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lunes, 5 de junio de 2017

LA AGUIRRIZACIÓN DE CIFUENTES


De todo lo sucedido en los últimos días, me vais a permitir que me detenga en un personaje y unos hechos que quizá hayan quedado eclipsados por la dimisión del fiscal Moix, acorralado por su escaso respeto a la verdad, o la estúpida masacre del puente de Londres. Me refiero a la presidenta de la comunidad de Madrid, a la que pudimos ver el viernes, en su comparecencia ante la comisión que investiga la concesión de los servicios de cafetería de la Asamblea de Madrid a Arturo Fernández, como una Cruela de Vil, tratando de aparentar sin éxito la inocencia de un Bambi solo y asustado en medio del bosque repleto de cazadores.
Cifuentes perdió los papeles y se mostró como una mujer autoritaria, cínica y faltona, adornada con una voz más propia de un sainete de Arniches que de quien pretende ser la presidenta de todos y cada uno de los madrileños. Gritona, nerviosa e insegura, aconsejada por no se sabe quién, hizo su entrada en la sala de la comisión tal y como la heroína triunfante aparece en las apoteosis en las zarzuelas, con el traje blanco de la inocencia y luciendo en el pecho, como desagravio a la misma Guardia Civil, cuyo trabajo puso en duda, la insignia que le impuso el cuerpo mientras fue delegada del Gobierno en Madrid. 
Pura parafernalia y puesta en escena de quien se cree injustamente tratada, porque siempre se ha querido al margen de la ley. Puro pataleo de quien piensa que dar su voto a decisiones injustas, a sabiendas de que lo son no tiene por qué tener consecuencias, quizá por la costumbre de tomarlas un día sí y otro también. Indignación de quien piensa que un socio parlamentario, en su caso el portavoz de Ciudadanos en la comisión, es poco menos que su esclavo y que debe guardar silencio ante las irregularidades cometidas por su partido. 
Quizá por eso, sus palabras más duras, su descortesía más evidente, sus momentos más "Aguirre", los tuvo con César Zafra, de Ciudadanos, no sin renunciar a propinar golpes bajos a Ramón Espinar, de Podemos, a cuenta de su afición por la Coca Cola o la imputación de su padre en el asunto de las "tarjetas black" de Bankia, ella que tuvo, siendo delegada del Gobierno en Madrid, a su marido en busca y captura en casa. Tuvo con ellos la misma actitud altanera y retadora que tuvo para con la Guardia Civil, primero, la UCO, después y, finalmente, el autor del informe dirigido al juez que instruye el llamado "caso Púnica", corrigiendo el tiro, ella que es hija de militar, según iba viendo los daños colaterales de su fuego amigo para con el cuerpo.
Es lo que tiene la costumbre de haber estado encima del machito y no soporta que los de abajo, los que ha tenido bajo su manso o no estaban en la Asamblea cuando ella llegó hace veinte años se permitan poner en duda, aunque sea con claros indicios, si no con pruebas, su honestidad en la toma de decisiones como la señalada de adjudicar el servicio de restaurante del parlamento madrileño a la empresa del imputado amigo de Esperanza Aguirre, autor confeso de donaciones al PP, desde sus empresas o desde la patronal madrileña.
Cifuentes, rebosante de felicidad y madridismo, se dio un baño de multitudes y se mostró exultante ayer, al recibir al triunfante Real Madrid, sin mostrar un sólo gesto de aflicción ante la matanza del Puente de Londres, pese a haber madrileños afectados y a que el Real Madrid venía, como las malas noticias, del Reino Unido.
Se trata de aprovechar el momento, la foto, muy al estilo de su odiada Esperanza Aguirre, a la que, después de tantos años de compartir ideas, decisiones y listas financiadas a saber cómo, se parece demasiado.
Hubo quizá un tiempo en que Cristina Cifuentes consiguió, a base de "hacerse la rubia" dar el pego, como diría un castizo, pero, conforme pasa el tiempo pasa, cuantas más cosas sabemos de ella y su partido, a medida que se va viendo cada vez más acorralada, más se va apareciendo a Aguirre, a la que, quizá, acabe privando más pronto que tarde del honor de ser quien pierda para el Partido Popular el gobierno de Madrid.

