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lunes, 6 de julio de 2015

LECCIÓN DE DIGNIDAD



Aunque tratan de convencernos de lo contrario, incluso desde el idioma, decir no está muchas veces más cerca de construir que humillarse en síes que anulan y someten, De hecho, el ser humano, de niño, comienza a afirmar su personalidad con noes, a veces solo con gestos, a veces con esa sílaba única con que dos de cada tres griegos que votaron ayer dijeron basta a las penurias impuestas desde Bruselas.
Ayer, yo había puesto mis esperanzas en la victoria del "OXI", entre otras cosas, porque ya era hora de que alguien dijese NO a la fría burocracia de Bruselas, no desde el egoísmo de quienes no quieren compartir, sino el de quienes están cansados de quedarse siempre la botella medio vacía, empujados por gobernantes más pendientes de su bolsillo y el de sus amigos que del bienestar de quienes les han dado sus votos.
El gobierno y el pueblo griego dieron ayer una lección de democracia. Los griegos dijeron NO a esa terrible austeridad sin esperanza que hace ya seis años les impuso la troika, la misma troika que acabó con el socialdemócrata Papandreu por haber tenido la osadía de proponer una consulta similar a esa en que ayer se expresaron los griegos.
Después de conocer el resultado de la consulta, mucho más amplio, incluso, de lo esperado, no queda más remedio que ponerse a pensar en qué sería Europa, la Unión Europea, si todas y cada una de las decisiones transcendentales que afectan a cada uno de los países que la integran se hubiesen consultado a sus ciudadanos. Qué sería de Europa y de Grecia, si ese referéndum que Papandreu no fue capaz de convocar o qué sería de Europa, de España y de los españoles, si Zapatero hubiese tenido el coraje de someter a una consulta democrática esa reforma del artículo 135 de nuestra constitución, por el que se antepone el pago de la deuda, no siempre lícita, al bienestar de sus ciudadanos.
Desde ayer no nos queda otro remedio que pensar en cuál será después del NO griego, la posición de los PIGS, los cuatro países, Portugal, Irlanda, Grecia y España, condenados de antemano por el resto a pagar con paro y recortes los pecados consentidos por la troika de sus gobiernos. No nos queda más remedio que pensar e cuántos parados menos habría o cuánta más riqueza se hubiese podido crear si sus gobiernos hubiesen tenido otras prioridades que liquidar a marchas forzadas un déficit muchas veces forzado por sus socios europeos.
Tampoco puedo dejar de pensar en las consecuencias de esta decisión de los griegos que frente a las amenazas, al asedio, corralito incluido, a la descomunal campaña por el "SÍ" desde dentro y fuera de Grecia, a las amenazas, frente al desprecio de personajillos como Rajoy o su televisión mercenaria al primer ministro elegido por los griegos, pese a todo ello, estos han decidido salvarle y, con él, salvar, si no su prosperidad, sí su dignidad como país.
Por más que, tras el referéndum y como algunos dicen, Grecia vaya a perder, quien más pierde es el desequilibrante bipartidismo europeo, acostumbrado a trapichear con los cambios y a mangonear en las decisiones importantes. Un bipartidismo, éste de conservadores y tibios socialdemócratas, que ha combatido de manera vergonzante al rebelde Tsipras, para aplastar en él cualquier asomo de cambio en los PIGS que ponga en peligro su hegemonía de medio siglo. Finalmente, Grecia se ha puesto en pie y, pase ya lo que pase, ha señalado el camino para los demás.
Grecia ha dicho a sus socios en Europa y al mundo que la dignidad de un pueblo está por encima de los intereses propios y ajenos, por encima de las presiones externas e internas, por encima incluso del dolor. La dignidad es lo único que queda cuando todo lo demás se ha perdido, la dignidad es la que lleva a los hombres a decidir su destino, dejar claro que su hambre y sus penurias son suyas. Los griegos dieron ayer, levantándose en votos, sin un sólo gesto de violencia, toda una lección de dignidad y democracia que a los europeos les va a costar olvidar. Lástima que, para la nueva etapa que comienza el coraje de Varoufakis haya desaparecido, aunque sólo sea de la primera línea, con su dimisión. Le vamos a echar de menos, vamos a echar de menos a ese valiente que plantó cara en solitario a tanto burócrata desalmado, hasra sacarlos de sus casillas. 


