Mostrando entradas con la etiqueta Jóvenes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jóvenes. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de octubre de 2012

BUSCANDO SALIDAS

 
Escribo esta mañana "tocado" por toda una serie de circunstancias, propias y ajenas, particulares y generales, que, poco a poco, aunque tarde, están abriéndome los ojos a un panorama negro y triste pero, creo, no inevitable. Ojalá, como escuchaba hace dos días a un padre que ha tenido que pasar por el dolor resignado de ver partir a su hija al extranjero en busca de un futuro que su país le niega, ojalá, insisto, no hubiésemos mirado hacia otro lado cuando la realidad nos cercaba poco a poco, vistiéndose de lujo y modernidad. Pero mirábamos hacia otro lado y cuando quisimos reaccionar ya nos lo habían quitado todo, incluido el futuro de nuestros hijos.
Yo he vivido en la SER y más de una vez lo he contado ese proceso terrible y constante de deterioro de los puestos de trabajo, ese desprecio hacia esos puestos de trabajo como un bien en su mismo, para mirar únicamente el beneficio económico de la empresa que lleva tiempo optando por mucho y barato, aunque no sea bueno, ante lo solvente y, en justicia, caro. Recuerdo haber polemizado con mis jefes a propósito de le estafa de que estaban haciendo víctimas a los becarios, a los que, por una miseria que ni siquiera les daba para la comida y el transporte, sometían a horarios más allá de lo estipulado, realizando trabajos repetitivos y rutinarios que nada les aportaban en su formación. Y en eso consistía la estafa en no darles la parte de la retribución que se les debía en formación, porque las retribuciones de las becas lo son en euros, una miseria, y en formación, Pero las empresas han descubierto el chollo de la mano de obra barata para tareas menores o penosas, a cambio de unos salarios vergonzosos.
Yo lo dije en mi momento y lo dije porque conocía los dos lados del asunto, desde la universidad y desde la empresa. Y, sin embargo, tuve que sufrir la frustración de ver que, ni la universidad, ni el comité de empresa, ni, mucho menos, la propia empresa hacían nada para evitarlo.
Esos becarios eran gente que o bien vivían "subvencionados" por sus padres o lo hacían sirviendo copas o hamburguesas, como dependientes en tiendas de ropa, perfumes o electrodomésticos, admitiendo unos salarios que, poco a poco, iban expulsando del mercado a quienes necesitaban más horas de trabajo y más salario.
Recuerdo que en esos días, viendo cómo iba cambiando la Gran Vía, me preguntaba qué iba a ser de nosotros cuando todos trabajásemos en Zara, Sfera o Springfield, Starbucks o Sephora. Ahora ya lo sé y no me gusta. Estas cadenas basadas en el acoso a la competencia para llegar al monopolio y la falta de interés de las autoridades por dignificar el comercio, con horarios y condiciones dignas, se han comido todos esos establecimientos familiares que permitían una subsistencia más o menos digna con la que rentabilizar o estirar los ahorros.
Lo peor es que muchos empresarios han caído en las garras de la economía especulativa, una especia de ludopatía que, en lugar de en casinos, se sublima en el parqué de las bolsas y que lleva a apuestas increíbles en las que se juega y se pierde el prestigio y el patrimonio de empresas como la que mejor conozco, el grupo PRISA, que lleva a un goteo constante de despidos, en tanto que el gran "capo", Cebrián, se lleva a casa en un año, los ingresos publicitarios de dos meses de EL PAÍS.
Hablo de la prensa, concretamente de este periódico, porque el daño que ha infligido a la sociedad alegre y confiada en que nos habíamos convertidos es doble, porque contribuyó, en su medida, al deterioro de todos los puestos de trabajo que existían en torno a la profesión periodística y, casi peor, al adormecimiento, cuando no entontecimiento de la sociedad.
Siempre lo he pensado y los que seguís este blog lo sabéis. Por eso me ha consolado escuchar hoy al periodista portugués, perdonad que no recuerde su nombre, porque ha dejado meridianamente clara la responsabilidad de los medios en la catástrofe que vivimos, al tiempo que me ha abierto una ventana a la esperanza, al decir que las cosas están cambiando y que, es evidente y este blog es una prueba, que los ciudadanos están pasando de los medios como generadores de opinión.
Este colega, brillante y nada demagogo, ha concluido la entrevista hablando de fútbol, de Cristiano Ronaldo y de Messi, y lo que ha dicho acaba siendo una hermosa moraleja. De su compatriota dice que el suyo es el fútbol fuerza, de Messi, del que se ha reconocido admirador, que crea a su alrededor espacios de libertad y los aprovecha. Quizá por eso cree que la crisis y el rescate en cierto modo han sido positivos para Portugal, porque ante el fracaso de los economistas y los partidos tradicionales, la sociedad está regenerando la política desde las bases. Ojalá tenga razón.
Eso es lo que tenemos que hacer, regenerar la política y crear esos espacios de libertad a nuestro alrededor, aprovecharlos y sumarlos a los de los demás, sólo así le marcaremos el gol que tanto necesitamos al correoso equipo de especuladores y gobernantes autoritarios que quiere "eliminarnos".
Ya por último, he de deciros que me duele ver a mi hija entre deprimida y cabreada -a todo el que me habla así le digo lo mismo: sí hay que elegir, elige el cabreo y rebélate- algo que no estaba en mis planes, porque ella es mucho más brillante de lo que yo era a sus años y no se merece el erial en el que, a ella y a tantos y tantos jóvenes como ella, les estamos dejando. No sé qué haría si ella me hablase de emigrar, de elegir esa salida. Probablemente no se lo desaconsejaría, pero me sentiría muy frustrado y cabreado.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

