lunes, 11 de febrero de 2013

EN NEGRO

 
 

Ayer, delante de unas cañas, mi amigo Patiño me advirtió que hoy, a las ocho, la Cadena SER iba a ofrecer una información más que interesante. No me lo dijo exactamente con esas palabras ni me dio más pistas -y yo no le pedí más, porque la mejor forma de no traicionar una confidencia es no compartirla- aunque sí me insinuó a que sector iba a afectar. No es que le diese muchas vueltas a la cabeza, porque el domingo está hecho para descansar, pero os aseguro que deduje más o menos la identidad del protagonista de la información, que no era otro que el presidente de la patronal madrileña, Arturo Fernández, quien comparte con su homónimo el actor la magia de sus pulcras canas, la boquirrotez y que, como diría un sastre, "carga" descaradamente a la derecha, porque había que ver como cargaban uno y otro contra los trabajadores, los sindicatos y todo aquel que no se pareciese a su adorada Esperanza Sánchez, quien, para Fernández, era "cojonuda". Le había colocado como mi principal sospechoso -ya se sabe: los prejuicios- pero, como digo, no le di más importancia. Pero, si os digo la verdad, no me atribuyo ningún mérito, porque la información es escandalosa, aunque debo decir que en absoluto es sorprendente.

Os cuento, por si no lo sabéis ya, que la información, elaborada por Pilar Velasco para la SER, revela que Arturo Fernández pagaba en negro, las horas extraordinarias, los pluses y los complementos a los empleados de sus empresas, adjudicatarias de numerosas contratas para la administración. Un asunto de por sí muy sucio y más sucio si cabe si se piensa en que este señor era el patrón de patrones de los empresarios madrileños, vicepresidente de la CEOE y fue uno de los consejeros de Cajamadrid que dieron por buenas las cuantas con que Rato sacó Bankia sobrevalorada a bolsa con su consiguiente hundimiento.

Arturo Fernández tenía por costumbre pagar una parte importante del salario de sus trabajadores en un sobre y en negro. Una merma que no sólo era arbitraria, sino que, al no aparecer en nómina, el Sr. Fernández se la ahorraba en las cuotas que debería abonar a la seguridad social y supongo que se las ahorraba también en pagas extraordinarias. Una estafa, no solo para la debilitada caja de la Seguridad Social, sino también para sus trabajadores que se iban al paro o a la jubilación con un subsidio o una pensión mucho menores de los que correspondería a su salario y, claro está, a su penoso trabajo.

Esta es una parte del pastel, porque la otra, aún por determinar, es saber de dónde sale ese dinero negro e inconfesable que Fernández ponía en los sobres de sus trabajadores. Y no sólo eso. Atando cabos, caemos en la cuenta de que Arturo Fernández, cuyo grupo de empresas es líder en el sector y que ha obtenido con cierta ¿demasiada? frecuencia las contratas de hospitales, comedores escolares y de centros de trabajo de la Administración y hasta del mismo Congreso de los Diputados o la Asamblea de Madrid, amén de suministrar numerosos catering, forma parte de la gran coartada del presidente madrileño, Ignacio González, puesto que su mujer es la mano derecha de Fernández en la CEIM, despues de que saliese de su empleo en el sector eléctrico con una escandalosa indemnización que le vino "de perlas" para justificar, el precio "pagado" por el matrimonio González-Cavero por el polémico ático del que disfrutan desde hace años en la costa marbellí. Y puestos a atar cabos, atemos este otro: Arturo Fernández es donante de una de las fundaciones del PP madrileño.

Este escándalo, un secreto a voces, especialmente en sectores como el de la hostelería y, en tiempos, el de la construcción, debería bastar para abrir una investigación que ponga al descubierto todas las cañerías y cloacas de estos empresarios que, no sólo se permiten explotar a sus empleados, sino que, además, les tienen bajo la espada de Damocles del despido que, en esas condiciones, se vuelve mucho más penoso, dado que el subsidio y la pensión serían casi irrisorios.

