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viernes, 2 de octubre de 2015

OTRA VEZ RATO



No seré yo quien diga que en eso de las trampas los Rato son como los Ruiz Mateos, pero siempre, desde los tiempos del dictador Franco, han andado como los jerezanos, sacando su dinero fuera de España y conocen, como ellos, el peculiar olor de las prisiones.
Alguien dirá que la detención y encarcelamiento del padre y  el hermano del ex director del FMI en medio de una boda por un asunto relacionado con la de fuga de capitales fue una arbitrariedad del sátrapa gallego, pero si hubo tal arbitrariedad, lo fue por enviarles a prisión, cuando lo habitual era hacer la vista gorda con las "buenas familias", pero los Rato tuvieron la osadía -ay, ese carácter- de exigir una deuda a la familia Franco y, claro, eso de llevarse el dinero a Suiza a través de la filial en Ginebra del banco familiar Siero no pudo ser perdonado.
Cuando hace unos meses Rato fue detenido en una perfecta coreografía organizada por quien fue su estrecho colaborador, Cristóbal Montoro, parecía que nada podía ir peor. De hecho, cuando las aguas se calmaron, el ministro del Interior, en un alarde de imprudencia, le recibió sorprendentemente en su despacho del Ministerio y tuvo que dar explicaciones por ello. Dijo Fernández Díaz que Rato  estaba preocupado por su seguridad y la de sus allegados, amenazados e insultados, especialmente en las redes, algo común en quienes alcanzan, para bien o para mal, una cierta notoriedad. 
Así que, con esas explicaciones, el crédito del ministro que mintió durante días sobre  la muerte de quince inmigrantes ahogados bajo las pelotas de goma de la Guardia Civil en las playas de Ceuta, no es que creciera tras decirlo. Todo el mundo pensó inmediatamente en que Rato había acudido al despacho del ministro, bien para recabar información sobre las investigaciones en torno a su persona o bien, según los más maliciosos, para advertirle de lo que sabe y podría contar de sus "viejos amigos".
Ayer nos despertamos con el contenido de la declaración ante el juez del presunto testaferro de Rato en el feo asunto del cobro de dos millones en comisiones a agencias de publicidad que contrataban con la ya "tocada" Bankia, omisiones que, por lo dicho por el testaferro encarcelado podría haber recibido Rato en pagos de 40.000 euros por asesorías verbales, de las que no existe ningún rastro documental.
Pues bien, cuando hoy esperaba que me despertasen con la extravagante propuesta de la CUP para dar sin dar a Mas la presidencia de la Generalitat envuelta en la torna de dos o tres presidentes más que no dejas en tan mal lugar a la candidatura radical que tendría que desdecirse abriendo paso a Mas en solitario, cuando esperaba que me representasen otra nueva escena de este sainete, me sorprenden con otra información, la de que la secretaria de Rato "de toda la vida" y otro de sus testaferros están detenidos desde hace dos días. Y no sólo eso, porque también nos hemos enterado de que el mismo Rodrigo Rato estuvo declarando ayer, durante cuatro horas, ante la Guardia Civil.
Mal asunto para Rato y para los  mentores del que ha sido el bluf más bluf  de la política española. Mal asunto para el partido que aún antes de ayer hablaba de él como el "ministro milagro", cuando en realidad, lo estamos viendo, no fue más que el artífice de las burbujas, inmobiliaria y bancaria,  que nos han traído hasta donde estamos, Y, por si fuera poco, nos enteramos de que abusaba de su  rango, obteniendo créditos blandos, con la sola garantía de su nombre, para inyectar mil millones de pesetas en las decrépitas empresas familiares o que Francisco González, hoy en el BBVA, colocado por el propio Rato al frente de Argentaria condonó una deuda del de trescientos doce mil euros ex ministro. Mal asunto para quien insiste en presentarse al frente del PP a las elecciones que ayer, por sorpresa y en un plató de televisión "convocó" para el 20 de diciembre. Mal asunto porque, cuando llego a la Moncloa, hizo suya la política de Rato y porque todos y cada uno de los malos paso dados por este truhan en la esfera pública han contado hasta hace bien poco, con su bendición.
Otra vez Rato ha vuelto a las primeras, no para todos los medios, que alguno está tan remolón en este asunto como lo estuvo en el de las preferentes, y no va a parar, porque lo que pueda ocurrir en las próximas horas traerá mucha cola y mucha zozobra al que fue su partido y que puede verse envuelto por el desastre Rato en plena campaña electoral, quizá la última desde el Gobierno.