miércoles, 25 de abril de 2012

PÍO,. PÍO, QUE YO NO HE SIDO



Si no fuese terrible, casi podría resultar enternecedor escuchar al ministro de Hacienda culpando a los socialistas del pasado y a las comunidades autónomas de lo que pueda ocurrir en el futuro. Era como esos niños que, con churretones de chocolate en la cara y las manos pringosas, niegan habérselo comido, aunque a mí me recordaba a esos defensas -Pepe, por ejemplo- que parecen entrenar, no sólo cómo quitarse de en medio al contrario, sino el gesto, manos abiertas y a la altura de los hombros, que equivaldría a un "si yo no he hecho nada" de quien, en la infancia, ha sido sorprendido en una travesura.
Ahora bien, pensar que son como niños, inocentes en esos rudimentos de malicia, sería muy generoso. Saben muy bien lo que hacen y saben que, en lo que hacen, no está la solución a los graves problemas que vive España, pero lo hacen. Y lo hacen echando un sistema que, hasta ahora, mal que bien, nos ha servido y que, si puede llegar a resultar inviable, es porque no está dotado de recursos suficientes, porque unos y otros, por el afán de arañar votos, sea cual sea el coste, han ido bajando los impuestos hasta llegar al absurdo, defendido por Zapatero, de que hacer tal cosa era de izquierdas.
El Gobierno y el partido que lo sostiene se van a quedar solos en la defensa de estos presupuestos tan duro como injustos. Tienen la mayoría absoluta que le dieron una gran mayoría de españoles creyendo, al menos eso quiero pensar, en las mentiras y silencios de Rajoy, y los van a sacar, porque les sobran los escaños. Pero esta situación va a degenerar en una ciclogénesis explosiva, como esa "Petra" que hoy azota el norte de España, de la que no sabemos ni cuándo ni cómo se va a manifestar.
De un plumazo van a excluir del sistema sanitario no sólo a los inmigrantes sin papeles, algo injusto, moralmente reprobable y sanitariamente peligroso por el riesgo que supone dejar fuera de control determinadas epidemias, sino que también, y no sé como no hay ya protestas en las calles, a los jóvenes que superen los veintiséis años y aún no hayan cotizado por no haber tenido un empleo "legal".
No me explico, insisto, cómo no se ha destacado más este aspecto de la reforma del sistema, porque los jóvenes que han terminado sus estudios y no han encontrado un trabajo con derecho a Seguridad Social, porque lo único que les ofrecen son las prácticas y becas con las que muchas empresas se permiten adelgazar sus plantillas, van a tener que cuidar mucho su salud o tendrán que buscar un médico particular, porque, para el Gobierno, pasarán a tener la misma consideración que quienes, cada vez menos, llegan a España ilegalmente.
Llevo mucho tiempo dándole vueltas al asunto y creo, con Maruja Torres, que nada de esto es fruto de la improvisación. Creo que la crisis es una soga que alguien nos ha puesto al cuello para dejarnos sin aliento y aturdidos mientras los de siempre nos dejan en pura pelota. Esos jóvenes a los que, desde los medios controlados por los de siempre, se machacón con el apodo de "generación nini" porque ni estudian ni trabajan -lo primero porque no han podido o han terminado sus carreras y lo segundo porque no encuentran dónde hacerlo- están ahora en la calle, expuestos a la gripe y cosas peores. Y el coste de su salud correrá a cuenta de sus padres o se tendrán que buscar la vida.
Quizá lo persiga esta exclusión del sistema de estos jóvenes sea chantajearles para que acepten cualquier contrato basura para poder utilizar el sistema sanitario, porque lo que han venido pagando sus padres religiosamente cada mes.
Montoro podrá culpar a quien quiera, pero lo que han hecho con nuestra sanidad lo han hecho a conciencia y van a conseguir que a la España que dejen, después de este sueño de justicia social interrumpido de golpe, no la va a conocer, para mal, ni la madre que la parió, que diría Alfonso Guerra.
Eso sí, seguirán canturreando eso de "pío, pío, que yo no he sido".


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/