También entiendo mucho mejor ahora las polémicas declaraciones del Sr. Rosell tildando a los funcionarios de vagos y caros. No me extraña que lo piense, si lo compara con lo mucho y duro que deben trabajar los empleados de las empresas de Arturo Fernández. CEOE que, por cierto, acaba de manifestarse sobre este asunto, diciendo que es un asunto particular de su vicepresidente. Justo lo mismo que dijo respecto de Díaz Ferrán tras las quiebras fraudulentas que llevaron a su detención y posterior encarcelamiento.

 
 
 

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domingo, 10 de febrero de 2013

SOBRE VERDADES Y ELEFANTES

 
 

Decir la verdad no puede resultar tan difícil. Si para mí, por ejemplo, no es nada complicado poner en una hoja de papel la lista de todos mis bienes e ingresos, no me explico por qué el presidente del gobierno, con toda una legión de asistentes y asesores, algunos muy caros, ha tardado tanto en presentar la suya. Debe ser porque, como dijo a la prensa en Bruselas está "muy cansado" o porque es muy difícil hacer una declaración que resulte creíble y no ofenda a los ciudadanos tan castigados, más que por la crisis, por sus decisiones y las que toman sus colaboradores y compañeros de partido.

Ahora, con la última publicación de la página oficial de La Moncloa, resulta que tenemos distintas versiones, hasta tres, de los ingresos del señor Rajoy. Aquella primera dada por su partido días después de quedarse mudo y azorado cuando una ciudadana le preguntó en un programa de televisión cuánto ganaba al mes y sólo atino a contestar que bastante más que ella. El partido, en una nota hecha pública bastantes días después, le atribuyó unos ingresos que por entonces eran de unos ocho mil euros mensuales. Yo, que hice el bachillerato de Ciencias, he multiplicado esos ocho mil euros por quince pagas, las doce mensuales más las extraordinarias de Navidad y julio, que, a la vista de lo que hacen, en esa empresa, debe seguir siendo "del 18 de julio", y, en el mejor de los casos, la tercera paga, de beneficios, aunque no sé qué beneficios puede generar un partido que se dice al servicio de la sociedad y los ciudadanos. He multiplicado por quince y el resultado es de ciento veinte mil euros. Y sin embargo la cifra aportada por Presidencia para esa fecha es de ciento cuarenta y seis mil que, por si fuera poco, subió a doscientos mil cuando comenzaron a caer los primeros chuzos de "la que está cayendo" para el resto de los españoles. Casi un treinta por ciento de incremento, cuando centenares de miles de españoles estaban perdiendo ya sus puestos de trabajo y los salarios de los que lo conservaban se estabilizaron, cuando no bajaron por la presión, a veces abusiva, del empresariado.

Dos respuestas, dos, distintas hasta ahora, a las que, sin querer agobiaros con cifras, se suma una tercera declaración que sería la que, de su patrimonio, presentó ante el Congreso de los Diputados. No sé cual será vuestra sensación, pero la mía es la de que este estriptís que nos ofrece el señor Rajoy va a terminar como terminaban aquellos desnudos del primer destape, con una pierna o cualquier objeto, cubriendo oportunamente el colofón del mismo o, lo que es peor, con una oportuna media vuelta del o de la protagonista de la ceremonia que, al final, acaba mostrándonos el trasero.

Resulta enfermizo ese interés en desnudarse poco a poco y nunca del todo, en el español que hablan mis amigos, ese que tan a menudo cito, existe un término que la RAE, so pena de que asumamos nuestra vulgaridad nos autoriza ya a utilizar y que define a la perfección a quienes practican esta ceremonia de la confusión: calientapollas.

