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jueves, 2 de julio de 2015

COMPASIÓN Y CINISMO



Resulta muy conmovedor ver a los gerifaltes de la troika preocupándose por los pobres pensionistas griegos, "martirizados" por el "corralito" que, en los últimos días, está limitando su acceso a las pensiones y obligándoles a hacer largas colas, no siempre con resultados, para poder cobrar tan sólo ciento veinte euros de la misma. Me encanta ver al frío De Guindos afectado por el destino de los abuelitos y no tan abuelitos pensionistas, a los que él y sus colegas han recortado sus pensiones en Bruselas, a veces hasta dejarlas en la mitad. Me encanta.
Es el cinismo de los poderosos, el de quienes se quejan de que haya que pagar subsidios a los parados y se gastan en la comida de su mascota  lo que solucionaría la dieta de una familia sin ingresos. No hay más que verles y oírles para ver de qué van. No hay más que asistir al lamentable espectáculo de un Jean Claude Juncker disimulando con chistes y chascarrillos ante la prensa la trágica situación en que la intransigencia de banqueros y funcionarios ha dejado a los ciudadanos griegos.
Compasivo o no, lo que predomina en la actitud de lo que llamamos Europa es el cinismo, porque qué hace, si no, David Cameron preocupándose por la salida de Grecia del euro, cuando está al frente del gobierno de un país, el Reino Unido, que nunca ha querido integrarse en la moneda única y que, cada dos por tres, más si hay elecciones a la vista, se plantea su salida de la Unión Europea.
Preocupante es el cinismo de los conservadores y socialdemócratas que gobiernan Europa, exigiendo a Tsipras, que lleva sólo cinco meses en el gobierno, la liquidación de una deuda de décadas, los que lleva Grecia en la Unión, la misma deuda que nunca exigieron a los anteriores que le antecedieron, conservadores, socialdemócratas o de tecnócratas, una deuda originada tras la entrada, probablemente irresponsable de Grecia en la UE, irresponsable, tanto por parte de la UE, como por parte de los viejos dirigentes griegos, todos con los mismos apellidos, emparentados entre sí, tanto en la derecha como en la socialdemocracia.
A Alemania no le importó nunca que las cuantas de aquellos gobiernos estuvieran falseadas. No le importó, mientras como una sanguijuela vivió aferrada a la piel de los griegos, succionándoles la riqueza que no tenían, vendiéndoles carísimos, automóviles, electrodomésticos, maquinaria o carros de combate, que poco a poco iban engrosando esa deuda cuya liquidación exigen hoy.
No importaba que el gasto en defensa que hoy obligan a reducir, fuese inasumible. Entonces Grecia era, irónicamente junto a su incómodo vecina, Turquía, la llave que cerraba la frontera de la OTAN en el sureste europeo, una posición hoy devaluada con la incorporación a la Alianza de los países del este europeo.
Grecia no es ya el socio consentido y no lo es por todas esas circunstancias y porque Grecia es el primer país de la Unión que se ha recelado en las urnas contra la tiranía de la troika, eligiendo para su gobierno una alianza de partidos, para lo que lo que más importa son los ciudadanos. Y ese es el quid de la cuestión: que Grecia se ha convertido en la molesta garrapata que podría extender su ejemplo en el sur de Europa, especialmente en España, donde Podemos guarda muchas similitudes con Txiriza.
Y, si esto llegase a suceder, si Tsipras "se saliese con la suya", si no acabase humillado y repudiado por su gente, podría extenderse la plaga, convirtiendo la UE en ingobernable, lejos de los tejemanejes de ese bipartidismo sistémico que ha puesto las instituciones europeas al servicio de la gran banca especulativa y que ha olvidado para siempre los valores que inspiraron el Tratado de Roma.
Por eso, porque está claro que lo que pretende la troika es aplastar a Tsipras y acabar con la esperanza de una Europa más justas, me indigna el cinismo de los dirigentes europeos, empeñados en asfixiar al gobierno griego, utilizando como rehenes a esos pensionistas a los que llevan años aplastando y de los que, ahora, cínicamente se compadecen.