miércoles, 17 de mayo de 2017

ATANDO CABOS


Ayer la Guardia Civil sorprendió a  propios y extraños con un informe al juez Velasco en el que, además de la bomba que supone pedirle que investigue la relación de Cristina Cifuentes, actual presidenta de la Comunidad de Madrid, con la financiación ilegal del Partido Popular, hace un relato de los mecanismos de financiación del PP y sus consecuencias que para sí los quisieran los sesudos periodistas y contertulios de todo pelo que, a diario, se ganan el pan, carísimo pan, por cierto, hablando sobre ella..
Apunta la Guardia Civil en su informe que la financiación ilegal del PP ha sido tanta y a lo largo de tanto tiempo que ha llegado a alterar la esencia de la democracia, quebrando el pluralismo político". Justo lo que algunos venimos denunciando desde hace años, que el PP ha aprovechado sus espacios de poder para "recompensar" con contratos públicos a quienes, bajo cuerda, llenan las arcas del partido con sus donativos, en A, en B o "haciéndole precio" en viajes y otros servicios tan necesarios y prácticos cuando se está en continua campaña electoral, como lo ha estado el PP, cortando cintas, presentando proyectos aquí o en el extranjero, moviendo el producto ante todos esos votantes a los que impresiona más un hospital o un colegio nuevo y recién pintado, aunque sean privados y estén vacíos y sin dotación de personal, que las imprescindibles reformas que habría que hacer en centros públicos con personal cualificado y lleno de experiencia a los que poco a poco se va jubilando o aburriendo, sin recursos y con recortes en sus salarios.
No hay o, a mi modo de ver, al menos, no debería haber duda en que la UCO, la Unidad Central operativa de la Guardia Civil está en lo cierto y ha dado con las palabras justas para definir lo que viene pasando en la política española, especialmente en la madrileña desde hace décadas, No hay más que pararse a reflexionar como ha cambiado el panorama político, especialmente en la derecha, que ha cambiado los rostros de sus representantes de los primeros tiempos, brillantes intelectuales la mayoría, por otros más oscuros y siniestros, aunque plenos de habilidades en artes tan necesarias como la recaudación o la propaganda, la mentira sostenida, la intoxicación o la amenaza. "artes" que con tanta facilidad identificamos en Trump y su cuadrilla y que tanto nos cuesta descubrir en nuestros pagos.
Uno de los ejemplos más claro de esto que os digo lo hemos sufrido durante años aquí, en Madrid, y es otro que el que encarnan, Esperanza Aguirre, sus mariachis y su sucesor hoy en la cárcel. Está claro que Granados e Ignacio González fueron, además de sus manos derechas, recaudadores antes que frailes. Ambos están en la cárcel y ambos metieron la mano en esa estructura de donativos y recompensas, lo que no quiere decir que todo lo que recaudaron fuese para sus áticos, sus mansiones o sus cuentas en paraísos fiscales. Es algo tan sencillo como que, a quien carece de escrúpulos para saltarse la ley y ponerse en riesgo por cometer ese delito, le cuesta poco ir un poco más allá quedándose con parte de lo recaudado.
Si lo hacen y lo hacen con tanto descaro, si hacen ostentación de bienes imposibles de conseguir con un comportamiento honrado es porque tienen lengua y quienes les "contratan" como rufianes saben que pueden usarla para contar lo que saben de sus desvelos por hacer del Partido Popular un partido potente, capaz de arrasar en cuantas elecciones compita. El problema es que, para recompensar a los donantes que engordan la caja B, hay que adjudicar contratos y obras, y para adjudicarlos, al menos en una democracia, hace falta disfrazar las transacciones, darles visos de legalidad.
Es ahí donde entran en juego los "tontos útiles" y no por serlo menos culpables que aprueban esas adjudicaciones a todas luces irregulares, los que trocean los contratos para escamotearlos al control, los que, en fin, hacen el trabajo necesario para engrasar el circuito de la corrupción.
Es de haber cumplido ese papel de lo que acusa la Guardia Civil a la indignada Cristina Cifuentes, de haber participado en la adjudicación presuntamente irregular de los servicios de restauración de la Asamblea de Madrid, mientras era vicepresidenta de la misma, al empresario Arturo Fernández, implicado en todas las tramas de corrupción madrileñas.
Cristina Cifuentes se indigna y lo niega. Se defiende diciendo que no se ha llevado nada. Olvida que lleva cerca de dos décadas ocupando un escaño en la cámara madrileña y que los escaños los consiguió en elecciones en las que su partido, está documentado, se financio de la manera que ha quedado descrita. La verdad es así de tozuda y los beneficios de la corrupción se pueden recibir en metálico o en especie.
Por eso, cuanto más sabemos, más nerviosos se ponen. Y es que para escribir la historia de estos años hay ya datos de sobra. Sólo falta atar cabos.