Pues bien, este "ponernos calientes" con tantas verdades distintas comienza ya a cansarme. Sobre todo, porque parece claro que, al final, no habrá recompensa o, si la hay, será menor. A qué viene tanta declaración solemne de veracidad en lo propio y falsedad en lo que dicen los otros, si a cada una de ellas se le añade una salvedad, "todo es falso salvo algunas cosas", "no soy el autor de los papeles que me atribuyen -Bárcenas dixit- pero el que los ha elaborado conoce la contabilidad del PP", que, con la promesa de que hay un velo más por destapar, no hacen sino desmentir al veracidad de lo que se dice y de quien lo dice. Ese último velo que no están dispuestos a dejar caer y que, al final, tendrá que levantar un juez es la contabilidad B en la que, al parecer, desde hace años, se vienen registrando ingresos y gastos negros como el alma del más pecador de los pecadores.

Creo que, en el caso de Bárcenas esas acotaciones, esos ventanucos que va abriendo en el muro de sus negaciones, no son más que un seguro de vida, una mano agarrando la manta de la que, en un momento dado, convendría tirar. En cuanto a Rajoy, creo que como muy bien describe el lingüista George Lakoff en su libro "No pienses en un elefante", está obsesionado con esa verdad evidente que a toda costa quiere esconder, y a causa de esa obsesión el subconsciente le traiciona y le lleva a ese "todo es falso, salvo algunas cosas..." a esas sofisticadas dobles negaciones que, muy a su pesar, acaban convirtiéndose en afirmaciones.

En resumidas cuentas, la verdad incómoda es, en el cerebro de Rajoy, un elefante empeñado en barritar y asomar la trompa cuando menos falta hace.
 
 

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sábado, 9 de febrero de 2013

LOS HUEVOS DUROS

 
Fue Felipe González quien, para refreírse a esos brindis al sol en que muchas veces acaba la pugna entre partidos, citó la hilarante escena de "Una noche en la ópera" en la que cada a cada plato de la comanda que se hace al camarero en el abarrotado camarote añade su "y dos huevos duros". Pues bien, durante demasiados años ya y no sé cuántos más en el futuro, cuando un político, sea del partido que sea, trata de responder a una oferta de su adversario añade un par de huevos duros a la promesa del rival, en forma de autovías, estaciones del AVE, puestos de trabajo, ayudas indiscriminadas a los nacimientos o ese "sobre" lineal y generalizado que salvó in extremis a Zapatero en su reelección y tanto escandalizó a Pedro Solbes, hasta el punto de que dejo de la vicepresidencia y el ministerio que con tanta decencia había ocupado.
Todos y cada uno de esos huevos duros, juntos en un plato, son los que se nos han indigestado a los españoles. Y no sólo eso, porque, como las viviendas de los desahuciados, hay que seguir pagando después de haberlos vomitado y sin haberlos disfrutado. Estaciones fastasma en las que el AVE casi nunca  deja viajeros, aeropuertos sin aviones, radiales de pago sin coches que todos los madrileños, conduzcamos o no, acabaremos pagando, hospitales cerrados universidades duplicadas cada cincuenta kilómetros, Fórmula uno por las cales, ciudades de las Ciencias... y las aguas, metros subacuáticos y así una larga lista de huevos duros, de granja y de corral, de gallina o de perdiz, en cuya elaboración se han perdido miles y miles de euros, a veces en sobres, a veces en maletines, a veces en trajes, bolos, coches y confeti y a veces directamente en los más variados bolsillos.
Los ciudadanos, consciente o inconscientemente, resignada o críticamente, hemos caído en la sartén de tanto y tan avieso cocinero y estamos ya más que fritos achicharrados, sin trabajo, con una sanidad peor y sin poder comprar el billete de AVE, o el coche soñado para poder demostrar que nos gusta conducir por esas autovías y autopistas que tan caras estamos pagando.
Nos la han metido doblada. Nos han vendido un sueño de torpe grandeza en lugar de ofrecernos y darnos lo que, además de justo, era posible. Y lo peor de todo es que, ahora, los escenarios para todas esas películas que compramos están patéticamente desolados y llenos de sobres vacíos que se lleva el viento.
 
