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martes, 30 de junio de 2015

UN PAÍS SERIO



De que Rajoy es un faltón no debe quedarnos ya ninguna duda. Ayer mismo, en plena ofensiva de los gobiernos del Eurogrupo contra la libertad de los griegos de decidir su destino, nuestro, su, presidente fue más allá de lo que se  atrevió el resto, diciendo junto a Sarkozy que lo de Grecia no puede pasar en España, porque "éste es un país serio", faltando de forma descarada al respeto que deberían merecerle los griegos y su gobierno, como lo merece cualquier socio.
Menos mal que aquí en España sabemos muy bien lo que es la seriedad, lo que es un país serio para este presidente a punto de caducar que tenemos. Supongo que, para Rajoy, un país serio es aquel en que un ayuntamiento más que adeudado, como el de Valencia, compra por un único euro los treinta millones que adeudan quienes organizaron en sus calles una carrera de Fórmula 1 a mayor gloria de los políticos y autoridades que se pasean y se hacen foros por los boxes.
Un país serio debe ser para Rajoy aquel en que su gobierno tarda semanas, por no decir meses, en obedecer las órdenes de un juez que le reclama documentos que no son del ministro de Hacienda sino de todos nosotros. Un país serio debe ser ese en el que todo se prepara para que la causa que investiga los desmanes de un partido que lleva dos décadas financiándose ilegalmente sea juzgada por tres de tres magistrados de ideología afín a la del partido  investigado, de los cuales dos están directamente relacionados con él o con sus dirigentes.
Un país serio debe ser para don Mariano ese en el que quienes una gran parte de quienes consiguen un puesto de trabajo apenas llegan a final de mes. Un país serio debe ser ese en el que muchos niños, demasiados y no precisamente los del barrio de Salamanca, han visto deteriorarse su alimentación, su ropa y su calzado, porque sus padres no tienen o están a punto de perder su trabajo.
Un país serio es ese en el que importa más pagar la deuda contraída durante años por gobernantes no demasiado responsables con bancos sin escrúpulos que, como todos los bancos, cuando pierden la apuesta, colocan lo comprometido en manos de sus estados para que la asuman o la defiendan el resto de ciudadanos. Un país serio es el que permite que se estafe a centenares de miles de ciudadanos a los que se engaña para quitarles los ahorros. Un país serio es también ese en el que las autoridades se conjuran para permitir la salida a bolsa de una banca que nace arruinada muy por encima de su valor, para, entre otras cosas, directivos y amiguetes se forren poniendo a salvo sus paquetes de acciones en las primeras operaciones.
En un país serio,señor Rajoy y esto el va a gustar, no se desvían durante años y durante gobiernos los fondos destinado a la formación a bolsillos privados, aunque sean de amiguetes, ni se amalan los ERE tan necesarios para quienes se van a quedar sin trabajo para "colocar" en ellos a colegas del partido o los sindicatos. En un país serio, señor Rajoy, los responsables, por acción u omisióin, no se parapetan tras sus fueros para que no les alcance la ley o les alcance tarde.
Un país serio debe ser el que se cierra a cal y canto, levantando vallas de alambre y concertinas en sus fronteras africanas para que quienes huyen del hambre, el terror y la injusticia no vengan a perturbar nuestra siesta. Un país serio es el que pone al frente de su ministerio de Defensa a un directivo de la industria armamentística y gasta en misiles lo que no tiene para comedores escolares o residencias de ancianos. Un país serio es el que perdona las deudas a la Seguridad Social y a Hacienda a los clubes de fútbol que gastan millones, que acaban fuera de España, en jugadores que no siempre cuestan lo que valen.
Un país serio, señor Rajoy, no es ese que usted piensa. No es ese país que obedece sumiso directrices que empobrecen y hacen infelices  a sus ciudadanos, dictadas por siniestros personajes que no han sido elegidos democráticamente por ciudadanos de ninguno de los ámbitos sobre los que influyen, sino por los agentes de la gran banca. Un país serio, señor Rajoy no es ese que se suma a una campaña orquestada por la troika, para anatemizar al primer ministro elegido por los griegos y forzar su dimisión, por haber tenido la osadía de rebelarse contra lo que es injusto.
Por el contrario, señor Rajoy, un país serio es el que se levanta contra esa pobreza injusta y contra las imposiciones de quienes la causan, Un país serio, señor Rajoy, hoy por hoy y no hay más que ver los nervios que desata, lo es más Grecia que España.


