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domingo, 7 de octubre de 2012

EL CIS NO PREGUNTA

 
No, el CIS no hace preguntas retóricas. Prefiere quedarse con la respuesta insinuada por Rajoy en Nueva York, la ciudad donde toso es posible, la capital de los sueños. Por eso el CIS que es muy bien mandado no ha querido saber lo que opinan los españoles de lo que llevó a las multitudes a la calle el 25 de septiembre y días sucesivos. Por eso tampoco ha preguntado por los excesos policiales ¿Para qué hacerlo? Está claro que los anti disturbios repartieron estopa a diestro y siniestro a jóvenes, como suelen, pero también a padres de familia, a jubilados, a ancianos, derribados y arrastrados por el suelo y, por dar, les dieron hasta a sus propios "compañeros".
Menos mal que aún queda, incluso entre la prensa tan reacia a ver algunas cosas, quien se haga esas preguntas y encuentre las respuestas que tanto asustan al Gobierno. Hoy mismo lo ha hecho EL PAÍS que, con los resultados de un sondeo realizado por Metroscopia en la mano, nos cuenta que tres de cada cuatro encuestados, o más, comparten los motivos que llevaron al 25-S a la calle y que más de la mitad cree que la policía se excedió en la represión de las protestas.
Resulta preocupante comprobar cómo, después de diez meses de gobierno y en apenas una semana de excesos y delirios policiales, el Partido Popular nos ha devuelto, al menos en lo que a la imagen de la Policía atañe, a los duros tiempos del franquismo. Yo, particularmente, sólo echo en falta la presencia de los "guerrilleros de cristo rey" o los fascistas del peronismo argentino, quizá porque alguno de los primeros tiene cargo en el Congreso y porque los otros andan ahora ocupados en su país.
De nada sirven las informaciones sobre operaciones brillantes con que nos ha bombardeado Interior en los días que siguieron a los palos. De nada sirve repetir una y otra vez las imágenes del policía derribado por un manifestante que actuó en solitario y a saber con qué intención. De nada sirven las felicitaciones cargadas de adjetivos y adverbios del ministro. De nada sirven las condecoraciones. No sirven de nada, porque en diez días han echado por los suelos la imagen que las fuerzas de orden público habían recuperado en los últimos años.
En cuanto a los motivos para salir a la calle, no creo que haya que explicar que están claros. Sin ir más lejos, acabo de escuchar que en España se ejecutan más de medio millar de desahucios al día. Más de medio millar de familias que se quedan en la calle y con una deuda de por vida. Qué espera el Gobierno que hagan, que se queden de brazos cruzados llorando en el hogar parroquial. Cuando a uno se le niega el futuro de un plumazo, se juega lo poco que le queda, al dignidad que le falta a este gobierno, a una sola carta y en la calle. Y es lo que están haciendo y harán muchos españoles y no va a haber policías suficientes ni brutalidad bastante para pararlos.
Lo peor de todo es que, cada vez más, a mí me pasa, el descontento se extiende, no sólo al gobierno, sino, también, a la oposición y especialmente al PSOE que, salvo honrosas excepciones, actúa de comparsa, con su asentimiento o con su silencio, de toso lo que está haciéndonos el Gobierno.
Ayer dijo Rubalcaba que habría representación del PSOE en las marchas organizadas hoy en toda España ¿Tanto han tardado en localizar a sus votantes? Yo, por ejemplo llevo meses sumándome a todas las que me es posible hacerlo. Me temo que llegan tarde y que difícilmente van a recuperar lo que, me temo que definitivamente, ya han perdido.
Hay preguntas que el CIS no hace, porque conoce las respuestas y no le gustan, podrían molestar en Moncloa.



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jueves, 4 de octubre de 2012

LA VIDA DE LOS OTROS

 
 

Para ilustrar esta entrada sobre el estado policial al que nos quieren conducir algunos podía haber escogido cualquier fotograma de la magnífica serie de HBO "The Wire", que narra el papel de las escuchas telefónicas policiales en el acosos a la delincuencia organizada en Baltimore, o podía, como al final he hecho, optar por otro de "La vida de los otros", la magnífica película de Florian Henkel que nos introduce en la miserable vida del policía encargado en la vieja RDA de la vigilancia y denuncia de sus vecinos.