 

viernes, 8 de febrero de 2013

HASTA EL FINAL

 
 
En poco más de un año, el tiempo que lleva el Partido Popular en el Gobierno, asistimos a la curiosa resurrección, si es que alguna vez la hubo, de la confianza de los españoles en la justicia. En medio del paro, los desahucios, la estafa de las preferentes y otras desgracias parecidas, únicamente algunas decisiones judiciales vienen actuando como bálsamo reparador de tanto dolor y tanta desesperanza.
Qué poco podía esperar el triunfante PP. a caballo de su demoledora mayoría parlamentaria, que iba a ser en los tribunales donde iba a encontrar el contrapeso que le falta en todo lo demás. No sería justo atribuirle únicamente al ministro Gallardón y su absolutismo a la hora de su pretendida y pretenciosa reforma de la Justicia la reacción de los jueces, pero no cabe duda de que algo está cambiando en la carrera judicial, pero, lo cierto, es que el partido en el gobierno nunca hubiera imaginado el calvario judicial que está pasando.
El propio fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, alguna de cuyas decisiones no fueron muy bien acogidas en principio, acaba de decirle a la ciudadanía lo que estaba esperando y que no es otra cosa que, en los que tiene que ver con Bárcenas, sus cuentas y sus papeles, mientras el gobierno y el PP se empeñan en negar lo evidente, hay indicios suficientes para abrir una investigación y llevarla hasta el final.
Bien es verdad que estos lodos judiciales son la consecuencia de todo el esfuerzo y la profesionalidad de jueces y fiscales que una y otra vez han mantenido vivos casos que instancias superiores parecían querer cerrar a toda costa. Jueces y fiscales que, como Baltasar Garzón, han ido tirando de los hilos que han llevado, por ejemplo, a la localización de todo ese dinero controlado por Bárcenas en cuentas hasta hace poco opacas en la banca suiza.
Esa es la obligación de los jueces: dejar al descubierto toda la basura que se esconde, en este caso en las cuentas del PP, en el más que imperfecto y farisaico sistema de financiación de los partidos. Sería muy deprimente volver a escuchar de prescripciones y sobreseimientos por defectos formales en este asunto. Sería terrible, no sólo por la depresión en que nos haría entrar, sino porque dejaría otra vez impune ese sistema tan parecido al seguido por la mafia más clásica, que infiltra las instancias del poder, especialmente el local, hasta asfixiarlo.
Ojalá tenga razón el fiscal Torres Dulce, ojalá esta película, por una vez, termine bien y se ponga a cada uno en su lugar. Ojalá la justicia acorte la distancia que ahora mismo separa a los ciudadanos españoles de quienes les gobiernan. Y ojalá que ese "caiga quien caiga" que tan interesadamente lanzó al aire Esperanza Aguirre, le alcance también a ella y la obligue a pagar todas sus marrullerías.
 
 
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jueves, 7 de febrero de 2013

¿REGENERAR O RECONSTITUIR?

 
 

A estas alturas creo que nadie duda ya de que la democracia española está enferma, muy enferma. Por desgracia, le ha ocurrido lo que a muchas personas: ha pasado de la más absoluta lozanía, no ya a los achaques, sino a estar postrada, incapaz ya de llevar una vida siquiera normal. Tanto es así que los ciudadanos comienzan a verla como una apestada, aquejada de los peores males y, lo que es peor, de los peores hábitos.

Hay ahora quien comienza a hablarnos de regeneración y, como le ocurre a Iñaki Gabilondo, me da escalofríos sólo pararme a pensar en quién habla de esa regeneración y se propone como timonel de la singladura, porque, quien se ofrece y propone es Esperanza Aguirre, a la que le estalló la trama Gürtel bajo los pies -he optado por el término más fino- cuando parecía sólo un asunto del PP madrileño. Quien quiere conducirnos hacia la luz es la misma señora que, como se acaba de acreditar -tarde ya, porque ha prescrito el posible delito- gastó cuatro millones de euros en su penúltima reelección, cuando, por ley, sólo podía disponer de un millón seiscientos mil. Quién nos habla de regeneración y limpieza es la misma que, al alcance de un micrófono que creía cerrado, preguntaba a Ignacio González, hoy su sucesor y entonces mano derecha y posible receptor de lo más sabroso del escandaloso espionaje detectado en el gobierno madrileño "qué tenemos contra éste". Da miedo oírla, mucho miedo.