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viernes, 3 de julio de 2015

LAS CARTAS MARCADAS



Nada hay más decepcionante que comprobar que quien debería cuidar de ti no te dice la verdad o se juega tu futuro, el futuro de todos, en el casino de unas elecciones. Pues bien, de eso, los españoles vamos sobrados, porque, allá donde miremos, nos encontramos con gobiernos que administran con el único fin de mantenerse en el poder, a sabiendas de que, si lo pierden, el marrón que dejan se lo van a comer otros.
Lo estamos viendo en los nuevos ayuntamientos, por ejemplo el de Madrid, en donde acabar con la suciedad que crece en la mayor parte de los distritos no consiste sólo en ponerse manos a la obra y limpiar las calles, ya que el servicio de limpieza, junto a los de jardinería están hipotecados por unas contratas irreales, con las que lo único que queda garantizado es el beneficio de los contratistas y el deterioro de los servicios, con el consiguiente aumento de la suciedad y la falta de higiene en nuestras calles.
Algo así es lo que acaba de hacer Mariano Rajoy con el adelanto por sorpresa de la bajada del IRPF para los próximos seis meses, bajada prevista para 2016, con la que busca reconquistar el voto que ha perdido entre la gente que tiene ingresos y tiene que hacer declaración de la renta, un colectivo, un nicho de votos, que se puede colocar perfectamente en el mapa, precisamente en los distritos más pudientes de las ciudades.
Poco parece importarle a Rajoy que, si la jugada le sale mal, si, finalmente no llega al gobierno en las próximas elecciones, todo ese dinero dejado de ingresar en IRPF va a influir en el déficit de este año, perjudicando la posición frente a Europa y la troika y quién sabe si forzando el mantenimiento o el agravamiento de los recortes que su gobierno aceptó sin rechistar y sin escuchar nuestras quejas para desgracia de los españoles de hoy y los del futuro, para desgracia de los trabajadores, de los parados, de los niños y de los ancianos.
Queda claro que Rajoy gobierna para los suyos, que no son otros, aunque haya quien erróneamente se incluya entre los beneficiarios de su política, que esos miles de ricos que han crecido con esta terrible crisis, abonados y regados con el dolor y el sudor del resto. Rajoy ni siquiera gobierna para su partido que, a veces, como en el caso de Floriano, y no lo lamento, se ve que es de usar y tirar. Don Mariano gobierna para el poder. Sí, para un poder que se alza, incluso, por encima del palacio de La Moncloa, un poder que impone sus tarifas eléctricas, sus rescates bancarios a cambio de nada y a costa del bolsillo de los ciudadanos, un poder que nos vende los misiles que pagamos con lo que deberíamos destinara  hospitales, escuelas y residencias de ancianos, un poder que después de desmantelar o de abandonar los correspondientes servicios en la sanidad pública, ofrece mamografías preventivas a precio de oro, en clínicas privadas que, de no contar con ese encargo, irían a la ruina,
Un poder perfectamente informado, cuando no autor o inspirador, de determinadas decisiones del gobierno, que le permite, por ejemplo, fijar a su antojo las tarifas eléctricas o marcar el precio de los carburantes al margen, incluso, de los mercados. Un poder que ha engordado con cada “no” que se le ha dado a Grecia en Bruselas o Berlín. Un poder que se ha permitido humillar una y otra vez a Tsipras y Varoufakis para, al final, enseñar sus cartas, reconociendo que Grecia no podrá comenzar a pagar su deuda hasta dentro de veinte años y que necesita una quita de cincuenta mil euros en la misma.
Y todo porque, no lo olvidemos, lo que importaba, lo que importa también en España, es que los "sin corbata" queden al margen de este juego perverso, de esta partida, en la que los de siempre juegan con las cartas marcadas.


