viernes, 7 de diciembre de 2012

TRAMPOSOS

 
Escuché ayer a mi amiga Elsa González, presidenta de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España, corroborar un dato escalofriante: ya son más los periodistas que trabajan para los partidos políticos y las administraciones que los que lo hacen en los medios de comunicación. Un dato que, de momento, ofrece dos lecturas, ambas muy preocupantes. Por un lado, sería un claro ejemplo práctico de ese viejo aforismo chino que reza "si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él". Es decir, si lo que te preocupa es estar bajo el ojo crítico de la prensa, contrata periodistas que maquillen tu realidad y te sirvan, además, de intermediarios ante los medios. Si también controlas esos medios a base de licencias, ayudas y produces un flujo regular entre profesionales que van de la administración a los medios y vice versa, siempre con billete de ida y vuelta que garantizan que la voz de los tuyos va a ser tratada en todo momento "como se merece".
Os preguntaréis por qué me descuelgo ahora con esto. Creo que la cosa está clara, lo hago porque es evidente que algunas cosas, algunas trampas, algunos trucos, algunas mentiras no serían posibles si no tuviesen garantizada una buena acogida o, cuando menos, una actitud acrítica entre los medios. Un ejemplo, España fue el único país en el que el mes pasado bajaron los combustibles derivados del petróleo y España ha sido también el único país que los ha subido ahora, una vez conocido el IPC de noviembre. Curioso ¿no? Curioso y práctico para los intereses del Gobierno que intentó aplicar para revisar las pensiones un falso IPC que se sacó de la manga, "despiojado" de la más que molesta subida del IVA y sacado de la manga, para calcular su escuálida revisión de las pensiones.
Nadie se ha tomado la molestia o, si lo ha hecho, ha sido apenas de refilón, de meter el dedo en la llaga de este truco de trilero tramposo, con que el gobierno, con la complicidad de las distribuidoras, ha arañado alguna que otra décima de ese IPC, más retocado a estas alturas que la nariz de los famosos. No ha habido, no ya el escándalo, sino, ni siquiera, la más mínimo crítica a esa nueva muestra de ingeniería contable a la que tan acostumbrados nos tiene este gobierno.
Ha pasado también con el bochornoso espectáculo que ha sido la detención del que fuera presidente de la CEOE y que, por serlo, debe tener su álbum familiar y los archivos de periódicos y televisiones de imágenes con ministros, presidentes y otros cargos púbicos de uno y otro signo, pese a lo cual, lasque hemos visto han sido convenientemente ocultadas o filtradas en función del grado de afinidad con el poder vigente o saliente del medio en cuestión.
Pasa también con el ministro Wert que, con una habilidad digna de mejor causa y la total falta de escrúpulos que le caracterizan, juega siempre que puede a llevarse, a punta de titular sobre cuestiones más que intrascendentes o ya resueltas, el toro de la opinión pública cuando, ante sus reiterados fracasos en materia económica, amenaza la integridad del gobierno en asuntos realmente serios.
Lo ha hecho siempre y lo hace porque sabe que no le va a faltar trabajo como contertulio bufón y sabihondo en cualquier tertulia de radio o televisión, en varias a ser posible, o en alguna de esas inversoras que se preparan para meter la cuchara en el negocio de la educación un vez que, desde su despacho, acabe con la enseñanza pública como, sin ningún pudor, parece haberse propuesto.
Son unos tramposos que nos la meten doblada en cuanto pueden y cada vez pueden más, porque ya han conseguido convertir las ruedas de prensa en sesiones de venta de tupperware y las informaciones de los telediarios en publirreportajes, con unos periodistas reconvertidos casi en mensajeros que recogen el sobre con la información que les dan y lo llevan a su redacción. A cambio, algunos, los más veteranos hacen corro al final o reciben, vía teléfono o en comidas discretas, la información conveniente "orientada" que a sus interlocutores -fuentes- les interesa difundir.
En fin, no hay que extrañarse ni hacerse cruces, el país que nos han dejado es el fiel reflejo de la prensa que tenemos y de los tramposos que nos gobiernan.
 