Lo de la regeneración no es nuevo. Ya se intentó en la España del XIX, cuando, al final de las guerras carlistas, que todo lo tapaban y todo lo justificaban y a las que hay quien asimila el terrorismo de ETA, afloraron, no sólo la miseria en que vivían la mayoría de los españoles, sino la corrupción que asfixiaba a quienes deberían sacarles de ella. Está claro que Joaquín Costa y quienes se sumaron a su pensamiento no obtuvieron el éxito que, ellos sí, merecían, porque España continuó hundiéndose en su "vivan las cadenas" y su "que inventen ellos", como lo estamos ahora gracias a los compañeros de viaje, incómodos o no, de doña Esperanza.

En medicina se habla de regeneración como lo opuesto a la corrupción y el término podría ser válido si, en el caso de la política española, estuviésemos hablando de un tejido dañado por una infección superficial y ocasional, pero mucho me temo que la infección es mucho más profunda y antigua, sistémica le dicen los exquisitos, convertida ya una gangrena, de al que las más de las veces se sale con la imputación.

Es muy difícil pensar que, en un sistema de partidos como el español, en el que el poder y, por lo tanto, la orientación de sus acciones van de arriba a abajo, las cúpulas de estos partidos, con uno o más esqueletos en sus armarios el que más y el que menos, vayan a poder "regenerarse", reinjertando en ese tejido dañado células ya desechadas y amortizadas como la propia Aguirre o el inestable y sombrío Aznar para salvarnos.

Yo prefiero, por seguir con los términos médicos, un reconstituyente, una serie de medidas que aporten al cuerpo enfermo de nuestra democracia todo aquello que no tiene y cuya carencia ha permitido que florezcan las infecciones. Efectivamente, estoy pensando en una nueva constitución, en una refundación del estado. Una de esas refundaciones que tan buen resultado han dado en Francia ante las grandes crisis, como el ocaso del gaullismo con Pompidou. Estoy hablando de que los representantes del pueblo español tengan la generosidad, que equivaldría al sentido de la realidad que tuvieron, consciente o inconscientemente, las cortes franquistas, para convocar unas elecciones, distintas e ilusionantes, que den paso a un nuevo proceso del que salga otra constitución, nueva o profundamente reformada, que permita el afloramiento y la participación de la potente y desilusionada sociedad civil española en la gobernanza del Estado.

No se trata de implantar injertos ni prótesis sobre el muñón democrático. Se trata de aportar a tan dañado organismo el cóctel de vitaminas y elementos para la decencia que le permitan ponerse en pie y salir a la calle a enfrentarse con el futuro. Creo, parafraseando a Clemenceau, que la política es un asunto demasiado serio para dejarlo sólo en manos de los políticos.
 
 
 

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martes, 5 de febrero de 2013

CHANTAJE, MANUAL PARA TORPES

 
 

¿Cómo se hace un chantaje? Es muy fácil. Para que exista un chantaje son precisos tres elementos: el chantajista, la víctima y que el primero tenga en sus manos algo con lo que presionar a su víctima. Basta con eso, basta con que alguien, normalmente alguien en quien confiaba la víctima, tenga en su poder aquello que su víctima no querría que se hiciese público de ninguna de las maneras, algo oscuro, íntimo e inconfesable. Ahora bien, hay que sopesar mucho el equilibrio entre las consecuencias del cumplimiento de la amenaza y el "rescate" que el chantajista pide por su silencio. A veces ese precio es nimio -los niños saben de eso unos cromos, un tebeo, la PlayStation... o me chivo- otras es más complicado y toma la forma de fotos comprometedoras que nunca debimos permitir que nos hicieran y que podrían echar abajo nuestra vida pública... en fin, todo es un tira y afloja, una negociación que puede acabar con nuestros tesoros infantiles o con una carrera política, como se intentó con Clinton.