miércoles, 12 de marzo de 2014

EMPRESARIOS

Foto: EL PAÍS
 

Vaya país éste en el que nos h tocado vivir: un país para mear y no echar gota, que diría un castizo, un país en el que, a la hora de reformar la legislación laboral, el gobierno sólo escucha a la patronal y la reforma resultante es, como cabría esperar, un guante para los empresarios y una trampa para osos para los trabajadores, un país en el que el Estado de Derecho está convirtiéndose en una selva en la que cazan a su gusto los que menos escrúpulos tienen.

No digo yo que todos los empresarios que operan en España sean unos chorizos, pero, la verdad, es que, de un tiempo a esta parte, al menos sus dirigentes, aparecen tanto en las páginas que se ocupan de la corrupción, que alguna que otra organización empresarial debería plantearse el cambio de sede social a algún centro penitenciario.

De todos es conocida la historia de Gerardo Díaz Ferrán empresario carroñero que en gran medida construyó su fortuna hurgando en los despojos de empresas en dificultades, para "mondar" lo poco que de aprovechable quedase en ellas y abandonar después a su suerte a trabajadores y acreedores, una especie de Atila de los negocios que iba sembrando desolación y miseria allá por donde pasaba, mientras el botín que quedaba en sus manos, crecía y crecía. Díaz Ferrán cayó y cayó con estrépito, saqueando sin el menor remordimiento los sueños de muchos inmigrantes que sólo querían pasar las navidades en su tierra y que se vieron atrapados en las frías salas de un aeropuerto, sin explicaciones ni consuelo y con la burla del amigo de Esperanza Aguirre hoy encarcelado, al que sólo se le ocurrió decir que él no hubiese comprado un billete en su compañía.

Aun sabiendo eso, a la patronal española, a la que se supone la representación de los empresarios de este país le costó meses deshacerse de su malencarado presidente. Tal parece que o no veían lo que veíamos todos los demás o, si lo veían, compartían el credo de quien habían elegido. Algo gravísimo, porque por más que hablen de garbanzos negros, lo cierto es que parece que esos garbanzos son los que abundan en el cocido empresarial y, lo que es peor, a quienes los eligen no parece importarles demasiado verlos en el plato.

El último en caer, ayer mismo ha sido el empresario madrileño Alfonso Tezanos, directivo de la patronal madrileña y hombre fuerte, ahora repudiado, que las  esposas afean mucho, del presidente Arturo Fernández, imputado en la comercialización a todas luces fraudulentas de preferentes en Bankia, beneficiario de obscenos créditos de amiguete en Cajamadrid y pillado "in fraganti", pagando "en negro"  a los trabajadores de sus contratas, entre otras, la de la cafetería del Congreso.

Tezanos que no hace dos días negaba con desparpajo, la imagen de marca de los amigos de Esperanza Aguirre, ha sido pillado con unos cuantos millones de euros del dinero de todos, cobrados por impartir cursos de formación inventados. Curioso personaje éste que, en una reciente entrevista radiofónica, decía  que "saber, oír, comentar... no es tener conocimiento", que, de momento, cierra la lista de empresarios corruptos con cargos representativos.