 
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jueves, 6 de diciembre de 2012

TREINTA Y CUATRO AÑOS DESPUÉS

 
 
He de confesaros que me produce una enorme desazón tratar de responder, hoy 6 de diciembre, a las tan manidas preguntas del tópico "quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos". Somos un país que, con el trabajo, el entusiasmo y la creatividad de sus ciudadanos ha llegado muy lejos y, si no lo ha hecho más, ha sido por la codicia, la corteza de miras y la manera corrupta de ver el mundo de algunos.
Venimos de una dictadura perdida ya en el tiempo, en la que el ejército, diseñado para la represión y el miedo, junto a las viejas oligarquías y la iglesia católica, trataron de imponer una sola y miope visión del mundo y de la vida, destinada al único fin de perpetuar sus privilegios. Un país que durante más de dos años, después de la Revolución de los Claveles en Portugal, quedó como una isla fuera del tiempo y del mundo en la Europa Occidental. Un país al que costaba volver una vez que se había conocido la libertad que se disfrutaba al otro lado de sus fronteras. Un país tradicionalmente de emigrantes que comenzaba a levantar cabeza gracias al turismo y a las todavía tímidas exportaciones. Un país en el que las mujeres apenas tenían derechos y, si los tenían, los perdían en el momento de contraer matrimonio, porque las leyes de los hombres transcribían al pie de la letra, más aún que hoy, las leyes de quienes decían hablar en nombre de ese dios, por cuya gracia, lo he leído en las monedas, durante casi cuatro décadas tuvimos por jefe de Estado a un asesino.
Todo eso lo tengo muy claro y tengo también muy claro que a la muerte del sátrapa, yo tenía veinte años, lo que había sido rabia y rebeldía se transformó en esperanza y que nos pusimos manos a la obra porque, por aquel entonces, saber quién era el enemigo resultaba muy fácil, tan fácil como saber quiénes eran nuestros aliados. Tan claro como que ahora apenas estoy seguro de nada, Tan claro como que los padres de la patria, los diputados, ya no se atreven a recibir al pueblo en casa y se inventan peregrinas excusas, como la de unas oportunas obras, para no arriesgarse a tener que pasar la vergüenza de que algún que otro ciudadano les diga a la cara lo que piensa de ellos.
Lo que me preocupa es saber a dónde vamos o, más bien, a dónde van nuestros hijos en un país en el que la Constitución, la Ley de Leyes es, desde hace tiempo y cada vez más, papel mojado. Un papel ya mojado y mohoso, a veces ilegible, en el que quedaron escritos todas nuestras aspiraciones, nuestros deseos y todas nuestras renuncias para construir un escenario en el que poder vivir todos.
Pero, aún no hace dos años, España renunció a gobernar su futuro reformando de manera vergonzante la hasta entonces irreformable Constitución, haciéndonos agachar la cabeza como país, anteponiendo el pago de la deuda y la reducción del déficit al bienestar de los ciudadanos, empujándonos así por el tobogán de la prima de riesgo a la piscina de tiburones de los mercados. Hoy, mi hija no tiene ningún mundo que comerse. Se la han robado, nos lo han robado y, para ella y quienes tienen su edad, el optimismoes una broma de mal gusto.
No sé a dónde vamos. Sé que cuando yo tenía la edad de mi hija, el mundo estaba ahí para que quien quisiese intentara al menos comérselo. Hoy ya no hay mundo que comerse. La riqueza que, como tal y en abstracto, es de todos se la han quedado unos pocos. La riqueza de todos los ciudadanos está disecada junto al elefante y los leones de Díaz Ferrán, está en las indemnizaciones y jubilaciones de Blesa, Rato y sus compinches, está en las obras tan caras como inútiles que tantos han hecho en tantos sitios, está en los hospitales y los colegios que quieren vender a unos cuantos y avispados amiguetes de quienes podrán hacerlo, porque unos cuantos despistados y quizá arrepentidos ciudadanos, ejerciendo su derecho al voto así lo han querido.
Me da miedo el futuro, porque una de dos, o una gran parte de los representantes electos de la ciudadanía se vuelven como calcetines o aquí tendrá que pasar algo gordo. Lo que no cabe es que un pueblo tan generoso y valiente como éste se resigne a servir las mesas y hacer las camas del resto de Europa.
 