Aclaro que de lo que quiero hablar es de todas esas actuaciones preventivas y restrictivas con las que políticos partidarios del palo y tente tieso o policías deseosos de mover la porra, y a estas horas os aseguro que no sé quién da las órdenes a quién, con las que se pretende estrangular cualquier atisbo de protesta organizada contra todo lo que nos está haciendo el gobierno con el silencio, si no cómplice, sí al menos útil de la oposición socialista. Y os aclaro también que, si la opción elegida es la de "La vida de los otros, es porque en esta historia quienes son objeto de la vigilancia, escuchados hasta en la cama, son ciudadanos normales que lo único que persiguen es vivir en libertad.

Vivir en libertad y vivir en bienestar. Eso es lo que perseguían y persiguen los imputados de manera preventiva a instancias el ministerio del Interior que hoy comparecen ante el juez en la Audiencia Nacional, después de haber sido espiados, seguidos e identificados por policías de paisano en un estilo que recuerda más a los tiempos de la dictadura, con la Brigada Político Social del odiado Billy el Niño o el comisario Conesa, que a lo que cualquier ciudadano que cree vivir en democracia espera de sus fuerzas de seguridad.

La policía ha investigado asambleas y reuniones abiertas, ha pedido la identificación a quienes se expresaban en ellas, ha seguido o otros, les ha interceptado en plena calle y les ha interceptado y les ha obligado a identificarse, como si estuviesen cometiendo un delito. También han pretendido que las empresas que dan soporte a las redes sociales les facilitasen la identificación de los equipos y las direcciones de correo electrónico desde las que se difundieron las convocatorias. Además, el juez Pedraz, posiblemente abducido por la presión policial, dio orden, posteriormente revocada, para que las entidades bancarias identificasen a todos aquellos que hicieron ingresos o transferencias en las dos cuantas corrientes facilitadas para fletar los autobuses que trasladaron a Madrid a quienes quisieran participar en la concentración frente al Congreso.
 
Todo excesivo, todo aspavientos inútiles en un Estado de Derecho, pero todo dirigido a un único fin, el de "acojonar" a quienes están hasta las narices de no tener trabajo, a quienes están cabreados por no poder estudiar como lo hicieron sus padres o sus hermanos, a quienes temen que la pensión con que sacan adelante a sus hijos parados se vea reducida a limosna, a quienes han perdido o están a punto de perder su casa, a quienes sobreviven con una dieta de posguerra, sin carne ni pescado, a quienes se asfixian ante la persecución que sufre la cultura en España, a quienes, en resumen, están viendo como se desmorona su futuro, mientras los ricos son cada vez más ricos y más soberbios.

Estoy escribiendo esto y escucho como la Policía está pidiendo su identificación a los periodistas que esperan, a las puertas de la sede provisional de la Audiencia Nacional, la comparecencia de los ocho imputados preventivos desde el mes de agosto.

No sé qué pensar. Me da la impresión de que alguien maneja una especie de "estrategia del 10%", similar a aquella tan terrible de la "Escuela de las Américas", en la que militares norteamericanos formaron a los torturadores de las dictaduras del Cono Sur. Una estrategia a la que se aplicaron todos esas asesinos, según la cual, actuando sobre un 10% de la población se conseguía el control del resto.

Menos mal que hoy son impensables, espero, las desapariciones, pero está claro que las cabezas pensantes de Interior están dispuestas a asustar, mediante imputaciones, palos o abusos de autoridad, al diez por ciento de los españoles.
 