Ahora bien, aunque lo habitual es que sólo sepamos de los chantajes cuando se consuman, cuando la víctima no quiere o no puede pagar ese rescate y se desata el escándalo, el chantaje tiene una vida mucho más larga, una vida que comienza con el acopio de material para el chantaje: las fotos ya mencionadas, la grabación de una conversación comprometedora, una prenda -íntima o no- con la huella de los fluidos apropiados, unas cartas... o un cuaderno.

Evidentemente, de lo que hablo, es del asunto Bárcenas o, dicho de otra forma, de la trama Gürtel, en la que no es más que el hilo del que ha tirado la Audiencia Nacional buscando la conexión con lo que, a la vista está, se asemeja bastante a una financiación ilegítima del Partido Popular. El primer acto de este hipotético chantaje debió representarse discretamente, cuando el nombre del todavía tesorero apareció ligado al de Correa, Bigotes, Camps, Orange Market, concejales y alcaldes, sobre todo de la sierra madrileña y su entorno, constructoras, proveedoras de servicios y hasta, como excusa para uno de los mayores pelotazos, Benedicto XIII.

En esos primeros momentos, el juez encargado del caso fue Baltasar Garzón, que demostró tanta eficacia e implacabilidad, que disparó todas las alarmas en sus vecinos de calle que se fraguó una campaña que no ceso hasta acabar con la carrera del juez más prestigiado de España. La salida de Garzón, del caso y de la carrera judicial, se produjo cuando estaba a las puertas de las cuentas suizas y con el nombre de Bárcenas sobre la mesa.

Por entonces, no hay más que repasar hemerotecas, aún cabía la esperanza de poder desmontar la investigación como se desmontó la del caso Naseiro, en la que el juez Manglano había dado con una primitiva y burda red de financiación, en la que ni siquiera utilizaban intermediarios, como correa y sus tratantes. No es de extrañar, por tanto, que Bárcenas fuese un ciudadano respetable, con escaño en el senado, por el que todos, desde Rajoy hasta el último militante del PP, arriesgaban en público su palabra -la mano ya se la habían chamuscado de sobra en la falla de Camps- para poner a salvo su honorabilidad.

Bárcenas conservó el escaño y el fuero, pero en las últimas generales ya no fue en las listas. También conservaba el respeto o el temor de sus compañeros de partido y despacho y otros privilegios en la calle Génova. Pero aparecieron las cuentas suizas y, en ellas, 22 millones de euros sacados de un país con millones de parados, en pleno desmontaje de su estado de bienestar, así que no hubo más remedio que dejar caer al intachable ex tesorero y colgarle el sambenito de chorizo.

Es entonces cuando Bárcenas debió recordar a su partido que guardaba prendes del antiguo amor que se profesaban. No debieron hacerle mucho caso en Génova e inmediatamente comenzaron a aflorar las primeras indiscreciones en las que los protagonistas eran los oscuros sobres con que salían del despacho de Bárcenas unos cuantos dirigentes del partido.

No debieron producir mucho susto estas primeras "sombras de sombras de indicios" publicadas en EL MUNDO, así que no hubo más remedio que dejar caer unos papeles más explícitos en la redacción de EL PAÍS. Y debe ser cierto lo del "negro sobre blanco", porque este país cansado de tanto abuso se indignó y la prensa hizo presa en la mismísima cúpula del PP.

Pero la historia aún no ha terminado. El chantajista sólo ha enseñado una copia de lo que guarda. La prueba definitiva serían los originales y, esos, de momento no han aparecido ¿Será ese el nuevo elemento de negociación? No lo sé, pero extorsionador y víctima se aferran a una posibilidad mínima de que esto se pueda parar para salvarse. Quizá tengan que ver con eso las apariciones de Bárcenas ayer en sendas televisiones, negando la autenticidad de los estadillos publicados por EL PAÍS, Al tiempo que, para mantener la presión, aclara, -o advierte- que quien presuntamente los confeccionó tenía acceso a la contabilidad del PP. La vieja táctica de dios de cerrar una puerta, dejando abierta una ventana. En mi opinión estos desmentidos, tan enigmáticos como la negación berlinesa de Rajoy, llegan tarde, porque las sombras de las sombras son ya demasiado grandes y la poca credibilidad que conservaban Rajoy y el PP ya no cotiza en bolsa.