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martes, 30 de junio de 2015

UN PAÍS SERIO



De que Rajoy es un faltón no debe quedarnos ya ninguna duda. Ayer mismo, en plena ofensiva de los gobiernos del Eurogrupo contra la libertad de los griegos de decidir su destino, nuestro, su, presidente fue más allá de lo que se  atrevió el resto, diciendo junto a Sarkozy que lo de Grecia no puede pasar en España, porque "éste es un país serio", faltando de forma descarada al respeto que deberían merecerle los griegos y su gobierno, como lo merece cualquier socio.
Menos mal que aquí en España sabemos muy bien lo que es la seriedad, lo que es un país serio para este presidente a punto de caducar que tenemos. Supongo que, para Rajoy, un país serio es aquel en que un ayuntamiento más que adeudado, como el de Valencia, compra por un único euro los treinta millones que adeudan quienes organizaron en sus calles una carrera de Fórmula 1 a mayor gloria de los políticos y autoridades que se pasean y se hacen foros por los boxes.
Un país serio debe ser para Rajoy aquel en que su gobierno tarda semanas, por no decir meses, en obedecer las órdenes de un juez que le reclama documentos que no son del ministro de Hacienda sino de todos nosotros. Un país serio debe ser ese en el que todo se prepara para que la causa que investiga los desmanes de un partido que lleva dos décadas financiándose ilegalmente sea juzgada por tres de tres magistrados de ideología afín a la del partido  investigado, de los cuales dos están directamente relacionados con él o con sus dirigentes.
Un país serio debe ser para don Mariano ese en el que quienes una gran parte de quienes consiguen un puesto de trabajo apenas llegan a final de mes. Un país serio debe ser ese en el que muchos niños, demasiados y no precisamente los del barrio de Salamanca, han visto deteriorarse su alimentación, su ropa y su calzado, porque sus padres no tienen o están a punto de perder su trabajo.
Un país serio es ese en el que importa más pagar la deuda contraída durante años por gobernantes no demasiado responsables con bancos sin escrúpulos que, como todos los bancos, cuando pierden la apuesta, colocan lo comprometido en manos de sus estados para que la asuman o la defiendan el resto de ciudadanos. Un país serio es el que permite que se estafe a centenares de miles de ciudadanos a los que se engaña para quitarles los ahorros. Un país serio es también ese en el que las autoridades se conjuran para permitir la salida a bolsa de una banca que nace arruinada muy por encima de su valor, para, entre otras cosas, directivos y amiguetes se forren poniendo a salvo sus paquetes de acciones en las primeras operaciones.
En un país serio,señor Rajoy y esto el va a gustar, no se desvían durante años y durante gobiernos los fondos destinado a la formación a bolsillos privados, aunque sean de amiguetes, ni se amalan los ERE tan necesarios para quienes se van a quedar sin trabajo para "colocar" en ellos a colegas del partido o los sindicatos. En un país serio, señor Rajoy, los responsables, por acción u omisióin, no se parapetan tras sus fueros para que no les alcance la ley o les alcance tarde.
Un país serio debe ser el que se cierra a cal y canto, levantando vallas de alambre y concertinas en sus fronteras africanas para que quienes huyen del hambre, el terror y la injusticia no vengan a perturbar nuestra siesta. Un país serio es el que pone al frente de su ministerio de Defensa a un directivo de la industria armamentística y gasta en misiles lo que no tiene para comedores escolares o residencias de ancianos. Un país serio es el que perdona las deudas a la Seguridad Social y a Hacienda a los clubes de fútbol que gastan millones, que acaban fuera de España, en jugadores que no siempre cuestan lo que valen.
Un país serio, señor Rajoy, no es ese que usted piensa. No es ese país que obedece sumiso directrices que empobrecen y hacen infelices  a sus ciudadanos, dictadas por siniestros personajes que no han sido elegidos democráticamente por ciudadanos de ninguno de los ámbitos sobre los que influyen, sino por los agentes de la gran banca. Un país serio, señor Rajoy no es ese que se suma a una campaña orquestada por la troika, para anatemizar al primer ministro elegido por los griegos y forzar su dimisión, por haber tenido la osadía de rebelarse contra lo que es injusto.
Por el contrario, señor Rajoy, un país serio es el que se levanta contra esa pobreza injusta y contra las imposiciones de quienes la causan, Un país serio, señor Rajoy, hoy por hoy y no hay más que ver los nervios que desata, lo es más Grecia que España.