 
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miércoles, 5 de diciembre de 2012

LA HERENCIA DE GALLARDÓN

 
 
Antes de nada quiero dejar constancia de que, si no me ocupo hoy de la última provocación de Wert a los catalanes ni mucho menos me preocupo, es porque hiede ya su estrategia de "llevarse el toro" de la opinión pública cuando al gobierno -paro, pensiones, déficit, sanidad, dependencia- le vienen mal dadas.
No me ocuparé ni preocuparé por Wert, al menos hoy, pero sí de quien se le acerca en la nómina de ministros peor valorados del Gobierno, y eso a pesar de contar con rivales de la talla de Cristóbal Montoro, Luis de Guindos o Fátima Báñez. Me ocuparé de Alberto Ruiz Gallardón y la herencia de deudas y carísimas chapuzas que fue dejando a su paso, primero por la presidencia de la Comunidad de Madrid, y, después, por el Ayuntamiento de la capital.
Que Gallardón tiene una concepción faraónica del poder está claro y que el gusto por el gasto, si es ajeno, en él es algo patológico. Por eso puso tanto empeño en soterrar la M-30 y en rescatar a su manera la ribera del Manzanares, convertida en un carísimo secarral polivalente, en el que los ciclistas lanzan sin orden ni concierto sus bicis a toda velocidad entre niños y ancianos que buscan con poco o ningún éxito un servicio público en el que aliviar sus vejigas. Por eso se gastó la millonada que se gastó en trasladar al palacio de Correos la sede del ayuntamiento, donde se montó un despacho digno de un presidente que apenas utilizó unos meses.
Sin embargo, no cumplió, pese a su tozudez su sueño olímpico, aunque sí fue dejando Madrid sembrando de chapuzas muy a su estilo farisaico, muy como sepulcros blanqueados, grandilocuentes por fuera y chapuceras por dentro. Probablemente ni siquiera nos hubiésemos dado cuenta del nivel de chapuza del rosario de recintos construidos para esos Juegos Olímpicos que quizá no lleguen nunca, de no ser porque alguien más chapucero que él y probablemente más codicioso, aunque es difícil encontrarlo, se empeñó en llevar hasta el límite la buena suerte que hasta entonces había acompañado al legado del hoy ministro de Justicia.
Cito la tragedia del Madrid Arena y no me cansaré de hacerlo en relación con Gallardón, porque fue él el que culminó las obras, ampliando el proyecto original y fue él el que, a sabiendas de que no podía obtener la licencia municipal para su venta a una entidad privada, porque incumplía la normativa de seguridad del propio ayuntamiento, desistió de venderlo, pero no subsanó las deficiencias que, la justicia lo aclarará, muy probablemente contribuyeron a la muerte de cinco jóvenes, mañana hará un mes.
Desde ese día, se han revisado muchos edificios propiedad del Ayuntamiento de Madrid y, además del Madrid Arena, se cerraron para su uso público otros dos tan significativos y tan utilizados como el Palacio de Congresos Municipal, sede de congresos de partidos y conciertos y el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo, escenario de numerosas ferias madrileñas. Pues bien, pese a la gravedad de tales medidas, al parecer no se tomaron todas las medidas necesarias, porque ayer se supo -lo contó la SER- que la Caja Mágica, otro espacio deportivo, previsto para tenis y otros deportes, del que ni la pista gustó a Nadal, tiene serias deficiencias de seguridad por estar desconectadas por no funcionar correctamente unas cuantas alarmas anti incendios, por el mal funcionamiento de varias cortinas cortafuegos, una de ellas arrancada de su anclaje, y por otra serie de deficiencias, como derivaciones de corriente en una piscina por filtraciones en las lámparas empotradas en el vaso de la piscina. Eso, a menos de un mes de ser sede del Mundial de Balonmano.
Pero no es en las canchas ni en los recintos deportivos donde se descuida gravemente la seguridad. Casi al tiempo que la tragedia del Madrid Arena, ocurrió otra en un tramo de la M-30, al producirse un incendio en el sistema de emergencia del túnel, un incendio que costó la vida a dos trabajadores de una subcontrata del ayuntamiento y que pudo haber sido mucho más grave, porque según los bomberos y los sindicatos, falló todo lo que podía fallar, desde alarmas a extintores y, lo que es peor las comunicaciones y la coordinación que cabría esperar de los responsables de emergencias del Ayuntamiento.
Esta es la parte de la herencia de Gallardón que afecta a la seguridad de los madrileños y quienes nos visitan, pero hay más y se evidencia a cada paso, por ejemplo en chapuzas como la del pavimento de la Calle Arenal, peatonalizada deprisa y corriendo para ponerse delante de las urnas, pero caro y tan frágil que cada dos por tres -yo pasó por allí todos los días- es necesario recomponer las baldosa, cada vez más fragmentadas por el paso y el peso de los numerosos vehículos que circulan por la calle peatonal con más tráfico del mundo.
No sé si será verdad lo que dicen de que, además de por pertenecer a la carrera fiscal, le dieron el Ministerio de Justicia a Gallardón para que no derrochase como hasta entonces. No sé si fue una buena idea, porque lo que no se gasta en el patrimonio de los españoles se lo está gastando en la calidad de su democracia y sus derechos. Y no parará hasta que LA RAZÓN le nombre "facha del año"
 
