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jueves, 24 de enero de 2013

PÍCAROS DEL SIGLO XXI

 
 

Si hacemos caso de toda la sabiduría encerrada en los clásicos, deberíamos estar muy preocupados, porque, sin ir más lejos, en uno de los episodios de "La vida de Lazarillo de Tormes" nos enseña cómo se perdona al tramposo cuando la trampa que hacemos es mayor o más beneficiosa que la suya. Es el pasaje en el que Lázaro, aún niño, comparte un racimo de uvas con el ciego y, sin al parecer venir a cuento, éste le golpea por comerse las uvas de tres en tres y, cuando el muchacho, extrañado de que se diera cuenta, le pide explicaciones, el ciegos justifica el castigo explicándole que supo que las comía de tres en tres, porque él las comía de dos en dos y Lázaro callaba.

Ese es el drama, consentimos los pequeños pillajes, porque, de alguna manera, en folios, en bolígrafos, en cañas y copas, en horas de trabajo escaqueadas, también nosotros rapiñamos. Por eso, cuando alguno de estos pícaros del siglo XXI, sin la magia y la gracia de los del XVI, es sorprendido comiéndose dos uvas, debemos echarnos a temblar pensando en los que, aún por descubrir, se las comen de tres en tres de cuatro en cuatro.

Hoy se publica que el consejero López Viejo, la primera "víctima" del caso Gürtel, que fue cesado por Esperanza Aguirre, me temo que más por torpe que por corrupto, tenía un millón y medio de euros en una cuenta en un banco suizo que, oh casualidad, eran los ahorros de su esposa que fueron regularizados y repatriados el año pasado. López Viejo, Ignacio González y Luis Bárcenas, todos del PP y todos casados, tienen esposas solventes que acarean millones a Ginebra o ponen la pasta para pagar un ático de lujo en una urbanización de nombre, cuando menos, hortera. A este paso habrá que cambiar la liturgia del matrimonio y añadir a eso de "en la salud y la enfermedad" algo parecido a "en Marbella y en Ginebra".

Estos son los grandes pícaros que se comen las uvas de tres en tres y de cuatro en cuatro y lo hacen con una cierta tranquilidad porque hay otros que, como Carlos Mulas, director de la fundación Ideas, la FAES del PSOE, Santiago Cervera, el tránsfuga de la muralla de Pamplona, o Eduardo Villanueva, el concejal de Nuevas Tecnologías de Burgos, que se gastó 200.000 euros públicos en descargas a su móvil, se las vienen comiendo de dos en dos y, aunque, al contrario que el amo de Lázaro, ven, no están interesados en contar.

El primero que he citado y último en llegar al club, era un brillante economista, cargado de títulos y muy próximo a la cúpula socialista. Tanto que participó en la redacción de los capítulos económicos de los programas con que concurrió el PSOE a las dos últimas elecciones generales y fue subdirector de la Oficina Económica, que no barata, de la Presidencia del Gobierno. Pues bien, este brillante economista, director del laboratorio de ideas socialista y con un evidente futuro, pese a que en la debacle electoral de Rubalcaba se quedó a las puertas del Congreso, se ha dejado "pringar" por los 50.000 euros que ha cobrado una carísima colaboradora de Ideas, Amy Martín, a la que nadie conocía y que ha resultado ser él mismo, lo que ha obligado a su mentor, Jesús Caldera, a cesarle y reclamarle la pasta cobrada por su imaginaria colaboradora.

Como veis, en este caso se mezclan literatura y cine, el Lazarillo y la adaptación cinematográfica de la novela Psicosis, en la que el tímido Norman Bates (Tony Perkins) cometía sus crímenes asumiendo la personalidad de su madre.

En resumen, nuevos pícaros, los del siglo XXI, practicando la vieja picaresca del Siglo de Oro, en la que los trapicheos de unos encubren y consienten otros trapicheos menores que, al final, pagamos todos.

 
 

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martes, 11 de diciembre de 2012

LA "INOCENCIA" DE CERVERA

 
 

Lo poco que conocemos con certeza del "caso Cervera" nos da alas para imaginar historias fantásticas o no sobre las últimas horas del diputado, no ya en el cargo, sino en su vida. Sin embargo y si nos atenemos a los hechos ciertos, no podemos sino concluir estos son muy simples y no dejan muy bien a su ya ex señoría.

Lo único que queda claro es que, sea cual sea la verdad, la conducta de Cervera ha sido tan candorosa como irresponsable, tanto, que cabría perfectamente en cualquiera de las aventuras de la divertida Pantera Rosa. Y los únicos hechos comprobados, que se sepa, es que el presidente de Caja Navarra recibe un correo planteándole la entrega de dinero a cambio de silenciar una información presuntamente comprometedora y presenta denuncia ante la Guardia Civil, algo que apunta a que no debiera haber mucho que esconder, y es la Guardia Civil la que propone tender una trampa al autor del chantaje que muerde el anzuelo y resulta ser el tránsfuga de UPN en el PP Santiago Cervera. Hasta aquí lo evidente. Y, de seguir los consejos de la gente sabia y experimentada, lo evidente suele ser la verdad o parte importante de la verdad, porque las cosas suelen ser tan simples como parecen.