Lo de éste último, esa estafa al Estado, que no es posible sin la cobertura de quien debería vigilar el buen fin de esos fondos, da qué pensar, porque, si rapiñaban el dinero destinado a la formación de parados, es lógico suponer que, a mayor cifra de parados, más oportunidades de negocio.
 
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lunes, 11 de febrero de 2013

EN NEGRO

 
 

Ayer, delante de unas cañas, mi amigo Patiño me advirtió que hoy, a las ocho, la Cadena SER iba a ofrecer una información más que interesante. No me lo dijo exactamente con esas palabras ni me dio más pistas -y yo no le pedí más, porque la mejor forma de no traicionar una confidencia es no compartirla- aunque sí me insinuó a que sector iba a afectar. No es que le diese muchas vueltas a la cabeza, porque el domingo está hecho para descansar, pero os aseguro que deduje más o menos la identidad del protagonista de la información, que no era otro que el presidente de la patronal madrileña, Arturo Fernández, quien comparte con su homónimo el actor la magia de sus pulcras canas, la boquirrotez y que, como diría un sastre, "carga" descaradamente a la derecha, porque había que ver como cargaban uno y otro contra los trabajadores, los sindicatos y todo aquel que no se pareciese a su adorada Esperanza Sánchez, quien, para Fernández, era "cojonuda". Le había colocado como mi principal sospechoso -ya se sabe: los prejuicios- pero, como digo, no le di más importancia. Pero, si os digo la verdad, no me atribuyo ningún mérito, porque la información es escandalosa, aunque debo decir que en absoluto es sorprendente.

Os cuento, por si no lo sabéis ya, que la información, elaborada por Pilar Velasco para la SER, revela que Arturo Fernández pagaba en negro, las horas extraordinarias, los pluses y los complementos a los empleados de sus empresas, adjudicatarias de numerosas contratas para la administración. Un asunto de por sí muy sucio y más sucio si cabe si se piensa en que este señor era el patrón de patrones de los empresarios madrileños, vicepresidente de la CEOE y fue uno de los consejeros de Cajamadrid que dieron por buenas las cuantas con que Rato sacó Bankia sobrevalorada a bolsa con su consiguiente hundimiento.

Arturo Fernández tenía por costumbre pagar una parte importante del salario de sus trabajadores en un sobre y en negro. Una merma que no sólo era arbitraria, sino que, al no aparecer en nómina, el Sr. Fernández se la ahorraba en las cuotas que debería abonar a la seguridad social y supongo que se las ahorraba también en pagas extraordinarias. Una estafa, no solo para la debilitada caja de la Seguridad Social, sino también para sus trabajadores que se iban al paro o a la jubilación con un subsidio o una pensión mucho menores de los que correspondería a su salario y, claro está, a su penoso trabajo.

Esta es una parte del pastel, porque la otra, aún por determinar, es saber de dónde sale ese dinero negro e inconfesable que Fernández ponía en los sobres de sus trabajadores. Y no sólo eso. Atando cabos, caemos en la cuenta de que Arturo Fernández, cuyo grupo de empresas es líder en el sector y que ha obtenido con cierta ¿demasiada? frecuencia las contratas de hospitales, comedores escolares y de centros de trabajo de la Administración y hasta del mismo Congreso de los Diputados o la Asamblea de Madrid, amén de suministrar numerosos catering, forma parte de la gran coartada del presidente madrileño, Ignacio González, puesto que su mujer es la mano derecha de Fernández en la CEIM, despues de que saliese de su empleo en el sector eléctrico con una escandalosa indemnización que le vino "de perlas" para justificar, el precio "pagado" por el matrimonio González-Cavero por el polémico ático del que disfrutan desde hace años en la costa marbellí. Y puestos a atar cabos, atemos este otro: Arturo Fernández es donante de una de las fundaciones del PP madrileño.

Este escándalo, un secreto a voces, especialmente en sectores como el de la hostelería y, en tiempos, el de la construcción, debería bastar para abrir una investigación que ponga al descubierto todas las cañerías y cloacas de estos empresarios que, no sólo se permiten explotar a sus empleados, sino que, además, les tienen bajo la espada de Damocles del despido que, en esas condiciones, se vuelve mucho más penoso, dado que el subsidio y la pensión serían casi irrisorios.