 
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lunes, 1 de octubre de 2012

CATARRO

No sé si es el catarro que definitivamente ha hecho presa en mí o qué, pero esta mañana lo veo todo mucho más negro de lo que lo veía ayer. Si lo pienso, creo que no es la congestión de nariz, ni esta tos persistente que va cada vez a más y acabará cabreándome y agotándome, todo en uno, ni siquiera esa desgana que va dominándome poco a poco y que, como mucho, me dejará bajar a la calle a hacer algún recado y poco más... no, lo que me pasa es que cada vez le veo menos sentido a este país y a todo lo que está pasando.
Tenemos un gobierno que con una mayoría absoluta al que ya casi nadie defiende, un gobierno del partido que, a su vez, tiene la mayor parte de los gobiernos autonómicos, que, sin embargo, se rebelan contra él, un gobierno que hace todo lo que le pide Alemania, de la que, sin embargo, recibe patadas en las espinillas, en lugar de las palmaditas en la espalda que cree merecerse. Tenemos un gobierno tan pasmado como lo estaba el Felipe de Torrente Ballester, ese que Gabino Diego bordó en la pantalla, que se asombra de todo y no da una a la hora de tomar decisiones.
Es ésta una situación por la que ya habíamos pasado antes. Lo que ocurre es que, en todas esas otras ocasiones anteriores, teníamos el consuelo de que existía una fuerza coherente y opuesta a la de ese gobierno en mayoría, capaz de generar esperanzas y, sobre todo, capaz de dar mensajes claros y de tomar iniciativas en torno a las cuales podíamos aglutinarnos quienes queríamos acabar a la situación.
Pero, ahora, la oposición, el PSOE en concreto, está más pasmado que el propio Rajoy o el Felpe IV de Torrente. Lo está o, no sé que será peor, parece estarlo. No da, al menos a mí no me las da, esas respuestas que esperamos ansiosamente. No supo, por ejemplo, escoger su lugar la tarde noche del martes pasado, 25-S. Le hubiese bastado con un gesto, le hubiese bastado sacar a sus diputados a la puerta del Congreso para demostrar que, si no estaban con quienes querían mostrar su descontento rodeándolo, tampoco estaban con quienes realmente lo han ocupado, acogotando a toda una sociedad a base de decretos.
Creo que esto que les ocurre a los socialistas, mejor dicho, al partido de los socialistas, tiene mucho que ver con la mala conciencia de su pasado más reciente. El PSOE, por seguir con los parecidos en la pantalla, se ha convertido en una especie de "balarrasa" ese cura de pasado militar y mujeriego, empeñado en salvar a esos hermanos descarriados por los que llevaba tiempo sin preocuparse. O tienen mala conciencia o viven en un estado de depresión permanente, me temo que las dos cosas, que le impide levantar la bandera, o la pancarta, como prefieran, tras la que pueda colocarse este pueblo tan dolido y tan cansado.
No sé qué le pasa al PSOE, pero lo que sí sé es que cada vez me cuesta más trabajo, la última vez lo hice junto a las vallas que blindaban el Congreso, argumentar contra quienes gritan eso de "PSOE y PP la misma mierda es". Ojalá lo que me pasa, el verlo todo tan negro, sea un efecto secundario del catarro, porque el catarro, al final, acaba pasando. Ojalá sea el catarro, porque duele.
 
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domingo, 30 de septiembre de 2012

¿DE QUÉ SE EXTRAÑAN?

 
 

Quienes hayan tenido la oportunidad de estar allí, en los alrededores del Congreso o ver las imágenes de los que allí pasó, a través de televisiones más o menos veraces, no la TVE del PP, o Internet, habrán comprobado que, en las tres concentraciones que allí se han desarrollado hasta ahora, había jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, trabajadores con empleo, trabajadores en paro y jubilados, estudiantes de todos los niveles de enseñanza, comunistas, anarquistas y ,también, señor Rubalcaba, socialistas y votantes socialistas, muchos de los votantes que aún le quedan, no sé por cuánto tiempo, al partido socialista.

Sin embargo, el poder -y cuando digo poder me refiero a los que lo tienen, los que lo han tenido y los que aspiran a tenerlo- ha acuñado, para calificarles, el término anti sistema, con el que, nos dicen de un plumazo que ellos son lo bueno, lo que hay que defender y todos los demás, excepción hecha de esa mayoría silenciosa y pasiva que se queda en casa y no abre telediarios ni está en las portadas de los periódicos, salvo cuando, cada cuatro años, votan para ellos, para el sistema. Pero se equivocan, porque nosotros somos el sistema. Un sistema reglado que venía funcionando con una cierta armonía hasta que, hace doce años los especuladores, financiando campañas electorales, se hicieron con el poder, primero en Estados Unidos y luego en el resto del mundo, para cambiar las normas, eliminar el volante de la maquinaria del reloj y dejar que las manecillas giren alocadamente hasta agotar, como han hecho, la cuerda del reloj.

Desde el poder, ese complejo poder del que hablo, se extrañan de que toda esta gente esté en la calle. Pero han sido ellos los que les han puesto en la calle, echándoles de sus trabajos de sus casas y de sus centros de salud. Por eso les gritan desde el otro lado de las vallas. Por eso vuelven y volverán una y otra vez hasta que esos que se creen el sistema les atiendan. Por eso este otoño va a ser tan caliente como lo eran los de la transición. Por eso estoy un poco asustado, pero cada vez más convencido de que la solución está en la respuesta que, pacíficamente, seamos capaces de dar en la calle.