NB: Cualquier parecido con hechos y personajes de la realidad no es pura coincidencia.
 

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lunes, 4 de febrero de 2013

ENTRAMOS EN BUCLE

 

Nada hay peor que verse obligado a vivir en un edificio, España, en el que cuando uno de los vecinos es sorprendido acumulando basura tras su puerta, en lugar de limpiar y airear su casa, se dedica a hablar de la falta de higiene de quienes comparte pasillo con él. Al final, y más aun si el ascensor de la prosperidad, verdadera o falsa, se estropea y nos vemos obligados a pasar, una y otra vez, ante la puerta de esos copropietarios tan poco escrupulosos.

Eso está pasando y lo peor es que está pasando otra vez, lo peor es que esto tan lamentable lo hemos vivido ya. Ayer, para hacérnoslo más doloroso, reapareció Esteban González Pons, martillo de los socialistas cuando estaban en el gobierno, para cortar la cinta inaugural de la avenida del "y tú más" que, ante el escaso éxito de crítica y público, clac hay y habrá siempre, ensanchada y reasfaltada pasa a ser la vía principal por la que transite el PP.

No sé que tienen que ver los eres de Andalucía con el señor Bárcenas, ni qué relación existe entre los sobres de los ex tesoreros con los sueldos que se cobran en Ferraz. Lo que sí sé es que, si lo que me quieren decir es que en todas partes cuecen habas, lo que están haciendo es admitir implícitamente que en el despacho de Bárcenas y todos sus antecesores se han cocido ollas y ollas de tan energéticas flatulentas legumbres.

No me gusta nada el señor González Pons, no me gustan nada su meliflua voz de jesuita ni la falsa y perenne sonrisa que lleva siempre pintada en la calla. No me gustan y tampoco me extrañaría que compartiese genes con sus paisanos los Borgia. No me gusta un pelo su reaparición sobre el escenario que a eso de la una del sábado ocupaba el monitor que escondía la imagen del Rajoy más cobarde que nos ha sido dado conocer, atrincherado en la sala de reuniones y aferrado a un discurso lleno de verdades a medias que insinuaban el falso silogismo de su inocencia.

No sé que pretende el PP resucitando a este peón de brega. Tengo la impresión de que el señor "cara de póquer" va a rellenar muchos de esos clamorosos silencios que tanto perjudican a su partido, ahora que, cada mañana, el kiosco se ha convertido en un campo de minas. Me preocupa que esa sea la respuesta de la dirección del PP, Me da susto, que diría un niño, que lo único que se les ocurre sea sacar a pasear a este monótono hipnotizador, para adormecernos, mientras resuelven el chantaje a que les está sometiendo el acaudalado tesorero, que ríete tú de las bombas atómicas del socio del "duque empalmado", don Iñaki Urdangarín. Ganando tiempo, también, para cocinar en la sala de máquinas de Génova toda la ponzoña que sean capaces de reunir, para lanzarla contra el PSOE, su vecino de escalera, con la esperanza de que se "achante" y no haga demasiada sangre y el resultado de que la mierda y la desesperanza ahoguen a quienes menos culpa tienen, los ciudadanos.

Es una lástima que todo lo que hemos sabido estos últimos días no haya servido para provocar una catarsis que regenere el maltrecho tejido social. En lugar de eso, hemos entrado en bucle. Y, mientras tanto, la cifra del paro registrado, la gente que busca trabajo activamente en las oficinas de empleo, está ya al borde de los cinco millones. Que no nos pase nada.
 
 

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