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martes, 16 de junio de 2015

UN SHOCK DELIRANTE


Ahora que por fin hemos emprendido el camino de vuelta al sentido común, es el momento de analizar lo que hemos hecho,  el momento de pararnos a pensar en lo que hemos consentido todos estos años, el momento de estudiar, clasificar y disecar el monstruo que hemos dejado crecer con nuestros votos o nuestras abstenciones. Ahora es el momento de comprobar hasta dónde nos ha llevado nuestra desidia. Y, para comprobarlo, no hay más que ver el estado de shock en que ha quedado el PP, incapaz de asumir que los mismos que le han dejado gobernar todo este tiempo, los mismos que le dieron el mayor poder que, en democracia, haya tenido un partido en España, le hayan dado la espalda o, sencillamente, hayan dado a su voto el valor que realmente tiene.
No hay más que ver el desconcierto de quienes han sido alcaldes durante dos décadas al verse, de la noche a la mañana, a veces, como en el caso de Oviedo, en apenas un segundo, en la oposición. Y todo, porque hemos dejado tanto poder a su alcance y les hemos consentido que se alejen tanto de nosotros, que nos desprecien y nos den tanto la espalda, que han llegado a considerarnos sus juguetes, unos juguetes a los que se da cuerda con una rotonda, un parque o la vaga promesa de unos juegos olímpicos, unos juguetes que, para ellos, como en la peor pesadilla de una película de terror,  ahora han cobrado vida propia y les han llevado al rincón que les corresponde.
Tenemos que reflexionar sobre ello. Y tenemos que hacerlo con urgencia, especialmente las bases del PSOE, para llegar a entender por qué el PP ha desarrollado ese sentimiento patrimonialista que ahora evidencia hacia el partido socialista, permitiéndose incluso decir qué es lo que tiene que hacer el todavía primer partido de la oposición y no sólo eso, porque alguno de sus dirigentes, el inefable Floriano, sin ir más lejos, se permite también decidir cuáles son las verdaderas esencias de su rival y, en un delirio de grandeza, nombrarle el secretario general.
Debería esto último hacer reflexionar a Felipe González -a Bono le doy por perdido- sobre el viaje que propone hacia un gobierno de concentración. Un gobierno en el que quizá a él le reservasen el papel de reina madre, pero que, a los ciudadanos, les convertiría en poco menos que esclavos del IBEX 35 o las multinacionales, cuando no les condenaría al paro y al exilio.
No hay más que escuchar al presidente del BBVA para tomar conciencia de ello. No hay más que oírle decir a quien está al frente de ese banco, desahuciador como todos, a propósito de la llegada de las candidaturas populares a los ayuntamientos, que los populismos  sin un viaja a ninguna parte. Qué curioso que lo digan quienes fundamentan su trabajo y su negocio en la codicia y, para poder mirarse al espejo, han extirpado de su pensamiento cualquier idea que remita a los escrúpulos.
A todos ellos les pediría que no vuelvan a hablarme de España ni de patrias, porque, escudándose en una y otras, rapiñan todas las riquezas que luego se llevan a Suiza o a cualquier paraíso fiscal, todo el dinero que utilizan para fortificarse en el poder, para seguir oprimiendo y explotando a quienes dicen sus "compatriotas", Yo prefiero oír hablar de ciudadanos, de mis vecinos, de la gente con que me cruzo por las calles de mi ciudad, y quiero que sean ellos, no los bancos ni sus seguros servidores, los que la gobiernen.

El PP no se lo esperaba y quizá por eso ha entrado en un shock delirante que le lleva a decir más estupideces que cabría esperar de sus dirigentes y eso que yo lo espero todo. De momento ya se han cobrado una cabeza, pero a cambio, en mi opinión, también se han llevado una lección. Aun así, no hay que desactivar las alarmas, Lo van a intentar de nuevo y no van a parar en gastos porque lo que se juegan ellos y los que le han pagado, le pagan y le pagarán el partido y su vida de lujo, es mucho.


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lunes, 1 de agosto de 2011

DESDE LAS ALTURAS (es fácil despreciar a los de abajo)


No sé si sólo es casualidad. Pero, en todo caso y para quienes, como yo, gustamos de buscarle tres pies al gato, no deja de ser una feliz coincidencia que el índice que agrupa los treinta y cinco valores más altos de las bolsas españolas y el protagonista de la foto que exhibe su enorme cornamenta en las alturas lleven el mismo nombre: Ibex..
Ayer, una gran parte de los periódicos españoles llevaban a sus portadas un dato que, en tiempos como los que corren, con tanto ERE y tanto paro, no deja de ser una afrenta para una gran parte de los ciudadanos, porque, según ese dato, durante el pasado ejercicio, los directivos de las 35 empresas del IBEX han ganado un dieciséis por ciento más que en el anterior, pese a que el valor en bolsa de esas empresas haya caído un 5%. Yo, que soy de ciencias no lo entiendo. A no ser que quienes, un día sí y otro también, chupan al gobierno de la crisis, consideren que la tal crisis es una fatalidad contra la que nada puede hacerse y, por ello y pese a las pérdidas, hayan decidido premiarse con ese 16%.
Quienes no ha querido ser menos, pese a que la empresa no figura en el IBEX, han sido los directivos de PRISA que estando como está en un serio proceso de reestructuración, con importantes cifras de despidos, 900 de los 2500 previstos, con la venta de empresas del grupo y demás, han hecho crecer, no sólo el número de sillones en su consejo de administración, sino el importe de sus retribuciones que se han triplicado en un periodo en que han caído seriamente sus ingresos.
Por eso me dolió tanto el artículo de Juan Luis Cebrián pidiendo un calendario creíble al presidente del Gobierno, cuando su comportamiento en PRISA es tan oscuro y arbitrario como parece. Es lo de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Y en el caso de Cebrián, que, si alguna vez fue un gran periodista -nadie con dos dedos de frente puede ponerlo en duda-, hace ya demasiado tiempo que se comporta como un alocado ejecutivo, capaz de dilapidar lo que fue una gran empresa y cargado de soberbia como para pretender, aún, dar lecciones.
Está claro que los empresarios son, antes que nada, empresarios y que los tiempos que se avecinan deberían servir para abrir los ojos de quien aún cree que los hay buenos y malos. De momento, el responsable del BBVA, Francisco González, rompiendo toda una tradición de la banca en España, ya ha mostrado claramente su preferencia por Rajoy. Como diría Miguel Ángel Aguilar, el maestro, atentos...