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martes, 4 de diciembre de 2012

DÍAZ FERRÁN ENTRE REJAS

 
 
No sé cómo acabarán los procesos abiertos contra quien fue capo de capos en la CEOE y tan martillo de herejes socialistas y trabajadores como adulador colega de populares, especialmente de la condesa que sirve el tea party en Madrid. No sé cómo acabarán, pero cada minuto que pase entre rejas será un minuto de satisfacción para todos los ofendidos por tan despótico personaje, el mismo que se permitía dar lecciones y consejos a quienes reclamaban lo que era suyo, mientras él se llevaba a manos llenas los salarios de sus empleados, los impuestos de todos y el importe ahorrado céntimo a céntimo de quienes aquellas navidades quisieron volver a su tierra después de meses de duro trabajo en España.
Anoche Telemadrid, la televisión pública madrileña a cuyos trabajadores Esperanza Aguirre, que en tantas fotos aparece sonriendo entre bromas, abrazos, besos y apretones de manos con Díaz Ferrán, consideraba pintores de cámara de "su presidenta", porque así le gustaba llamarse ante ellos, la tele que los madrileños llevamos décadas pagando y ahora, después de convertirla en un erial para la audiencia, Ignacio González quiere malvender, se fue a la huelga y antes de pasar su pantalla "a negro" mantuvo durante media hora en pantalla una foto de Díaz Ferrán, la pieza cobrada unas horas antes por la Brigada Anti Blanqueo de la Policía Nacional.
En el caso de este empresario que era en sí mismo un insulto a la dignidad de los trabajadores y a la de los empresarios decentes, que también los hay en este país, llegar a un final así era lo previsible. Es más, me atrevería a decir que para muchos españoles, yo entre ellos, era el final deseable. Ese "quien a hierro mata a hierro muere" con que Jesús reprochó a Pedro su pronto violento y justiciero, se le ha venido encima a quien nos castigaba a trabajar más y ganar menos, todo lo contrario de lo que él practicaba, y que al final se ha convertido para los cada vez menos que han encontrado un trabajo en trabajar como esclavos y ganar una mierda.
Qué habrá pensado este tipejo, capaz de tosas esas fechorías, en la soledad de su calabozo, si es que ha ido a parar a uno ¿Se habrá encomendado a ese dios que le hizo llorar en la catedral, frente al obispo? ¿Se habrá golpeado el pecho como cuando entonaba la salmodia del "mea culpa" en la misma misa? ¿Habrá pedido hablar con su amigo el obispo al que tan afectuosamente saludaba?
Creo más bien que habrá pasado la noche haciendo la lista de lo que le han pillado y lo que no y preparando su estrategia de defensa, porque, al final, algún prestigioso abogado se encargará de encontrar justificación a tamaño chorizo, mientras mueve todos sus bienes para ponerlos a salvo de Hacienda, la misma que, por órdenes del penosos ministro que la preside, tendió un puente de plata a yodos los Díaz Ferrán que en España han sido y que, en su mayor parte, han preferido jugar un poco más al corre corre que te pillo.
Lástima que noticias como la de ayer, como a Harry el Sucio, no nos "alegren el día" más a menudo.
 