Y digo esto, porque nos temen. Nos temen mucho. Tanto, que, siempre que pueden, tratan de ganar tiempo engañándonos burdamente. Tanto, que no se atreven a decir claramente donde están metiendo sus tijeras. Tanto, que dicen una cosa el jueves y aparece otra muy distinta publicada dos días más tarde en el BOE. Tanto, que no saben cuánto tiempo van a poder tenernos bajo control y empiezan a estar asustados.
 
Se nos quita de lo nuestro y se nos hace ver que es porque hemos abusado, mientras la parte del león del gasto se va, sin esperanzas de poder recuperarla, a recimentar esos bancos que tanto les han ayudado a ganar elecciones, para, al final, quedar tan lejos de los ciudadanos que, engañados, les votan. Y, mientras, los bancos , ni siquiera los nacionalizados, los que se comen el dinerod e nuestros colegios y hospitales, sueltan un céntimo que nos permita salir del abismo al que nos han arrojado
 
La calle les está mordiendo los talones y no tardará en ir a las pantorrillas. Y deben tener cuidado, porque, en contra de lo que suele decirse, tardamos mucho en cabrearnos, ahí está ese "vivan las cadenas" que cuentan que gritaron los madrileños mientras arrastraban la carroza de Fernando VII por la calle de Toledo. Tardamos en cabrearnos, pero, ojo, cuando nos cabreamos, nos cabreamos mucho.

De qué se extrañan si ya estamos cabreados.


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viernes, 28 de septiembre de 2012

EL CORTIJO

 
 

Es lo que tiene haber nacido en buena cuna. Uno se cree que todo y todos están a su servicio. Tanto que, según me contaron, en los años sesenta, un "progre" de muy buena familia, sometido a arresto domiciliario mandaba a por tabaco a los policías encargados de vigilarle. No sé si la cosa es genética o resultado de haberse criado entre tatas, institutrices, curas o monjas, lo cierto es que determinados hijos de dios lo son más que otros y tienden a pensar que todo y todos son parte de la finca de papá.

A este gobierno le pasa continuamente. Los ministros piensan que todo lo que existe está para que puedan disponer de ello cómo y cuando quieran. Lo hemos podido comprobar en las últimas horas con el uso abusivo y sesgado de la ley y las fuerzas de orden público y, más aún, con ese intento delirante y chusco de llevar ante la Audiencia Nacional a los detenidos tras las cargas policiales del 25-S. Ningún jurista y, lo que es casi peor, todas las asociaciones de jueces y fiscales lo consideraban un error, pero, aún así, la Policía llevó a sus 34 detenidos allá donde se juzga el terrorismo, porque existía un enorme interés en asimilar las protestas del martes con el terrorismo. Pero o el juez Pedraz no estaba en nómina o no había recibido el argumentario con las consignas del PP, porque no sólo no quiso hacerse cargo de los detenidos, sino que, además, puso en ridículo a la Policía, tomando sus propios atestados para tomar la decisión de ordenarles que se los llevasen a otra parte.

La cosa no es moco de pavo, porque la decisión del magistrado quiebra toda una estrategia policial e informativa, diseñada para desprestigiar y, a ser posible, desactivar las protestas del 15-M y, ahora, del 25-S.

No, señor ministro, no, señora Cifuentes, los tribunales son independientes, o deberían serlo, no acatan órdenes y no tienen por qué perder su valioso tiempo, que pagamos todos, en resolver lo que ya venía resuelto de comisaría, porque está claro que, si alguien tiene que entender de leyes, sobre todo de las que afectan al orden público, deben ser Interior y la propia Policía.

Resueltas ya las dudas sobre la Audiencia Nacional, que ha demostrado con rapidez y con firmeza que no es un apéndice de Interior, vayamos ahora con la Seguridad Social y las pensiones que, pese a las decisiones tomadas ayer por el Gobierno, no son sólo suyas, sino de todos.