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lunes, 29 de junio de 2015

¡¡INDIGNANTE!!



Ha sido éste un fin de semana de calor e indignación. Lo del calor es indiscutible. Yo, en todos mis años de vida, no he sentido una asfixia como la de ayer, que invitaba sólo a quedarse quietecito en un rincón, a la sombra y a ser posible cerca del agua y en medio de una brisa, natural o artificial, en tanto llega la noche, aunque, al final, uno no sabe si la larga noche y la obligación de descansar que dicen que conlleva es lo mejor para aliviarse del fuego aquí en la tierra.
Algo así es lo que está pasando en la pérfida Europa, madre desnaturalizada, que abandona a sus hijos cuando no pueden seguirla en el camino. Algo así, insisto, porque uno no sabe que es mejor, el calor del día o el de la noche o el estar en Europa o fuera de ella. Lo cierto es que los ciudadanos griegos, los hijos repudiados de la pérfida Europa han perdido ya tantas cosas que lo único que les queda por perder es el miedo y parece que lo están perdiendo.
Un miedo que deberíamos haber perdido todos hace ya mucho tiempo. Temo repetirme, pero he de recordar una vez más que, si Zapatero hubiese tenido ante el chantaje de la troika el mismo arrojo que tuvo hace diez años y que ahora celebramos, para aprobar los matrimonios entre parejas del mismo sexo. si hubiese tenido el valor de hacer frente al "lado oscuro" que habita en Bruselas, sometiendo a referéndum la reforma del artículo 135 de la Constitución, el que, una vez reformado, nos entregó atados de pies y manos a la troika y sus cuentas  perversas, otro gallo nos cantara y, probablemente, otro gallo les cantara a los griegos.
Todo esto viene a cuento de la abrupta ruptura de las negociaciones entre el Eurogrupo y Grecia sobre el pago de su deuda imposible de pagar, tras una serie de medidas aplicadas por un gobierno sintético y antidemocrático de tecnócratas, impuesto tras la propuesta de referéndum de  Papandreu, que, con sus crueles medidas, llevaron al empobrecimiento y la radicalización de la ciudadanía, expresada con la elección de Tsipras como expresión de la resistencia ante la tiranía europea.
Tal fue la insistencia de la Unión y lo más florido de la derecha y la prensa más conservadora del continente que convirtieron la elección de Tsipras en una especie de anatema ante la posibilidad de contagio en otros países martirizados. Y tal fue la simpatía y la esperanza despertadas por Txiriza entre la izquierda europea, que la actitud de los negociadores de la troika se ha pervertido por la necesidad de humillar, primero al ministro Varoufakis y más tarde al primer ministro Tsipras, para hacerle pagar su insolencia al hacerles frente.
Esto y la creciente sospecha de que alguien se está "forrando" con el tira, afloja y parece que rompe de las negociaciones, me tiene indignado. Y es que no me puedo quitar de la cabeza que gran parte de los ministros de Economía, los que imponen las condiciones a Grecia, los que aceptan o rechazan sus contraofertas, provienen como Luis de Guindos de la banca especulativa mundial, la que compra y vende en función de informaciones más que privilegiadas que les permiten manejar los mercados a su antojo.
Y, para acabar con mis razones para la indignación, no puedo dejar de mencionar  a la prensa o al menos a una gran parte de la prensa, la que, como hizo EL PAÍS ayer domingo, condenan a Grecia a los infiernos por la decisión de su primer ministro de consultar al país las imposiciones de Bruselas.
Quién ha visto y quién ve a quienes se suponen que representan a sus lectores, poniendo en duda la capacidad para decidir su futuro de la ciudadanía griega  Es indignante, muy indignante, que nadie, mucho menos un periódico que se dice independiente, se permita poner en duda uno de los instrumentos de la democracia. Es indignante que los gobiernos y la prensa no defiendan ya a quien se deben, sino a las empresas, a la superestructura capitalista que se han hecho con ellos.