 
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lunes, 3 de diciembre de 2012

SI EL MADRID ARENA FUESE EUROVEGAS

 

Cuando ayer leí en la edición digital de EL PAÍS que la Comunidad de Madrid podría perdonar las faltas muy graves cometidas por los responsables de Eurovegas, no podía creerlo. Y no sólo eso, desde entonces, no hago más que preguntarme qué les está dando este rey del juego, el alcohol y los burdeles a los responsables del gobierno madrileño, para hacerle tantas y tan humillantes concesiones en nuestro nombre de la Puerta del Sol.

¿Qué les está dando? Es acaso ese comprador único y misterioso que la semana pasada se hizo con el paquete de deuda, 4.500 millones de euros, que subastó la Comunidad. Recuerdo que me sorprendió y me preocupó seriamente enterarme de que el comprador había exigido el anonimato, porque, según Ignacio González, prácticamente fue un regalo para Madrid y, por desgracia, la experiencia me ha enseñado que nadie da nada a cambio de nada.

¿Quién es el comprador y qué quiere? No lo sé, pero me interesa, nos interesa, saberlo porque quizá, y sólo es una sospecha, ayudaría a explicar muchas de las cosas que están pasando. Por ejemplo todas estas ventajas en forma de rebajas de impuestos, benevolencia a la hora de sancionar, amnistía para sus empleados, estableciendo del régimen de esclavitud en el nuevo territorio autónomo de Eurovegas.

O Adelson o cualquiera de los capos del negocio sanitario que revolotean sobre los hospitales y los centros de salud que tanto han costado a los madrileños y de los que tan orgullosos se sienten. Sólo favores de ese tipo u otros menos confesables, con números de cuenta en paraísos fiscales o regalos escandalosos, podrían explicar tanta prevaricación y tanto gobernar de espaldas al electorado. Sólo eso, saber que tienen cubierta la retirada fuera de la política, si viniesen mal dadas, permitiría decir, con el desparpajo que lo dijo ayer el consejero Lasquetty, nada más recibir casi un millón de firmas pidiendo su dimisión y el cese de sus planes de privatización, que están respaldados por más del cincuenta por ciento de los votos.

Todo les da igual. Nada les importa que miles de ciudadanos rodeen o abracen los hospitales, nada les importa que Madrid esté lleno de pintadas oponiéndose a la instalación de Euro Vegas en Madrid. Nada les importa que las calles de Madrid se llenasen ayer de sillas de ruedas, muletas, ni que la gente que las necesita para seguir participando de este mundo que ellos están convirtiendo en miserable se está quedando sin las ayudas que lo hacen posible. Nada les importa que muchos niños madrileños pasen hambre o, cuando menos, estén malnutridos. Nada les importa sean ya muchos los ancianos que renuncian a su medicación porque no pueden pagarla. Nada de nada.

Ellos sólo piensan en los negocios de sus amiguetes. Ellos sólo piensan en su ático de Marbella, en el golf del domingo o el spa de Lisboa. Lo demás, los demás, les damos igual, salvo para sacarnos las perras y repartírselas con los capio, los adelson o los ribera de turno.

Una cosa más ¿Os imagináis que pasaría con la investigación y la exigencia de responsabilidades sobre lo que ocurrió en el Madrid Arena si el pabellón formase parte de la ínsula sin ley que, no sé a cambio de qué, le quieren regalar a ese señor de las tinieblas que atiende por Sheldon Adelson?
 