Digamos primero que la presunta subida de las pensiones anunciada ayer tras el Consejo de Ministros es, en sí misma, una falacia, porque hablan los ministros de una subida del 1%, pero no aclaran si se revalorizarán con el IPC como había sido habitual hasta que Zapatero las congeló a causa de la crisis en su último año de gobierno. Hace apenas unos minutos acaba de hacerse público el dato del IPC y éste, a consecuencia de la disparatada subida del IVA, está ya en el tres y medio interanual, con lo que, si sólo se produce esa subida claramente electoralista del 1% y el IPC sigue subiendo al mismo ritmo, los pensionistas perderán, perderemos, cerca de un cuatro por ciento de nuestro poder adquisitivo, algo de lo que yo, que tengo una buena pensión y soy solidario por convicción, pero que puede retraer hasta la miseria la ya menguada economía de quienes cobran las más bajas. Pero, claro, el PP se la juega de aquí a diciembre en tres convocatorias electorales autonómicas y hay que repartir caramelos a ese colectivo de buenos españoles que se quedan en casa y no saben ni opinan, aunque, para ello haya que echar mano, por primera vez en la Historia, del fondo de reserva de la Seguridad Social, algo así como comenzar a vender las joyas de la familia.

¿No sería mejor, digo yo, aunque yo mismo fuese uno de los perjudicados, establecer subidas, congelaciones o bajadas de las pensiones, en función de su cuantía? No para quienes, a toda costa, quieren seguir cazando en el cortijo. Para ellos, de lo que se trata es de no espantar a los votantes que aún les quedan y uno de los sectores menos agredidos, aunque también lo fueron y engañados, es el de los pensionistas. Y lo digo, porque, para muchos, la subida de sus pensiones, el año pasado, se la comió la otra subida, la del IRPF.

En resumen. Los señores del PP, ahora en el Gobierno, ven España como un cortijo del que se toma o se deja lo que convenga, la Policía o la caja de reserva de las pensiones que han de ser de nuestros hijos, si, con ello, se mantienen al frente de la propiedad de la finca. Y, si no, la malvenderán y a otra cosa.
 
 
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miércoles, 26 de septiembre de 2012

SOY DIPURADO, SOY DIPUTADO...

 

La verdad es que ha tenido que ser duro. Ha tenido que ser muy duro para cualquiera de sus señorías levantarse hoy y mirarse al espejo repitiendo "soy diputado, soy diputado, soy diputado...". Ha tenido que ser duro, porque en algún momento al mantra le habrán crecido interrogantes, le habrá nacido pena o le habrá asaltado la ira.

Habrá sido duro, porque ¿cómo puede uno decirse diputado, representante del pueblo, salido del pueblo y elegido por el pueblo para defender los intereses del pueblo, después de ver cómo se masacraba al pueblo que mostraba su descontento por la desatención con que cada día tratan los diputados cada día los problemas que afectan al pueblo?

Supongo también que más de un diputado, quién sabe si muchos, hayan dormido esta noche más tranquilos sintiéndose seguros y protegidos, aislados de ese pueblo "vociferante y violento" que ayer pretendió forzar su legítima voluntad a la hora de votar. Podría, incluso, haceros una lista. Pero también podría hacérosla de quienes se marcharon a casa o al hotel avergonzados de verse sometidos a ese juego perverso de verse aislados de sus electores. Porque, sin haberlo pretendido, la delegada del Gobierno en Madrid, la que está casada con un señor al que busca la Justicia para poder ejecutar una sentencia y no le encuentra, y el, hasta hace unos minutos ministro, silencioso ministro del Interior, lo que han conseguido con su despliegue es que en todo el mundo se vea que, en España, a menos de un año de unas elecciones los representantes del pueblo se reúnen aislados y protegidos del pueblo.

Me temo que, al final, el Congreso es como una oficina o una fábrica, en la que lo que te da vueltas en la cabeza mientras acudes a ella se esfuma con el primer chiste, la primera broma o el primer chascarrillo del compañero. Supongo que más de uno comentará en la cafetería los incidentes de ayer, vistos en la tele, porque tan aislados estaban ellos de pueblo que se manifestaba, como el pueblo lo estaba de ellos.

Harían mal en no preocuparse, porque la de ayer, y los que tenemos ya unos años lo sabemos, era una jornada de "alto riesgo" y, sin embargo había miles de ciudadanos en la calle, muchos más de esos ridículos seis mil que pretende haber "censado" la señora Cifuentes, la del marido ausente. De ser así, mal hace el ministro en felicitar a "sus", que no nuestros, policías. Porque, si, para controlar a seis mil ciudadanos, los casi 1.500 policías, uno por cada cuatro manifestantes, tuvieron que causar más de sesenta heridos, uno de ellos grave, más vale que le entreguen las competencias de seguridad a SEUR o cualquier otra empresa privada.