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martes, 3 de marzo de 2015

DE PELOTAS Y TIRANOS


Hace más de medio siglo, cuando en este país era imposible la crítica, salvo que se asumiese que se iba a poner en riesgo la libertad y el pellejo, la realidad se describía mediante metáforas y lo que no se podía contar sobre el país o el gobierno, se insinuaba o se decía abiertamente cambiando los personajes y los escenarios. De ese modo y gracias al ingenio de humoristas como Pablo, España se convertía en una "oficina siniestra", en la que el director general es un tirano, el jefe de personal, un torturador inmisericorde y, ambos, cuentan con la inestimable colaboración de un personajillo miserable y baboso que las más de las veces aparecía dibujado sujeto al jefe con una cadena, como si de un perrillo faldero se tratase.
Pues bien, pasado más de medio siglo aquella oficina siniestra que Pablo usó para pintar la sociedad que criticaba sigue viva, tanto en las oficinas de hoy, en las que sigue habiendo tiranos, torturadores y pelotas -yo que pasé la última etapa de mi vida laboral en una, doy fe de ello- como en cualquiera de las muchas estructuras de poder que tenemos sobre nuestras cabezas. También en la Unión Europea que muy bien podría identificarse con la premonitoria burocracia tenebrosa del genial Pablo.
En esa burocracia tenebrosa, podemos asignar papeles a cada uno de los personajes y el tirano seria tirana y se llamaría Angela Merkel, el torturador muy probablemente lo sería Wolfgang Schäuble, su ministro de Economía, en el papel de miserable pelota encajaría a la perfección el nuestro, Luis de Guindos, al que estos días le está faltando tiempo para criticar y humillar a los griegos, principales víctimas de la crisis económica y política que padecemos los europeos, especialmente los del sur del continente.
Porque no otra cosa que un miserable pelota que, a costa de los griegos, está tratando de labrarse el futuro en lo que eufemísticamente llamamos ahora "las instituciones", es este ministro de Economía que, no lo olvidemos, con sus indefiniciones y mentiras multiplicó el desastre de Bankia con todas sus consecuencias, al tiempo que llenó los bolsillos de todos los especuladores que, como buitres, sobrevolaban el desastre, ansiosos por caer sobre la carroña.
Luis de Guindos ha estado jugando estos días dos partidas distintas. Una contra Podemos, reforzando el mensaje miserable de Rajoy, reclamando a Grecia la parte del rescate que, como cualquier otro país miembro del Eurogrupo, pagamos en metálico o mediante avales, y que no es mucho mayor que el rescate que recibimos de Bruselas para nuestra banca, especialmente para Bankia, reconocido hoy mismo en la SER por su actual presidente, José Ignacio Goirigolzarri, partida en la que el objetivo final ni siquiera sería recuperar ese dinero, sino hacer fracasar a Tsyriza, el partido elegido por los griegos, para minimizar las expectativas electorales de Podemos.
Y a fe que, en esa partida, De Guindos se ha empleado a fondo. Tanto, que el primer ministro griego, Tsipras se ha quejado públicamente de la dureza de los representantes de España y Portugal, por haber sido quienes se emplearon más a fondo en la negociación con Atenas. Pero no sólo eso, porque ayer comenzó una nueva partida, no sé si llevado por su alma especuladora de los tiempos de Lehman Brothers y buscando una recolocación para cuando deje el gobierno, que lo dejará pronto, se sacó de la manga, o quizá de la indiscreción, una ampliación del rescate a Grecia que tuvo que ser inmediatamente desmentido por Bruselas.
En fin, tenemos en Luis de Guindos nuestro pelota número *******, encargando a la perfección al personaje de Pablo en su oficina siniestra, alguien siempre dispuesto a denunciar y humillar al débil o a quien está en dificultades, en tanto que se arrastra a los pies del tirano, a la espera de que le llegue el hueso que le hace la boca agua.