También entiendo mucho mejor ahora las polémicas declaraciones del Sr. Rosell tildando a los funcionarios de vagos y caros. No me extraña que lo piense, si lo compara con lo mucho y duro que deben trabajar los empleados de las empresas de Arturo Fernández. CEOE que, por cierto, acaba de manifestarse sobre este asunto, diciendo que es un asunto particular de su vicepresidente. Justo lo mismo que dijo respecto de Díaz Ferrán tras las quiebras fraudulentas que llevaron a su detención y posterior encarcelamiento.

 
 
 

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miércoles, 19 de octubre de 2011

EL PROGRAMA DE LA PATRONAL MADRILEÑA


Esta mañana me he desayunado con la retahíla de tenebrosos artículos de opinión que los opinadores de la peor derecha española dedican, dignos de haber tenido un micrófono en aquellas emisoras hutus que, no hace tanto tiempo, agitaron y provocaron en Ruanda la mayor matanza entre seres humanos de los últimos tiempos. Y mientras escucho lo que escriben sobre los asistentes a la Conferencia de Paz de San Sebastián sólo puedo pensar en esos francotiradores que, tras la liberación de París, trataron de sembrar el desconcierto entre quienes celebraban la paz, tratando de alargar una guerra en la que tuvieron sobrados privilegios.
Lo escucho y dudo si debo escribir sobre tan vergonzante ejercicio del periodismo o sobre la carta a los Reyes Magos que acaba de echar al correo la patronal madrileña CEIM, ahora que las encuestas sitúan a "los suyos" en la Moncloa. Ellos la llaman "propuestas de la CEIM para la recuperación económica" y la han colgado en su página web y, sinceramente, o están borrachos de triunfalismo o lo que están es a un paso del fascismo.
Las peticiones de la patronal que preside Arturo Fernández recogen, desde atentados a los derechos tan fundamentales como el que los trabajadores tienen a la huelga a un apoyo ¿cabe hacerlo más descarado? a la enseñanza privada, pasando por la supresión del impuesto del patrimonio, la rebaja de la cotización empresarial a la Seguridad Social, el abaratamiento del despido -sólo veinte días por año trabajado, con un máximo de 12 meses y cofinanciado por el gobierno- y otras lindezas como la de "avanzar" hacia el "copago" ¿no la estamos pagando ya con nuestros impuestos? de la Sanidad.
El "Tea Party” que tanto admira Esperanza Aguirre, no lo hubiera hecho mejor. De conseguir lo que han pedido, entraríamos en un régimen, si no feudal, cuasi fascista, porque pretender como pretende que en determinadas circunstancias se limite el derecho a la huelga, nos retrotraería a los tiempos de la dictadura.
Los empresarios madrileños tratan de justificar lo que piden diciendo que son ellos quienes crean la riqueza y el empleo. Quica lo de la riqueza -si se refieren a la suya- sea cierto, en cuanto a lo otro, no estaría yo tan seguro, porque son ellos quienes mandan y han mandado al paro a centenares de miles de ciudadanos.
Espero que el gobierno que se forme tras el 20 de noviembre, sea el que sea, tenga más sentido común del que demuestran los dirigentes de la CEIM, demasiado "esperanzados" en que un país se pueda gobernar como lo gobierna la señora Aguirre, a quien, por cierto, también se le hacen los dedos huéspedes ante la posibilidad de poder "barrer" de las calles, con "su" policía, a los piojos del 15-M, a los sindicatos y, claro, a los de la ceja.
No sé si lo tenéis tan claro como yo, pero si nos damos por vencidos, nos van a pasar por encima y, lo que es peor, van a pasar por encima de nuestros derechos con sus puros, sus caballos, sus fustas y sus carritos de golf. Una cosa os garantizo, con un gobierno como el que quieren Esperanza Aguirre y los empresarios el 15-M no hubiese sido posible. Lo malo es que creo que, por acción u omisión, al menos los madrileños, tenemos el gobierno y los empresarios que merecemos.