No me gustó nada lo de ayer. No me gustó, porque se arriesgó demasiado y porque la siguiente puede que sea más violenta e incontrolada. Pero, por la experiencia que tengo, por la presencia de policías encapuchados e infiltrados, supongo que es lo que pretende el gobierno: radicalizar y atomizar un movimiento que, es evidente, tiene muchos partidarios tan pacíficos como cabreados.

Insisto: más de un diputado hoy habrá tenido que repetirse ante el espejo "soy diputado, soy diputado..." y ese diputado haría bien en hacerse con la foto de uno o más de sus votantes, para colocarla en el escaño, al lado de los botones de votar, para poderlas mirar a la hora de votar, en lugar tener que mirar los dedos "señalero" de su grupo que le "sugieren" el botón que debe pulsar.

Señores diputados. Es así de sencillo, el escaño no es suyo, tampoco de su partido, el escaño es de los ciudadanos, también de los que ayer estaban en la calle al otro lado de la valla.

 
 

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lunes, 24 de septiembre de 2012

DIPUTADOS ASUSTADOS

 
Quienes paseamos habitualmente el centro de Madrid llevamos casi dos semanas montones de armatostes metálicos, parecen somieres, apilados en las aceras, junto al señorial y decadente Hotel Palace, ocupando las aceras en la estrecha calle del Prado, como si de una especie de mudanza perenne se tratase, de no ser porque, junto a ellos, policías antidisturbios, mal encarados, aburridos y cansados, custodian tanto hierro, destinado a separar, aún más si cabe, al pueblo de sus representantes.
Sé perfectamente, como lo sabe ya todo el mundo, que los "somieres" apilados en las calles que rodean el entorno del Congreso de los Diputados están dispuestos para aislarlo, mañana día 25, de quienes pretenden "tomarlo", no a caballo como Pavía, con una guerra civil como Franco o en autobús como Tejero, sino de manera simbólica, pacíficamente y desde la calle.
Que conste que entiendo que el Congreso de los Diputados, como cualquier sede parlamentaria en un estado democrático, goce de un estatus especial que evite que pueda quedar "secuestrado" y que sus decisiones se tomen bajo la presión, por muy legítima que sea en ese momento, de la calle. Y basta, para entender esto, con pensar en un pleno reunido para votar una ley que regule el derecho de la mujer a decidir sobre la interrupción de su embarazo, rodeado por millares de ciudadanos convocados -no seré yo quien diga acarreados- por los obispos.
Está claro que, de cara a la jornada de mañana, el ambiente en Madrid está enrarecido. Y lo está porque, de todas las estrategias policiales posibles para tratar de controlar algo como la convocatoria prevista para las próximas horas, el Gobierno ha escogido la más peligrosa, la del acoso y el miedo. Y esa estrategia, se sabe, no lleva más que a hacer de los detenidos mártires, a cargar de razón a quienes ya no creen en el sistema y a radicalizar cualquier concentración que pueda producirse mañana.
Eso, siendo bienintencionado y pensando que lo que ha movido a Interior es sólo el autoritarismo y la torpeza, porque me temo que lo que pretende, en una arriesgada carambola, es radicalizar el 25-S, para desactivar el adormecido 15-M, ya que uno y otro se nutren de las mismas bases.
No sé qué piensa un diputado cuando, cada día, para cumplir con su deber como representante de los ciudadanos, tiene que pasar entre montones de vallas, apiladas o desplegadas, identificándose ante los policías que le piden la documentación y les "protegen" y aíslan de sus votantes. Yo, desde luego, me sentiría muy mal y haría todo lo posible para tratar, precisamente mañana, de hacerme más cercano a quien represento, para que los ciudadanos no crean que son vendedores de enciclopedias que, una vez "colocadas", se olvidan del "cliente", salvo para cobrar las correspondientes mensualidades.
Mañana, el Parlamento, de alguna manera, se la juega. Mañana debe decidir si está con los ciudadanos por muy cabreados que estén o se aísla de ellos y se esconde en su concha de "somieres" hasta que salga el sol de la prosperidad y se pueda ganar su favor con promesas tan disparatadas como caras y mensajes simples que adormezcan lo que quede en la memoria colectiva de esto tan terrible por lo que estamos pasando.
Si no salen al encuentro de los ciudadanos, tenemos todo el derecho a pensar que están asustados. Y el miedo, sus señorías, no da buenos consejos y, si hablamos de la desconfianza que ahora sienten los ciudadanos, aún menos.
 
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