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domingo, 16 de junio de 2013

NUESTRO SILENCIO HA SIDO SU FUERZA

 
 
Vivimos tiempos desasosegantes en los que, a menudo, uno tiene la sensación de que nunca le dicen ni le dirán toda la verdad. Como para muchos hijos de mi tiempo, para mí Europa fue un sueño en la distancia que, una vez alcanzado, garantizaría la democracia, el bienestar y, por qué no, también la riqueza para España. Y, de hecho, al principio fue así. Recuerdo, por ejemplo, haber dado a posteriori la razón a Felipe González, que nos vendió la entrada en la OTAN como un mal menor y necesario para alcanzar el sueño de formar parte de Europa.   
Quién me iba a decir que el verdadero mal estaba en la misma Europa, en esto que ha acabado por ser Europa que tan lejos queda ya de aquella Europa soñada. Recuerdo con qué sentimiento de orgullo, de pertenecer a un club de prestigio llevé en mi cartera aquellos primeros euros. Y qué decir de aquel primer pasaporte de ciudadano de la Unión Europea que permitía aterrizar con privilegios en casi  cualquier rincón de Europa, qué sensación la de no tener que dar explicaciones por tu viaje ni tener que mostrar tu dinero para que te dejasen pasar.
Un espejismo. Aquellos sueños son ahora un espejismo, porque en Europa, como en todo selecto club que se precie, hay una élite que dicta las normas y pone las condiciones para ingresar o seguir perteneciendo a él. Aquellos primeros tiempos, en los que ser carne de mercado y mano de obra barata se compensaba con la llegada de infraestructuras y fábricas, están ya muy lejanos, porque, como los carteristas en el metro, otros políticos que ya no han sido González y Kohl han repartido nuestro futuro en negociaciones que ya no tienen nada que ver con la transparencia ni la lealtad de entonces, y nos han hecho poner la atención en otra cosa, mientras que con sigilo nos levantaban la cartera.
Del sueño que un día fue Europa, apenas queda nada. Esta Europa que añoro sin haber llegado a disfrutarla del todo ha sido tomada al asalto por el capitalismo más cruel y salvaje ese que no quiere fábricas ni edificios, el que compra empresas y países para vaciarlos de cualquier riqueza y, como el letal parásito que es, una vez agotada la vida en ellos, salta con toda la vida y la energía robadas al cuerpo de una nueva víctima.
Es una nueva forma de colonialismo sin bandera ni metrópoli que, como el místico asesino que fue el rey Leopoldo de Bélgica, buscan sus congos en los países que pierden el paso en la dura marcha que impone Alemania en Europa. Lo viene a decir el sociólogo portugués Boaventura de Sousa en una interesante entrevista que hoy publica Público.es. Conviene reflexionar sobre lo que dice. Aún queda tiempo para poner fin a esta pesadilla. Aún tenemos la fuerza de nuestro voto y tenemos que aprender a usarlo. Dentro de poco habrá elecciones al Parlamento Europeo y Esperanza Aguirre, adalid de este maldito neoliberalismo ya nos dejó claro que querría verlo desaparecer. Tenemos que hacer justo lo contrario de lo que la condesa predica. Quienes creemos en un mundo más justo y solidario tenemos que ser fuertes en Europa. Y nuestra abstención, nuestro silencio, han sido hasta ahora su fuerza.
 
 
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lunes, 18 de junio de 2012

¿QUÉ LES PASA A LOS GRIEGOS?



La verdad, uno tendría derecho a pensar que los griegois se han vuelto locos. Cierto es que llevan ya demasiado tiempo pasándolo mal. También que cuando uno está en lo más profundo de un túnel tiende a moverse hacia cualquier luz, por ténue que sea, porque esa luz se convierte en la promesa de que camina hacia la salida de su calvario.
Por eso, porque creen que con el conservador Samaras caminan hacia la salida del negro túnel en el que están, una gran parte de los griegos han votado a us partido, sin atender a la memoria que les advertía una y otra vez de que fue Samaras quien, con el falseamiento de las cuentas del país para entrar en el euro, primero, y con su oposición al primer intento de aceptación del rescate que proponía el partido de Papandreu, después, llevó al país al lugar en el que está, ayudado, claro está, por el "buen hacer" de los correligionarios europeos nuestro Partido Popular.
Entonces cabe preguntarse qué es lo que ha pasado para que los griegos acaben lamiendo la mano que les castiga ¿Se han vuelto locos, han perdido la dignidad? Me temo que no. Me temo que lo que ha pasado es que a los griegos se les ha hecho creer que cumplían el papel de último fortín en la defensa del euro y de la desastrosa política económica -no se asume, pero resulta obvio- de esta Europa cobarde y avara.
No hay más que ver con qué saña se ha empleado la `prensa que, más que informar de ella, con sus profecías auto cumplidas, sus rumores y, muchas veces, sus falsedades, está gestionando la peor de las crisis por que a atravesado el cansado continente tras la Segunda Guerra Mundial. Grecia ha sido el pim pan pum al que no sólo ha bastado con culpar de todos los males propios y ajenos, sino que, además,  se le ha amenazado con las tinieblas si se atrevía a discutir la dudosa autoridad, moral al menos, de quienes con una tozudez digna de mejor empeño viene arrastrando a los países del euro hacia el desastre.
Toda la prensa anda hoy diciendo que el resultado de las elecciones griegas ha sido el mejor de los posibles. Incluso desde Berlín se comienza a mirar a los griegos con compasión, lo que, después de haberlos tratado como escoria, no deja de ser positivo. Yo, sin embargo, creo que el chantaje ejercido sobre los votantes griegos es un mal precedente para países en dificultades y mucho me temo que no tardaremos en comprobarlo.
De momento, encientro demasuados puntos en común entre el PP español y Nueva Democracia