 

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domingo, 2 de diciembre de 2012

ABANDONAD TODA ESPERANZA

 
 
Si hace apenas año y medio alguien nos hubiese dicho cómo nos íbamos a ver hoy, no le hubiésemos creído. Ni siquiera los que nunca hemos votado ni votaremos a ese partido de la banca, la iglesia y la economía especulativa. Creo que en ninguna cabeza, salvo la de esos inmorales que nos mienten una y otra vez o se esconden que están cumpliendo al milímetro los planes que traían ocultos en su cartera con la misma precisión con que incumplen una tras otra las promesas que arrojaron a los ojos de los votantes para cegarles.
Si nos hubiesen dicho que en apenas un año de mandato iban a liquidar el futuro de nuestros hijos, más brillantes y preparados de lo que nos soñamos nosotros, si nos hubiesen jurado que uno de cada dos de esos jóvenes, muchos de ellos con carreras, buenos expedientes y experiencia sobrada no iban a poder trabajar ni siquiera despachando hamburguesas, les hubiésemos dado la espalda, tomándoles por locos.
Pero también en eso nos hubiésemos equivocado, porque habrían tenido razón. Pero nadie nos avisó. Los unos, porque de ninguna manera querían enseñar sus cartas. Los otros, porque habían olvidado los principios, si es que alguna vez los tuvieron, y miraban más por su futuro que por el nuestro. Y, por si eso fuera poco, los medios, la prensa que tanto nos enseñó y tantas esperanzas nos dio en los últimos años del franquismo, nos ha abandonado a nuestra suerte, porque la prensa, por culpa de la ambición y la soberbia de algunos, ha dejado de ser de los periodistas y los lectores, para pasar a ser de sus acreedores.
Detrás de los que debieran ser nuestros políticos, de los que debieran nuestros representantes, hay una serie de miserias e intereses cruzados que llevan a considerar normales las corruptelas y el evidente clientelismo que existe entre constructores, contratistas y partidos políticos, especialmente en el seno de los ayuntamientos, que en muchos de los casos son la verdadera fuente de financiación de una gran parte de esos partidos y, de paso, el origen de la fortuna de más de un alcalde, sus concejales y sus familias.
No hay más que detenerse a hacer la nómina de cuántos de esos representantes, procedentes muchos de la política municipal, se sientan en los escaños de algunos parlamentos, especialmente las Cortes Valencianas, paradigma de la intoxicación de cemento de nuestra política y sucursal en España de la peor experiencia del sur de Italia.
No estoy contento con lo que estamos viviendo, ni mucho menos esperanzado con lo que nos queda por delante. En días como el de hoy, en os que compruebo el cinismo con que se mete la mano en la única esperanza de muchos ciudadanos, sus pensiones, y se miente a sabiendas y con descaro, para hacerles creer, primero, que se las han subido y no les va a afectar el encarecimiento de la cesta de la compra, cuando en realidad han perdido casi un dos por ciento de poder adquisitivo, más lo que ya les cobran y lo que les van a cobrar por los medicamentos que precisan, más el transporte, la luz, el gas, el agua y no sé cuántas cosas más... En días como estos, decía, la desesperanza me abruma, hasta el punto de que a veces dudo que vuelva a haber elecciones libres, porque, a la vista está, estos tipos actúan como si nunca tuvieran que dar cuentas de lo que hacen, como si, dentro de menos de tres años, no tuvieran que pasar el examen de las urnas, en el que ya no serían creíbles sus mentiras. En días como estos me asaltan temores de que nuestro futuro se parezca al de Italia, que hoy tiene un jefe de gobierno poco menso que ilegítimo o Grecia, donde la intención de someter a referéndum, la más legítima forma de democracia, los duros recortes, menores entonces de los que finalmente se están aplicando, le costó el puesto a Papandreu.
Me temo que, a menos que ocurra algo que devuelva a los ciudadanos el control de su democracia, no volveremos a votar en libertad. Por eso echo ahora de menos en el colegio electoral donde siempre he votado, sobre la puerta de acceso la misma leyenda que figuraba a la entrada del infierno de Dante: Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza".
 