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viernes, 6 de febrero de 2015

DESPERTAR DE PESADILLA


Utilizo para despertarme cada mañana una radio sintonizada con el informativo que escucho desde hace décadas. El aparatito se conecta unos minutos antes de las ocho y últimamente, desde el lunes, lo hace con la voz de Rajoy, diciéndole a alguien, diciéndome a mí, diciendo a los oyentes, que todo va bien y que va a ir mucho mejor. Hoy, Rajoy en persona, en esos segundos en que paso del sueño a la realidad me ha dicho que han hecho tan bien las cosas como para bajarnos los impuestos desde el pasado mes de enero y para reorganizar las tablas del IRPF ¡Qué hermoso despertar! He estado a punto de creérmelo. Menos mal que aún quedaban unos minutos del informativo local, el que habla de las cosas más cercanas y en esos minutos he podido enterarme de que los jueces de instrucción de la Plaza de Castilla reconocen que son ciertas las quejas de los funcionarios, que protestan por la insalubridad de sus puestos de trabajo y porque no se cubren las bajas, lo que acaba desembocando en una carga de trabajo inasumible, con el consiguiente retraso en las causas que tramitan. Y no sólo eso, a continuación he escuchado a un responsable del Hospital Ramón y Cajal respondiendo a las enfermeras de urgencias del centro que habían presentado una demanda, probablemente en uno de los juzgados de la Plaza de Castilla, describiendo la falta de recursos y de personal que está sufriendo el departamento y que pone en riesgo la salud y la vida de los enfermos. La respuesta a la que aludo podría haberla dado el ex consejero de Sanidad, famoso por llegar comido y con ganas de gresca al cargo.
La "cuña", que es como llamamos los que trabajamos en la radio a los anuncios, siguiendo la "moda" impuesta por Rajoy, va firmada con uno de esos eufemismos que tanto le gustan: "populares" Se ve que les da reparo usar su verdadero nombre, Partido Popular, tan denostado y, en los últimos tiempos, tan asociado a los juzgados por una corrupción que les permitía, entre otras cosas, invertir el botín de sus saqueos en campañas como esta que uno no sabe si son del gobierno o del partido, pero que, con el adoctrinamiento de los convencidos y  tratando de engañar a las almas inocentes aún dispuestas a creerles, pretenden marcar las diferencias con el resto de partidos, entrando en un limbo legal en el que sus anuncios no podrían considerarse, no sé si su importe, como campaña electoral, que estaría sometida a control.
Pero no es ésta la única campaña llevada a cabo por el partido que, en España, se identifica con la mayoría que gobierna Europa, que "elige" a la troika y que ha colocado a Mario Draghi, coautor de la tragedia griega, al frente del Banco Central Europeo. También consigue apoyos dese Bruselas, donde la Comisión Europea mejora las expectativas de crecimiento de España, en un momento en el que el paro sigue subiendo en nuestro país, sin destacar que lo único que las mejora es la bajada del precio del petróleo y que el paro seguirá creciendo, algo que Rajoy no ha tardado en colgar en su pecho como una medalla.
Y, simultáneamente, la misma comisión, dando muestra de su total desprecio por la democracia, pone en marcha la voladura controlada del gobierno griego y las ilusiones de los griegos, cerrando el grifo del crédito a los bancos helenos, para colapsar los planes de Syriza y, si es posible, de  paso provocar malestar y revueltas, dificultando el pago de la nómina de los funcionarios, aunque de momento, lo único que han conseguido ha sido un reforzamiento de la fe de los griegos en su gobierno expresada ayer tarde en una concentración, por primera vez sin alambradas ni antidisturbios, ante el Parlamento en Atenas.
Un gesto, los dos, mejor dicho, el de colocar la medalla en el pecho de Rajoy y el de segar la hierba bajo los pies de Tsipras, que, a mi modo de ver, tienen un único significado: el de sembrar de piedras el camino de Podemos en España o el de cualquier nueva izquierda en Europa para que la UE, el enorme chiringuito en que la derecha, ha transformado el sueño europeo, se transforme o cambie de manos.
Pesadillas al despertar, pesadillas que tengo por no haber perdido la costumbre de informarme desde que me levanto y, sobre todo, de no creerme todo lo que me cuentan.



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