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lunes, 29 de junio de 2015

¡¡INDIGNANTE!!



Ha sido éste un fin de semana de calor e indignación. Lo del calor es indiscutible. Yo, en todos mis años de vida, no he sentido una asfixia como la de ayer, que invitaba sólo a quedarse quietecito en un rincón, a la sombra y a ser posible cerca del agua y en medio de una brisa, natural o artificial, en tanto llega la noche, aunque, al final, uno no sabe si la larga noche y la obligación de descansar que dicen que conlleva es lo mejor para aliviarse del fuego aquí en la tierra.
Algo así es lo que está pasando en la pérfida Europa, madre desnaturalizada, que abandona a sus hijos cuando no pueden seguirla en el camino. Algo así, insisto, porque uno no sabe que es mejor, el calor del día o el de la noche o el estar en Europa o fuera de ella. Lo cierto es que los ciudadanos griegos, los hijos repudiados de la pérfida Europa han perdido ya tantas cosas que lo único que les queda por perder es el miedo y parece que lo están perdiendo.
Un miedo que deberíamos haber perdido todos hace ya mucho tiempo. Temo repetirme, pero he de recordar una vez más que, si Zapatero hubiese tenido ante el chantaje de la troika el mismo arrojo que tuvo hace diez años y que ahora celebramos, para aprobar los matrimonios entre parejas del mismo sexo. si hubiese tenido el valor de hacer frente al "lado oscuro" que habita en Bruselas, sometiendo a referéndum la reforma del artículo 135 de la Constitución, el que, una vez reformado, nos entregó atados de pies y manos a la troika y sus cuentas  perversas, otro gallo nos cantara y, probablemente, otro gallo les cantara a los griegos.
Todo esto viene a cuento de la abrupta ruptura de las negociaciones entre el Eurogrupo y Grecia sobre el pago de su deuda imposible de pagar, tras una serie de medidas aplicadas por un gobierno sintético y antidemocrático de tecnócratas, impuesto tras la propuesta de referéndum de  Papandreu, que, con sus crueles medidas, llevaron al empobrecimiento y la radicalización de la ciudadanía, expresada con la elección de Tsipras como expresión de la resistencia ante la tiranía europea.
Tal fue la insistencia de la Unión y lo más florido de la derecha y la prensa más conservadora del continente que convirtieron la elección de Tsipras en una especie de anatema ante la posibilidad de contagio en otros países martirizados. Y tal fue la simpatía y la esperanza despertadas por Txiriza entre la izquierda europea, que la actitud de los negociadores de la troika se ha pervertido por la necesidad de humillar, primero al ministro Varoufakis y más tarde al primer ministro Tsipras, para hacerle pagar su insolencia al hacerles frente.
Esto y la creciente sospecha de que alguien se está "forrando" con el tira, afloja y parece que rompe de las negociaciones, me tiene indignado. Y es que no me puedo quitar de la cabeza que gran parte de los ministros de Economía, los que imponen las condiciones a Grecia, los que aceptan o rechazan sus contraofertas, provienen como Luis de Guindos de la banca especulativa mundial, la que compra y vende en función de informaciones más que privilegiadas que les permiten manejar los mercados a su antojo.
Y, para acabar con mis razones para la indignación, no puedo dejar de mencionar  a la prensa o al menos a una gran parte de la prensa, la que, como hizo EL PAÍS ayer domingo, condenan a Grecia a los infiernos por la decisión de su primer ministro de consultar al país las imposiciones de Bruselas.
Quién ha visto y quién ve a quienes se suponen que representan a sus lectores, poniendo en duda la capacidad para decidir su futuro de la ciudadanía griega  Es indignante, muy indignante, que nadie, mucho menos un periódico que se dice independiente, se permita poner en duda uno de los instrumentos de la democracia. Es indignante que los gobiernos y la prensa no defiendan ya a quien se deben, sino a las empresas, a la superestructura capitalista que se han hecho con ellos.


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