No sé por qué Cervera y su abogado se empeñaron en parar el asunto una vez detenido el diputado, porque Cervera debiera haber tenido en cuenta que la detención de un diputado en una actitud tan poco edificante le iba a ser comunicada inmediatamente al ministro del ramo, Fernández Díaz, y. del palacete de Castellana a la Calle Génova hay cinco minutos andando. No sé por qué ese empeño en taparlo, porque ya se sabe que la excusa no pedida es una acusación manifiesta. Y si poco edificante ha sido el comportamiento primero de Cervera y su abogado, no mucho más lo ha sido el de algún medio, como EL PAÍS, que tardó horas en hacerse eco de la historia una vez conocida y que, cuando lo ha hecho parece haberse empeñado en lavar la cara del diputado, presentado como víctima si no como héroe.

Insisto, mientras no me demuestren lo contrario, las cosas seguirán siendo como parecen. Y no me vale la filtración, bastantes horas después del estallido del asunto, del texto del correo electrónico con el que Cervera, según cuenta, trató de ponerse en contacto con ese anónimo interlocutor que, según él le habría ofrecido hacerle llegar una interesante información sobre Caja Navarra y sus fusiones, dejándola en un sobre en las murallas de Pamplona. Hasta aquí, perfecto, si el correo no ha sido manipulado y fue enviado en la fecha que dice, sólo probaría que envió el correo en la fecha y hora que dice, pero qué pasa con el otro correo, el que le convocaba en las murallas, dónde está y por qué no lo enseña también.

Otro asunto colateral pero importante es la reacción del PP, convenientemente informado del asunto por Jorge Fernández Díaz, y raudo a la hora de dejar caer al diputado cazado para quien ya se preparaba un expediente. Enseguida han surgido las comparaciones: por qué a este sí y a los demás no, por qué la mitad de los escaños del parlamento valenciano y muchos otros en otras autonomías están ocupados por imputados y a Cervera no se le ha dado la más mínima oportunidad. La respuesta es también muy simple. Los imputados con escaño trabajaban por una causa tan noble como Gürtel y el PP y Cervera, de confirmarse lo que hasta ahora parece evidente, iría por libre.

Por más que se empeñen los medios en buscar algo ejemplar en las últimas horas de Cervera, dudo que lo encuentren, porque, en el mejor de los casos, tendríamos a un personaje intrépido y candoroso que había escalado muy rápido a la cúpula del PP. Y ese, como dice mi amigo Cabrera, tiene más peligro que un mono con un saco de bombas. La "inocencia" del ya ex diputado Cervera es tal que, si hubiese esperado al 28 de diciembre para contar su historia increíble, hubiese encontrado un marco más adecuado
 

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lunes, 10 de diciembre de 2012

SU SEÑORÍA Y LA TRAMPA

 
 

Cada día mis viejos compañeros se encargan de despertarme con algún nuevo sobresalto. También hoy en que todo apuntaba a que la semana iba a ser clave en escenarios como, Italia, Venezuela t, claro, España. Todo bajo control y todo perfectamente previsible, hasta que la habitual Revista de Prensa ha arrancado en un escenario inesperado y con munición de la gruesa, porque munición gruesa es que un diputado, secretario además del Congreso, el popular Santiago Cervera, haya sido detenido al recoger el sobre que el presidente de Caja Navarra, por consejo de la Guardia Civil, había ocultado en las murallas de Pamplona para "dar caza" al anónimo autor de un intento de chantaje al banquero, al que había amenazado con revelar un presunto enriquecimiento irregular.

Santiago Cervera, alto, buen mozo y médico especializado en Dirección de Servicios Sanitarios, alcanzó en UPN y con Miguel Sanz como presidente, la Consejería de Salud del Gobierno Navarro. Para, más tarde, tras su fuga de Unión del Pueblo Navarro hacia las filas del PP, convertirse en un brillante diputado, secretario del Congreso de los Diputados que es, además, habitual en alguna que otra tertulia radiofónica.

Al parecer Cervera explicó a la Guardia Civil que había sido víctima de una trampa, algo evidente sea cual sea el final de la historia, y sin serle tomada declaración, dada su condición de aforado, fue puesto en libertad. No me quiero ni imaginar la cara de sorpresa de los agentes cuando descubrieran la identidad del detenido, pero debió ser de libro. Tampoco puedo imaginarme por qué tanto silencio en quien pasa por hábil y brillante orador. Dice que lo mantiene por consejo de su abogado, pero, en mi inocencia, pienso que lo mejor sería explicar cuanto antes su presencia en el lugar de a cita, si es que tal presencia tiene explicación, claro.

Asunto chusco donde los haya, el del paseo de Cervera por las murallas de Pamplona. Chusco y preocupante, porque en este país estábamos acostumbrados a que los diputados que tenían problemas con la benemérita los tuviesen por asuntos de tráfico, con o sin alcohol por medio. Malo sería para la ya quebrantada moral de los ciudadanos que uno de sus representantes más distinguidos, porque el secretario del Congreso no es un diputado cualquiera, se viese involucrado en un asunto tan turbio y que no pudiese justificar, más allá de una excusa que no pueda probar, en un asunto tan turbio.

Quiero creer que así va a ser. Quiero creer que aparecerá una tercera persona como autora de la trampa de la que habla Cervera. Quiero creerlo, porque sería muy triste tener un diputado de esas características. Pero cada minuto que pase sin una explicación clara y coherente van a crecer las sospechas sobre su señoría. De momento, dice que fue la curiosidad la que le llevó, después de recibir un correo que le hablaba de información sobre la mala gestión de la caja, la que le llevó hasta la muralla.
 
 

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