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sábado, 1 de diciembre de 2012

¿QUÉ LES QUEDA POR QUITARNOS?

 

Cuatrocientos treinta y seis euros. Esa es la cantidad que pierden de media los pensionistas españoles con la decisión tomada vete a saber hace cuánto tiempo, pero anunciada ayer, cuando ya no quedan elecciones a la vista, de no revalorizar las pensiones conforme al Índice de Precios al Consumo, como manda la ley, aplicando en lugar de esa revisión legal una subida absolutamente arbitraria que, menos mal, es mayor, un 2% frente al 1%, para las pensiones más modestas.

Estoy seguro que algún mago de la comunicación d los que abundan en el Gobierno -los encontraría mejores en muchas guarderías- nos contará la de cosas triviales que puede hacer con ese dinero, por ejemplo una cena con amigos, un fin de semana en algún spa portugués mientras los amiguetes ganan dinero organizando tragedias en sitios como el Madrid Arena, la cuenta del móvil -bueno, eso no, que lo pagan los contribuyentes- o, por qué no, un palco para el partido de esta noche en el Bernabéu, en el que fumarse uno o dos puracos de marca que tanto les gustan y que Carromero tardará unos meses en traer.

Sin embargo, cuatrocientos treinta y seis euros le dan a un pensionista, qué digo a un pensionista, a toda una familia de pensionistas para comer, cenar y desayunar dignamente durante dos o tres meses todos los días. Y saben tan poco de la gente a la que gobiernan que uno de ellos, el diputado Rafael Merino, fue tan osado de decir, la misma tarde del estropicio que la mayoría de los pensionistas están enormemente agradecidos al PP. Hace falta tener esa mezcla perfecta de empatía e inconsciencia que se parece mucho a la estupidez y que tanto abunda en las filas del partido del Gobierno.

Debe ser, parafraseando a secretaria general de Emigración e Inmigración, Marina del Corral, que jerárquicamente y en todo lo demás está por debajo de Fátima Báñez, ese impulso aventurero que lleva a los jóvenes a buscarse fuera el futuro que aquí le niegan y a ellos a jugarse que les partan la cara si les reconocen en la calle, por decir cosas que no son sino ofensas, primero, a quienes lo están pasando tan mal y, por añadidura, a la inteligencia de los demás.

Ya no les queda ni un sólo punto de su programa por incumplir y, tampoco, un sólo sector social o profesional al que ofender, salvo que hablemos de obispos, mossos de esquadra condenados e indultados por torturadores, policías que se exceden en sus funciones o, cómo iba a olvidarlos, banqueros.

Y sobre estos últimos un dato que, sospechosamente, perece haber pasado inadvertido y que es el de que, después de haber inyectado en la banca todo el dinero que nos están quitando y nos quitarán, vía Europa o no, y pese a los abusos cometdos en hipotecas y preferentes, han tenido el descaro ofensivo y prepotente de establecer un nuevo impuesto sobre los depósitos bancarios, que se superpone y anula los que hasta ahora habían establecido Extremadura, Canarias y Andalucía y que tenía previsto instaurar también Asturias. Lo malo es que han tenido la desfachatez de fijar el tipo de ese nuevo impuesto en el cero. Es decir, que lo que persigue este nuevo impuesto es impedir que esas comunidades cobren a los bancos un impuesto que, sin duda, aliviaría su déficit y que, por ejemplo, iba a permitir dar la paga de Navidad a los funcionarios extremeños. Sospechosamente, no he visto esta noticias destacada en la prensa que, como la mayoría de partdos políticos, claro, debe demasiado dinero a los bancos.

A este paso lo único que les falta por hacer es humillarnos al escatológico estilo de los pandilleros de barrio, porque todo lo demás lo han hecho, después de quitarnos casi todo lo que era nuestro. Pero que sepan, que tengan muy claro, que lo único que no podrán quitarnos es la dignidad y, si a alguien se la han quitado, que no se preocupen haremos lo posible para que la recuperen.

 
 

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