si en un principio es positivo, en boca de algunos y en este asunto del que hablamos, se vuelve más que perverso. Me refiero a la "seguridad jurídica" o a su contraria, la "inseguridad jurídica", porque ahora resulta que, si los ciudadanos pueden reclamar ante el juez todos esos abusos, los que llevan tantos años concedido hipotecas con el pie puesto en el cuello del que las contratas, amordazado de por vida, se sienten menos seguros ahora que tienen que levantarlo para pasar a defender ante el juez la muy improbable legalidad de esos abusos.
Os cuento que vivo asombrado por la cantidad de anecdotillas  y lugares comunes que leo y escucho a propósito del flamante papa Francisco -por cierto, a quién se le ocurrió ponerle el palote, si es el primero y, por tanto, no hay que distinguirle de ningún otro- y lo poco que se destaca en algunos medios, EL PAÍS, por ejemplo, la sentencia y su alcance. Uno llega a pensar que es la misma prensa, agobiada por los créditos con que pagó y sigue pagando su soberbia, que calló miserable la estafa de las "participaciones preferentes" hasta que no fueron cientos de miles los afectados. La misma prensa atada de pies y manos por sus deudas y sus carteras publicitarias que "se la coge con papel de fumar" a la hora de informar sobre sus clientes o acreedores y se pasa por "el arco del triunfo" el derecho a ser pronta y correctamente informados de sus clientes.
En fin, que parecen empeñados en pinchar ese globo sueño que, de repente, se ha materializado ante tantos ciudadanos -trabajadores, pensionistas, parados, mujeres solas y con hijos- que hasta ahora han visto como les quitaban la casa, como "lanzaban" sus pertenencias, su vida y sus recuerdos a la calle, porque quisieron cumplir el sueño de tener un hogar propio y alguien vestido con piel de cordero les hizo creer que era posible para, años después, cuando ya estaban débiles y cansados, lucir toda la ferocidad de que es capaz armada con los dientes de una ley injusta, mientras quien debía cuidar de sus derechos, los gobiernos que elegían, guardaban un silencio sucio y cómplice.
Hay que luchar para que no nos pinchen el globo y hay que explorar sus posibilidades, porque quizá sea la llave que nos permita acabar con otros muchos abusos.
 
 
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