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viernes, 22 de julio de 2011

MUROS, GRIETAS Y CUCARACHAS

Acabo de escuchar a la vicepresidenta Salgado referirse al acuerdo alcanzado ayer en Bruselas como un grueso muro que nos defenderá de las agencias de calificación de riesgo. No es una mala metáfora si consideramos que es el grosor de los muros y no los materiales de que están construidos o el lugar en que se colocan lo que determina su resistencia.
Sin embargo, lo que resulta evidente es que hubiese resultado más eficaz haber construido el muro de este grosor hace ya muchos meses, cuando el agua aún no nos llegaba a los tobillos, evitando así que la fuerza de la corriente se llevase la argamasa que poníamos en él y gran parte del terreno que pretendíamos salvar.
Es lo que pasa cuando se construye con racanería. Al final lo que construimos no tiene la resistencia requerida y tenemos que pagar dos obras: la primera, ineficaz y mal resuelta, y la de ahora, más difícil de llevar a cabo y más cara.
No es mala la metáfora de la ministra de Economía, porque ese conjunto de especuladores que hemos dado en llamar mercados, pese a que los especuladores son sólo una parte de los actores y no todo el escenario, se comporta como una riada en la que el agua mansa que constituyen individualmente los fondos de pensiones o el dinero que pedimos al banco que nos coloque a este o aquel interés, cuando cae en manos de, ahora sí, los malvados especuladores, se transforma en ese torrente que, al encontrar sacos terreros en el boquete de Grecia, busca otras grietas en Irlanda, Portugal, España o Italia, por las que aflorar con violencia.
Algo así es lo que viene ocurriendo desde hace dos años y ni siquiera sé si la de ayer será la solución definitiva. Ojalá sea así y las cucarachas que son las agencias de "rating" se ahoguen en el agua mansa de un euro unido y fuerte y no sigan buscando agujeros por los que pasar al otro lado, agujeros por los que les seguiría el torrente. Y es que las agencias, por seguir con las metáforas, son como esas cucarachas que, de repente, aparecen una noche en nuestras cocinas y nos vuelven aprensivos para siempre. Y no quiero contaros en que nos convierte si el que ve la cucaracha en nuestra cocina es de fuera de casa.

miércoles, 13 de julio de 2011

NOSTALGIA



No hay más que ver la americana que lleva Felipe en la foto para caer en la cuenta de que eran otros tiempos. Eran, pese a la chaqueta, tiempos de grandeza, de solidaridad y de sueños, tiempos en los que la marca Europa se anteponía a cualquier otra marca nacional o ideológica. La sincera colaboración entre el joven socialista español y el viejo conservador alemán, que devino en sólida amistad alimentó nuestra fe en Europa y nos hizo creer que dejábamos atrás siglos de vivir a espaldas de nuestros de continente.
Quizá por ellos, los españoles nos convertimos en los más entusiastas de la idea de Europa. Gracias a nuestros nuevos socios nuestro país tuvo acceso a infraestructuras que hasta entonces habían sido un sueño y aceptamos más o menos de buen grado que, de la noche a la mañana, nos cobrasen por un café las 166 pesetas de un euro, frente a las 100 que costaba antes. Adorábamos Europa y el hecho de ser europeos. Hoy, difícilmente diríamos lo mismo si nos preguntasen por nuestra fe en Europa.
Kohl tuvo arrojo suficiente como para aprovechar el desmoronamiento de los regímenes del Este para plantear la reunificación de Alemania, un proceso costoso y arriesgado, en el que se arriesgaban las proverbiales estabilidad y riqueza alemanas a cambio de un sueño perseguido durante medio siglo.
Habría que saber qué diría hoy el viejo canciller ante los desmanes teñidos de egoísmo y cortedad de miras de quien ocupa hoy la cancillería alemana y pretende liderar Europa con escaso éxito, qué diría de Ángela Merkel, una mujer que, pese a proceder de la Alemania del Este y a militar en el mismo partido que pilotó Kohl, tiene tan poco que ver con la grandeza -y no sólo física- tiene tan poco que ver con él.
Dónde están aquellas largas reuniones de los líderes europeos que no se levantaban hasta tener una solución. Qué poco tienen que ver con los simulacros de hoy que apenas consiguen calmar durante unas horas la ansiedad de quienes sienten el peso de un futuro hipotecado como consecuencia de la falta de coraje de sus gobernantes.
Hoy, esos intentos de acuerdo, sin voluntad de conseguirlo, que acaban siempre en aplazamientos que alimentan la voracidad de quienes especulan contra el euro y las economías del sur de Europa, aunque a veces el Sur, como ocurre con Irlanda, haya que buscarlo en el Norte. Es más, uno podría llegar a pensar que, como los pescadores de caña, buscan, con ese tira y afloja, que el anzuelo se clave firme e irremediablemente en nuestra boca.
No sé si ahora echo de menos aquellos días como también echo de menos aquella primera vez que leí a Camus. El caso es que, ante tanta mediocridad y tanta miseria de pensamiento, hoy siento nostalgia, una dulce y, a la vez, amarga nostalgia.